Donald Neilson

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Donald Neilson

La Pantera Negra

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Robos - Secuestros
  • Número de víctimas: 5
  • Periodo de actividad: 1974 - 1975
  • Fecha de detención: 11 de diciembre de 1975
  • Fecha de nacimiento: 1 de agosto de 1936
  • Perfil de las víctimas: 3 empleados de correos, 1 vigilante y 1 mujer de 17 años
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Varios lugares, Gran Bretaña
  • Estado: Condenado a cadena perpetua en 1976. Murió el 18 de diciembre de 2011 en Norwich, Gran Bretaña.
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Donald Neilson, el asesino de oficinas postales que se transformó en secuestrador para hacer fortuna

Última actualización: 16 de marzo de 2015

En 1975, Lesley Whittle, de 17 años, fue secuestrada por un asesino implacable que, por su siniestra figura, recibió el nombre de la «Pantera Negra». El rapto de la joven terminó en un horror inimaginable. Se tardó once meses en acorralar a la «Pantera».

EL SECUESTRO – El intruso nocturno

El secuestro fue planeado con sigilo y meticulosidad, la Pantera Negra se introdujo en una casa en el pueblo de Highley y secuestró a una colegiala llamada Lesley Whittle. Fue el comienzo de una caza que duró once meses.

La noche del 13 de enero de 1975. Lesley Whittle se acostó temprano. Era una estudiante de 17 años y vivía con su madre en la calle principal del pueblo de Highley, en Shropshire. Dorothy Whittle volvió a casa a la 1,30 de la madrugada y antes de acostarse fue a ver a su hija. Esta dormía plácidamente en su habitación.

Poco después, una figura siniestra, vestida de negro y con una capucha con aberturas en ojos y boca, se acercó a la casa. Trabajaba en silencio y con pericia. Cortó los cables del teléfono, entró por el garaje, atravesó el salón y se dirigió a la habitación de la joven.

Lesley se despertó sobresaltada. Una figura pequeña, de constitución atlética, estaba de pie ante su cama y le apuntaba con una escopeta de cañones recortados. Le dijo que no dudaría en matarla si no seguía sus instrucciones a la vez que le tapaba la boca con cinta aislante. El encapuchado se la llevó a un coche Morris verde aparcado frente a la casa. Antes de meterla en el asiento trasero, le ató de pies y muñecas, cubriéndole los ojos. Se introdujo, de nuevo, en el salón de la casa donde dejó un trozo de cinta aislante, preparado con antelación, que contenía tres mensajes.

De vuelta al coche, el secuestrador se quitó la capucha, se puso una chaqueta corriente y colocó la bolsa de viaje con las herramientas de «trabajo» en el maletero. Puso en marcha el automóvil y se dirigió a su escondite, situado a 104 km., en Bathpool Park.

Tras retirar la cubierta de un registro que conducía al conducto central del sistema de alcantarillado, volvió al coche, desató las piernas de Lesley y la forzó a bajar por el agujero de inspección de 2,5 m. de ancho. Ambos descendieron por una escalera oxidada que llevaba a un escalón de 1,5 m. de altura por donde fluía el agua.

Después de salvar un sin número de obstáculos, llegaron a una plataforma de mayor profundidad, de 9,5 m. de ancho y a unos 20 m. por debajo del suelo, donde había instalado un colchón de espuma con un saco de dormir. Un cable de 1,5 m. colgaba de la escalera.

Lesley estaba desnuda cuando su secuestrador le colocó un collar de alambre alrededor del cuello, almohadillado con esparadrapo, utilizando tres clips de metal que apretó con una llave.

La joven nunca descubrió la identidad de su secuestrador, que la enterró en el sistema de alcantarillado de Bathpool Park. Más adelante se le conocería con el nombre de Donald Neilson.

Un día después del secuestro, Neilson la forzó a grabar dos mensajes para su familia, que leyó de un papel escrito por él en mayúsculas. Estos debían asegurar su permanencia con vida y recomendar el pago del rescate.

La noche del 15 de enero, Neilson dejó su escondite para comprobar la ruta que debía seguir quien le llevara el dinero solicitado y ocultar las misivas en cabinas telefónicas seleccionadas previamente.

Mientras inspeccionaba el punto de recogida final, un almacén de mercancías cerca de Dudley, en Worcestershire, le desafió un guardia nocturno, a quien disparó seis balas (casi todas por la espalda).

Escapó a pie dejando el coche, en cuyo interior se encontraban las zapatillas de Lesley y los mensajes de rescate que ella había grabado.

La noche siguiente, el secuestrador hizo un segundo intento para conseguir el dinero del rescate.

El punto de entrega se concretó en un muro junto a Bathpool Park. Tras grabar de nuevo las instrucciones con la voz de la chica, esperó al mediador.

El cambio de plan confundió a Ronald Whittle, portador del dinero, que se perdió y pasó de largo. Mientras tanto, una pareja de novios había aparcado en el lugar exacto de la entrega. Neilson se convenció de que un helicóptero de la policía estaba rondando la zona para tenderle una trampa.

El secuestrador regresó a la plataforma subterránea y según su declaración posterior, Lesley se movió para dejarle sitio y cayó desde el borde.

En opinión de la mayoría, incluyendo al jurado en el juicio, Neilson había sentido pánico, empujó a la víctima hacia el borde de la plataforma, donde ella murió de shock o estrangulación.

El cuerpo de Lesley se encontró siete semanas más tarde, todavía colgando del trozo de cable, en Bathpool Park. En ese momento, la policía estaba segura de que el asesino era el mismo que había matado a los directores de correos un año antes. Carecía de pistas acerca de su identidad pero por sus métodos operativos peculiares y despiadados le había bautizado con el seudónimo de «Pantera Negra».

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La prensa incita

Donald Neilson había pensado en el secuestro de Lesley durante tres años, desde que leyó un artículo en el Daily Express del 17 de mayo de 1972. Este daba detalles sobre los legados que ella recibía por deseo de su padre, una herencia de 82.500 libras.

George Whittle, ex-conductor de autobuses, había construido una de las empresas de autocares de más éxito en los Midlands, con una flota de setenta vehículos.

Al mismo tiempo apareció otro artículo en el Readers Digest que narraba el secuestro en Atlanta, Georgia, de Bárbara Mackle, una rica heredera, estudiante, que permaneció encerrada en una celda subterránea. El secuestro, aunque sin éxito, sirvió de modelo para Neilson.

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Una heredera aplicada

La herencia paterna de los Whittle se mantenía en depósito. Aunque su familia residía en la casa más grande del pueblo de Highley, Lesley no vivía como una chica rica.

Estudiaba COU en Ciencias puras y cursaba matemáticas en la Facultad Técnica de Wolverhampton, cada día se trasladaba hasta allí en transporte público. Planeaba continuar sus estudios en la universidad de Sheffield, donde estudiaba su novio.

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PRIMEROS PASOS – Guardar rencor

Burlado de niño, Neilson logró su autoestima en el servicio militar, avivando su deseo de venganza hacia la sociedad.

Donald Neilson nació el 1 de agosto de 1936 en Morley, West Yorkshire, un extenso suburbio al oeste de Leeds. Creció en una modesta casa de dos pisos, rozando la pobreza, como la mayoría del vecindario. Su padre, que trabajaba en la industria lanera, ganaba muy poco dinero.

Su verdadero apellido era Nappey (misma pronunciación que «nappy» puñal), lo que le hizo ser blanco de bromas en su infancia, hasta el punto que al nacer su hija decidió protegerla de burlas, sustituyendo su apellido por Neilson.

Su madre murió cuando tenía 10 años. Asumió la responsabilidad de cuidar a su hermana, cuatro años más joven, mientras su padre trabajaba.

A los 17 años trabajaba ya como aprendiz de carpintero. No bebía ni tampoco fumaba, sólo iba a bailar a Bradford una vez a la semana.

Pronto quedó claro que era un solitario. Ninguno de sus amigos recuerda que tuviera más novia que su futura esposa, Irene Tate, a la que conoció en un baile. La boda, en secreto, tuvo lugar en 1955.

Antes de casarse, Neilson había comenzado el servicio militar en Infantería Ligera en Yorkshire.

Suspendió el curso de entrenamiento básico de diez semanas y, degradado, tuvo que repetirlo. Los dos años en el ejército influyeron más en sus posteriores actividades que cualquier trauma en su juventud. Disfrutaba con la disciplina militar.

Neilson pasó seis meses en Kenia en un intenso período de entrenamiento en la selva, equipado con un rifle de cañón corto, calibre 303, arma muy similar a la escopeta de dos cañones recortados.

Después de ocho meses sin grandes acontecimientos en Aden, fue enviado a la isla de Chipre, donde se enfrentó directamente con la muerte, al cargo de unos terroristas en espera de su ejecución.

Concluyó el servicio militar con el rango de cabo y volvió junto a su joven esposa, con sentido de confianza y autosuficiencia. El joven Neilson, que tuvo que hacer novillos en la escuela para no encararse con las burlas, estaba en condiciones para vengarse de la sociedad.

El matrimonio compró una pequeña casa en Grangefield Avenue, en Leeds Road, a las afueras de Bradford. La pareja siempre se hallaba sola y raramente invitaba a sus amigos. Su hija Kathryn nació en 1960.

Neilson ejercía como carpintero, intentó hacer negocio y montar una compañía de seguridad con perros alsacianos, pero aunque trabajó mucho no consiguió ningún éxito financiero alguno.

En opinión de los que le conocían, Neilson andaba con paso militar y parecía cumplir siempre órdenes. Usaba botas de soldado paracaidista, chaquetas de combate y pantalones verde oliva. Se compro un jeep del ejército para pasear por el barrio.

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Kathryn Neilson

No había más de 6 meses de diferencia entre la edad de Lesley y la de la única hija de Neilson, Kathryn. Aparte de a sus perros, era a la única persona que Donald daba calor y afecto. Estuvo presente en su nacimiento, la alimentaba, cambiaba y enseñó a leer y escribir antes de ir al colegio.

Cuando se convirtió en una joven morena y guapa, la obsesión por su hija se hizo mayor. Raramente le permitía salir de casa, si no era para pasear a los perros en compañía de su madre o salir con él a nadar, como parte del régimen de mantenimiento. Su autoritarismo llegó a causar tensión en la familia.

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EL ASESINATO – Los crímenes de Correos

Hasta el asesinato a mano armada de un subdirector de Correos en 1974, la policía no se había dado cuenta de que estaba persiguiendo a un psicópata, a un criminal encapuchado cuya violencia pronto se extendería de norte a sur del país.

Ya en 1965, Donald Neilson había recurrido en alguna ocasión al allanamiento de morada para incrementar su nivel de vida. Con una abrazadera manual y unos taladros pequeños desarrolló una técnica de hacer agujeros en los marcos de las ventanas para manipular los pestillos con un cable o un destornillador fino.

Los robos se hicieron familiares para la policía de Yorkshire, conociéndolos como «berbiquí y barrena». En 1975, Neilson fue arrestado por 400 robos, con lo que la policía creyó cerrado el caso.

El dinero procedente de estos robos era insuficiente para Neilson, que quedaba siempre insatisfecho. Era un solitario que despreciaba la autoridad y un celoso de los que eran más ricos que él. Como todas las aventuras iniciadas por Neilson, los robos tampoco le solucionaban la vida. Había probado la técnica de entrar y salir de las casas mientras la gente dormía, pero raramente acertaba con el lugar donde había dinero.

En 1967, extendió su cadena de actividades criminales, asaltando una sucursal de Correos en Nottingham. Era el primero de 19 asaltos similares en las zonas de Lancashire y Yorkshire durante siete años.

Las ventajas de elegir las sucursales residían en los equipos de seguridad, menos rigurosos que los de las sedes centrales o de los bancos locales. A principios de los años setenta había en Gran Bretaña más de 23.000 oficinas de Correos, proporcionando un número sin límite de asaltos. La desventaja estaba en la escasa cantidad de dinero recogida en cada robo, que impedía retirarse de la vida criminal.

Desde el servicio militar, Neilson estaba obsesionado por una organización militar planificada. Para llevar a cabo sus visitas nocturnas había establecido un cuartel general en su casa de Grangefield. La mitad del salón estaba destinado a almacén de herramientas para su trabajo y la otra mitad a oficina.

Se sentaba en su despacho soñando con las operaciones futuras que le enriquecerían.

Para el mundo exterior, la familia Neilson resultaba extraña y privada, hasta la reclusión. Sólo le veían a él cuando trabajaba, reparaba el vehículo o pintaba la fachada. Nunca se veía a su esposa fuera de la casa y, cuando aparecía iba vestida miserablemente.

El 16 de febrero de 1972, Neilson asaltó una sucursal de Correos de Haywood, Lancashire. El encargado se despertó, salió de la cama y se encontró con un encapuchado que hablaba con acento indio. En la pelea que siguió, el arma del ladrón se disparó, agujereándole el techo. El señor Richardson se las arregló para quitarle la capucha, sorprendiéndose al ver a un hombre blanco.

El delincuente huyó por la puerta trasera. La policía se dio cuenta de que el asalto tenía que ver con los siete robos similares cometidos con anterioridad. Por primera vez un testigo podía hacer una descripción fotográfica del asaltante. Fue la primera de seis identificaciones, pero ninguna ofreció resultados.

Dos años más tarde, Neilson estaba en Harrogate, Yorkshire. Su blanco era una sucursal de Correos a cargo de Donald y Johanna Skepper, en la que habían vivido y realizado su trabajo durante 10 años. La noche del 15 de febrero, la pareja y su hijo de 18 años dormían en el piso de arriba.

Neilson taladró tres agujeros en una ventana trasera del sótano. Entró a la casa y se deslizó hacia la habitación del hijo. Richard se despertó sobresaltado al ver un enmascarado junto a su cama, que le apuntaba a la cara con una pistola, y le preguntaba dónde guardaban las llaves de la caja fuerte.

Tras conocer el lugar, un armario al pie de las escaleras, le tapó la boca con cinta aislante, le ató las muñecas, y ligó sus tobillos a la cama. El ladrón no encontró las llaves, regresó al dormitorio del chico y le desató, obligándole a entrar en la habitación de sus padres, que se despertaron y encendieron la luz de la mesilla.

Neilson penetró en el dormitorio y ordenó a Skepper apagar la luz. En un segundo, este tomó la valiente pero mortal decisión que le costó la vida. Saltando de la cama, gritó a su hijo «cojámosle». Donald, tan sólo a dos pasos del director de la sucursal, le disparó en el cuello. El hombre cayó muerto en los brazos de su mujer. «Fue horroroso, dijo ella más tarde. Si hubiéramos visto la cara al asesino o hubiéramos podido hablar con él razonablemente… pero sólo ver la capucha producía terror, no podía moverme.»

Neilson huyó con una pistola en una mano y con un cuchillo con mango de madera y cuchilla de 10 cm. en la otra. Eran las 5.25 de la mañana cuando Richard dio la alarma. «Mi madre se despertó primero y luego mi padre se sentó en la cama -continuó diciendo-. El intruso llevaba una pistola en la mano derecha. No apuntaba a nadie en concreto. Mi padre le dijo: ¿qué quieres?, yo respondí que pedía las llaves y mi padre hizo ademán de salir de la cama, volviendo sus piernas bruscamente para encararse con el hombre. ¡Cojámosle!, dijo. El hombre apuntó a mi padre. Vi el resplandor de la pistola y oí la explosión. Papá cayó de espaldas en la cama.»

La policía rodeó Harrogate con oficiales armados, pero Neilson había desaparecido. En pocos días, más de 100 personas habían sido entrevistadas y Correos había ofrecido una recompensa de 5.000 libras esterlinas. La policía no podía imaginar que el enmascarado vivía a media hora de camino. Durante siete meses, se entrevistaron a 30.000 personas, sin llegar a identificar a la Pantera Negra. La madrugada del 6 de septiembre, Neilson apareció de nuevo para matar.

Hacia las cuatro de la madrugada, Derek Astin se despertó en el piso de arriba de la sucursal de Correos de Higher Baxendin, cerca de Accrington, Lacanshire. Vivía con su mujer, Marion, y con sus dos hijas, Susana, de 13 años, y Stephen, de 10. Cuando ella se despertó, encontró a su marido luchando con un encapuchado.

El señor Astin empujó a Neilson al pasillo y su esposa, buscando desesperadamente un arma, intentó golpearle con la aspiradora. Se oyó un «crak» y Derek cayó al suelo. Donald se escapó por la escalera. El hombre estaba malherido en la arteria y vena principales de su brazo. Su hija intentaba cortar la hemorragia con una sábana, antes de salir a por ayuda. Los cables telefónicos estaban cortados y Astin moría poco después de llegar al hospital.

Ya eran 100 los policías que estudiaban el asesinato de Skepper y cuando llegaron los detectives de Accrington no hubo duda de que el asesino era la misma persona que Leslie Richardson había desenmascarado dos años antes en Lacanshire. El método de entrada era el mismo en los tres incidentes. La bala de Astin y una caja de cartuchos gastados se añadían a la colección de evidencias balísticas.

La policía ya sabía que estaba tratando con un hombre peligroso y cruel, pero la opinión pública ignoraba el hecho. Incluso cuando Sidney Grayland fue asesinado dos semanas después en una sucursal a cargo de su esposa, Margaret, en Langley, la prensa nacional todavía trataba los asesinatos como crímenes por separado.

Los Grayland hacían el inventario a primeras horas de la noche del 11 de noviembre, cuando Sidney salió al almacén. Su mujer oyó un disparo y encontró a su marido en el suelo, herido en el estómago.

Neilson había entrado por la puerta trasera con una botella de amoníaco atada a una antorcha, llamó a la puerta principal y él le abrió. En la pelea que siguió, Grayland agarró la mano del intruso, derramándose el amoníaco por la cara encapuchado del asaltante. Este quedó ciego por un momento y comenzó a dar patadas. En este momento apareció la señora y oyó a su marido quejarse. Neilson se dio cuenta de que Margaret debía haber visto su cara y la atacó, fracturándole el cráneo en tres sitios distintos; la cubrió con cajas de cartón en medio de un gran charco de sangre.

La Pantera, antes de irse, cogió el dinero de la caja y de los envíos postales (800 libras). A las 10,55 dos policías se dieron cuenta de que las luces permanecían encendidas en la sucursal. Cuando entraron descubrieron al matrimonio todavía vivo.

La policía tenía ahora más pistas, incluyendo otra bala del calibre 22, cinco cartuchos y un trozo de cordón empapado de sangre, que Neilson había utilizado para atar las muñecas de Margaret.

Después del ataque, la señora Grayland estuvo inconsciente y no pudo facilitar la descripción del criminal. La policía desconocía que el hombre al que buscaban estaba a punto de embarcarse en una aventura más ambiciosa. Después de dos años de planificación y entrenamiento físico, Neilson estaba preparado para secuestrar a una víctima y conseguir un rescate. Era la segunda vez que esta acción se intentaba en Gran Bretaña y, aunque el primer intento había fallado, el ladrón creyó que su precisión le haría salir adelante.

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Las víctimas

  • Donald Skepper, 50 años, herido cuando estaba a punto de atrapar a Neilson. Murió poco después.
  • Derek Astin, 43 años, herido de bala después de hacer frente a la «Pantera Negra». Murió en el hospital.
  • Sidney Grayland, 55 años, asesinado de un disparo del rifle calibre 22 de la «Pantera», tras una corta lucha.

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Juegos de guerra familiares

Cuando la Policía entró en el ático de Neilson, encontró una colección de macabras armas, ropas de corte militar y un álbum de fotos familiar. En lugar de felices escenas familiares, las fotografías mostraban a los Neilson vestidos como soldados, «jugando» a la guerra.

Una ofrecía la imagen del padre, como un enemigo muerto, colgando de un destrozado pero aún ardiente jeep. En otra se veía a Kathryn colocando una sábana sobre el supuesto cadáver de su madre. Una tercera mostraba al «comandante» Neilson señalando el mapa de la selva.

Durante estas maniobras simuladas, Donald hacía bazokas y morteros con trozos de cañerías y granadas alemanas con botes de Coca-Cola. Su hija contó como forzaba a la familia a pasar semanas en campamentos de estilo militar, con una red de camuflaje, a unos 300 metros de su casa.

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El rastro del asesinato

Donald Neilson había asaltado oficinas de Correos y robado casas durante dos años, antes de cometer su primer asesinato. Tras su arresto, la policía del norte cerró los casos de más de 400 allanamientos de morada sin resolver, muchos de ellos, conocidos en Yorkshire como «berbiquí y barrena». También era responsable de otros 16 robos de sucursales cometidos entre 1967 y 1973.

Cuando Donald cometió el primer asesinato (1972), la policía ya había conseguido un retrato robot del hombre que llegaría a ser el enemigo público número uno. Dos años antes, el director de una sucursal, Leslie Richardson, le había desencapuchado en un intento de robo.

A finales de 1974, el «furor» generado por una cadena de robos y dos asesinatos fue tal que Neilson tuvo que trasladarse al sur de la isla.

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Irene Neilson

Donald se casó con Irene Tate, de 20 años, en la iglesia de San Pablo, en Morley, el 30 de abril de 1955. Neilson o Nappey, como aún era conocido, tenía solo 18 años y hacía el servicio militar. Había conocido a la que sería su mujer en un salón de baile de Bradford. No hubo invitados a la boda, ante el descontento de la familia de la novia.

Los recién casados sólo entraban en la casa de la familia de Irene cuando sabían que no había nadie, lo que no hacía muy feliz a la madre de ésta.

Hilda Tate, hermana gemela de Irene, notaba un cambio gradual en la conducta de su hermana después del matrimonio. Se hizo introvertida y la pedía que abandonara la casa por la puerta trasera si oía llegar a su marido. Cuando Neilson estaba presente, ignoraba a su hermana.

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PUNTO DE MIRA – La guarida de la Pantera Negra

En el momento en que Neilson reveló su identidad a la policía, la brigada del crimen barrió su casa en Bradford, encontrando un escalofriante arsenal estilo Rambo.

En el ático de la casa de Neilson, en Grangefield, la policía encontró un extraño vestuario y el arsenal del asesino. También docenas de anoraks y chaquetas, rollos de cuerda, equipo submarino, mochilas, radios, llaves de unos 700 coches, una peluca, un equipo clasificado, cuchillos y un traje polar.

En el tejado del ático de Neilson se hallaba escondida una escopeta Remington de cañones recortados, provista de un silenciador y de más de 1.000 cartuchos de munición. El arsenal del asesino incluía también un rifle del 22 con mira telescópica y cartuchos del mismo calibre. La policía también encontró capuchas y trozos de cable similares a los que usó para colgar a Lesley Whíttle.

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LA CAZA – Esperanzas desvanecidas

Los esfuerzos para conseguir la liberación de Lesley Whittle parecían estar marcados por la desgracia. La historia se publicó cuando era necesario un absoluto silencio y los intentos de entrega del rescate resultaron vanos.

Dorothy Whittle se despertó la mañana del 14 de enero de 1975, y descubrió que su hija Lesley había desaparecido. Se hallaba confusa, de madrugada dormía profundamente en su habitación. Después de recorrer la casa, la madre se dirigió a la calle principal de Higley, donde vivía su hijo Ronald con la vaga esperanza de que su hija hubiera pasado allí la noche.

Ni él ni su esposa, Gaynor, habían visto a su hermana esa mañana. Muy nerviosas, Dorothy y su nuera se dirigieron a la casa, donde descubrieron las demandas del rescate y cayeron en la cuenta de que Lesley había sido secuestrada.

Los tres mensajes de rescate, en cinta adhesiva, apoyados en un tiesto del salón decían:

– No llamar a la policía. Tenga el rescate de 5.000 libras preparado para enviar. Esperar llamada telefónica en la cabina del centro comercial de Swan desde las seis de la tarde hasta la una del día siguiente. Si no hay nueva llamada, la noche siguiente, contestar, dar el nombre y oír las instrucciones que han de seguir, sin hablar. Desde el momento en que conteste tiene un límite de tiempo. Si llama a la policía o hay trucos, la mato.

– Entregar las 5.000 libras en una maleta blanca en el centro comercial Swan.

– Las 5.000 libras en billetes viejos: 25.000 en billetes de una libra y 25.000 en billetes de cinco. No habrá cambio. Después de que el dinero me sea entregado, la víctima será liberada.

El detective superintendente Bob Booth, jefe del Departamento de Investigación Criminal en West Mercia, estaba investigando un asesinato en Wellington, cuando oyó las noticias de Highley. Después de ver la profesionalidad con la que se habían preparado las cintas del mensaje y el corte de los cables telefónicos, se fue derecho a la casa de los Whittle.

Inmediatamente, Ronald Whittle consiguió el dinero en su banco de Bridgnorth. La policía, sin probar la veracidad del secuestro, interceptó el teléfono de la familia y la cabina telefónica referida por Neilson en el mensaje. Colocó asimismo un escolta al hermano e informó a Scotland Yard.

Merced a la experiencia del FBI, que había logrado resolver 240 casos de los 400 secuestros producidos en los cuatro años anteriores, el superintendente Booth animó a la familia a cooperar plenamente con el secuestrador. El detective estaba deseando que pagaran el rescate si ello aseguraba la liberación de Lesley, ya que la mayoría de las víctimas de un secuestro no sobreviven a las primeras cuarenta y ocho horas.

Booth también aceptó la oferta, de Scotland Yard, de 12 expertos en técnicas de secuestros. A pesar de la acritud con la que se desarrolló el contacto Departamento de Investigación Criminal-Scotland Yard a lo largo del caso, en un principio ambos coincidieron en una cosa: Ronald Whittle llevaría el rescate y esperaría en la cabina del centro comercial, de seis de la tarde en adelante, para recibir las instrucciones siguientes.

A las 8 ocurrió algo que influyó en toda la investigación. Era crucial que al secuestrador no se le dieran pistas de un contacto con la policía, pero un reportero parecía haber recibido información del secuestro.

Como resultado, los agentes decidieron sacar a Ronald de la cabina minutos antes de las 9,30. Cuando Neilson telefoneó, antes de medianoche, el policía que interceptaba el teléfono pudo oír la señal, pero nadie contestó.

La noche siguiente, 15 de enero, la policía impidió también que el hermano se introdujera en la cabina en el tiempo indicado por el secuestrador. En esta ocasión, un bromista les hizo creer que se trataba de Neilson. Como resultado, Ronald perdió una noche conduciendo hacia un destino de entrega falso. Esa misma noche, la «Pantera», mientras preparaba la segunda parte del plan para recuperar el rescate, disparó a Gerald Smith, guarda jurado en el almacén de mercancías de Dudley.

Gerald Smith sobrevivió 14 meses al ataque, mediante cuatro operaciones, e hizo una descripción del asaltante a la policía, añadiendo que hablaba con acento del pueblo de Tipton, a dos millas de Dudley. Lo que resultó ser una prueba engañosa.

En la huida, Neilson abandonó el coche robado, un Morris verde 1300, en un parking a 200 m. del lugar del disparo. Durante ocho días no hubo información del hecho, y ambos casos se trataron por separado.

Un policía descubrió que el número de matrícula en las placas del coche no coincidía con el del impuesto de circulación. Informaciones posteriores revelaron que el coche había sido robado en West Bromwich hacía tres meses.

En el interior del Morris se encontraron la cinta con la voz registrada de Lesley, grabadoras, linternas, una pistola, munición y un colchón de goma espuma. La pistola contribuyó al nexo de los asesinatos de Correos y el secuestro.

La tercera noche, 16 de enero, la policía pensaba conseguir el dinero del secuestrador. Los oficiales de Scotland Yard contaban con un equipo sofisticado. Algunos agentes iban armados. Una escuadra especial de vehículos y cuarteles móviles coordinarían la acción.

El teléfono sonó a las 11,45 de la noche. Leonard Rudd, jefe de transporte de la empresa de autobuses de los Whittle, contestó. La voz de Lesley ordenó al mediador esperar en la cabina de Kidsgrove.

Ronald Whittle se encaminó a la comisaría de Bridgnorth para recibir instrucciones del superintendente Lovejoy, al mando de parte de la operación. A espaldas de Booth, oficiales de Scotland Yard habían grabado en microfilms los números de serie de los billetes. Ronald se puso en marcha para entregar el dinero del rescate casi a la 1,30 de la madrugada. No tenía más que la palabra del secuestrador de que su vida no corría peligro. La «Pantera» podía dispararle y escapar con el dinero. Cabía la escalofriante posibilidad de que Lesley estuviera muerta.

Coches de policía, sin señales luminosas o acústicas aparentes, se mantenían a una discreta distancia del coche de Whittle, 11 vehículos componían la operación. Ronald se perdió dos veces hasta que a las tres de la madrugada alcanzó el primer punto de contacto.

Tardó más de 30 minutos en localizar el mensaje escondido. Las instrucciones le obligaban a desplazarse hasta Bathpool Park, detenerse en un muro y esperar una señal de luz, que nunca llegó. Al final y contra su voluntad, se fue tras consultar con la policía a través de la radio de su coche.

Whittle no podía saber lo que Neilson había preparado de antemano o el tiempo que tardaría en llegar, ni que una pareja de novios había entrado en el parque media hora antes de que él llegara, descubriendo con extrañeza una linterna enfocada en la dirección de su coche.

Más tarde éstos dijeron haber visto un coche patrulla dentro del parque, lo que representaba, sin lugar a dudas, una falta de coordinación y una imprudencia de imprevisibles consecuencias para la vida de Lesley Whittle. La policía de Staffordshire negó enérgicamente su presencia en Bathpool Park.

Donald Neilson, testigo de todo lo ocurrido, se convenció de que la policía le tenía acorralado y de que el rescate no sería pagado. Montó en cólera, regresó al conducto del alcantarillado y asesinó a Lesley. Al amanecer estaba de vuelta en Bradford.

Cuando amaneció, el equipo de Scotland Yard buscó en Bathpool Park tan discretamente como le fue posible. Pensó que el secuestrador podría aún encontrarse en el parque. Tenía la impresión de que Ronald se había ido de allí sin su conocimiento. El equipo no encontró pistas que les condujeran hasta el escondite.

La búsqueda de la identidad del secuestrador se centraba en los alrededores de la casa de los Whittle. Los detectives creyeron que la persona que conociera las circunstancias financieras de Lesley tenía que vivir en la misma ciudad. El secuestrador parecía tener claro conocimiento de la casa y de la familia. Mientras un helicóptero de la RAF rastreaba el pueblo en busca de posibles escondites, los detectives interrogaban a los sospechosos.

Circularon otras teorías. En una de ellas, el secuestrador era un vendedor ambulante, que conocía Highley, en otra era un trabajador del zoo de Dudley, ubicado cerca del almacén de Gerald Smith.

La policía, consciente de trabajar a contra reloj, evitaba estas historias.

El superintendente sabía que las pistas decisivas se encontraban probablemente en Bathpool Park, pero se resistía a entrar, seguro de que las posibilidades de encontrar a Lesley con vida eran mínimas.

La noche del 15 de marzo el inspector Booth y Ronald Whittle aparecieron en TV, montando la representación de una confrontación falsa. El hermano de Lesley simuló revelar al policía que había ido a Bathpool Park, intentando entregar el dinero del rescate. Este reaccionó enfadándose y cortando la entrevista. Para el público, Booth había sido humillado. Para el superintendente, sin embargo, esta decepción le dio la oportunidad de averiguar lo que ocurría en Bathpool Park.

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Mensaje grabado

Entre los objetos hallados en el coche robado, había una cinta grabada con la voz de Lesley. Cuando Neilson le obligó a grabarla, se encontraba a 20 m. bajo tierra, desnuda y atada de pies y manos. La cinta empezaba: «por favor, mamá» y contenía las direcciones de las cabinas telefónicas donde se encontrarían más instrucciones.

El superintendente Booth decidió hacer publica la cinta porque, aunque iba a causar dolor a familiares y amigos, esperaba que la voz de la joven llegara a la conciencia de alguien que estuviera con el secuestrador. La cinta se emitió por la TV de Midland, pero no hubo resultado alguno.

Cuando se pasó la grabación durante el juicio, Neilson lloró al oír la voz de Lesley asegurando a su madre: «No hay por qué preocuparse, mamá. Estoy bien. Me mojé un poco pero ahora estoy seca. Me está tratando muy bien. ¿Vale?»

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Asesinato ilegal

Gerald Smith fue herido de bala por la «Pantera Negra» y murió 14 meses después, en ese tiempo el homicida, aun desconocido, aun no pudo ser acusado de asesinato. Atendiendo a un asalto, si la víctima no muere en un año y un día, la muerte se atribuye lealmente a otra causa (una presunción irrefutable), por lo que Neilson sólo fue acusado del intento de asesinato de Smith.

La ley se puso a prueba en el caso Dyson, del 13 de noviembre de 1906. Atacó a su hijo y le enviaron a prisión por asalto. El niño murió el 5 de marzo de 1908 y el padre fue declarado culpable de asesinato. El Tribunal de Apelación anuló el veredicto.

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Bob Booth

El superintendente Bob Booth, que como cabeza del Departamento de Investigación Criminal de West Mercia dirigió la caza de Neilson, fue un detective excepcional, pero el caso de la «Pantera Negra» y, en concreto, el secuestro de Lesley le dejaron amargamente desilusionado. Se sintió mal, como si hubiera delegado sus responsabilidades en compañeros de otros cuerpos. En particular, culpó a la policía de Staffordshire por la aparición casual de un coche policial en el lugar de la cita, que llevó probablemente a Neilson al desenlace fatal. Lesley murió minutos más tarde. Aunque éstos negaron enérgicamente que el coche fuera suyo.

También criticó a Scotland Yard por hacer perder tiempo a Ronald Whittle mientras le aconsejaban en la comisaría de Bridgnorth. Los oficiales insistieron también en grabar cada billete en microfilm.

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La cruel prueba de Ronald Whittle

Para Ronald Whittle, la dura prueba del secuestro de su hermana se agravó por las sospechas que cayeron sobre él. Aunque estaba a cargo del negocio de autocares familiar, no era multimillonario. La gente comentaba que él tenía mucho que ganar con la muerte de Lesley en el terreno económico.

Se encaró a la opinión pública con entereza, pero en algunos momentos se le malinterpretaba. Su estoicismo y su incapacidad para demostrar en público su pesar le hacían parecer algo siniestro. Su posición era minada cuando algunos periódicos publicaban su foto como una de las posibles de la «Pantera Negra». Por una cruel coincidencia su parecido era inevitable. Recibió muchas cartas acusándole del secuestro de su hermana.

Su aparente desacuerdo con el detective Booth (una treta para engañar al secuestrador), también contribuyó negativamente en su imagen. Para convencer a la «Pantera Negra», Ronald simuló informar a la policía de su fracasada cita en Bathpool Park y de que estaba dispuesto a pagar el dinero del rescate. En esos momentos Lesley ya estaba muerta.

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DEBATE ABIERTO – Retratos robot

Durante los cuatro años de búsqueda, la policía puso en circulación seis fotos y varios retratos robot, pero ninguno de ellos llevó a su captura. El asesino fue arrestado en una comprobación de rutina.

El caso de la «Pantera Negra» llevó a la policía más horas de investigación que cualquier otro asesinato de masas, excepto el del violador de Yorkshire.

Se encontraban con infinidad de obstáculos, entre ellos la poca precisión de las pruebas fotográficas y de las composiciones de dibujos, realizados por testigos oculares.

Después de ocho horas de conversación con Gerald Smith, tiroteado por Neilson en un almacén de Dudley, mientras éste colocaba una pista para el rescate de Lesley, un artista inglés elaboró un dibujo ajustado a las descripciones del guardia de seguridad. Pocos de los que habían visto al atacante, se pondrían de acuerdo en su descripción, pero la policía aún no lo sabía. El dibujo mostraba a un hombre con la cara alargada, casi de punta, mientras que Neilson tenía pómulos marcadamente redondos y cara de niño. El retrato robot fue la similitud más próxima aunque no se parecía nada a la imagen que tanto la Policía como Smith esperaban ver.

En la primavera de 1975, los detectives contrataron a un cuadro de actores para que interpretaran al asesino, pero como sólo se basaron en las impresiones distorsionadas de las víctimas, la reconstrucción de los hechos no estimuló para nada la memoria del público ni dio nuevas pistas.

En 1970 el viejo sistema «fotofit», empleado para realizar retratos robots, fue sustituido por uno mucho más moderno, el «identikit». Este permite alternar los ojos, narices, bocas o cualquier facción, obteniéndose mayor realismo que con los dibujos. Estas composiciones, usadas por la policía de todo el mundo, contienen datos individuales de fotografías de presuntos delincuentes de los registros criminales. Se pueden formar casi veinte billones de rostros con el equipo completo.

Sin embargo, la policía debe considerar también la posibilidad de perder horas si una imagen no ajustada circula en los periódicos, televisiones y comisarías de todo el país.

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Éxito del identikit

El sistema «identikit» para diseñar la imagen de un sospechoso llegó a Gran Bretaña de USA, utilizándose por primera vez en Londres en 1961. El sistema se apoyaba en una serie de transparencias, que contenía dibujos parciales del rostro. Un operador técnico sacaba la foto de la descripción de un testigo.

El método pronto obtuvo éxito. El 3 de marzo de 1961, un dependiente de un anticuario de Cecil Court, Londres, fue apuñalado. La policía obtuvo las descripciones que los propietarios de la tienda dieron de un hombre que había entrado a comprar espadas de adorno. El resultado del «identikit» circuló por todas las comisarías.

Cuatro días más tarde, un policía patrullando cerca del Soho vio a un hombre que respondía a la descripción y lo detuvo para interrogarle. Las pruebas resultantes de las comprobaciones culparon al sospechoso. Edwin Bush confesó y fue declarado culpable.

El «fotofit», más moderno, se introdujo en 1970 y está basado en la superposición de rasgos faciales.

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EL DESENLACE – El fracaso más lamentable

El cuerpo de Lesley Whittle no se descubrió hasta siete semanas después del secuestro. Nueve meses más tarde, el secuestrador fue acorralado tras una comprobación fortuita.

Un día después de la aparición en TV del inspector Booth y Ronald Whittle, la policía se dirigió a Bathpool Park, sin encontrar pista alguna. Dos escolares aparecieron con una linterna que habían encontrado semanas antes en el parque. En un trozo de cinta adhesiva, pegada a la linterna, se leía: «Deje caer la maleta en el agujero». Una prueba clara de que la visita del hermano de Lesley al parque no había sido casual.

Al día siguiente, viernes 7 de marzo, un policía se introdujo en el conducto principal del sistema de alcantarillado. A la luz de su linterna se adivinaba el cuerpo desnudo de una joven suspendida de una cuerda de alambre, cerca de la base del conducto. En la plataforma de arriba se hallaron una serie de objetos. Para los investigadores fue un golpe tremendo. «En mis sueños más salvajes, nunca pensé que él hiciera tal cosa a la chica. Es terrible», declaró el superintendente Booth.

Aunque ya era conocido el nexo entre los asesinatos de Correos y el secuestro de Lesley, se investigaban por separado. Como cuerpo coordinador, el «escuadrón del crimen» de Scotland Yard se encargaba de dar caza a la «Pantera».

Un total de 800 policías se desplazó a Kidsgrove, donde se enclavaba Bathpool Park, para interrogar a la población (22.000 habitantes). El «escuadrón del crimen» instaló en la comisaría de esta localidad su cuartel general, con un contestador especial (ROBOFONO) para las llamadas anónimas.

La mayor esperanza del escuadrón por atrapar a su hombre residía en los objetos que dejó en el alcantarillado: ropas, prismáticos, linterna, lámpara y un colchón de goma espuma idéntico al encontrado en el Morris robado. Pistas prometedoras que conducían a un final trágico.

Los prismáticos procedían de una tienda, donde se encontró que el comprador había rellenado la garantía, que incluía un nombre y una dirección, que resultaron ser falsos.

Era muy difícil conseguir distintivos en los objetos encontrados, que localizaran el origen de la compra. Muchos de los objetos que Neilson dejó esparcidos por el parque fueron recogidos por gente que no reconoció su importancia. Un hombre confesó haber encontrado una provisión de alimentos cerca del alcantarillado. Devolvió las cazuelas pero se había comido los alimentos enlatados.

Prueba significativa fue un dictáfono de bolsillo completo con modelo y número de serie junto a un radiocassette con una cinta grabada con la voz de Lesley. La policía siguió el rastro de los propietarios de las máquinas reproductoras con el número de serie anterior y posterior al encontrado, pero no pudieron hacer más progresos.

Estos también averiguaron que los giros postales de correo estaban hechos en sucursales del norte de Inglaterra, información que se ocultó a la prensa para que el asesino continuara haciéndolos. La gran cantidad de giros postales procesados por Correos hizo perder la pista, hasta que fue demasiado tarde. Una fase complicada de la investigación fue el interrogatorio de todas las personas envueltas en la construcción del alcantarillado de Bathpool Park. La inmensa subcontratación a que se llegó cuando se construyó, hizo que el número de posibles testigos se hiciera tan extenso que la policía se alejó de pistas reales.

Cuatro llamadas telefónicas, grabadas en el contestador de Ronald Whittle con tono arrogante, hicieron creer a la policía que el interlocutor era la «Pantera Negra». Su acento pertenecía a un hombre de color.

Para estimular la memoria de la gente, un actor local condujo por Kidsgrove en el Morris robado y encontrado cerca del almacén de Dudley. Vestido con ropas similares a las de Neilson, se apostó en las cabinas telefónicas y paseó por Bathpool Park.

La reconstrucción se mostró en TV y en 24 horas se recibieron más de 1.000 llamadas que sugerían los nombres de posibles «Panteras Negras». Las personas mencionadas fueron visitadas, pero Donald Neilson no estaba entre ellas.

Había otra razón por la que la policía se empeñaba en atrapar a la «Pantera». Pensaba que mientras permaneciera en libertad, otras personas podían persuadirse de que el rapto con rescate era una forma viable de delito. Y de hecho, a raíz del secuestro de Lesley se produjeron varios intentos, aunque sin éxito.

A finales de 1975, la investigación exhaustiva y masiva de la policía aún estaba lejos de identificar a la «Pantera Negra». Quedaba la esperanza de que volviera a actuar cometiendo un error.

El jueves 11 de diciembre ocurrió. A las 11 de la noche, dos agentes en el interior de un Panda aparcado en Nottinghamshire sospecharon de un hombre que llevaba una bolsa de viaje a la salida del pub «Cuatro Caminos». El sospechoso era Neilson.

Los policías Stuart McKenzie y Tony White le llamaron la atención, preguntándole lo que estaba haciendo esa noche. Donald les dio un nombre falso, contestando que volvía a casa del trabajo.

Cuando McKenzie le pidió que anotara su nombre, Neilson sacó una escopeta de cañones recortados y obligó al otro agente a colocarse en el asiento trasero de su coche. Se sentó junto al primero y le encañonó con la pistola, al tiempo que le ordenaba dirigirse a Blidwoth, un pueblo a nueve kilómetros.

En el camino, White se dio cuenta que durante un segundo la escopeta no apuntaba a su compañero, se abalanzó sobre él y giró hacia arriba el cañón del arma. Cuando el policía frenó el coche, la escopeta se disparó contra el techo del mismo, hiriendo a Tony.

El coche patrulla había parado junto a la tienda de «Fish & Chips». Los policías luchaban con el detenido, cuando dos clientes fueron en su ayuda. Neilson peleó con una fuerza extraordinaria, pero finalmente quedó esposado a una barandilla y posteriormente fue conducido hasta Kidsgrove. Después de 12 horas de intenso interrogatorio, su resistencia cedió y confesó el brutal secuestro de Lesley Whittle.

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Mala publicidad

El superintendente Bob Booth, que dirigía la investigación, fue severa e injustamente criticado por la prensa, por la manera de llevar el caso. Se dijo que debería haberse dado cuenta del peligro que corría la víctima en las primeras 48 horas e iniciado la búsqueda inmediatamente.

Booth intentaba distanciarse de los pasos dados por Ronald Whittle al entregar el rescate para demostrar al secuestrador que la policía no estaba implicada. Pensó que esto protegería la vida de Lesley. Un día después del primer intento de entrega, expertos de Scotland Yard investigaron Bathpool Park, sin encontrar nada sospechoso.

La comedia se mantuvo y Booth y Whittle aparecieron en TV. El hermano parecía irritado y aburrido, señalando que lo único que le interesaba era que su hermana regresara a casa. Esta aparición en un medio de comunicación sólo fue una actuación y los motivos del detective se malinterpretaron.

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Héroe público

Keith Wood, el hombre que derribó a la «Pantera Negra» con un simple golpe de kárate cuando éste intentaba disparar a los dos policías, con anterioridad había sido detenido e interrogado como sospechoso del caso. Wood, de 41 años, estaba esperando en la cola de «Junction Chippie» para comprar la cena del viernes cuando oyó un grito de socorro desde un coche patrulla.

En el interior, un oficial se encontraba herido y otro agarraba desesperadamente los cañones recortados de la escopeta. Wood sacó a Neilson del coche, derribándole con un golpe a la altura del cuello. Otro cliente de la tienda le echó una mano y ambos sujetaron al pequeño forzudo y ayudaron a los policías a encadenarle a una barandilla.

Más tarde, Wood confesó que seis meses antes la policía le detuvo en su casa de Rainworth y fue conducido a la comisaría de Yirby, porque su furgoneta se encontraba en Staffordshire en momentos cruciales. Le tomaron las huellas dactilares y le interrogaron durante varias horas antes de dejarle en libertad.

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MENTE ASESINA – Una máquina de matar

Aparentemente Neilson era un psicópata sin sentimientos. Podía ser fríamente racional, pero un impulso compulsivo lo impulsaba a matar.

Donald Neilson era un astuto criminal con todos los atributos de un psicópata. Sus asaltos a Correos, planificados meticulosamente y la organización llevada en el secuestro de Lesley testificaban su habilidad para pensar fríamente. Al mismo tiempo, era propenso a sentir pánico y a actuar salvajemente sin sentido.

Cuando falló la cita con Ronald Whitlle para recoger el rescate, se llenó de ira y volvió al escondite para matar a Lesley. Su agresividad mostraba que el asesinato a sangre fría no presentaba en él problemas emocionales o psicológicos.

Un dato clave de su conducta residía en una infancia sin cariño, a la que siguió su entrada en el ejército. Sus pobres logros como soldado demuestran el problema que tenía con el aprendizaje. Falló reiteradamente en ejercitar un juicio razonable, siendo incapaz de sacar beneficio de la experiencia.

El problema se repitió en la vida civil, con los reiterados intentos frustrados de montar un negocio. Su futuro en el crimen ya se estaba trazando.

Después de su arresto, Neilson fue examinado por varios psiquiatras y psicólogos. Todo acordaron que tenía una inteligencia superior a la media psicopática y obsesiva. Se mostraba paranoico al aceptar la autoridad de otros y profundamente resentido hacia aquellos que poseían más dinero que él.

Existen muchas características bien definidas del psicópata, pero su psicología no está todavía del todo bien entendida. Aunque Neilson mostró muchos de los rasgos, seguía siendo un misterio. Se dice que ninguna persona en su sano juicio mata de la forma que él lo hizo. Nunca se le consideró legalmente loco, por lo que no pudo alegar menos responsabilidades para mitigar sus acciones.

En las cinco semanas que duraron los dos juicios, en el calor sofocante del Juzgado de Oxford, el hombre que condujo a Lesley a un mundo infernal de cavernas subterráneas y estrechos conductos -un mundo en el que parecía tener éxito- mostró apenas un resquicio de emoción. Sentado rígidamente en el centro de la sala, la audiencia sólo distinguía su cabeza. Impasible y estático, tan sólo una vez perdió el control de sí mismo.

Cuando la grabación de la temblorosa voz de Lesley hizo eco en la silenciosa sala, la «Pantera Negra» lloró abiertamente. En el momento en que se puso de pie para recibir la sentencia recobró la serenidad.

Volviendo sobre sus talones, se marchó con seguridad del banquillo de los acusados y entró en la historia criminal como uno de los asesinos más brutales de la historia de Gran Bretaña.

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El sociópata

En USA al psicópata se le conoce a menudo como un sociópata. Esa descripción enfatiza el vacío emocional y social que crea un estado de la mente capaz de una conducta agresiva, cuya forma más intensa puede ser el asesinato.

Los sociólogos americanos han identificado un número de características del sociópata: imposibilidad para desarrollar relaciones agradables, vida inestable, incapacidad de aceptar responsabilidad por una conducta antisocial y control débil del comportamiento. Por separado o en combinación, tales pautas pueden llevar al crimen.

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Análisis grafológico

La escritura del asesino está dominada por su dura presión y la variación en la inclinación de las letras. Esto sugiere que se excitaba fácilmente y carecía de equilibrio emocional. Físicamente era activo y le gustaba estar en continuo momento, con baja tolerancia de frustración y una necesidad primitiva de gratificación sensual.

La escritura de Neilson también sugiere la necesidad de mantener su vida en orden. Un ser solitario al que le costaba hacer amigos. Probablemente era la clase de persona que se mostraba reacio al reconocimiento del éxito en los demás, siendo el primero en comentar los fracasos. Inconsciente, variable, malhumorado y con unos padres con temperamentos muy dispares.

A «W de pico»: hostil e irascible.

B «Presión dura e irregular»: fácilmente excitable y falto de equilibrio emocional.

C «C mayúscula»: exagerado sentido de la autoimportancia.

D «Mayúsculas separadas de las palabras»: inclinado a actuar instintivamente.

E «Inclinación irregular»: inconsciente, variable y fácilmente excitable.

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EL JUICIO – Cara a cara con la Justicia

Donald Neilson admitió el secuestro de Lesley Whittle, y el asalto a las tres sucursales de Correos, pero negó el asesinato en los cuatro cargos. Cuando se procedió al juicio, sin embargo, las pruebas se amontonaron en su contra.

El juicio de la «Pantera Negra» comenzó en el Tribunal de Oxford, con el calor sofocante de un 14 de junio (1976). Se había elegido Oxford para proveer un jurado sin prejuicios (tarea difícil con un jurado perteneciente al área de acción del detenido). La población de Oxford desconocía la trascendencia del juicio, por lo que no se llenaron las calles de curiosos.

En el interior de la sala, sin embargo, las escenas resultaron escalofriantes. Neilson, ex soldado, hizo una representación extraordinaria. Entraba y salía de la sala con ritmo de marcha, permaneciendo erguido en todo momento. Se levantaba en posición de «firme» para responder a las preguntas, contestando un irascible «sí señor» o «no señor» dirigiendo su mirada a un punto perdido en la ventana, de cara al palco de los testigos.

La base de la defensa en el caso Whittle residía en admitir el secuestro de la joven heredera, negando la acción del asesinato. Neilson aseguró que ella se había caído accidentalmente.

Durante la vista, la «Pantera» tomó numerosas notas y sólo titubeó cuando se oyó la voz de Lesley en una cinta dando las instrucciones del rescate. El acusado, que se había preparado para el juicio haciendo cientos de flexiones diarias, sollozó. Confesó haber planeado liberarla, lo que el Tribunal rechazó sugiriendo que él había decidido matarla desde el primer día. Mientras que el acusado mantenía no haber visto la cara de la víctima durante su sufrimiento, el fiscal recordó la afirmación de Neilson al hablar de Lesley: «vi una mirada de alarma en su cara».

«Si ella hubiera visto tu cara, dijo Phillip Cox, en su alegato de acusación, podría haberla reconocido en cualquier ocasión. No podías permitir que viviera.»

Neilson pensaba que si explicaba los hechos de forma sensata, con precisión militar, el jurado le comprendería y se daría cuenta de que todo había sido un terrible error, un plan maestro fallido por verdaderas razones. Raramente miraba al jurado. Si lo hubiera hecho, habría observado cómo muchos de los integrantes permanecían con la boca abierta mientras explicaba el viaje de Lesley desde su casa hasta el alcantarillado de Bathpool Park, como si se tratara de un hecho cotidiano.

Antes de abandonarla en el conducto, la había maniatado, asegurando que la joven no había dicho nada mientras le colocaba el cordón de alambre en la cabeza y que tampoco había puesto objeción al quitarle el camisón para que pudiera secarse con él. Incluso explicó al Tribunal cómo la policía, en su opinión, había sido muy sabia al reclutar dos hombres de las SAS para darle caza. Después de todo, él había estado preparando el secuestro durante tres años.

Después relató la tercera noche en Bathpool Park, cuando había iluminado a un coche equivocado, al retrasarse Ronald Whittle. Desesperado, pasó 30 minutos de lógica tortura para contar el cómo y el porqué de la muerte de Lesley. Su voz se acentuaba y debilitaba, y sus ojos se llenaban de lágrimas. Pareció perder el control, particularmente cuando el Tribunal insistió en que no tenía más opción que matar a Lesley cuando le falló el plan.

Una de las pruebas más comprometedoras fueron las cintas adhesivas con las palabras «Policía o trucos-muerte». Neilson, inflexible, sostenía que se trataba de una amenaza que no pensaba llevar a cabo. De la misma manera cambió el énfasis de la evidencia, señalando que las razones económicas eran secundarias a la fuga.

Cuando la «Pantera» fue interrogada sobre los asesinatos de Correos, empezó a describir la extensión del plan que había trazado en cada asalto.

Reconoció que se obsesionaba con los detalles cuando planeaba sus crímenes. Salía por las noches con las «herramientas de trabajo» en su bolsa y optaba por las oficinas de Correos porque tenían «dinero del Gobierno». Las prefería porque protegían del ruido y la huida resultaba fácil. Después del asalto, se escapaba a pie campo a través. Solía lavar y desinfectar sus ropas para eliminar el olor de su cuerpo, en caso de que la policía utilizara perros rastreadores. Cuando le era posible interrumpía el rastro cruzando arroyos.

Al describir el asesinato de los tres directores de Correos, se excusó, sosteniendo que la pistola se le había disparado por error.

Donald Skepper había agarrado la pistola, provocando el disparo, aseguró Neilson. Dijo esto, a pesar de la clara prueba del forense que certificó que la pistola se había disparado a unos 60 centímetros de la víctima. Sostuvo lo mismo con el tiroteo de Derek Astin. Esta vez su declaración fue, incluso, menos creíble, porque el cadáver tenía dos orificios de bala de dos pistolas distintas. La primera pistola se había disparado a casi un metro.

Intentó explicar el asesinato de Sidney Grayland y el horrible asalto a su esposa, señalando que pensaba que le estaban atacando dos hombres. En aquel momento no podía ver porque le habían echado amoníaco en los ojos. Falló, sin embargo, al comentar cómo unos minutos más tarde pudo entrar en la caja fuerte y robar 800 libras.

Donald Neilson fue declarado culpable del asesinato de los tres directores de Correos y de Lesley Whittle y acusado también de los daños corporales causados a la señora Grayland, con intento de poner su vida en peligro. El juez, Mars-Jones, no fijó un mínimo de años de prisión en la sentencia.

«En su caso “de por vida” debe significar “de por vida”. Si alguna vez le liberan de prisión, deberá ser solamente por vejez o enfermedad.»

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El coche Panda sospechoso

Una revelación importante en el juicio supuso la declaración del superintendente Booth que dijo haber visto un Panda azul de la policía en Bathpool Park con las luces encendidas durante la tercera y crítica noche de operación de salvamento. Ocurrió antes de que Ronald Whittle llegara para hacer la entrega del rescate y mientras Donald Neilson controlaba el parque con sus prismáticos.

El detective había dado instrucciones a todas las unidades, para que se mantuvieran fuera de las proximidades del lugar señalado, pero esta automóvil cruzó los límites, siguiendo la ruta exacta que había dado el secuestrador y tomando nota de las matrículas de los vehículos sin señalización de la policía. Booth creía que su presencia hizo sentir pánico a Neilson y regresó con urgencia al conducto de la alcantarilla, asesinó a Lesley y escapó.

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Cambiando de guarida

Poco tiempo antes de su arresto, Neilson ya trataba de vender su casa de Grangefield, en Bradford, por 6.300 libras. No permitía el acceso de ninguna agencia y los vecinos no pudieron atraer a más de una persona para que visitara el piso. La «Pantera Negra» tenía intención de mudarse a Pudsey, un pequeño pueblo entre Bradford y Leeds, donde había elegido una casa a muy buen precio.

Un vecino recordaba una invitación a su casa, diez años antes del arresto. «Solía ponerle el apodo de “Castro”, dijo el señor Walker, por sus ropas militares y el jeep que conducta. A diario hacía footing con un paquete sobre la espalda para mantenerse en forma. En una ocasión, me dijo que su película favorita era Por un puñado de dólares

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Conclusiones

La Pantera Negra, película basada en las hazañas de Neilson, se estrenó en 1978. Representaba su papel Donald Sumpter

La casa de Bradford de la «Pantera» permaneció vacía durante casi tres años. En 1979, el ex soldado Jack Hiley la compró por 6.000 libras. Aunque se habían retirado todos los vestigios de la familia, los Hiley encontraron aun las firmas de Neilson, su esposa y su hija en una pared, que en seguida empapelaron.

En 1984, Bob Booth, que había dirigido la investigación policial, escribió un artículo en la prensa aclarando su participación y detallando los hechos que, a su juicio, condujeron a la muerte de Lesley: permitir que se hicieran públicas las noticias del secuestro, la aparición de un coche Panda de la policía en Bathpool Park, en contra de las órdenes, y la equivocación de algunos detectives de Scotland Yard, que buscaron en sitio erróneo pistas que más tarde encontraría la gente por casualidad.

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Fechas clave

  • 16/02/72 – Leslie Richardson, herido en el asalto a la oficina de Correos de Heywood.
  • 05/72 – El Daily Express publica la historia de Whittle.
  • 15/02/75 – Asesinato de Donald Skepper, en Harrogate.
  • 06/09/74 – Asesinato de Derek Astin, en Higher Baxenden.
  • 11/11/74 – Asesinato de Sidney Grayland, en Langley.
  • 14/01/75 – Lesley es secuestrada en su habitación.
  • 15/01/75 – Gerald, tiroteado en el depósito de mercancías de Dudley.
  • 16/01/75 – Intento de entrega del dinero del rescate.
  • 17/01/75 – Muerte de Lesley.
  • 23/01/75 – Se descubre en el almacén de mercancías de Dudley el Morris 1300 robado.
  • 05/03/75 – Se enfrentan en TV Ronald Whittle y el inspector Booth.
  • 07/03/75 – Se descubre el cuerpo de Lesley.
  • 26/04/75 – El comandante Morrison emprende una segunda investigación.
  • 11/12/75 – Captura de Neilson en Nottinghamshire.
  • 13/12/75 – Neilson confiesa el secuestro.
  • 14/06/76 – Comienza el juicio en el Tribunal de Oxford.
  • 21/07/76 – Neilson condenado a cadena perpetua.

 


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