La desaparición de Gloria Martínez

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Gloria-Martinez-Ruiz
  • Clasificación: ¿Homicidio negligente?
  • Características: La joven, con problemas de insomnio y anorexia, desapareció de la clínica «Torres de San Luis» tras haber recibido cuatro dosis de 75 miligramos de los sedantes Haroperidol, Sinogan y Largactil
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 29 - 30 de octubre de 1992
  • Perfil de las víctimas: Gloria Martínez Ruiz, de 17 años
  • Método de matar: ¿Sobredosis de medicamentos?
  • Localización: L'Alfàs del Pi, Alicante, España
  • Estado: La Audiencia Provincial de Alicante condenó en 2008 a la psiquiatra María Victoria Soler Lapuente y a la mercantil Zopito S.A.L., propietaria de la clínica «Torres de San Luis», a indemnizar con 104.000 euros a la familia de Gloria Martínez Ruiz en concepto de daños morales. El cuerpo de la joven continúa en paradero desconocido
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Gloria Martínez, paradero desconocido

Crimenycriminologo.com

1 de mayo de 2012

Como hemos podido ir comprobando en esta sección de desaparecidos, muchos de estos sucesos son auténticos misterios para todos los investigadores. Un intento de resolver un puzzle sin disponer de todas sus piezas. Sin lugar a duda una de esas enigmáticas desapariciones es la de Gloria Martínez Ruiz en el año 1992. La joven, que contaba solo con 17 años de edad, se esfumaría de la clínica «Torres de San Luis» en el municipio Alicantino de Alfaz del Pi. Su paradero a día de hoy sigue siendo todo un enigma.

El complejo «Torres de San Luis» era destinado a pacientes estresados, curas de reposo y demás patologías no severas. Se encontraba en pleno campo, lejos del mundanal ruido, con amplias instalaciones. Gloria ingresó en la mañana del 29 de octubre de 1992. La joven estaba pasando por problemas de ansiedad y alimentación que a menudo le entorpecían el sueño. La doctora Soler, psicóloga que trató a la menor, fue la que recomendó a sus padres el internamiento de Gloria en el complejo.

En la madrugada del 30 de octubre de 1992, tan solo unas horas después de su ingreso, la joven desaparecería sin dejar rastro. Las dudas y entresijos de esta misteriosa desaparición estaban servidos. Los responsables del centro aseguraron que la chica estaba atada en su cama cuando solicitó ir al servicio, momento en el que aprovechó para empujar a la enfermera, saltar una valla y fugarse. Pese a que el suceso tuvo lugar a la una y media de la madrugada no se avisó a la policía y a la familia hasta pasadas las ocho de la mañana. Siguiendo estas declaraciones, la desaparición podría haberse tratado desde el punto de vista de una fuga voluntaria. Y así se hizo durante varios años. Era una explicación más que razonable: Gloria no quería estar en la clínica, se puso nerviosa y se fugó de allí. Sin embargo, todo apunta a que algo más grave sucedió entre los muros de «Torres de San Luis» y que la menor nunca se fugó.

La finca, donde se encontraba esta clínica, estaba rodeada totalmente por una valla que alcanzaba entre los los dos y cuatro metros de altura según la desigualdad del terreno. Gloria tenía una miopía de 8 dioptrías en cada ojo, por lo que debía utilizar gafas para poder ver con normalidad. Estudios grafológicos realizados en la propia clínica indicaban que la menor, sin duda, que estaba fuertemente sedada. La reconstrucción de los hechos corroboró este estudio. El personal sanitario inyectó hasta en tres ocasiones una mezcla de sedantes a la paciente. Por ello, parece impensable creer que Gloria pudiese fugarse voluntariamente de la clínica. Recopilando información, Gloria se fugaría sin sus gafas, por lo que sólo podría ver sombras y colores borrosos, e incluso esto se descarta debido a que era la una y media de la madrugada y como se puede comprobar en el calendario lunar de 1992 no había luna llena que pudiese iluminar el camino.

Otro aspecto importante es que la menor se encontraba fuertemente sedada, por lo que la pregunta de: ¿cómo pudo Gloria saltar varios muros de la clínica, atravesar los jardines y saltar una valla que medía aproximadamente dos metros, en plena noche, sin luz, sin luna llena, sin sus gafas y fuertemente sedada? La respuesta parece tener fácil respuesta: Gloria no pudo fugarse de la clínica voluntariamente. Los investigadores no encontraron evidencia alguna de que la menor escapase como había indicado la enfermera. Ausencia de pisadas, jardín intacto, ausencia de huellas en la pared, etc.. La declaración de un jardinero rumano que formaba parte del servicio no hizo más que aportar más dudas al caso. El hombre declaró que la auxiliar había ido a buscarle porque Gloria se había puesto violenta, lo que le extrañó, porque horas antes estuvo con ella y su estado era de lo más normal. También aseguró que tras oír un grito acudió a la habitación de Gloria y se ofreció para salir a buscarla inmediatamente, algo que la ATS de la clínica le impidió.

En 1994 se ordenó limpiar los numerosos cañaverales que había por los barrancos de la zona, drenar pozos ciegos y la limpieza de matorrales. También se ordenó un registro exhaustivo de la clínica, incluyendo el vaciado de la fosa séptica. Allí encontraron una bolsa con pertenencias de la chica; ropa interior y un cinturón. La enfermera entonces indicó que la menor se había orinado encima y tuvo que cambiarle la ropa.

En 1999 una nueva pista dio esperanza a la familia Martínez Ruiz. Una persona confiesa en una carta anónima haber visto en Tibi (L”Alcoià) a Gloria Martínez pocas horas después de su desaparición. Según afirma, vio a Gloria Martínez a la salida de la casa de una «enfermera joven y flaquita» que vivía con otra mujer. La carta detalla como, supuestamente, las mujeres sacaron a la muchacha de la vivienda. «Vimos a la chica más alta, Gloria, salir con ellas como desmayada, y nos dijeron que la llevaban al hospital». La remitente justifica el silencio de estos años en una recomendación de su marido de que no hablara del caso porque no era asunto suyo.

Una de las hipótesis que se barajan es que aquella noche la auxiliar y enfermera pudieron excederse con los calmantes y terminaron con la vida de la chica. El sedante Largactil es un fármaco antipsicótico y neuroléptico que fue inyectado a Gloria y es uno de los productos y métodos más comunes para el suicidio, por lo que si se excedieron con este fármaco pudieron terminar con la vida de Gloria. Esta hipótesis se podría desechar si se toma como cierta la carta anónima enviada en 1999.

El juzgado de primera instancia número cinco de Alicante condenó a la doctora Soler y a la mercantil Zopito S.A.L., propietaria de la clínica Torres de San Luis, a pagar solidariamente 60.000 euros por daños morales a la familia de Gloria Martínez. Pero lo mas importante del caso es que Gloria a día de hoy aun sigue en paradero desconocido y sólo se puede esperar que este difícil puzzle llegue a resolverse.


Ni una pista fiable en siete años de búsqueda

L. D. M. – El País

8 de septiembre de 1999

Ni una pista fiable después de casi siete años. Gloria Martínez Ruiz desapareció la madrugada del 30 de octubre de 1992 de la clínica psiquiátrica Torres de San Luis, en L’Alfàs del Pi. Llegó pocas horas antes, de la mano de sus padres. Allí quedó ingresada, al menos hasta la 1.30 horas de la madrugada, cuando arrancó el misterio.

Los responsables de la clínica se apresuraron a comunicar que la joven había escapado tras burlar la vigilancia de las enfermeras. Saltó un muro y se perdió en la oscuridad de la noche, aseguraron. Los padres nunca han creído esa versión. Llevaron ante los tribunales a los titulares de la clínica, pero la falta de pruebas aconsejó a los jueces el archivo de la causa.

Tras la extraña desaparición, la Guardia Civil y cientos de voluntarios escrutaron una y otra vez las inmediaciones de la clínica. Ni rastro. En julio de 1993 se removieron los vertederos incontrolados de La Nucía, localidad próxima al centro sanitario. Ni una huella. Antes, el 23 de marzo, el juez había ordenado la reconstrucción del caso. De poco sirvió, salvo para constatar que la joven estuvo atada a la cama de pies y manos durante las primeras horas de internamiento, y para verificar que a Gloria le inyectaron durante esa noche cuatro dosis de 75 miligramos de potentes sedantes (haroperidol, largartil y sinogal [Haloperidol, Largactil y Sinogan]). Con el paso del tiempo las investigaciones se diluyeron hasta su archivo, en octubre de 1996.


Una testigo dice que vio cómo sacaban a Gloria Martínez de una casa de Tibi tras su desaparición

Joaquín Pérez – El País

8 de septiembre de 1999

La Guardia Civil de Alicante desempolvó ayer los carteles con la imagen de Gloria Martínez, la joven que desapareció misteriosamente en octubre de 1992 de la clínica Torres de San Luis de L’Alfàs del Pi (Marina Baixa). La reactivación del caso se produce después de que una testigo anónimo haya asegurado que vio cómo sacaban a la joven de una vivienda de Tibi (L”Alcoià) horas después de que se denunciara su desaparición. Tras años sin pistas fiables, esta carta anónima, que llegó a manos del abogado de la familia de Gloria, ha llevado a la Fiscalía de Alicante a realizar nuevas indagaciones.

A mediados del mes de julio, una carta manuscrita, con matasellos de Sant Vicent del Raspeig (L’Alacantí) y sin remitente, llegó al despacho del abogado ilicitano Antonio Martínez Camacho, encargado del caso de la extraña desaparición de la joven. En la misiva, una persona confiesa haber visto en Tibi (L’Alcoià) a Gloria Martínez pocas horas después de su desaparición.

Según afirma la testigo, vio a Gloria Martínez a la salida de la casa de una «enfermera joven y flaquita» que vivía con otra mujer. El manuscrito detalla cómo, supuestamente, las mujeres sacaron a la muchacha de la vivienda. «Vimos a la chica más alta [supuestamente Gloria] salir con ellas como desmayadita, y nos dijeron que la llevaban al hospital». «Desde que ocurrieron los hechos, en 1992, he tenido en mi conciencia el picudo sufrimiento del callar», asegura la remitente del escrito, que concluye con un «lo siento» y justifica el silencio de estos años en una recomendación de su marido de que no hablara del caso porque no era asunto suyo.

El letrado, según declaró ayer, introdujo la carta en un sobre de protección «para no borrar las huellas», y lo remitió al juzgado de Benidorm, que no le hizo caso, y a la Guardia Civil. Martínez Camacho, que asegura haber decidido «no decir nada» a los medios de comunicación para no obstaculizar la investigación, admite su «sorpresa» por la falta de iniciativas por parte del juzgado benidormí hasta el momento, ya que en el documento se da un nombre y datos sobre el lugar donde supuestamente se vio a Gloria Martínez.

Pese a ser cauto sobre el contenido de la carta, el abogado ilicitano afirma que es la «única» pista que hay para seguir en el caso. «Mientras esté abierto tenemos esperanzas», consideró Martínez Camacho, quien augura que de cerrarse la causa, la trágica desaparición de la joven «terminará en el olvido». La anónima remitente, tras justificar que mantuviera la información en secreto durante siete años, cree que se trata de un asunto peligroso pero acepta hablar ahora para que la familia de Gloria «no sufra más».

Tanto en la Fiscalía de Alicante como en la Comandancia de la Guardia Civil se registró ayer movimiento al trascender la noticia de la misteriosa testigo. Los carteles con la imagen de Gloria, que durante varios años han dado la vuelta al mundo, se desempolvaron, y las gestiones para dar con el paradero de la joven se han intensificado. Los padres de Gloria, Álvaro Martínez e Isabel Ruiz, indicaron que conocieron el contenido de la carta hace dos meses, aunque no han dicho nada públicamente para no interferir la investigación. «Pedimos que se investigue esa pista, porque es la única novedosa», señaló Isabel Ruiz. «Dentro de la desgracia es el único rayo de luz», apuntó la madre. La investigación «debe estar permanentemente abierta mientras no aparezca mi hija», añadió. Los padres tienen previsto entrevistarse en breve plazo con el presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, para pedirle que no se olvide del caso.


Condenada a 60.000 euros la médico del centro del que escapó Gloria Martínez

Gema Peñalosa – Elmundo.es

10 de abril de 2008

El paradero de Gloria Martínez sigue siendo un misterio dieciséis años después de que desapareciera de un centro médico L’Alfàs del Pi. La madrugada del 30 de octubre de 1992 la tierra se la tragó. No ha vuelto a haber noticias suyas. Los meses y los años sin pistas hicieron a sus padres volver la mirada hacia los tribunales y ahora ha llegado la primera sentencia sobre el caso.

Consideraron que hubo negligencia por parte de los responsables de la clínica de la que Gloria se esfumó. Un juez les ha dado la razón y ha condenado a pagar 60.000 euros a la psiquiatra y responsable del centro Torres de San Luis de L’Alfàs, María Victoria Soler, y a la empresa que administraba el centro médico. La sentencia absuelve al gerente de la clínica.

El fallo, facilitado por el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunidad Valenciana, depura responsabilidades sobre la extraña desaparición de la joven. Gloria Martínez había ingresado en la clínica por prescripción de la psiquiatra ahora condenada.

La facultativa le diagnosticó un síndrome «con un cuadro psicótico agudo caracterizado por alteraciones de la afectividad, trastornos del pensamiento, alucinaciones auditivas, reacciones de pánico, ansiedad generalizada e insomnio».

En la sentencia, el magistrado recalca que, a la vista de esta patología, el centro en el que fue internada «no era adecuado para llevar a cabo un ingreso psiquiátrico de estas características. Clínica Torres de San Luis no era más que un centro de relax y anti estrés (…), padecimientos en ningún caso equiparables al diagnóstico de la doctora».

Máxima responsable de sus pacientes

Además, reivindica que de estas condiciones la doctora Soler era «perfectamente consciente en su condición de máxima responsable de sus propios pacientes». Eso en cuanto a las condiciones de la clínica. Después, el fallo abunda en la actuación de la psiquiatra desde el ingreso de la joven. La mañana antes de desaparecer, nada más ingresar, Gloria se alteró «de forma significativa cuando sus padres abandonaron el centro».

«El episodio que determinó por la noche la fuga de la joven estuvo a punto de producirse ya en la mañana cuando una auxiliar se vio obligada a impedirle por la fuerza abandonar la habitación y teniendo que pedir ayuda para reducirla y calmarla». Acudieron varias personas, entre ellas la doctora condenada, y «fue necesario emplear la fuerza física para conseguir inyectarle la medicación y sujetarla a la cama».

Por tanto, continúa la sentencia, los peligros que Gloria corría en un centro no adecuado se hicieron patentes esa misma mañana. «Tener a la joven permanentemente atada a la cama no era la solución correcta. Debió ser trasladada a un centro adecuado», insiste.

Gloria se calmó hasta que por la noche tuvo un nuevo brote. La doctora ya no estaba. Había dos auxiliares que accedieron a desatarla para que fuera al aseo. Al parecer, su estado era tal que una de las auxiliares tuvo que ir en busca de ayuda para contenerla. Después, según el fallo, la joven consiguió zafarse de su cuidadora y se escapó. Desde entonces, nada se sabe de ella.

Por último, la sentencia indica que «cuando un paciente ingresa en un establecimiento psiquiátrico (aunque en este caso no lo fuera se le hizo funcionar como tal) surge un deber legal de custodia sobre el interno con objeto de evitar los males que de su incontrolada conducta puedan seguirse.

Según el fallo, «la obligación de custodia de los enfermos por los vigilantes hospitalarios está fuera de toda duda», en relación a la empresa que administraba el centro médico del que desapareció en octubre de 1992.


La Audiencia eleva la indemnización por la desaparición de Gloria Martínez a 104.000 e [euros]

José Antonio Martínez – Diarioinformacion.com

17 de diciembre de 2008

La Audiencia Provincial ha elevado de 60.000 a 104.000 euros la indemnización que la Clínica de Alfaz del Pi donde desapareció la joven Gloria Martínez tendrá que pagar a los familiares de la menor, según el fallo. La sentencia considera que el sufrimiento causado a la familia es equiparable, e incluso superior, al que hubiera provocado su muerte. Asimismo, reitera que las insuficientes medidas de seguridad provocaron que la joven pudiera escaparse , sin que desde entonces se hayan tenido noticias de su paradero. Asimismo, el fallo confirma la absolución al gerente de la clínica, porque éste sólo desempeñaba funciones administrativas y no tuvo responsabilidad.

La joven Gloria Martínez desapareció de la Clínica Torres de Alfaz del Pi la madrugada del 29 al 30 octubre de 1992 y su paradero continúa siendo un misterio. La misma tarde de su ingreso había sufrido una fuerte crisis nerviosa que obligó a mantenerla sedada. La indemnización deberá ser abonada por la empresa de la Clínica, Zopito S. L., así como por la psiquiatra que ordenó el ingreso de la joven, también socia de la mercantil.

El pleito se ha desarrollado por la vía civil, una vez que las diligencias penales quedaron archivadas el 30 de marzo del año 2000 al no encontrarse pistas del paradero de la joven. En este tiempo, la clínica dejó de funcionar y el juez ha tenido dificultades para localizar a los testigos. El juzgado de Primera Instancia número cinco de Alicante condenó a la clínica a indemnizar con 60.000 euros en abril, en una sentencia que fue recurrida ante la Audiencia Provincial. La familia de Gloria reclamaba, a través de su abogado Antonio Martínez Camacho, una indemnización mayor.

«La desaparición ha supuesto para la familia una tragedia que podrían entenderse como equivalente a la muerte de la menor pero que en realidad es de mayor sufrimiento, porque ha prolongado la situación de incertidumbre y el efecto que la búsqueda a lo largo de estos años ha desencadenado en la personalidad, la convivencia y la vivencia general de la familia más cercana», dice el fallo, que también incide en la falta de medidas de seguridad de la clínica. El centro «no reunía las condiciones apropiadas para una enfermedad como la diagnosticada», señala.


20 años sin Gloria Martínez, la niña desaparecida en una clínica alicantina

ABC.es

30 de octubre de 2012

Los padres de Gloria Martínez, la joven desaparecida hace ahora 20 años en una clínica de Alfás del Pi (Alicante), han pedido hoy a los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado que no olviden el caso y han subrayado el dolor que desde hace dos décadas mantienen por no saber dónde está la niña.

«Para nuestra desgracia, la investigación ha fracasado hasta el momento», ha afirmado en declaraciones el padre de la joven, Álvaro Martínez, quien, no obstante, ha agradecido la atención que tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional han venido prestando a este caso.

«Son ya 20 años sin nuestra hija, de no saber dónde está o qué fue de ella», ha dicho Álvaro, quien no ha ocultado su bajo estado de ánimo, «especialmente cuando llegan estos días», en referencia a la desaparición de su hija, ocurrida el 29 de octubre de 1992.

Partidario de mantener vivo el caso de Gloria a través de constantes visitas a los responsables de los Cuerpos de seguridad, Álvaro ha asegurado que desde aquella fecha se sigue preguntado por qué dejó a su hija en aquella clínica.

«Aquí no se puede quedar nadie para acompañarla. Es lo que nos dijeron cuando la ingresamos. Aún me sigo preguntando por qué y por qué la dejamos», ha relatado Álvaro.

Gloria Martínez, que contaba entonces con 17 años, desapareció de la clínica «Torres de San Luis» donde horas antes había sido ingresada por sus padres al presentar un posible cuadro de depresión.

Los padres fueron avisados de Jla [la] huida» de Gloria de la clínica alrededor de las ocho de la mañana, seis horas después de que el centro iniciara su propia búsqueda al no hallar a la niña en su habitación, según ha recordado Álvaro.

Atada a la cama

«A mi hija la ataron a la cama y le dieron una medicación con la que ni pudo saltar el muro de la clínica ni salir corriendo de allí», ha añadido el padre en referencia a lo que recoge el sumario.

Desde aquel día y hasta la fecha, investigaciones, rastreos sobre el terreno, declaraciones judiciales del personal de la clínica, análisis de objetos personales de Gloria y hasta informes de videntes no han logrado aportar datos sobre lo que le ocurrió a Gloria Martínez.

Cerrada ya la vía penal, los padres recibieron una indemnización vía civil que «ojalá -afirma Álvaro- nunca hubiéramos tenido que coger, pues indicaría que hoy nuestra hija estaría con nosotros».

En este sentido, agregó que el expediente judicial ha sido visto por innumerables magistrados y ha pasado por distintas instancias de la Administración de Justicia a lo largo de estos años, «sin que se pueda avanzar o aportar nuevos datos».

Asimismo, también han sido numerosos los efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil que han trabajado en el esclarecimiento de este caso, en cuyas pesquisas llegó a colaborar el comisario que resolvió el caso de la desaparición de la joven Ana Isabel Segura.

«Como padres queremos que nuestra hija aparezca. Son ya 20 años sin ella», ha reiterado el padre de Gloria Martínez.

 


AUDIO: EL CALLEJÓN DE LAS SOMBRAS – GLORIA MARTÍNEZ RUIZ


 

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