Claudia Alejandra Sobrero

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Claudia Sobrero
  • Clasificación: Asesina
  • Características: Robo
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: 14 de septiembre de 1984
  • Fecha de detención: 19 de septiembre de 1984
  • Fecha de nacimiento: 24 de octubre de 1962
  • Perfil de las víctimas: Lino Palacio y su esposa Cecilia Pardo de Tavera de Palacio, ambos de 81 años
  • Método de matar: Arma blanca
  • Localización: Buenos Aires, Argentina
  • Estado: Condenada a reclusión perpetua el 7 de julio de 1990. Obtuvo la libertad condicional el 3 de enero de 2006
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Claudia Sobrero

Wikipedia

Claudia Alejandra Sobrero (24 de octubre de 1962), es una mujer argentina que a sus 21 años con ayuda de dos cómplices robó y asesinó en el año 1984 al famoso dibujante Lino Palacio y su esposa.

Es hasta ahora la única mujer condenada a la máxima pena contemplada en el Código Penal Argentino, reclusión perpetua por tiempo indeterminado. Estuvo encarcelada en el país 21 años, hasta que obtuvo la libertad condicional en el año 2006.

Su libertad duró un año. El 27 de enero del año siguiente, Sobrero caía detenida después de un robo callejero junto con su pareja de ese momento. En 2012 fue liberada nuevamente luego de estar 27 años presa lo que la convierte en la mujer que mas tiempo estuvo encarcelada en Argentina.

Biografía

Claudia Sobrero nacida en Flores, Buenos Aires, Argentina era una joven de 21 años, sin trabajo y adicta a los estupefacientes.

En el año 1982 se hace pareja de Jorge Palacio, el sobrino-nieto de Lino Palacio, con quien tiene su segunda hija, María Cecilia, había tenido otra hija antes a los 17 años con una pareja anterior. En enero de 1984 Claudia convence a Jorge de robar las llaves del departamento de sus abuelos en la calle Callao 2094, 5° piso, de la Capital Federal, diciéndole:

“tus abuelos van a estar en Mar del Plata, así que nosotros podemos entrar, tranquilos, y les robamos la guita (dinero) de la caja fuerte”.

Jorge fue hasta Mar de Plata donde su abuelo estaba pasando unos días con su mujer, les sacó las llaves sin que se dieran cuenta y sacó copias antes de volver a Buenos Aires. Pocos días después entraron en el departamento y hurtaron casi 10.000 dólares.

Tiempo después la relación de la pareja se fue deteriorando, Sobrero culpaba a Palacio de maltratar a su primera hija por lo que luego se separaron. Unos meses después conoció a un joven chileno llamado Oscar Odín González Muñoz de 19 años, con quien se juntó como pareja, Oscar tenía un amigo, Pablo Zapata, con el que siempre solían andar juntos.

Claudia sentía mucha admiración por su nueva pareja a tal punto de querer demostrarle que era capaz de todo, se le ocurre convencer a González Muñoz y Zapata de robar en el departamento de Palacio, diciéndoles que el y su esposa no se encontraban en casa y que ella tenía las copias de las llaves, con lo que logra convencerlos.

El 14 de septiembre de 1984 el trío se dirige al departamento dispuestos a entrar a robar convencidos de que nadie se encontraba allí. Al querer entrar se dieron cuenta de que Lino Palacio y su esposa Cecilia Pardo de Tavera de Palacio, ambos de 81 años, habían vuelto ya antes de sus cortas vacaciones.

Claudia como era como un miembro de la familia al ser la ex pareja del nieto de ellos y madre de su bisnieta logra convencerlos de que la dejen entrar a ella y sus dos supuestos amigos de confianza, el matrimonio tras dudarlo acceden.

Después de que entran es cuando empiezan a amenazarlos de entregar todo el dinero, las joyas entre otras cosas de valor. Al obtener lo que querían decidieron matarlos para no dejar testigos. A Cecilia Pardo la asesinaron con un cuchillo de cocina de 16 puñaladas, a Lino Palacio le aplastaron brutalmente en la cabeza con una plancha y luego lo asesinaron con el cuchillo de 27 puñaladas. Los tres tras asesinarlos huyeron con las cosas que les habían robado. La hija del matrimonio, Cecilia Palacio, al entrar al departamento nota el desorden y descubre horrorizada a sus padres muertos, luego alerta a las autoridades.

La policía indico como principal sospechosa a Claudia Alejandra Sobrero, la ex mujer del nieto de las víctimas. Inmediatamente se inicio una búsqueda de la principal sospechosa en todo el país.

Claudia Sobrero fue detenida 5 días después en Tucumán el 19 de septiembre de 1984, cuando un policía llamado César Isaya, le llama la atención una joven caminando por las calles de Tucumán con un sombrero cowboy, zapatillas rojas y jeans apretados. El policía la llama y le pide su Cédula de identidad, esta era falsa y no coincidía con la edad aparente de la joven, además se percata de los ojos azules de la sospechosa y no tiene casi dudas de quien es, la mujer que buscaba todo el país. Ella se da cuenta y responde:

“Sí, ya sé. Me buscan por el asesinato de Lino Palacio. Vamos”.

Oscar Odín González Muñoz es apresado el mismo día en Tucumán pocas horas después. Pablo Zapata fue arrestado poco días después en la ciudad bonaerense de Don Torcuato.

Juicio y Condena

Claudia Alejandra Sobrero fue llevada a la Unidad N°3 de Ezeiza, tuvo una breve fuga durante un apagón en 1986 convirtiéndose en la primera mujer en escaparse de ese penal, y luego recapturada nuevamente.

El 7 de julio de 1990 fue condenada como coautora de homicidio doblemente agravado, robo y hurto a reclusión perpetua mas la accesoria de por tiempo indeterminado, la pena máxima que contempla el código penal argentino,

“Vas a salir 48 horas después de muerta”

dijo Sobrero que le dijo el juez. En la carcel se contagio del virus del vih, según ella cree que fue en una consulta odontólogica en el penal.

Es la única mujer en la historia de Argentina condenada a esa pena, entre los hombres tiene algunos equivalentes como el adolescente asesino en serie Carlos Eduardo Robledo Puch, Aníbal González Igonet y Hector “nene” Sanchez entre otros.

En la cárcel Sobrero terminó la secundaria y comenzó la carrera de Sociología. Obtuvo la libertad condicional el 3 de enero de 2006, hasta que 22 de enero 2007 en un robo callejero asalto a una mujer llamada Beatriz Mónica Llanque Rojas a quien le había robado una cartera con un reloj y 50 pesos, fue arrestada con su nueva pareja cómplice minutos después y llevada de nuevo a Ezeiza, después de esto mando una carta al presidente Néstor Kirchner rogando por su libertad e hizo huelgas de hambre por mejores condiciones para las reclusas.

El 18 de enero de 2012 salió en libertad nuevamente tras 27 años de encierro, siendo la mujer que más tiempo estuvo en prisión en Argentina.

Oscar Odín González Muñoz se lo condenó por homicidio doblemente agravado y robo, fue sentenciado a reclusión perpetua mas la accesoria de por tiempo indeterminado y fue trasladado a la prisión de Chaco.

Pablo Fernando Zapata se suicidó el 30 de abril de 1985 ahorcándose con una sábana en su celda del pabellón 16 B de la cárcel de Caseros.

Jorge Palacio Zorrilla San Martín, fue condenado a dos años de prisión en suspenso por hurto agravado.

Libros

En el primer libro de Mujeres asesinas escrito por la autora argentina Marisa Grinstein esta el caso de Sobrero titulado “Claudia Sobrero, Cuchillera”.

La misma Claudia Sobrero escribió en la cárcel un libro titulado “Así Murió Lino Palacio”, explicando desde su punto de vista lo que ocurrió ese fatídico día.

Las representaciones

Marcel Gonnet estreno en 2011 un documental narrado en primera persona de Claudia Sobrero llamado “Claudia”. El trabajo fue premiado como mejor documental en cinesul 2011, festival iberoamericano de cinema y vídeo que se llevó a cabo en Río de Janeiro, Brasil.

El unitario Mujeres Asesinas estreno en la primera temporada un capítulo titulado “Claudia Sobrero, cuchillera” protagonizado por Dolores Fonzi.

En la serie de mujeres asesinas Colombia, en su segunda temporada hay un capítulo titulado “Claudia, la cuchillera” protagonizado por Manuela González.

En mujeres asesinas de México también tuvo otro capítulo recreando el caso, “Claudia, cuchillera” protagonizado por Natalia Esperón.

En “Las tragedias de los famosos” de Crónica TV, narraron en un fragmento la muerte de Lino Palacio.


Argentina: la mujer que batió el récord de permanencia en prisión

Sol Amaya – CosechaRoja.com

27 de Septiembre de 2012

“Prefiero que lo goglees y escribas lo que se te cante el orto”, dice Claudia Sobrero cuando se le pregunta por la razón que la llevó a la cárcel, en donde pasó más de la mitad de su vida. Esta mujer delgada, de piel pálida, los brazos cubiertos de tatuajes, un piercing en la nariz y ojos celestes, está por cumplir 50. Hace apenas un mes abandonó la cárcel de mujeres de Ezeiza, su lugar de residencia durante unos 30 años.

Claudia es dueña de un récord del que no está nada orgullosa: es la mujer que pasó más años presa en la historia carcelaria dela Argentina. Su tiempo en un penal sólo se asimila al de Robledo Puch, que continúa en Sierra Chica.

Se siente feliz: considera que esta es su primera verdadera libertad. “El día en que me fui, llovía pila. Las chicas lloraban. Yo no: reía. No voy a extrañar nada de ese lugar”, dice.

No cree en la Justicia, ni en la cárcel como resocializadora. Su mayor temor de volver a la calle era el estigma, la marca de los años de encierro en el día a día en sociedad.

“El rollo central es convertir el estigma en emblema. No esconderse”, dice, mientras se prende un cigarrillo después del almuerzo en la casa de Haedo que comparte con Lucas, su novio.

“La historia de mí que cuentan otros no es mi historia. Cuentan lo que ellos se imaginan que es mi historia. A veces te da bronca, pero a veces decís que se vayan a la puta que te parió”, explica. “Yo a mi historia la cuento cada día, ya no me interesa reivindicarme ante los medios o la gente”.

No todo fue mala prensa. En 2010, se presentó el documental “Claudia”, de Marcel Gonnet, que trata sobre la vida de Sobrero dentro y fuera del penal. Una producción que buscó dejar atrás el estigma que se teje alrededor de un detenido.

Sobrero fue detenida en 1984 junto a otros dos hombres, acusados del asesinato del dibujante Lino Palacio y su mujer. En ese momento, tenía 21 años y dos hijas.

Como aún no existía el juicio oral y público, a Sobrero se la juzgó durante seis años por escrito. En 1990, fue condenada como coautora de homicidio doblemente agravado, hurto y robo, y sentenciada a reclusión perpetua con pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado.

“Antes de que me condenen, el fiscal me dijo: Te vas a ir en libertad 48 horas después de muerta. Pensé, mierda, yo de la cárcel me largo, como sea. Apenas pude, me fugué”. Fue en el año 1986, una fuga breve, porque al poco tiempo fue capturada y volvió a la unidad 3 del Complejo Penitenciario de Ezeiza.

Después de ese intento de huir, comenzó un largo camino de recuperación en el encierro, algo que para la Procuración Penitenciaria de la Nación fue “un caso emblemático de resocialización”. Aunque ella no cree en eso. “No podés pretender resocializar a gente que nunca fue parte de la sociedad. La cárcel no sirve para nada. Lo que te salva es tu propio esfuerzo”, asegura Sobrero.

Su esfuerzo, como ella dice, la llevó a estudiar y trabajar dentro del penal. Por momentos, el agobio la vencía. “En la época de Dela Rúa, le escribía al presidente pidiéndole por favor que me maten. Porque si no pensaban dejarme salir nunca, ¿Para qué me mantenían con vida? ¿Para qué tanta tortura?”.

Nadie respondió a ese pedido de un punto final. Claudia comenzó a ponerse pequeños objetivos, proyectándose una futura vida fuera de ese lugar, si es que eso llegaba en algún momento.

“Dejé la merca. Con la guita que ahorraba al no gastar en droga, invertía en pequeñas cosas. Hacía calor, necesitaba un ventilador. Era mi objetivo. Necesitaba recibirme, tenía que comprarme una notebook. Ahí centraba mi cabeza”, cuenta Sobrero.

Cursó la secundaria, estudió Sociología, participó de talleres y cursos. También colaboró con la creación del taller de serigrafía en el penal. Su obra y la de algunas de sus compañeras fue comprada por Amalita Fortabat y Pérez Celis.

Educación no fue lo único que recibió en prisión: también se contagió de HIV. Ella sospecha de una médica del penal, que la atendió una vez. Dice que no sabe cómo hacer para probarlo, pero está segura.

En 2004, llevó a cabo una huelga de hambre para protestar en contra de la supresión de sus salidas transitorias y por estudio.

Primera libertad

Su primera libertad condicional fue en 2006. Había pasado más de 20 años presa. Pero la vida fuera de prisión no le duró mucho: al año volvió a ser detenida por robo y fue enviada a terminar de cumplir su condena, otra vez a Ezeiza.

“Estaba sola, completamente sola, no tenía sostén, nadie que me ayude. Con 25 años en cana perdiste todo. Mi familia nunca estuvo. Tengo una hija que hace 25 años que no veo. La otra quedó bajo el ala de mi vieja, que es una hija de re mil puta”, dice.

“Estuve en situación de calle seis meses, debajo de un puente, en un lavadero abandonado. Hice lo que pude. Me metí a laburar con Schocklender: grave error”, explica.

“Yo tenía un compañero muy adicto a la pasta base. No tiene ni sentido que te diga qué carajo pasó la noche que nos detuvieron. Era una bizarreada. Yo perseguía a mi compañero Cristian, para que devolviera la cartera que se había robado. La policía me perseguía a mí”, recuerda. Así fue como volvió a caer presa.

“Schocklender me dijo que yo había ensuciado el nombre de las Madres de Plaza de Mayo ¿Podés creer?”, se ríe, tose y vuelve a encender un cigarrillo. “Nadie me daba trabajo, y eso que yo estaba capacitada. No lograba desengancharme de la cosa mafiosa. Así fue mi primera condicional: cagada de frío, de hambre, con HIV, sin trabajo y sola”.

El presente

Las cosas ahora se ven distintas. Desde hace cuatro años, Claudia está de novia con Lucas, que da clases en uno de los talleres del penal de Ezeiza. Esta vez, cuando salió, no estaba sola: Lucas la esperaba, y la recibió en la casa que comparten en Haedo.

Claudia tiene dos nietos, Lautaro y Micaela, a los cuales se está acercando para reforzar los lazos. Trabaja para montar un taller de serigrafía, para dar trabajo a quienes, como ella, salgan de prisión y necesiten una mano.

“La idea es generar laburo. Estamos planeando hacer bandanas, remeras con consignas”, cuenta. Sobre el tiempo perdido en prisión, reflexiona: “Para qué nos vamos a poner a llorar ahora. Yo me proyecto, escribo mi propia historia”.

Lucas, su compañero, quiere hacer un collage con una foto de ella antes de entrar en prisión y otra actual. “De epígrafe”, dice, “le voy a poner: Y todavía se ríe”.

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