Christian Karl Gerhartsreiter

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Christian Gerhartsreiter

Clark Rockefeller

  • Clasificación: Asesino
  • Características: Impostor alemán famoso por hacerse pasar por un miembro de la familia Rockefeller
  • Número de víctimas: 1 +
  • Periodo de actividad: 13 de febrero de 1985
  • Fecha de detención: 2 de agosto de 2008
  • Fecha de nacimiento: 21 de febrero de 1961
  • Perfil de las víctimas: Su casero, John Sohus
  • Método de matar: Golpes con objeto
  • Localización: San Marino, Estados Unidos (California)
  • Estado: Condenado de 27 años de prisión a cadena perpetua el 15 de agosto de 2013
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Christian Gerhartsreiter

Última actualización: 21 de enero de 2016

Christian Karl Gerhartsreiter, conocido como Clark Rockefeller, (Siegsdorf, Alemania, 21 de febrero de 1961) es un impostor alemán famoso por asesinar a su arrendador y por hacerse pasar por un miembro de la familia Rockefeller.

Hijo de un pintor y una costurera, emigró a Estados Unidos en 1978 a la edad de diecisiete años con una beca para estudiar secundaria como estudiante de intercambio. A principios de los 80 se fue con rumbo a Hollywood. En 1981 se casó en Madison, Wisconsin, para obtener la nacionalidad estadounidense.

Fue condenado por asesinato. A raíz de su caso se ha rodado una película, ¿Quién es Clark Rockefeller?, y se ha escrito un libro, Schroder: A Novel.


Profesión: Rockefeller

Barbara Celis – Elpais.com

7 de septiembre de 2008

Christian Karl Gerhartsreiter se hacía pasar por un miembro de la familia del millonario. Hoy está detenido y es sospechoso de asesinato. Es el último impostor.

Rockefeller es un nombre clave de la realeza económica estadounidense y son muchos los que han soñado alguna vez con ser de la familia. Pero entre la fantasía y la realidad hay un abismo que algunos personajes osados han superado, robando un apellido que abría puertas y les llenaba los bolsillos.

Uno de los más célebres fue Christophe Rocancourt, arrestado en 2001 tras descubrirse las estafas que había cometido haciéndose pasar por un Rockefeller francés. Ahora, otro falso Rockefeller, esta vez de origen alemán, ha sido arrestado en Estados Unidos tras secuestrar a su hija. Ese detalle destapó la rocambolesca historia de un hombre que vivió, durante dos décadas, como Clark Rockefeller.

Con un apellido así, es imposible pasar desapercibido. Por eso, cuando a finales de julio se supo que un Rockefeller estaba en busca y captura por haber secuestrado en Boston a su hija de siete años, la noticia saltó de las páginas locales de aquella ciudad y dio la vuelta a Estados Unidos. ¿Cómo era posible que un millonario de una familia tan famosa y respetable arrancara a una niña de los brazos de su madre?

Una semana después del secuestro, este hombre carismático y bien educado, con acento de Nueva Inglaterra, erudito en artes y ciencias, fabulador insuperable y considerado por sus conocidos como «el alma de todas las fiestas», era arrestado en Baltimore. En diciembre pasado había perdido la custodia de su hija -que ha vuelto con su madre, sana y salva- tras divorciarse de su esposa, Sandra Boss. Se había comprado una casa en Baltimore y había secuestrado a su hija con ánimo de comenzar «una nueva vida».

No era la primera vez que se reinventaba. En las últimas tres décadas fue el estudiante Christian Gehart Reiter en Wisconsin, un descendiente de la realeza europea llamado Christopher Chichester en California, un falso productor y broker de apellido Crowe en Nueva York y Connecticut y, desde 1990, un rico heredero, Clark Rockefeller. En realidad, no era ninguno de ellos.

Este personaje, que convenció a todos de la falsa identidad que aún hoy defiende, nació en Alemania en 1961. Según desveló el FBI tras su arresto, el falso Rockefeller, de 47 años, se llama Christian Karl Gerhartsreiter. Creció en Bergen, un pueblo donde, según su amigo Thomas Schweigen, tenía ya el vicio de asumir personalidades aristocráticas. «A los 13 años llamó a la central de tráfico diciendo que era un millonario holandés y que quería registrar dos Rolls-Royce. Le creyeron», contó a The New York Times.

Un programa de intercambio cultural le llevó hasta Berlín (Connecticut) a los 17 años. Se casó con una chica de Wisconsin para conseguir el permiso de residencia y la abandonó. Su madre, costurera, le escuchó por última vez a mediados de los años ochenta, cuando llamó para anunciar su personalidad de entonces, Christopher Chichester.

Ese nombre también ha resultado estar cargado de dinamita: al hacerse público el currículum del falso Rockefeller, se ha reabierto el caso de un doble asesinato sin resolver ocurrido en San Marino (California), precisamente en la casa donde Gerhartsreiter se alojó durante tres años siendo Chichester.

La coincidencia resulta sospechosa. Sus caseros, John y Linda Sohus, desaparecieron en 1985. Antes de que la policía pudiera interrogarle, él también desapareció. A las pocas semanas llamó a una amiga: «Estoy en Francia. Me he casado y soy feliz. No volveré».

Diez años después, la policía encontraba el cuerpo de John Sohus enterrado en el jardín de la casa. El de Linda nunca apareció. Volvieron a buscar a Chichester, pero sólo supieron de un tal Christopher Crowe Mountbatten Chichester cuyo rastro comenzaba en Greenwich (Connecticut) en 1985 y se perdía en Nueva York a finales de aquella década.

Reconvertido en Crowe, este hombre de apenas metro y medio, de pelo rojizo, hablar pausado e insólito talento para la interpretación de su propia vida, decía tener varios títulos universitarios. Presumía de haber producido la serie Hitchcock presenta, y de haber coleccionado coches deportivos en Europa.

Trabajó como broker en diversas firmas. De una le despidieron. De la otra, ya en Nueva York, se fue una mañana diciendo que habían secuestrado a sus padres en Suramérica. Al día siguiente, la policía irrumpía en su oficina buscándole: había tratado de vender el camión sin licencia del desaparecido John Sohus. «Era camaleónico», recuerdan ahora sus compañeros.

A primeros de los noventa ya ejercía como Rockefeller en los mejores clubes de Manhattan, entre ellos, el Lotus, donde aparece registrado en la misma página que Laurence S. Rockefeller, el nieto de John D. Rockefeller, el patriarca. «Vivía como Clark Rockefeller y se presentaba y comportaba como si lo fuera», recordaba Robert Beau Leonard, un abogado que le frecuentaba en una iglesia de la Quinta Avenida.

En 1993 organizó una fiesta temática: «Vengan disfrazados de personajes del Cluedo», en alusión al juego de mesa. Él era el profesor Plum. Sandra Boss, que se convertiría en su esposa, acudió de Miss Scarlet. Amor real o braguetazo, al casarse con esta estudiante de Harvard, Gerhartsreiter se acercaba un poco más a su fantasía de rico heredero. Ella ganó millones de dólares como abogada. No se sabe si se creyó o no el apellido de su esposo. No quiere hablar.

Entre los detalles autobiográficos con los que deleitaba a sus amigos se incluía su afición a hablar en el idioma klingon de la serie Star Trek, o el haber tenido un chef que le cocinaba menús de cuatro platos a su perro. En Nueva York se movía como pez en el agua hablando sobre arte contemporáneo. Tanto, que incluso escribió para la revista Artnews sobre los problemas de tener animales en un apartamento del que colgaban rothkos. Lo firmó con el nombre de su esposa.

Vivían a caballo entre mansiones de Boston y Cornish (New Hampshire), por donde Gerhartsreiter se paseaba en Cadillac con cristales antibalas. Pero en la zona residen los ricos con pedigrí, de los que no necesitan pavonearse de sus cuentas corrientes porque sus apellidos lo dicen todo.

«Hablaba demasiado de dinero. Y mencionaba continuamente a otros ricos y famosos. Eso aquí está muy mal visto. A mí no me olía bien», recordaba Jean Burling, esposa del senador de New Hampshire Peter Burling. Sin embargo, en Nueva York, una ciudad con debilidad por la gente con conexiones, lo consideraban una persona «simpática, inteligente, excéntrica y encantadora», según la galerista Peggy Stone. «Parecía real».

Él también lo creía. Y no ha dejado de hacerlo, según declara en las crípticas entrevistas que ha concedido tras su arresto. «Por lo que he oído últimamente, puede que no sea un Rockefeller. Pero por lo que yo sé, ése es mi nombre. Quizá algún día podamos hacer un test de ADN para averiguarlo».


El gran farsante

Semana.com

11 de enero de 2009

Clark Rockefeller parecía un miembro típico de la alta sociedad norteamericana. Pero era un impostor alemán que hasta podría haber asesinado para mantener su secreto.

Sandra Boss, senior partner de la prestigiosa firma consultora McKinsey & Company, convivió 12 años con un desconocido. Todo ese tiempo pensó que estaba casada con Clark Rockefeller, descendiente del clan de multimillonarios, un amante del arte que tenía una impresionante colección de obras heredada de su tía abuela Blanchette, viuda de John D. Rockefeller III.

Boss siempre creyó que sus suegros habían muerto en un accidente automovilístico y que la madre de su esposo era Ann Carter, famosa por haber sido estrella de cine infantil en los años 40. Al parecer este linaje la sedujo y en un principio ni siquiera le importó que él no ganara dinero como consejero de los países del tercer mundo para el manejo de sus deudas.

Le pareció creíble la explicación de su marido de que se trataba de naciones pobres a las que cobrarles sería inconcebible. Al fin y al cabo la plata no parecía problema, pues desde que Sandra se graduó de la escuela de negocios de Harvard su carrera había ido en ascenso. Incluso muchos de sus compañeros rumoraban que todo se debía a que estaba casada con un Rockefeller.

Tampoco le pareció raro cuando Clark insistió en que la hija que tuvieron en 2001 y que en un principio fue llamada Reigh Storrow Mills Rockefeller, llevara solo el apellido materno para evitar que tuviera problemas por su abolengo.

Pero con el tiempo, el príncipe fue pelando el cobre: gastaba en carros antiguos y clubes el dinero de su esposa, a quien también maltrataba. Sandra decidió divorciarse y, aparentemente, comenzó a darle crédito a las dudas que desde algún tiempo había tenido.

Y sus peores temores se materializaron cuando descubrió en la página web Wikipedia que su supuesta suegra muerta aún estaba viva. Temiendo que hubiera más mentiras pidió la custodia de su niña y se mudó con ella a Londres. Las visitas del padre quedaron limitadas a tres al año bajo la supervisión de una trabajadora social.

Y en realidad, lo único verdadero en la vida de ese hombre era su hija, por lo que ella terminó por ser la causa del final de su farsa de 30 años. En julio del año pasado, la secuestró en Boston durante uno de sus encuentros.

Lo primero que hicieron las autoridades fue buscar a Clark Rockefeller en las bases de datos de la nación, pero nada apareció. Tampoco tenía licencia de conducir, su esposa no sabía su número de seguridad social, y sus tarjetas de crédito estaban a nombre de ella.

Los miembros de la familia Rockefeller negaron cualquier nexo con el fugitivo. Ese hombre no existía. Martha Henry, presidenta del Martha Henry Inc. Fine Art, quien fue su vecina en Nueva York, le dijo a Semana: «Me parecía que había algo raro en él porque no se veía que tuviera dinero, pero pensé que simplemente era excéntrico. Era encantador, muy caballeroso y paranoico supuestamente con su seguridad».

Cuando una foto suya empezó a circular en los medios hubo quienes lo identificaron como Chris Gerhart, otros como Christopher Crowe, y entre las más de cinco identidades que salieron a la luz estaba el nombre de Christopher Chichester, quien decía ser descendiente de la realeza inglesa y que incluso en los 80 había sido buscado por las autoridades que sospechaban podría haber estado involucrado en el asesinato de una pareja en California.

Los investigadores encontraron las huellas del falso Rockefeller en un vaso en la casa de un amigo con el que se reunió antes de huir y que afortunadamente no había lavado los platos. Así descubrieron que su verdadero nombre era Christian Karl Gerhartsreiter, un alemán de 47 años, quien a los 17 había decidido reinventarse. Su familia no había sabido nada de él en dos décadas.

En 1978 su primer destino en Estados Unidos fue Connecticut, donde consiguió alojamiento en casa de la familia Savio ante la cual se presentó como Christian Gerharts Reiter, lo que no parece raro pues muchos inmigrantes cambian sus nombres para que sean más fáciles de pronunciar, argumento que en la actualidad usan sus abogados defensores. Allí se dedicó a perfeccionar el inglés y transformó su apariencia al vestirse como de la alta sociedad. De hecho lo botaron porque trataba despectivamente a los demás residentes. Según los Savio, cuando se fue se hacía llamar Chris Kenneth Gerhart.

En Wisconsin logró su objetivo de obtener la residencia cuando se casó por lo civil con una norteamericana a la que abandonó muy pronto. Luego a San Marino, California, llegó como Christopher Chichester, una de sus personalidades más complejas.

Con un impecable inglés de acento británico seducía a mujeres mayores y viudas que solían invitarlo a los clubes, pues le creían el cuento de que era descendiente de lord Mountbatten, un diplomático y oficial de la marina británica. Incluso un diario local publicó un artículo que mencionaba al «distinguido» personaje que vivía en ese lugar y hasta manejó un show de televisión.

Decía además que era productor de cine y se las ingenió para asistir a fiestas de Steven Spielberg y George Lucas, donde se codeaba con las celebridades. En esa época vivía gratis en la casa de una mujer llamada Ruth Sohus, pero las cosas se complicaron cuando John, el hijo de esta, y su esposa Linda se mudaron allí. Al parecer John temía que ese extraño se aprovechara de su madre y empezó a investigarlo. También se rumora [murmuraba] que Chichester puso sus ojos en Linda. Misteriosamente, la pareja desapareció en 1985.

La Policía quiso interrogar al otro inquilino, pero se había marchado. Casi 10 años después mientras unos obreros hacían una piscina en el patio de la residencia encontraron tres bolsas con huesos humanos y con restos de ropa similares a las que usaba John.

Según la revista Vanity Fair, que en una reciente edición reconstruyó toda la historia de este hombre, una vieja amiga de Chichester recordó que antes de que desapareciera le había preguntado por un hoyo en el jardín, a lo que él respondió que estaba tratando de arreglar una tubería.

Ya a finales de los 80, un camión de John había aparecido en Greenwich, Connecticut, cuando un tal Christopher Crowe trató de venderlo. Con ese nombre había trabajado en la destacada firma financiera S.N. Phelps and Company, cargo que al parecer consiguió con su pinta aristocrática.

Entonces se presentaba como un productor de cine que había estado a la cabeza de las nuevas versiones de los clásicos de Alfred Hitchcock y solía alardear de su mansión en París. Vivía en un apartamento muy bien ubicado pero vacío, y le decía a quienes lo visitaban que los muebles nuevos no le habían llegado.

Con este alias también obtuvo un alto cargo en la empresa de Wall Street Nikko Securities International, de donde fue despedido cuando se hizo evidente su inexperiencia. Aun así consiguió empleo en otra inversora a la que renunció diciendo que sus papás se habían perdido en Afganistán. En realidad las autoridades habían descubierto que Chichester y Crowe eran la misma persona pero no pudieron ubicarlo porque se transformó en Clark Rockefeller, personalidad que le duró 16 años.

Su aventura terminó una semana después de haber huido con su hija a Baltimore cuando se había convertido en Chip Smith. Christian Karl Gerhartsreiter fue detenido y acusado de secuestro; también se le investiga por la desaparición de John y Linda Sohus. El juicio se llevará a cabo en marzo. Sus abogados defensores han dicho que él recuerda muy poco de su vida antes de 1992. Por eso insisten en que su cliente no es otro que Clark Rockefeller.


Se hizo pasar por un Rockefeller y ahora le juzgan por matar a su casero

Teinteresa.es

19 de enero de 2013

Christian Gerhartsreiter, un alemán de 50 años, fue inculpado en marzo por un tribunal de Los Ángeles de haber matado a golpes a John Sohus, su excasero, quien había sido visto por última vez en 1985. El acusado se declaró no culpable del asesinato.

La vista, que ya ha comenzado, ha contado con la declaración del obrero que halló el esqueleto de la víctima, en 1995. Una corte en Los Ángeles escuchó el miércoles el relato de un obrero que halló en 1994 un esqueleto de un hombre. Gerhartsreiter se hacía pasar, además, por un miembro del clan Rockefeller.

Al iniciarse la audiencia preliminar en Los Ángeles, el obrero de la construcción José Pérez relató que estaba cavando un hoyo para hacer una piscina en 1994 cuando su máquina excavadora halló algo sólido. «Creímos que era basura», dijo. Pero, según narró, su padre miró dentro de la bolsa y sacó una calavera de ella. Los restos fueron identificados como de John Sohus.

Poco después de la desaparición de Sohus y su esposa Linda, también se esfumó un hombre que se hacía llamar Christopher Chichester y que había rentado una casa atrás de donde vivía la pareja, al noreste de Los Ángeles.

Los investigadores hallaron que Christopher Chichester era una de las varias identidades que usaba Gerhartsreiter. El hombre había logrado hacer creer a todos, incluida su exesposa y madre de su hija, que se llamaba Clark Rockefeller y que era miembro del rico clan estadounidense.

El cuerpo de John Sohus fue hallado en 1994 en el jardín de su casa, pero de la esposa no se tiene noticia.

Si es hallado culpable, Gerhartsreiter enfrenta una posible sentencia de 26 años, de acuerdo a la fiscalía. El alemán fue condenado en 2009 a cinco años de prisión por el secuestro de su hija de siete años en julio de 2008. Actualmente está purgando una pena por este caso y fue transferido el año pasado a una cárcel de Los Ángeles.


Falso Rockefeller alemán es hallado culpable de asesinato

Elheraldo.hn

7 de abril de 2013

Un alemán que durante más de una década se hizo pasar como un miembro de la familia Rockefeller, tras supuestamente haber matado a su arrendador en California, fue hallado culpable de asesinato en primer grado este miércoles en un tribunal de Los Ángeles.

Christian Gerhartsreiter, de 52 años, fue hallado culpable de la muerte de John Sohus, quien desapareció en 1985 y cuyos restos fueron encontrados nueve años después en el patio trasero de su casa, en un adinerado vecindario de Los Ángeles.

Ahora Gerhartsreiter, quien también se ha hecho pasar por noble inglés y productor de Hollywood, enfrenta una sentencia de hasta 26 años de prisión.

Cuando John y Linda Sohus desaparecieron en febrero de 1985, Gerhartsreiter vivía en una casa rentada propiedad de la madre de Sohus. La fiscalía cree que el alemán también mató a Linda Sohus, pero sólo lo imputó por un asesinato.

Tras la desaparición de los Sohus, el alemán se convirtió en Clark Rockefeller, un supuesto miembro del rico clan Rockefeller. Con esa identidad se casó con Sandra Boss, una exitosa empresaria a la que consiguió engañar durante 12 años.

El impostor había sido sentenciado a cinco años de prisión en 2009 por secuestrar a su hija de siete años, en un juicio que eventualmente condujo a los investigadores de Los Ángeles a atar los cabos del caso del asesinato de Sohus.

La estrafalaria vida de Gerhartsreiter es narrada en la película Who is Clark Rockefeller? (¿Quién es Clark Rockefeller?), producida por Sony Pictures. Su sarta de mentiras e identidades múltiples también inspiraron una novela de 2013 de la escritora estadounidense Amity Gaige, Schroder: A Novel.


El «falso Rockefeller» alemán, condenado a un mínimo de 27 años de prisión

Elmundo.es

15 de agosto de 2013

Un impostor alemán, que se hacía pasar por un heredero de Rockefeller, ha sido condenado este jueves en Los Ángeles a un mínimo de 27 años de cárcel por un asesinato que se remonta a hace casi dos décadas.

La sentencia prevé que el encarcelamiento podrá ser hasta la perpetuidad si el acusado ve rechazadas sus eventuales demandas de liberación anticipada.

El pasado abril Christian Gerhartsreiter, de 52 años, había sido reconocido culpable del asesinato del propietario de su casa, John Sohus, desaparecido con su mujer Linda en 1985 y cuyo cuerpo descuartizado fue hallado enterrado en su jardín de Los Ángeles en 1994, en bolsas de plástico.

Según la acusación, el alemán también es responsable de la muerte de Linda, cuyo cuerpo nunca apareció. A falta de pruebas, no se ha llevado a cabo ningún proceso contra él a este respecto.

El juez George Lomeli, tras haber rechazado una demanda de nuevo proceso presentado por el acusado, ha leído la sentencia ante varios miembros de la familia Sohus, reunidos en la Corte Superior de Los Ángeles.

Gerhartsreiter podrá presentar su primera demanda de liberación anticipada cuando haya purgado el 85% de su pena mínima de 27 años, según ha explicado una portavoz de la oficina del fiscal. Sin embargo, en los casos de asesinato California no suele liberar a los reos hasta que no han cumplido su pena mínima.

Insiste en su inocencia

Con el rostro afilado y mono azul, el acusado no ha mostrado ningún signo de emoción durante la lectura de la sentencia. Antes de la lectura de su condena, ha hecho estas declaraciones: «Me gustaría reafirmar una vez más mi inocencia y decir que yo no he cometido este crimen».

Durante la apertura de la audiencia, el juez Lomeli y Gerhartsreiter, que ha llevado su propia defensa, han debatido una moción del acusado, que reclamaba un nuevo proceso. El juez no ha accedido a su demanda, al considerarla «infundada» y el acusado ha retirado su moción.

La hermana de John Sohus ha tomado la palabra. «Ha sido una larga prueba, pero ya ha terminado», ha dicho antes de dirigirse al acusado directamente: «¿Por qué mató a John? ¿Dónde está Linda? Creo que ella está muerta y usted es el responsable de su muerte».

La huida

Tras el crimen, Christian Gerhartsreiter -quien llegó a EEUU hace más de 30 años- se mudó a Connecticut y vivió bajo diferentes nombres, entre ellos Clark Rockefeller, una identidad bajo la cual estuvo casado durante 12 años.

Haciéndose pasar por un aristócrata inglés o un productor de Hollywood, el acusado vivió durante una década sin permiso de conducir, cuenta bancaria, sin firmar ni un alquiler ni coger un avión por miedo a ser reconocido.

Finalmente, fue detenido en 2008 y permanecía en prisión desde entonces, a la espera de juicio. En 2009 ya fue condenado a cinco años de prisión por el secuestro de su nieta [hija], que tenía entonces siete años.

En su intervención, el fiscal desechó el argumento de la defensa, que aseguraba que Linda Sohus habría asesinado a su marido. «Él es culpable de esta muerte y estaba a la fuga desde hace 28 años», afirmó el fiscal, para quien la ausencia de móvil no exonera al acusado. «Quería a John muerto por una razón que sólo él conoce».

«Es bastante más plausible que Linda Sohus hubiese matado a su marido, más que el acusado, que no tenía móvil», replicó la defensa, asegurando que el alemán habría sido «uno de los asesinos más estúpidos de la historia del sur de California» si realmente hubiese empaquetado los trozos del cuerpo de la víctima en bolsas de plástico que procedían de la universidad donde estudiaba.

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