David Baxter Noyes

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David Baxter

El Ingeniero Norteamericano

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Sádico - Mutilador
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 2 de marzo de 1987
  • Fecha de detención: Mismo día
  • Fecha de nacimiento: 1957
  • Perfil de las víctimas: Rufina Sanz Caviedes, de 35 años
  • Método de matar: Asfixia (que se produjo después de que Baxter aplastara con el pie la laringe de la mujer)
  • Localización: Madrid, España
  • Estado: Condenado a 20 años de prisión el 11 de julio de 1988
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Índice

David Baxter – Detenido un norteamericano como supuesto autor de la mutilación y asesinato de una prostituta

Amelia Castilla – El País

4 de marzo de 1987

La víctima fue arrojada desde un quinto piso de un hotel.

David Baxter Noyes, de 29 años, natural de Saint Louis (EE.UU.), ingeniero técnico de la empresa aeronáutica McDonnell Douglas, fue detenido ayer en el hotel Miguel Ángel, de Madrid, como supuesto autor del asesinato de la prostituta Rufina Sanz Cavieres, de 35 años.

El cadáver desnudo, que fue arrojado desde un quinto piso, presentaba señales de estrangulamiento, mutilaciones en ambos pechos y una raja desde la vagina hasta el abdomen. En la habitación de Baxter se encontraron objetos para prácticas sadomasoquistas.

El presunto asesino estaba en la ducha cuando la policía llamó a la habitación 541. Eran alrededor de las 5,15 de la madrugada. Baxter, que tenía el pelo mojado y se cubría con una toalla, abrió la puerta y no opuso resistencia.

La habitación, según explicó ayer el director del hotel Miguel Ángel, no estaba desordenada. Una cama individual estaba deshecha; en la moqueta había una mancha de sangre y en el cuarto de baño había una toalla ensangrentada. En el cuarto estaban también las ropas de la mujer, una cartilla de ahorros a su nombre y diversos instrumentos utilizados para prácticas sadomasoquistas, según fuentes policiales.

El detenido llegó al hotel el domingo y tenía habitación reservada hasta el próximo día 7. Empleados del Miguel Ángel calificaron al detenido como el «típico cliente. Bien vestido y con buen equipaje». Baxter es soltero y trabaja como ingeniero técnico para la McDonell Douglas, multinacional norteamericana que fabrica aviones civiles y de combate.

Programa FACA

Baxter había llegado a Madrid en relación con el programa FACA (Futuro Avión de Combate y Ataque), emprendido por el Gobierno español para la adquisición de 72 aviones F-18 de McDonell Douglas valorados en 300.000 millones de pesetas. Rufina Sanz ejercía, según la policía, la prostitución en la zona centro. Debió de contactar con el cliente en la Gran Vía y le acompañó al hotel.

Los clientes de la habitación contigua llamaron a la recepción sobre las tres de la madrugada y aseguraron que escuchaban ruidos extraños, como si un niño estuviera llorando. Empleados del hotel, según la dirección del establecimiento, recorrieron los pasillos de las plantas quinta y sexta, pero no notaron nada extraño.

Dos horas después se escuchó un golpe seco muy fuerte que alertó al vigilante del hotel. El cuerpo desnudo de la víctima estaba en un patio interior tumbado boca abajo. Funcionarios de la Brigada de Homicidios, que se personaron en el lugar del suceso, registraron varias habitaciones hasta encontrar al supuesto asesino.

Junto al cadáver se encontró un reloj de pulsera. Rufina, según fuentes policiales, presentaba síntomas de estrangulamiento. Tenía amputados los dos pechos y una raja, realizada con un arma blanca, de la vagina al abdomen. Los pechos de la víctima no fueron encontrados. La autopsia reveló que su muerte se produjo por asfixia. Era natural de Pedrajos de San Esteban (Valladolid) y últimamente vivía en una pensión de la calle de Hortaleza.

José Luis Torres, director del establecimiento, negó que la mujer estuviera registrada en el hotel o que su llegada hubiera sido observada por el personal de recepción. Torres aseguró que la dirección no contaba con una fotocopia del carné de identidad de la víctima. La habitación donde se produjeron los hechos fue precintada por orden del juzgado. El hotel Miguel Ángel, de cinco estrellas, está situado en la calle del mismo nombre. Tiene siete plantas y 300 habitaciones.


Baxter niega ser el asesino de la prostituta mutilada

Amelia Castilla – El País

5 de marzo de 1987

David Baxter Noyes, de 29 años, el ingeniero técnico de la empresa aeronáutica McDonnell Douglas acusado de dar muerte a Rufina Sanz Caviedes, negó ayer ante la policía ser el autor del crimen. El cuerpo de la víctima que ejercía la prostitución, se halló, desnudo y con mutilaciones, el pasado lunes en un patio del hotel Miguel Ángel.

Baxter explicó en su declaración que conoció a la chica en la calle del Doctor Fleming, entre la una y las dos de la madrugada, y la invitó a acompañarle al hotel. El ingeniero técnico aseguró que tuvieron problemas de entendimiento a causa del idioma y mantuvieron un pequeño forcejeo. Como resultado de la pelea, según la declaración del detenido, Rufina empezó a sangrar por la nariz.

El supuesto autor del asesinato explicó que la ayudó a limpiarse la sangre y que después él entró en el cuarto de baño para limpiarse. Cuando salió del servicio la mujer había desparecido.

Baxter manifestó que la buscó por los pasillos, pero no la encontró, y decidió acostarse. Poco después se levantó a cerrar la ventana y observó que había una mancha de sangre en la moqueta. Baxter, que ayer permaneció en las dependencias de la Brigada de Homicidios, pasará hoy por la mañana a disposición del juzgado.

Según la policía, en la habitación que ocupaba en el hotel se encontraron objetos para prácticas sadomasoquistas, había manchas de sangre en la moqueta y en el cuarto de baño una toalla ensangrentada.

Baxter estaba conceptuado en la multinacional norteamericana para la que trabaja como «un empleado modelo» y se le consideraba como un «joven con gran porvenir en la empresa», según fuentes de McDonnell Douglas. Había viajado a Madrid en otras ocasiones y se había hospedado también en el hotel Miguel Ángel. En esta ocasión, Baxter llegó a Madrid acompañado de otro empleado de la multinacional.

Un portavoz de la Embajada de EE.UU. aseguró ayer que el detenido se encuentra a todos los efectos bajo la jurisdicción de las autoridades españolas.

Tras la muerte de Rufina, que fue estrangulada y salvajemente mutilada, se ha desencadenado una oleada de miedo entre las prostitutas de Madrid. Las prostitutas pedían que las autoridades les entreguen al americano para darle su merecido.


Orden de prisión incondicional para el norteamericano acusado de la muerte de una prostituta

Anunciata Bremon – El País

6 de marzo de 1987

El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Madrid, Nicanor Fernández Puga, dictó ayer el auto de prisión incondicional de David Baxter Noyes, ingeniero norteamericano acusado de la muerte de la prostituta Rufina Sanz Caviedes.

Baxter Noyes, de 29 años, es técnico de la multinacional McDonnell Douglas, y estaba en Madrid en relación con el programa FACA (Futuro Avión de Combate y Ataque) del Gobierno español, que incluye la compra de 72 aviones F-18 de esa empresa. El cuerpo mutilado de Rufina Sanz, de 35 años, apareció en la madrugada del martes en el patio del hotel Miguel Angel, donde se hospedaba Noyes.

David Baxter Noyes, esposado y acompañado de un teniente y tres números de la Guardia Civil, abandonó hacia las dos de la tarde el Juzgado de Instrucción número 2, donde había prestado declaración a lo largo de la mañana.

Noyes, de aspecto algo huraño y descuidado, vestido con chaqueta oscura y sin corbata, intentaba en vano rehuir las cámaras fotográficas a la salida del juzgado. El detenido, según manifestó el juez, iba a ser trasladado por la tarde a la prisión de Carabanchel, donde pasada la medianoche aún no había ingresado.

El juez, Nicanor Fernández Puga, afirmó que el caso es competencia, en principio, de la justicia española. «La ley penal es territorial», precisó.

Fernández Puga no quiso dar más información sobre el caso, alegando las restricciones impuestas por el Consejo del Poder Judicial a los jueces en este sentido -«no me ponga usted en un compromiso», dijo-, pero corroboró implícitamente la existencia de detalles sádicos en el caso. «Lo único que puedo decirle es que, en líneas generales, lo publicado por la prensa es correcto», dijo el juez, quien lamentó la imposibilidad de ser más explícito con estas palabras: «Yo considero que la libertad de expresión exige que el pueblo se entere de estas cosas».

Gastos de entierro

Según varios testigos presenciales, los padres de Rufina Sanz y el hermano de ésta, Baldomero Sanz, solicitaron ayer en los juzgados que los gastos de entierro y traslado de los restos de la fallecida hasta la localidad vallisoletana de Pedrajas de San Esteban fueran sufragados por la embajada estadounidense, ya que la situación económica de la familia no es buena.

Los parientes de la fallecida se manifestaban ayer alarmados ante la posibilidad de que el acusado fuera trasladado a Estados Unidos para ser juzgado.

David Noyes se entrevistó en el juzgado, hacia las 13.30, con William Owen, oficial del consulado norteamericano en Madrid, quien manifestó a la salida que hacía uso del «acceso consular» que siempre se permite en estos casos. Este funcionario no quiso hablar del contenido de la conversación ni de la situación de Noyes. «No es mi cargo contar estas cosas», señaló, «sólo me ha facilitado los datos de su familia en Estados Unidos para los contactos con ella».

«Este caso está completamente en manos de la justicia española, en la cual tenemos una confianza total», manifestó el oficial norteamericano. Owen negó taxativamente el rumor según el cual el detenido podría ser trasladado a Estados Unidos para ser juzgado. «Eso es imposible legalmente. Sólo cabe la posibilidad del traslado cuando hay ya condena, por medio de un convenio», dijo, «y a petición del condenado».

Estrangulamiento

Baxter Noyes fue detenido el martes pasado en el hotel Miguel Angel, de Madrid, donde se hospedaba, como supuesto autor de la muerte de Rufina Sanz. El cadáver desnudo de Rufina, que había sido arrojado desde un quinto piso, presentaba señales de estrangulamiento, mutilaciones en ambos pechos y una raja que le recorría el abdomen partiendo de la vagina.

David Baxter Noyes y Rufina Sanz habían entrado, unas horas antes de la aparición del cadáver, en la habitación del primero, donde la policía encontró objetos para prácticas sadomasoquistas, las ropas de la mujer y una toalla ensangrentada.

David Baxter Noyes negó ante la policía ser el autor del crimen, y explicó que sólo mantuvieron un pequeño forcejeo, a consecuencia del cual Rufina sangró por la nariz. Según su declaración, la mujer después desapareció.


Acción popular en el caso de la prostituta asesinada

El País Madrid

14 de marzo de 1987

La Asociación contra la Tortura ejercerá la acción popular en el caso de Rufina Sanz Caviedes, la prostituta brutalmente asesinada en el hotel Miguel Ángel el pasado día 3. Fernando Salas, abogado y presidente de la asociación, se personó ayer en el caso, que instruye el juzgado de Instrucción número 2 de Madrid.

«Consideramos, aseguró el abogado a la salida del juzgado, que se han cometido torturas y malos tratos». La actitud de la asociación responde, según Salas, a la petición realizada por diversos colectivos, entre los que se encuentran las prostitutas.

David Baxter Noyes, de 29 años de edad, el ciudadano norteamericano al que se acusa de la muerte de Sanz Caviedes, permanece internado en la prisión de Carabanchel.


La acusación pide 30 años para el norteamericano que mató a una prostituta

Amelia Castilla – El País

18 de junio de 1988

La Asociación contra la Tortura, personada como acusación popular en el caso de David Baxter Noyes, procesado por el asesinato y la profanación del cadáver de Rufina Sanz Caviedes, pedirá 30 años de reclusión mayor para el acusado.

Baxter, que trabajaba como ingeniero de la McDonnell Douglas, será juzgado el próximo viernes, día 24, en la Audiencia Provincial. El procesado será asistido por un intérprete durante la celebración de la vista oral.

El ingeniero de la multinacional norteamericana, acusado de la muerte de una prostituta en el hotel Miguel Ángel, espera la celebración del juicio recluido en la prisión de Alcalá-Meco. En la cárcel ocupa una celda individual de una galería en la que convive con otros 40 presos.

Baxter, al que se considera dentro del recinto penitenciario como un marginado, se relaciona muy poco con los demás internos. «Siempre está solo, y pasa la mayor parte del tiempo leyendo», aseguraron fuentes de la prisión.

El acusado, que ha pasado también por las cárceles de Carabanchel y del Psiquiátrico, no ha mantenido ningún enfrentamiento con el resto de los internos ni ha sido molestado por ningún preso. Tampoco ha conseguido mejorar lo más mínimo su pésimo castellano.

Además de los 30 años de reclusión mayor por asesinato, la acusación popular solicita para el ingeniero seis meses de arresto mayor y 150.000 pesetas de multa por profanación de cadáver. Rufina, según la reconstrucción de los hechos realizada por el fiscal, falleció por asfixia.

La asfixia se produjo después de que el acusado aplastara con el pie la laringe de la mujer. Posteriormente infirió al cadáver un potente corte en el abdomen, además de amputarle ambos pezones y lanzar el cuerpo por una ventana.

En la calificación realizada por el fiscal en relación con la muerte de Rufina se considera que «la ingestión de alcohol, el cansancio del viaje», el americano llevaba dos días en Madrid, «y el cambio de horario entre EE.UU. y España estrecharon la conciencia y dirigieron la voluntad de Baxter». El fiscal, que solicita una pena de 20 años, aprecia en la ejecución de los hechos «la atenuante de trastorno mental transitorio».

«Es insolvente»

Julián Pérez Templado y Templado, uno de los abogados privados del acusado, aseguró que la defensa califica los hechos como «homicidio, con la eximente completa de trastorno mental transitorio». El defensor considera que el punto clave de la vista oral estará en determinar si el acusado está loco o no. A juicio del defensor, el acusado padece un trastorno de tipo psicosexual permanente.

En relación con la indemnización de 15 millones de pesetas, que pedirán tanto el fiscal como la acusación popular en concepto de responsabilidad civil para los herederos de Rufina, la defensa del acusado considera que Baxter «es insolvente». Cuando lo detuvieron, aseguró Templado, «llevaba 30.000 pesetas, y desde entonces no ha generado ningún tipo de renta, motivo por el que no podrá hacer frente a ningún pago».

El ingeniero, que llegó a Madrid el 1 de marzo de 1987 en relación con el programa FACA (futuro avión de combate), ingresó en prisión tres días después. En este tiempo ha sido visitado una vez por su familia, según su abogado.

Ninguna de las partes implicadas en el caso dispone de información sobre la posible implicación del acusado en el crimen de otra prostituta norteamericana, pese a que se ha requerido varias veces a la policía para que aclare lo sucedido.

Poco después de ser detenido Baxter, el FBI, a través de la Interpol, pidió las huellas y todas las pruebas con que contaba la Brigada de Homicidios para inculpar al acusado, por si pudiera tratarse de la misma persona que descuartizó a una prostituta en su país.


Piden la pena máxima contra el norteamericano que asesinó a una prostituta en un hotel de Madrid

Ya

21 de junio de 1988

El próximo viernes se celebrará en la Sección Primera de la Audiencia Provincial el juicio contra el norteamericano David Baxter, el ingeniero que en el mes de marzo del pasado año estranguló en un hotel de Madrid a una prostituta y arrojó su cadáver por la ventana tras seccionarle los pezones.

El fiscal solicita para el procesado veinte años de cárcel por un delito de asesinato, con la atenuante de trastorno mental, mientras que la acusación popular, representada por la Asociación contra la Tortura, pide la pena máxima de treinta años de prisión.

Los hechos que se juzgarán el viernes se remontan hasta el 3 de marzo del pasado año. A las cinco de la madrugada de ese día, los empleados del hotel Miguel Angel escucharon un golpe seco que provenía de uno de los patios interiores del edificio.

Tras una pequeña búsqueda para comprobar cuál era el origen del ruido, similar a la caída de un saco de arena en el suelo, los empleados del lujoso hotel descubrieron en un patio el cadáver de una mujer desnuda, boca abajo, con los pezones seccionados y una cuchillada desde la vagina hasta el ombligo, como si hubiera sido víctima de un extraño haraquiri.

La fallecida fue identificada por los inspectores de Policía del Grupo de Homicidios como Rufina Sanz Caviedes, una mujer de treinta y cinco años de edad que se ganaba la vida ejerciendo la prostitución en los aledaños de la calle Doctor Fleming y Capitán Haya, en Madrid.

Poco después del hallazgo, funcionarios de Homicidios detuvieron, en la habitación 541 del citado hotel, a un ingeniero norteamericano adscrito al programa FACA y que resultó ser David Baxter Noyes, que había llegado a Madrid dos días antes.

En la habitación, los policías descubrieron una maleta con diversos objetos para prácticas sexuales sadomasoquistas, así como una navaja.

David Baxter, de treinta años de edad, declaró que había conocido a su víctima unas horas antes en un pub de la calle Doctor Fleming y que la invitó a acompañarle, extremo éste que ella aceptó por una cantidad de dinero.

Según su versión, cuando llegaron a la habitación, comenzaron a discutir por el precio de los servicios de la prostituta. Siempre según la narración que realizó el norteamericano a los inspectores, comenzaron a forcejear, y en ese momento Rufina Sanz comenzó a sangrar por la nariz. Cuando Baxter se introdujo en el cuarto de baño y volvió, la prostituta había desaparecido.

Orgía de sangre

Pero la verdad parece muy distinta. Según un cliente del hotel que estaba en la habitación contigua a la del norteamericano, sobre las tres de la madrugada oyó gritos «como de niños». El informe del fiscal consta que, tras una díscusión, Baxter aplastó con el pie el cuello de la mujer, que murió asfixiada.

Seguidamente, el norteamericano seccionó ambos pezones a su víctima y le infirió un corte desde la vagina hasta el ombligo. Tras finalizar este macabro ritual, arrojó el cadáver de la prostituta al patio del hotel.

El fiscal pide, en sus conclusiones provisionales, una pena de veinte años de prisión por un delito de asesinato, con la atenuante de trastorno mental transitorio, así como una indemnización de quince millones de pesetas para los herederos de Rufina Sanz.

Por su parte, la defensa del procesado solicita su absolución por considerarlo autor de un homicidio con la eximente completa de trastorno mental transitorio, al tiempo que le declara insolvente.


Baxter padece «trastorno psicosexual de naturaleza sádica», según los forenses

Manolo Marlasca – Ya

24 de junio de 1988

Hoy comienza el Juicio contra el norteamericano que mató y mutiló a una prostituta.

La defensa de David Baxter, el norteamericano que asesinó y mutiló a una prostituta en un hotel de Madrid, pedirá la libre absolución de su patrocinado, fundamentándose en los informes realizados por los psiquiatras forenses, Fabriciano Jiménez Cubero y José Antonio García Andrade, solicitados por el juez instructor del sumario.

De estos informes se desprende que el procesado padece un «trastorno psicosexual, subclase parafilia, de naturaleza sádica», lo que para la defensa del americano supone una eximente completa del delito de homicidio.

Hoy, en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Madrid se celebra el juicio oral contra Baxter, para el que la acusación popular y particular piden treinta años de prisión por un delito de asesinato, sin atenuantes, mientras que el fiscal solicita veinte años de reclusión al apreciar la atenuante eximente incompleta de trastorno mental transitorio.

En los informes de Jiménez Cubero y García Andrade, que quedan reflejados en las conclusiones provisionales del fiscal y de la defensa, se dice que David Baxter padece un «trastorno psicosexual, subclase parafilia, de naturaleza sádica». Los rasgos esenciales de este trastorno consisten en inflingir sufrimiento físico o psicológico a otra persona hasta producirle lesiones incluso mortales.

Además, los dos forenses señalan en sus informes periciales que en la acción de David Baxter concurren ciertos factores desencadenantes que le hicieron perder «por completo y de manera súbita el control de sus actos y cuando su conciencia obnubilada y su voluntad, impulsivamente dirigida por sus instintos y tendencias sádicas, al haber dejado de ejercer las capas superiores de su personalidad el freno adecuado, produjo la muerte a Rufina Sanz», como indica en sus conclusiones provisionales José Templado y Pérez Templado, abogado defensor de David Baxter.

Estos factores desencadenantes son, además del trastorno psicosexual que sufre el norteamericano, «la abundante ingestión previa de bebidas alcohólicas, el cansancio acumulado por el viaje, el cambio de hora respecto a su país, la excitación sexual y la inicial efusión de sangre de la víctima».

«Estado de embriaguez»

Todas las partes coinciden en señalar que horas antes de dar muerte a Rufina Sanz «consumió abundantes bebidas alcohólicas», si bien la acusación privada y la popular mantienen que estas consumiciones «en ningún momento le hicieron perder sus facultades ni el conocimiento, pudiendo caminar, hablar, pensar y siendo totalmente consciente de todos sus actos».

Sin embargo, en el informe elaborado por la defensa de David Baxter se señala que el procesado «estaba completamente embriagado, manifestándose este estado por su hablar pastoso, paso vacilante, ojos brillantes y el hecho de que hacía mucho ruido cantando, riendo y hablando a gritos».

En las conclusiones provisionales del letrado defensor José Templado se señala que la muerte de Rufina se produce por causas no aclaradas. Sin embargo, el resto de las partes especifican las causas del óbito de la víctima señalando que, tras el forcejeo inicial con la prostituta, «el procesado inicia una serie de brutales golpes que culminan con el lanzamiento de Rufina contra el suelo, a la que aplica el pie calzado sobre el cuello hasta conseguir la estrangulación por aplastamiento de la laringe, que fue arrancada de sus conexiones con el plano prevertebral, lo que produjo su muerte por asfixia»,

La acusación popular, ejercida por Fernando Salas, la acusación privada y el fiscal añaden en sus conclusiones un delito de profanación de cadáveres.

En sus informes, las partes citadas dicen que «con posterioridad el procesado produjo a la víctima una profunda herida incisa en el abdomen, que se inicia en la parte alta de la vulva, amputando el clítoris; sigue por encima del monte de Venus y forma larga cola por encima del ombligo. Asimismo la amputó ambos pezones, los cuales envolvió en un trozo de celulosa y arrojó junto con otros efectos personales de Rufina por la taza del inodoro, deshaciéndose más tarde del cuerpo de la víctima precipitándolo por la ventana de la habitación hacia un patio interior».

Las acusaciones tratarán de demostrar en la vista oral que David Baxter era totalmente consciente de sus actos, mientras que la defensas argumentará la pérdida de razón de su patrocinado, además de lo que denominan en las conclusiones «amnesia lagunar» respecto a los hechos que se le imputan. Esta amnesia consiste en el olvido de ciertos hechos aislados que el propio individuo selecciona.

Según los informes de los psiquiatras, David Baxter, repugnado por su acción, provoca el olvido de sus actos. Esa es la razón por la que el procesado nunca ha reconocido las acciones que se le imputan, a pesar de las pruebas más que evidentes que concurren contra él.

La defensa de Baxter ha presentado una petición de pena alternativa a la absolución por si el tribunal estimase que la eximente propuesta no es completa. En esta petición califican la acción del norteamericano constitutiva de un delito de homicidio, con la eximente incompleta de trastorno mental transitorio, por lo que se solicita un año de prisión menor y dos millones de pesetas de indemnización para los herederos de Rufina Sanz.

Por su parte, el fiscal concluye que los hechos son constitutivos de un delito de asesinato y otro de profanación de cadáveres, apreciando la circunstancia atenuante de eximente incompleta de trastorno mental transitorio, por lo que solicita para el procesado una pena de veinte años de reclusión menor y quince millones de indemnización para la familia de la víctima.

Las acusaciones no creen que existan circunstancias atenuantes, por lo que piden para Baxter la pena de treinta años de reclusión mayor y treinta millones de pesetas en concepto de indemnización a la familia de Rufina Sanz Caviedes.


El ingeniero norteamericano David Baxter dice que no recuerda haber estrangulado a la prostituta

José Yoldi – El País

25 de junio de 1988

David Baxter Noyes, de 29 años, soltero, ingeniero de la empresa McDonnell Douglas, aseguró ayer en el juicio contra él que no recuerda nada del asesinato y posterior profanación del cadáver de la prostituta Rufina Sanz Caviedes, de 35 años.

Este hecho ocurrió en el hotel Miguel Ángel de Madrid en marzo del año pasado. El fiscal solicita 20 años de reclusión para Baxter por el asesinato, y una multa de 15.000 pesetas por la profanación del cadáver. Las acusaciones piden 30 años por el asesinato y seis meses por la profanación. Los familiares de la víctima llamaron ayer «asesino» a Baxter.

La defensa pide la absolución por considerar que Baxter cometió el homicidio cuando estaba afectado por un trastorno mental transitorio. El ingeniero se encontraba en España trabajando en la venta de aviones F18 para el programa FACA.

Baxter, castaño, de baja estatura, con incipiente calvicie, vestido con un impecable terno gris azulado con rayas, contestó con voz aflautada y casi inaudible todas las preguntas. Sus respuestas fueron muy meditadas y en todo momento, con un alarde de agudeza, superó el interrogatorio a que fue sometido.

El norteamericano reconoció que había llevado a su habitación a la prostituta y que se bañó con ella, pero insistió repetidamente en que no recordaba que le hubiera aplastado la laringe al pisarle el cuello, ni que hubiera seccionado al cadáver el clítoris, el abdomen y los pechos.

Se mostró sorprendido porque los vestidos de la mujer se encontraran en su habitación; y no explicó de forma satisfactoria la razón por la que limpió las manchas de sangre que había en la estancia.

Incidente

Baxter, en un tono helado, afirmó que los objetos y revistas sadomasoquistas que se encontraron en su poder no los había utilizado nunca, ni era amigo de esas prácticas sexuales, y explicó que los había comprado seis meses antes en EE.UU. para hablar de ellos con algunas mujeres.

Cuando el presidente concedió un descanso, los padres de Miguel Ángel Rojas -joven que resultó muerto por el navajazo del ciudadano americano Michael Wagner en el concierto de los Skorpios- [Scorpions] y una cuñada de la prostituta fallecida se dirigieron al acusado llamándole asesino y criminal. Baxter esbozó una sonrisa y el presidente ordenó desalojar la sala. En el exterior arreciaron los gritos que pedían la muerte para los dos norteamericanos. La Guardia Civil impidió luego el acceso a la sala de las personas que habían causado el alboroto.

En la sesión de la tarde, los forenses ratificaron que la muerte de Rufina Sanz se produjo al aplastarle la garganta con un zapato y explicaron que la fuerza aplicada para producirle esa lesión fue brutal, «incluso mucho más fuerte de lo que podría conseguir una persona normal apretando conscientemente».

Sadismo

La fase decisiva del juicio se inició con la prueba pericial psiquiátrica, ya que todas las partes están de acuerdo en que Baxter mató a Rufina Sanz, que profanó su cadáver y lo arrojó por la ventana. Pero discrepan en si el ingeniero era consciente de sus actos y si padece una amnesia temporal o laguna en la memoria precisamente en el momento del crimen.

Los peritos, entre los que se encuentra el doctor Alfonso Cabeza, mantienen que Baxter padece un trastorno psicosexual: es un sádico; su personalidad no está afectada en la vida normal, pero cuando se encuentra en excitación sexual, su conciencia se rebaja y afloran sus tendencias sádicas. Además estaba influido por el alcohol, la fatiga y el cambio de horario. Otro perito psicólogo, propuesto por la acusación, sostiene que la conciencia de Baxter no estuvo obnubilada y que los efectos del alcohol y los cambios de horario no influyen en los hechos. El juicio concluye hoy.


Baxter «es un sádico que debió hacer una fuerza sobrehumana», dicen los forenses

Carlos Aguilera – Ya

25 de junio de 1988

«¡Asesino, criminal! Los americanos sólo venís a España a matar a nuestros hijos». Con estas palabras se expresaron ayer airadamente los familiares de Rufina Sanz Caviedes y los padres del joven asesinado por un norteamericano en el concierto del grupo Scorpions durante la vista oral que se inició contra el ingeniero David Baxter Noyes, que compareció ante el tribunal acusado de estrangular y mutilar a una prostituta en el hotel Miguel Angel, de Madrid, el 3 de marzo de 1987. El procesado manifestó que «no soy consciente de haber asesinado a Rufina».

Cuando el presidente del tribunal hizo sonar su campanilla, a media mañana de ayer, para anunciar un descanso en la vista oral iniciada contra el ingeniero norteamericano David Baxter, acusado de asesinato y profanación de cadáver, los familiares de Rufina Sanz, la victima, y los padres del joven asesinado por un soldado norteamericano durante un concierto en Madrid del grupo Scorpions, comenzaron a increpar, desde los asientos del público, al procesado, a quien llamaron a voces «asesino y criminal», produciéndose un pequeño altercado entre los asistentes, que finalmente fue resuelto por los agentes de la Guardia Civil, que desalojaron la sala.

David Baxter Noyes se había sentado, a las once y cuarto de la mañana, en el banquillo de los acusados, con las manos esposadas. El juicio, que despertó una gran expectación en el Palacio de Justicia, se inició con la intervención de la representante del ministerio público, que interrogó al procesado. Este contó en todo momento con la intervención de un traductor.

El norteamericano acusado de estrangular a Rufina Sanz refirió a la fiscal que la noche del 2 de marzo del pasado año bebió «unas tres jarras de cerveza entre tres amigos, tres o cuatro cervezas más y dos pacharanes en el pub El León Rojo», del que salió sobre la una de la madrugada con la intención de tomar un taxi que le llevara al hotel Miguel Angel, en el que se había alojado.

«En ese momento observé a una mujer que con gestos me insinuó lo que quería, estaba claro» Después se dirigieron al citado hotel, donde Baxter recogió en recepción las llaves de la habitación 541, en compañía de Rufina. Ambos subieron a la habitación, aunque Baxter salió inmediatamente para cambiar dinero en el hotel, «mientras que Rufina se quedó en el baño».

Al regresar a la habitación, el norteamericano se desnudó y se sumergió en la bañera junto a ella, «aunque no tuvimos relación sexual». Luego, según declaró el acusado, inició una discusión con Rufina a causa del dinero, ya que ella le iba arrebatando los billetes que él le iba mostrando y hasta trató de quitarle la cartera. Entonces Baxter le pegó un puñetazo en la nariz que le hizo sangrar. A partir de ese momento, el procesado manifestó que no recuerda nada.

En cuanto a una maleta con objetos para prácticas sádicas, que fue hallada por los funcionarios del Grupo de Homicidios de la Policía en su habitación, Baxter dijo que la trajo a España no con el fin de utilizarlos, sino para mostrárselos a sus amigos y comentar cosas». Todos esos objetos, muñequeras con pinchos, pinzas y cinturones para las prácticas sadomasoquistas, fueron expuestos ante el tribunal como piezas de convicción, junto a numerosas revistas y toallas ensangrentadas.

Por su parte, los cuatro médicos forenses que declararon en el juicio coincidieron en señalar que el procesado «no recuerda nada de lo sucedido», y añadieron que Baxter «sufre una amnesia lagunar, no recuerda nada del crimen y además no finge».

Los primeros médicos en declarar, Modesto Martínez y Gregorio Arroyo, que practicaron la autopsia a la prostituta asesinada, afirmaron que el autor del crimen «partió el cuello a Rufina y debió de hacer una fuerza brutal, casi sobrehumana».

Explicaron que la mujer sufrió golpes y lesiones en la ceja, nariz y boca, previas a su muerte y que, probablemente para acallar los gritos de este mal trato, el norteamericano la estranguló con su pie calzado ejerciendo enorme fuerza y varios golpes.

Los médicos psiquiatras y forenses José Antonio García Andrade y Fabriciano Jiménez Cubero, que realizaron un informe psiquiátrico del acusado, afirmaron que Baxter padece un «trastorno psíquico-sexual. Es un sádico, pero su inteligencia, su educación y su condición social hacen que este sadismo no haya aflorado hasta el día que comete el crimen. En ese momento su conciencia se estrecha y su voluntad se relaja y aparece el sadismo mayor que le lleva a cometer hasta un acto de «canibalismo metafórico, como fue arrojar los pezones de Rufina por el inodoro, ya que es un sádico oral y utiliza las cañerías del hotel como si fueran sus propios intestinos».


Suspendido el juicio por el asesinato de una prostituta

El País Madrid

26 de junio de 1988

El juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Madrid contra el Ingeniero norteamericano David Baxter Noyes, por el asesinato y mutilación de la prostituta Rufina Sainz Caviedes, fue suspendido ayer al no comparecer dos de las testigos. Se trata de María Pla de Miguel y María Visitación de Miguel García, que ocupaban la habitación contigua a la del norteamericano, donde ocurrieron los hechos en la madrugada del 3 de marzo de 1987, en el hotel Miguel Ángel de Madrid.

Sí acudieron a declarar ayer dos empleados y dos policías que habitualmente se encuentran en este hotel, y que practicaron la detención de David Baxter. También compareció ante el tribunal el fontanero que desatascó el inodoro de la habitación donde se cometió el crimen.


Un fontanero declara que halló los pechos de Rutina en el inodoro

Ya

26 de junio de 1988

Un fontanero del hotel Miguel Angel, en una de cuyas habitaciones fue estrangulada y mutilada Rufina Sanz Caviedes, a manos del ingeniero norteamericano David Baxter Noyes, declaró ayer, en el juicio que se sigue contra el acusado en la Audiencia Provincial de Madrid, que días después del crimen extrajo del inodoro de la habitación 541, ocupada por el procesado, los pezones de la víctima, que habían sido envueltos en algodón.

Al término de la sesión, los magistrados del tribunal decidieron la suspensión de la vista oral hasta el próximo viernes, a causa de la incomparecencia de dos testigos, dos mujeres que ocupaban la habitación contigua y que, según la Policía, escucharon los gritos de una mujer.

En la sesión de ayer del juicio que se sigue contra David Baxter, acusado de asesinato y profanación de cadáver, el fontanero del hotel Miguel Angel, Julio Hernández Rodino, declaró al tribunal que cuando le avisaron de la existencia de una avería en la habitación 541 del hotel, días después de haberse cometido el crimen de Rufina Sanz Caviedes, procedió a desatascar el retrete, momento en el que encontró unos algodones que envolvían unos pezones seccionados, que más tarde se comprobó pertenecían a la víctima.

Rufina Sanz había sido asesinada la madrugada del 3 de marzo del pasado año, cuando acompañó al norteamericano David Baxter a su habitación del citado hotel madrileño, donde el procesado le dio muerte, produciéndole una tremenda herida desde la vagina al ombligo, además de seccionarle los pezones.

En su declaración, el fontanero aseguró que también había encontrado unas bragas, una cartera, unas pastillas, un preservativo, una compresa y unos pendientes rojos durante la reparación que efectuó en la citada habitación.

Según comprobaron posteriormente los Funcionarios del Grupo de Homicidios de la Policía madrileña, todo ello era propiedad de Rufina Sanz, quien se había despojado de toda su ropa y sus pertenencias al llegar al alojamiento, donde se bañó.

Toalla ensangrentada

Por su parte, el director del hotel Miguel Angel, José Luis Torres, relató a la sala que a las cinco y diez de la madrugada del día 3 de marzo del pasado año le despertó un empleado para informarle que había encontrado el cadáver de una mujer en el patio del establecimiento hostelero.

El señor Torres manifestó que inmediatamente dio aviso del hecho a la Policía, y que acompañó posteriormente a los funcionarios de Homicidios hasta la habitación que ocupaba el norteamericano David Baxter Noyes, que había llegado a nuestro país como ingeniero de la empresa MacDonnell Douglas [McDonnell Douglas] en relación con el programa FACA (futuro avión de combate).

José Luis Torres agregó que Baxter se negó a abrir la puerta «porque decía que se estaba duchando, y tuve que utilizar la llave maestra». Sin embargo, según prosiguió el director del hotel en su relato, el norteamericano tenía echada la cadena en la puerta, por lo que tuvieron que esperar hasta que David Baxter se decidió a franquearles la entrada, «envuelto con una toalla por la cintura y con otra que ocultaba y que tenía manchas de sangre».

El director del citado hotel agregó que el ingeniero no estaba borracho y que se encontraba muy tranquilo, incluso cuando le comunicaron que estaba detenido. También indicó que pudo comprobar cómo el cuarto de baño había sido fregado. «al menos dos veces», según dijo el señor Torres

Durante la sesión de ayer sábado declararon también los tres policías que participaron en detención de Baxter. Estos señalaron que el norteamericano afirmaba que no sabía nada del asesinato de la prostituta cuando le preguntaron sobre el hallazgo del cadáver de Rufina, y que pudieron observar cómo había restos de sangre entre las dos camas de la habitación, que se encontraba en completo orden y sin signos de violencia alguna.

Objetos sádicos

Los funcionarios de Homicidios ratificaron también que Baxter se encontraba tranquilo y que sobre una silla vieron un maletín con diversos objetos para prácticas sexuales sadomasoquistas, entre los que se encontraba una cadena con dos pinzas en sus extremos, unas muñequeras con pinchos y un cinturón de las mismas características, además de varias revistas de temas sadomasoquistas.

Al término de la sesión de ayer, los magistrados de la Sección Primera decidieron la suspensión de la vista hasta el próximo viernes, debido a la incomparecencia de dos testigos, dos mujeres cuyo testimonio es considerado «fundamental» por el letrado de la acusación popular, Fernando Salas, presidente de la Asociación contra la Tortura, personada en esta causa.

Estas dos testigos son María Pla de Miguel y María Visitación de Miguel García, que la madrugada en que fue asesinada Rufina Sanz ocupaban la habitación contigua a la 541, en la que se alojaba David Baxter.

Ambas mujeres declararon en las diligencias tramitadas por la Policía que a las tres de la madrugada del 3 de marzo de 1987 escucharon gritos de mujer, por lo que avisaron a la recepción del hotel. Un empleado y un vigilante del mismo recorrieron entonces la planta del hotel donde se habían escuchado los gritos, sin descubrir nada sospechoso.

Dos horas más tarde, el cuerpo de Rufina Sanz fue arrojado, sin vida y ensangrentado a causa de las mutilaciones y heridas, al patio interior del establecimiento hotelero.

Para el próximo viernes está previsto que quede visto para sentencia el juicio tras la lectura de las conclusiones provisionales de todas las partes. Mientras el ministerio público solicita veinte años de cárcel para Baxter y las acusaciones la pena máxima de treinta años, la defensa pide la absolución del acusado al calificar los hechos como un delito de asesinato con la eximente completa de trastorno mental transitorio, basada en los informes emitidos por los forenses.


Visto para sentencia el juicio contra el ingeniero estadounidense acusado de asesinar a una mujer

José Yoldi – El País

2 de julio de 1988

Dos testigos oyeron gritos de auxilio desde la habitación contigua del hotel donde mataron a una prostituta.

El juicio contra el ingeniero de la empresa McDonell Douglas [McDonnell Douglas] David Baxter Noyes, de 29 años, acusado del asesinato de la prostituta Rufina Sanz Caviedes, de 35, quedó ayer visto para sentencia. En la sesión final, dos mujeres que ocupaban la habitación de al lado en el hotel Miguel Ángel de Madrid, donde ocurrieron los hechos, declararon ayer que oyeron los gritos de auxilio.

María Vísitación de Miguel García y su hija María Sonsoles Plá de Miguel, que la noche del 2 al 3 de marzo de 1987 se encontraban alojadas en la habitación contigua a la que ocupaba el ciudadano estadounidense, testificaron ayer en el juicio que a las tres de la madrugada oyeron una voz femenina que gritaba: «¡Socorro, auxilio, ayúdenme!».

Las dos mujeres relataron que sabían que eran las tres de la mañana porque miraron la hora y telefonearon a la recepción del hotel para avisar de los gritos. Después volvieron a acostarse y al poco rato oyeron cómo en la habitación de al lado tiraban repetidamente de la cadena del retrete.

Madre e hija precisaron que creían recordar que habían oído un golpe seco sobre las cinco de la mañana, que podría coincidir con la caída de la prostituta desde la ventana.

Baxter, para el que el fiscal pide 20 años de cárcel por asesinato con la atenuante de trastorno mental transitorio, estuvo como en las jornadas anteriores inalterable, elegante y frío, y no quiso decir nada cuando el presidente, acabado el juicio le preguntó si tenía algo más que añadir en su defensa.

Conciencia de sádico

La fiscal, Julia del Rosal, relató el proceso que siguió Baxter para estrangular a Rufina Sanz; cómo, a su entender, le quemó los pezones con un cigarrillo cuando todavía estaba viva, le seccionó los pechos y el sexo después de muerta y, posteriormente, la arrojó por la ventana. La fiscal considera que el ingeniero no es un enfermo mental, es consciente de que es un sádico y le gusta tener placer sexual causando dolor a su pareja.

En su informe, la fiscal admite que Baxter pudo sufrir un trastorno mental en el momento del crimen, pero estima que se dio cuenta de cómo sufría su víctima cuando la mataba. Añadió que en buena medida era consciente puesto que trató de borrar las huellas de sangre, deshacerse de las ropas de Rufina y fabricarse una coartada, aunque con muchas contradicciones.

La fiscal concluyó que Baxter era responsable de sus actos aunque su imputabilidad estaba disminuida. Sugirió al tribunal la posibilidad de sustituir parte de la pena que se le imponga por un tratamiento médico adecuado.

Los acusadores, Juan José Blasco, en representación de la familia de la fallecida, y Fernando Salas, que ejerce la acción popular en nombre de la Asociación contra la Tortura, solicitaron penas de 30 años por asesinato y de seis meses por la profanación del cadáver.

Ambos se refirieron al ensañamiento con que Baxter prorrogó de forma cruel e innecesaria el sufrimiento de su víctima, cuando todavía estaba viva. Agregaron que su mente no estaba trastornada y que se excitó con los objetos sadomasoquistas que el propio ingeniero se había traído en una maleta desde Estados Unidos.

Salas calificó a Baxter como simulador y afirmó que ha mentido en todo momento. Puso de manifiesto su peligrosidad y recordó el informe de los forenses, según el cual, Baxter puede repetir su crimen con mayor facilidad. Por último recordó que una persona de sus características, con un sueldo en España de 600.000 pesetas al mes, no puede ser insolvente, y pidió que se indemnice con 30 millones a la hija de la fallecida.

El defensor, Gonzalo Rodríguez Mourullo, reconoció los hechos, pero pidió la absolución por entender que el trastorno mental de Baxter le incapacitaba para ser responsable de sus actos


La paradoja

José Yoldi – El País

2 de julio de 1988

El caso del sádico David Baxter Noyes ha puesto de manifiesto las contradicciones del derecho. Los forenses y peritos psiquiatras han explicado al tribunal que el norteamericano es un individuo sumamente peligroso y que, debido a su personalidad sádica, puede repetir en cualquier momento una acción como la que causó la muerte a la prostituta Rufina Sanz, a la que estranguló, profanó el cadáver y lo arrojó por la ventana de su habitación.

Sin embargo, los peritos no coinciden sobre si Baxter era consciente y, por tanto, responsable de sus actos. Cuatro de ellos consideran que tenía las facultades mentales muy disminuidas, mientras que un quinto, asegura que el ingeniero finge la amnesia y que es perfectamente imputable.

Todos ellos están de acuerdo en que no es un enajenado, esto es, que no está loco todo el tiempo, sino sólo en los momentos de excitación sexual, por lo que no tiene sentido internarlo permanentemente en un psiquiátrico, del que, por otra parte, una persona de gran inteligencia, como él, no tendría ningún problema para escaparse cuando quisiera.

Se da entonces la paradoja de que la sociedad no puede dejar en libertad a Baxter porque es un individuo muy peligroso, pero al mismo tiempo, su responsabilidad, según la mayoría de los peritos, está muy disminuida por lo que la condena tendría que ser leve, y por tanto quedar pronto en libre.


David Baxter: «No hablo con nadie, solo leo»

Gonzalo Goicoechea – Interviú

4 de julio de 1988

«He aceptado hablar con ustedes porque temo que, si me niego, escriban un artículo contra mí. La única condición es que no me pregunten nada sobre el caso, porque de eso no quiero hablar».

Así comenzaba David Baxter Noyes, ciudadano norteamericano, la entrevista que, tras mucho pensárselo, concedió a Interviú pocos días antes del inicio del juicio, el pasado viernes, en el que se le acusa del asesinato y profanación del cuerpo de Rufina Sanz Caviedes, una prostituta que ejercía su oficio en la zona madrileña de Cuzco.

Todos los que estos últimos meses han tratado con David Baxter coinciden al resaltar su carácter frío, introvertido y poco comunicativo. Los policías que lo detuvieron, los abogados de la defensa, los psiquiatras y los funcionarios de la prisión madrileña de Alcalá-Meco, donde se encuentra desde hace dieciséis meses, es lo primero que cuentan. En estos meses de cárcel apenas ha cruzado palabra con nadie.

Baxter lo achaca al problema de la lengua y dice sufrir esa soledad que tanto sorprende: «Me siento muy solo, aislado. Durante mucho tiempo sólo he hablado con mi abogado sobre lo que está pasando, con nadie más. Realmente me siento aislado».

Niega que no quiera hablar con los demás presos: «El problema de la lengua es importante. Entiendo un poco el español, algunas palabras, preguntas simples que se hacen unos a otros, como déjame el periódico y cosas así. Pero es muy difícil mantener una conversación. Y luego, la mayoría de los que están aquí, no todos pero sí la mayoría, aunque fueran americanos, no tienen muchas cosas en común conmigo. Estaría encantado de que aquí hubiera alguien con quien poder charlar, alguien que tuviera una preparación similar para poder hablar de nuestras cosas».

Soluciona Baxter el problema leyendo libros de todo tipo, novelas, ensayos de divulgación científica, libros que le consiguen los funcionarios de la embajada norteamericana. «Estuvieron aquí los de la embajada y me preguntaron en qué podían ayudarme. Pero no pueden ayudarme. Así que volvieron y me trajeron libros».

Tiene un rostro de rasgos infantiles, a pesar de la barba fuerte, correctamente afeitado. Es más bien bajo y viste un chándal gris que hace más menudo su cuerpo. Como buen estadounidense su voz suena de un modo nasal. No sonríe. Pero no rehuye la mirada, aunque la incomodidad del locutorio le obliga a bajar la cabeza constantemente para hacerse entender.

Buena chica, pobre chica

¿Miraría así la noche de autos? La madrugada del 3 de marzo de 1987 queda ya lejos. Pero David Baxter, entonces de veintiocho años, no la olvidará fácilmente. Tampoco los agentes del grupo de homicidios que a aquellas horas estaban de guardia. Lo especial del caso hace que éstos recuerden todo con precisión.

Una llamada telefónica les avisó de que una mujer yacía muerta en el patio del madrileño hotel Miguel Angel. Los agentes se dirigieron al lugar. Había nerviosismo en el lujoso establecimiento, y los empleados, preocupados por no alarmar a la clientela, apenas podían disimular su inquietud. Los agentes pasaron al patio.

Efectivamente; junto a una gran maceta de flores estaba el cuerpo de una mujer. Aparentemente, pensó el agente G, -cuyo nombre omitimos a petición del interesado-, se trata de un suicidio. Un pequeño charco de sangre junto al cadáver desnudo. Pero al volver el cuerpo los agentes se dieron cuenta de que el caso no era tan sencillo.

El horror de la imagen les dominó breves instantes: los pezones de la mujer estaban cortados y el sexo parecía desgarrado por una profunda herida que alcanzaba hasta el ombligo; tenía hematomas, rasguños y otras heridas menores.

Superada la repugnancia, casi sin hablarse, los agentes estuvieron de acuerdo en que se trataba de un caso especial. Un asesinato distinto de los cincuenta o sesenta que se producen al año en nuestro país.

Cuando el agente G. examinó más detenidamente el rostro de la muerta, reconoció a «La Rufi», una prostituta a la que en sus tiempos de destino en la comisaría de la calle de la Luna había visto detenida más de una vez; detenciones sin importancia, por redadas y cosas así.

Por entonces, «La Rufi» buscaba clientes por la zona de Ballesta. Después se la encontró algunas noches por los aledaños de la Castellana.

Sí, era una buena chica «La Rufi» y, sin embargo, ahí estaba, muerta, con su cuerpo mutilado. El agente G. sintió pena, no demasiada, pues el oficio endurece y, al fin y al cabo, no era más que una pobre «lumi». Volvió a examinar su rostro ensangrentado, un rostro de rasgos toscos, ordinarios, alejados de los cánones que definen la belleza; el rubio teñido, de tan evidente, no ayudaba a mejorarlo.

Rufina Sanz se dedicaba a la prostitución porque quizá no sabía hacer otra cosa y la vida se le había puesto muy dura. Había nacido en Pedrajas de San Esteban, un pueblo de la provincia de Valladolid. De familia jornalera, se casó joven con Teodoro, con quien tuvo una hija. Enseguida el matrimonio se rompió.

Según Fernando, un taxista sesentón, amigo-amante-chulo, «La Rufi» no valía para el oficio porque le faltaba picardía. Según algunas compañeras de penas y profesión lo que le había pasado era previsible «porque la clase de vida que llevaba no era buena; le gustaba demasiado el bingo y robar a los clientes». Otras amigas, sin embargo, declararían que no, que nunca había robado.

El americano impasible

Pero todos esos datos y declaraciones se conocerían después, cuando el caso saltó a las páginas de la prensa. El agente G. al recordar los hechos, niega que «La Rufi» se dedicara a levantarles la cartera a los clientes. Al menos, no habitualmente. «Si hubiera tenido esa costumbre, alguna vez habría sido denunciada. Pero nunca tuvo problemas. En el mundo de los bajos fondos se miente mucho», afirma.

Recuerda el agente G. que las pesquisas para dar con el supuesto asesino fueron sencillas. Su compañero y jefe corrobora sus palabras. Dado el ángulo de caída del cuerpo, varias habitaciones quedaron enseguida descartadas como lugar del crimen. También los cuatro primeros pisos, porque, según los empleados del hotel, habían sido desalojadas esa misma noche, ya que se habían utilizado para un certamen de moda.

El cerco se estrechaba. Sólo había que examinar una parte de los pisos quinto y sexto. Repasaron la lista de clientes. El portero dio la pista definitiva. El norteamericano de la 541 había subido hacía unas horas con una rubia de la calle que se parecía mucho a la víctima.

Los agentes se dirigieron al piso quinto, acompañados por un empleado que hablaba bien el inglés. Había más datos que señalaban al norteamericano como presunto autor: los clientes vecinos de la 541 habían protestado por los extraños ruidos que salían de la habitación y por un prolongado e insistente llanto, semejante al de un niño.

Los policías llamaron a la puerta. Unos segundos de espera, las armas preparadas, por si acaso. «Abran, es la policía». Y el empleado traducía al inglés. Por fin se abrió la puerta, aunque no del todo. Por la rendija, defendido por la cadena de seguridad, apareció David Baxter Noyes. Tenía el pelo mojado y, desnudo, se cubría sus partes con una toalla.

Dijo que no entendía. El empleado le explicó que era la policía. Insistió que no entendía. Los agentes comenzaban a ponerse nerviosos. Finalmente se abrió la puerta. En el interior de la habitación había pruebas evidentes y acusadoras: manchas de sangre, una toalla también con sangre, una libreta de ahorro a nombre de Rufina Sanz, las ropas de ésta.

Sin embargo, ni en esa primera inspección ni en otras más concienzudas se encontraron los pezones que le faltaban al cadáver. Se descubrieron días más tarde en las cañerías, cuando el fontanero las revisó, pues la cisterna no funcionaba bien. Un pequeño fallo sin importancia ése de no examinar los desagües.

David Baxter Noyes estaba tranquilo, increíblemente tranquilo, como nunca habían visto los agentes. Lo trasladaron a una habitación contigua para un primer interrogatorio, vestido todavía tan sólo con la toalla humedecida.

Su versión era muy sencilla: esa noche había salido con otros compañeros de trabajo, técnicos como él de la McDonnell Douglas, a tomar unas copas. Sobre las dos de la madrugada ligó con Rufina y subió con ella a la habitación del hotel. Tuvieron una pequeña discusión. Y luego, nada más, un espacio en blanco hasta que, de pronto, la policía había llamado a la puerta.

Negó entonces, y lo sigue negando, que él hubiera matado a la chica. Los psiquiatras dan razones técnicas para tal olvido en el informe pericial del sumario, pero dicho informe tardó varios meses en ser elaborado. En la madrugada del 3 de marzo del año pasado los agentes del grupo 10 de homicidios sólo veían un americano impasible que negaba los hechos, a pesar de haber encontrado tanta pruebas en su contra.

Le dijeron que se vistiera y se lo llevaron a la Dirección General. Su actitud no cambió. Entre otras pruebas, se fotografió y se guardó un maletín de objetos sadomasoquistas, nada que no se vea en cualquier sex-shop: látigos, cadenas, bragueros y unas pinzas enlazadas por una cadena para enganchar los pezones y tirar. Según el forense, hay que tirar mucho para arrancar los pezones.

Baxter, ingeniero técnico, trabajaba en el programa FACA, el de los trescientos o cuatrocientos mil millones. Nació en San Luis, en los Estados Unidos y, según todos, hasta los funcionarios de prisiones, es un chico muy listo.

Pero no recuerda que aquella triste madrugada matara a «La Rufi». Y duerme tan tranquilo, sin ayuda de pastillas ni nada por el estilo. Ha pasado más de quince meses en la cárcel de Alcalá-Meco sin apenas comunicarse con nadie.

En espera de la sentencia

Los días anteriores al juicio los funcionarios no observaron ningún cambio en el comportamiento de Baxter. Él esperaba con la tranquilidad de siempre. «Un par de veces algunos que están estudiando en la cárcel me han hecho preguntas técnicas de matemáticas y cosas así. Pero claro, cuando la gente tiene una cultura distinta no tienes muchas cosas en común con ellos y es difícil mantener una conversación», dijo Baxter a Interviú.

Según convenio entre España y Estados Unidos, los norteamericanos condenados en España pueden cumplir la pena en su país de origen si así lo solicitan y si lo aceptan los tribunales.

Baxter no ha tomado ninguna decisión al respecto: «Hay muchas preguntas que antes del juicio no tienen respuesta. No sé tampoco a qué prisión americana me enviarían. Lógicamente, sería mejor para mí una cárcel que estuviera cerca del hogar de mi familia. Aquí, por ejemplo, los españoles tienen mucha ayuda de sus familias. Les envían ropa, comida, muchas cosas. Yo, al estar tan lejos del hogar, no recibo nada. Pero, ya le digo, sin conocer la sentencia, no puedo pensar en el futuro».

Quizá esta misma semana se haga pública la sentencia, y entonces Baxter pueda planificar su vida. Según los psiquiatras, puede ser sincera su negativa a reconocerse autor de la muerte de Rufina Sanz, puede ser cierto que realmente no recuerda nada, una especie de amnesia.

El fiscal calificó los hechos como un asesinato cualificado por la circunstancia de ensañamiento y apreció un atenuante eximente incompleta. Su petición: veinte años de reclusión menor por delito de asesinato y, por profanación de cadáver, dos multas de treinta mil y quince mil pesetas con arrestos sustitutorios de treinta y quince días.

El abogado defensor pidió la absolución por enajenación completa y, alternativamente, solicitó la calificación de los hechos como homicidio con el mismo eximente incompleto del fiscal. Este pidió también una indemnización para los herederos de quince millones de pesetas. El defensor dice que Baxter es insolvente.

Días antes del juicio, algo más de quince meses después de los hechos, David Baxter no quiere hablar del caso. Siempre vigilante, su negativa no admite resquicios: «Entiendo que a usted le interesen ese tipo de preguntas. Pero no puedo decir nada».

Pero hay otro dato del que tampoco quiso hablar. A los pocos días de su detención, la policía norteamericana pidió a la española cuantos datos tuviera sobre Baxter porque sospechaba que también pudiera ser el autor de la muerte y mutilación de otra prostituta, esta vez en Estados Unidos. El cadáver de la norteamericana fue encontrado con los genitales cortados en una zona rural cercana a San Luis, ciudad natal del sospechoso.

Unos agentes del FBI de la base de Torrejón le fueron a visitar a la cárcel de Alcalá-Meco hace tan sólo dos o tres semanas. Fue una visita incómoda.

También su padre le visitó hace bastante tiempo. Pasó una semana en Madrid. Baxter hijo se mostraba contento con su comportamiento: «Sí, he tenido una gran ayuda de mi familia».

El «flash» del fotógrafo se refleja en el cristal del locutorio y Baxter pone un gesto raro. Sin perder la frialdad, remata: «Para ser honesto, no creo que nada de lo que me ha preguntado me sirva de ayuda. Pero sí podría poner a la gente en mi contra. Por eso he aceptado la entrevista. Puede usted decirme que va a escribir todo tipo de cosas buenas sobre mí, pero yo no lo sé, no le conozco. Usted puede escribir un artículo jugando con mi vida. Espero que no escriba contra mí».

Y nos despedimos. Se da la vuelta y se marcha. ¿Será escribir contra el acusado recordar que Rufina Sanz, puta callejera, murió una fría mañana de marzo por asfixia según la autopsia, y que sus ropas y su sangre estaban en la habitación del sospechoso?


Condenado a 20 años de cárcel el ingeniero norteamericano que estranguló a una prostituta

José Yoldi – El País

12 de julio de 1988

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 20 años de cárcel a David Baxter Noyes, ingeniero norteamericano de McDonnell Douglas, por haber estrangulado a la prostituta Rufina Sanz Caviedes en un hotel de Madrid. Baxter, después de matar a la mujer, profanó su cadáver con diversos ritos sádicos y la arrojó por una ventana.

El tribunal ha fijado una indemnización de 20 millones de pesetas destinados a la educación y mantenimiento de la hija de la víctima, que ha quedado en una precaria situación económica. El tribunal ha calificado los hechos como asesinato con el atenuante de trastorno mental transitorio.

Los magistrados, que consideraron también culpable al ingeniero de un delito de profanación de cadáveres, declararon probado que Baxter, de 31 años, estuvo bebiendo con unos amigos la noche del 2 de marzo de 1987. Cuando de madrugada se quedó solo, se puso en contacto con Rufina Sanz, de 35. Ambos se desplazaron al hotel Miguel Ángel de Madrid, donde Baxter, a pesar de tener unas 10.000 pesetas, cambió un cheque de 100 dólares. Tras darse un baño en la habitación, ambos discutieron sobre los servicios que debía prestar la prostituta y el precio de los mismos.

La sentencia precisa que en ese momento afloraron «las pretensiones sádicas del cliente, quien había viajado desde EE.UU. provisto de una serie de objetos propios de tales prácticas y revistas ilustrativas sobre el tema».

El tribunal establece que Baxter golpeó a Rufina en la discusión pero que finalmente ella accedió a la relación sádica, tumbándose en el suelo y consintiendo que Baxter le aplicara su zapato en el cuello, tal y como figuraba en una de las revistas de contenido sado que el norteamericano había traído.

Cuando la presión del pie aumentó, Rufina pidió auxilio a gritos, pero Baxter le aplastó la laringe de forma brutal, causando su asfixia. Seguidamente, el ingeniero seccionó el sexo y los pezones de su víctima, y los arrojó por el retrete. Finalmente, lanzó el cadáver por la ventana de la habitación.

Baxter padece un trastorno psicosexual, cuyo rasgo principal consiste en producir sufrimiento físico o psicológico para conseguir placer sexual, llegando a causar la muerte.

El tribunal, que califica de «brutal crimen y aberrantes prácticas» lo sucedido, considera que Rufina se doblegó a las prácticas sádicas por su precaria situación económica, y que en el momento de su muerte estaba tumbada boca arriba, postura que tuvo que adoptar voluntariamente, ya que no existen síntomas de que hubiera sido atada.

La sentencia puntualiza que Baxter ocultó sus propósitos hasta que tuvo a su víctima a sus pies, totalmente sometida e indefensa. Entonces la sorprendió dando «rienda suelta a sus instintos sádicos».

El fiscal pidió 20 años por asesinato y multas de 30.000 y 15.000 por la profanación, con la eximente incompleta de trastorno mental transitorio, y 15 millones de indemnización, mientras que las acusaciones de la familia y de la Asociación contra la Tortura pidieron 30 y seis años, respectivamente, con 30 millones de indemnización, por considerar que no hay eximente.

Por su parte, la defensa solicitó la libre absolución y alternativamente un año y dos millones de indemnización por homicidio con la atenuante de trastorno mental transitorio.

El tribunal ha ordenado que se investigue la situación económica de David Baxter, ya que ha declarado poseer 42.141 pesetas, dinero a todas luces insuficiente para hacer frente a la indemnización, pero los magistrados no aceptaron la insolvencia del procesado, que tiene un sueldo en España de 600.000 pesetas al mes.


Personalidad sádica

El País

12 de julio de 1988

La sentencia dictada ayer por la Audiencia Provincial de Madrid considera que David Baxter, que estranguló el 2 de marzo de 1987 a una prostituta en Madrid y mutiló su cadáver, padece un trastorno psicosexual cuyo rasgo esencial es la necesidad de infligir sufrimiento físico o psicológico para experimentar placer sexual.

Este hecho, y el de que Baxter había ingerido bebidas alcohólicas, dio lugar a que el procesado «tuviera la conciencia estrechada en esos momentos y su voluntad impulsivamente dirigida por los instintos y tendencias, lo que originó que sus facultades volitivas e intelectuales se encontraran muy disminuidas».

El fallo, que condena a Baxter Noyes a 20 años de prisión, se fundamenta en el dictamen de los psiquiatras, que negaron que éste simulara su amnesia respecto de lo sucedido en la habitación del hotel Miguel Ángel, de Madrid, después de discutir con la prostituta.

La consecuencia jurídica de esta perturbación es que el tribunal aplica la eximente incompleta de transtorno mental transitorio, que reduce sensiblemente la pena por los delitos de asesinato y profanación de cadáver.

Baxter Noyes no recordó en el juicio nada de lo ocurrido desde que llegaron a la habitación del hotel hasta que, a la mañana siguiente, la policía fue a la habitación para detenerle. Para el tribunal, es de aplicación la eximente incompleta de transtorno mental transitorio por la personalidad sádica de Baxter y el alcohol ingerido, como lo demuestra la «burda maniobra» de arrojar el cadáver por la ventana, si con eso quería eliminar su vinculación con el crimen.


El Supremo confirma la condena de David Baxter por la muerte de una prostituta

EFE

24 de junio de 1989

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 20 años de prisión impuesta por la Audiencia Provincial de Madrid al norteamericano David Baxter por el asesinato y mutilación de una prostituta, Rufina Sanz, en un hotel de Madrid, el dos de marzo de 1987. La sala segunda del Supremo ha desestimado el recurso de casación interpuesto por la defensa, al considerar que no se infringió el principio de presunción de inocencia.

Rufina Sanz, de 35 años, subió a la habitación de Baxter, al que antes había conocido en un mesón de la capital. Tras darse un baño juntos «afloraron las pretensiones sádicas del cliente», según la sentencia de la Audiencia, que añade que Baxter, ingeniero de la empresa McDonnell Douglas, había viajado desde EE.UU. con utensilios propios para prácticas sádicas.

Tras una discusión, Baxter golpeó a la víctima que, siguiendo las pretensiones del ingeniero, consintió que éste aplicase el pie calzado contra su cuello. Baxter presionó hasta aplastar la faringe de Rufina, causando su muerte por asfixia. A continuación, seccionó el clítoris y los pezones de la víctima y arrojó el cadáver por el patio del hotel.

Según el Supremo, existen pruebas en abundancia que confirman la autoría del asesinato por David Baxter.

 


HISTORIA CLÍNICA DE DAVID BAXTER NOYES



AUDIO – ELENA EN EL PAÍS DE LOS HORRORES – DAVID BAXTER NOYES (MIN. 78)


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