Dorángel Vargas

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Dorángel Vargas

El Comegente

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Canibalismo
  • Número de víctimas: 7 - 10 +
  • Periodo de actividad: 1995 / 1998 - 1999
  • Fecha de detención: 12 de febrero de 1999
  • Fecha de nacimiento: 14 de mayo de 1957
  • Perfil de las víctimas: Hombres de entre 30 y 40 años
  • Método de matar: Golpes con un tubo de metal o con piedras
  • Localización: San Cristóbal, Venezuela
  • Estado: En custodia. Nunca ha sido juzgado al ser considerado inimputable
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Dorángel Vargas

Wikipedia

José Dorángel Vargas Gómez (Caño Zancudo, 14 de mayo de 1957), también llamado el Comegente, es un asesino en serie y caníbal venezolano. Vargas era un vagabundo que solía cazar a sus víctimas en el parque Doce de Febrero, en los alrededores del río Torbes de la ciudad de Táriba, en el estado Táchira, a 750 kilómetros de Caracas. Vargas fue el primer asesino en serie conocido de la historia de Venezuela, asesinando decenas de personas. Aunque también se estima que pudieron ser 40.

Biografía

Dorángel Vargas Gómez nació en 1957 en el seno de una familia de escasos recursos que se dedicaba a la agricultura, por lo que llegó solo hasta tercer grado de primaria. Entre sus antecedentes figuran tres arrestos, antes del último, dos de ellos por delitos menores (robo de gallinas y de ganado) y el tercero, en 1995, cuando fue internado en el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica de Peribeca por la muerte y posterior ingesta del cuerpo de Cruz Baltazar Moreno. El asesino logró escaparse de ese centro y llevar una vida aparentemente normal en la indigencia sin que nadie se molestara otra vez en seguir su pista.

Se cree que cometió los crímenes entre noviembre de 1998 y enero de 1999, momento en el que las familias notificaron a la policía la desaparición de los fallecidos. Dorángel cazaba a sus víctimas con un tubo en forma de lanza, los descuartizaba, guardaba las partes que se comía para cocinarlas y enterraba los pies, las manos y las cabezas. Sus objetivos primordiales eran desprevenidos deportistas y obreros que trabajaban en la orilla del río, sin embargo no comía mujeres ni niños. Como no tenía nevera para guardar la carne, mataba una media de dos personas por semana.

El 12 de febrero de 1999 unos miembros de Defensa Civil encontraron los restos de dos jóvenes y alertaron a las fuerzas de seguridad sobre su hallazgo. Ahondando sobre la zona, encontraron los restos de seis cuerpos más. Una vez descartada la hipótesis de que pudiera tratarse de un área de liberación de cadáveres de alguna banda de narcotraficantes o de alguna secta satánica, se recurrió a las denuncias de personas desaparecidas. Se sospechó enseguida de Vargas, que vivía en la zona próxima en una especie de rancho y que, en inspecciones de la policía, se halló en su casa varios recipientes que contenían carne humana y vísceras preparadas para el consumo, además de tres cabezas humanas y varios pies y manos.

Una vez capturado, confesó haber matado y comido al menos a 10 varones en un periodo de dos años desde su arresto en 1999.


«Refleja la justicia venezolana su realidad en el caso Dorángel»

Augusto Medina – LaNacion.com.ve

12 de agosto de 2013

La justicia venezolana, a juicio del conocido abogado penalista, dedicado en la universidad a la docencia en investigación, Alberto Arteaga, quien se conoció por haber sido el defensor del expresidente Carlos Andrés Pérez, está en deuda con el pueblo, por ejemplos patéticos, como lo sucedido con José Dorángel Vargas Gómez, llamado (vulgarmente) como el Comegente, por la serie de canibalismo por la que fue detenido en 1999.

Arteaga, quien vino al Táchira, invitado por el Colegio de Abogados, para tratar el tema penal de actualidad, aprovechó para hablar sobre el estudio que ha hecho sobre Dorángel, con quien incluso se retrató.

—Este caso de Dorángel Vargas, que los tachirenses tienen que recordar, yo diría, con dolor, es un caso que ocupó la atención de la opinión pública y que ha ocupado no solo la atención nacional, sino internacional, por lo triste y lamentablemente de un caso, del cual se han ocupado en otras partes, como el libro de un periodista colombiano: Sinar Alvarado, que lo llamó: «Retrato de un caníbal, los asesinatos de Dorángel Vargas», también hay otros trabajos en la universidad de Los Andes, el de un graduando: Douglas Peña Guerrero, «Análisis Criminológico de José Dorángel Vargas»-, dijo.

Expuso que: «es un caso interesante en sí y, yo diría, interesante desde un punto de vista jurídico, no es un problema, por supuesto, de curiosidad, de morbosidad, ni nada por el estilo, yo creo que de alguna manera Dorángel Vargas retrata la realidad de las carencias de la justicia penal venezolana».

Explica que: «Tenemos que convenir en que la justicia penal, que yo pondría siempre en comillas, la justicia penal venezolana es una justicia penal abandonada a su suerte, marginada, dependiente; lamentablemente, con profesionales que han ocupado y se ocupan de la magistratura, que carecen de la independencia y de la autonomía».

—Hay que resaltar lo que yo siempre digo, que con las críticas y con todas las críticas que uno pueda formularle a la justicia en general, la que más aparece ante la opinión pública, la que más se ve, es la justicia penal, hay allí jueces dignos, jueces que cumplen con su deber, jueces dedicados, jueces que, a pesar de todas las carencias, a las que hacía referencia antes, son carencias materiales, carencias de autonomías, presiones que ponen en juego la libertad, a pesar de todo, cumplen con su deber, y eso ha ocurrido en todos los momentos, en todas las épocas, aun cuando a veces, el cumplir con el deber puede traer como consecuencias, lo ocurrido con el caso de la jueza Afiuni-, dijo.

Destacó que lo de Afiuni, se dio, «sencillamente por cumplir con su deber y otorgar una libertad de conformidad con lo establecido en la Constitución y en el Código Orgánico Procesal Penal y, además, con recomendaciones que había de la ONU, de las Naciones Unidas, pero ha pagado con cárcel, con tratos crueles, como los que hemos conocido a través de publicaciones que se han hecho, y con un proceso penal en curso, que no sabemos cuál va a ser la decisión, pero la avizoramos, que ojalá fuera realmente absolutorio y se reivindicara, pero es bien difícil que ello sea así, porque el caso Afiuni es un caso paradigmático, porque es un mensaje a los jueces en el sentido de que el cumplimiento del deber puede significar un caso heroico, y eso es grave dentro de la justicia penal».

«Dorángel no tenía porqué estar preso»

Para Arteaga, el tema de Dorángel, lo tiene como el retrato de lo que es la justicia penal, de conformidad con lo que establece la legislación. «Una persona que incurre en un hecho punible encontrándose en estado de enfermedad mental, como dice el Código, suficiente para privarlo, así dice el artículo 62, de la conciencia o libertad de sus actos, o sea, un sujeto inimputable, y Dorángel Vargas fue diagnosticado como una persona que padece de esquizofrenia, esto implica que es una enfermedad mental, que tiene pérdida de contacto con la realidad y la persona no tiene conciencia ni libertad de su actuación y, por lo tanto, esa persona dentro de nuestra legislación es inimputable y debe estar y debe ser recluido en un establecimiento especial para esos enfermos mentales».

—No debe nunca ir a una cárcel, una persona con esas características no debe estar preso, en otras palabras, debe estar en una institución, y esto no es, por supuesto, de ahora, porque Dorángel, sus primeros hechos se remontan a 1995 por robo de ganado, cuando fue internado en el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica de Peribeca y posteriormente entre 1998 y enero de 1999, cuando fue llevado al CPO de Santa Ana, hasta que resultó sobreseída la causa por enfermedad mental que le fue diagnosticada, y fue trasladado a Peribeca en el 95, luego fue recluido de nuevo en la Policía Técnica Judicial y procesado por el delito de homicidio y por porte ilícito de arma-, recordó.

El abogado, destaca que: «lo que uno se pregunta es, por qué desde la primera vez en que fue recluido Dorángel Vargas, ¿no pudo haberse hecho algo por él? Yo creo que ahí viene la reflexión, la realidad de nuestra justicia, tenemos una norma por la cual se señala en el artículo 32 del Código Penal, que una persona, un enfermo mental, no puede ser encarcelado, y nunca se hizo nada».

—Nunca se hizo y nunca se ha hecho, y esto es una de las grandes deudas que se tiene y de lo que me estoy refiriendo, porque como abogado, como profesor de Derecho Penal, espero que esto no se entienda como una crítica política al momento que estamos viviendo, es que Venezuela tiene una deuda, una gran deuda con la justicia y fundamentalmente con la justicia penal-, reiteró.

Dijo Alberto Arteaga, que: «cuando yo veo cada día, y cuando vemos todos nosotros a las puertas de la morgue un suceso del Táchira, de Mérida, de Caracas, es decir, a los familiares reclamando: ¡yo lo único que pido es justicia!, por cierto yo creo que ese reclamo ha cambiado en los últimos años, y ahora, a las puertas de la morgue, padres, hermanos, los hijos de los fallecidos, bueno, muchas veces son los padres, porque lamentablemente son los jóvenes la mayoría de los que caen, ya no dicen yo pido justicia, porque a muchas madres les he oído decir «yo no creo en la justicia, yo lo único que espero es la justicia divina», esto ilustra realmente la situación que nosotros vivimos y esa situación es la que se ilustra en Dorángel Vargas quien, repetimos, no debe estar allí preso».

Afirmó que lo visitó en el Cuartel de Prisiones de Politáchira, y está en buenas condiciones físicas, «pero ese no es el lugar y, no existe en Venezuela un Código diferente al que tenemos, con todas las modificaciones, la última fue en el 2005, pero ese artículo nunca se ha modificado, eso lo copiamos del Código Italiano por allá en el 1897, y ahí está prevista la creación de un centro para el tratamiento de enfermos mentales que cometan un delito, ese centro no se ha construido, no existe, y esos hechos siguen repitiéndose».

Venezuela mantiene su deuda

Insiste Arteaga que, Venezuela mantiene su deuda con la justicia y, «sin justicia no podemos hablar de Estado social y democrático, de derechos, sin justicia no debemos hablar de Constitución, sin justicia nosotros no podemos hablar realmente de un sistema democrático y, la justicia, yo diría, tomó cuerpo en la realidad del trato que se les da a quienes sufren la persecución, o como dijo Mandela, ‘las naciones se juzgan por la forma en que tratan, no a los ciudadanos más distinguidos, sino por la forma como tratan a los más marginados, a los presos’, eso es la pura verdad».

—Yo creo que lo que quería Mandela, era hacernos reflexionar, y recientemente, para que veamos, comparar un caso como este, que era de Dorángel Vargas, del Táchira, o el caso de Yendris Sánchez, quien irrumpió el acto de juramentación de Nicolás Maduro, ahora está preso, lleva tres meses, pero nadie se preocupa por lo que ha dicho su madre, donde todo parece indicar que también padece una enfermedad mental; bueno, tres meses preso, otra realidad que tiene que tocarnos a nosotros como venezolanos, sobre todo a quienes tenemos que ver con la justicia penal y hasta ahora no se ha hecho nada serio por la justicia penal, de ahí la reiteración de cada deuda que tenemos-, apuntó.

Ante todo esto, ¿cuál es el futuro del TSJ?

—Bueno, yo diría que es algo que tiene el Estado, una deuda que no solo es del Tribunal Supremo de Justicia, aunque sea la cúspide del Poder Judicial, y aunque sea el órgano que designa a los jueces y tiene evidentemente responsabilidades en esta materia, pero es el Estado como tal, que no ha tomado nunca en serio lo que significa una política criminal; cuando hablamos en mayúscula, implica prevención, reflexión, tratamiento penitenciario, por supuesto, prevención que abarca muchos campos: educación, deporte, valores, problemas estructurales, represión del delito; a la gente no le gusta la palabra represión, es decir, cuando me refiero a represión, me refiero al funcionamiento adecuado de los órganos de administración de justicia: policía de investigación, fiscalía y tribunales, y luego el sistema penitenciario, esto todo tiene que engranarse-, acotó el catedrático.

«Todo está fallando»

Destacó que: «Todos estos aspectos están fallando y han fallado siempre, y fundamentalmente fallan los órganos encargados de administrar justicia; es decir, de un lado tenemos nosotros una violencia exacerbada, bueno, triste y lamentablemente a final de año esperamos o se especula sobre las cifras de muertes violentas, pero ronda el número del año pasado de 20.000 muertes violentas, pero evidentemente es un dato gravísimo el número de muertes violentas; pero la otra realidad es que ante esas muertes violentas ¿cuál es la respuesta del Estado?, es una sola: impunidad, esto realmente debería acabar en el país y que no sigan viendo la justicia venezolana con tantas dificultades o siendo comparada por hechos concretos de ineficiencia como ha sucedido con Dorángel Vargas desde el 99, preso, cuando debería estar en tratamiento mental».


El caníbal de los Andes confiesa: «Comer gente es como comer peras»

Las Últimas Noticias

19 de noviembre de 2004

“Ha aparecido por los lados de San Cristóbal un presunto caníbal (…) Los periodistas lo llaman el comegente”, así contaba el criminólogo Elio Gómez al diario venezolano “El Nacional”.

Corría 1999 mientras Dorángel Vargas saltaba morbosamente a la fama gracias a sus gustos culinarios. El Hannibal Lecter de los Andes, como también lo llamaban, no era tan culto ni tan refinado para sus asesinatos como el antropófago de “El silencio de los inocentes”, pero sí se desplegaba en la cocina. Este hombre nacido en 1957 en el seno de una familia dedicada a la agricultura y que llegó sólo a sexto de primaria, cocinaba a sus víctimas con hierbas exóticas, según reconoció él mismo después de su captura.

Siempre les daba una cocción. Según cuenta la revista “Gatopardo”, Vargas tenía una cocina improvisada -un montón de piedras y una cacerola hechiza- bajo el Puente Libertador, en San Cristóbal, al suroeste de Venezuela.

Al parecer todo empezó en 1995, con Cruz Baltazar Moreno. Un día, el hombre no volvió más a su casa y apareció entre los trastos de Vargas. En realidad, aparecieron sus pies y sus manos, el resto ya había hecho de banquete. Dorángel fue encarcelado. Antonio López Guerrero, gran amigo del difunto, fue uno de los testigos que acusaron al comegente quien fue llevado al Instituto de Rehabilitación Siquiátrica de Peribeca. Allí pasó dos años, después de los cuales fue devuelto a su puente porque “no representaba ningún peligro para la colectividad”.

Pero Vargas volvió a comer. En 1999, López Guerrero -el amigo del primer asesinado- pasó derecho de una borrachera a su olla. Sus restos fueron encontrados por unos vecinos de Cruz y Dorángel volvió a ser detenido. Primero vino el circo, los medios venezolanos y extranjeros se abalanzaron para conocer detalles de las recetas de Vargas. El explicó que los hombres delgados -habría matado a una docena- sabían mejor que las mujeres y que los sabores más agradables se conseguían en la zona del vientre.

Los siquiatras diagnosticaron largo tiempo de encierro para el Hannibal latino: “Sugerencias: mantener recluido en centro cerrado bajo tratamiento siquiátrico por irreversibilidad del cuadro (esquizofrenia paranoide)”, escribió un perito.

Y ahí está, en una celda de la Dirección de Seguridad y Orden Público del Estado de Táchira. Allí fue donde lo entrevistó hace poco Sinar Alvarado, para “Gatopardo”. Ahí fue donde Vargas le dijo al periodista cómo era comer gente: “¿Usted ha comido… ha comido… peras? Bueno, igual: como comer peras”.


El ‘Hannibal Lecter de los Andes’, 11 años en el limbo legal

Paula Vilella – ElMundo.es

21 de enero de 2010

Hace 11 años, bajo el puente de un municipio del estado fronterizo de Táchira se encontraron varios cadáveres descuartizados y dispersos que habían sido parcialmente cocinados en unas rústicas ollas.

Desde entonces, Dorangel Vargas, un indigente esquizofrénico que se presume que pudo haberse “comido” al menos a una docena de personas, espera en la comandancia de la policía de San Cristóbal en un limbo legal.

La historia del ‘Hannibal Lecter de los Andes’, como también se le conoce a Dorangel, conmovió a Venezuela en febrero de 1999. Las desapariciones de varias personas en las inmediaciones del puente Libertador de San Cristóbal Bajo se resolvieron al descubrir que habían servido de alimento a Dorancel, quien a sus 42 años vivía en un angosto túnel bajo ese puente, después de haber pasado por la cárcel y el psiquiátrico y haber abandonado el hogar familiar en varias ocasiones.

Dorangel entró entonces en el imaginario colectivo venezolano como un siniestro y peligroso personaje de cuento para no dormir con el que se aterroriza a los niños y a la morbosa galería de asesinos en serie. Esta visión de un monstruoso Dorancel se debió sobre todo al tratamiento sensacionalista con que los medios de comunicación realizaron la cobertura de los crímenes del río Torbes.

El ‘comegente’ ya existía

No es difícil encontrar en internet vídeos de las entrevistas que se le realizaron al personaje, que aseguraba que los humanos “sabían como peras”, que los hombres delgados eran deliciosos y que incluso algunas de las personas a las que invitó a comer en su precario rancho habían alabado las empanadillas hechas de su pana (amigo) Manuel, que “como era tan buena persona seguro que tenía que estar bien sabroso”.

Pero de lo que nadie parece acordarse es que el sobrenombre de ‘Comegente’ le venía a Dorangel de unos cuantos años atrás, cuando en 1995 pasó una temporada entre rejas por un crimen similar. La fiscalía revisó su caso y, como enfermo mental, lo sobreseyó.

Pero su paso a la libertad no estuvo bajo vigilancia familiar y psiquiátrica, por lo que Dorangel volvió a las calles de San Cristóbal, donde acabó viviendo a las orillas del Torbes con Manuel, compañero en el presidio y que acabó sus días convertido en el más típico plato criollo.

Este dato lo rescató el colombiano Sinar Alvarado durante la investigación que le llevó a escribir ‘Retrato de un caníbal’, con el que ganó en 2005 el Premio de Periodismo de Investigación. Alvarado entrevistó a Dorangel en 2004 para la revista ‘El Gatopardo’.

Allí se encontró a un enfermo mental desquiciado, atormentado por los “espíritus” (como él mismo los llama) que no le dejan dormir y “vienen a molestar”. Por eso consideró conveniente contrarrestar la versión amarillista de los medios de comunicación locales, que fueron “irresponsables, exagerados, ofrecieron datos inexactos con base en rumores morbosos y condenaron a Dorangel a un linchamiento moral sin precedentes”.

Así, al más puro estilo de Truman Capote, desentrañó a través de las páginas de este extenso reportaje el perfil psicológico de Dorangel y reconstruyó sus crímenes gracias a la multitud de entrevistas que sostuvo con los implicados en el caso.

Sus víctimas

Según el único perfil psiquiátrico que se ha realizado del “canibal”, se trata de “un asesino en serie, desordenado como consecuencia de su enfermedad, aunque con un método a la hora de escoger sus víctimas: hombres de entre 30 y 40 años, nunca niños ni mujeres”.

Quizás porque éste es también el perfil de la gente que se atrevía a pasar por debajo del túnel de Dorancel, quien después de dejar inconscientes a los desprevenidos viandantes les cortaba la cabeza, los pies, las manos y los genitales externos aunque “cuando más apuraba el hambre hacía una sopita con ellos”, según declaró ante la policía.

Ya son 11 años los que Dorangel lleva en la Comandancia de Policía de San Cristóbal en ese limbo jurídico. Debido a su enfermedad mental no le pueden juzgar y la inexistencia de cárceles para dementes en Venezuela y de un compromiso de su familia de responsabilizarse y garantizarle seguridad y atención médica le obligan a permanecer en esa celda donde los delincuentes sólo están de paso.

Una celda en la que prefiere dormir en el suelo, como hacía bajo el puente Libertador, y en la que su única esperanza es que pasen los días sin que sus espíritus, sus muertos, se le aparezcan para enturbiar su asombrosa calma.

 


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