Dámaso Rodríguez Martín

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Damaso-Rodriguez-Martin

El Brujo - Maso

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Agresiones sexuales - Robos
  • Número de víctimas: 3
  • Periodo de actividad: 1981 / 1991
  • Fecha de detención: 11 de noviembre de 1981
  • Fecha de nacimiento: 11 de diciembre de 1944
  • Perfil de las víctimas: Baldomero Rodríguez Suárez, de 30 años; Karl Flick (82) y su esposa Marta Küpper (87)
  • Método de matar: Arma de fuego - Estrangulamiento
  • Localización: Tenerife, Islas Canarias, España
  • Estado: Condenado a 55 años de prisión por asesinato, violación, hurto de arma de fuego y tenencia ilícita de armas. Murió de un disparo tras ser cercado por la Guardia Civil el 19 de febrero de 1991
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El Brujo muere de un disparo tras ser cercado por la Guardia Civil en Tenerife

Carmelo Martín – El País

20 de febrero de 1991

Dámaso Rodríguez Martín, de 48 años, apodado El Brujo, peligroso delincuente que se era buscado por las Fuerzas de Seguridad del Estado desde hacía más de un mes en el monte de Las Mercedes (Tenerife), falleció ayer, probablemente al dispararse un tiro en la boca, tras verse acorralado en una vivienda abandonada de ese mismo lugar. Un vecino de la zona había puesto sobre la pista de El Brujo a la Guardia Civil a las 20.30 horas de ayer, al observar que un desconocido se encontraba en el interior de una casa deshabitada en el monte. Ocho agentes de la Guardia Civil, que realizaban un control rutinario en la misma zona cercaron la vivienda y comprobaron que la persona que se encontraba dentro era Dámaso Rodríguez. Un fuerte despliegue de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado intentó convencer al fugitivo de que se entregara, pero éste optó por efectuar dos disparos con la escopeta de caza que había robado tras salir en libertad de la prisión Tenerife II, con un permiso especial, el pasado 17 de enero.

Posteriormente, se escuchó un tercer disparo y a continuación se produjo un silencio, momento en que varios agentes policiales penetraron en la vivienda y encontraron el cuerpo de Dámaso Rodríguez. El Brujo presentaba una herida aparatosa en la cara y, poco después, fallecía en el mismo lugar. La hipótesis de un posible suicidio, como consecuencia de verse acorralado, parecía anoche la más probable. No obstante, no se descartaba que la herida se debiera a un posible tiroteo entre el delincuente y las fuerzas de seguridad.

Persecución

Se da la circunstancia ¡le [de] que Dámaso Rodríguez fue encontrado ayer, tras más de un mes de intensa persecución sin éxito, en un lugar conocido con el nombre de El Solís, muy cerca de donde hace 10 años asesinó a un joven y violó a su novia y en la misma zona donde, presuntamente, quitó la vida, hace pocas semanas, a un matrimonio de ancianos de nacionalidad alemana que paseaban por el monte, mientras la Guardia Civil y la policía seguían su rastro.

El teniente coronel de la Guardia Civil Dámaso Alonso lamentó anoche que el preso evadido no fuera capturado con vida. Un juez de guardia y el forense del Juzgado de Instrucción número 2 de La Laguna instruyeron las diligencias.


Veinte años desde la pesadilla de Dámaso, «El Brujo»

Pedro Fumero – Eldia.es

23 de enero de 2011

La historia de los sucesos en Canarias no debe tener, hasta ahora, muchos casos como el de Dámaso Rodríguez, «El Brujo», quien fue capaz de conmocionar a la sociedad tinerfeña por dos veces, con tres asesinatos y otras tantas agresiones sexuales cometidas con casi una década de diferencia. Además, consiguió un permiso carcelario, se fugó de la prisión Tenerife II, cometió sus últimos dos crímenes y fue capaz de esconderse por los montes de Anaga durante un mes, debido a su gran conocimiento del terreno y a ser un superviviente nato, que se endureció durante su paso por la Legión. Al verse cercado por la Guardia Civil en una casa pequeña, prefirió suicidarse antes de que le capturaran vivo. Estos días se cumplen 20 años desde que se encontró a dos turistas alemanes y los mató, después [de] violar a la mujer de 87 años. La sensación de miedo y angustia se extendió por las montañas de Las Mercedes. Y ese temor pervive entre los vecinos de El Batán, Bejía y otros caseríos aislados.

El primer crimen

El nombre y la foto de Dámaso Rodríguez saltó a los periódicos el 11 de noviembre de 1981, cuando reconoció que había matado de dos disparos a un joven, Baldomero, que estaba con su novia en su vehículo Mazda en la zona de El Moquinal. Una fuente judicial que conoció bien el caso explicó a El Día que Dámaso era un «voyeur» (mirón), que le gustaba observar a las parejas cuando mantenían relaciones íntimas. Pero en esa ocasión dio un paso más. Con la pistola de 9 milímetros corto robada a un militar, disparó y mató en el acto al hombre. Después, golpeó y agredió sexualmente a la chica. Seguidamente, circuló con el cadáver y la joven hasta el Llano de los Viejos, donde los abandonó. Los investigadores de la Policía Nacional preguntaron en la zona por un individuo violento, conocedor del monte y en el que concurriera la circunstancia de ser «paseante nocturno» en busca de parejas. Todas las informaciones llevaron a Dámaso, que estaba fichado, y la mujer forzada reconoció su foto. Cuando fue capturado, El Día publicó su imagen y un pie de foto excesivamente optimista: «(?)Se le acabó la historia. Ya no volverá a matar ni a violar». La historia fue mucho más amarga. «El Brujo» fue condenado a 55 años de prisión por el asesinato, la violación, el hurto del arma de fuego y la tenencia ilícita de armas.

El permiso

Cuando apenas habían pasado ocho años, empezó a insistir para que le dieran permisos y poder salir de Tenerife II. El entonces fiscal de Vigilancia Penitenciaria, Diego Domínguez León, señaló a El Día que esa «batalla» se prolongó casi un año y medio. Su primer logro fue convencer a la Junta de Régimen Penitenciario y al Equipo de Tratamiento. Los recursos del Ministerio Fiscal pudieron frenar la salida algún tiempo. Hasta que el juez de Vigilancia concede un primer permiso en octubre de 1990 y el individuo no cometió ningún error. En enero de 1991, Dámaso obtiene la segunda autorización por tres días. Salió el día 17, pero la noche del 20 no se presentó en la cárcel. La tragedia estaba próxima.

Las muertes y la angustia

Una noche, sus suegros, que vivían cerca de El Batán, escucharon sus pasos por fuera de la casa durante la noche. No les hizo nada, porque iba en busca de su esposa y sus dos hijas, de 18 y 16 años, a quienes había amenazado de muerte. El 23 de enero, el cadáver del germano Karl Flick aparece en el camino forestal de El Solís, mientras que el día siguiente se halló el cuerpo sin vida de la esposa del anterior, Martha Kuper, que había sido violada y estrangulada. Durante un mes, la población siguió con curiosidad y preocupación la fuga de Dámaso. La angustia de los vecinos de Anaga llevó, incluso, a suspender las clases en las escuelas de Las Mercedes durante una semana, desde el 29 de enero hasta el 6 de febrero. Las especulaciones, los avistamientos, las huidas del prófugo en el último momento, los robos en las cuevas y casas de cazadores o agricultores alimentaron la leyenda de «El Brujo». La situación trágica se relataba, día a día, en los medios de comunicación, mientras muchos ciudadanos de la isla se echaban a la calle para celebrar los carnavales.

El final

Una familia se desplazó el 19 de febrero a una casa en la zona de Solís y vio que la puerta estaba forzada. Como era lógico, avisaron a la Guardia Civil y varios agentes se desplazaron hasta el lugar. Supuestamente, fueron recibidos con disparos y los agentes respondieron de la misma manera. Sin posibilidad de escapatoria y sin querer ser capturado, Dámaso se pegó un tiro de escopeta. El periodista Antonio Bernal, fallecido hace un año, escribió entonces: «(?) cometió su gran error en el último momento, ya que la casa donde se refugiaba no tenía ningún tipo de escapatoria. La vivienda apenas tiene 25 metros cuadrados, con una sola puerta y dos ventanas con barrotes de hierro. En su interior hay una pequeña sala y, al entrar, a la derecha, una habitación donde existe una cama en la que se encontraba el recluso, que estaba descalzo. Vestía un jersey marrón, camisa de cuadros y un pantalón vaquero».

La investigación policial

Un inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía señala que las técnicas de investigación policial apenas han variado desde aquella época para capturar a un criminal. El gran salto en el trabajo de los agentes llegó mucho más tarde, con la incorporación de los análisis del ADN. Antes, para fijar las huellas, se utilizaban productos naturales, como la savia de drago, de color rojo, o la cerusa para polvos blancos, mientras que ahora se usan elementos industriales.

El Ministerio Fiscal

El fiscal Diego Domínguez León recuerda a Dámaso como «un mal bicho», que, además, «siempre estaba llorando y pidiendo que le dieran permisos; y te miraba con aquellos ojos azules fijamente». Dos décadas después, aún le cuesta entrar en materia para hablar del asunto. Recuerda que «yo siempre me opuse a que saliera de la cárcel», hasta que explica con términos muy técnicos que lo dejaron sin herramientas jurídicas para impedirlo. A Dámaso lo define como una persona llena de «ira contenida, agresividad y velocidad». ¿Podría ocurrir algo similar actualmente con una autorización a un preso? Domínguez León no tiene duda alguna: «¡Claro que podría pasar lo mismo!». Desde su punto de vista, los permisos o recompensas deberían concederse como una figura extraordinaria, no como un «sistema de rutina». Comenta que «ni el sistema penitenciario ni las penas del Código Penal intimidan a los delincuentes».

Los vecinos de El Batán

Una mujer de El Batán, que prefiere no dar su nombre, señala dónde se vio a «Maso», como aún se le llama en Anaga, los días antes de su muerte. Relata que sus padres ya no viven, pero eran excelentes personas, al igual que sus dos hermanas y su hermano. Dicha anciana y un hombre jubilado que se incorpora más tarde a la conversación, insisten en que «Maso» nunca les hizo daño, ni de niño ni de joven. Además, evocan que era trabajador y buen compañero en las tareas del campo. Tomás Afonso, autor de un libro sobre la figura de «El Brujo», aseguró recientemente en una entrevista en Canarias Radio que el paso por la Legión y el posible contacto con las drogas influyeron negativamente en su conducta. Otro vecino, que tampoco desea facilitar su identidad, señala, en referencia a los hechos de enero y febrero de 1991, que «esos recuerdos se olvidan pronto». Apunta que, «cuando bebía, se peleaba con cualquiera», especialmente «si le tenía manía», a pesar de que «no era muy corpulento». Dicho hombre, de 50 años, aproximadamente, evoca aquellas semanas con «mucho miedo». Y es muy gráfico: «Para pasar el monte, yo llevaba la escopeta en el coche, y así todo el mundo; esto parecía el Oeste». Describe a «Maso» como «un superviviente», que se movía bien por el monte, «mejor que Rambo».

El gobernador civil

Julio Pérez, ex secretario de Estado de Justicia y actual candidato a la Alcaldía de Santa Cruz por el PSOE, era en 1991 gobernador civil de la provincia. Pérez recuerda la sensación de alarma en la población y la complejidad que suponía coordinar al Cuerpo Nacional de Policía y a la Guardia Civil para hacer frente a la captura del prófugo. Frente a la dedicación de los agentes de ambos cuerpos y la inquietud de los vecinos de la zona, estaba la dificultad de atrapar al delincuente, según el político socialista. Cuando la población se preguntaba cómo era posible que un hombre sólo fuera capaz de poner en jaque a las fuerzas de seguridad, escapar de los cercos y sobrevivir; entonces surgió el debate sobre por qué se permitió que el preso saliera en libertad. El ex gobernador civil señaló a este periódico que la decisión judicial se basó en un «pronóstico equivocado» acerca del grado de rehabilitación de «El Brujo». Reconoce que Dámaso se convirtió en una «verdadera pesadilla para el Gobierno Civil y las fuerzas de seguridad». La satisfacción de la resolución del caso se vio «empañada», según Julio Pérez, por el suicidio del autor de los crímenes. El ex gobernador indica que «lamentamos aquel final» y que «no hay duda alguna de que Dámaso se suicidó, como demostró la autopsia». Y, de aquellos días inolvidables, recuerda los nombres de tres personas: el comisario jefe provincial del Cuerpo Nacional de Policía, Rafael Rodríguez; el teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil, Dámaso Alonso, así como al jefe del Gabinete Técnico del Gobierno Civil, Sebastián Álvarez Cambreleng.

La mujer

La esposa de Dámaso no quiso hacer declaraciones a este periódico sobre este asunto. De hecho, la mujer que estuvo amenazada de muerte no entiende por qué, después de tantos años, hay interés por recordar unos hechos tan dolorosos. Habla con serenidad y educación durante un rato, pero prefiere que no se vulnere su privacidad. El miedo generado por «Maso» pervive aún por los barrancos de Las Mercedes.


«El Brujo», la bestia de El Moquinal

Antonio Herrero – Laopinion.es

15 de febrero de 2016

Si hay un delincuente que se ganó la fama a pulso en la historia criminal del Archipiélago ese es sin duda Dámaso Rodríguez Martín, El Brujo. Puso en jaque a las fuerzas del orden durante 31 días tras no regresar de un permiso penitenciario, por el que cumplía condena por un asesinato y la posterior violación de su novia. En su alocada huida, violó y asesinó a una pareja de alemanes y sembró el terror de toda la Isla en plenos carnavales. Logró burlar el cerco que la Policía tenía sobre su domicilio en El Batán y entrar en casa de una vecina, a la que agredió sexualmente. Pero terminó cayendo hará el próximo viernes 25 años.

Pronunciar el nombre de Dámaso, más conocido como El Brujo o El Maso, entre sus vecinos de Las Mercedes es como nombrar al diablo. Pocos son los que hablan bien de este hombre que entre enero y febrero de 1991 sembró el pánico en Tenerife tras no reincorporarse de un permiso penitenciario y huir al lugar que le vio nacer y que conocía como la palma de su mano, la cordillera de Anaga. Fue en plenos carnavales y el bulo de que tenía intención de ocultarse entre las mascaritas sembró el pánico.

Dámaso Rodríguez Martín vino al mundo el 11 de diciembre de 1944, en el lugar conocido como Las Montañas, El Batán. Era hijo de Martín Rodríguez Siverio y Celestina Martín Perdomo, y se crió junto con otros cuatro hermanos, tres hembras y otro varón.

Su familia, humilde como las de la zona, intentan darle la mejor educación a Dámaso pero el joven está más interesado en llevar otra vida. Así, el 15 de enero de 1962 ingresa en prisión por primera vez. Tiene 17 años y es acusado de un robo. Ya cumplidos los 18, en septiembre de 1963, sale de la cárcel y un año después decide enrolarse en la Legión y es destinado al Sahara, donde asciende a cabo y hasta muestra un buen comportamiento. En 1966, se licencia del Tercio de Extranjeros. Regresa nuevamente a Las Mercedes, donde contrae matrimonio en 1967 con Mercedes Martín Rodríguez y se instala en el lugar conocido como El Peladero.

La vida durante estos años transcurre sin mayores contratiempos. En 1973 se produce el primer natalicio en la familia: llega una de sus hijas. La segunda nacerá en 1975.

Primer crimen

Sin embargo, las alegrías durarán poco ya que en 1981 tendrá lugar el primer encontronazo serio de Dámaso con la Justicia. Los otros dos crímenes sucedieron a los nueve años y dos meses de cometerse el primero, cuando disfrutaba de los días libres a los que tenía derecho.

Sobre las 20:50 horas del día 8 de noviembre de 1981, en el lugar conocido como El Moquinal, una pareja de jóvenes se hallaba en el interior de su vehículo, un Mazda. Se trataba de B.R.S., de 30 años, natural de Punta del Hidalgo, y su novia, de 20, vecina de Guamasa. El turismo estaba estacionado en un lugar apartado, solitario y boscoso, con los cierres de las dos puertas echados y ligeramente entreabierto el cristal delantero derecho. En el asiento de dicho lado, tumbado, se hallaba acostado B. encima de su novia. Sin embargo, dos ojos ajenos no perdían la escena. De manera sigilosa e inesperada, Dámaso Rodríguez Martín, un voyeur acostumbrado a espiar a las parejas, se acercó hasta el turismo. De forma súbita y repentina, al notar la pareja que había sido descubierta, B., de un salto, trató de alcanzar el asiento del conductor para poner en marcha el turismo y huir. Con una pistola Astra del calibre 9 milímetros corto, que había sustraído días antes del coche de un suboficial del Ejército de Tierra que se encontraba de maniobras y cuyo uso conocía perfectamente, El Brujo abrió fuego tres veces contra B., al que alcanzó en el brazo derecho y en el hemitórax izquierdo, que le perforaron ambos pulmones y el corazón, lo que se tradujo en su muerte instantánea.

Dámaso rompió a golpes el cristal trasero derecho y, a través del hueco formado y después de un largo forcejeo, logró sacar a la joven al exterior. Luego le arrebató una navaja que esgrimía para su defensa y la condujo a empujones y casi a rastras hasta un pequeño terraplén. Durante este tiempo no paró de gritarle: «Me gustas mucho», «te conozco de vista de La Laguna», «estáte quieta porque si no te mato». Al tiempo, le decía que no se preocupara ya que su novio estaba muerto. Luego la arrojó al suelo, donde le bajó la ropa interior y, pese a la fuerte resistencia de la mujer, que llegó a golpear a Dámaso con una piedra en la cabeza, logró violarla. La víctima, una vez consumó la agresión, huyó hacia el coche, que logró poner en marcha, con la intención de escapar. Pero no lo consiguió puesto que Dámaso se percató de sus intenciones, la agarró y la lanzó sobre el asiento de detrás, colocándose él al volante y conduciendo, sin tener carné, por una pista forestal hasta llegar al Llano de Los Viejos, donde abandonó a la joven, no sin antes apoderarse del jersey y del pantalón de B., así como de 16.000 pesetas del fallecido. También le sustrajo el bolso a su novia, donde había otras 400 pesetas. Dos días después, la Policía Nacional daba con el paradero de Dámaso, que fue detenido en la madrugada del día 11 de noviembre.

Le pegaba con frecuencia

Mercedes, su esposa, se fue distanciando tras este asesinato. Sufrió malos tratos por parte de Dámaso. Según comentó al autor del libro Dámaso El Brujo, «me llegó a levantar la mano, cosa a la que se acostumbró. Por último, me pegaba con frecuencia». La mujer continuó con otros relatos escabrosos: «Recuerdo que por las Navidades viví momentos verdaderamente angustiosos, pues las amenazas continuaban y las violaciones a las que me sometía se sucedían cada vez que aparecía».

Dámaso fue condenado por estos hechos a treinta años de reclusión mayor por un delito de asesinato y a veinte años de reclusión menor por la violación. Su vida transcurre en el centro penitenciario con la visita de sus padres y su esposa, que cada vez se muestra más distante con él. En 1987 se le concede el primer permiso penitenciario. Sin embargo, debido a su carácter conflictivo, en 1988, Instituciones Penitenciarias le deniega el permiso. Fue en agosto de ese año, en una de sus primeras acciones tras salir de la cárcel, cuando robó un coche de la Policía Local de Tegueste. El 1 de marzo de 1989 protagoniza una huelga de hambre a la que pone fin el 30 del mismo mes. Del 12 al 15 de diciembre de 1990 obtiene un nuevo permiso que se le vuelve a conceder del 17 al 20 de enero de 1991, hasta que el 19 de enero de ese año decide no regresar a la cárcel. Esa noche se presentó en las proximidades de la casa de los padres de su mujer y por la mañana se percataron de que faltaba la escopeta que utilizaba el padre cuando iba de caza. El miércoles 23 de enero de 1991 salta la orden de búsqueda y captura. Su obsesión es acabar con la vida de su esposa.

Al día siguiente, sobre las 15:15 horas, la Guardia Civil recupera el cadáver de la ciudadana alemana Marta Küpper, de 87 años, que presentaba evidentes signos de estrangulamiento y de haber sido violada. El cuerpo apareció en una zona abrupta del Roque de El Moquinal. La Benemérita reconoció las inmediaciones del lugar con personal de pie e incluso con la utilización de perros de rastreo, debido a la existencia de huellas de pisadas que conducían a unas cuevas de difícil acceso, siendo necesario el traslado del personal del Ereim con el helicóptero. Su marido, Karl Flick, de 82 años, apareció con varios tiros en la cara, que le desfiguraron el rostro. Mientras tanto, Dámaso se movía por el interior del monte con un pequeño transistor pegado a su oreja y con el que oía todo lo que sobre él se hablaba.

Días antes, entre el 17 al 18 de enero, sustrajo comida a Benita Rodríguez Siverio y entre los días 23 al 24 asaltó la cueva de Francisquito, donde se apoderó de cervezas, latas de sardinas, berberechos, atún y melocotón, así como un machete de plataneras. Ese mismo día 17, una vecina, de nombre Nemesia y de 60 años, lo denunció por una supuesta agresión y violación.

Robo en cuevas

Una semana después le tocaría el turno a la cueva de Sinesio Báez Báez, ubicada en la zona conocida como Camejo, donde sustrajo comida, bebida (Ron Guajiro), tabaco Récord y Krugger, así como garbanzos, judías, sopa, tocino, gofio, sal, ajos y medio kilo de sama.

Entre el 8 y el 11 de febrero se acercó hasta las casas de José Déniz Rojas, la primera en Tames, cerca de La Escalera, bajada de Chinamada, entre El Batán y Las Carboneras, donde nuevamente hizo acopio de provisiones y dos mantas. En la segunda de las viviendas de este hombre, situada a 500 metros de la anterior, en el paraje llamado Las Tosquillas, robó aceite de oliva, jugo y vinos.

El 12 de febrero, la Guardia Civil localiza una de las cuevas-refugio en un lugar muy próximo a Las Carboneras, donde se le ocuparon numerosos efectos, entre los que había un hueco para hacer fuego en su interior y un saco de dormir hecho con tela impermeable. Este hecho motivó que se acercase hasta el domicilio de Secundino Rodríguez, donde sustrajo un transistor que vino a suplir el que le intervino la Guardia Civil. Esta circunstancia fue aprovechada por las autoridades para pedir a su esposa, Mercedes, que le hablase. Esta le pidió que por favor las dejase tranquilas a ella y a sus hijas. Ellas solo querían trabajar y rehacer sus vidas. El día 30 de enero, una patrulla de la Guardia Civil a punto estuvo de detenerlo en Cueva Grande pero Dámaso era mucho Dámaso como para dejarse atrapar tan fácilmente.

El 5 de febrero llegan los refuerzos de la Guardia Civil. Son agentes del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Ereim), que permanecen vivaqueando y concentrados en el monte al igual que El Brujo. Los agentes relataron que cuatro puestos de escucha permitieron oír sus pasos a través de la tupida laurisilva. Los montañeros mantienen entrevistas con paisanos conocedores del terreno, mientras que el Servicio de Información de la Guardia Civil se reúne con el guarda de la finca Sabanda, sita en el barranco de Flandes, que no puede aportar nuevos datos. Finalmente, el martes 19, a las 20:35 horas, hará el próximo viernes 25 años, Dámaso Rodríguez estaba rodeado por la Guardia Civil en una casa de Solís, en el municipio de Tegueste. Un vecino alertó de que la puerta de una vivienda estaba forzada y se percibía olor a comida. La casa se encuentra a unos 100 metros de una explanada donde aterrizaba y despegaba el helicóptero del cuerpo.

Un grupo de ocho guardias civiles se dirigen al lugar. Pertenecen al puesto de La Laguna y Tacoronte. Los agentes rodearon la casa y dieron varias veces el nombre de Dámaso. Como nadie respondía, el sargento del puesto de Tacoronte empujó la puerta. En ese instante se escuchó una detonación. Los guardias respondieron y una salva de tiros entró por la puerta. A cotinuación [continuación], cinco o seis minutos después, se hizo un silencio sepulcral. Entonces se produjo un segundo disparo. Tras ello, se incorpora el teniente coronel de la Comandancia, que curiosamente se llamaba también Dámaso, pero de apellido Alonso. Ordena que arrojen un bote de humo al interior. Solo se obtuvo como respuesta unos gemidos y la frase: «No puedo moverme». En ese instante, el teniente coronel, seguido de sus hombres, entra en la estancia. En el suelo yacía El Brujo con el rostro parcialmente destrozado. Estaba descalzo y había apuntado con la escopeta de caza a su cara y apretado el gatillo con los dedos de uno de sus pies. El arma se resbaló y no le alcanzó de lleno. Le voló parte del rostro. Pero a pesar de que se solicitó la presencia de una ambulancia de Cruz Roja para evacuarlo, Dámaso Rodríguez Martín, que estaba descalzo, vestía un jersey marrón, una camisa a cuadros y un pantalón vaquero, falleció poco después.

Tomás Afonso Hernández, autor del libro Dámaso El Brujo, afirma que éste fue un hombre marcado desde su nacimiento por la palabra Mercedes: nació en Las Mercedes, vivió en Las Mercedes, murió en Las Mercedes, se casó con una mujer de nombre Mercedes, los crímenes se realizaron en Las Mercedes y su patrona -la de los presos- es la Virgen de Las Mercedes. Tras una huida de 17 días, Dámaso El Brujo pasaba a formar parte de la leyenda negra de Canarias.


Año 25 después de Dámaso «El Brujo»

Silvia Curbelo – Eldia.es

21 de febrero de 2016

El pasado viernes, 19 de febrero, se cumplía el 25 aniversario de la muerte del que probablemente sea el criminal canario más inquietante de la historia de este país. De hecho, no es gratuito que Dámaso Rodríguez Martín, «El Brujo», disfrute del dudoso privilegio de formar parte del no breve listado de asesinos en serie con que cuenta España. Tres brutales muertes -en las que concurren las circunstancias requeridas- permiten catalogarlo de «serial». Y si, asimismo, hubiese que determinar un impulso o motivación primigenia que explicara su conducta criminal, casi con total seguridad esa sería la sexual.

Pero situémonos un mes antes de la muerte de Dámaso. Estamos en enero de 1991: la guerra del Golfo -a punto de concluir- centra a diario la atención mediática internacional. El socialista Felipe González comanda el Gobierno nacional. En Canarias, preside el Ejecutivo Lorenzo Olarte; el Parlamento, Victoriano Ríos, mientras ATI y Manuel Hermoso viven sus años dorados en el Ayuntamiento de Santa Cruz y es gobernador civil de la provincia Julio Pérez.

En lo deportivo, tenemos a un CD Tenerife que planta cara a los mejores clubes de la Primera División. En las carteleras se estrenan títulos como Ghost, Cinema Paradiso, El cielo protector, Ay, Carmela o La Sirenita.

A la vuelta de la esquina aguardan los carnavales, que este año contarán con la presencia de los irlandeses U2, que eligen la capital tinerfeña para grabar su videoclip «Even better than and real thing».

Este es, en simples y rápidos trazos, el escenario en el que irrumpe el personaje de Dámaso «El Brujo» para protagonizar durante 30 días una de las representaciones con más público de cuantas se han puesto en la escena criminal de este Archipiélago. Una trama que contó con innumerables personajes secundarios, un plató natural prácticamente salvaje -el monte de Las Mercedes- y un desenlace abierto, aún hoy -tras 25 años-, a la libre interpretación del espectador: suicidio o ajusticiamiento.

La versión oficial mantiene la primera de las opciones; sin embargo, es la segunda, cierta o no, la que ha alimentado la leyenda durante el transcurrir de estos años.

En realidad, la historia de Dámaso es la crónica de un feroz depredador sexual que traspasa ciertos y no menos ambiguos límites para convertirse en un asesino despiadado, cruel, que se muestra como un sociópata incapaz de sentir empatía por sus víctimas.

Como depredador sexual tiene perfectamente delimitado su coto de caza: el monte de Las Mercedes. Ahí, en un área de apenas 20 kilómetros cuadrados, caracterizada por la existencia de numerosos caseríos aislados, unas mil quinientas cuevas y una orografía particularmente difícil, es donde «El Brujo» acecha a sus presas. Un territorio inhóspito y casi incomunicado que él domina a su antojo.

Pero sin duda también es la historia de un lamentable error judicial que permite que Dámaso -condenado a 55 años por asesinato y violación- disfrute de un permiso carcelario tras poco más de nueve años de permanecer en prisión. Un polémico permiso concedido por el que fuera en ese momento juez de Vigilancia Penitenciaria, Manuel Sánchez, que contempla un comportamiento «correcto» del reo durante su estancia en la cárcel. Las consecuencias, y sobre todo la repercusión social que alcanza esta decisión judicial, pondrán luego en el punto de mira a Sánchez, que será sometido a una investigación por parte de la Comisión de Disciplina del Consejo General del Poder Judicial.

Es en este punto, precisamente, en el que se puede iniciar la narración de la rocambolesca fuga y muerte de «El Brujo».

17 de enero de 1991. Dámaso Rodríguez Martín, tras serle concedido un permiso carcelario de tres días, sale de Tenerife II, donde cumple condena por el asesinato de Baldomero Rodríguez Suárez, de 30 años, y la violación de María de los Ángeles Ledesma el 8 de noviembre de 1981. Ese día, la pareja, que acude a la zona de El Moquinal en busca de algo de intimidad, es sorprendida por Dámaso. A él le pega tres tiros mientras intenta pasar al asiento del conductor. A María de los Ángeles la saca literalmente a rastras del vehículo después de fracturar el cristal trasero y la viola brutalmente. Horas después, la abandona en la zona del Llano de los Viejos, en el mismo coche en el que permanece aún caliente el cadáver de su novio. María de los Ángeles, que en ese momento cuenta con tan solo veinte años, confesaría tiempo después sufrir depresiones y ser incapaz de dormir con la luz apagada.

Lo cierto es que Dámaso decide dejarla viva. Tal vez, al tratarse de su «primera vez», se sintiera sencillamente satisfecho. Y es que «El Brujo» pasa ese día -al menos oficialmente- de ser un simple voyer o un macabro mirón a convertirse en un criminal despiadado. Un paso de gigante.

Diez años después, Dámaso abandona la prisión en un permiso de tres días. Seguramente, ya ha decidido que esta vez no va a regresar a su celda. Y es que lo primero que hace al verse libre es rendirle una visita a su mujer, Mercedes, a la que viola y propina una monumental paliza.

El 20 de enero -día en que debía reintegrarse- se dicta orden de busca y captura, y se inicia oficialmente una persecución a la que se van sumando, a medida que transcurren las jornadas y va aumentando la alarma social, efectivos de seguridad, entre ellos grupos de montaña de la Guardia Civil de distintas comandancias de la Península y cuerpos especiales, hasta formar un equipo de 300 personas que peinan literalmente la zona donde se esconde Dámaso.

Tres días después, las fuerzas de seguridad hallan en el camino de El Solís el cadáver del súbdito alemán Karl Flick, de 82 años, que presenta varios tiros de escopeta en la cabeza que le han desfigurado el rostro. 24 horas más tarde la Guardia Civil descubre el cuerpo sin vida de Marta Küpper, de 87 años, también alemana. Ha sido violada y estrangulada. Todo apunta a que esta pareja de senderistas se tropezó con Dámaso en una de sus excursiones por los bellos montes de la cordillera de Anaga. La realidad resulta devastadora: Dámaso sobrepasa una línea que parece no tener retorno.

Por supuesto, los hallazgos de estas dos nuevas víctimas y su difusión en los medios de comunicación, junto al hecho de que se ignore por completo cuáles serán sus próximos movimientos, desata la histeria colectiva en el núcleo de Las Mercedes, en particular, y en Tenerife en general, que a partir de ese punto vivirá diariamente, cual novela radiada, los pasos que da la justicia para atrapar al que muchos ya llaman el «Rambo» canario.

Lo siguiente será una sucesión de hechos, rumores, miedos y expectativas, que ponen a la isla en el punto de mira nacional. Que si Dámaso ha sido visto con ropas de mujer; que si ha asaltado esta u otra cueva para aprovisionarse de víveres; que si, en una nueva agresión sexual, manda a una vecina al hospital; que si es posible que aproveche los carnavales para pasar desapercibido; que si lleva una radio que le permite estar al día de las noticias que se dan de él y disfrutar, de paso, de un protagonismo que jamás imaginó.

La prensa da cuenta de cualquier avance, hallazgo o indicio. Las Mercedes suspende sus clases y sus habitantes se manifiestan dispuestos a colaborar en su búsqueda. Es una pesadilla que parece no tener fin. El miedo y el cansancio van haciendo mella en todos: vecinos, fuerzas de seguridad, prensa. Todos saben que es cuestión de tiempo, y el tiempo corre… Increíblemente, durante un mes consigue burlar cualquier cerco.

Y llegamos al 19 de febrero. La Guardia Civil es alertada por un vecino de El Solís, que afirma que la puerta de una casa de la zona ha sido forzada. Inmediatamente se pone en marcha un operativo de quince agentes que se traslada al lugar y cercan la vivienda. Los acontecimientos se precipitan. Hay un aviso. El sonido de disparos que provienen de la casa y que son respondidos por los miembros de la Benemérita. Silencio. Confusión. Temor. Espera… Más disparos.

Cuando las fuerzas de seguridad deciden entrar hallan a Dámaso en el suelo, agonizante, con la cara destrozada, los pies descalzos, la escopeta cerca… El parte que se emite describe un disparo en la cara, en la zona media, otro en la parte inferior de una pierna, y restos de perdigones por el cuerpo.

El gobernador civil, Julio Pérez, comparece ante los medios: «Con la información que tengo, llego a la conclusión de que Dámaso murió de un disparo de su propia arma, pero quien tiene que decidir si fue así o no es el juez». Inevitable parece en ese momento ser suspicaz. «Yo lo conozco desde hace muchos años y juraría que él es incapaz de pegarse un tiro», afirma un vecino que se aventura a apalabrar el rumor general.

Dámaso es enterrado, tras practicársele la autopsia, en el cementerio de Tegueste, en una ceremonia a la que acuden familiares y amigos. Actualmente, al parecer sus restos descansan en el cementerio de San Luis, en La Laguna.

Perfil de un asesino en serie

De acuerdo con los principios establecidos por el doctor Steven Egger (autor de la primera tesis sobre asesinos en serie), un asesinato serial se define por un mínimo de 3 a 5 víctimas, con un periodo de tiempo entre un crimen y el siguiente. El asesino no tiene relación con las víctimas. Los asesinatos reflejan el sadismo del criminal, que raramente obtiene una ganancia material, el motivo siempre es de orden psicológico. Asimismo, el asesino casi siempre escoge víctimas vulnerables.

El Dr. Antonio Bruno, en el año 1958, resume en cinco términos la sintomatología de este cuadro: desafecto (ya desde niño se observa el desapego), amoralidad (falta de noción de ética), impulsividad (se aprecia como disturbio final afectivo una gran irritabilidad), inadaptabilidad e incorregibilidad.

 

Ficha policial de Dámaso Rodríguez Martín.

Ficha policial de Dámaso Rodríguez Martín.

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