La desaparición de Aurora Mancebo

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Aurora-Mancebo-Leiros
  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: Desaparición forzada - La víctima fue vista por última vez en compañía de Edgar Mauriz Granell, un joven de 18 años que había estado en tratamiento psicológico por abuso de drogas. Doce días después, un vecino encontró la ropa de Aurora en un descampado. También apareció una Biblia que la joven había pedido prestada a sus padres días antes
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 27 de febrero de 2004
  • Perfil de las víctimas: Aurora Mancebo Leirós, de 24 años
  • Localización: Tarragona, España
  • Estado: Edgar Mauriz fue detenido en abril de 2005 y acusado de homicidio. El arresto fue posible tras la declaración del otro imputado, Juan José Rico Castaño, quien manifestó que Edgar le había contado que Aurora murió de repente y la había enterrado en una finca de El Morell. El sospechoso principal estuvo en prisión preventiva hasta el 2 de julio de 2005
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Los «ángeles» se ocuparon de Aurora

Mónica Ceberio Belaza – El País

23 de agosto de 2009

«Adiós, me voy. Vuelvo en un rato». Aurora Mancebo salió de su casa la noche del 27 de febrero de 2004. Tenía 24 años. Nunca regresó. No se llevó bolso, ni dinero, ni móvil, ni tarjeta de crédito, ni carné de identidad. Nada. Sólo una Biblia escondida en un foulard. Un vecino que paseaba al perro encontró su ropa doce días más tarde, en un bosque solitario. Había manchas de sangre en el cuello y una manga del abrigo, y el interior de los botines. La Biblia estaba junto a las prendas. Es el último rastro que queda de Aurora.

Llevaba una vida muy tranquila. Residía con sus padres en una urbanización de chalets en las afueras de Tarragona. Salía poco. Se estaba recuperando del estrés postraumático que acarreba [acarreaba] desde hacía años. A los 16 tuvo un novio, el chulo del instituto, que la maltrataba. Cuando la relación terminó, la nueva novia del chico se encontró con Aurora en la calle y le dio una paliza. Él se quedó mirando y jaleando a su amiga. Fueron condenados, pero no ingresaron en prisión. Tampoco pagaron la indemnización que les impuso el juez. Este episodio cambió para siempre la vida de Aurora. Necesitó tratamiento psiquiátrico -por el que engordó casi 50 kilos- y psicológico. Se encerró en sí misma, dejó los estudios. Tenía miedo.

Todo empezó a mejorar un par de años antes de su desaparición. Había adelgazado, comenzaba a salir de nuevo, dejó de fumar, buscaba un trabajo. A mediados de febrero le dijo a su psicóloga que su vida «había cambiado mucho». Estaba muy ilusionada. Aurora solía escribir textos en su ordenador. En el último hablaba de unos «ángeles» que había conocido y que la estaban ayudando. «No soy yo, son esos ángeles», decía. «No quiero vivir pero lo haré. A vivir que son dos días». Por los diarios, parece que Aurora pensaba que sus años de martirio habían terminado y que, en el fondo, lo que había padecido la había hecho más fuerte y mejor. «Y de un cardo saldrá una flor», escribió la última vez.

Las investigaciones policiales se han centrado en sus últimos días: quién la vio, dónde y haciendo qué. ¿Quiénes eran esos «ángeles»? Esa semana, la joven salió mucho, lo que no era habitual. Desapareció un viernes. El lunes anterior, su amigo Fidel la recogió a la una de la madrugada y la llevó a una cervecería céntrica. Pero ella quería ir a la zona de ocio del puerto deportivo. Insistió mucho. Le dijo que, si no la llevaba, iría por su cuenta. Fidel, mayor que ella y amigo de toda la vida, que había sido en los últimos tiempos una especie de padre protector para Aurora, acabó acompañándola.

En el puerto deportivo, frente a los muelles, varios disco-pubs con música alta y estruendosa abren hasta el amanecer: Splash, Vogue, Cayo Largo. Aurora llevó a Fidel a La Gioconda, un local con luces fucsia y rojo y bolas de discoteca plateadas. Las paredes están repletas de reproducciones sui generis de la Mona Lisa de Leonardo. Algunas aparecen fumándose un porro; otras tienen la cara de Michael Jackson, la de Mr. Bean…

Cuando llegaron a La Gioconda, Aurora se separó de Fidel. Salía y entraba del local. Se puso a hablar con un joven alto, moreno y delgado a quien parecía conocer. Sobre las tres, le dijo a Fidel que podía irse, que su amigo iba a llevarla a casa. Él, preocupado, se quedó unos 20 minutos más, vigilando a distancia. Después, se marchó. El joven con el que la vio lo niega todo. Dice que no la conocía de nada y que habló con ella tan sólo cinco minutos aquella noche. Se llama Edgar y lleva cuatro años imputado por el homicidio de Aurora.

Edgar tenía 18 años entonces. Era un chaval que había recibido de forma intermitente tratamiento psicológico. Vivía en casa de su abuela materna en el pueblo de El Morell, a 11 kilómetros de la capital. Un año antes de la desaparición de Aurora fue atendido en un centro de salud mental en el que le hicieron este diagnóstico: «El paciente presenta un transtorno mental no especificado, provocado por drogas y abuso de cannabis. En la evaluación psicológica no se obtienen resultados concluyentes por la poca sinceridad en las respuestas, con un intento deliberado de dar una buena imagen de sí mismo».

Trabajaba por las tardes en Leman, una cafetería del centro. Como no madrugaba, era un habitual de la vida nocturna del puerto deportivo. Ese lunes llegó allí con cinco compañeros de trabajo. Dice que Aurora sólo se le acercó para pedirle que la llevara en coche a casa, pero que él tenía que acercar a su novia.

Las declaraciones de los testigos contradicen su versión. El encargado de Leman ha declarado que Edgar le dijo que la chica con la que había estado hablando, Aurora, era «la novia o ex novia de un amigo suyo». Una de las compañeras que llegó con Edgar al puerto deportivo esa noche también asegura que le comentó que se había «encontrado con una amiga». La psicóloga que trató a Aurora durante siete años cree que es casi imposible que ella se quedara a solas con un desconocido y quisiera subirse en su coche. Además, un trabajador de La Gioconda y otro del Vogue recuerdan haberlos visto juntos -y solos-, esa noche, y montados en el Seat Ibiza rojo de Edgar. Uno de estos testigos recuerda que Aurora le habló de «ángeles» y de «luces celestiales». El otro asegura que Edgar le comentó que «ahora» iba de «ángel protector», según consta en las diligencias policiales.

Al día siguiente, Aurora mandó unos SMS a sus dos mejores amigos, Fidel y Juanjo. A Fidel le escribió: «¿Estás enfadado? Me fui sola, pero me lo pasé tan bien. He conocido la ternura en esos ángeles, y me han devuelto la vida». A Juanjo le puso: «Conocí a tus amigos. Había cuatro gays que de gays no tenían nada». Ante la policía, Juanjo ha asegurado que no sabe a quiénes se refiere y que él no conoce a Edgar.

El jueves volvió a salir, por la mañana. Volvió a mediodía con un ramo de flores silvestres para su madre. No dijo dónde había estado, pero los padres encontraron después, en su cámara, una especie de reportaje fotográfico de la jornada. Había estado paseando por el campo. «Alguien la acompañó, seguro», opina su padre, José Luis Mancebo. «Reconstruimos el camino y no se podía hacer a pie. Otra persona tuvo que llevarla en coche. Además, ese día llovía mucho y ella regresó completamente seca».

El viernes desapareció. Pasó todo el día en casa. Anuló una cita con su endocrino, se dio un baño de dos horas y estrenó un conjunto de ropa interior que le había regalado su familia meses antes. Por la noche comió algo, poco, y se marchó sobre las 21:30. La policía sostiene que estuvo esa última noche con Edgar. Él libraba los viernes. Tres testigos los vieron juntos en el puerto deportivo. Uno de ellos dice que estaban «acaramelados» y que parecían una pareja. Edgar asegura que ese día no salió de su casa. Pero hay llamadas desde el teléfono fijo de su casa a su móvil a las 20:36, a las 6:28 y otras dos a las 7:45.

Los padres de Aurora empezaron a buscarla esa misma noche. El sábado acudieron a la policía, que creía que la chica se había marchado sin más. El 10 de marzo, 12 días después, aparecieron sus ropas en un descampado de difícil acceso, a unos cuatro kilómetros de la casa de los Mancebo. Parece que habían sido colocadas allí poco tiempo antes. Esos días había llovido mucho y, sin embargo, la ropa no parecía haber sufrido las inclemencias de 12 días a la intemperie. Todos los rastros habían sido borrados. Una botella de cristal con arena de colores que apareció en el interior de uno de los bolsillos del abrigo no tenía ni siquiera las huellas de Aurora.

Se encontró una Biblia junto a la ropa. El hallazgo extrañó a los padres, que no son religiosos. Tampoco lo era ella. Quince días antes de desaparecer les había preguntado si había alguna en la casa, y le habían dejado una antigua y bonita que les habían regalado en su boda. En su agenda había escrito que debía «leer las Sagradas Escrituras».

Durante un año la investigación avanzó poco. En abril de 2005, la policía volvió a llamar a declarar a los compañeros de Edgar en la cafetería Leman, donde éste ya no trabajaba. En esos días llamó insistentemente a Juan José, uno de los camareros. Hacía nueve meses que no se veían ni hablaban. Una tarde le llamó 43 veces por teléfono. Al final, logró localizarlo:

– Tengo ganas de hablar, tío, para … ¿me entiendes?

– ¿De qué?

– Tengo ganas de hablar, que hace tiempo que no lo hacemos

– Mañana por la tarde. ¿Del curro?

– También

Quedaron. La policía -que tenía pinchados los teléfonos- interrogó después a Juan José, que acabó incriminando a Edgar. Dijo que su amigo le contó que había estado con Aurora la noche en la que desapareció, que ella había muerto de repente mientras mantenían relaciones sexuales en su coche, que él se había asustado y que la había enterrado en El Morell. Describió a la perfección cómo era la zona a pesar de que nunca había estado allí. También sabía, a pesar de que el dato no era público, que el lunes anterior Aurora había cogido de madrugada un autobús en el centro para volver a casa. Edgar la había llevado a la parada.

El cadáver, sin embargo, no apareció. Durante semanas se buscó el cuerpo por El Morell con las indicaciones del testigo. Sin éxito. El juez llamó a declarar como imputados a Edgar y a Juan José. El primero fue a la cárcel. Pasó dos meses y medio en prisión preventiva y salió en libertad bajo fianza. En su coche había manchas que parecían de sangre, pero habían sido limpiadas de forma concienzuda. No había rastro de ADN.

En junio de 2006 apareció un nuevo e importante testigo. Un chico que chateba habitualmente con Edgar en el portal gay chueca.com y que había quedado con él un par de veces en el puerto. Fue a declarar porque reconoció a Aurora en las fotos de la prensa. La había visto con Edgar en noviembre de 2003. El testigo contó, además, que Edgar tenía un especial interés por el «esoterismo y la magia negra» y que le hablaba «del diablo, de puertas oscuras, de una estrella de cinco puntas, de sacrificios». Le gustaban la violencia y el sadomasoquismo.

La familia está convencida de que durante los primeros meses la policía dejó escapar demasiadas pruebas. «Hasta que no llegó la Unidad Central de Homicidios y Desaparecidos no se empezaron a hacer bien las cosas», dice la madre, María Dolores Leirós. «Antes, ni se interrogó en condiciones a Edgar y a sus amigos, ni se buscaron los vídeos de las cámaras del puerto durante esos días. Nada de nada. La policía de Tarragona creía que Aurora se marchó porque quiso. Cuando se hicieron cargo los de Madrid, que han hecho un trabajo magnífico, ya habían pasado meses». Los últimos informes policiales hablan de indiscutibles indicios de violencia y de «claras evidencias» de que Aurora fue «víctima de una desaparición forzada».

El caso no está cerrado, pero no hay cuerpo del delito. Se están practicando aún algunas pruebas, y el juez tendrá que decidir después si dicta o no un auto de procesamiento. La familia tiene clara su versión: Aurora era una chica que había sufrido, que había estado apartada del mundo durante años y que era «fácil de engañar», dice su padre, José Luis. «Probablemente la convencieron para hacer algún tipo de exorcismo que la liberaría de su difícil vida anterior. Por eso estaba tan contenta. Pero la usaron para sus locuras y ritos satánicos. Los ‘ángeles’ eran diablos». «Nosotros necesitamos saber dónde está el cadáver de nuestra hija, poder enterrarla, conseguir que descanse», añade la madre. «Si no, esto no se puede superar. Aún abro sus cajones y tienen su aroma». En la puerta de su casa, el coche aparcado tiene varias pegatinas con su foto que piden «justicia» para Aurora.


«El asesino de mi hija se fue de rositas porque no apareció el cuerpo»

Esradio.libertaddigital.com

18 de marzo de 2010

José Luis Mancebo y su mujer, padres de la desaparecida Aurora Mancebo, han asegurado en Crónica Negra que en España hay «muy pocas iniciativas de búsqueda» para las personas en paradero desconocido. Además han explicado que el caso de su hija guarda similitudes con el de Marta del Castillo, desaparecida hace algo más de un año.

Aurora Mancebo salió una noche con unos amigos cuando tenía 24 años. Tras esa noche nada se volvió a saber de ella. A las 2 semanas encontraron su ropa y una biblia con la que había salido, y «ya lleva 6 años desaparecida», recuerdan con dolor sus padres.

El padre de Aurora asegura que lo único que hay son «conjeturas, sospechas, sospechosos… pero no pruebas definitivas» lo que produce una insatisfacción total en esta familia, «ya ni siquiera nos dicen nada del caso». Explica que «se debe actuar en todos los casos de la misma manera, los medios de comunicación deben ayudar a esa búsqueda».

En su momento, la familia de Aurora rogó que le tomaran declaración al principal sospechoso, última persona en verla con vida. «Nadie nos hacía caso, cuando vino la brigada especialista ya habían pasado 9 meses, los peores de nuestras vidas».

José Luis Mancebo se queja amargamente que es la misma reclamación que en su día realizó el padre de Marta del Castillo, ¿Por qué no se puede hacer hablar a los sospechosos?, se pregunta. «Los grandes ignorados del código penal son las víctimas, España es un paraíso para cualquier delincuente», asegura.

Según el padre de Aurora, «no hay que perder la esperanza ya que todavía nos quedan muchos asuntos por resolver». El juez -prosigue- que llevaba el caso tuvo que pedir un traslado, pasando la instrucción por muchas manos, «por fin tenemos una juez que ha retomado el caso y está muy involucrada».

«Un asesino no puede estar en la calle como está el que presuntamente mató a mi hija, haciendo tranquilamente su vida, estas personas deberían estar en la cárcel y él solo cumplió 4 meses de cárcel».

La madre de Aurora comenta muy indignada que «se ha obviado algo muy importante, tanto en mi caso como en el de Marta del Castillo hay un asesino confeso al que no se le pueda juzgar porque no hay cuerpo, se han ido de rositas». También ha explicado que los jueces no pueden «leer el código penal cada uno a su manera, si hay indicios de asesinato se pone en la cárcel y se le hace hablar».

La desaparición de Aurora Mancebo

José Luis Macebo ha relatado las causas por las que su hija pudo morir asesinada. El presunto asesino, Edgar Mauritz, era un joven con gustos sádicos, además de ser «un descerebrado que quería hacer un sacrificio satánico». Asegura que en Aurora «vio la víctima perfecta ya que había tenido un desengaño amoroso y estaba en un momento de debilidad. Quería saber lo que se sentía matando a una persona». El padre de Aurora considera que según las pruebas fue torturada hasta morir y luego escondieron el cadáver en el bosque. «Ya no seguimos buscándola porque no sabemos ni donde podría estar, ni en que circunstancias, ni si trasladaron el cuerpo».


Familia de la desaparecida Aurora Mancebo ha usado un georradar para buscarla

Agencia EFE – Agencias.abc.es

28 de febrero de 2013

La familia de Aurora Mancebo, desaparecida en Tarragona hace nueve años, ha usado un georradar para buscar su cuerpo «gracias a la ayuda de una empresa», ha dicho hoy a Efe la madre de la joven, Maria Dolores Leirós, que insta a acelerar la investigación de su presunto crimen.

Los padres de Aurora Mancebo han buscado a su hija -desaparecida cuando tenía 24 años el 27 de febrero del 2004- con ayuda de un georradar en terrenos donde sospechaban que puede estar enterrada y «ha localizado puntos sensibles», según Leirós.

La familia pedirá ahora autorización para excavar en esas zonas y solicita «apoyo para poder enterrar a nuestra hija en paz, porque nadie sabe lo que estamos pasando», ha lamentado la madre de Aurora Mancebo.

El 27 de febrero de 2004, Aurora Mancebo salió del domicilio familiar en la urbanización Els Boscos de Tarragona y diez días después se localizó su ropa, con restos de sangre en la manga del abrigo, en una zona boscosa cercana a su casa.

Un año después, la policía detuvo a Edgar M., de 20 años, a partir de la declaración de un camarero, al que el detenido habría confesado que mató y enterró a la muchacha.

El detenido ingresó en prisión y en el municipio donde residía, El Morell, se celebraron varias concentraciones de apoyo al ser un joven muy conocido y nada conflictivo.

Tras dos meses en prisión, salió en libertad tras pagar una fianza al no aparecer el cuerpo y el caso sigue en proceso de instrucción en el juzgado número 5 de Tarragona.

Leirós pide que el caso llegue a juicio y denuncia «los pocos medios que se han destinado al caso, ya que los propios investigadores que vinieron de Barcelona se echaban las manos a la cabeza del tiempo que se había perdido».


Se cumplen 11 años de la desaparición, en Tarragona, de la joven Aurora Mancebo, aficionada al esoterismo

Extraconfidencial.com

24 de febrero de 2015

Zona Portuaria de Tarragona. 27 de febrero de 2004. La joven de 25 años, sale por segunda vez sola de casa por la noche después de siete años, tras superar una crisis psiquiátrica. No lleva bolso ni dinero ni teléfono ni documentación. Sus padres no volverán a verla.

Los miembros de la Unidad de Homicidios y Desaparecidos de la Policía están convencidos de que Aurora Mancebo Leirós, fue asesinada y enterrada esa misma noche en algún paraje aislado, pero no saben por quién ni dónde. Sí descubrieron los agentes que, tras el prolongado aislamiento por motivos médicos, la joven tenía un nuevo círculo de amistades con quienes compartía su afición por los temas esotéricos y espirituales.

Cuatro días antes, Aurora Mancebo había salido de noche por vez primera tras superar el tratamiento, en compañía de unos conocidos. Aquel día dio por concluido el diario que había estado escribiendo los últimos años en la soledad de su habitación, un diario en el que recogía los episodios de malos tratos sufridos a manos de un antiguo novio del instituto, agresiones que habían derivado en episodios de pánico y que la habían empujado a aislarse de su entorno y a requerir ayuda psicológica.

En compañía de un joven alto y moreno

La noche en que desapareció, varios testigos vieron a Aurora en compañía de un joven alto, moreno y delgado en una cafetería de la zona lúdica del puerto tarraconense. Al parecer, ambos abandonaron la zona en el vehículo del hombre, un Seat Ibiza de color rojo, tras despedirse de Fidel, un amigo de la joven de toda la vida a quien ésta había pedido que le acercase a la zona de discotecas. Al día siguiente, Fidel recibió en un teléfono un SMS supuestamente enviado por Aurora y que podría ser la última señal dejada por la joven antes de evaporarse. El texto hacía relación a unos «ángeles» que la chica decía últimamente que la estaban ayudando a reconducir su vida: «¿Estás enfadado? -pregunta a su amigo por haberle dejado en la discoteca para marcharse con el joven desconocido-. Me fui sola, pero me lo pasé muy bien. He conocido la ternura de esos ángeles, y me han devuelto la vida».

Las ropas, limpias, y la Biblia, arañada

El 11 de marzo de 2005 [2004], un lugareño que paseaba a su perro descubre en una aislada zona boscosa, a unos cuatro kilómetros de la vivienda de la joven, las ropas que llevaba ésta cuando desapareció, doce días antes. También están los botines, el abrigo y la ropa interior. Las prendas, sin signos de violencia, habían sido lavadas y estaban perfectamente dobladas en el suelo en un lugar que había sido rastreado intensamente en las horas siguientes a la desaparición, por lo que se supone que el presunto asesino las dejó allí con posterioridad. Además de limpias, estaban completamente secas a pesar de las intensas lluvias caídas en la zona los días anteriores. Junto a las ropas aparece un pañuelo en cuyo interior están los pendientes de la mujer y una Biblia que Aurora siempre llevaba consigo. El ejemplar tenía algunas páginas rotas y otras, arañadas.

La Policía somete las prendas a un análisis científico en profundidad, descubriendo restos de sangre en el abrigo y en el interior de los botines. Los investigadores descubren también lo que parecen ser huellas en varias direcciones de los pies descalzos de Aurora Mancebo en el mismo sitio, pero ni rastro del cuerpo. En abril, los equipos de emergencia dieron por finalizadas las batidas ante la falta de resultados, aunque camiones, taxis y fachadas de Tarragona seguían mostrando carteles con la fotografía de la desaparecida.

Las contradicciones del sospechoso

El 24 de abril de 2005 el caso da un giro. La Policía detiene a dos jóvenes, Edgar M., de 20 años, y Juan José, de 38, y anuncia que ha encontrado pruebas determinantes de su vinculación con el caso tras inspeccionar sus vehículos. Juan José queda en libertad a las pocas horas, pero Edgar ingresa en prisión provisional acusado de un supuesto delito de homicidio. Esta persona había sido identificada por testigos como el acompañante de Aurora Mancebo en un local de ocio del Puerto Deportivo de Tarragona la noche de su desaparición. El detenido, con un historial médico que reflejaba haber necesitado ayuda psicológica años antes por consumo de drogas, lo niega todo, aunque admite haber conocido a la chica cuatro días antes de la desaparición y no haber vuelto a saber de ella. No obstante, su coartada se desmorona por las versiones de testigos que aseguran haber visto a la pareja «acaramelada» en el Puerto Deportivo, y por las cuatro llamadas efectuadas desde el teléfono de Edgar al de Aurora el día de autos. El cuerpo de la mujer sigue sin hallarse.

Poco después se filtra a la prensa el contenido de las declaraciones ante el juez de Juan José, en libertad con cargos. Dijo que había trabajado con Edgar en un restaurante de Tarragona, y que éste le confesó que la noche de autos había estado con Aurora Mancebo en el puerto, para dirigirse después a un lugar solitario entre los barrios de Camplar y Bonavista. Según el relato de Edgar a su compañero, cuando estaban manteniendo relaciones sexuales en el interior del coche, la joven perdió el conocimiento y poco después falleció. Entonces, aterrado, trasladó el cadáver hasta una finca de El Morell y lo enterró. Días después, llevó la ropa al lugar donde finalmente aparecería, para despistar a los investigadores. Juanjo ofrece a los investigadores datos precisos del lugar donde había aparecido la ropa, aunque nunca había estado allí.

La Policía empleó excavadoras para remover el terreno de la finca donde, supuestamente, Edgar había enterrado a Aurora Mancebo, en un terreno propiedad de la familia de este hombre, pero el cadáver no estaba allí. La familia de Aurora cree que alguien trasladó el cuerpo a otro lugar antes de la llegada de la Policía.

Sadomasoquismo y magia negra

Finalmente, el 7 de junio de 2005, se hacían públicos los análisis de la Policía Científica sobre los restos biológicos hallados en el coche de Edgar: no aportaban datos determinantes ni concluyentes sobre la participación del joven en los hechos; el automóvil había sido sometido a una limpieza en profundidad y cualquier resto biológico de Aurora había quedado contaminado por acción de los productos químicos empleados. Tras dos meses y medio en prisión, Edgar M. era puesto en libertad bajo fianza. En junio de 2006 apareció un testigo sorpresa, un joven que chateaba habitualmente con Edgar por internet y que dijo haberse enterado del caso por las fotografías publicadas en prensa. Este testigo aseguró a la Policía que el principal sospechoso del caso «tenía un especial interés por la magia negra, hablaba del diablo, de puertas oscuras, de una estrella de cinco puntas de sacrificios», según se recoge en las diligencias. También afirmó que le gustaban la violencia y el sadomasoquismo.

Ahora, once años después de la misteriosa desaparición de Aurora Mancebo Leirós, su familia no quiere que el caso quede sin resolver. Siguen realizando concentraciones de protesta y han creado una asociación ciudadana para seguir impulsando acciones judiciales, conocer algún día qué fue de ella y darle un entierro digno.


Vacían un pozo de El Morell en busca del cuerpo de Aurora Mancebo

Àngel Juanpere – Diaridetarragona.com

14 de octubre de 2015

Once años y medio después de la desaparición de la joven tarraconense Aurora Mancebo, la instrucción judicial sigue abierta. Después de muchos meses sin tener noticias de la investigación, el pasado viernes se vació un pozo situado en el término de El Morell -municipio donde reside uno de los dos imputados por el homicidio de Aurora- para ver si se localizaba el cuerpo, con resultado negativo.

A las diez de la mañana, la comitiva judicial -formada por la magistrada que actualmente está al frente del Juzgado de Instrucción número 5 de Tarragona, el secretario judicial y los abogados defensores-, una decena aproximadamente de agentes de la Policía Nacional -de Madrid y de Tarragona- y Bomberos se desplazaron a un antiguo molino, ubicado entre Mas dels Frares y el río Francolí. Entre el grupo de personas estaba también el alcalde de la localidad, Pere Guinovart, y el alguacil.

El objetivo era inspeccionar un pozo artesiano, que recibe continuamente agua. Para ello se tuvo que taponar previamente el suministro. Posteriormente, los bomberos comenzaron a sacar el agua que había acumulada para que los agentes de la Unidad de Subsuelo de la Policía Nacional pudieran descender y revisarlo. Finalmente no vieron nada sospechoso. También se encontraban presentes agentes de la Policía Científica procedentes de Madrid y que en su día participaron en la investigación de los restos calcinados de los hijos de José Bretón, en Córdoba.

Paralelamente, los policías, con la ayuda de un georradar -un aparato que se utiliza para investigar o detectar objetos, estructuras, etc… por debajo del nivel del suelo-, estuvieron inspeccionando los alrededores en busca de algún rastro de la joven tarraconense. La última vez que se la vio con vida fue el 27 de febrero de 2004 por la noche. El 21 de abril de 2005 fue detenido el vecino de El Morell Edgar M.G. acusado de homicidio. El arresto fue fruto de la declaración de su amigo -el otro imputado, Juan José R.C.-, quien dijo que Edgar le había contado que Aurora se había muerto en el coche y después la enterró en una finca del término municipal de El Morell.

El principal sospechoso estuvo en prisión preventiva hasta el 2 de julio del mismo año.


La Audiencia de Tarragona ordena seguir la búsqueda de Aurora Mancebo

Àngel Juanpere – Diaridetarragona.com

28 de septiembre de 2016

La Audiencia Provincial de Tarragona no comparte la decisión del Juzgado de Instrucción número 5 de Tarragona de sobreseer provisionalmente las diligencias abiertas en 2004 a raíz de la desaparición de la joven tarraconense Aurora Mancebo. Por ello, la máxima instancia judicial de la demarcación ha instado al juez instructor a seguir con el caso y ordena la realización de una inspección ocular por la comisión judicial de tres pozos situados en el término municipal de El Morell donde podría estar el cuerpo de la desaparecida. Cabe recordar que el principal sospechoso de la muerte de Aurora vive en dicha localidad del Tarragonès.

El juez instructor, el pasado 7 de marzo, acordó el sobreseimiento del caso. Tanto los padres de la joven como la Asociación Ciudadana por Aurora Mancebo Leirós interpusieron sendos recursos de reforma, que fueron rechazados por el mismo juez el 30 de mayo. Ante ello, presentaron recursos de apelación ante la Audiencia Provincial, cuya Sección Segunda ahora se ha pronunciado.

Más de 6.000 folios

La Sala ha revisado los 6.118 folios de que consta la causa. Recuerda que las actuaciones tienen su origen en la desaparición de la joven de 24 años un «ya lejano» 28 de febrero de 2004, si bien salió de su casa el día anterior, habiendo aparecido sus ropas y calzado el 10 de marzo, así como los objetos que llevaba encima, como una Biblia.

La Audiencia recuerda que fueron múltiples las actuaciones de investigación realizadas a raíz de la declaración de Juan José R.C. -uno de los investigados- sobre el contenido de una confesión al mismo de Edgar M.G. -el otro, vecino de El Morell- en el sentido de que había estado con Aurora la madrugada del día 28 por la zona de ocio del Port Esportiu. Cuando Edgar estaba con la joven ésta habría fallecido, «situación que le produjo miedo por lo que procedió a enterrarla en la localidad de El Morell», según habría confesado a Juan José. Según las diligencias de investigación se constató por otros testigos que efectivamente Edgar estuvo esa madrugada con Aurora.

El juez instructor dictó, el 25 de abril de 2005, un auto acordando que por la Policía Nacional «se proceda de forma inmediata a una minuciosa búsqueda de los posibles restos mortales de Aurora Mancebo en el lugar mencionado en las declaraciones practicada de El Morell, así como en pozos o zonas aptas para esconder un cuerpo en esa localidad». En el oficio enviado a la Policía se indicaba: «Al objeto de que, auxiliados por los medios técnicos de que dispongan y los que se soliciten, procedan a una minuciosa búsqueda de posibles restos mortales (…) en las inmediaciones de la casa de la abuela de Edgar o en pozos u otras zonas donde fuera susceptible esconder un cuerpo en esa localidad».

Los magistrados consideran que el auto del juez instructor era «sumamente claro y conciso. Sin embargo, entendemos que no se ha llevado a cabo su cumplimiento de forma total».

Inspección ocular

La inspección ocular se tenía que llevar a cabo en dos fincas: la primera de la abuela de Edgar y la segunda en una perteneciente al Ayuntamiento de El Morell. Al realizar por la comisión judicial la entrada y registro en la finca propiedad de la abuela se informó de la existencia de un pozo, ubicado en medio del patio. Se miró con una linterna y se apreció que tenía entre 15 y 20 metros de profundidad y unos dos metros de agua. En el acta judicial se indicó que era necesario llamar a los bomberos al efecto de que bajasen para realizar la inspección. Pero en el acta no consta ninguna referencia a este pozo.

Pero en el informe de la Policía Judicial de la comisaría de Tarragona, de fecha 11 de mayo de 2005, se indica que se han inspeccionado una serie de lugares: pozo situado en la finca de Edgar -con ayuda de bomberos-, cobertizo anexo al domicilio, incluido un pozo situado en el mismo -con intervención también de bomberos- y un vertedero próximo tanto al domicilio como a la finca de la abuela.

Fincas limítrofes

Como todas las fincas limítrofes con la de la abuela están cultivadas y siendo sus terrenos de superficie compacta -y por tanto no apta para efectuar un enterramiento-, se procedió al arado de la finca de su propiedad al ser ésta la única que presenta un terreno que por su característica era la más propicia. Se contactó también con los dueños de las fincas de los alrededores al objeto de recabar datos sobre posibles movimientos de tierra que hubieran podido detectar en las fechas en las que se pudo efectuar la inhumación. Las operaciones fueron negativas.

Un pozo propiedad del Ayuntamiento

El 9 de marzo de 2012 se constituyó una comisión judicial en una finca propiedad del Ayuntamiento, existiendo en dicho lugar dos pozos: una fuera de la casa junto con una arqueta y otro en el interior con agua -estando el mismo con escombros encima-. Se ha constatado que en el exterior sí que intervino la comisión judicial, pero no en el interior. Al parecer, el año pasado se procedió también a la inspección.

Ante ello, la Audiencia ha instado al juez a que también se inspeccione este pozo interior con todos los medios disponibles.

 


AUDIO: ESRADIO – EL CASO AURORA MANCEBO


 

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