Marie Delphine Lalaurie

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Delphine-LaLaurie

Madame LaLaurie

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Conocida por su participación en la tortura y asesinato de esclavos de raza negra
  • Número de víctimas: Numerosas
  • Periodo de actividad: 1831 - 1834
  • Fecha de nacimiento: c. 1775
  • Perfil de las víctimas: Esclavos de raza negra
  • Método de matar: Inanición - Tortura
  • Localización: Nueva Orleans, Estados Unidos (Luisiana)
  • Estado: Huyó antes de que pudiera ser puesta a disposición judicial. Nunca fue detenida. Murió en París el 7 de diciembre de 1842
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La historia de Delphine Lalaurie, la sádica asesina de la serie American Horror Story

Jorge Álvarez – Labrujulaverde.com

5 de septiembre de 2016

Los seguidores de la serie televisiva American Horror Story seguramente se habrán quedado sorprendidos con uno de los personajes aparecidos en la tercera temporada, estrenada en 2013 bajo el subtítulo Coven con la brujería y el vudú del Nueva Orleáns decimonónico como escenario. Me refiero al interpretado por la actriz Kathy Bates, que encarna a una dama sureña llamada Delphine Lalaurie. No se trata de un rol de ficción porque Lalaurie existió realmente, para desgracia de los esclavos que tuvieron que sufrirla.

Nació en 1780 de una familia irlandesa apellidada Macarty y emigrada a América pero con holgada situación económica, de manera que sus padres y sus cuatro hermanos se movieron siempre en los círculos de la alta sociedad de Luisiana. De hecho, la joven Delphine se casó en el verano de 1800 con un caballero español, Ramón de López y Angulo, cónsul general de nuestro país en aquel estado. En 1804 el diplomático fue convocado por el gobierno de Madrid y el matrimonio cruzó el Atlántico en un viaje en el que pasaron muchas cosas: Delphine, que estaba embarazada, dio a luz a bordo del barco y después llegó a conocer a la reina, que por entonces era la primera esposa de Fernando VII, María Antonia de Nápoles; en cambio su marido, según algunas fuentes, pereció durante la travesía, en La Habana.

Así, la viuda regresó a Nueva Orleáns y en 1808 contrajo nuevas nupcias, esta vez con el acaudalado magnate Jean Blanque, con quien tuvo otras cuatro hijas. Blanque era anciano y duró poco, apenas ocho años, de modo que, habiendo enviudado de nuevo, Delphine buscó un tercer marido, esta vez más joven que ella: el médico Leonard Louis Nicolas Lalaurie, que a la postre fue quien le dejó el apellido con el que pasó a la historia. Los Lalaurie vivían -no muy felices, por lo que se cuenta- en una imponente mansión de tres plantas y estilo colonial francés en pleno centro urbano, alternando con los círculos neo-orléanaises más granados.

Pero el 10 de abril de 1834 un accidente fortuito echó abajo el castillo de naipes. En aquella fabulosa residencia, que estaba en el número 1140º de Royal Street (y aún sigue en pie, aunque con un aspecto diferente por las sucesivas restauraciones por los usos diversos que tendría), se declaró un incendio que no la llegó a afectar más que levemente pero que obligó a intervenir a los bomberos locales, quienes cuando lograron dominar el fuego y entraron a la cocina, foco inicial, se encontraron con una desagradable sorpresa, pronto ampliada al inspeccionar el resto del edificio.

Atada por el tobillo al horno había una vieja esclava negra medio asfixiada por el humo que declaró haber sido la causante para intentar suicidarse, ya que la iban a subir al ático para ser castigada por una falta y nadie había vuelto a salir de allí. El pánico ante ese futuro, tan grande como para elegir un final así, se explicaba con el espeluznante panorama descubierto en aquella estancia superior, cuya puerta fue necesario derribar al estar cerrada con llave: colgados del techo mediante argollas en el cuello había siete esclavos aún vivos pero en penosas condiciones, mutilados y con signos claros de tortura.

Según dijeron luego al juez Jean-Francois Canonge, que visitó personalmente aquel infernal sitio, llevaban así cuatro meses. Heridos, esqueléticos, con la espalda llena de cicatrices por los latigazos recibidos, dos de aquellos infortunados fallecieron poco después de su liberación. Los otros fueron trasladados a la cárcel, no como prisioneros sino para dispensarles cuidados médicos, donde les visitaron miles de personas que no acababan de dar crédito a aquella macabra historia. La visión enardeció a la gente, que asaltó la mansión y tuvo que intervenir la policía; el matrimonio se hallaba ausente pero una de las hijas estuvo a punto de ser linchada.

El caso es que los testimonios sobre el trato dispensado por el matimonio a sus esclavos eran confusos e incluso contradictorios. Al menos en público, Delphine mostraba su lado más amable, se preocupaba por su bienestar e incluso manumitió algunos, según los registros documentales; pero, a la vez, ya habían circulado rumores sobre todo lo contrario, con alusiones a una joven esclava que se había arrojado desde una ventana para huir del látigo o golpes y castigos salvajes por motivos nimios. El catálogo de horrores es amplio, aunque resulta difícil establecer qué es cierto y qué leyenda; eso sí, el acta del juez pone los pelos de punta: amputaciones cosidas, collares de púas, lavados con sangre… El museo de cera local recrea el asunto.

Ante todo esto, el doctor Lalaurie se portó de forma arrogante e impertinente con el magistrado, al que sugirió que no se metiese en los asuntos ajenos. Se supone que a éste no le haría gracia el tono y, consecuentemente, abrió un proceso público que tuvo considerable seguimiento popular. Se ordenó excavar en los jardines, donde fueron exhumados varios cadáveres; del fondo del pozo se sacó otro más, correspondiente a un niño. Los hallazgos exaltaron aún más a la gente y fue necesario seguir a puerta cerrada.

No están claras las circunstancias exactas pero, al parecer, la familia se las arregló para escapar en algún momento en medio de la turbamulta habitual, refugiándose primero en Alabama, donde el doctor se separó de su esposa. Ésta dejó a las hijas a cargo de unos familiares y embarcó hacia París. Allí moriría el 7 de diciembre de 1842, con sesenta y siete años, según las habladurías en un accidente de caza con un jabalí. Para entonces ya formaba parte de la historia negra de Estados Unidos, acrecentada en los años siguientes con la profusión de relatos cada vez más sádicos y explícitos -también más inverosímiles- sobre sus actividades criminales.


Delphine LaLaurie

Wikipedia

Marie Delphine LaLaurie nacida Macarty o Maccarthy, (Nueva Orleans, c. 1775 – c. 1842) fue una socialité y asesina en serie nacida en el estado de Luisiana, Estados Unidos que se volvió famosa por haber torturado y asesinado a un gran número de esclavos negros.

Lalaurie nació en Nueva Orleans y se casó tres veces a lo largo de sus años. Mantuvo una importante posición en los círculos sociales de su ciudad natal hasta el 10 de abril de 1834, cuando rescatistas que habían respondido a un incendio en su mansión en Royal Street descubrieron varios esclavos amarrados dentro de la casa que mostraban evidencia de haber sido torturados por mucho tiempo. Después de esto la casa de LaLaurie fue saqueada por una multitud de ciudadanos enfurecidos, y se cree que ella escapó hacia París, en donde se especula que pasó el resto de sus días.

En 2016, la mansión en Royal Street en donde LaLaurie vivió se mantiene en pie y es un emblemático edificio de Nueva Orleans, propiedad de Nicolas Cage.

Biografía

Delphine Macarty nació aproximadamente en 1775, siendo una de cinco hermanos. Su padre fue Barthelmy Louis Macarty, cuyo padre, Barthelmy Macarty, llevó a su familia a Nueva Orleans desde Irlanda más o menos en el año 1730. Su madre fue Marie Jeanne Lovable, también conocida como «la viuda Lecomte», cuyo matrimonio con Barthelmy Louis Macarty era su segundo. Ambos era importantes miembros de la comunidad créole blanca de Nueva Orleans. El primo de Delphine, Augustin de Macarty, fue alcalde de la ciudad entre 1815 y 1820.

El 11 de junio de 1800, Delphine Macarty se casó con El teit de López y Angulo, un Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, en la Catedral de San Luis de Nueva Orleans. Para 1804, Don Ramón había ascendido a la posición de cónsul general de España en Luisiana. También en 1804, Delphine y Don Ramón viajaron a España. Los relatos sobre el viaje difieren. Grace King escribió en 1921 que el viaje fue un «castigo militar» para Don Ramón, y que Delphine conoció a la reina, quien se mostró impresionada con la belleza de Delphine. El reporte de 1936 de Stanley Arthur era diferente; él indicó que el 26 de marzo de 1804, Don Ramón fue convocado en forma extraordinaria a la corte de España «para tomar una nueva posición en la corte», pero que nunca llegó a España porque murió en La Habana cuando estaba en camino a Madrid.

Durante el viaje, Delphine dio a luz a una hija, llamada Marie Borgia Delphine López y Angulo de la Candelaria, de sobrenombre «Borquita». Delphine y su hija luego regresaron a Nueva Orleans.

En junio de 1808, Delphine se casó con Jean Blanque, otro anciano que era un importante banquero, comerciante, abogado y legislador. Cuando se casaron, Blanque compró una casa en Royal Street 409 en Nueva Orleans para la familia, la cual más adelante sería conocida como Villa Blanque. Delphine tuvo cuatro hijos más con Blanque, llamados Louise Pauline, Louise Marie Laure, Marie Louise Jeanne, y Jeanne Pierre Paulin Blanque.

Blanque murió en 1816. Delphine se casó por tercera vez el 25 de junio de 1825, esta vez con el médico Leonard Louis Nicolas Lalaurie, quien era mucho más joven que ella. Por lo que se especula ella lo odiaba y solo estaba con él por interés. En 1831 compró una propiedad en Royal Street 1140, la cual administró por su cuenta con muy poca participación de su esposo, y para 1832 había construido una mansión de tres pisos allí que incluía una dependencia para esclavos. Madame Lalaurie vivió allí con su esposo y dos de sus hijas, y mantuvo una posición importante en los círculos sociales de Nueva Orleans.

Incendio de 1834

Los LaLauries, como era la costumbre de las personas de clase social en ese entonces, tenían varios esclavos negros que vivían en una dependencia especial en su mansión en Royal Street. Las historias sobre el trato de Delphine LaLaurie hacia sus esclavos entre 1831 y 1834 varían. Harriet Martineau, escribió en 1838, según historias que los residentes de Nueva Orleans le contaron durante su visita en 1836, que los esclavos de Lalaurie parecían estar «muy demacrados y desdichados»; sin embargo, en público LaLaurie se mostraba por lo general muy amable con la gente de raza negra y preocupada de la salud de sus esclavos, y los registros de la época muestran que LaLaurie emancipó a dos de sus propios esclavos (Jean Louis en 1819 y Devince en 1832). Sin embargo, Martineau reportó que los rumores públicos sobre el maltrato de LaLaurie hacia sus esclavos fueron suficientes para que un abogado local fuera enviado a Royal Street para hacer recuerdo a LaLaurie sobre las leyes relevantes al mantenimiento de esclavos. En su visita, el abogado no encontró ninguna evidencia de maltrato de esclavos por parte de LaLaurie.

Martineau también contó otras historias de la crueldad de LaLaurie que eran conocidas entre los residentes de Nueva Orleans en más o menos el año 1836. Indicó que, poco después de la visita del abogado local, uno de los vecinos de LaLaurie vio a uno de los esclavos de LaLaurie, una niña de doce años llamada Lia (o Leah), morir tras caer desde el techo de la mansión en Royal Street mientras trataba de evitar ser castigada a latigazos por Delphine LaLaurie. Lia había estado cepillando el cabello de Delphine cuando lo jaló por accidente, lo que causó que LaLaurie cogiera un azote y la persiga. El cuerpo fue enterrado más adelante en la mansión. Según Martineau, este incidente llevó a una investigación de los LaLauries, la cual los encontró culpables de crueldad ilegal y los obligó a dejar ir a nueve esclavos. Los nueve esclavos fueron comprados de vuelta por los LaLauries a través de la intermediación de uno de sus familiares, y traídos de vuelta a sus residencias en Royal Street. De igual manera, Martineau reportó historias de que LaLaurie mantenía a su cocinero amarrado al horno en la cocina, y golpeaba a sus hijas cuando trataban de alimentar a los esclavos.

El 10 de abril de 1834, se inició un incendio en la residencia de los LaLauries en Royal Street, el cual había comenzado en la cocina. Cuando la policía y los bomberos llegaron al lugar, encontraron a una mujer de setenta años, la cocinera, amarrada al horno en su tobillo. Más adelante declararía que ella misma había iniciado el incendio como un intento de suicidio por miedo a su castigo -ser llevada al cuarto en el último piso- ya que dijo que nadie que había sido llevado allá había regresado. Según informó el New Orleans Bee del 11 de abril de 1834, la gente que se encontraba en la zona respondió al incendio tratando de ingresar a la dependencia de esclavos para asegurarse de que todos pudieran ser evacuados. Luego de que los LaLauries se negaron a entregar las llaves del lugar, las personas que estaban ayudando tumbaron las puertas de la dependencia de esclavos y encontraron «siete esclavos, más o menos mutilados horriblemente… suspendidos por el cuello, con sus extremidades aparentemente estiradas y rajadas de una extremidad a la otra», quienes dijeron haber estado encarcelados allí por unos cuantos meses.

Una de las personas que entró al lugar fue el juez Jean-Francois Canonge, quién después declaró haber encontrado en la mansión LaLaurie, entre otros, a «una negra… utilizando un collar de hierro» y «una vieja mujer negra que había recibido una herida muy profunda en su cabeza [que estaba] demasiado débil para poder caminar». Canonge dijo que cuando interrogó al esposo de Madame LaLaurie sobre los esclavos, este le contestó en forma insolente que «algunas personas debían quedarse en su casa en lugar de ir a las casas de otras para dictar leyes y meterse en las vidas de los demás».

Una versión de esta historia que circuló en 1836, recopilada por Martineau, añadió que los esclavos estaban esqueléticos, mostraban señales de haber sido azotados, eran amarrados en posturas restrictivas, y utilizaban collares de hierro con púas que mantenían a sus cabezas en posiciones estáticas.

Cuando el descubrimiento de la tortura de esclavos se hizo bien conocido, una turba de ciudadanos locales atacaron la residencia de LaLaurie y «demolieron y destruyeron todo lo que pudieron». Un sheriff y sus oficiales fueron enviados a dispersar a la multitud, pero para cuando la gente se fue, la propiedad en Royal Street había sufrido daños importantes, y «no quedaba mucho más que las paredes». Los esclavos torturados fueron llevados a una cárcel local, en donde los pusieron a vista del público. El New Orleans Bee reportó que para el 12 de abril, unas 4.000 personas habían ido a ver a los esclavos torturados para «convencerse de su sufrimiento».

El Pittsfield Sun, citando al New Orleans Advertiser en un artículo escrito varias semanas después de la evacuación de la dependencia de esclavos de LaLaurie, indicó que dos de los esclavos encontrados en la mansión de LaLaurie habían muerto desde su rescate y añadió: «Entendemos que… luego de cavar en el jardín, se encontraron cuerpos, y una vez destapado el pozo de la mansión se encontraron más, entre ellos el de un niño». Estas declaraciones fueron repetidas por Martineau en su libro de 1838 Retrospect of Western Travel, en donde indicó que el número de cuerpos desenterrados fueron dos, incluyendo al niño.

Vida posterior y muerte

La vida de LaLaurie después del incendio de 1834 no está bien documentada. Martineau escribió en 1838 que LaLaurie se escapó de Nueva Orleans durante los disturbios que tuvieron lugar después del incendio, tomando un carruaje hasta el puerto y viajando desde allí en goleta hasta Mobile, Alabama y desde allí hasta París. Para cuando Martineau visitó la mansión de Royal Street personalmente en 1836 aún estaba desocupada y muy dañada, con «ventanas rotas y paredes vacías».

La circunstancias de la muerte de Delphine LaLaurie tampoco son claras. George Washington Cable reportó en 1888 sobre una popular -aunque poco sustanciada- historia en esa época de que LaLaurie había muerto en Francia en un accidente mientras cazaba jabalíes. Sea cual sea la verdad, a finales de los años 1930, Eugene Backes, quien fue el sexton del Cementerio #1 de Saint Louis hasta 1924, descubrió una vieja y rajada placa de cobre en el Pasillo 4 del cementerio. La inscripción en la placa leía: «Madame LaLaurie, née Marie Delphine Macarty, décédé à Paris, le 7 Décembre, 1842, à l’âge de 6-.» (en español: Madame LaLaurie, nació Marie Delphine Macarty, murió en París, el 7 de diciembre, 1842, a la edad de 67 años).

Folklore

Historias sobre el mal trato de los esclavos por parte de LaLaurie circularon por Luisiana durante el siglo diecinueve, y fueron distribuidas como parte de colecciones de historias escritas por Henry Castellanos y George Washington Cable. Las historias de Cable (no confundir con su novela de 1881 Madame Delphine, la cuál no tiene relación alguna con LaLaurie) fueron basadas en artículos contemporáneos en periódicos como el New Orleans Bee y el Advertiser, y el relato de Martineau de 1838, Retrospect of Western Travel, pero fusionado en una síntesis, diálogo y suposición completamente de creación propia.

Después de 1945, las historias de los esclavos de LaLaurie se volvieron considerablemente más explícitas. Jeanne deLavigne, escribió en la publicación Ghost Stories of old New Orleans (en español, Historias de Fantasmas en la Antigua Nueva Orleans), que supuestamente LaLaurie tenía un «sadístico apetito que no parecía saciarse sino hasta que infligía en uno o más de sus esclavos una terrible forma de tortura» e indicó que las personas que respondieron al incendio de 1834 habían encontrado «esclavos, completamente desnudos, encadenados a la pared, con los ojos arrancados, sus uñas arrancadas de raíz; otros tenían sus articulaciones completamente raspadas e infectadas, agujeros grandes en sus nalgas de donde se había arrancado un pedazo de carne, sus orejas colgando de sus cabezas, sus labios amarrados… intestinos al aire y amarrados alrededor de sus cinturas desnudas. Había agujeros en sus cráneos, en donde un palo había sido utilizado para batir los cerebros». DeLavigne no citó ninguna fuente directa de estas acusaciones, y no fueron confirmadas por las fuentes principales.

La historia fue popularizada y exagerada en Journey Into Darkness: Ghosts and Vampires of New Orleans de 1998 (en español, Viaje a la Oscuridad: Fantasmas y Vampiros de Nueva Orleans) de Kalila Katherina Smith, la dueña de un tour de fantasmas en la ciudad. El libro de Smith añadía varios detalles más explícitos a los descubrimientos que supuestamente habían hecho los rescatistas en el incendio de 1834, incluyendo una «víctima a la que claramente le habían amputado los brazos y su piel había sido arrancada en un patrón circular, haciéndola ver como un gusano», y otra a la que le habían roto los brazos y vueltos a acomodar «en ángulos extraños que la hacían ver como un cangrejo humano». Muchos de los detalles en el libro de Smith no tenían fuentes, y otros no fueron confirmados por las fuentes citadas.

Hoy en día, muchas de las nuevas versiones del mito de LaLaurie utilizan las versiones de Smith y deLavigne como fuentes para describir torturas explícitas, y para elevar el número de esclavos que murieron bajo el cuidado de LaLaurie cerca de los cien.

Mansión LaLaurie

La casa en la que vivía Delphine LaLaurie en Nueva Orleans cuando ocurrió el incendio de 1834 aún sigue en pie en Royal Street Nº 1140, en la esquina de Royal Street y la Calle Governor Nicholls (anteriormente conocida como Hospital Street). Con sus tres pisos, fue descrita en 1928 como «el edificio más alto en varias cuadras», lo que quería decir que «desde la cúpula en el techo se podía mirar hacia el French Quarter y ver la media luna del Mississippi antes que Jackson Square». La entrada al edificio tiene rejillas de hierro, y la puerta está gravada con una imagen de «Phoebus en su carruaje, con una corona de flores y guirnaldas en bajo relieve». En el interior, el vestíbulo cuenta con un piso de mármol blanco y negro, y un barandal de caoba que sube hasta el tercer piso del edificio. El segundo piso cuenta con tres cuartos de dibujo grandes conectados por puertas deslizables ornamentadas, cuyas paredes están decoradas con escarapelas de yeso, madera esculpida, repisas de chimenea de mármol negro y pilastras estriadas.

Luego de que LaLaurie huyera de los Estados Unidos, la casa estuvo en ruinas hasta casi 1836, pero en algún momento antes de 1888 fue «restaurada hasta quedar irreconocible», y en las décadas siguientes fue utilizada como una escuela pública, un conservatorio de música, una casa pública, un refugio de delincuentes juveniles, un bar, una tienda de muebles y un edificio de departamentos de lujo.

En abril de 2007, Nicolas Cage compró la mansión LaLaurie a través de Hancock Park Real Estate Company LLC por $3,45 millones. Los documentos de la hipoteca fueron acomodados de tal manera que el nombre de Cage no apareciera en ninguno de ellos. El 13 de noviembre de 2009, la propiedad, valuada en ese momento en $3.5 millones, fue subastada como resultado de una liquidación bancaria y comprada por Regions Financial Corporation por $2.3 millones.

En otros medios

La poeta Jennifer Reeser ha escrito un poema épico en terza rima titulado The LaLaurie Horror en el que relata la historia y el folclore de la mansión.

En el primer episodio de la primera temporada de la serie-documental: Las verdaderas mujeres asesinas se habla sobre este caso.

Kathy Bates hace el papel de Delphine LaLaurie en la serie de televisión estadounidense American Horror Story, en la tercera temporada: American Horror Story: Coven.

 


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