Edwin David Sims

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Edwin David Sims
  • Clasificación: Homicida
  • Características: Mutilación
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 10 de septiembre de 1961
  • Fecha de detención: 11 de septiembre de 1961
  • Fecha de nacimiento: 1933
  • Perfil de las víctimas: Lilian Edmeades, de 16 años, y Malcolm Johnson, de 16
  • Método de matar: Estrangulación con ligadura
  • Localización: Gravesend, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Fue condenado a 21 años de prisión el 29 de noviembre 1961 tras considerado culpable de homicidio no premeditado con responsabilidad disminuida
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Edwin David Sims – Un paquete horripilante

Norman Lucas – Los asesinos sexuales

A las 10:30 de la mañana del lunes 11 de septiembre de 1961, mi colega Tom Tullett, jefe de la sección de crímenes del Daily Mirror, se encontraba en su oficina cuando recibió una llamada de la recepción. Un hombre llamado Edwin Sims, que venía de Gravesend, Kent, deseaba verlo para un asunto “confidencial”.

– Mándelo para arriba – pidió Tom.

Minutos después caminó para encontrarse con su visitante en el salón 392 del tercer piso. Sentado en un sillón rojo de piel estaba un hombre aproximadamente de 30 años, de estatura media, con cabello rizado y brillante. Llevaba unas botas grandes llenas de lodo, un impermeable color café claro, pantalones de caqui que daban la impresión de haber sido lavados muchas veces y una camisa abierta que dejaba ver sobre su pecho un enorme tatuaje de una águila en vuelo. Parecía ser un obrero.

– Buenos días – dijo Tom -. ¿Qué puedo hacer por usted?

El hombre limpió su frente que relucía por el sudor y lanzó una mirada fría a Tom a través de sus lentes con arillos de plástico.

– Quiero confesar un doble homicidio – dijo.

No es raro que periodistas, al igual que los policías, reciban confesiones falsas hechas por gente mentalmente desequilibrada o por egomaníacos ansiosos de compartir la publicidad cuando un asesino está siendo buscado. Más aún, en ese momento no había ningún crimen en los encabezados de los periódicos de manera que Tom no se sintió impresionado.

– Ah, sí – dijo -. ¿Y a quién ha matado usted?

– A un hombre y a una mujer en los pantanos de Gravesend… adolescentes, yo creo – respondió el hombre tranquilamente.

En ese mismo instante el hombre se levantó y sacó de las bolsas de su impermeable una bolsa de mujer beige, una cartera roja y azul y dos relojes, uno de hombre y otro de mujer.

El escepticismo de Tom comenzó a evaporarse. Abrió la puerta del cuarto de entrevistas en el momento en que el fotógrafo Edward “Dixie” Dean pasaba y le pidió que hiciera guardia. A Tom le tomó únicamente segundos alertar a Roland Watkins, entonces editor de noticias. La policía fue llamada. Al entrar nuevamente al cuarto, Tom preguntó a Sims la razón por la que había escogido hacer su confesión en la oficina del Mirror.

– Quería sacarlo… Quería decírselo a alguien.

Sims señaló un paquete cubierto con periódico que estaba sobre la mesa. Tom había pensado que su visitante podía bien llevar ahí envueltos sus sandwiches.

– Este paquete contiene parte de sus cuerpos – dijo Sims.

Estaba contando su historia – y Tom tomando notas – cuando entró al cubículo el detective inspector Clifford Lloyd, de la policía de la ciudad de Londres. Al desenvolver el paquete se encontró un par de pechos femeninos.

Casi al mismo tiempo que se desarrollaba este drama espantoso en la oficina del Mirror en Holborn, un muchacho de 15 años que había salido a pescar anguilas se encontró en una represa de Denton Marshes, a tres kilómetros de Gravesend, el cuerpo mutilado de una joven. La policía y hombres rana dragaron las aguas de la represa cerca de la taberna Ship and Lobster, un lugar de reunión muy concurrido entre los marineros y pescadores de estuario del Támesis y encontraron una chamarra de piel de la chica, y progresivamente un suéter color rosa, un vestido de verano, ropa interior femenina con encajes, un cinturón blanco, un zapato negro y dos medias.

El patético rastro de ropa fue encontrado a lo largo de la herbosa ribera de la represa. Cuarenta policías auxiliados por cadetes de una escuela de entrenamiento y por soldados con detectores de minas que habían sido alertados por la policía de la ciudad continuaron la búsqueda de la segunda víctima. En las últimas horas de la tarde los hombres ranas sacaron de la represa, a aproximadamente cien metros del lugar en el que se había encontrado a la chica, el cuerpo de un joven. Ambos habían sido estrangulados con cuerdas pasadas alrededor de sus cuellos. Tenían las manos atadas por la espalda.

La chica era Lilian Edmeades, de dieciséis años, hija del señor Ernest Edmeades y de su esposa Rose, de Peppercroft Street, Gravesend. El joven era Malcolm Johnson, también de dieciséis años, hijo de William y de Lilian Johnson, de Abbey Road, Gravesend. Lilian Edmeades era delgada, tenía una expresión dulce y un cabello rubio largo. Había dejado la escuela menos de un año antes y trabajaba como dependienta en una farmacia local. Malcolm acababa de comenzar a trabajar en el laboratorio de un molino de papel de Gravesend. Se habían conocido en un club juvenil y durante meses habían estado saliendo juntos, con la completa aprobación de sus padres.

A diferencia de muchos de sus contemporáneos, ellos preferían ir a la iglesia que a los cafés abiertos toda la noche. Era más fácil verlos dando paseos por el campo que escurriéndose en cines que exhibían películas con clasificación D o tratando de convencer a cantineros que ya tenían la edad permitida para consumir alcohol. Lilian, que formaba parte de una familia numerosa que asistía a la iglesia, era miembro de la Iglesia Bautista de Emmanuel y una líder de la Brigada Femenina de la Vida. Malcolm, entusiasta miembro de la brigada masculina, pertenecía a la Iglesia Metodista de Milton Road. Los dos eran profundamente religiosos y siempre asistían al servicio dominical juntos. En ocasiones iban a la iglesia bautista o a la metodista.

Ese domingo fatal, 10 de septiembre, el reverendo William Cobley los vio sentados al frente de su iglesia cuando comenzó el servicio a las 6:30 de la tarde. Una hora después fueron vistos durante un rato, de pie en el pórtico, hablando con otros jóvenes. Seguían disfrutando de un día feliz que habían pasado casi en su totalidad en la casa de Lilian. Ahí, Malcolm había tomado una foto de su hermosa novia mientras ella estaba sentada en el soleado jardín.

Fueron vistos con vida por última vez mientras se alejaban de la iglesia, del brazo, para dar un paseo por el malecón cerca de los pantanos. Era poco frecuente que estuvieran fuera después de las diez, de manera que sus angustiados padres informaron de su desaparición a las doce de la noche.

Como se sabía que se querían mucho y que habían hablado de casarse cuando fueran mayores, en un principio se pensó que se habían escapado. Sin embargo, la visita al Mirror y la búsqueda en la ciénaga organizada por el detective superintendente en jefe James Jenner, del DIC de Kent, revelaron la terrible verdad.

El ahora ya fallecido doctor Francis Camps, patólogo, confirmó que en ambos casos la muerte había sido provocada por estrangulación mediante ligadura. No había evidencias de asalto sexual a la chica a pesar de las mutilaciones después de la muerte.

El doble asesinato despertó fuertes sentimientos en la localidad. Cuando Edwin Sims, acusado de los crímenes, hizo su primera aparición en la corte en Gravesend, tuvo que ser sacado por una puerta lateral para evadir a la furiosa multitud frente al edificio. Aun así, docenas de mujeres que gritaban rompieron el cordón policial y golpearon los costados del camión en el que Sims era conducido.

Hubo escenas más emotivas en el doble funeral celebrado el 18 de septiembre. Cientos de personas se alinearon en las calles de Gravesend y las mujeres lloraron al ver pasar los dos ataúdes en ruta al cementerio en donde Liliana y Malcolm fueron enterrados en la misma tumba. Durante el tiempo que duró el servicio funerario hubo en el pórtico de la iglesia metodista dos guirnaldas de flores en forma de corazones, unidas por una inscripción que decía “amados”. En la iglesia estuvieron no únicamente familiares, vecinos y amigos sino docenas de curiosos.

De lo que sucedió en la ciénaga esa noche de septiembre, sólo tenemos la historia del asesino, dicha en parte a Tom Tullett y luego de manera completa a los oficiales de la policía.

Edwin David Sims, un carpintero de veintiocho años que vivía con su madre, una hermana casada y el esposo de la hermana en Hampton Crescent, Gravesend, no hizo ningún intento de negar nada cuando la policía llegó a la oficina del Mirror.

– Los maté movido por un impulso – dijo al detective inspector Lloyd -, y los impulsos son una cosa curiosa, usted sabe.

Sims fue visto a las 7:15 de la tarde del 10 de septiembre en la taberna Ship and Lobster. Se supo que había llegado a su casa a las 10:45 de la noche. y que se lavó las manos y la cara antes de irse a dormir. Durante este intervalo de tres horas y media no habló con nadie excepto con la pareja que mató.

Dijo que salió de su casa a las siete con una escopeta .410, siete cartuchos, dos cuchillos, un par de guantes de plástico y algunos clavos. En una declaración informó que su intención era tirar la escopeta y los cartuchos al río, pero que camino al transbordador cambió de idea y fue a dar una vuelta por el pueblo.

– Ya había tenido la idea del asesinato antes y caminé por ahí pensando en eso. Desde hacía aproximadamente cuatro años tenía la escopeta.

Delante de él vio a una pareja que caminaba por la vereda. Sacó el arma con la intención de asustarlos.

– No pensaba hacer nada más – dijo -. Les llegué por atrás y les dije que se estuvieran quietos y que no se movieran. Los hice que se tiraran bocabajo en el camino y les amarré las manos por atrás. Luego los levanté y les hice caminar. Llegamos a un punto al otro lado de una represa y ahí el muchacho me dijo que si los dejaba ir no le dirían nada a nadie. Les dije que estarían libres en un par de horas.

En una declaración posterior, ante el doctor James Brown, funcionario médico de la prisión Maidstone, Sims dio más detalles. Cada uno de los jóvenes le había pedido que le hiciera a él (o a ella) lo que quisiera pero que dejara ir al otro.

Los tres continuaron caminando por la ciénaga. Al llegar junto a una barda de alambre de púas, Sims ordenó a Lilian y a Malcolm que se tendieran en el suelo.

– Los separé alrededor de 15 metros, les até los pies y los amordacé – Continuó -. Estuve ahí parado fumando un cigarro y entonces oí un ruido del muchacho y pensé que la mordaza se había zafado. Tomé un cordón y fui hasta donde él estaba con la intención de amordazarle con mayor fuerza. Mientras pasaba el cordón por su cara se me resbaló y quedó alrededor de su cuello. Apreté. Después de unos segundos estaba muerto. Le tomé el pulso y estaba muerto.

Se le preguntó a Sims lo que había hecho la chica mientras estrangulaba al muchacho.

– Estaba nada más ahí, tirada. No podía hacer nada. Estaba amarrada y amordazada.

Pasó entonces un cordón por el cuello de la chica y apretó. Después de una corta lucha dejó de moverse. Le quitó la ropa y la tiró a la represa. Con los cuchillos cortó entonces el cuerpo de la chica “por alguna razón que no sé”.

Tomó la bolsa de la chica, la cartera del muchacho y los relojes de ambos antes de lanzar los cuerpos al agua.

– No los asalté por dinero o por ninguna otra razón excepto para asustarlos – continuó diciendo en su declaración -. Las cosas pasaron muy rápido, una después de otra. Yo sentía no tener control de mí mismo. Yo no puedo entender cómo es que pasó… Yo tenía miedo de que la escopeta fuera a dispararse. Supongo que estaba tan asustado como ellos. Siento mucho lo que he hecho y toda la pena que he causado a sus padres.

Sims se fue a su casa, pero no pudo dormir cuando se metió a la cama.

– A la mañana siguiente mi mamá se dio cuenta de que yo estaba preocupado – agregó -. Fui a trabajar y llevé el paquete y la bolsa de mano, pero no pude hacer nada. Salí de ahí por estar enfermo.

Tomó quince pesos de la bolsa de Lilian y quince pesos de la cartera de Malcolm. Con el dinero pagó los gastos de su viaje a Londres para ver a Tom Tullett.

Después de ser detenido en la oficina del Mirror y llevado de regreso a Gravesend, fue con el detective sargento Thomas Bush a la escena de los asesinatos. Ahí mostró el sitio donde había tirado la escopeta, los cartuchos, los cuchillos y pedazos de cuerda.

Edwin David Sims quedó en el banquillo de los acusados de Kent Assizes, Maidstone, en noviembre de 1961. El defensor de oficio fue el señor Tristram Beresford.

– Este fue casi el crimen perfecto – dijo Beresford -. A menos de que hubiera hablado, a menos que se hubiera descubierto él mismo era improbable que hubiera sido encontrado alguna vez dado todo su cuidado por ocultar todas las huellas del crimen. De no haber confesado, nunca se hubiera sospechado de que él hubiera sido el responsable.

Al iniciarse el juicio se objetó la presencia de dos mujeres en el jurado, de manera que fueron sustituidas por hombres. El señor Beresford dijo que había hecho la objeción porque los hechos eran tan terribles que creía que las mujeres no debían oír los detalles.

El doctor Francis Brisby. principal funcionario médico de la prisión Brixton, dijo que Sims – quien se había declarado no culpable – era un psicópata sexual pervertido en extremo.

– La anormalidad de su mente existía en el momento de los dos asesinatos – dijo el doctor Brisby -. Esta anormalidad se debe a sus defectos inherentes. Lo que hizo fue casi un producto final de la insidiosa degeneración de sus instintos pervertidos. Su anormalidad se desarrolló en el transcurso de los años y pasó de fantasías mórbidas a obsesiones patológicas. Su condición limita substancialmente su responsabilidad mental.

El jurado aceptó la afirmación de Brisby y determinó que no era culpable de asesinato sino de homicidio no premeditado con responsabilidad disminuida.

El juez Finnemore lo sentenció a veintiún años de cárcel.

– Este fue un crimen perverso, cruel y despiadado de dos jóvenes inocentes. Un caso horrible que he tenido la desgracia de juzgar. En base a la evidencia, el jurado ha encontrado que su responsabilidad no es la responsabilidad completa y normal pero de cualquier manera es considerable.

Sims fue mandado al Broadmoor Criminal Lunatic Asylum. Antes de que entrara en la ciénaga a cometer su último crimen ya estaba metido en algunos problemas. Había huido a Francia durante tres semanas después de desaparecer fondos sindicales. Estaba en espera del informe de un oficial de libertad condicional que dictaminaría sobre su comportamiento. Al igual que sus dos víctimas, Sims provenía de un hogar respetable y durante algún tiempo, cuando era más joven, había asistido a la iglesia con regularidad. Los psiquiatras que lo examinaron encontraron que tenía una inteligencia por arriba del promedio. Sin embargo, había sido expulsado de dos escuelas y nunca había mantenido un trabajo durante mucho tiempo. Trabajó en la marina mercante durante una época pero fue dado de baja por robar un par de mancuernillas.

No tenía antecedentes policiales de violencia, sexual o de otro tipo. Sin embargo, después de su condena, una antigua novia informó haber terminado su relación con Sims después de dos ataques de él.

La chica, Mary, había comenzado a salir con él cuando todavía estaba en la escuela. El romance continuó hasta los últimos años de su adolescencia a pesar de la oposición de los padres de Mary por el despido de Sims de la marina mercante.

Con frecuencia la pareja caminaba por la ciénaga de Denton y fue ahí donde una tarde Sims le pidió a ella que tuvieran relaciones sexuales. Mary se negó y comenzaron a caminar de regreso a casa por el sendero sin dejar de discutir sobre el asunto.

De pronto Sims se exaltó.

– Bien podría tirarte al agua y ahogarte – gritó.

De hecho la empujó. Mary cayó al río, pero afortunadamente el nivel del agua era bajo, de manera que le llegó únicamente a la cintura. Mary gritó y Sims pareció recobrar la razón. La sacó del agua y pidió disculpas diciendo que no se había dado cuenta de que la había empujado tan fuerte.

Al día siguiente repitió su disculpa frente a la madre de Mary.

Fue perdonado y la pareja continuó saliendo.

Unas semanas después iniciaron una discusión sobre el mismo punto mientras cruzaban un terreno de regreso a casa después de haber ido al cine. Ante la negativa de Mary a sus sugerencias, Sims sacó una navaja y le cortó sus dos largas trenzas. La chica, completamente horrorizada, comenzó a correr, pero él la alcanzó y la tiró al suelo.

Mary luchó fieramente mientras él le rompía el vestido y la ropa interior. De pronto, Sims pareció darse cuenta de lo que hacía. En el momento en que se vio libre, Mary corrió hasta su casa sin detenerse.

Sus padres, impresionados y furiosos, decidieron en un principio ir directamente a la policía. No lo hicieron por compasión hacia el padre de Edwin que sabían estaba seriamente enfermo. No quisieron aumentar los problemas – ya grandes – de la señora Sims con la carga que representaría el que llegaran policías a su casa a arrestar a su hijo -. El señor Sims, un trabajador ferrocarrilero, murió un poco después.

Por supuesto, se le prohibió a Mary que viera a Sims nuevamente. Sin embargo, él no se rindió con facilidad. Noche tras noche caminaba de un lado para otro por fuera de la casa de la chica siempre cantando o chiflando “Regresa a Sorrento”. Ni siquiera el que se comprometiera a otro hombre lo detuvo. Un año después, cuando Mary se casó, Sims estuvo en la iglesia.

El esposo de Mary advirtió a Sims varias veces que no quería que la importunara. De cualquier manera, cuando Sims veía a la chica en la calle la invitaba al cine o a dar un paseo. En una ocasión ella le preguntó por qué no se casaba y sentaba cabeza.

– Te estoy esperando – respondió él.

Sims no abandonó sus insistencias sino hasta que Mary y su esposo se mudaron al norte de Inglaterra. Ella no le informó que se iban y no volvió a saber de este novio de la adolescencia sino hasta diez años después cuando leyó sobre su arresto bajo la acusación de un doble asesinato.

La idea de asesinar había estado dando vueltas en la mente de Sims desde hacía tiempo. Había sido una tendencia satisfecha con fantasías sanguinarias hasta el momento en que no pudo más ser contenida.

La experiencia con Mary, diez años antes del crimen, mostró que cuando frente a la parte violenta y asesina de él quedaba el amor, la parte no asesina apenas si tenía una victoria estrecha. Al ver a dos jóvenes novios seguramente pensó en Mary a quien había perdido frente a otro hombre. De pronto se sintió impelido a herir y a asustar a esta joven pareja de quien sentía envidia y celos.

Procedió entonces a absorberlos en su sistema de fantasías perversas. Una vez que los tenía en su poder no pudo resistir la tentación de actuar su fantasía asesina. Su parte relativamente sana se sintió impresionada y agobiada por su horrible crimen, de manera que tuvo la necesidad de contar lo sucedido a alguien. El hecho de que se hubiera confesado con Tom Tullett es una evidencia de su deseo de ser atrapado, lo mismo que su exhibicionismo y su necesidad de deshacerse de su secreta culpa. La mutilación de la chica es atribuible a su envidia frente a la mujer.

 


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