Colin Pitchfork

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Colin Pitchfork
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Violador
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 1983 - 1986
  • Fecha de detención: 19 de septiembre de 1987
  • Fecha de nacimiento: 1960
  • Perfil de las víctimas: Mujeres. Lynda Mann (15 años) / Dawn Ashworth (15)
  • Método de matar: Estrangulación
  • Localización: Narborough, Leicestershire, Gran Bretaña
  • Estado: Fue condenado a cadena perpetua el 23 de enero de 1988
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Colin Pitchfork

Wikipedia

Colin Pitchfork (Newbold Verdon, Reino Unido, marzo de 1960) es un criminal británico. Fue el primero en ser condenado por asesinato debido a pruebas basadas en huella genética y el primero en ser capturado como resultado de una búsqueda generalizada en bancos de muestras de ADN. Pitchfork violó y asesinó a dos mujeres. La primera de ellas en Narborough, en noviembre de 1983 y la segunda en Enderby en julio de 1986. Ambas localidades están situadas en el condado de Leicestershire. Fue arrestado el 19 de septiembre de 1987 y sentenciado a cadena perpetua el 22 de enero de 1988 tras haber admitido su culpabilidad.

Pitchfork fue a la escuela primaria de Market Bosworth y a la secundaria de Desford. Tras su matrimonio, en 1981, vivió en Littlethorpe.

Historia delictiva

El 21 de noviembre de 1983, Lynda Mann, de 15 años, salió de su casa para ir a visitar a una amiga. No volvió. A la mañana siguiente se encontró su cadáver en un camino desierto conocido como Black Pad. Había sido violada y estrangulada. Usando las técnicas forenses disponibles en aquella época, la policía vinculó una muestra de semen obtenida de su cuerpo con una persona cuyo factor Rh era A positivo y un perfil enzimático que solo coincidía con el 10% de las personas de sexo masculino. Los indicios probatorios no fueron suficientes para llevar a cabo ninguna detención pero el caso permaneció abierto.

El 31 de julio de 1986, otra joven de 15 años, Dawn Ashworth, tomó un atajo hacia su casa en lugar de seguir el camino habitual. Dos días más tarde, su cuerpo fue hallado en un área boscosa cerca de un sendero llamado Ten Pound Lane. Había sido golpeada, violada y estrangulada hasta morir. El modus operandi coincidía con el crimen de Lynda Mann y las muestras de semen revelaron que pertenecían al mismo grupo sanguíneo.

El principal sospechoso fue un joven de 17 años llamado Richard Buckland quien, durante su interrogatorio, reveló poseer conocimiento del cuerpo de Dawn Ashworth y admitió haberla asesinado, aunque negó su intervención en el de Lynda Mann. Alec Jeffreys, de la Universidad de Leicester, acababa de desarrollar recientemente la técnica del análisis de ADN junto con Peter Gill y Dave Werrett, miembros del Forensic Science Service (FSS). El artículo en que la dieron conocer se publicó en 1985.

Gill comentó:

Yo era responsable del desarrollo de las técnicas de extracción de ADN y debía demostrar que era posible obtener perfiles genéticos de muestras antiguas. El mayor logro fue el método de extracción preferencial que permitió separar el esperma de las células vaginales, sin el que hubiera sido muy difícil usar la prueba del ADN en casos de violación.

Usando esta técnica, Jeffreys comparó muestras de semen de ambos asesinatos con sangre de Buckland. Se demostró concluyentemente que ambas mujeres fueron asesinadas por el mismo hombre, pero Buckland no había sido el autor. La policía consultó al FSS para verificar los resultados de Jeffreys y decidir que dirección adoptar en la investigación del caso. Buckland fue la primera persona cuya ausencia de participación en un delito fue demostrada por la técnica del ADN.

Más tarde, Jeffreys dijo:

No tengo la más mínima duda de que hubiera sido encontrado culpable de no haber sido por la prueba del ADN. Ese fue un acontecimiento digno de recordar.

La policía de Leicestershire y el FSS iniciaron una investigación en la que se pidió a 5000 hombres de las proximidades que, voluntariamente, proporcionaran muestras de sangre o de saliva. Este trabajo duró seis meses. No se obtuvo ningún resultado positivo.

Posteriormente, se oyó a un tal Ian Kelly jactándose de haber obtenido 200 libras por haber donado una muestra haciéndose pasar por su amigo, Colin Pitchfork, un panadero de la localidad.

El 19 de septiembre de 1987, Pitchfork fue arrestado en su casa, en Haybarn Close, una localidad vecina a Littlethorpe. Durante el registro se encontró una muestra que coincidía con la del asesino. En el interrogatorio posterior, Pitchfork admitió haber practicado exhibicionismo delante de mujeres más de un millar de veces, comportamiento compulsivo que había comenzado a experimentar en los inicios de su adolescencia. El exhibicionismo dio lugar, más adelante, a la agresión sexual que tuvo como corolario, para proteger su identidad, el estrangulamiento de sus víctimas. Se declaró culpable de las dos violaciones y asesinatos así como de otro caso de ataque sexual. Pitchfork estaba preparando su mudanza a Littlethorpe cuando Lynda Mann fue asesinada y, cuando apareció el cadáver de Dawn Ashworth, residía en Haybarn Close. Fue sentenciado a cadena perpetua sin un plazo mínimo obligado de cumplimiento. Por tanto, tenía la oportunidad de ser liberado después de pasar 10 años en la cárcel.

Apelación

El 14 de mayo de 2009, después del aplazamiento acordado el 30 de abril del mismo año, tuvo lugar la vista del recurso de apelación de Pitchfork en los Reales Tribunales de Justicia de Londres. Consiguió una reducción de dos años sobre su sentencia original de 30 años de prisión. De acuerdo con el veredicto final, su salida de prisión debiera ser posterior a 2016. Además, Igor Judge, el Lord Chief Justice, hizo constar en el momento de dictar sentencia que Pitchfork no podría ser «liberado a menos y hasta que la seguridad del pueblo esté asegurada.»

La representación legal del condenado presentó pruebas de que el recluso Colin Pitchfork obtuvo una educación universitaria, mientras cumplía su condena, que le habilitó para ser un experto en transcribir partituras de música al lenguaje Braille.

En abril de 2009, una escultura que Pitchfork había creado en prisión fue exhibida en el Royal Festival Hall. Tras el escándalo suscitado por The Daily Mail, fue retirada de la muestra.


Colin Pitchfork

Última actualización: 27 de marzo de 2015

EL CRIMEN – Los asesinos de Enderby

Los espantosos asesinatos sexuales de chicas jóvenes trastornaron y aterrorizaron al público. Tuvieron lugar en unos tranquilos pueblos de Liecestershire donde tales crímenes eran desconocidos. Una veintena de policías recibió el encargo de descubrir al brutal asesino.

A unos diez kilómetros de la ciudad de Leicester existen tres pueblos poco distantes entre sí. Narborough es un típico pueblecito antiguo rodeado de urbanizaciones, próximo a la autopista Ml. Hay en él dos bares, escasa vida nocturna y los delitos no son el principal problema de la policía municipal.

El pueblo de Littlethorpe dista unos diez minutos de camino desde Narborough; cruzando el río Soar y andando durante veinte minutos a lo largo de Ten Pound Lane, llegaremos a Enderby, con sus siete bares y una población perteneciente en su mayoría a la clase media. Las tres comunidades suman en total unos 12.000 habitantes, aunque dicha cifra no incluye a los internos del gran hospital psiquiátrico que domina la zona.

El hospital Carlton Hayes es un enorme edificio de estilo eduardiano. Está situado en medio de un extenso terreno y divide radicalmente los pueblos de Narborougb y Enderby. En el extremo del terreno nacen dos caminos, Ten Pound Lane al este y Black Pad al oeste. El hospital desempeñó un papel crucial desviando la atención del lugar de los hechos y se convirtió en la clave de lo que habría de conocerse como los asesinatos de Enderby.

La noche del lunes 21 de noviembre de 1983 una linda colegiala, Jane X., de quince años, salió del domicilio familiar en The Coppice, Enderby, para visitar a su amiga Karen, que vivía en la vecindad. Jane se detuvo en casa de Karen durante poco más de un minuto. Eran las 7,30 de una tarde fría de invierno y en la televisión aparecía en aquel momento la sintonía musical de Coronation Street. Se marchó diciendo que iba a ver a otra amiga, Caroline, que vivía en Enderby, a quince minutos del camino que la adolescente inició junto a Black Pad.

Los padres de Jane habían pasado la velada jugando a los dardos; cuando llegaron a su casa a las 12,30 encontraron a Carol, la hija mayor, sumamente alarmada. Jane no había vuelto aún. Era un hecho tan desacostumbrado que salieron inmediatamente a buscarla por las calles. Su padrastro, Jim, hizo un corto recorrido por Black Pad. No había señales de ella. A la 1,30 de la madrugada el señor X telefoneó a la policía para denunciar la desaparición de la niña.

Para la policía aquello no era más que una rutinaria denuncia por desaparición. Probablemente Jane había decidido pasar la noche en casa de una amiga y volvería a su casa al día siguiente.

Aquella mañana, a las 7,20, un empleado del hospital se dirigía a su trabajo por un atajo que atravesaba Black Pad. Echó una mirada por encima de la verja que bordeaba el sendero y quedó sorprendido al ver lo que en principio creyó que era ser un muñeco caído sobre la hierba helada. Corrió hacia la calle y detuvo un coche ocupado por el conductor de la ambulancia del hospital. juntos observaron a través de la verja, sin estar seguros de si lo que veían era un muñeco o algo más siniestro.

El conductor entró por una puerta de la valla y al acercarse al bulto comprobó que se trataba del cuerpo de una niña. Yacía de espaldas; a escasa distancia aparecían amontonados los vaqueros, y las demás prendas que llevaba. Tenía una bufanda fuertemente anudada alrededor del cuello y sangre en la nariz. Jane X había aparecido… muerta.

La policía del condado de Leicestershire se presentó inmediatamente en el lugar, acordonó la zona y cubrió el cuerpo con una lona mientras un grupo de agentes efectuaba un intenso registro de los alrededores. Nunca, a lo largo de la historia, se había realizado una investigación por asesinato en los pueblos de Narborough, Enderby y Litúethorpe.

El comisario David Baker, de cuarenta y siete años, era el encargado del Departamento de Investigación Criminal de Leicestershire. Se presentó en el lugar del crimen, junto a Black Pad, a las 8,30 de la mañana para dirigir las pesquisas. Ya sabía que no era un caso sencillo. En aquella peculiar comunidad el asesino podía ser un enfermo del manicomio, un vecino de la localidad o un motorista que se desviara de la Ml buscando una víctima al azar.

Llegó un forense del Ministerio del Interior para realizar un reconocimiento previo. Ya se había producido el rigor mortis y el cadáver mostraba sangre en los orificios de la nariz y heridas en la mejilla y seno derechos.

La causa de la muerte fue asfixia por estrangulamiento. La joven había sido violada brutalmente y el patólogo detectó restos de semen en el vello del pubis. Tomó una muestra y la guardó cuidadosamente con objeto de analizarla. Iba a convertirse en una prueba vital.

Mientras los ciento cincuenta agentes del equipo de investigación continuaban su trabajo, Jim X tuvo que identificar formalmente la identidad del cuerpo de su hijastra. Fue sometido a un intenso interrogatorio como si se le considerara sospechoso, procedimiento rutinario en tales casos, ya que la mayoría de los crímenes tienen su origen en conflictos familiares.

La autopsia se efectuó el 23 de noviembre en el hospital Real del condado de Leicester en presencia del comisario Baker. Las conclusiones afirmaban que Jane recibió un puñetazo en el rostro que la dejó inconsciente. El agresor se arrodilló después sobre el pecho de la niña para estrangularla. Las uñas, intactas, demostraron que no había podido luchar por defender su vida.

Baker acondicionó unas dependencias en desuso del hospital Carlton Hayes con objeto de montar allí una oficina de investigación instalando en ella teléfonos y ordenadores. La policía sospechaba la implicación de alguno de los pacientes del hospital, pero los doctores se negaban a entregarle los informes confidenciales de los enfermos.

El laboratorio envió el resultado del análisis de la muestra de semen. Pertenecía al grupo secretor A. Tras el análisis de la muestra de su sangre, Jim X quedó libre de sospechas. La muestra de semen contenía un elevado número de espermatozoides, lo que indicaba que el asesino era un hombre joven. Interrogaron a todos los varones de los tres pueblos de edades comprendidas entre diecisiete y treinta y cuatro años con objeto de averiguar sus movimientos durante la noche del crimen. La policía repasó los informes sobre las agresiones sexuales cometidas en la zona de los Midlands a lo largo de los últimos cinco años y tomó cientos de declaraciones, pero todos los esfuerzos resultaron inútiles.

El 15 de diciembre el Leicester Mercury publicó la siguiente cabecera: «Por favor, ayúdenos a descubrir al maníaco.» La policía proporcionó una fotografía de la joven muerta. En el mes de febrero había realizado tres mil interrogatorios y había seguido cuatro mil pistas… siempre en vano.

El entierro de Jane X tuvo lugar el 2 de febrero en el cementerio de la iglesia. El equipo de investigación se redujo gradualmente hasta quedar formado por ocho agentes; y en agosto las pesquisas se dieron por terminadas. La policía se encontraba en un callejón sin salida, pero había un hecho innegable: habían estado persiguiendo al delincuente más peligroso para una comunidad: el asesino sexual. Y había otro hecho estremecedor igualmente innegable: el criminal actuaría de nuevo. Sin embargo, transcurrieron tres años hasta que sus temores se hicieron realidad.

En la tarde del 31 de julio de 1986 Susan Y, una estudiante quinceañera, salió de su casa de Enderby para visitar a una amiga en Narborough. Algunas personas la vieron caminar por Ten Pound Lane. La amiga no estaba en casa y Susan se tuvo que volver. Un transeúnte la vio pasar a las 4,40 adentrándose en Tend Pound Lane. Nunca volvió a su casa.

A media tarde sus padres estaban desesperados. Llamaron a todas las amigas de su hija y, como ya hiciera Jim X, la buscaron por la zona. A las 9,40 denunciaron la desaparición a la policía que desde el primer momento demostró un profundo interés por el caso. Otra jovencita desaparecía en un camino próximo al hospital psiquiátrico. Al día siguiente, 1 de agosto, un gran número de agentes, con ayuda de perros amaestrados, registró la zona de Narborough en busca de la muchacha perdida.

La encontraron el 2 de agosto, sábado, tras un grupo de arbustos, en un terreno cercano a Ten Pound Lane. Alguien había intentado ocultar el cuerpo entre el follaje. Estaba parcialmente desnuda, reclinada sobre el lado izquierdo, en posición fetal. La zona vaginal estaba ensangrentada.

A las 6,30 se realizó la autopsia, a la que una vez más asistió el comisario Baker. Como en el caso anterior, las uñas estaban intactas y, aunque mostraba signos de golpes con un palo en la cabeza, también había sido estrangulada; el vello púbico estaba manchado de semen, lo que indicaba una eyaculación precoz.

La policía tenía la certeza de estar persiguiendo al mismo criminal que había asesinado a Jane X. De nuevo se creó un equipo de doscientos oficiales. Reconstruyeron el último paseo de Susan y montaron una oficina móvil al final de Ten Pound Lane, donde figuraba el siguiente cartel: «Aquí un asesinato ¿Ha visto usted algo?»

Nadie vio nada. Las pistas de los testigos eran erróneas. La policía buscaba a un hombre que podía secuestrar a una adolescente en pleno día sin ser visto. Haría falta un milagro para descubrirlo.

PUNTO DE MIRA – Terror en el pueblo

Cuando apareció el cadáver de la segunda estudiante, el pueblo de Enderby comprendió que había un asesino en la comunidad. A pesar de los esfuerzos de la policía, éste permanecía impune.

Tras la muerte de Susan Y, ocurrida tres años después de la de Jane X, las cercanas comunidades de Narborough y Enderby se sentían amenazadas. Era absolutamente claro el hecho de que el criminal vivía en medio de ellas.

El periódico local Leicester Mercury publicó una edición especial con objeto de estimular la memoria de sus lectores. Dos benefactores anónimos ofrecieron 20.000 libras de recompensa por cualquier información: «cotilleos pueblerinos… comentarios… rumores», que ayudaran a la policía a descubrir al asesino.

LA BÚSQUEDA – Los vampiros de Leicestershire

En agosto de 1986 la insistencia de la policía pareció merecer la pena. Tras ser interrogado, un joven se confesó autor del asesinato de Susan Y. Pero la pesadilla estaba lejos de terminar.

La búsqueda del asesino de las dos colegialas continuaba; los agentes emplearon mucho tiempo comprobando declaraciones e informaciones de los testigos. Ahora existía la seguridad de que el responsable de los asesinatos de Enderby era un hombre de la localidad con un profundo conocimiento de los caminos que comunicaban los tres pueblos.

Entre los que transitaron por la zona próxima a Ten Pound Lane a la hora de los hechos figuraba un motorista; poco después, el pinche de cocina del hospital Carlton Hayes, Richard Buckland, de diecisiete años, estuvo merodeando por el lugar del crimen, como si se sintiera fascinado por la actividad policial. Lo detuvieron para interrogarle. Se encontraba en una situación extremadamente delicada.

La policía descubrió una historia juvenil de trastornos sexuales, mostrando su desviación al referirse a las chicas como a “escoria, perras, putas y zorras». Una antigua novia declaró a la policía que le gustaban las relaciones brutales, que acostumbraba a abofetearla y a morderla violentamente. Su perfil psicológico correspondía exactamente al del asesino desconocido.

El joven fue intensamente interrogado en la comisaría de policía de Wigston. Declaró haber visto a Susan el día de su muerte mientras daba una vuelta en moto. Luego confesó el crimen detalladamente. Puntualizó que seguramente «había enloquecido» y por eso lo hizo. Algunos de los datos que dio eran muy exactos, aunque en su declaración se advertían ciertas contradicciones. Veinticuatro horas después de la detención, el joven firmó una declaración confesando los hechos y fue oficialmente acusado del asesinato de Susan Y. El equipo de investigación exhaló un suspiro de alivio creyendo que su tarea había terminado. Pero realmente acababa de empezar.

El comisario Baker se sentía incómodo ante la reciente confesión de Buckland. Le consideraba un inestable y, por otra parte, las falsas confesiones de crímenes son bastante frecuentes. Además de aquella prueba, el detective estaba en posesión de dos más: las muestras de semen obtenidas en los cuerpos de las niñas asesinadas. Acababa de enterarse de las primicias de los trabajos de investigación que llevaba a cabo el doctor Alec Jeffreys en el Departamento de Genética de la Universidad de Leicester.

El profesor Jeffreys afirmaba haber descubierto un sistema de «huellas genéticas» y, empleando un fluido del cuerpo -semen, sangre, saliva- y hasta raíces de cabello, obtenía la DNA e identificaba su procedencia. Y aún más: aseguraba que no había en el mundo dos individuos que tuvieran el mismo modelo, ya quie era algo tan personal como las huellas dactilares. Este sistema de investigación se había empleado ya en casos de discusión de paternidad, donde la prueba aclaraba las dudas sobre la filiación de algunos hijos. El descubrimiento se patentó con el nombre de ICI.

En septiembre, Baker decidió enviar al profesor Jeffreys las dos muestras de semen junto a otra de sangre del supuesto asesino para su análisis. Aquello daría por terminado el asunto de forma definitiva.

El doctor estudió en primer lugar la muestra correspondiente a Jane X, que tenía ya tres años y estaba bastante alterada. Estudió después la de la sangre del mozo de cocina e hizo un filme con rayos X de ambos códigos. Cuando comparó el código del DNA con la muestra de Jane X, pudo comprobar que no coincidían. Una semana más tarde repitió el experimento con la muestra del semen encontrada en Susan Y. Los resultados de las pruebas eran extremadamente interesantes… y embarazosos. A las dos niñas las había violado y asesinado el mismo hombre que, evidentemente, no era el pinche de cocina.

El 21 de noviembre de 1986, como resultado de la prueba del código genético, Buckland quedó en libertad por orden del Tribunal de Leicester. En una posterior conferencia de prensa, el comisario y Baker manifestaron: «El test ha demostrado la inocencia de Buckland en ambos crímenes. Como consecuencia, estas pruebas indican que todavía desconocemos al autor de la muerte de ambas jóvenes.»

El revolucionario examen del doctor Jeffreys no sólo era un arma precisa y adecuada para afirmar la culpabilidad de un sospechoso, sino que también podía demostrar su inocencia.

Para los habitantes de los tres pueblos era patente que el criminal seguía sin ser descubierto. La oferta de 20.000 libras por cualquier información que condujera a su captura quedó sin respuesta. La gente de Narborough, Enderby y Littlethorpe seguía viviendo atemorizada.

Por tanto, se puso en marcha una nueva investigación -a la que la policía denominó Susan Y II- y comenzaron por recapitular los hechos del otoño de 1986.

La nueva investigación empezó por la revisión de los informes de la primera y la comprobación de los datos. Se volvieron a estudiar las coartadas, se repitieron los interrogatorios a las mismas personas y se examinaron de nuevo todas las pistas desechadas. En el programa de televisión de la BBC Estudio del crimen una mujer policía vestida con la ropa de Susan reconstruyó su último recorrido pero no se obtuvo respuesta.

A finales de diciembre el Leicester Mercury publicó una edición especial de cuatro páginas en la que se relataban los hechos y se reproducían las fotografías con objeto de ayudar a resolver el caso. La respuesta fue nuevamente negativa.

Sin embargo, el comisario rumiaba una idea: la prueba del profesor Jeffreys afirmaba que el asesino había dejado sus «huellas dactilares» genéticas en el cuerpo de sus víctimas, de modo que esas mismas huellas genéticas acabarían por identificarle.

El jefe de policía dio una sorpresa a sus hombres. Los reunió a todos y les dijo: «Vamos a intentar algo que no se ha hecho nunca: haremos análisis de sangre a todos los jóvenes de los tres pueblos, y son cinco mil … ». Era, por supuesto, una valerosa decisión, pero no nueva. En 1948 se había realizado una prueba similar para resolver un caso de asesinato en Blackburn.

A comienzos de enero de 1987, los «vampiros de Leicestershire», como se llamaban jocosamente a sí mismos, empezaron a sacar sangre a todos los varones de edades comprendidas entre los diecisiete y los veinticuatro años, incluidos los antiguos pacientes y cuatro internos del hospital Carlton Hayes.

Se dispusieron dos locales en los que durante tres tardes a la semana, de 7 a 9, se obtendrían las muestras. Todos los varones, incluidos los policías, recibieron una carta en la que se fijaba la cita.

Surgieron algunas protestas entre los movimientos pro libertad civil y, por supuesto, nadie estaba obligado a someterse al análisis, pero los que, en escaso porcentaje, rehusaron aceptarlo fueron objeto de una investigación especial.

En enero se habían extraído unas mil muestras, pero sólo se seleccionó la cuarta parte de ellas. Quedaron automáticamente eliminadas las que no pertenecían al grupo A, pero el laboratorio, en el que se acumulaban las muestras, sencillamente no podía dar abasto. La prueba era complicada y costaba ciento veinte libras por unidad con lo que el coste total de la operación llegaría al medio millón de libras.

En mayo se les había extraído sangre a tres mil seiscientas cincuenta y tres personas, pero, debido al retraso existente, únicamente habían sido eliminadas dos mil. El fallo del proceso era que obviamente el asesino podía negarse al análisis de sangre.

Transcurrían los meses sin éxito aparente y entre los miembros del equipo circulaba el rumor de que la investigación se iba a dar por terminada. Además, dicho equipo se había reducido drásticamente y aquellos rumores suponían un duro golpe para la moral de los agentes restantes. Duro golpe que se acentuó cuando el inspector de Leicestershire recibió un aviso del Ministerio del Interior en el que se le advertía que la investigación no podría continuar indefinidamente. En su afán por descubrir al asesino, los oficiales se ofrecieron a hacer horas extraordinarias sin remuneración, una oferta honrosa, pero irrealizable. Corrían los días y no se encontraban más cerca de descubrir a su presa.

El descubrimiento

En el verano de 1984 el doctor Jeffreys de treinta y cinco años de edad, descubrió en su laboratorio de la Universidad de Leicester el secreto de las huellas genéticas mientras trabajaba en el proyecto de un mapa genético de los músculos humanos. El especialista hizo público un primer informe en noviembre de 1984, un año después de la muerte de Jane X, y publicó un documento sobre el tema en marzo de 1985. Como resultado de su descubrimiento obtuvo una cátedra en la universidad donde trabajaba, recibió medallas y premios y fue nombrado socio de la Royal Society.

Análisis masivos de huellas en Blackburn

El 14 de mayo de 1948, June Anne Devaney, de tres años, desapareció de su cama en el hospital Park Queen’s de Blackburn y a las pocas horas el cuerpo fue encontrado en el jardín. Le habían golpeado la cabeza contra la tapia que rodeaba el terreno, después de forzarla sexualmente. La única prueba eran las huellas dactilares en el biberón que había al lado de la niña. El inspector jefe detective Capstick, de Scotland Yard, decidió obtener las huellas dactilares de todos los varones de Blackburn, más de cincuenta mil. El día 12 de agosto se pudo comprobar que las huellas del biberón coincidían con las del vecino nº 46.253. Un antiguo guardia, Peter Griffiths, de 22 años, fue juzgado y declarado culpable de asesinato. El 19 de noviembre de 1948 murió en la horca.

Primer éxito

La Policía empleó por primera vez la prueba del doctor Jeffreys en noviembre de 1987. En junio de aquel mismo año un ladrón penetró en una vivienda de Avonmouth, en Bristol, violó a una mujer paralítica de cuarenta y cinco años y se llevó sus alhajas. Al poco tiempo un hombre llamado Robert Melias fue acusado de la violación y el robo después de que la víctima lo identificara en una rueda de reconocimiento. Enviaron la ropa de la víctima manchada con el semen del ladrón al laboratorio para someterla al test de “código de barras” y el resultado coincidía exactamente con el de la muestra de sangre de Melias. El 13 de noviembre de 1987 fue condenado a ocho años por violación y cinco por robo. La técnica de huellas genéticas confirmó la acusación e impidió que un indeseable quedara impune.

DEBATE ABIERTO – El triunfo de la ciencia

El descubrimiento de un joven especialista en genética revolucionó los procedimientos policíacos.

El pionero de este trabajo, el doctor Alec Jeffreys, se basó en una rama de la biología molecular y de la serología -estudio de los fluidos humanos-. Todos estos fluidos contienen células y cada individuo está formado por cien millones de ellas. Cada célula contiene 46 cromosomas: 23 del padre y 23 de la madre, y estos cromosomas se forman a partir de un ácido conocido como DNA.

En los años cuarenta se creía que todas las células contenían el proyecto de la vida, el material que proporciona la información genética y determina las características de cada individuo. En 1950 dos especialistas en biología molecular, Francis Crick y James Watson, ganadores del Premio Nobel, echaron por tierra esta teoría al demostrar que la estructura del DNA procede de cuatro tipos de compuestos químicos en diferentes combinaciones: adenina, guanina, citosina y timina. Estas combinaciones determinan las características del ser humano, lo mismo que la posición de las letras del alfabeto forman las palabras de un idioma.

Podemos imaginarnos al DNA como una larga trenza profundamente insertada en cada una de las células del cuerpo. Toma la forma de una doble hélice o de dos trenzas trabadas como las dos partes de una cremallera. Los cuatro compuestos químicos se combinan por una sencilla regla: A se une a T y C se une siempre a G. De este modo una secuencia de los bloques de la mitad de la trenza coincide siempre con la secuencia de los bloques de la otra mitad. Este modelo puede detectarse en una célula cualquiera: de sangre, de semen o de la piel.

Las largas secciones del código DNA son las mismas para todos los seres humanos. Pero ciertas partes del código muestran sorprendentes diferencias individuales, excepto en el caso de gemelos idénticos. En esas secciones del código surge repentinamente, una y otra vez, como un SOS del Morse. No hay dos individuos que envien el mismo mensaje.

Una vez perfilada la conducta genética, los científicos aislan cortos bloques del código DNA y lo reproducen clónicamente. El material de DNA procedente de la muestra se aisla por centrifugación y se separa longitudinalmente por medio de una enzima que actúa como una tijeras químicas. La enzima corta las partes de DNA donde detecta una secuencia del código específico.

Estos fragmentos se seleccionan en varias piezas atravesándolos por una corriente eléctrica en un medio de gel básico. Esto produce unas bandas que se imprimen en una membrana de nylon. Se efectúan además unas pruebas radiactivas que inciden en las secuencias complementarias de las hélices de DNA. El resultado se imprime en una membrana de nylon y se expone durante varios días a los rayos X. El proceso nos muestra una secuencia de bandas oscuras donde se insertan las pruebas para su comprobación por zonas.

La secuencia de bandas claras y oscuras del filme es muy parecida a los códigos de barras de los supermercados. Y aquel código de barras nos proporciona el único “autógrafo” propio de cada ser humano individualmente.

EL CULPABLE – Un engaño sangrante

Por fin la policía vio confirmadas sus sospechas. No sólo era un vecino de la zona, sino que había urdido un complicado engaño para no entregar la muestra de sangre. Y perdió la libertad a causa de un comentario.

Cuando la investigación se encontraba en su punto más bajo y hasta el comisario Baker comenzaba a desesperar, se produjo el ansiado acontecimiento.

El 1 de agosto de 1987 el panadero Ian Kelly estaba tomando unas copas en el bar Clarendon de Leicester en compañía de otros empleados de la panadería Hampshire entre los que se encontraba una de las dependientas de la empresa. Mientras charlaban y bebían la conversación derivó hacia la masiva toma de muestras de sangre de Enderby; Kelly dijo de repente: “Yo di mi muestra de sangre como si fuera la de Colin”. Les contó que había echado una mano haciéndose pasar por él, a un amigo que vivía en el pueblo de Littlethorpe.

La dependienta de Panaderías Hampshire le dio vueltas a aquella conversación durante seis semanas, ya que no quería crearle problemas a nadie, pero, por otra parte, creía que la policía debía estar al tanto de aquella inquietante información. Esperaba contárselo a un policía hijo del propietario del bar Clarendon, pero desgraciadamente éste se hallaba de permiso. Cuando regresó, la dependienta lo llamó por teléfono y le contó la conversación con lan Kelly. Los agentes se enteraron del fraude del análisis de sangre el viernes, 18 de septiembre y la noticia electrizó al equipo investigador, que se puso en acción de inmediato.

El amigo a quien Kelly había sustituido era Colin Pitchfork, que había estado trabajando en las Panaderías Hampshire desde que salió de la escuela en agosto de 1976, primero como aprendiz y luego como repostero. Casado y con dos hijos, contaba veintisiete años y vivía en Haybarn Close, Littlethorpe. La policía investigó en los ordenadores de la Oficina de Información Criminal de New Scotland Yard y los resultados fueron muy interesantes. Pitchfork fue denunciado por exhibicionista en dos ocasiones anteriores a su matrimonio y una tercera después de éste. La segunda vez ingresó en el hospital Carlton Hayes de Narborough (el hospital próximo a Black Pad) para someterse a un reconocimiento médico. Los policías no querían precipitarse a celebrarlo, ya que de nuevo podía tratarse de otra pista equivocada.

Se les ocurrió que el sospechoso tuvo que ser interrogado cuando, tras el segundo asesinato, visitaron una vivienda tras otra, ya que se mudó a Haybarn Close después de producirse el primero. En efecto, Pitchfork firmó una declaración dando a conocer sus movimientos y una manera fácil de comprobar si estaban en el camino correcto era la de comparar la firma de su declaración con la del formulario del análisis de sangre. Tras hacerlo así, el interés del equipo llegó a su punto culminante: las firmas no coincidían.

Las investigaciones llevadas a cabo en la panadería Hampshire revelaron que cuando a finales de enero de 1987, Pitchfork recibió la carta citándole para someterse a la prueba parecía aterrado y pidió a varios compañeros de trabajo que le sustituyeran, afirmando que él ya lo había hecho con un amigo que tenía antecedentes por exhibicionismo y que temía que la policía le «enredara».

Llegó a ofrecer doscientas libras a uno y quinientas a otro, pero ambos rehusaron, así como otros dos colegas del trabajo. Ian Kelly, vecino de Leicester y recién llegado a la empresa, deseaba congraciarse con él. Era joven e impresionable y se negó a aceptar su dinero a cambio del favor. Este se reunió con él y le aleccionó cuidadosamente, dándole las respuestas a las preguntas que le podían formular los agentes para comprobar su identidad, incluidos los nombres y fechas de nacimiento de sus hijos y el apellido de soltera de su mujer. Llegó a insertar una foto de Kelly en su propio pasaporte cortándola del original, reajustando el plástico y pegándolo perfectamente.

Aunque el día del análisis Kelly estaba enfermo y con fiebre, Pitchfork le condujo al laboratorio improvisado y le esperó en la calle. En el interior el joven se identificó con el nombre de su amigo enseñando el pasaporte y dejó que le sacaran la muestra de sangre. El fraude había funcionado. A los pocos días Pitchfork recibió una carta en la que le comunicaban que las pruebas daban un resultado negativo y que quedaba eliminado de la investigación.

El encargado de la panadería fue interrogado discretamente. “Es un buen empleado y aprovecha el tiempo, pero tiene mal carácter. No deja en paz a sus compañeras y siempre está dándoles palique.»

El sábado siguiente, 19 de septiembre, la policía detuvo a Kelly en su casa y lo condujo a la comisaría de Wigston para interrogarle. El cargo era de fraude con objeto de obstruir la acción de la justicia. El muchacho hizo una declaración voluntaria en la que admitía su culpabilidad; entonces decidieron detener a Pitchfork inmediatamente. No estaba en casa y la policía se quedó fuera vigilando. 

Colin Pitchfork llegó a las 5,40 de la tarde y entró en la vivienda. Dos agentes se apostaron en el patio mientras otros cuatro llamaban a la puerta. Abrió el sospechoso y el jefe de policía le dijo: «Como resultado de nuestras investigaciones hemos llegado a la conclusión de que usted es el autor del asesinato de Susan Y, cometido el 31 de julio de 1986. Sabemos que otra persona se sometió a la prueba sanguínea en su lugar. Le detengo por sospecha de asesinato”.

Pitchfork se mostró sereno y respondió: “Deme unos momentos para hablar con mi mujer”. El detective le preguntó: ¿Por qué a Susan Y?” Pitchfork se encogió de hombros. “La oportunidad. Ella estaba allí, yo estaba allí…” Era suficiente motivo para un psicópata. Después se confesó autor del crimen delante de su esposa. Carole se abalanzó sobre él para golpearle, pero la policía se lo impidió.

En la comisaría le tomaron una muestra de sangre que enviaron inmediatamente al laboratorio del doctor Jeffreys. Aquella muestra hacía el número cuatro mil quinientas ochenta y tres de las analizadas. Coincidía exactamente. El detenido ante la evidencia de su culpabilidad, escrita literalmente en su sangre, hizo una completa confesión.

Con voz fría y desapasionada, describió el primer crimen, y más tarde contó detalladamente la historia de su vida. Después de dejar a Carole en el colegio -declaró-, fue conduciendo en busca de chicas ante las que «lucirse». Vio a Jane X caminando por la calle y se exhibió ante ella. La joven corrió aterrorizada internándose en Black Pad y cerrando así su vía de escape. Él se burló cuando la víctima volvió la esquina.

“Llegué hasta ella y la agarré; realmente no ofreció resistencia… Mi deseo no disminuía. Al contrario, se iba acrecentando y no sólo porque ella estaba dispuesta. No gritó, no luchó. Si hubiera gritado yo habría salido corriendo.»

Luego describió la violación. Después tuvo que matarla. “Ella sabía que yo estaba casado… vio la alianza… Yo me di cuenta de que la llevaba puesta. Me estaba quedando calvo y la chica podía describirme… Casi con toda seguridad me vería por el pueblo… No tenía otra solución. Estaba atrapado. Así que la estrangulé.»

Pitchfork afirmó que sólo quería exhibirse y que lo había hecho por lo menos mil veces en su vida. Entonces añadió: «Después de lo de Jane X dejé de hacerlo durante seis u ocho meses » Pero luego renació su afición.

A propósito del asesinato de Susan Y, declaró que iba montado en su moto Honda cuando vio a una joven en el camino: «Aparqué la moto… y la seguí por Ten Pound Lane.»

El comisario le interrumpió: «¿Había alguien en los alrededores?» El sospechoso con frases entrecortadas continuó. «Nadie. No me vio nadie. Era pleno día… cuando iba detrás de Susan Y experimentaba una sensación en las entrañas. Me decía: ¡No, no, no! Pero por otro lado pensaba: solamente enseñárselo. Vas por un camino. Tienes todo el tiempo del mundo … »

Volvió a criticar a su víctima. «Este juego (el exhibicionismo) tiene sus reglas. Tiene que haber espacio. Siempre hay un espacio para que puedan pasar. Así es más fácil. Las sorprendes. Ellas siguen y tú tienes fácil el camino de salida.»

Afirmó que Susan huyó y eso le impidió escapar por el lugar elegido. La niña corrió hacia el campo y él la siguió. Ella había visto su cazadora de motorista y, si lo denunciaba, la brigada de investigación le interrogaría sobre la muerte de Jane X. «Volví a experimentar las mismas sensaciones. Estaba atrapado de nuevo … »

Después de violarla decidió asesinarla. Confesó gruñendo: «Un asesinato o dos… es la misma sentencia.»

Jactándose de la cantidad de chicas ante las que se había «lucido» -unas mil-, nombró a media docena de ellas a las que la policía tomó declaración para confirmar sus afirmaciones. Confesó también que en 1979 y 1985 cometió abusos deshonestos en dos ocasiones y algo más tarde intentó secuestrar a una autoestopista que subió a su coche.

El 22 de enero de 1988 Pitchfork se sentaba en el banquillo del Tribunal de Leicester acusado de dos asesinatos, dos casos de agresión sexual, otro de secuestro y uno de obstrucción a la acción de la justicia. Se confesó culpable de todos ellos. Esto significó un juicio corto que exigía la presentación de escaso número de pruebas. La acusación se limitó a leer la confesión de Pitchfork. La madre de Jane X, una mujer valiente, tuvo que oír las palabras con las que el asesino describía la muerte de su hija mientras el bebé del exhibicionista dormía en un cesto, en el asiento trasero del coche.

El fiscal, Brian Escott-Cox, manifestó que de las cinco mil personas a las que se pidió una muestra de sangre sólo dos no la habían entregado. Una tenía probadas razones y la otra era Colin Pitchfork. Refiriéndose a éste, continuó: «Mostró una sangre fría sorprendente y una carencia total de remordimientos.» Sobre la «sustitución» dijo: «Les salió bien. Kelly se presentó y salió airoso del plan.» Poco tiempo después Ian Kelly fue condenado a dieciocho meses de prisión, aunque la sentencia quedó en suspenso durante dos años.

La de Pitchfork fue de cadena perpetua por ambos crímenes, además de diez años por las violaciones, tres por agresiones sexuales y tres más por fraude; el presidente del Tribunal, el juez Cotton, puntualizó que: «Las violaciones y los crímenes mostraron claramente un sadismo especial.” Y terminó comentando que si no hubiera sido por las huellas genéticas el acusado seguiría en libertad: «En este caso no sólo condujeron a la detención del auténtico asesino, sino que además quedaban eliminadas las sospechas que hubieran podido caer sobre un hombre inocente.»

Librarse por los pelos

En junio de 1987 una joven de diecisiete años, nacida en Oadby, sufrió una terrible experiencia al subirse al coche de un desconocido. Había pasado la noche con unos amigos en Wigston y durante la velada discutió con su novio. Enfadada y furiosa, se volvió a su casa.

Poco después de medianoche un coche se puso a su lado y el conductor le preguntó dónde iba. Se ofreció a acercarla a su domicilio, pero en cuanto la joven ocupó el asiento cambió radicalmente de actitud. Condujo en silencio y, después de atravesar Oadby, se dirigió a campo abierto. Aterrada, la chica se aferró al volante haciendo patinar al vehículo, mientras, entre sollozos, insistía en que solamente quería volver a su casa, así que el hombre dio la vuelta y se dirigió a la A6, donde finalmente se detuvo. La chica se tiró del coche y corrió hacia su hogar. Fue una huida feliz. El conductor era Colin Pitchfork.

TESTIMONIO – La hija querida

Los padres de Jane X tuvieron que aprender a vivir con el dolor de la trágica pérdida de su hija. Poco a poco fueron rehaciendo su existencia en medio de la continua presencia de los medios de comunicación.

“Aquella noche de noviembre de 1983 cambió no sólo nuestro futuro, sino el de mis otras dos hijas, que tienen acostumbrarse a vivir sin Jane, igual que los abuelos, los tíos, las tías y todos los que la conocieron. Jane no pudo ver cómo su hermana Rachel se convertía en una jovencita encantadora, ni contemplar al hijo de su otra hermana -el primer sobrino-, ni observar cómo va pareciéndose a su madre.

La pequeña, dulce y tranquila, nos fue cruelmente arrebatada y, si no hubiera sido por el doctor Jeffreys, el asesino aún estaría en libertad para robar a otras familias el tesoro de sus hijos. El descubrimiento del DNA o código genético ha eliminado las dudas que podían plantearse en el pasado, permitiendo que individuos culpables continuaran su carrera criminal. Siempre estaremos agradecidos al profesor por llevar la paz a nuestras mentes sabiendo que el asesino de nuestra Jane no está en la calle, como no lo estarán otros en el futuro. Hay muchos niños que vivirán gracias a su trabajo.

Hemos vivido casi siete años en medio de la frustración de no comprender lo que había ocurrido y por qué. No pudimos enterrar a nuestra hija hasta dos meses después de su muerte y nadie más que nosotros sabe en qué infierno se convirtieron nuestras vidas. Mi marido perdió su empleo en 1984, justo antes de Navidad; su salud se resintió de tal modo que ahora le han declarado incapaz total, de modo que tratamos de sobrevivir con nuestros escasos recursos. También yo dejé un trabajo tras el asesinato de Jane. Ahora vivimos al día, pero su recuerdo permanece continuamente entre nosotros.

Debemos tratar, obviamente, de que nuestros sentimientos de dolor no repercutan en Rachel, que ahora comienza a participar de la vida de los adultos. No disfrutó de su infancia, puesto que tuvo que soportar la parte que le correspondió en la desaparición de su hermana. Nosotros la protegíamos todo lo posible, pero los medios de comunicación insistían en llamar la atención sobre el caso, dada la importancia del DNA. Volveremos siempre sobre uno de los peores momentos de nuestra vida, unos momentos que no olvidaremos nunca, pero que no deseamos recordar.

PRIMEROS PASOS – Además de exhibicionista

A Colin Pitchfork no le bastaban una esposa enamorada, un buen trabajo y un hogar feliz. Ansiaba las sensaciones que una vida convencional no podía proporcionarle.

Colin nació y creció en Liecester. Era el segundo de tres hermanos y siempre se consideró la oveja negra de la familia, porque no respondió a lo que esperaban de él. Su hermana mayor estudiaba medicina y el más pequeño seguía la carrera de ingeniero.

Dejó la escuela a los dieciséis años sin obtener el diploma; se empleó como aprendiz y, más tarde, repostero en la panadería Hampshire. Seguía un curso, en sus días libres, de perfeccionamiento en el oficio.

A los 19 años ya tenía en su haber dos denuncias por exhibicionismo. Por otra parte, se interesaba por obras benéficas y en el verano de 1979 se apuntó como voluntario en el Orfelinato del doctor Barnardo para jugar con los niños, sacarlos a pasear y organizarles actividades al aire libre. Allí conoció a su futura esposa, Carole, que tenía entonces 18 años. Trabajaba como asistente social en la institución y los niños la conocían con el nombre de «Tita».

Comenzaron a salir juntos en agosto de 1979; la chica apreciaba la bondad del joven y al poco tiempo se comprometieron y comenzaron a vivir juntos.

La vida de la pareja se desenvolvía tranquilamente hasta que de nuevo a él lo detuvieron por exhibicionismo, quedando en libertad vigilada. El juez le exhortó a «perder la costumbre» de exhibirse ante las mujeres. Pero la explicación que el joven dio a los abogados sobre sus excursiones fue la siguiente:

«Siento la necesidad. Recorro 25 ó 30 kilómetros buscando la ocasión. Es lo que más necesito.»

En el mes de mayo de 1981 se casó con Carole y la pareja se trasladó a un piso de Barclay Street, en Leicester.

Él tenía un buen empleo en la panadería y ella continuaba trabajando en el orfelinato. La vida les sonreía; el futuro era prometedor.

Sin embargo, Colin lo estropeó. De nuevo lo volvieron a detener al lado de Black Pad, y el Tribunal lo envió al hospital Carlton Hayes, para un reconocimiento médico.

En 1983 se apuntó a un curso de clases nocturnas de alta repostería en el Southflelds College. Su esposa estaba embarazada y ya no le atraía. Mantuvo relaciones con una compañera de clase y llegó a meterla en su propio dormitorio. Pitchfork declaró que desde aquel «asunto» no había vuelto a hacer exhibicionismo. «Lo dejé porque ella me proporcionaba un gran placer, unido a la sensación del riesgo de ser descubierto por Carole.»

Cuando ésta se enteró por fin de aquellas relaciones, lo echó de casa, aunque volvió a acogerlo al cabo de unas semanas. En agosto nació su hijo y Carole se sentía a disgusto en la vivienda tras descubrir que en su cama había estado otra mujer. Su padre vivía en Narborough, donde ocupaba el cargo de concejal. Quizá para estar más cerca de él, en diciembre de 1983 el matrimonio se mudó a una casa en las proximidades de Littlethorpe.

Antes del traslado a su nuevo hogar, ella decidió dar “una fiesta de despedida” a los amigos y vecinos. El lunes 21 de noviembre, Carole salió para asistir a clase con objeto de obtener una plaza de vigilante de libertad condicional y su marido le comentó que se quedaría en casa grabando discos para la fiesta.

A las siete de la tarde dejó a Carole en la clase y continuó su camino con el niño dormido en el asiento trasero del Ford Escort. Volvió a recogerla a las nueve de la noche. En aquellas dos horas asesinó a Jane X.

Durante los meses siguientes Colin estuvo inquieto. Con frecuencia comentaba que quería una casa y un trabajo mejores o que pensaba empezar a escribir un libro. Hasta que en 1986 sufrió una depresión y los médicos le recetaron píldoras para dormir.

La auténtica razón de su desasosiego era que su actual amante, una mujer de veintinueve años, estaba embarazada. En aquella época él se quejó a su mujer de que su vida conyugal le resultaba «aburrida». Para aumentar la excitación en sus relaciones la convenció de que usara medias blancas como si fuera una estudiante.

En enero de 1987 la amante de Pitchfork dio a luz una niña muerta. Él la visitó en el hospital llorando amargamente y poco después le contó a su mujer, entre sollozos, que su hijita había muerto. Hundido en su dolor, esperaba recibir el consuelo de su esposa.

 


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