Christian Brando

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Christian Brando
  • Clasificación: Homicida
  • Características: Christian Brando era el hijo mayor del actor de cine Marlon Brando
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 16 de mayo de 1990
  • Fecha de detención: 16 de mayo de 1990
  • Fecha de nacimiento: 11 de mayo de 1958
  • Perfil de las víctimas: Dag Drollet, de 26 años (novio de su hermanastra Cheyenne)
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Los Ángeles, Estados Unidos (California)
  • Estado: Se declaró culpable de homicidio involuntario y fue condenado a 10 años de prisión el 21 de febrero de 1991. Murió el 26 de enero de 2008
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Christian Brando

Última actualización: 27 de marzo de 2015

El hijo de la estrella

Un joven producto del desenfrenado Hollywood que atrajo muy pronto la luz de las candilejas.

El precio de la fama

Christian Brando nació con la cuchara de plata en la boca. Pero la fama de su padre proyectaba una sombra gigante sobre su vida. Tenía todo lo que deseaba, excepto el amor de su padre; y los esfuerzos por emularle terminaron en tragedia.

A BOCAJARRO – Un asunto de familia

Christian, el hijo mayor de la superestrella Marlon Brando, era exaltado, bebedor y violento. Cuando oyó que Dag, el novio de su hermana, le pegaba, se volvió loco. Después de una discusión y de un cadáver, Christian se enfrentó con la posibilidad de una condena a muerte.

La noche del miércoles 16 de mayo de 1990, Christian Brando de treinta y dos años de edad, el hijo mayor de Marlon Brando, había salido a cenar a Musso y Frank, en Hollywood Boulevard, con su hermanastra Cheyenne. La hija preferida de Brando, de veinticuatro años, estaba embarazada de su novio tahitiano, Dag Drollet. La pareja acababa de reconciliarse y Cheyenne contó a su hermano que Drollet la pegaba de vez en cuando. Christian, que había bebido en exceso aquella noche, repetía: «Le voy a destrozar, le voy a destrozar.»

De vuelta del restaurante a la finca de Brando, situada en las colinas de Santa Mónica, sobre Los Angeles, y valorada en seis millones de dólares, Christian se detuvo en casa de su novia, la actriz Laurene Laugdon. Se llevó varias cervezas, un cuchillo y un SIG Sauer del 45. Enseñó el arma a su hermana, quien posteriormente declararía: «Pesaba tan poco, que creí que era de juguete.» Al llegar al recinto cerrado de Mulholland Drive, donde estaba también la vivienda de Jack Nicholson, Christian, que vivía en Hollywood Hills en un pequeño rancho, regalo de su padre, decidió acompañar a su hermana. En espera del parto, la joven estaba en casa de su padre, junto con Dag Drollet y Tarita, la extraña tercera mujer de Brando y madre de Cheyenne.

Christian y Cheyenne se encontraron a Dag viendo la televisión. Los dos hombres se enzarzaron en una discusión y la joven se fue a la habitación contigua. Entonces se oyó un disparo. Marlon Brando, que lo oyó desde el otro lado de la casa, llegó corriendo. Se encontró a su hijo Christian con el humeante 45 en la mano y a Drollet caído en el sofá blanco con un orificio de bala claramente visible en la mejilla izquierda. El actor trató de reanimar al herido con la respiración boca a boca, pero el joven estaba muerto.

La primera reacción de Christian fue la de huir. Pero su padre lo disuadió haciéndole sentarse y llamando él mismo a la policía. La llamada fue registrada a las 10,58 de la noche. «Aquí Marlon Brando. En mi casa se ha efectuado un disparo. Creo que el novio de mi hija Cheyenne está muerto. Por favor, vengan enseguida.»

Cuando llegó la policía, Christian Brando estaba sentado en el suelo de su cuarto rodeando a Cheyenne con el brazo y llorando. «Mira -declaró al policía-, lo hice sin querer. Peleó por quitarme el arma y ambos rodamos por encima del sofá. Le dije que se quedara quieto. Me agarró la mano y … ¡boom!» Cheyenne guardaba silencio.

Los detectives del Departamento de Homicidios, Lee Kingsford y A. R. Monsue echaron un vistazo al cuarto de la televisión donde yacía la víctima. La habitación, conocida familiarmente como «el antro», era muy amplia: tres sofás blancos rodeaban una mesa baja. Dag Drollet yacía en el del centro, estaba descalzo y vestía un pantalón corto. Aún conservaba en la mano un encendedor y el papel de fumar. Cerca de la otra estaba el mando a distancia. Daba la impresión de haberse quedado dormido viendo la televisión. Tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada contra el sofá.

El detective Monsue interrogó a Marlon Brando. El hermético superactor le habló de las dificultades para educar a sus hijos. «Me dijo que tenía nueve hijos, cuatro de ellos adoptados», comentó posteriormente el policía. Brando se refirió luego a las costumbres actuales. En esencia vino a decir:

«Si volviera a nacer, haría las cosas de otro modo.» Monsue tuvo la impresión de que Brando se mostraba «muy triste, muy humilde, muy agotado… como un hombre viejo y cansado. Daba la sensación de que le habían golpeado y lloró varias veces… con lágrimas y sollozos. En mi profesión he visto mucha gente dura en esta ciudad, pero Brando parecía un tipo que se ha pasado sesenta años en la cárcel. Especialmente cuando se refería a sus hijos». Marlon Brando habló con el detective sobre sus huéspedes. Había invitado a su casa a su hija Cheyenne no sólo a causa de su embarazo, sino por su estado emocional, especialmente vulnerable después de resultar herida en un accidente de automóvil tras el que tuvo que someterse a una operación de cirugía estética. También había invitado a Tarita, la madre de la chica, y al novio de ésta, Dag, con la esperanza de que la consolaran.

Cuando le llegó el turno de ser interrogado, Christian se mostró extraordinariamente sereno y preguntó: «¿Esto significa que tendré que pasar la noche en un calabozo?” Y así fue. Lo detuvieron y lo trasladaron a la comisaría. Además del 45, la policía se llevó una ametralladora Uzi, una carabina M 14, otra del 44 y un revólver, todo ello propiedad de Christian, que guardaba las armas en casa de su padre.

Christian, cuyo nivel de alcohol en sangre era superior al permitido, repitió en la comisaría su historia de la disputa con Drollet y del disparo accidental. Sin embargo, mintió a la policía sobre el modo en que la pistola había llegado hasta allí. Primero declaró que estaba debajo del sofá, donde él solía guardarla. Después confesó haberla traído de casa de Laurene. Su bravata sonó bastante mal cuando declaró: «Yo no voy a entrar en casa de mi padre y… ¡boom! Si hubiera querido hacerlo, lo habría sacado al camino para cargármelo.» Esta declaración resultó muy perjudicial para Christian, aunque nunca llegó a oírse en los tribunales. Los oficiales que le interrogaron consideraron que era rico y se abstuvieron de leerle sus derechos al preguntarle si tenía abogado o medios de conseguirlo. Esto hizo que la declaración resultara inconstitucional e inadmisible ante los tribunales.

Cuando el día 18 de mayo de 1990 la policía acusó de asesinato en primer grado a Christian Brando, ignoraba que no iba a poder hacer uso de dicha entrevista. Pero, aun sin ella, tenían un buen caso entre manos. Tres semanas más tarde interrogaron a Cheyenne y, según sus palabras y las pruebas forenses obtenidas en la escena del crimen, empezó a aparecer un cuadro distinto de lo ocurrido aquella noche en el «antro» de la televisión. Cabía la posibilidad de que a Christian le aguardara la cámara de gas.

Después de recibir la llamada de Marlon Brando, la policía acudió al escenario del crimen. Dag yacía en un sofá. Con los pies descalzos, los pantalones de surf y la actitud relajada, daba la impresión de haberse quedado dormido viendo la televisión. Pero tenía en la mejilla un orificio del tamaño de una moneda de cinco pesetas. Christian ya había dejado escapar que mató a Dag durante una discusión.

LA VÍCTIMA – El Romeo tahitiano

Dag Drollet, 26 años, hijo de un prominente político tahitiano, trabajaba como funcionario del Gobierno y vivía como un donjuán. En el momento de su muerte, aquel campeón de motociclismo, que medía 1,90, tenía pendiente un proceso civil por homicidio tras haber atropellado a un peatón en Tahití. La querella se desestimó al demostrarse que la víctima estaba borracha. Dag había seguido a Cheyenne hasta California, intentando reconciliarse con ella después de la ruptura ocurrida en marzo de 1990. Murió a consecuencia de un único disparo en la cabeza.

AMBIENTE – Un espíritu libre

Marlon Brando nació en Omaha, Nebraska, el 3 de abril de 1924. Un amigo de la infancia lo recordaba como “un espíritu libre que hacía lo que quisiera”. El joven Brando tuvo una infancia desgraciada. Su padre, un mujeriego, entraba y salía a todas horas. Dodie, su madre -alcohólica-, echaba la casa abajo con sus gritos. Marlon pegaba a su mujer y en una ocasión el hijo llegó a amenazarle con matarlo. Esta situación continuó durante muchos años.

En 1947, Brando irrumpió en los escenarios de Nueva York triunfando con la insolente sensualidad de su interpretación en Un tranvía llamado deseo, de Stanley Kowalski. Después repitió este papel en una película. Con La ley del silencio y El Padrino ganó sendos Oscar. Su personaje de El salvaje era el preferido de Christian.

Paladín de los derechos de los indios, despreciaba el mundo de Hollywood y en 1990 se había convertido en un auténtico recluso.

PRIMEROS PASOS – Un chico salvaje

A pesar de que Brando estaba dispuesto a mantener a su familia apartada de la curiosidad del público, el comienzo de la vida de Christian transcurrió entre amargas peleas legales por el derecho de su custodia.

Christian Devi Brando, el hijo mayor de Marlon Brando y de su primera esposa, la «indoirlandesa» Anna Kashfi, nació en 1958. El divorcio de sus padres se produjo al año siguiente y a partir de ese momento comenzó una batalla por su custodia que duraría doce años.

Cuando cumplió siete años, Brando y Anna se presentaron catorce veces ante los tribunales, litigando por la custodia. El niño pasó de uno a otro once veces en un año. En aquella época, un psiquiatra que examinó al pequeño lo describió como «un jovencito tenso, cobarde y temeroso… incapaz de relacionarse bien con la mayoría de los adultos».

A los doce años, su madre lo secuestró y se lo llevó a vivir a una comuna hippy. Brando contrató a un detective privado para recuperarlo y por fin los jueces le concedieron la custodia.

Christian creció a la sombra de su célebre padre, pero sin lograr encajar en ningún sitio. Dejó los estudios de segunda enseñanza y trabajó en diversos empleos, como leñador, podador y soldador. En 1981 se casó con una amiga de la infancia, Mary McKenna, de la que se divorció seis años después, a pesar de que Marlon Brando amenazó con privarle de su asignación.

El intento del joven por emular como actor a su famoso padre quedó reflejado en su mediocre interpretación como protagonista de una película italiana llamada The issue at stake, tan mala que nunca llegó a estrenarse fuera de Italia.

En 1988, al cumplir los treinta años, comenzó a recibir de su padre la suma de 100.000 dólares anuales. Ya antes era un salvaje, pero el dinero lo agravó aún más. Fue acusado de posesión de marihuana y se sometió dos veces a un tratamiento de desintoxicación; después se bebía veinticuatro cervezas diarias.

Luego adquirió el hábito de la cocaína. Los drogadictos y los gorrones merodeaban por los alrededores del rancho que su padre le había alquilado. Christian los llamaba «los caídos» y parecía disfrutar de su compañía. Refiriéndose a El salvaje, una película sobre los «Angeles del infierno» que su padre había rodado en 1954, Christian declaró a los reporteros: «Os voy a decir una cosa: yo soy el matón, el salvaje de la familia.»

PUNTO DE MIRA – Cambio de pareja

Marlon Brando se había casado y divorciado tres veces con mujeres de aspecto exótico y piel oscura y su vida privada era bastante caótica.

Su primera esposa fue Anna Kashfi, la madre de Christian, con quien se casó en 1959. Luego, en 1960 contrajo matrimonio con la actriz mexicana Movita Castaneda y tuvo dos hijos: Miko y Rebecca. Cheyenne y su hermano Teihotu eran fruto de la tercera unión de Brando, esta vez con la actriz tahitiana Tarita Teriipaia, quien representaba el papel de su amante en la versión de La tragedia de la Bounty realizada en 1962.

Brando adoptó a dos niños más y apadrinó a otra, Ninna, en 1989.

EL VEREDICTO – Castigo merecido

La muerte de Drollet marcó el comienzo de la desunión del clan Brando. La afirmación de Christian refiriéndose al disparo como un accidente mereció el calificativo de «enorme mentira» por parte de su hermana.

El 12 de junio de 1990 Cheyenne proporcionó a la policía su versión de los hechos acaecidos la noche del 16 de mayo. Cuando ella y su hermano volvieron a la casa de Mulholland Drive, Christian se dirigió de inmediato al «antro» de la televisión y comenzó a discutir con Dag Drollet. Esto contradecía la afirmación de que ambos habían luchado salvajemente durante unos momentos, dando lugar a que el arma se disparase accidentalmente.

Cheyenne afirmó que ella cayó desvanecida y que Christian entró para anunciarle serenamente: «Ya está. Lo he matado. Por si no lo sabes, es un asesinato.»

Su versión de los acontecimientos parecía corroborada por el examen que la policía realizó en el escenario del crimen. Drollet, descalzo y vestido con unos pantalones cortos de surf, yacía en uno de los tres sofás blancos de la estancia.

La bala le entró por la mejilla izquierda, dejando un círculo negro del tamaño de un moneda de cinco pesetas. Las quemaduras de pólvora indicaron que el disparo se efectuó a unos 2,5 cm. El proyectil había salido por la base del cuello; en el brazo del sofá blanco encontraron un pequeño rastro de sangre. Aquella mancha roja era el único signo de violencia en la lujosa habitación.

La televisión seguía conectada. El mando a distancia estaba junto a la mano derecha del cadáver. Con la izquierda asía aún el encendedor, el paquete de tabaco y el papel de fumar. Si realmente se hubiera producido una pelea, era improbable que Drollet los conservara todavía en la mano.

El detective del Departamento de Homicidios, A P, Monsue, uno de los primeros en llegar al lugar del crimen, no creía en la versión de Christian de una discusión seguida de lucha. Declaró: «En cuanto entré en el antro y vi al chico del sofá, me dije: “Aquí hay tomate.” Nada indicaba que allí se hubiera armado jaleo.»

Christián Brando estaba más cerca que nunca de la cámara de gas, puesto que en California la pena por asesinato en primer grado es de muerte. Pero entonces la policía perdió su testigo principal. Exactamente tres días antes de que le llegara el momento de ser interrogada, Cheyenne se esfumó del país sin avisar a nadie. Volvió a Tahití con su madre y se negó a todo requerimiento para regresar a California y declarar en el juicio por asesinato contra su hermano.

En julio de 1990, después de dar a luz prematuramente al hijo de Drollet, Cheyenne habló con la prensa. Acusó a su padre de lo ocurrido diciendo: «Odio a Marlon Brando por lo que ha hecho con mi vida… Espero que Christian acabe su vida en la cárcel.» Insistió en que la versión del disparo accidental era «una gran mentira».

Cheyenne se convirtió en el centro de una enconada batalla entre su familia y la acusación sobre si debería testificar o no. Según el letrado de la acusación, Barshop, su presencia era fundamental, puesto que se trataba de un testigo clave del asesinato. Sin embargo, Robert Shapiro, el defensor de Christian, alegaba que la inestabilidad emocional de Cheyenne obstaculizaría la eficacia de su testimonio. «Es una mujer gravemente desequilibrada. Ha cambiado cinco veces la versión de los hechos. No comprendemos lo que el fiscal del distrito pretende obtener a través de su declaración.» Brando, por su parte, afirmó que su hija no estaba en condiciones de prestar testimonio.

La acusación sufrió un revés decisivo al negarse las autoridades tahitianas a que Cheyenne regresara a Estados Unidos, insistiendo en que debían respetarse los conductos diplomáticos.

Entretanto, Christian estaba recluido en la cárcel del condado de Los Angeles, aislado de los demás presos, quienes al parecer le hostigaban diciendo: «iEh, ricachón! ¿Te piensas que tu papá «el Padrino» va a venir a cuidarte aquí?»

Su novia, Laurene Landon, lo visitaba a diario. Según los amigos de la familia, monopolizaba el horario de visitas. Su hermano Miko y su ex esposa, Mary, también iban a verlo y, a pesar de las duras acusaciones durante el proceso de divorcio, ésta le aseguraba un cariño inmutable.

Otras chicas, antiguas amigas del preso, comenzaron también a pasar por la cárcel con motivos muy variados, y tantas atenciones comenzaron a abrumar al ya deprimido Christian. Su mejor amigo, Cable, recordaba una llamada telefónica del prisionero en la que le dijo: «Cable, aquí viene gente que apenas conozco: tías con las que me acosté una o dos veces aparecen diciendo que fueron novias mías.» Las supuestas amigas de Christian Brando se dedicaban a recorrer Sunset Strip vendiendo sabrosos relatos a los columnistas del cotilleo y tratando de atraer la atención de las cámaras de televisión.

Mientras tanto, el proceso seguía lentamente su curso en los tribunales de California. Marlon Brando se presentó el 22 mayo en el juzgado Municipal nº 91 de Los Angeles para solicitar la libertad bajo fianza de Christian. Su voluminosa figura iba acompañada de tres de sus hijos y de su esposa Tarita. William Kunstler, el abogado de la familia, alegó que el asunto no había sido más que un trágico accidente. Pero Steve Barshop, el fiscal del distrito, lo calificó de asesinato premeditado y se opuso a la fianza. El juez aceptó su argumentación y Christian no obtuvo la libertad.

Posteriormente, Kunstler logró que se concediera la libertad tras el pago de una fianza de cuatro millones de dólares. Brando ofreció su casa como garantía. El actor empezó a celebrar una serie de conferencias de prensa, rompiendo así cuarenta años de silencio con los periodistas.

Cuando le preguntaron si podría haberse evitado la tragedia, el actor, con su habitual estilo evasivo, respondió: «¿Donde se posa la pluma que una gaviota deja caer sobre 2.000 personas? Hay demasiados imponderables.

No lo sé.»

Pero había otras personas dispuestas a decir lo que sabían. Anna Kashfi, la madre de Christian, fue más directa al afirmar: «El que tenía que estar en la cárcel, el que tenía que subir al cadalso con las manos esposadas es Marlon Brando y no mi hijo.»

Cuando en octubre de 1990 Cheyenne intentó suicidarse, quedó patente que nunca podría actuar como testigo, aunque la obligaran a volver. La oficina del fiscal del distrito llegó a un acuerdo con el abogado defensor y Christian se declaró culpable de homicidio el 5 de enero de 1991. La amenaza de la cadena perpetua o de la cámara de gas había desaparecido para siempre.

La familia de la víctima estaba furiosa. El padre del fallecido acusó a los tribunales de dar un trato especial al hijo del actor. Culpó también a Brando de lo ocurrido y le amenazó con enviarle una fotografía de su hijo muerto en cada aniversario de la tragedia. «Le voy a recordar a Marlon Brando lo que hizo su hijo -decía Drollet padre-. Así estaré seguro de que no lo olvidará jamás.»

El 21 de febrero de 1991 Christian compareció ante el tribunal para oír la sentencia. Divagando, e incluso entre incoherencias, Marlon Brando habló en la sala durante setenta y cinco minutos en defensa de su hijo. «Procedo de una larga serie de irlandeses borrachos», declaró el actor tratando de justificar el alcoholismo de su hijo. De vez en cuando se dirigía a Jacques Drollet en francés. Y acabó confesando: «Creo que tal vez he fracasado como padre.»

A pesar del talento dramático del actor, su alegato no tuvo éxito. Christian Brando fue condenado a diez años de cárcel por el homicidio de Dag Drollet. Pero en muchos sentidos resultó afortunado.

Si hubiese declarado Cheyenne o si hubieran leído en la sala las declaraciones efectuadas ante la policía, la sentencia no habría sido tan comparativamente leve.

Al salir de los tribunales, Christian se dirigió a la familia de la víctima en los siguientes términos: «La culpa es mía, no de mi familia. Si pudiera, me cambiaría por Dag.»

La niña de sus ojos

De Cheyenne, la hija del tercer matrimonio de Brando con Tarita Teriipaia, se decía que era la niña de los ojos de su padre. Había nacido en Tetiaroa, el atolón privado de éste. Uno de sus maestros recuerda: “Cheyenne era extraordinariamente lista. Sabía quién era su padre, pero nunca lo mencionaba”.

Brando visitaba la isla en contadas ocasiones y cuando la niña creció intentó, sin éxito, llevársela con él a Los Angeles.

Ya en la escuela se vio envuelta en un asunto de drogas y la expulsaron del colegio para señoritas Malvern, en Inglaterra, por consumir marihuana.

A los 18 años se fue a vivir a Tahití con Dag Drollet, pero la relación fue tempestuosa. En agosto de 1989, tras una discusión, Dag abandonó la casa; entonces Cheyenne salió tras él en el coche de su hermano Teihotu y tuvo un accidente. Atravesó el parabrisas delantero y hubo que darle cincuenta puntos de sutura. Después se sometió a una intervención de cirugía plástica. Brando afirmaba que sus problemas psicológoicos eran fruto del accidente.

El final de una hermosa amistad

Bill Cable, un podador siete años mayor que Christian, ejercía una fuerte influencia sobre el joven, al que contagió su afición por las armas. Christian estuvo viviendo una temporada en el apartamento de Cable y su esposa, Shirley. En 1989, cuando Cable se marchó a Hawai, Christian inició una aventura con ella, Cable volvió de su viaje y se los encontró en la cama. Allí acabó la amistad; aparte de que su ex amigo amenazó con matarlo. Durante el juicio, Shirley intentó vender sus propias fotografías al Penthouse y al Playboy.

MENTE ASESINA – Enfrentamiento con el padre

Víctima de una infancia en la que “papi” era como un dios para el público, Christian Brando no tenía muchas posibilidades de crecer como un adulto normal.

Christian Brando era “hijo de estrella” y su infancia estuvo marcada por su padre, con frecuencia ausente, que proyectaba su pesada sombra sobre el desarrollo de su vida.

Christian adoraba a su padre, del que continuamente contaba historias que le colocaban en un ámbito mítico.

Pasó su infancia intentando desesperadamente atraer el cariño y la atención de un padre que veneraba, pero que nunca parecía disponer de tiempo para él. Y cuando lo tenía, con frecuencia le pegaba grandes palizas, con lo que el niño creció constantemente atemorizado.

Christian solía relatar un suceso ocurrido cuando, siendo niño, paseaba con su padre por una escollera. Un tiburón de casi un metro se les acercó nadando; con un grito de “¡tu p… madre!”, Marlon golpeó al tiburón en el hocico. “Papi sacaba los puños con cualquiera”, terminaba Christian. Brando había fomentado en su hijo el culto físico por el machismo.

Christian, que desde los 17 años convivió con leñadores canadienses, se ganó pronto fama de pendenciero. Decía de sí mismo: “Yo nunca empiezo las peleas, pero, si tengo que hacerlo, procuro acabarlas. Papá siempre dice: “Pega el primero tres puñetazos: son los únicos que cuentan”.

La violencia formaba parte de la vida de Christian. Después del divorcio, se dedicó a amenazar a su madre y a su mujer. Y sentía auténtica pasión por todo tipo de armas de fuego. Ante el temor de que algunos de los “caídos” que frecuentara su casa se las robara, trasladó toda la colección a la casa paterna. “Christian siempre ha tenido mal carácter y puede ser explosivamente violento”, confesó Marlon Brando a la policía después de la muerte de Drollet.

Pero, según Cheyenne, la culpa de la clase de hombre en que su hermano Christian se había convertido la tenía su padre. Firmó que éste le pegaba, le castigaba sin comer y lo encerraba en los armarios cuando era pequeño. “Se comportaba como si fuera Dios -les dijo a los periodistas-. Su actitud es la de “hago lo que quiero con la vida de cualquiera”. Y, refiriéndose al crimen, añadió: “Esto no habría sucedido si Marlon lo hubiera educado como es debido”.

Su ex mujer, Mary McKenna, hizo un retrato muy distinto de él y dejó clara su opinión sobre el móvil que le había impulsado a asesinar a Dag Drollet: “No es un criminal -declaró-. Seguramente tenía algún motivo: siempre se mostró muy protector con su hermana”.

Esta especie de superprotección hacia un miembro de la familia que nunca había supuesto para ellos ningún apoyo es el denominador común en los asesinatos de Johnny Stompanato (amante de Lana Turner) y Dag Drollet.

Cheryl Crane jamás recibió de su famosa madre, Lana Turner, el cariño que necesitaba. Pero un día la estrella comenzó a hacer partícipe a su hija de 14 años del temor que su amante Stompanato le inspiraba, la niña se vió incluida por primera vez en la vida de su madre.

“Nena, ¿qué puedo hacer? -le preguntó Lana-. Me tienes que ayudar… ¿Lo harás?”. Cheryl sugirió, muy sensatamente, que avisara al jefe de policía Anderson, amigo de la familia, pero Lana se negó. “No puedo exponerme a un escándalo. Nadie puede saber esto, hija. Ni siquiera tu padre”.

Indudablemente, aunque no era esa la intención de la estrella, la adolescente se sintió de algún modo involucrada en la tempestuosa relación de su madre con Jhonny Stompanato. Lana exhibió ante su hija su pelea amorosa del modo más extraño.

“Corazón, Jhonny nos va a dejar ahora mismo”, dijo irrumpiendo en el cuarto de Cheryl con un Stompanato que respiraba fuertemente detrás de ella.

“Voy a tomarme una copa abajo y luego subiré y entraré directamente en mi habitación… Vas a ver como me voy.”

La joven había sido testigo de muchas peleas, pero nunca participó en ellas. A aquella criatura privada de la atención de su madre durante largo tiempo se le ofrecía la posibilidad de ayudar a proteger a quién sólo pudo adorar en la distancia. Cuando llamó a la puerta del dormitorio de su madre, sin duda deseaba mediar entre ella y Stompanato, quién, después de todo, le había demostrado que era su amigo. Pero iba armada con un cuchillo “para asustarle”, como declaró posteriormente; de ahí las trágicas consecuencias que se produjeron después.

En el fondo, Cheryl justificaba el hecho como una noble hazaña en defensa de la vida de su madre, al tiempo que seguía insistiendo en que el acuchillamiento del amante de su madre fue un accidente. Pero en aquella hazaña había motivaciones más profundas.

El último hombre importante en la vida de Cheryl Crane fue el cuarto marido de Lana, Lex Barker, quien había abusado sexualmente de la niña cuando tenía tan sólo diez años y había continuado haciéndolo hasta que se separó de su madre en 1956.

Su estricta y aislada infancia contribuyó a la posterior desorientación de la niña, convirtiéndola en una adolescente problemática. Resulta imposible negar la conclusión de que el acuchillamiento del amante de su madre formaba parte de una inconsciente venganza retardada por lo que Lex Barker había hecho con ella.

Conclusiones

El recurso de Christian Brando contra la sentencia y condena fue desestimado el 23 de junio de 1991. El 14 de junio de 1991, Jiselle, la extraña esposa de Miko Brando, murió en un accidente de automóvil en una autopista de Los Angeles. El causante se dio a la fuga. La prensa tituló la noticia «La maldición de los Brando». Se dijo que Marlon estaba «al borde de la locura».

En 1990, tras dos intentos de suicidio, Cheyenne Brando fue recluida en un hospital psiquiátrico de Tahití. En marzo de 1991 ingresó en una clínica de París. Se insinuaba que los tribunales de California podrían acusarla por no haber impedido un asesinato que sabía que se podía producir.

Christian Brando solicitó contraer matrimonio en la cárcel con su novia, la actriz Laurene Landon. La pareja pasó una noche en la «cabaña del amor» de la cárcel de California.

Jacques Drollet continuó sus ataques contra la familia Brando diciendo: «Yo me considero en guerra con los Brando y con su mundo de celuloide.»

 


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