El asesinato de Pancho Villa

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Pancho Villa

El Centauro del Norte

  • Clasificación: Asesinato
  • Características: Su cadáver fue decapitado
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 20 de julio de 1923
  • Fecha de nacimiento: 5 de junio de 1878
  • Perfil de las víctimas: Pancho Villa, de 45 años, uno de los jefes de la Revolución mexicana
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Hidalgo del Parral, Chihuahua, México
  • Estado: Jesús Salas Barraza, diputado, fue condenado a 20 años de prisión por el asesinato, pero su encarcelamiento duró menos de tres meses, luego de los cuales fue perdonado por el gobernador saliente de Chihuahua, Ignacio Enríquez, y liberado de la prisión
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El asesinato de Pancho Villa

Última actualización: 26 de octubre de 2015

José Doroteo Arango Arámbula, más conocido como Francisco Villa y Pancho Villa (n. San Juan del Río, Durango, 5 de junio de 1878 – † Hidalgo del Parral, 1923) fue uno de los jefes de la Revolución mexicana, cuya actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen de Victoriano Huerta.

Murió asesinado en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Huérfano, tuvo una infeliz niñez y una conducta muy rebelde en la adolescencia, fue leñador, agricultor y comerciante, antes de hacerse militar revolucionario.

Biografía

Sus padres fueron Agustín Arango y Micaela Quiñónez Aramburu. De extracción humilde, no tuvo acceso a la educación escolar. Al fallecimiento de su padre su situación económica empeoró; por lo que trabajó de leñador y labrador. Por algún tiempo se dedicó al comercio gracias a la ayuda de Pablo Valenzuela, quién le fiaba las mercancías.

Hacia 1894 se dedicaba a la agricultura en una hacienda de la familia López Negrete, donde sembraba como mediero. En septiembre de ese año se convirtió en proscrito de la ley, al tirotear al hacendado Agustín López Negrete, que intentaba raptar a su hermana. Como su verdadero nombre era Doroteo Arango, lo cambió por el de Francisco Villa, pues su padre había sido hijo natural de Jesús Villa; además se dio a la fuga y se refugió en la sierra.

¿Otras versiónes del por qué Pancho Villa? Existen diversas versiones acerca del origen del mote de Pancho Villa:

1.- Una es que cuando este se encontraba fugitivo de la ley, él fue rescatado por una pandilla de bandidos encabezada por un hombre llamado Francisco Villa, quien lo recogió y lo alimentó. Al no tener adónde ir, Doroteo empezó a operar con esta pandilla asaltando pueblos y delinquiendo en otras áreas. Por su lealtad se ganó la confianza del jefe de la banda. En una ocasión Francisco Villa (jefe de la banda) sufrió una herida de bala por lo que, agonizando, nombró a Doroteo Arango como jefe de la pandilla de bandidos. Fue entonces que Doroteo cambió su nombre «Francisco Villa», a petición de la banda que ahora él encabezaría. Continuaron realizando actos de vandalismo regresando a la hacienda donde Doroteo había matado a Agustín López Negrete, donde el cuñado del fallecido lo buscaba para matarlo. Doroteo Arango (ahora bajo el nombre de Francisco Villa) acabó con la vida de su rival y los hombres de éste, empezando a seguir una causa en defensa de la clase obrera que era fuertemente explotada al punto de comparación con la esclavitud.

2.- Otra cuenta que el verdadero padre en realidad es Luis Germán Gurrola, pues Micaela Arámbula, su madre había sido su sirvienta y este al no reconocer a su hijo, fue bautizado por Agustín Arango, quien era hijo natural de Don Jesús Villa, abuelo paterno del muchacho, siendo de él de quien adoptó su apellido, llamándose Francisco Villa .

3.- Y por último existe otra versión que cuenta que una mujer de apellido Arango tuvo amoríos con Jesús Villa, que había pasado de residir en San Gabriel, Jalisco, a San Juan del Río en el estado de Durango, y que de ellos nació Agustín Arango. Aunque éste se debió haber llamado Agustín Villa Arango, se desconocen las causas de por qué Jesús Villa no dio nombre a su hijo y de por qué éste recibió el apellido de su madre. Agustín Arango contrajo matrimonio con Micaela Arámbula y de ellos nace Doroteo Arango. Finalmente, Doroteo Arango retoma el que su padre le contaba era su apellido legítimo para así hacerse llamar Francisco Villa como medida para ocultar su identidad.

Bandidaje

A partir de entonces inició una vida de bandidaje. Poco después se integró a un grupo de bandoleros jefaturado por Ignacio Parra; con ellos operó hasta que José Solís, miembro de la banda, asesinó a un anciano; entonces Villa se desligó del grupo y trabajó en la mina de El Verde y como albañil en la ciudad de Chihuahua. La policía reanudó su persecución por lo que Villa volvió a la sierra y a su negocio de robar y vender ganado.

Entrada en la Revolución

En 1910 se unió al movimiento maderista, primero a través de su compadre Eleuterio Soto, y después mediante Abraham González, con quién tenía ligas comerciales. El 17 de noviembre de 1910 atacó la Hacienda de Cavaría; así mismo se dedicó a reclutar gente para sus tropas desde un principio. En la lucha armada maderista se distinguió por su audacia y organización.

La Revolución Maderista comienza a revelar el ingenio militar de Francisco Villa, en el Tecolote, engaña a las fuerzas del General Navarro poniendo sombreros sobre estacas para simular un contingente mayor, obligando al General Navarro a la retirada. Sobresalió como Jefe de las Batallas de San Andrés, Santa Isabel, Ciudad Camargo, Las escobas y Estación Bauche, contra el General federal Manuel García Pueblita.

Además, participó en el mayor triunfo, al lado de Pascual Orozco: La Batalla de Ciudad Juárez, contra el General Juan N. Navarro a quién intentó fusilar incluso en contra de Francisco I. Madero.

Después de tomar torreón por unos momentos, Villa se hace de los primeros trenes de sus fuerzas, que después servirían para transportar grandes contingentes de la División del Norte. Después de intentar tomar Chihuahua y no poder hacerlo, logra su primera gran victoria: La toma de Ciudad Juárez.

Esta toma es descrita por Enrique Krauze como una acción de película: mientras una parte de los efectivos distrae a los enemigos en las afueras de Chihuahua, la otra al mando de Francisco Villa intercepta y descarga dos trenes de carbón en la estación de Terrazas. Sus hombres abordan los vagones y la caballería los sigue por fuera rumbo a Ciudad Juárez. En cada estación, a partir de Terrazas, Francisco Villa apresa al telegrafista y pide instrucciones a la base de Ciudad Juárez fingiéndose el oficial a cargo de los convoyes.

La noche del 15 de noviembre de 1913, mientras los soldados y oficiales federales dormían en los cuarteles o se solazaban en las casas de juego, una señal diminuta anuncia el asalto. En un santiamén las tropas villistas toman el cuartel, la jefatura de armas, los puentes internacionales, el hipódromo y las casas de juego. Los periódicos norteamericanos y la opinión pública se sorprenden ante la increíble acción.

En la Hacienda de Bustillos sostuvo una entrevista con Madero y recibió el grado de Coronel. Después de la firma de los Tratados de Ciudad Juárez abandonó las armas: entregó el mando de sus tropas a Raúl Madero y radicó en Chihuahua, dedicándose al comercio de ganado.

En 1912 dio muestras de su lealtad a Francisco I. Madero, al rechazar la invitación de Pascual Orozco para rebelarse. Más aún, retomó las armas para defender al gobierno maderista. Combatió en Chihuahua y Durango, y en Torreón se incorporó a las filas de la División del Norte Federal, que comandaba Victoriano Huerta.

A su lado participó en las Batallas de Tlahualilo, Conejos y Rellano. Por su actuación militar fue ascendido a General Brigadier honorario. Victoriano Huerta, receloso de su brillantez a pesar de no ser militar de carrera y molesto por su independencia, con el pretexto de robo de una yegua lo procesó por insubordinación y ordenó su fusilamiento.

Madero salvó su vida, mediante la intervención de su hermano Raúl Madero y de Guillermo Rubio Navarrete. Como alternativa, fue enviado a la Ciudad de México y encarcelado en Santiago Tlatelolco. En su estancia en prisión conoció a Gilbardo Magaña, quién lo enseñó a leer y lo puso al tanto de los propósitos e ideales del agrarismo.

A finales de 1912, Francisco Villa logró fugarse de prisión con la ayuda de Carlos Jáuregui, escribiente del juzgado de la cárcel. Tomó rumbo a Guadalajara y Manzanillo y logró llegar a El Paso, Texas. En el camino, el gobernador José María Maytorena le ayudó con dinero para proseguir su fuga.

Ante los asesinatos de Francisco I, Madero y Abraham González en febrero y marzo de 1913, decidió retomar las armas contra el gobierno de Victoriano Huerta ante los llamados de los líderes militares del norte, encabezados por el Gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, que llamaban a levantarse contra el usurpador. Ayudado una vez más por Maytorena, cruzó la frontera y se internó en Chihuahua. Con una fuerza de escasos nueve hombres inició su participación en el movimiento constitucionalista.

Comienza así una nueva etapa en la Revolución Mexicana, en la cual Francisco Villa alcanza sus máximos éxitos militares al mando de la División del Norte, cuyo objetivo era avanzar desde Chihuahua al centro del país y tomar plazas estratégicas resguardadas por el Ejército Federal. Para ese año contaba ya con seiscientos hombres. Venustiano Carranza pronto lo nombró General Brigadier, después de que se adhirió al Plan de Guadalupe, y cabecillas como Tomás Urbina, Rosalío Hernández, Toribio Ortega, Manuel Chao y otros, lo reconocieron como su jefe.

Atacó exitosamente Estación Bustillos y Casas Grandes, Chihuahua, quedando dueño de la zona del noroeste del estado. En agosto logró tomar San Andrés, defendido por el General Félix Terrazas; continuó su campaña acumulando victorias, incluso fuera del estado: Avilés, Ciudad Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, aunque esta última haya sido una toma efímera. En septiembre se constituyó la famosa División del Norte del Ejército Constitucionalista, en la que figuraron Toribio Ortega, Rodolfo Fierro, Juan Medina, Maclovio Herrera, Tomás Urbina y Manuel Chao entre otros, y de la que Francisco Villa fue nombrado general en jefe.

En noviembre de 1913 mostró su genio guerrillero y su capacidad militar en la Batalla de Tierra Blanca, aún antes de contar con Felipe Ángeles, quién se le uniría hasta marzo de 1914, para ser su gran estratega y jefe de su artillería. Luego tomó Ciudad Juárez y terminó el año entrando triunfalmente a la Ciudad de Chihuahua. Por muy poco tiempo fue nombrado gobernador provisional de Chihuahua, aunque ejerció el poder por un periodo mayor pues dictaba órdenes al gobernador Manuel Chao, quién había sido nombrado por Venustiano Carranza.

Como gobernante Villa mandó imprimir diversos billetes, como los «dos caritas» y las «sábanas»; embargó tiendas y sustituyó a los comerciantes venales por administradores honorables, llenó el mercado de reses de las haciendas en las que intervenía; abarató los precios del maíz, frijol y carne; asumió funciones federales en materia de telégrafos y ferrocarriles; expulsó del estado a muchos españoles, acusados de que habían ayudado a Victoriano Huerta; reabrió el Instituto Científico y Literario y decretó el establecimiento del banco del estado.

Inició el año de 1914 con la Batalla de Ojinaga. En marzo y abril tomó Torreón y San Pedro de las Colinias, Coahuila, con lo que logró dominar la región lagunera. Con la Batalla de Paredón, en mayo, con la que derrotó al General huertista Joaquín Mass, y la Batalla de Saltillo, controló todo el estado de Coahuila.

Para esas batallas ya se les había incorporado Raúl Madero, Felipe Ángeles y José Isabel Robles. Con ello Villa quedó colocado en un primer puesto entre los generales revolucionarios. El 23 de junio, desobedeciendo las órdenes del Primer Jefe y haciendo gala de su poderío y de su independencia desplazando a toda la División del Norte, tomó la plaza de Zacatecas (Batalla de Zacatecas), derrotando al General federal Luis Medina Barrón.

Las relaciones de Villa con Carranza, ya tensas por el intento del primero de fusilar a Manuel Chao, se agudizaron más por estos hechos ya que según Carranza el que debía tomar Zacatecas era el General Pánfilo Natera. Las discrepancias tuvieron un receso temporal con el pacto de Torreón, del 8 de julio de 1914, celebrado entre la División del Norte y el Cuerpo del Ejército del Noroeste.

A Francisco Villa lo representaron Miguel Silva, Manuel Bonilla y José Isabel Robles; A Pablo González Garza: Antonio I. Villarreal, Cesáreo L. Castro y Luis Caballero. Se acordó que Villa presentaría disculpas a Venustiano Carranza, quién seguiría como Primer Jefe; a Francisco Villa se le otorgaría el grado de General de División, aunque independientemente de Álvaro Obregón y Pablo González Garza.

Villa reconoció a Venustiano Carranza, pero le impuso limitantes, como asumir la presidencia interina y convocar a una Convención de generales y gobernadores revolucionarios para señalar la celebración de elecciones y formular un programa de gobierno. Los acuerdos no fueron aceptados en su totalidad por ninguna de las dos partes. Los ejércitos revolucionarios derrotaron a Huerta, quien marchó al exilio el 24 de junio de 1914.

A pesar de la victoria, Villa estaba molesto con Carranza, quien lo despreciaba por su reputación de bandolero, ya que nunca le concedió a la División del Norte el grado de Ejército ni a Villa el grado de general de división, que si había sido otorgado en su ejército.

El conflicto estalló una vez más en agosto de 1914, cuando se agudizaron las tensiones en Sonora, pues Francisco Villa apoyó al gobernador Maytorena, y Álvaro Obregón, Benjamín Hill, Plutarco Elías Calles y Salvador Alvarado ya formaban otro grupo político. Obregón se trasladó a conferenciar con Francisco Villa, pero tratando Obregón de atacar a las tropas Villistas por un lado y lograr una alianza por el otro, es descubierto por Villa y este manda fusilarlo, pero Serrano y Raúl Madero evitan que Obregón sea fusilado aceptando las condiciones de Villa y firman un acuerdo, logrando escapar a Chihuahua, y a medio camino de la huida obregoncista Villa recibe un telegrama de Venustiano Carranza en donde éste rechaza el acuerdo. Villa persigue a Obregón pero ya no lo alcanza y rompe definitivamente con Carranza.

En 1914, Carranza citó a una convención de las fuerzas revolucionarias, para limar asperezas entre ellas, sin lograr su objetivo, pues Villa se fortaleció en la Convención de Aguascalientes. Como resultado, Carranza y Obregón rompieron con la Convención. Villa tomó la Ciudad de México, a nombre del gobierno de la Convención, junto con su aliado Emiliano Zapata, en diciembre de 1914.

El primero de octubre se instaló en la Convención en la Ciudad de México, y el día 10 se trasladó a Aguascalientes. En ella estuvo representado por Roque González Garza y en ella se logró llevar a la presidencia a un villista. Durante la presidencia de Eulalio Gutiérrez, Francisco Villa fue designado jefe de las operaciones del Ejército Convencionista.

En la lucha contra los constitucionalistas Villa buscó a toda costa aliarse con Emiliano Zapata pues durante la Convención de Aguascalientes descubrieron sus muchas similitudes, como la aprobación de en la Convención del Plan de Ayala. En diciembre de 1914 tuvo lugar el Pacto de Xochimilco, en el que Francisco Villa aceptó el Plan de Ayala en lo relativo al problema de la tierra y en el que convenían llevar a la presidencia a un civil identificado con la Revolución.

Lucha contra Carranza y Obregón Carranza no se plegó a los dictados villistas de la Convención y huyó a Veracruz para encabezar desde allí su contraataque. Para ello tenía gran aliado, un estratega militar que superaría al genio tosco de Pancho Villa, se trataba del general Álvaro Obregón. Las victorias de Francisco Villa al lado de Venustiano Carranza no se repitieron en su lucha contra él.

Durante 1915 fue sucesivamente derrotado por Álvaro Obregón y los constitucionalistas en las famosas batallas de Celaya (Batalla de Celaya), en abril donde Obregón logró derrotar a la División del Norte en el Bajío (la historia recuerda en particular la famosa Batalla de Celaya). El poder de la caballería de Villa no fue efectivo para derrotar las trincheras, excesiva artllería y ametralladoras del ejército de Obregón.

En una batalla posterior, Obregón perdió uno de sus brazos ante la artillería de los villistas. Además, Villa perdió la Batalla de Trinidad, la Batalla de León y la Batalla de Aguascalientes en junio, por lo que tuvo que replegarse otra vez hacia el norte.

Para fines de ese año decidió invadir Sonora; sin embargo los constitucionalistas siempre contaron con el apoyo de armamento estadounidense que ya habían suspendido sus suministros a los villistas, así que con un gran poder de ofensiva de artillería los constitucionalistas lo derrotaron en Agua Prieta por conducto de Plutarco Elías Calles y en el Alamito por el General Manuel M. Diéguez. Derrotado militarmente, con un ejército pobre y sin elementos de la capacidad de Felipe Ángeles, Villa se dedicó a hostilizar al gobierno de Venustiano Carranza.

En 1915, los Estados Unidos reconocieron oficialmente el gobierno de Venustiano Carranza. Los EEUU habían cambiado su actitud hacia Villa y le impusieron un embargo de armas, cortándole el suministro de las mismas que recibía desde poblaciones como Columbus, Nuevo México. Carranza recibió entonces apoyo de los estadounidenses en la forma de suministro, ahora ya de forma legal y su comercio de armas, para que derrotaran a las de Villa.

Batalla de Columbus

Después de su derrota militar, Francisco Villa se replegó a Chihuahua, desde donde fraguó un golpe militar, que le serviría además para vengarse de Estados Unidos, después de que este país apoyara a Carranza. Villa estaba enfurecido en contra de los EEUU y de Wilson, por el uso que hizo Obregón de faros gigantes, alimentados con energía eléctrica norteamericana, para ayudar a Obregón a repeler el ataque nocturno de las tropas villistas al pueblo fronterizo de Agua Prieta, Sonora, el 1 de noviembre de 1915.

En enero de 1916, un grupo de villistas al mando del general de órdenes Ramón Banda Quesada emboscaron un tren del Mexico North Western Railway (Compañía del Ferrocarril Noroeste de México), cerca de Santa Isabel , Chihuahua, y masacró a 18 empleados norteamericanos de la compañía minera «ASARCO».

Antes del amanecer del 9 de marzo de 1916, un grupo de aproximadamente 1.500 hombres (el reporte oficial del ejército estadounidense mencionó entre «500-700 participantes») del ejército de Villa al mando del General Ramón Banda Quesada atacaron el pueblo de Columbus, Nuevo México, como represalia al reconocimiento oficial del régimen carrancista por parte de los Estados Unidos y en busca del comerciante Sam Ravel (proveedor que, según Villa, lo había robado).

Mientras tanto, Villa se había quedado del lado mexicano de la frontera con un pequeño grupo de hombres.

En Columbus, los villistas al mando del general Ramón Banda Quesada atacaron un destacamento de caballería del ejército estadounidense, confiscaron 100 caballos y mulas, incendiaron el pueblo y mataron a 17 estadounidenses y 67 mexicanos. Más de 100 villistas murieron en el ataque. Ésta sería la segunda vez que el territorio de los Estados Unidos es atacado por fuerzas de otro país.

La Expedición Punitiva

El presidente estadounidense Woodrow Wilson envió tropas encabezadas por el General «Black Jack» Pershing, el mismo que comandaría las fuerzas estadounidenses en la Primera Guerra Mundial.

La Expedición Punitiva cruzó al sur de Columbus el 16 de marzo de 1916. La búsqueda de Villa llevaría a las tropas estadounidenses finalmente unas 600 km adentro de México, llegando rumbo al sur hasta la ciudad de Parral donde, después de una escaramuza encabezada por la maestra Elisa Griensen, donde participaron los niños del pueblo, los yanquis retrocedieron a sus bases en el norte de México.

Durante 11 meses, los 10.000 soldados de la Expedición Punitiva de Pershing recorrieron los desiertos del inmenso estado de Chihuahua.

Pershing tuvo éxito dispersando a las fuerzas mexicanas que habían atacado a Columbus, pero Pancho Villa, desapareció en el extenso territorio mexicano y nunca fue capturado.

En febrero de 1917, la Expedición Punitiva regresó a Columbus.

Villa y los medios de comunicación

Pancho Villa acostumbraba hacerse acompañar de periodistas y de intelectuales, como el escritor estadounidense John Reed y el propio Martín Luis Guzmán, autor de La sombra del caudillo, quien inclusive fungió como su secretario durante un tiempo.

Dio entrevistas constantemente, hizo un contrato con Hollywood, para filmar sus batallas e incluso sus tropas recibieron uniformes nuevos para rodar algunas escenas con una mejor imagen.

Villa firmó su contrato con el Mutual Film Company de D. W. Griffith en el 5 de enero de 1914. El representante era Harry E. Aitken quien distribuyó sus obras por los Estados Unidos. El propósito principal era revelar los planes para espantar el General Huerta afuera de México. The Life of General Villa se estrenó en el 14 de mayo de 1914 en Nueva York. Fue un éxito pero la relación entre Villa y los Estados Unidos no duró por mucho tiempo porque el apoyo para el ejército de Villa fue apagado para el fin de 1914.

Asesinato de Villa

Poco a poco Villa regresó a su actividad guerrillera y también fue sufriendo la escasez de armas. Así se mantuvo de 1917 a 1920, salvo un período de resurgimiento, cuando Felipe Ángeles volvió al país para luchar a su lado. Adolfo de la Huerta, al asumir la presidencia interina del país como fruto del movimiento de Agua Prieta, gestionó la rendición de Pancho Villa.

El 26 de junio de 1920 Villa firmó los convenios de Sabinas, en Sabinas Coahuila, obligándose a deponer las armas y a retirarse a la Hacienda de Canutillo (en Durango), que el gobierno le concedió en propiedad por sus servicios prestados a la revolución.

Álvaro Obregón llegó a la presidencia de México y cuando hubo consolidado su posición, toleró o abiertamente promovió algunos planes para asesinar a Pancho Villa. Durante la Rebelión delahuertista ―que pretendía impedir la imposición del general Plutarco Elías Calles―, ante el temor de que Pancho Villa nuevamente se levantara en armas, se decide matarlo.

El general Calles contactó con el coronel Lara para asesinar a Villa; le ofreció cincuenta mil pesos y el ascenso al grado de general. No se duda de que intervinieron elementos estadounidenses en la eliminación de Villa. Pancho Villa fue emboscado y asesinado la tarde del 20 de julio de 1923, cuando se dirigía a una fiesta familiar en Parral, Chihuahua.

Su cadáver fue decapitado. En esta profanación intervinieron ayudantes locales y el estadounidense Handal, pagado por el rey de la prensa estadounidense, William Randolph Hearst, quien desembolsó cinco mil dólares por la cabeza de Villa, trocada en dantesco trofeo.

Mitos y leyendas acerca de Pancho Villa

Existe un libro de bolsillo que apareció en México entre el año 1960 y el año 1968 titulado Habla una Espía Rusa con supuesta información acerca de cómo los alemanes habrían financiado las campañas de Villa y le habrían proporcionado armas, para abrirles un frente a los estadounidenses mientras ellos intentaban ganar la Primera Guerra Mundial en Europa.

La figura de Francisco Villa está rodeada de una «leyenda negra». Es un lugar común decir que Villa era cruel y bárbaro. Es cierto que tenía un carácter colérico y que no dudaba en ejecutar a sus enemigos, en particular a los «traidores» (ex-villistas que le eran desleales). Durante el enfrentamiento contra los carrancistas, Villa cometió muchos actos de barbarie (ejecuciones masivas, ahorcamientos con alambre y hasta llegó a ordenar prender fuego a algunos infelices).

Sin embargo, muchas de las ejecuciones masivas de prisioneros «colorados» y federales durante la campaña contra Huerta fueron ordenadas a Villa por Venustiano Carranza. Al momento de rendirse en Sabinas, Durango, Villa dijo que estaba harto de matar y mostró al primero una carpeta que totalizaba, entre víctimas que había hecho en batallas y a quienes había matado personalmente, 43 mil personas.

Algunos estudiantes mexico-americanos afirman que en la colección de cráneos de la sociedad Skull and Bones de Yale, Estados Unidos, se encuentra la cabeza de Pancho Villa, robada en 1926 del cementerio de Parral, Chihuahua, y supuestamente vendida a dicha sociedad por Emil L. Holmdahl. Dichos estudiantes exigen a George Bush que devuelva la cabeza de Villa. Sin embargo, aunque el cráneo fue efectivamente robado, se desconoce su paradero.

El villismo como doctrina política

Villa era un hombre inculto, pero cuando tuvo en sus manos la administración del gobierno de Chihuahua o de la Hacienda de Canutillo emprendió acciones sociales radicales. Imponía controles de precios, abría escuelas y gran parte de los impuestos de guerra los destinaba a abastecer a la población de productos básicos. Villa imponía estrictas restricciones al consumo de alcohol. El dinero producto de la venta de alcohol y de casas de juego administradas por sus hombres era canalizado a la Revolución.

Destaca en el ideario villista el valor de igualdad de trato y de igualdad de oportunidades («Es justo que todos aspiremos a ser más, pero también que todos nos hagamos valer por nuestro hechos»). En sus fiestas convivían gente modesta con personas de clase media y alta. En Canutillo, los trabajadores recibían salarios muy superiores al promedio nacional. Sin embargo, Villa difería de la aspiración a la igualdad de clases del bolchevismo («¿Qué sería del mundo si todos fuéramos generales, si todos fuéramos capitalistas o todos fuéramos pobres?»).

Villa no compartía plenamente el programa agrario de los zapatistas, en particular porque la reivindicación de la propiedad común de la tierra era propia de las comunidades indígenas. La ley agraria que decretó Francisco Villa el 24 de mayo de 1915 refleja la concepción del villismo al respecto. Por otro lado, como agricultor Villa era un entusiasta partidario del progreso tecnológico aplicado a la producción del campo.

En materia de libertad religiosa, Villa era menos jacobino que los generales sonorenses (Pancho se decía «libre pensador» y se oponía a cerrar iglesias). Por ello, era acusado por Obregón y Calles de «reaccionario».

Villa íntimo

Villa solía comentar que tenía tres grandes vicios, los buenos caballos, los gallos valientes y las mujeres bonitas. No se sabe con certeza cuantas mujeres tuvo, pero si se sabe que se casó por la ley como 75 veces, que al final, sólo siete reclamaron ser sus legítimas esposas: Luz Corral, Juana Torres, Pilar Escalona, Asunción B, Austroberta Rentería, María Amalia Baca y Soledad Seáñez.

Una de las facetas más personales de su socialismo se manifestaba con los niños; amaba a los propios y a los ajenos, recogía a los desamparados y costeaba su educación. Durante su breve gobierno contrató a maestros jaliscienses y abrió varias escuelas, a las que acudía en tiempos de fiesta, pues por los niños Villa sentía una verdadera veneración. En ocasiones se los dejaba a su esposa Luz Corral, quién llegaba a tener hasta doce niños en su cuidado. Sus planes educativos incluían una Universidad Militar para hasta cinco mil alumnos y una escuela elemental en cada Hacienda. Había una libertad de culto casi total y se desplegó una política agraria cuyo propósito sería distribuir la tierra creándola en pequeñas unidades.

Batallas y acciones Militares de Pancho Villa

  • Batalla de Ciudad Juárez (2 veces, una en 1911 y 1913 – Ganadas)
  • Batalla de Tierra Blanca (1913 – Ganada)
  • Batalla de Chihuahua (1913 – Ganada)
  • Batalla de Ojinaga (1913 – Ganada)
  • Batalla de Torreón y Batalla de Gómez Palacio (1914 – Ganada)
  • Batalla de Saltillo (1914 – Ganada)
  • Batalla de Zacatecas (1914 – Ganada)
  • Batalla de Celaya (1915 – Perdida)
  • Ataque en Agua Prieta (1915 – Perdida)
  • Batalla de Columbus (1916)

En la cultura popular

En el metro de la Ciudad de México se encuentra la estación División del Norte, que fue el ejército que comandó Pancho Villa. El símbolo de la estación representa la escultura en honor a Pancho Villa que se encontraba en el centro de una glorieta al cruce de las avenidas División del Norte, Universidad y Cuauhtémoc.

En la ciudad de Zacatecas, el principal estadio de la Ciudad, lleva su nombre.

Posterior al asesinato de Pancho Villa, el pueblo preguntaba: «¿Quién mató a Pancho Villa?» y le contestaban: «¡¡¡CÁLLESe, CÁLLESe!!!» en alusión al general Plutarco Elías Calles, uno de los promotores de este asesinato.

En 1970, Víctor Jara publicó en su álbum Canto libre el Corrido de Pancho Villa.

En 1971 existió un grupo de rock mexicano llamado La División del Norte.

En 1977, el poeta irlandés Paul Muldoon, en su obra Mules, comienza con el poema «Lunch with Pancho Villa» (Almuerzo con Pancho Villa).

En 1987, el grupo francés Magazine 60 publicó una canción llamada «Pancho Villa».

En 1995, el cantante de música country Steve Earle incluyó la canción «Mercenary song» en su álbum Train a comin (ASINB000002NAV) acerca de dos hombres del estado de Georgia que van a México para unirse al ejército de Pancho Villa.

En 2000, la banda Brujería incluyó en su álbum Brujerizmo la canción «División del Norte», dedicada a dicha división y a Pancho Villa.

Kid Frost lanzó al mercado una canción llamada «Pancho Villa» junto a Mellow Man Ace.

En un episodio de la serie de televisión The Young Indiana Jones Chronicles (Las aventuras del joven Indiana Jones), Indiana Jones se involucra con Pancho Villa y la Revolución Mexicana, lo cual es señalado en la película de 2008, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal.

Películas

  • 1935 – Vámonos con Pancho Villa (México)
  • 1939 – Con los Dorados de Villa (México)
  • 1958 – Cuando viva Villa es la muerte (México)
  • 1958 – Pancho Villa y la Valentina (México)
  • 1957 – Así era Pancho Villa (México)
  • 1966 – Un Dorado de Pancho Villa (México)
  • 2002 – And Starring Pancho Villa as Himself (Estados Unidos).

El asesinato de Pancho Villa

Stella Camargo – Noticiasnet.mx

10 de abril de 2015

Francisco Villa o Pancho Villa era el seudónimo de José Doroteo Arango Arámbula, a quien también se le conocía como el Centauro del Norte. Nació el 5 de junio de 1878, no se sabe si en Río Grande o en San Juan del Río, Durango.

Villa fue uno de los dirigentes de la revolución mexicana que contribuyeron al triunfo de esta y con Emiliano Zapata, lideraron el sector agrarista. El Centauro del Norte se unió en 1910 a Francisco Ignacio Madero, quien se había sublevado contra la dictadura de Porfirio Díaz, junto con otros generales como Victoriano Huerta, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza; Díaz fue derrocado y expulsado del país en 1911.

De 1911 a 1913 Pancho Villa apoyó la presidencia de Madero a pesar de la tibieza de sus reformas. Cuando este último fue asesinado por una conspiración capitaneada por Huerta, Villa se unió al constitucionalista Venustiano Carranza, que encabezaba la nueva rebelión, y junto con Emiliano Zapata combatieron la dictadura contrarrevolucionaria de Victoriano Huerta (1913-1914), la cual fue derrotada.

Es en este momento cuando Francisco Villa alcanza su máximo esplendor como general jefe de la famosa División del Norte, es decir, cuando encarna al Centauro del Norte.

Por su carácter independiente, Villa actuó muchas veces por su cuenta, razón por la que tuvo enfrentamientos con Carranza.

Villa fue nombrado gobernador provisional de Chihuahua por un corto periodo en 1913 – 1914. Más tarde, Villa y Zapata se sintieron defraudados por Carranza y tomaron las armas contra él, pero fueron derrotados en 1915 por el general carrancista Álvaro Obregón y así se consolidó Venustiano Carranza en la presidencia de la república (1915 a 1920).

Finalmente Emiliano Zapata fue asesinado en 1919 y Villa también fue emboscado y muerto, esto sucedió en Hidalgo del Parral, Chihuahua, el viernes 20 de julio de 1923.

De inmediato el Gobierno de Chihuahua informó del acontecimiento a la Secretaría de Gobernación, la cual envió un telegrama al gobernador de Oaxaca el 21 de julio de 1923. Este documento se encuentra en el Fondo: Secretaría de Gobierno, legajo 133, expediente 25, el cual tiene 3 fojas y en él, la Secretaría de Gobernación comunica el asalto y asesinato del General Francisco Villa. El expediente está fechado en julio 24 de 1923 y se transcribe textualmente a continuación:

Asunto: La Secretaría de Gobernación comunica el asalto y asesinato del General Francisco Villa y otras personas en Parral, Chihuahua. Julio 24 de 1923.

Estados Unidos Mexicanos
Telégrafos Nacionales

[Un sello que dice:
Telégrafos Nacionales
Oficina en Oaxaca
Julio 21 1923]
[Al margen superior derecho en letra manuscrita: Enterado]

Telegrama recibido en
27 Sria Gobn. México cm qh 21 Oax Julio 923-
90- of 14-40 D 15- 18 45
Gob. del Edo-

Para su conocimiento, honrome transcribirle siguiente mensaje procedente gobierno estado Chihuahua, recibiose esta Sria.
“Atentamente informole estos momentos recibí telegramas Parral diversos conductos comunicandome que hoy a las 8 fue asaltado sobre puente llamado de Guadalupe en aquella población en que viajaba Gral. Francisco Villa quien fue muerto, así como Grl. Miguel Trillo, el Choffer y dos miembros de su escolta que acompañabanlo, ya ordeno autoridades civiles aquel lugar cooperen eficazmente con autoridad militares para esclarecimientos hechos y aprehensión responsables al tener mayores detalles comunicarélos

Atte El Sub Srio-

G Valenzuela-
x

El Lic. Flavio Pérez Gasga era el Gobernador Interino del Estado de Oaxaca y su respuesta fue la siguiente:

[Sello al margen izquierdo:
Gobierno Constitucional del Estado
Oaxaca
Estados Unidos Mexicanos]
T E L E G R A M A.
Depto de Edo.
Sec. de Gobn.

De Oaxaca de Juárez, el 24 de julio de 1.923.
Para México, D. F.
C. Secretario de Gobernación.
Número [En letra manuscrita: 415] Su atento mensaje 21 actual impúsome del que sírvese comunicarme procedente de Chihuahua, relativo al asalto y muerte del Gral Francisco Villa y demás personas que cita.

Atentamente.
El Gobernador Const. Int.
Flavio Pérez Gasga
(Sello facsimilar de la firma)
rs.

En la biblioteca del Archivo General también se encuentra el número 32 del Boletín del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca en donde aparece un artículo de 1999 de Friedrick Katz llamado El asesinato de Pancho Villa y que es como sigue:

«El general Francisco “Pancho” Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923 en la ciudad de Parral, estado de Chihuahua. Al llegar su automóvil -en el que viajaban también su secretario y sus guardaespaldas- al cruce que forman las calles de Benito Juárez y Gabino Barreda, una ráfaga de balas disparadas desde una de las casas vecinas mató instantáneamente a Villa y a su secretario Trillo. Los testigos declararon que los asesinos salieron tranquilamente de Parral, sin aparentar temor de persecución alguna.

»Inmediatamente después del asesinato fueron expresadas en la prensa mexicana fuertes sospechas de observadores extranjeros, de diplomáticos y de los diputados de la oposición en el Congreso, en el sentido de que el propio gobierno mexicano había organizado el asesinato. Las sospechas estaban dirigidas principalmente contra Plutarco Elías Calles, secretario de Gobernación y presunto heredero de la presidencia, como el hombre responsable de la matanza.

»Tales sospechas fueron difundidas por El Universal, uno de los periódicos más importantes de México, así como por varios observadores extranjeros. El encargado de negocios de la Embajada norteamericana, George Summerlin, escribió que “el general Calles tenía en ese entonces todos los incentivos tradicionales para un asesinato político… El representante de los intereses ingleses en México, con su larga experiencia en política mexicana y muchas ligas personales tanto con Villa como con Calles, tiene la certeza de que Calles es el responsable de la muerte de Villa. Este punto de vista parece estar más o menos generalizado entre muchos hombres de responsabilidad que no estaban de ninguna manera ligados al gobierno mexicano».

1 (1 U.S. National Archives, Washington, Military Intelligence Departament 2657-9110. Summerlin al Secretario de Estado, 27 de Julio, 1923.)

Una comisión enviada por el Congreso mexicano para investigar el crimen no mencionó a Calles como el responsable del asesinato, pero sí implicó que por lo menos las autoridades locales estaban involucradas. La comisión se preguntaba por qué había sido retirada la guarnición militar de Parral el día del asesinato de Villa y trasladada al lejano poblado de Maturana para ensayar el desfile conmemorativo de la Independencia de México, que se llevaría a cabo el 16 de septiembre en Parral.

Las calles de Maturana eran tan inclinadas que resultaba muy difícil desfilar por ellas. Además, los congresistas notaron que tanto los jueces locales como los militares del lugar se negaron a cooperar en la investigación.

Sobre todo, llamó su atención el hecho de que no hubiera intento alguno por perseguir a los asesinos y que éstos dejaron Parral «sin ninguna prisa; tranquilamente encendieron algunos cigarros, se rieron y regocijaron, tomaron orgullosamente sus caballos y, a trote lento, abandonaron el pueblo. Fueron vistos por un peluquero del pueblo que se dirigía a su trabajo, quien declaró que procedían sin ningún apuro y que los que cabalgaban atrás decían a los de adelante que no había por qué tener miedo, que no había razón para correr» .2 (2 Citado por Víctor Ceja Reyes, Yo maté a Francisco Villa, Chihuahua, Centro Librero de la Prensa, 1979, pp. 51-54.)

Varias semanas después hubo cierto alivio para el gobierno al publicarse una carta de Jesús Salas Barraza, diputado ante la legislatura de Durango, dirigida al influyente general Abraham Carmona y pidiendo se hiciera público su contenido. En esa carta Jesús Salas Barraza asumía la total responsabilidad del asesinato de Villa, explicando sus motivos con lujo de detalle: «Usted recuerda, mi buen amigo, que muchas veces en conversaciones íntimas que tuvimos cuando estuvo entre nosotros, le relaté con algunos pormenores el sinnúmero de crímenes cometidos por este bandido; entre ellos, ya que prolijo sería enumerar uno a uno los perpetrados en su larga vida de infamia, el siguiente: haber dinamitado una planta eléctrica que costó medio millón de pesos, en Magistral de este Estado, dejando en la más completa miseria a más de mil familias que se mantenían con su honrado trabajo en dicha negociación, asesinando de vil manera y con lujo de crueldad a un honrado empleado como lo era Catarino Smith, a quien yo quería como a un hermano.

»¿El por qué me erigí en vengador? Lo sabe usted de sobra, pues siendo diputado al Congreso Local de esta entidad, representante del distrito de El Oro, en donde con más saña atacó Villa a sus habitantes, natural es que haya dado este paso de importante trascendencia para mi Patria…»

Salas Barraza insistía en que los ocho hombres que se le unieron eran también víctimas de Villa y movidos por el mismo deseo de venganza. Todos querían «la muerte de la hiena».

Salas Barraza concluía declarando que hacía pública su confesión para «…salvar el buen nombre del gobierno que nos rige actualmente y evitar que caigan sospechas sobre algunos funcionarios públicos a quienes de una manera ligera ha señalado la prensa como directores intelectuales de este asunto…»

En conclusión, Salas Barraza se describía a sí mismo como un hombre valiente con «…el valor civil suficiente para arrostrar frente a frente las consecuencias de mis actos». (Documento 1)

Varias semanas después de publicada esta confesión, Salas Barraza fue arrestado por las autoridades y enviado a la ciudad de Parral, en donde un juez lo condenó a 20 años de prisión por el asesinato. Su encarcelamiento duró menos de tres meses, luego de los cuales fue perdonado por el gobernador saliente de Chihuahua, Ignacio Enríquez, y liberado de la prisión .3 (3 Friedrich Katz, Pancho Villa, México, Ediciones Era, 1998, vol. 2., p. 380).

«Se produjo un escepticismo generalizado en México, tanto entre contemporáneos como entre estudiosos, en cuanto a la veracidad de las declaraciones de Salas Barraza en torno a que había actuado solo en la matanza de Villa, pero no hubo documentos que probaran claramente que el gobierno mexicano estuvo involucrado en el asesinato.

»Tales documentos han aparecido ahora en los Archivos Plutarco Elías Calles-Fernando Torreblanca, que no sólo contienen los papeles del ex presidente Calles y de su secretario, Fernando Torreblanca, sino también los del general Joaquín Amaro, un importante militar durante el gobierno de Obregón y muy cercano a Calles, de quien posteriormente sería su secretario de Guerra.»

Dejamos en este punto la transcripción pero el texto de Katz continúa, la revista con las fotos y las cartas facsimilares tiene 40 páginas. La biblioteca del archivo también cuenta con el número 5 de la misma revista, de marzo de 1991 donde está otro artículo de Friedrich Katz llamado La última Gran Campaña de Francisco Villa.

Los invitamos a Santos Degollado 400 consultar este y otros testimonios documentales del Estado de Oaxaca.


Pancho Villa

Última actualización: 26 de octubre de 2015

Pancho Villa nació con el nombre de Doroteo Arango el 5 de junio de 1876 en San Juan del Río, Durango. De origen muy humilde, era hijo de peones incultos y él tampoco fue nunca fue a la escuela.

Pancho Villa era el nombre de un compañero suyo, de su amigo más querido. Cuando los guardias rurales lo mataron, Doroteo Arango tomó su nombre y se lo apropió para rescatarlo del olvido para siempre.

Su vida guerrillera se inició muy pronto, cuando era un muchacho de dieciséis años que repartía leche en las calles de Chihuahua y mató a un funcionario del gobierno que había violado a su hermana.

Eso, en sí, no lo hubiera puesto fuera de la ley por mucho tiempo en México, donde la vida humana vale tan poco; pero, ya fugitivo, cometió el imperdonable crimen de robar ganado a los hacendados. Desde entonces el gobierno mexicano puso precio a su cabeza.

Se echó al monte y, proscrito durante veintidós años, estuvo huyendo de las tropas federales enviadas en su persecución. Ejecutó a muchos latifundistas indeseables, pero el primero fue su propio patrón. Entró en la leyenda popular. Su nombre se hizo tan famoso que todos los robos de trenes, asaltos y ejecuciones en el norte de México eran atribuidos a Villa.

Creció un inmenso acervo de historias populares entre los peones de las haciendas en torno a su nombre. Muchas canciones y corridos celebran aún hoy sus hazañas, cantadas por los pastores, al calor de sus hogueras, por la noche, en las montañas, que son la reproducción de las coplas heredadas de sus padres o que otros compusieron.

Se cuenta la historia de cómo Villa, enfurecido al conocer la miseria de los peones en la hacienda de Los Álamos, reclutó una pequeña partida y cayó sobre la mansión de los patronos, saqueándola y distribuyendo los frutos expropiados entre los pobres. Arreó millares de cabezas de ganado desde Terrazas y cruzó con ellas la frontera.

Asaltaba una mina y se apoderaba del oro o plata en barras. Cuando necesitaba maíz, expropiaba el granero de algún latifundista. Reclutaba a sus hombres abiertamente en ranchos alejados de los caminos y ferrocarriles más transitados, organizándolos en las montañas.

Muchos de los soldados de la revolución pertenecieron a su guerrilla, y varios de los generales constitucionalistas, como Urbina. Sus dominios iban desde el sur de Chihuahua al norte de Durango; pero se extendían hasta Coahuila, cruzando la República, hasta el Estado de Sinaloa.

Era conocido en todas partes como el Amigo de los Pobres. Durante las épocas de miseria alimentaba a regiones enteras y se hacía cargo de la gente desalojada de sus poblados por las tropas federales.

Estalla la revolución

En las elecciones de 1910, Francisco I. Madero desafió al presidente Porfirio Díaz con un programa democrático y de reformas sociales. El veterano dictador encarceló a Madero para ganar las elecciones. Creyó así consolidado su prolongado dominio y luego se atrevió a liberar a Madero. Éste, una vez en la calle, viajó a Texas, proclamó la insurrección, cruzando la frontera y dirigiéndose hacia la capital, a la vez que agrupaba tropas de voluntarios.

Entonces Villa era todavía un guerrillero. Tres meses después de haberse levantado en armas, apareció repentinamente en El Paso y puso su persona, sus hombres, sus conocimientos y toda su fortuna a las órdenes de la revolución. Las inmensas riquezas que debía haber acumulado durante sus veintidós años de expropiaciones resultaron ser 363 pesos de plata, muy usados.

En mayo de 1911, Madero logró entrar en México acabando con la larga dictadura de Porfirio Díaz iniciada en 1876, que se fue al exilio. El gobierno revolucionario estuvo encabezado primero por Francisco León de la Barra como un régimen interino, y luego por Madero como presidente electo. Villa se convirtió en capitán del ejército maderista; como tal fue con Madero a la ciudad de México, donde lo nombraron general honorario de los nuevos rurales.

Pero las reformas sociales de la revolución no podían desplegarse sin el apoyo de las masas campesinas. Eso significaba enfrentarse a la oligarquía terrateniente y a los gringos, que también mantenían importantes intereses económicos en México. Había que atacar poderosos grupos privados para distribuir la tierra entre los campesinos, y éstos no estaban organizados. El gobierno de Madero se vio acosado por la contrarrevolución.

En 1912 Pascual Orozco comenzó un levantamiento. Las tropas de Villa fueron agregadas a las del general Victoriano Huerta, cuando éste partió hacia el norte para combatir la rebelión. Villa era comandante de la guarnición en Parral y derrotó a Orozco con una fuerza inferior en la única batalla decisiva de la campaña.

Pero Huerta no era de fiar y muy pronto empezó a descubrir sus cartas. Había puesto a Villa en primera línea de fuego para que los veteranos del ejército maderista hicieran la tarea más peligrosa y llevaran la peor parte, mientras los viejos batallones de línea federales se quedaban atrás protegidos por su artillería. Luego inesperadamente le mandó a Villa ante un tribunal militar en Jiménez, acusándolo de insubordinación, diciendo haberle telegrafiado una orden a Parral, que Villa manifestó no haber recibido. El tribunal militar duró quince minutos y el futuro y más poderoso antagonista de Huerta fue condenado a ser fusilado.

Alfonso Madero, que pertenecía al estado mayor de Huerta, detuvo la ejecución; pero el presidente Madero, obligado a dar apoyo a las órdenes de su general en jefe de la campaña, encarceló a Villa en la penitenciaría de la capital. Durante todo este periodo, Villa permaneció leal a Madero, sin vacilaciones, actitud sin precedente en la historia mexicana.

Por largo tiempo, Villa había deseado ansiosamente tener una educación. No perdió el tiempo en lamentaciones ni intrigas políticas. Se puso a estudiar con todas sus fuerzas para aprender a leer y escribir. Villa no tenía ni la más mínima base para hacerlo. Hablaba un lenguaje vulgar, el de la gente más pobre, el de los llamados pelados. No sabía nada de los fundamentos del idioma, por lo que hubo de empezar por aprender aquellos primero, porque siempre quería saber el por qué de las cosas. A los nueve meses podía escribir regular y leer los periódicos.

El gobierno de Madero hizo la vista gorda ante su fuga de la prisión, bien para evitar complicaciones a Huerta, dado que los amigos de Villa habían exigido una investigación, o bien porque Madero estuviera convencido de su inocencia y no se atreviera a ponerlo abiertamente en libertad.

Desde ese tiempo hasta que estalló el último levantamiento, Villa vivió en El Paso, Texas, siendo de allí de donde salió, en abril de 1913, para conquistar México con cuatro acompañantes, llevando tres caballos, dos libras de azúcar y café y una de sal.

En febrero de 1913, los latifundistas iniciaron su levantamiento contra Madero y, aunque la mitad del ejército les secundó, la suerte de la revolución aún era incierta. El peso de la balanza comenzó a inclinarse a favor de la contrarrevolución cuando a los latifundistas se les sumó Huerta al frente de unidades de su ejército acantonadas en la ciudad de México, lo que provocó la renuncia de Madero y su posterior asesinato. La mayoría de los gobernadores reconocieron a Huerta como su nuevo presidente.

Inicialmente también contó con el apoyo de Estados Unidos, cuyo embajador ayudó a organizar el levantamiento de Huerta en la capital. Pero en realidad Huerta estaba más bien vinculado a los imperialistas británicos, relación que los vecinos del norte no veían con buenos ojos, por lo que, con prepotencia, el presidente Wilson dijo: «Yo enseñaré a las repúblicas sudamericanas a elegir buenas personas […] Si el general Huerta no se retira, Estados Unidos se verá obligado a retirarlo recurriendo a medios pacíficos.» Pronto se vería en qué consistían esos medios pacíficos. La política de Estados Unidos quería sembrar el caos por todo el país para justificar de esa manera una posterior intervención con sus tropas para lograr la pacificación.

Pero la posición internacional de México era muy complicada en aquel momento. El golpe de Huerta coincidió con la llegada de Woodrow Wilson a la presidencia de los Estados Unidos, quien se negó a reconocer al gobierno golpista de Huerta y destituyó al embajador local. Pero la I Guerra Mundial estaba a las puertas y la posición de la potencias imperialistas europeas era diferente; querían quedarse con el petróleo mexicano y reconocieron al nuevo gobierno mexicano.

En octubre, Huerta detuvo a 110 diputados y se encaminaba a grandes pasos hacia una dictadura abierta. Luego provocó a Wilson al arrestar en Tampico, en la costa del Pacífico, a los marineros del buque Delphin. Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, convenció a los diputados estatales de que la toma del poder por Huerta era inconstitucional y encabezó una guerra contra Huerta manteniendo el programa de reformas sociales de Madero: reparto de la tierra y nacionalización del petróleo.

Junto con Zapata, Villa apoyó a Carranza y se opuso a la dictadura de Huerta. Al frente de un puñado de hombres cruzó Río Grande en marzo de 1913. Reclutó hombres en la montañas cerca de San Andrés. Era tan grande su popularidad, que en el término de un mes había levantado un ejército de 3.000 voluntarios.

Con esta milicia de trabajadores campesinos conquistó Chihuahua a finales de 1913, y como dirigente de la famosa División del Norte obtuvo algunas de las principales victorias de la revolución, entre ellas el asalto por sorpresa con el que capturó Ciudad Juárez a mediados de noviembre de 1913, rechazando la contraofensiva de una poderosa fuerza federal enviada a retomar la ciudad.

El 10 de enero de 1914 capturó Ojinaga después de una violenta batalla y miles de campesinos se unieron a su División del Norte. A mediados de marzo de 1914, comenzó su marcha contra la casamata de los huertistas en Torreón, Coahuila, un importante nudo ferroviario, una de las épicas batallas en la que demostró su gran genio militar.

El ejército federal evacuó Chihuahua y el norte de México estaba casi liberado. Villa fue nombrado gobernador del Estado y, desde 1913 hasta 1915, confiscó las tierras de los latifundistas, que repartió entre viudas, veteranos, hambrientos y desempleados.

Entre las haciendas que saqueó estaba el rancho Babicora, propiedad de Hearst, el magnate de la prensa gringa, amigo de Porfirio Díaz. Ejecutaron al administrador, secuestraron a otros cuatro capataces y se llevaron 60.000 cabezas de ganado. Estas haciendas generaban dinero para las fuerzas militares revolucionarias.

Emitió moneda propia para impedir el acaparamiento de los ricos y el desabastecimiento de la población. Entonces su primera acción consistió en reunir a los campesinos pobres en la plaza y repartir el nuevo dinero entre ellos. Expulsó a los españoles del territorio bajo su control por su adhesión a la contrarrevolución. La campaña de la División del Norte contra el régimen de Huerta terminó con la caída de Zacatecas el 24 de junio de 1914.

Huido Huerta, Carranza entró victorioso en la ciudad de México, cuyas tropas se rindieron el 13 de agosto. Para esa fecha, habían surgido serias diferencias entre Villa y Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. El antagonismo entre ambos estalló a principios de junio de 1914 cuando Villa rehusó obedecer la orden de Carranza de enviar un contingente de sus tropas a socorrer a Pánfilo Natera, otro general constitucionalista que tenía a Zacatecas sitiada. Por el contrario, Villa, al mando de la División del Norte, marchó al sitiado pueblo y dirigió personalmente el ataque a la ciudad. Para vengarse, Carranza suspendió todo tráfico ferroviario entre Aguascalientes y Monterrey.

Al cortársele el suministro de carbón y quedar sus tropas inmovilizadas, Villa no pudo participar en la campaña final contra las fuerzas federales. Carranza no había cesado en su intento por minar la aportación de Villa a la lucha y éste, obstinadamente, resistía todo intento de Carranza por subordinarlo a él y a sus hombres a la autoridad de Obregón y a que se le impusieran los oficiales que debían formar parte de la División del Norte. Mientras tanto, en el campo seguían a pan y agua. Villa estableció contacto con los rebeldes zapatistas en el sur y centro de México. El país quedó así dividido: Carranza en la capital y Villa en la frontera con los Estados Unidos.

Por otro lado, José María Maytorena, amigo personal de Villa, había regresado a Sonora a retomar su viejo puesto de Gobernador. Maytorena encontró oposición por parte de Obregón y los otros militares sonorenses que habían dirigido la campaña contra de las fuerzas huertistas en el noroeste durante su ausencia. Los elementos para un conflicto civil estaban dados dentro de Sonora y otras regiones del país entre las fuerzas leales a Maytorena y Villa y aquellos que apoyaban a Obregón y a Carranza. El 22 y 23 de septiembre, Villa y Maytorena repudiaron públicamente la autoridad de Carranza e invitaron a los otros dirigentes constitucionalistas a unírseles. Villa comenzó entonces a desplazar sus tropas hacia el sur.

En un intento por limar las asperezas entre los dirigentes revolucionarios, un grupo de generales propusieron una reunión entre los líderes civiles y los oficiales militares que debía realizarse en Aguascalientes el 1 de octubre. Esa ciudad era considerada territorio neutral puesto que en ella no había guarnición de ninguna de las facciones en conflicto. La Convención, así convocada, exigía las respectivas renuncias de Carranza como Primer Jefe y de Villa como Comandante de la División del Norte.

Sin embargo, Eulalio Gutiérrez, el presidente provisional escogido por la Convención designó a Villa para encabezar las fuerzas revolucionarias combinadas, en tanto que Villa propuso a uno de sus oficiales para comandar la División del Norte. Carranza rehusó renunciar al puesto de Primer Jefe a menos que Villa se retirase del ejército. Su exigencia estaba respaldada por Obregón y otros generales.

A mediados de noviembre de 1914 había estallado la guerra entre quienes querían impulsar hacia adelante la revolución y los que pretendían frenarla. Pero ni con la ayuda de Emiliano Zapata, Villa pudo derrotar a Carranza. Fue batido en Celaya por Obregón, general en jefe del Ejercito constitucionalista.

Rechazado por la reforzada guarnición de Calles, Villa, con una pequeña fuerza de aproximadamente 5.000 efectivos avanzó hasta Hermosillo, pero fue derrotado en El Alamito el 13 de noviembre por un columna de constitucionalistas. Expulsada de Aguascalientes, la diezmada División del Norte se vio obligada a retirarse hacia el norte vía Zacatecas y Torreón. Hubo otras derrotas y el antiguo amigo y aliado Venustiano Carranza mandó asesinar a Villa.

La revolución mexicana puso a los Estados Unidos en una situación muy difícil. Estaban comprometidos grandes intereses privados y fuertes inversiones de capital que las exigencias revolucionarias del campesinado hacían peligrar. En 1912 el capital gringo poseía el 78 por ciento de las minas, el 72 por ciento de las empresas metalúrgicas, el 56 por ciento de la extracción de petróleo y el 68 por ciento del caucho. Los imperialistas estadounidenses trataban de defender esos intereses privados en México.

A lo largo de todo el siglo XIX, aprovechando la debilidad del Estado recién nacido de la lucha contra los colonialistas españoles, se habían apoderado de casi dos millones y medio de kilómetros cuadrados de tierras mexicanas, desde California hasta Florida, incrementando en un tercio su extensión y exterminando a pueblos indígenas enteros.

La revolución mexicana fue también un movimiento antimperialista que salvó a su país de caer bajo la dominación extranjera de su vecino del norte. En enero de 1915 el gobierno de Carranza adoptó una serie de medidas económicas encaminadas a la defensa de los recursos del país: nacionalizó el subsuelo, los bosques, la tierra y las aguas. Defendiendo el derecho de autodeterminación y la no ingerencia en los asuntos internos de los Estados soberanos, el 26 de septiembre de ese mismo año Carranza se pronunció en contra de la doctrina Monroe que los gringos trataban de imponer por toda Latinoamérica. También exigieron una autorización especial para extraer petróleo, y eso ya era demasiado para los magnates capitalistas: Estados Unidos concentró 100.000 mercenarios en la frontera y desató varias provocaciones.

Los manejos de los gringos podían impulsar al gobierno mexicano a mirar hacia la potencias imperialistas europeas, como ya había ensayado Huerta. Interviniendo en la revolución, los Estados Unidos pretendieron tomar posiciones favorables a sus monopolistas frente a las demás potencias imperialistas al sur de Río Bravo. Por eso el 9 de abril de 1914 los marines desembarcaron en Tampico y fueron detenidos, lo que Washington consideró como un intolerable agravio a su honor. El presidente Wilson pidió ante el Congreso autorización para invadir México a fin de conservar incólume nuestra gran influencia para el servicio de la libertad.

El 21 de abril de 1914 un contingente de 15.000 mercenarios imperialistas desembarcó en Veracruz, otros tantos aguardaban preparados en las costas y 87 buques de guerra imponían un bloqueo a México. El pueblo de Veracruz se levantó en armas contra los ocupantes, que en noviembre se vieron obligados a retirarse a su país.

Las relaciones con los vecinos del norte eran confusas. Los gringos decían haber desembarcado sus tropas para apoyar a Carranza pero Carranza criticó la invasión. Los vecinos del norte desconfiaban también de su programa de nacionalizaciones, reforma agraria y separación de la Iglesia católica del Estado.

Por su parte, Villa ofreció a los norteamericanos la apertura de negociaciones y, por su parte, Carranza reprendió a Villa por haberle manifestado a George C. Carothers, el agente especial del Departamento de Estado en México, sus deseos de mantener una relación de paz entre su país y Estados Unidos. Durante los primeros diez meses de 1915 los gringos dudaron y trataron de mediar entre Carranza y Villa, hasta que finalmente reconocieron diplomáticamente a Carranza y autorizaron a las tropas de Carranza a penetrar en Estados Unidos para atacar por la espalda a las de Villa.

El 19 de octubre, los gringos ayudaron a las fuerzas constitucionalistas en Sonora permitiendo a unos 4.000 hombres de Carranza cruzar la frontera, en un momento crítico durante el sitio que los villistas le tenían puesto a Agua Prieta (1 de noviembre de 1915).

La respuesta de Villa no se hizo esperar. A finales de 1915, en compañía de sus pocos hombres, había regresado a Chihuahua desde donde siguieron la guerra de guerrillas contra los ejércitos constitucionalistas durante cinco años. En enero de 1916, detuvieron un tren en Santa Isabel, capturó a 16 gringos que viajaban en él y los fusiló. En marzo les atacó en su propio territorio, en Columbus, Nuevo México y fusiló a diecinueve gringos. En respuesta, el 15 de marzo un cuerpo expedicionario de 5.000 hombres y un escuadrón de aviones comandados por el general Pershing entraron a México.

Entre los invasores estaba un experto en contrainsurgencia, Bill Donovan, uno de los que luego fundaron la CIA. El objetivo era la caza de Pancho Villa. Tres meses después las fuerzas se incrementaron hasta los 26.000 hombres y penetraron 700 kilómetros hacia el sur en el interior de México sin localizar a Villa. Se encontraron con una encendida resistencia popular.

En octubre de 1916 Pancho Villa lanzó un manifiesto llamando a todos los mexicanos a unirse contra los ocupantes. Los invasores tuvieron que replegarse y Pancho Villa se convirtió en el único extranjero que atacó territorio continental estadounidense en casi dos siglos de su historia antes del 11 de septiembre de 2001.

A partir de 1920 se dedicó a la agricultura y fue asesinado cuando vivía en una hacienda en Durango mientras viajaba a Parral, en Chihuahua, el 20 de julio de 1923 en una emboscada al cruzar el puente Guanajuato. Fue asesinado no por los federales ni por Carranza, sino por un mercenario de Adolfo de la Huerta, el nuevo Presidente de México. Su tumba fue profanada en 1926, y robado su cráneo, que no ha vuelto a aparecer.

Villa fue un rebelde ejemplar, parte integrante y alma de los mexicanos oprimidos. En contra de lo que se ha difundido, no bebía ni fumaba. Jamás violó a ninguna mujer, aunque convivía con dos simultáneamente, una en El Paso y otra en Chihuahua. Su gran afición eran los toros y las capeas.

En su extraordinario relato México insurgente, John Reed dejó un retrato excepcional de Villa, que merece la pena recordar:

La gran pasión de Villa eran las escuelas. Creía que la tierra para el pueblo y las escuelas resolverían todos los problemas de la civilización. Las escuelas fueron una obsesión para él. Con frecuencia se le oía decir:

-Cuando pasé esta mañana por tal y tal calle, vi a un grupo de niños. Pongamos allí una escuela.

Chihuahua tiene una población menor de 40.000 gentes. En diversas ocasiones, Villa estableció más de cincuenta escuelas allí. El gran sueño de su vida era enviar a su hijo a una escuela de los Estados Unidos. Tuvo que abandonar la idea por no tener dinero suficiente para pagar el medio año de enseñanza, al abrirse los cursos en febrero.

El mito del revolucionario curtido a fuerza de desprecios, sol, balas y valentía, que tiro a tiro expropiaba a los poderosos para colectivizarlo entre sus hermanos pobres, del enamorado que odiaba por igual a gringos, traidores y cobardes, se expandió como su sangre.

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