El caso James Hanratty

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El caso James Hanratty

El asesino de la A-6

  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: ¿Error judicial? - Violación
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 23 de agosto de 1961
  • Fecha de detención: 11 de octubre de 1961
  • Fecha de nacimiento: 4 de octubre de 1936
  • Perfil de las víctimas: Michael John Gregsten
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Deadman's Hill, Gran Bretaña
  • Estado: Ejecutado en la horca en Bedford Gaol el 4 de abril de 1962
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James Hanratty: ¿Culpable de un crimen sin sentido o víctima de un error judicial?

Última actualización: 21 de enero de 2015

En 1962, James Hanratty, un ladrón de poca monta, fue ahorcado por asesinar a un hombre en la autopista a pesar de que él siempre sostuvo que era inocente. Pocos casos en la historia legal británica han provocado tanta controversia.

Desde entonces, han aparecido numerosos testigos en apoyo de la coartada del acusado, e incluso un hombre, que fue uno de los sospechosos al principio de la investigación, ha confesado el crimen.

EL ASESINATO – Viaje mortal

En una apacible noche de verano, una pareja se vio repentinamente importunada por un hombre que blandía una pistola. Este les obligó a permanecer en el coche e iniciar un viaje de pesadilla que, ya fuera de la autopista A-6, finalizó en Deadman’s Hill, donde cometió un asesinato brutal y, aparentemente, sin motivo.

El campo de trigo de Dorney Reach, que sigue el curso del Támesis cerca de Maidenhead, era un lugar frecuentado por jóvenes parejas de enamorados. Michael Gregsten y Valerie Storie habían ido allí varias veces. Él trabajaba en el Laboratorio The Road Research, en Slough y en 1961 inició una relación amorosa con Valerie, una joven ayudante del laboratorio.

El martes 22 de agosto de 1961, Michael pasó a recoger a Valerie al trabajo y fueron a su casa en Slough, donde tomaron el té. Después se dirigieron a su pub favorito, The Old Station Inn, en Taplow, y tomaron unas copas. Hacia las 9 de la noche se marcharon al campo de Dorney Reach.

De repente, alguien golpeó violentamente la ventanilla del conductor. Al bajarla vio que le apuntaban con un revólver, mientras una voz con acento «cockney» les gritó: «Esto es un atraco. Estoy desesperado. Llevo cuatro meses huyendo. Si hacéis lo que os digo, no os pasará nada.»

Valerie Storie sólo pudo vislumbrar la figura de un hombre que estaba de pie al lado del coche. A pesar del pánico que la invadía, se fijó en algo que le pareció extraño: estaba vestido impecablemente con un traje oscuro y sus zapatos relucían, cosa, cuando menos, sorprendente en una persona que decía estar evadido un largo período de tiempo.

El ladrón se sentó en la parte de atrás del coche y le dijo al chico que atravesara el campo y que luego se parara. Durante más de dos horas estuvieron allí, con el coche parado. El hombre de la pistola no dejaba de hablar de forma incoherente y luego, alrededor de las 11.30 de la noche, comentó que quería ir a por algo de comer y ordenó a Gregsten que arrancara el automóvil y saliera de allí.

Comenzó entonces un viaje extraño y aterrador alrededor de los suburbios del norte de Londres. El asaltante no parecía tener ningún propósito en particular. Le dijo al conductor que parara en una máquina automática de bebidas, pero como ninguno tenía cambio, siguieron adelante. Más tarde mandó a Gregsten a comprar cigarrillos y luego le obligó a ir a una gasolinera. La aterrorizada pareja intentó disuadirle diciéndole adónde podría ir o lo que podría hacer. Incluso le ofrecieron el coche a cambio de su libertad. Pero él rechazó sus sugerencias. Aunque no parecía tener ningún plan coherente, era evidente que prefería quedarse en el coche con ellos.

Alrededor de la 1.30 de la madrugada se encontraban en la autopista A-6 entre Luton y Bedford cuando el sujeto dijo que estaba cansado y que quena dormir. Dos veces ordenó al joven que saliera de la carretera principal. Pero luego cambiaba de opinión y volvían de nuevo a la A-6. Cerca del pueblo de Ampthill, las luces del coche iluminaron un letrero de la carretera en el que se leía: Deadman’s Hill.

En este momento mandó al muchacho que se dirigiera al área de aparcamiento en lo alto de la colina. Callado y asustado, éste se negó. El hombre se enfureció y, poniéndole la pistola en la nuca, le obligó a dar la vuelta y a hacer lo que le había dicho. Gregsten no tuvo otra opción.

Gregsten apagó las luces y el motor del coche y el ladrón se dispuso a buscar un trozo de cuerda para atarlos mientras dormía. La pareja le rogó que no les matara, que cogiera el coche y se fuera. El contestó: «Si fuera a matarlos, ya lo habría hecho.» Sujetó las manos de Valerie con la corbata del muchacho y a continuación se dio cuenta de que había algunas cuerdas en una bolsa en la parte delantera del coche. Le pidió a Gregsten que se las pasara, y cuando lo hacía, se disparó un tiro provocando un ruido ensordecedor en el silencio de la noche. La chica gritó, «¡Le has matado, bastardo! ¿Por qué lo has hecho? Prometiste que no lo harías.»

Con un gesto violento el hombre la hizo callar, y gritó: «¡Estate quieta, eh! Estoy pensando.» Al cabo de un rato la obligó a sentarse en el asiento trasero y la violó. Luego le ordenó sacar del coche el cuerpo sin vida de su compañero y arrojarlo a un lado de la carretera. De nuevo, ella le suplicó que la dejara marcharse, pero él insistió en que le enseñara a conducir. Valerie le mostró cómo poner en marcha el motor y a meter las marchas. Cuando él cogió el coche se caló. Lo intentó de nuevo, con más éxito, y entonces la dejó bajar del automóvil. Sollozando, se arrodilló junto al cadáver de su amigo.

El hombre todavía no sabía muy bien qué hacer. Se movía de un sitio a otro como si estuviera decidiendo cuál sería el paso siguiente. Desesperada, Valerie sacó una fibra de su bolsillo y se la ofreció gritando: «¡Cógela, arranca el coche y vete!» Parecía que esto le convencía. Sin embargo, se volvió de nuevo y en la oscuridad, a una distancia aproximada de dos metros y medio, abrió fuego contra ella.

La mayoría de las balas se perdieron en la noche. Valerie Storie sintió que sus piernas la dejaban de sostener y se desplomó. El asesino se le acercó. Petrificada, se quedó sin respirar fingiendo estar muerta. El le dio una patada y se dirigió tranquilamente hacia el coche. Manejando las marchas con dificultad, se alejó en dirección a Luton.

Valerie Storie permaneció paralizada en el arcén durante tres horas. De vez en cuando, veía pasar un coche e intentaba llamar la atención pero nadie la vio. Finalmente, se desmayó.

Un granjero la encontró allí alrededor de las 6.45 de la mañana. Bajó corriendo por la carretera para pedir ayuda a un estudiante que se encontraba en la autopista haciendo un estudio estadístico. Este, John Kerr, corrió hacia el área de aparcamiento donde encontró a la mujer con varias heridas de bala, e incapaz de moverse. Rápidamente paró dos coches y les pidió que fueran a buscar una ambulancia.

Volvió junto a Valerie, que había recuperado la consciencia. Con voz entrecortado le contó lo ocurrido aquella horrible noche. El tomó nota de lo que ella le decía en uno de sus formularios y se lo entregó al primer policía que llegó al lugar. Este documento desapareció, alegando el agente que se había perdido.

Esa misma noche la policía de Bedfordshire se puso a investigar el caso. El coche de Michael Gregsten, un Morris Minor 1956 de color gris, fue encontrado abandonado detrás de la estación de metro de Redbridge en el East End de Londres. La caza del asesino de la A-6 parecía que no iba a durar mucho tiempo.

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En el Pub

El 1 de julio de 1971, casi diez años después del asesinato, la señora Mary Lanz, la propietaria del Pub The Old Station Inn, en Taplow, Bucks, hizo una importante declaración, que fue publicada en la portada del Sunday Times el 4 de julio. Reveló que un hombre, que más tarde supo que era Peter Alphon, había estado en el bar la noche del asesinato acompañado de “una mujer rubia de unos 30 años”.

La señora Lanz comentó que éste estuvo con frecuencia en el local las semanas que precedieron al asesinato. En una ocasión, Alphon y la mujer que le acompañaba se habían quedado en el pub hasta que Valerie Storie y Michael Gregsten se fueron. “Se marcharon por la puerta de atrás media hora más tarde.” La señora Lanz dijo también que se había quedado tan preocupada por todo esto que se fue a la comisaría de Slough a prestar declaración. Pero ésta nunca salió a la luz pública.

*****

LA CAZA – Dos sospechosos

Siguiendo la pista del asesino de la A-6 la policía llegó a un sórdido hotel en el noroeste de Londres. Los sospechosos eran dos antiguos huéspedes del mismo. Ambos habían utilizado nombres supuestos, pero sólo uno de ellos pudo ser identificado, su verdadero nombre era James Hanratty.

Antes de entrar en el quirófano del hospital Bedford, Valerie Storie prestó declaración ante la policía. Inmediatamente se distribuyó por todo el país la descripción de un hombre «de unos 30 años, 1,53 m. de estatura, pelo oscuro, ojos castaños, tez pálida y complexión normal, vestido con un traje marrón. Con un marcado acento del East End».

Pocos asesinatos han captado con tanta intensidad la atención y han alterado tanto a la opinión pública como lo hizo éste. La radio y la televisión hablaron del terrible suceso aparentemente sin móvil. Todo el país permaneció alerta. Varios testigos se presentaron a declarar haber visto el coche en el área de Redbridge, donde, efectivamente, se encontró después. Edward Blackhall y John Skillet localizaron el Morris Minor bajando por Eastern Avenue, a primeras horas de la mañana, y James Trower girando por detrás de la estación de Redbridge.

La noche del 24 de agosto, un hombre del servicio de limpieza de la línea londinense de autobús 36 A encontró el arma del crimen. Estaba debajo del asiento trasero del autobús, cargada, y había sido cuidadosamente limpiada para borrar las huellas dactilares.

Sin embargo, todos estos éxitos eran ilusorios. Muy pronto, la investigación del caso, llevada a cabo por un detective del norte de Londres, el superintendente Robert «Bob» Acott, tropezó con varias dificultades. La más importante, la aparente ausencia de un móvil para el asesinato. El hombre había pedido dinero y robado el reloj a Valerie Storie. Pero, evidentemente, el robo no había sido el principal motivo. Y si su propósito era la violación, podría haber encerrado a Gregsten en el maletero del coche.

Los numerosos propietarios de casas de huéspedes a los que Acott pidió información sobre algún posible huésped sospechoso tampoco aportaron gran cosa. Uno de ellos, propietario del hotel Alexandra Court, en Finsbury Park, contó que un hombre se había encerrado en su habitación durante cinco días después del asesinato, causando molestias a otros huéspedes.

Una patrulla de la policía interrogó al sujeto, que se identificó como Frederick Durrant (después se supo que su verdadero nombre era Peter Alphon), el cual declaró haber pasado la velada del 22 de agosto en Streatham con su madre, y que por la noche había dormido en un destartalado hotel de Maida Vale, el Vienna. Una llamada al hotel verificó que un hombre llamado «Durrant» había reservado, en efecto, una habitación para esa noche. Alphon fue puesto en libertad.

La única testigo del crimen era la propia Valerie Storie. Se recuperó de la operación con asombrosa rapidez; pero una de las balas se había alojado en la médula espinal y quedó paralítica. Desde su habitación en el hospital ofreció a la policía toda la ayuda que pudo. Pasó horas con expertos en identificación a fin de hacer un retrato robot del asesino y éste se publicó en la prensa nacional el 30 de agosto, junto con otro dibujo hecho con la descripción de Edward Blackhall, que había visto al conductor del coche a través de la ventanilla.

El 31 de agosto, Valerie Storie fue trasladada del hospital de Bedford al de Guy’s, en Londres, y antes de hacerlo dio a la policía una nueva descripción totalmente diferente del asesino de su amante. Ahora el hombre no tenía «profundos ojos marrones», sino «azules y fríos».

La primera prueba válida que obtuvo el superintendente Acott se la proporcionaron el 11 de septiembre cuando el propietario del hotel Vienna encontró dos cartuchos en la habitación de uno de los huéspedes. La policía descubrió que pertenecían a las balas disparadas por el asesino de la A-6. Toda la investigación sobre el asesinato se centró en el hotel Vienna.

Un hombre, que decía llamarse James Ryan, se había registrado en el hotel la noche antes del asesinato. El director, William Nudds, prestó declaración el 15 de septiembre. Sostuvo que el sospechoso se hospedó en la habitación, en la que se habían encontrado los cartuchos, la noche antes del asesinato, y al abandonar el hotel preguntó por la parada del autobús 36.

También le preguntaron por otro hombre que había estado en el hotel Vienna la noche del asesinato. Este era Frederick Durrant, o Peter Alphon, el sujeto que se comportó de una forma tan extraña en el hotel de Finsbury Park justo después de someterse el crimen. Nudds contestó que éste había pasado toda la noche en la habitación número seis, marchándose por la mañana. En consecuencia, esto implicaba a Ryan y absolvía a Alphon.

El 21 de septiembre, seis días después de que Nudds prestara declaración, la policía irrumpió en el hotel Vienna y se lo llevaron para interrogarlo de nuevo. Le hicieron ver que no estaban satisfechos con su declaración, y que le exigían un relato mucho más minucioso de los hechos. Después de varias horas de interrogatorio, Nudds cambió la versión de forma que ahora implicaba seriamente a Durrant (Peter Alphon).

Este había ocupado por la tarde la habitación del sótano, donde se encontraron los cartuchos, y más tarde le cambiaron a la habitación seis. Ryan, por otra parte, abandonó el hotel «tranquilo y sosegado». A la luz de este nuevo testimonio, Durrant se convertía en el principal sospechoso.

El 22 de septiembre Acott dijo públicamente que Peter Alphon era el principal sospechoso del asesinato de Michael Gregsten y los periódicos y la televisión dieron su descripción detallada. Esa misma noche, Alphon entraba en Scotland Yard para someterse a un duro interrogatorio. Los periódicos del día siguiente especularon con que «viajaría a Ampthill» en breve para ser acusado del asesinato de la A-6.

El 24 de septiembre se llevó a cabo una rueda de identificación en el hospital Guy’s. Doce hombres, incluido el sospechoso, se alinearon frente a la cama de Valerie Storie. El sujeto que ella señaló era un marinero español que pertenecía al Union Jack Club y el día del asesinato se encontraba en alta mar.

Alphon fue liberado cuatro días después y en ese momento la caza del asesino se volvió a poner en marcha de nuevo. La policía regresó al hotel Vienna, donde interrogaron al director por tercera vez. Este confesó que había mentido en su segunda declaración implicando a Durrant. Se había inventado esta historia, dijo, porque quería ayudarles y era evidente que ellos sospechaban de Alphon. Su primera declaración, la que implicaba a Ryan, fue considerada como la verdadera.

La policía se enteró de que «James Ryan» era un ladrón de 25 años procedente del norte de Londres, cuyo verdadero nombre era James Hanratty, al que se buscaba por dos robos. Tan pronto como se enteró de que era sospechoso del asesinato de la A-6 llamó a los periódicos y a Scotland Yard para asegurara es que él no había tenido nada que ver con ese crimen. Pero se mostró renuente a entregarse (se enfrentaba con una sentencia de seis años de prisión por robo) y no tenía una buena coartada para la noche del 22 de agosto.

Las sospechas de la policía crecieron y la investigación se centró en Hanratty. Finalmente, el 11 de octubre se le detuvo en un café de Blackpool. Tres días más tarde, le incluyeron en una rueda de identificación ante Valerie Storie, que había sido trasladada al hospital Stoke Mandeville. Ella observó a los participantes durante un rato y luego les pidió que repitieran la frase que había dicho el asesino: «¡Estate tranquila, eh! Estoy pensando.» Después, Valerie señaló a Hanratty. Se le acusó del asesinato de Michael Gregsten. El juicio empezó en Bedford el 22 de enero de 1962.

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Una postal desde Irlanda

Tres días antes de que se encontraran los cartuchos en el hotel Vienna, un ladrón del Soho, Charles France, acudió a la policía con una postal que le enviaba James Hanratty desde Irlanda. Ese día (25 de septiembre) nadie sabía aun que el nombre del remitente era el verdadero de James Ryan, el hombre que se hospedó en la habitación del hotel Vienna en la que fueron encontrados los cartuchos. Por consiguiente, Charles France debía tener alguna razón para pensar que la policía estaba buscando a Hanratty y, presumiblemente, también sabía que hablan encontrado pruebas en el hotel, puesto que él mismo las colocó allí.

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DEBATE ABIERTO – Un rostro entre la multitud

Dos meses después del asesinato, los vagos recuerdos de la única testigo del crimen llevaron a Hanratty al banquillo de los acusados. La identificación por parte del testigo continuaba siendo el mayor apoyo para el sistema de justicia criminal, a pesar de que no era un método muy fiable.

La identificación que hizo Valerie Storie de Hanratty como el asesino de la A-6 resultó crucial. ¿Era posible que hubiera reconocido al hombre equivocado, cuando ella había visto al asesino, aunque sólo hubiera sido por un instante, tan claramente? En la historia criminal de Inglaterra hay varios ejemplos de identificaciones erróneas. Tal vez el caso más llamativo de equivocación fuera el de Adolf Beck en 1896. Una mujer vio a éste un día en la calle e inmediatamente le identificó como el hombre que la había estafado con unas joyas. Otras catorce mujeres que habían sido víctimas del mismo tipo de fraude le identificaron también. Fue acusado por estas «abrumadoras» pruebas y pasó cinco años en prisión.

Una vez liberado, Beck fue arrestado de nuevo, después de que otra persona le identificara por otro delito, pero afortunadamente el verdadero estafador al final confesó. Fue puesto en libertad y recibió 5.000 fibras de indemnización. El Ministerio del Interior estableció un Comité de Investigación, cuyas conclusiones fueron: «La identificación basada en impresiones personales es, a no ser que se apoye en otros factores, una base muy poco sólida para determinar el veredicto del jurado.»

En los noventa años siguientes los casos continuaron decidiéndose únicamente por medio de este sistema. En abril de 1968, por ejemplo, el Consejo Nacional de Libertades Civiles (NCCL) envió al Ministerio del Interior un dossier de quince casos, en cada uno de los cuales se había acusado al hombre u hombres equivocados a causa de identificaciones erróneas.

Uno de estos casos fue casi tan llamativo como el de Beck. Un hombre llamado Patrick Crundall fue arrestado por robar a ancianos en la calle. Dos señoras a las que había robado le señalaron en una rueda de reconocimiento y otros seis testigos también lo lucieron en el Juzgado. Antes del juicio, otro hombre confesó ser el ladróny Crundall fue puesto en libertad.

Las descripciones que la gente hace de los sospechosos pueden variar enormemente y, con frecuencia, aquellos que parecen estar más seguros de poder identificar al acusado suelen ser los que más se equivocan. En 1968, por ejemplo, una joven enfermera reconoció con toda seguridad a un hombre mayor como el individuo que había atacado a una amiga, y éste, que no tenía antecedentes penales, fue llevado a juicio. En esos momentos un obrero de 21 años, cuarenta años más joven, confesó ser el autor del delito y fue condenado.

Después de recibir el dossier del NCCL, el Ministerio del Interior redactó la circular 9/1969. Esta prohibía a los policías encargados del caso en cuestión dirigir las ruedas de sospechosos (aunque no les prohibía estar presentes). También se desaprobaba el uso de fotografías para refrescar la memoria del testigo antes de realizar la identificación.

Esta circular apenas pudo detener la avalancha de casos de identificaciones erróneas. En 1978, Peter Hain fue exculpado del robo de un banco aunque había sido reconocido por un empleado del mismo, y escribió un libro sobre este tema que dio lugar a que el Ministerio redactara otra nueva circular, la 109/1978, en la que se hacía hincapié en que la gente que formase parte de una rueda de reconocimiento debería tener características muy similares.

No siempre se ha seguido esta recomendación. En 1983, por ejemplo, en Manchester, los dos sospechosos de un robo eran mestizos. Este dato lo conocía todo el mundo en la ciudad. Los testigos del robo acudieron a una rueda de identificación en la que sólo dos de los hombres eran mestizos. Ambos fueron rápidamente identificados, pero posteriormente fueron absueltos.

El principal problema de estas pautas o reglas es que no tienen por qué ser respetadas. Y hasta que la ley no se pronuncie sobre esta cuestión, parece bastante probable que se seguirán produciendo acusaciones basadas en identificaciones erróneas.

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Los retrato robots

Lo más llamativo de los dos retratos-robots distribuidos cuatro días después de someterse el asesinato, era la total ausencia de parecido entre ellos, con marcadas diferencias en casi todos los rasgos. El dibujo de la izquierda se hizo a partir de la descripción dada por Valerie Stone poco después del crimen. El de la derecha, con los datos que aportó del sospechoso, Edward Blackhall, que desde su coche insultó a un conductor «alocado» que bajaba por la Eastem Avenue pocas horas después a toda velocidad. La acusación se apoyó en el segundo retrato-robot porque éste se parecía más a Hanratty. En particular, se veía que el hombre tenía una ceja más alta que la otra, igual que el acusado. El hecho de que la policía mostrara al público los dos retratos tan diferentes parecía confirmar la confusión existente en la investigación sobre la identidad del asesino de la A-6.

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EL JUICIO – Error judicial

La defensa de Hanratty, que parecía firme en un principio, se desplomó cuando él cambió su coartada. Aunque el jurado dudó antes de volver a la sala con un veredicto de culpabilidad, el juez, que tenía otra elección, aprobó la sentencia de muerte.

El principal argumento de la acusación contra James Hanratty era que Valerie Storie, la única testigo en el asesinato de Michael Gregsten, le había identificado. La joven, violada por el asesino, impresionó a todo el mundo durante el juicio con su testimonio. Habló con voz clara y tranquila y dejó constancia de que ella creía firmemente que el acusado era el hombre del coche.

Tres semanas antes, sin embargo, con la misma calma y claridad, identificó a un hombre que era evidente que no era el criminal. El marinero español que ella había reconocido la primera vez no pudo asistir al juzgado de Bedford y el jurado no pudo ver si realmente se parecía a Hanratty.

Más aún, Valeríe Storie admitió en su testimonio que sólo pudo ver bien una vez la cara de su asaltante y durante uno o dos segundos cuando la estaba violando, gracias a las luces de otros coches que pasaban por allí. Mientras estuvieron en el coche, la mayor parte del tiempo, Michael y ella tuvieron que mirar obligatoriamente hacia adelante.

Dos personas más le señalaron durante la rueda de identificación, pero sus amigos y compañeros les contradijeron. John Skillett, que vio al conductor del coche cuando bajaba por Eastem Avenue, lo designó. Su compañero, Edward Blackhall, que pudo ver al hombre más de cerca, no lo reconoció. James Trower, que dijo haber observado el coche de Gregsten girando por detrás de la estación de Redbridge, identificó al acusado como el conductor. Pero un amigo de éste afirmó que Trower no podía ver el Morris desde donde él se encontraba en ese momento.

El testimonio más firme lo proporcionó un amigo de Hanratty, Charbe France. Declaró que él le había dicho en una ocasión que el asiento trasero de un autobús era un buen sitio para esconder cosas. El arma del crimen fue encontrada exactamente en ese lugar. Los cartuchos de la pistola se hallaron en el hotel Vienna, donde el presunto asesino había pasado la noche antes del asesinato. Nadie, sin embargo, comprendía cómo se pudo dejar los cartuchos en la habitación de un hotel el día antes del crimen, es decir, la víspera de que disparara con esa pistola.

Otro testigo por parte de la acusación, Roy Langdale, que era un conocido delincuente, contó en el juicio que Hanratty había confesado el crimen en la prisión. Pero otros dos prisioneros que también estuvieron con el acusado, declararon que en todo momento negó tener algo que ver con el asesinato. Este último dato, sin embargo, no se tuvo en cuenta.

La defensa parecía prometedora. No existía ninguna prueba forense que pudiera involucrarle en el crimen. El análisis del esperma tomado de Valerie Storie revelaba el grupo sanguíneo del asesino. Hanratty era del mismo grupo sanguíneo, pero también lo era la mitad de la población. El acusado reiteró que no había estado en su vida en el área de Maidenhead. No tenía ninguna condena por violencia y nunca había tenido un arma. Era un ladrón de coches y un conductor experto que hubiera sabido muy bien cómo conducir un Morris Minor.

Y, sobre todo, un delincuente de poca monta como Hanratty no parecía tener motivo alguno para meterse en el coche, embarcarse en un viaje como aquél y finalmente asesinar a un hombre.

El punto vulnerable en este caso era la coartada. Declaró haber pasado esa noche en Liverpool con unos amigos. Pero nunca facilitó sus nombres o el lugar en el que estuvo. Había, sin embargo, pruebas convincentes de que Hanratty pasó allí la tarde del 22 de agosto. Comentó que había entrado en una confitería de Scotland Road a preguntar como se podía llegar a Carleton o Tarleton Road. La policía buscó a una tal señora Dinwoodie, propietaria de la pastelería y ella recordó que un hombre muy parecido al acusado le había preguntado por esas direcciones. Esta coincidencia era importante. La dueña de la tienda matizó que el incidente sólo pudo tener lugar el lunes 21 o el martes 22 de agosto. No pudo asegurar qué día fue.

En cuanto a Hanratty, se encontraron muchas pruebas de que había estado en Londres todo el lunes. Recogió un traje de una tintorería en Swiss Cottage el lunes por la mañana, pasó la tarde en casa de Charles France, luego acudió a un night club y durmió en el hotel Vienna. Si estuvo el lunes en Londres, el incidente de la confitería sólo pudo tener lugar en la tarde del martes, con lo cual habría tenido muy poco tiempo para llegar a Maidenhead a las nueve de la noche.

Hanratty confundió a sus abogados y a todos sus amigos cambiando la coartada. Le dijo a su abogado, Michael Sherrard, que había mentido acerca de su coartada porque no creía poder demostrarla. En realidad no estuvo en Liverpool, sino en la ciudad costera de Rhyl, en Gales.

En pocos días, la defensa demostró que esa nueva coartada era cierta, basándose en muy poca información. El acusado le contó que fue a Rhyl, donde sólo había estado una vez con anterioridad, a tratar de vender un reloj de oro robado y allí tomó contacto con un hombre que podía ayudarle. Llegó por la tarde y se alojó en una pensión cerca de la estación del tren, en cuyo ático había un baño de color verde.

La defensa contrató a un detective particular para que buscara una pensión en Rhyl que encajara con la descripción facilitada por Hanratty. Y, sorprendentemente, encontró una. El hall, los muebles y la disposición en general eran tal y como los había descrito su defendido y la dueña de la pensión recordaba a un hombre de Londres parecido a la fotografía que le mostraron, que se hospedó en su pensión el verano anterior durante un par de noches. Ella creía que la semana en la que él estuvo allí era la del 19-26 de agosto. Sin más dilación la llevaron a Bedford como testigo crucial de la defensa.

Las nuevas esperanzas de la defensa, basadas en la estancia del acusado en Rhyl, desaparecieron, sin embargo, rápidamente cuando la dueña de la pensión, la señora Grace Jones, se sentó en el estrado a prestar declaración. No estaba preparada para el interrogatorio que le hizo uno de los mejores abogados de Gran Bretaña, Graham Swanwick, más tarde juez del Tribunal Supremo, que contó además con la ayuda del señor Geoffrey Lane, más tarde juez.

El señor Swanwick argumentó que la testigo acudía a prestar declaración con el único fin de dar publicidad a su pensión (una sugerencia que puso a la señora Jones al borde del colapso). El podía demostrar que los libros de registro del hotel eran un verdadero caos, y que poca cosa o nada se sacaría de ellos. Y aún peor, hizo desfilar un montón de testigos para demostrar que todas las habitaciones estuvieron ocupadas por otros huéspedes la noche del asesinato.

En este punto crucial, Swanwick se equivocaba. La cama del ático, junto a un baño de color verde, estaba vacía la noche del 22 de agosto. La segunda noche, la del 23 de agosto, también estuvo vacante una de las habitaciones: un cuarto que se ajustaba perfectamente a la descripción que dio Hanratty. El pudo haber estado en ella la primera noche (en realidad se tenía para casos de emergencia, pero no figuraba en los libros de registro del hotel puesto que legalmente no era una habitación); y la segunda noche pudo haber estado en el cuarto que daba a la estación del tren.

En este punto del interrogatorio la atención se desviaba hacia el tartamudeo de la señora Jones y su incompetencia para llevar correctamente los registros. Daba la impresión que el acusado verdaderamente había estado en esa pensión alguna vez, pero no durante esos días de verano. El hecho de que cambiara su historia al final del día sugería que su coartada era falsa.

El jurado se retiró a deliberar el sábado 17 de febrero, después de lo que había sido el juicio por asesinato más largo de la historia británica. Regresaron seis horas más tarde para preguntarle al juez por una definición exacta de las palabras «duda razonable». Más tarde, ya por la noche, volvieron de nuevo. Fueron unánimes, como tenían que ser entonces. James Hanratty era culpable del asesinato de Mchael Gregsten y se le sentenció a la pena de muerte.

El 12 de marzo su apelación fue desestimada. A pesar de una petición de indulto firmada por 90.000 personas, el ministro de Interior, R. A. Butler, rechazó la conmutación de la pena. Después de ver a un sacerdote, y de alegar una vez más su inocencia, James Hanratty fue ahorcado en la mañana del 4 de abril de 1962.

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Mano rígida

Poco después de ser arrestado, James Hanratty le habló a su abogado de una persona que podría demostrar que él había viajado a Liverpool el día del asesinato. En la consigna de la estación de Lime Street, un hombre «que no podía mover el brazo, como si lo tuviera rígido», le entregó su maleta. Un agente que asistía a la conversación transcribió esto como «brazo rígido». En dicha estación la policía encontró a Peter Stringer, que tenía un brazo ortopédico. En el juicio éste declaró que no había visto a Hanratty el 22 de agosto ni ningún otro día. Daba la sensación de que el acusado intentaba aprovechar la información de algún otro viaje que hubiera hecho a fin de establecer una falsa coartada.

Había otro hombre, Usher, que trabajaba también en la estación, que no fue llamado a prestar declaración, al que le faltaban dos dedos en la mano izquierda, lo que le daba una apariencia de rígida. Este le comentó a un detective privado que él sí que recordaba a un hombre que se parecía al presunto homicida, el cual dijo llamarse «Ratty» al dejar su maleta en consigna el 22 de agosto, el día del asesinato. La defensa no trajo a Usher al juicio porque no estaban seguros de sus posibilidades.

*****

La mujer del autobús

Durante la apelación de Hanratty, una mujer que estaba sentada en la galería pública se levantó y gritó: «No es verdad. Él no lo hizo. Pregunten al conductor del autobús 36.» Luego la mujer salió corriendo de la sala.

Ernest Brine, un conductor de autobús, prestó testimonio. Pero éste no era el conductor de la línea 36A en la mañana del 24 de agosto (el arma se encontró esa misma tarde bajo el asiento trasero). Aunque se sabía que una mujer conducía el autobús esa mañana, nunca se la llamó a juicio para prestar declaración, y tampoco nadie ha descubierto de quién se trataba. El conductor del 36A de esa mañana, Arthur Embleton, sí que apareció en el juicio. Mucho más tarde, reveló que la conductora se llamaba «Pat». El Ministerio de la Gobernación se niega a revelar su nombre hasta que el asunto se haga público legalmente 100 años después del asesinato, en el año 2061.

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TESTIMONIO – La última carta

Días antes de ser ahorcado, Hanratty envió varias cartas a su familia. En todas ellas hablaba de su inocencia. Al irse aproximando el día de su ejecución, comenzó a expresarse cada vez con más valor y dignidad. Esto se evidencia en la última misiva que dirigió a su hermano, Michael, escrita unas pocas horas antes de su ejecución.

Querido Mick:

Bueno, Mick, voy a intentar enfrentarme a esta mañana con coraje y valor, y estoy seguro de que Dios me dará el valor necesario para hacerlo. Ahora, Mick, eres el mayor de la familia y cuento contigo para cuidar de ella, y sé que no podría contar con nadie mejor que tú para hacerlo. Mick, siempre nos hemos llevado muy bien y hemos pasado muy buenos momentos juntos. Y ahora voy a pedirte un pequeño favor. me gustaría que limpiaras mi nombre de este crimen. Alguien, en alguna parte, es el responsable de esto, y algún día se sabrá la verdad, entonces será cuando tengas que intervenir. Creo que la policía intentará enterrar el asunto. Así que cuento contigo para que estés al tanto de las noticias. Bueno, Mick, como ya no hay tiempo, ya es casi de día, te pido que cuides de mamá y papá por mí, ya que no podrías tener mejores padres de los que tienes.

Ojalá hubiera tenido otra oportunidad. Pero no te preocupes aunque no sé qué he hecho para merecer esto. Gracias por todo, por los problemas por los que has tenido que pasar. Puedo asegurarte que no has estado perdiendo el tiempo, porque todo esto ayudará a sacar a la luz toda la verdad finalmente, y, Mick, no dejes que nadie hable mal de mí. Creo que ya tengo que decirte adiós. Dales muchos besos y abrazos a mamá, papá y el resto de la familia.

Tu hermano que te quiere:

Jim

PD: Espero que te guste el coche. Ojalá hubiera podido pagarlo del todo y habértelo regalado antes. Pero, por favor, Mick, recuerda que es un coche muy veloz y hagas lo que hagas ten cuidado cuando conduzcas… Sé que eres muy buen conductor y que tendrás mucho cuidado… Sigue sonriendo Mick.

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LA COARTADA – Testigos de su inocencia

Mientras el reo esperaba su ejecución, varias personas testificaron confirmando su segunda coartada. Si entonces hubieran podido estar a disposición de la defensa, durante el juicio y la apelación, Hanratty podría hoy estar vivo.

Incluso antes de que el juicio finalizara en Bedford, se habían sacado a la luz nuevas pruebas que parecían confirmar la coartada de James Hanratty según la cual había estado en Rhyl en el momento del asesinato. Los mismos detectives privados que habían encontrado el baño de color verde en el ático y a la señora Jones, encontraron a otros testigos que confirmaban esta coartada.

Después de la malograda actuación de la dueña de la pensión en el estrado durante el juicio, los abogados defensores decidieron no llevar a ninguno de los testigos ante el Tribunal de apelación. Ni siquiera la familia del condenado se enteró de la existencia de nuevos testigos que podían confirmar la coartada. Pasaron varios años antes de que esto se supiera.

Cuando esto salió a la luz, después de la investigación del Comité del asesinato de la autopista A-6 (un grupo creado por la familia de Hanratty a fin de limpiar su nombre), aparecieron otros testigos. En 1968 seis testigos hicieron declaraciones apoyando la coartada de James Hanratty.

La principal testigo del caso era la señora Margaret Walker, que vivía justo detrás de la pensión de la señora Jones. Antes de que Hanratty fuera colgado, les dijo a los detectives privados que un joven de Londres había llegado a su casa una noche en el verano de 1961, buscando alojamiento. Pudo confirmar que eso había sucedido el 22 de agosto, la noche del asesinato de la A-6, porque recordaba que el viernes siguiente había tenido lugar una pelea familiar. Identificó a Hanratty por una fotografía y describió con detalle su apariencia física y sus ropas. Dos mujeres de la misma calle, la señora Ivy Vincent y la señora Betty Davies, también recordaban a un hombre joven que buscaba alojamiento para esa noche.

Christopher Larrnan contó que se le había acercado un joven londinense en una calle una noche de agosto. Pudo decir la fecha exacta: iba a despedir a unos amigos antes de irse de Rhyl (lo que pudo demostrar) el 23 de agosto. Reconoció al acusado por la foto de un periódico el día en que fue condenado y se fue voluntariamente a la comisaría para prestar declaración.

Charles Jones, un vendedor de periódicos de Rhyl, recordaba a un joven londinense bajándose de un autobús una noche de agosto; le preguntó si conocía el paradero de un hombre que trabajaba en la feria. El le dijo dónde podía encontrarle y Hanratty le comentó que le habían dicho que este hombre traficaba con objetos robados.

Este hombre era Terry Evans, aunque el acusado no pudo recordar su nombre. El señor Evans confirmó que había estado en su casa en 1961, y que muy bien podría haber pensado que él se encargaba de vender cosas robadas.

Finalmente, Trevor Dutton, un granjero de Anbergele, dijo que acudió a Rhyl la mañana del 23 de agosto a ingresar dinero en su cuenta. Tenía su libreta con la fecha del día del ingreso: 23 de agosto de 1961. Cuando caminaba por el paseo de la playa, un hombre joven vestido con un traje espigado (tal y como Hanratty dijo que iba vestido en ese momento) se le acercó y le ofreció un reloj de oro. El señor Dutton rechazó la oferta. Él también fue a la policía cuando leyó en los periódicos que el presunto asesino declaró que estaba vendiendo un reloj en el momento del asesinato, pero ni siquiera se pasó esta información a la defensa.

Gracias a estos seis testigos, Margaret Walker, Betty Davies, Ivy Vincent, Christopher Larman, Charlie Jones y Trevor Dutton, salieron a la luz pruebas mucho más sólidas que las presentadas durante el juicio.

Era evidente que hanratty no pudo haberse inventado la historia de Rhyl. Había demasiados testigoscon versiones que coincidían con la suya. Pero, ¿era posible que hubiera viajado a la ciudad costera y que se hospedara en la pensión de la señora Jones en alguna otra ocasión utilizando el viaje como una falsa coartada?

Una razón por la que esto parece improbable es que tres de los nuevos testigos, Walker, Larman y Dutton, estaban completamente seguros de la fecha y todos podían proporcionar pruebas convincentes que apoyaran sus declaraciones.

Otra razón es que no hubo otros dos días en todo julio, agosto y septiembre de 1961 en los que pudieron haber estado a la vez todos estos testigos en Rhyl.

Terry Evans, el hombre del que Hanratty esperaba ayuda para vender el reloj de oro robado, estuvo ausente de Rhyl sólo la semana del 19-26 de agosto (cuando declaró el acusado que no había podido encontrarlo).

Tampoco las tres mujeres estuvieron en casa en ninguna otra semana de agosto excepto esa. Eran días de vacaciones y todas ellas se ausentaron en la semana precedente o en las siguientes a ésa.

Toda esta serie de asombrosas coincidencias, el testimonio de seis nuevos testigos y el hecho de que no se hubiera presentado nadie a refutarlas, parecen llegar a la siguiente conclusión de que efectivamente James Hanratty estuvo en Rhyl el 22 y 23 de agosto tal y como él mismo dijo. El acusado estaba, por consiguiente, a 500 kilómetros de Domey Reach cuando el hombre armado con una pistola robó el Morris Minor y se embarcó en un viaje que iba a terminar con el asesinato de Michael Gregsten.

En 1967 y 1968, al aparecer en los periódicos estas historias de los nuevos testigos, el entonces ministro laborista de Interior, Roy Jenkins, abrió dos investigaciones sobre la coartada de Rhyl. Ambas investigaciones fueron llevadas a cabo en secreto por policías de Manchester.

Las conclusiones de ambas investigaciones, que no fueron publicadas, satisfacieron al ministro del Interior que decidió no continuar con el asunto. Ninguna autoridad ha podido explicar nunca la extraordinaria coincidencia entre, por lo menos, ocho testigos que, con mayor o menor certeza, han confirmado la historia que James Hanratty contó a sus abogados mientras estuvo en la prisión de Bedford durante el juicio.

La coartada de Rhyl, sin embargo, no fue la única cosa que hizo dudar del veredicto. Otro hombre dijo haber cometido el asesinato.

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La falsa coartada

Sobre la coartada de la confitería, el abogado Lewis Hawser, en la investigación efectuada en 1974, sugirió que Hanratty viajó a Liverpool el lunes 21 de agosto para obtener una coartada para el crimen que iba a cometer el martes, y entró en la confitería de Scotland Road con el mismo fin. En caso de ser arrestado, dicha coartada le sería muy útil.

Dejando a un lado el hecho de que varios testigos dijeron haber visto a Hanratty ese lunes en Londres, la teoría de Hawser contradice la naturaleza del crimen subrayada por la acusación durante el juicio; estos es, el caso de la A-6 se basaba en que el asesinato no había sido premeditado, sino cometido de forma violenta y repentina, bien movido por la codicia o por el deseo sexual. Parece bastante improbable que alguien intentara crearse una falsa coartada antes de cometer un crimen no premeditado.

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Grupo sanguíneo

En mayo de 1980, la madre de James Hanratty estaba limpiando un viejo armario cuando encontró algunas cosas pertenecientes a su hijo mayor. Entre ellas, había una tarjeta de donante de sangre que se le entregó a James en la prisión de Maidstone. Advirtió, con sorpresa, que la sangre pertenecía al grupo 0, RH negativo. Ella sabía que el grupo sanguíneo de su hijo era 0, eso fue lo que se estableció en el juicio, y éste era el mismo que el del asesino. También lo confirmaron los forenses que habían examinado los restos de semen tomados de Valerie Storie.

Más de la mitad de la población (incluyendo a Peter Alphon) pertenecen al grupo sanguíneo 0. Pero el RH negativo era muy raro y este factor nunca fue mencionado en el juicio.

La familia Hanratty acudió a un asesor legal, pero se les aseguró que era imposible detectar el RH de la sangre en el semen. Nadie podía decir si el grupo sanguíneo del asesino era RH negativo o no. En este tipo de investigaciones forenses se avanza rápido, y tal vez algún día los científicos puedan decir finalmente si el semen tomado de Valerie Storie procedía efectivamente de James Hanratty.

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Comité de investigación sobre el asesinato

El Comité de Investigación del asesinato de la A-6 se creó en 1968 con el objeto de que se volviera a abrir el caso. Sus principales miembros eran los familiares de Hanratty, liderados por su padre, Jean Justice, el abogado Jeremy Fox, Lord Russell de Liverpool, el periodista Paul Foot y un contratista de Ealing llamado Michael Fogarty-Waul.

El Comité se mantuvo durante años gracias a la ayuda de muchas otras personas, y de una gran cantidad de correspondencia. Celebró reuniones en Bradford, Watford y en el norte de Londres. Sus más famosos partidarios eran John Lennon y Yoko Ono (arriba con los padres de Hanratty). Se dice que la ayuda prestada por Lennon a esta campaña contribuyó al fracaso de una moción presentada en 1969 en la Cámara de los Comunes para reinstaurar la pena capital.

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PRIMEROS PASOS – Un perdedor nato

James Hanratty llegó a cometer pequeños delitos. Pero los que le conocían no le creían capaz de cometer un asesinato.

James Hanratty nació en Farnborough, Hampshire, en 1936. Era el primer hijo de James y Mary Hanratty. El padre procedía de la primera generación de emigrantes irlandeses, y se casó con una chica «cockney». Los padres, de clase trabajadora, eran gente respetable.

Cuando la pareja se trasladó a un nuevo barrio del norte de Londres, muy poco después de que james naciera, su padre se empleó en el Departamento de Limpiezas del Ayuntamiento de Wembley, donde trabajó como basurero durante 25 años, y terminó como capataz. James y Mary educaron a sus hijos estrictamente.

James fue a la escuela de St. James en Burnt Oak. Nunca fue un alumno brillante; en realidad, fue medio analfabeto durante toda su vida, pero profesores y compañeros suyos de colegio recordaban su sentido común.

Poco después de dejar el colegio trabajó con su padre en el Departamento de Limpieza del Ayuntamiento, pero pronto se cansó de ese oficio. Se unió a los tipos del submundo de Londres, dedicándose a pequeños robos en casas y estuvo a punto de ser detenido por ello (principalmente porque nunca llevaba guantes y siempre dejaba sus huellas dactilares).

En una de sus escapadas, se fue a Brighton y encontró un trabajo como repartidor de madera. En plena calle se desmayó exhausto, y le llevaron a un hospital en Haywards Heath donde le diagnosticaron «una deficiencia mental». Durante el juicio se comentó que podría haberse alegado «responsabilidad disminuida» por el asesinato de la A-6 debido a su trastorno mental.

Sin embargo, el médico de la prisión de Bedford, Dr. Rhys Obver, encargado de examinar a Hanratty por decisión del Ministerio del Interior, rechazó categóricamente este diagnóstico. El médico concluyó su informe con: «No he encontrado en ningún momento ningún rasgo psíquico anormal que necesitara de tratamiento. El sujeto ha permanecido tranquilo, comiendo y durmiendo bien, hasta los últimos días en el juzgado, cuando empezó a preocuparse por el caso. En mi opinión, es un hombre capaz de defenderse. Conoce la diferencia entre el bien y el mal y debe considerársele responsable de sus actos.»

Hanratty era un ladrón de poca monta, que deseaba vivir a lo grande, como los ladrones profesionales que había conocido en el Soho. Era un hombre vano y débil, al que se puede aplicar el refrán de «perro ladrador, poco mordedor”.

De los diez últimos años de su vida, seis los pasó en prisión, intentó escapar de la cárcel dos veces, pero se le detuvo inmediatamente, perdiendo toda oportunidad de ser redimido. Siempre estuvo condenado por hurto, desvalijamiento de casas o por robo de coches.

Una de sus numerosas novias dijo en el Tribunal que no se trataba de un hombre agresivo. Nunca se vio involucrado en nada que tuviera que ver con la violencia o la violación.

Sus padres estaban angustiados e irritados por el comportamiento de su primogénito. Su madre le pidió y le suplicó muchas veces que «dejara todo eso», y su padre montó incluso un pequeño negocio de limpieza de ventanas a fin de que su hijo fuera a trabajar con él.

Pero el joven James se veía tentado, cada vez más, por las brillantes luces del Soho y por el deseo de ganar dinero fácil. Sin embargo, aún existía una especie de lazo entre los padres y el hijo.

James Hanratty padre, que luchó durante dieciséis años para establecer la inocencia de su hijo tras la ejecución, murió de cáncer en 1978. Siempre contaba la primera entrevista que tuvo con él una vez que éste fue arrestado por el asesinato de la A-6.

«Me dijo directamente, mirándome a los ojos, “Padre, yo no lo hice”. Eso era suficiente para mi.»

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¿Asesino o «chiflado»?

Peter Alphon nació en Croydon, Surrey, en 1930. Procedía de una familia de clase media baja. Su padre trabajaba como oficinista en el departamento de archivos de Scotland Yard. Peter acudió a un colegio público, el Mercers, hasta los 15 años. Desde muy pequeño fue un ávido lector y sobre todo le interesaba lo relacionado con las ciencias ocultas. Se embebía con misteriosas teorías teosóficas sobre la comunicación directa entre Dios y el alma, y también le fascinaban la magia negra y la brujería. Fascista a ultranza y admirador de Hitler, en el centro de sus pensamientos estaba la idea de “orden». Era muy estricto en cuanto a la inmoralidad, que asociaba en particular con la infidelidad.

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LA CONFESIÓN – “Yo soy el verdadero asesino”

Mientras Hanratty esperaba el día de su ejecución, el otro sospechoso del crimen, Peter Alphon, hizo la primera de muchas confesiones del asesinato de la autopista A-6. ¿Se trataba de un perturbado mental, o era verdaderamente el culpable?

Entre los numerosos asistentes al juicio de Hanratty, se encontraba un hombre de negocios llamado Jean Justice. Su «hobbie» era todo lo que estuviera relacionado con la justicia, y después de asistir al juicio durante los primeros días se obsesionó con el caso del asesinato de la A-6. Sobre todo le intrigaba el papel jugado por Peter Alphon, el primer sospechoso de la policía, y resolvió buscarle e interrogarle acerca del caso.

Justice finalmente encontró a Alphon en el hotel Ariel, cerca del aeropuerto de Heathrow. Allí comenzó una larga y tempestuosa relación entre los dos hombres. Ambos quedaron fascinados el uno con el otro. Pero mientras que Alphon quería amistad y confianza, a Justice sólo le interesaba el asesinato de la A-6.

Poco a poco, de muchas y extrañas maneras, el sospechoso empezó a confesar el asesinato de Michael Gregsten. Primero, dibujó un diagrama que sugería que él (o uno de sus compinches) había cometido el asesinato. Luego empezó a confesarlo verbalmente, pero siempre dándole muchas vueltas al asunto. Era como si los dos hombres estuvieran jugando al ratón y al gato.

Alphon descubrió que Justice estaba grabando sus conversaciones telefónicas y pasando la información a la familia del acusado y a la policía. Se enfureció terriblemente. Al irse acercando el día de la ejecución de Hanratty, su comportamiento se volvió cada vez más extraño. Bombardeó a su propio abogado con amenazas y obscenas llamadas telefónicas.

A Charles France, el hombre que contó al tribunal que Hanratty había dicho que el asiento trasero de un autobús era un buen sitio para esconder cosas, también le telefoneó varias veces: «Si Hanratty muere, tú también», le gritó.

La amenaza nunca se llevó a cabo. El 16 de marzo, menos de tres semanas antes de que el reo fuera colgado, Charles France se suicidó con gas en una pensión de mala muerte de Acton. Dejó una carta en la que vertía todo su odio contra Hanratty y maldecía el día en que le conoció. Pero en ninguna parte decía que éste fuera culpable del asesinato de la A-6.

Las conversaciones telefónicas entre ambos continuaron mucho tiempo después de la ejecución de James. Poco a poco, Justice empezó a obtener nueva información a partir de lo que le decía su interlocutor. Por primera vez proporcionó un móvil creíble para el crimen. En una de las conversaciones, en 1962, dijo que le habían enviado al campo de trigo para asustar de tal modo a la pareja que acabaran con sus relaciones.

Pero, en conjunto, no resultaba fácil sonsacarle información. Era un proceso muy lento. También repetía una y otra vez que estas cosas se las estaba contando amistosamente a uno de los pocos amigos que tenía.

Jean Justice grabó las conversaciones, hizo un memorándum e intentó atraer el interés de periodistas y políticos. Quería que se reabriera el caso de la A-6. Su empresa tuvo éxito al pasar los años. En 1965, el historiador de Liverpool Lord Russell escribió un libro sobre el caso que provocó una avalancha de llamadas y amenazas al autor y a su editor.

En 1966, el “Panorama”, de la BBC, emitió un amplio programa sobre el caso, que incluía extractos de las grabaciones y una entrevista con el propio Alphon, en la que se mostró deliberadamente ambiguo sobre su papel en el asesinato, y en la que explicó que las grabaciones telefónicas eran fragmentos de una conversación sobre un libro de ficción que él y Justice planeaban escribir.

El culmen de todo esto llegó en mayo de 1967, cuando éste dio una conferencia de prensa en París en la que se confesaba autor del crimen. «Un hombre me ofreció una elevada cantidad de dinero y me dijo que diera fin a las relaciones de Gregsten y la señorita Storie», dijo. «Otro hombre, un amigo suyo, me dio una pistola. No me dijeron explícitamente que le matara. Sólo me dijeron: “Te damos esta pistola… Haz uso de ella”. Le di a la pareja dos oportunidades. Hablé largo y tendido sobre la moralidad, y a él le di dos oportunidades para que se largara. Pero el tipo volvía otra vez. Siempre volvía. »

Después de esta rueda de prensa, que fue ampliamente divulgada, Alphon se embarcó en otra larga serie de conversaciones telefónicas, que también fueron grabadas, con el periodista Paul Foot, que posteriormente escribió un libro sobre el caso. A lo largo de ellas logró reunir muchos detalles sobre el asesinato y sus desastrosas consecuencias. Describió gráficamente la violación y los disparos contra Valerie Storie, su vuelta al este de Londres en coche y su viaje en tren a Southend, donde, dijo, le había dado la pistola a Charles Frances.

Comentó que el plan no era asesinar a nadie y que el arma se había disparado accidentalmente al tirarle Gregsten la bolsa en el coche. En el caso de que algo saliera mal, quedó en que le entregaría el arma a France a fin de que éste pudiera incriminar con ella a cualquier otro. Insinuó (aunque no conocía los detalles) que su compañero había escondido la pistola debajo del asiento trasero de un autobús y que más tarde escondió los cartuchos en el hotel Vienna con el fin de incriminar a james Hanratty. Conocía a éste desde hacía tiempo y le guardaba rencor por mantener relaciones con su hija.

Las confesiones y las llamadas telefónicas (casi todas ellas realizadas en mitad de la noche) continuaron hasta 1971. En abril, poco antes de que se publicara el libro de Foot, Alphon acordó dar una rueda de prensa en un hotel de Londres en la que volvería a confesar la autoría del crimen. Sin embargo, la misma tarde de la conferencia le volvió a llamar para decir que no podría asistir. A partir de ese momento guardó absoluto silencio sobre el asesinato de la A-6. Jean Justice, Paul Foot y los amigos de Alphon no le volvieron a oír una palabra sobre el asunto.

Una posible respuesta al extraño comportamiento de este hombre entre 1962 y 1971 es que se tratara de un lunático, que tal vez se imaginó a sí mismo como el asesino de la autopista y representó su papel a las mil maravillas. En apoyo de esta teoría está la inexplicable coincidencia del hotel Vienna. Si el «plan» de Peter Alphon y los que le habían encargado el asunto era incriminar a Hanratty, ¿por qué Alphon se registró allí la noche del asesinato? Con toda seguridad el último hotel que hubiera elegido sería aquel al que sus cómplices conducían a la policía para incriminar al otro hombre. La coincidencia sólo puede explicarse como una decisión, después de cometer el asesinato, de incriminar a un hombre que sabían que se había alojado en el hotel.

El Ebro de Paul Foot, ¿Quién mató a Hanratty?, se publicó en mayo de 1971 y provocó una inmediata protesta con el fin de que se volviera a abrir el caso. Más de 100 miembros del Parlamento procedentes de todos los partidos firmaron una moción a tal efecto. Pero el ministro del Interior, Reginald Maudling, la rechazó. Los sucesivos ocupantes del cargo han hecho lo mismo.

En 1974, el nuevo Gobierno laborista abrió una investigación bajo la supervisión de un abogado llamado Lewis Hawser. Para evitar protestas en el Parlamento, se ordenó a éste que actuara con discreción, que escuchara a los testigos en secreto y que no divulgara los testimonios que se le hicieran. En su investigación queda claro que no tenía ninguna duda sobre la culpabilidad de James Hanratty. Pero, sin embargo, no podía dar una explicación lógica a lo que decían los testigos de Rhyl o a las confesiones de Alphon.

En la sala de los horrores del Museo de Cera de Madame Tussaud, James Hanratty permaneció junto a los más crueles asesinos de la historia criminal británica hasta 1979, cuando se retiró su figura de cera.

Antes de esto había fracasado una campaña para que sacaran de allí la figura, aunque ésta se presentaba ante un espejo en el que había un gran interrogante.

En los archivos de la policía, James Hanratty figura como un maníaco asesino. Para mucha gente, sin embargo, quedan aún muchas preguntas sin respuesta.

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Sin maleta

En 1974, el abogado Lewis Hawser escribió un informe que recusaba la coartada en Rhyl de Hanratty. Se apoyaba en parte en el hecho de que la señora Walker y las otras mujeres de la misma calle que hablaron de un joven que buscaba alojamiento una noche de agosto de 1961, no podían haber visto a James, puesto que el hombre al que vieron no llevaba ningún tipo de equipaje. El acusado declaró que llevaba una pequeña maleta que había dejado en la consigna de la estación de Lime Street, en Liverpool, y que pasó a recoger antes de tomar el autobús. El señor Hawser pensaba que este dato era decisivo. Sin embargo, existe una respuesta para esto, según la propia versión de Hanratty. En las notas recogidas por el abogado en su primera entrevista con él hay muchos datos sobre su visita a la pensión que tenía un baño de color verde. En ellas se puede leer: «Dejé una pequeña maleta de cuero. La dueña de la pensión, de unos 50 años, como mi madre. Yo llevaba puesto mi traje a rayas. Pregunté si podía dejar ahí mi maleta y volver a por ella más tarde.» Probablemente, como el alojamiento que se le ofrecía no era del todo satisfactorio (¿tal vez se trataba del ático con un baño de color verde?), decidió seguir buscando algún otro lugar. Dejó su maleta y se marchó sin equipaje. El hecho de que el hombre que vieron las mujeres no llevara equipaje refuerza la coartada de Hanratty.

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La primera declaración

En la primavera de 1974, 12 años después de que Hanratty fuese ejecutado, el Comité de investigación sobre el asesinato de la A-6 sacó a la luz la primera declaración que Valerie Storie hizo a la policía después del asesinato. Este documento no se presentó en el juicio.

En el juicio el señor Acoft explicó al Tribunal que no consideraba a Alphon sospechoso por doce razones. Dos de éstas eran que el hombre de la pistola decía llamarse “Jim» y que el sospechoso tenía veintitantos años y Alphon tenía treinta y uno. La primera declaración de la joven, que el jurado no vio nunca, echaba por tierra estas dos razones. Ella dijo que el hombre de la pistola decía llamarse “Jim” pero “no creo que fuese su verdadero nombre». Cuando le pidieron que calculase la edad del edad del criminal contestó que «unos treinta».

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¿Casualidad?

Existen un número considerable de coincidencias entre Peter Alphon y el hombre de la pistola:

Alphon se parece extraordinariamente al retrato-robot realizado después de las primeras entrevistas con Valerie Storie.

Cuando se pone nervioso, Alphon habla con acento “cockney”, y pronuncia th como f, tal y como hacía el asesino.

Alphon fue el primer sospechoso del asesinato. Nunca encontró una coartada convincente.

Tenía un móvil mucho más creíble para el asesinato que el que expuso la acvusación durante el juicio.

Conducía mal, como el asesino.

En 1970, el periodista Paul Foot accedió a su cuenta bancaria. En ella se observaba que entre octubre de 1961 y junio de 1962 habían ingresado en la cuenta 7.569 libras, principalmente en cantidades de 100 y 800. Unas 2.500 eran pagos de los medios de comunicación. Se desconoce, sin embargo, la procedencia de 5.000 libras, la suma que dijo le habían pagado por el asesinato.

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Conclusiones

Se han escrito cinco libros sobre el asesinato de la A-6-. El primero, cuyo título es El asesínato de la A-6, del distinguido abogado Louis Blom-Cooper, se publicó en 1963. Lo que más le había impresionado fue el testimonio de Roy Langdale, el prisionero al que Hanratty había «confesado» su culpabilidad. Su libro concluía con que James Hanratty era culpable. Años más tarde, sin embargo, el autor admitió públicamente que la condena no era del todo satisfactoria.

El segundo libro, publicado en 1965, era del historiador de Liverpool Lord Russel, y se titulaba Deadman’s Hill, ¿Era James Hanratty culpable? Después de un estudio exhaustivo de los testimonios prestados durante el juicio, Lord Russell concluía que Hanratty no era culpable.

Jean Justice ha publicado dos libros sobre el caso, que describen con detalle su amistad con Peter Alphon y sus últimas confesiones. Ambos libros se publicaron en el extranjero, uno en inglés, titulado Asesínato versus asesinato, y el otro en frances, Le crime de la Route A-6.

El periodista investigador Paul Foot se interesó por el caso en 1966 cuando asistió al reenterramiento de Hanratty en un camposanto. Su libro, ¿Quién mató a Hanratty? se publicó en 1971 y fue el primero en examinar con todo detalle todo lo referente a la coartada de Rhyl. Concluyendo que era completamente inocente del crimen, el libro sugería que Alphon era el asesino.

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Fechas clave

  • 23-08-61 – Asesinato de Gregsten en Deadman’s Hill.
  • 27-08-61 – La policía interroga a Peter Alphon.
  • 31-08-61 – Valerie Storie cambia la descripción del asesino.
  • 22-09-61 – Alphon se entrega.
  • 24-09-61 – Rueda de identificación ante Valerie Storie. No reconoce a Alphon.
  • 03-10-61 – Alphon puesto en libertad sin cargos.
  • 14-10-61 – Hanratty es acusado del asesinato de la A-6
  • 22-01-62 – Comienza el juicio de Hanratty en Bedford
  • 29-01-62 – Hanratty informa a sus abogados sobre todo lo referente a la coartada de Rhyl.
  • 17-02-62 – El jurado le declara culpable y es sentenciada a muerte
  • 13-03-62 – La apelación es rechazada.
  • 02-04-62 – El ministro del Interior no autoriza la suspensión temporal de la pena de muerte.
  • 04-04-62 – James Hanratty es ejecutado en Bedford
  • 11-02-62 – Jean Justice se encuentra por primera vez con Peter Alphon
  • 16-03-62 – Charles France, testigo por parte de la acusación, se suicida
  • 07-11-66 – Se emite el programa «PANORAMA» sobre el caso de la A-6, Alphon niega su culpabilidad.
  • 12-05-67 – Confesión de Alphon en París.
  • 04-75 – El informe de Hawser concluye con que Hanratty culpable.

 


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