Charlotte Corday

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Charlotte Corday

Marie-Anne Charlotte Corday d'Armont

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Consideraba a Marat un tirano y el causante de los males de la Revolución
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 13 de julio de 1793
  • Fecha de detención: 13 de julio de 1793
  • Fecha de nacimiento: 27 de julio de 1768
  • Perfil de las víctimas: Jean-Paul Marat, de 50 años (político durante la Revolución francesa)
  • Método de matar: Apuñalamiento
  • Localización: París, Francia
  • Estado: Ejecutada en la guillotina el 17 de julio de 1793
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Charlotte Corday

Última actualización: 30 de abril de 2015

Charlotte Corday, guillotinada el 17 de julio de 1793 por la muerte de Marat.

La Revolución Francesa proporciona al historiador una larga serie de hechos criminales.

Más de cuatro mil personas fueron ejecutadas hasta que la muerte de Robespierre, St. Just y Couthon puso fin a la época de «el terror».

Pero el único caso interesante de un crimen «no oficial» es el asesinato de Marat realizado por Charlotte Corday.

Charlotte, descendiente de Corneille, nació en 1768 cerca de Sees, Normandía, en el seno de una familia noble empobrecida. Se educó en el Convento de la Trinidad de Caen. A la caída de los girondinos, en 1793, muchos miembros de este partido se refugiaron en Normandía; Charlotte Corday solía acudir a sus reuniones y escuchar atentamente sus discursos. Poco a poco comenzó a sentir un fuerte odio por Marat, a quien consideraba un tirano y el causante de los males de la Revolución. Finalmente, decidió ir a París para asesinarle.

Jean Paul Marat era una de las figuras más destacadas de la Revolución; llevaba una vida de pobreza e idealismo dedicada al estudio de la medicina y la física. El retrato que de él hace Carlyle es, sin duda, parcial e inexacto. A su muerte, sucedida cuando tenía cincuenta años, había publicado muchas obras de gran interés, entre ellas un «Ensayo filosófico sobre el hombre», una traducción de la «Optica» de Newton y varios estudios sobre la luz.

Durante algún tiempo fue médico de la guardia del Conde d’Artois (el futuro Carlos X), pero en 1786 presentó la dimisión del cargo. Al introducirse en la vida política publicó un ensayo sobre «Los males de la constitución inglesa» y proyectó una nueva para Francia. Poco después comenzó a editar un periódico revolucionario, «El amigo del pueblo».

Lejos de ser un tirano o un sádico deseoso solamente de la consecución del poder, llevado de su temperamento anarquista, desconfiaba de todos los partidos revolucionarios, manteniéndose completamente independiente.

En 1789 fue encarcelado durante un mes por atacar la Asamblea Constituyente y en 1790, después de haber dirigido una campaña contra Lafayette, se vio obligado a huir a Inglaterra. En mayo de aquel mismo año volvió a París, viéndose precisado frecuentemente a refugiarse en las cloacas de la ciudad, donde contrajo una dolorosa enfermedad de la piel que le obligó después a permanecer continuamente en el baño.

El juicio de Luis XVI pone de relieve su profundo sentido de la justicia, se negó terminantemente a atacar en su periódico al defensor del rey, Malesherbes, y declaró abiertamente que nadie tenía derecho a acusar al monarca de los «crímenes» que hubiera cometido antes de jurar la constitución.

Tras la ejecución del rey, Marat comenzó una nueva campaña contra los girondinos, partido de brillantes oradores, quienes le consideraban un insolente extremista incapaz de valorizar sus finos sentimientos y sus agudas palabras. Cuando el partido girondino consiguió el poder, Marat fue sometido a un proceso del que no sólo salió en libertad, sino mucho más famoso y estimado por el pueblo. La caída de los girondinos, ocurrida el 31 de mayo de 1793, significó un triunfo para él.

Charlotte Corday llegó a París con muy poco dinero, compró un puñal de mango de marfil, con una hoja de 10 cm. de largo y acudió al domicilio de Marat, en el número 20 de la Rue des Cordeliers, donde las dos hermanas que le cuidaban, Símone y Catherine Evrard, le negaron la entrada.

Charlotte Corday volvió a su habitación en el «Hotel de la Providence» y desde allí le escribió dos cartas. Intentó por segunda vez verle, pero de nuevo sin éxito.

Por fin, el 13 de julio Marat oyó su voz y, deseando conocer a la autora de las dos misivas que había recibido, la hizo pasar. La joven había visto reforzada su fe por un suceso que había leído en el periódico de aquella mañana: nueve de los veintiséis ciudadanos de Orleans, acusados del asesinato del lugarteniente de Marat en aquella ciudad, Bourdon de la Crosnière, iban a ser ejecutados. Bourdon, borracho, no había respondido al alto de un centinela que, inmediatamente, le había clavado su bayoneta, causándole una herida de importancia. Bourdon había utilizado el incidente como excusa para arrestar a veintiséis ciudadanos que se habían rebelado contra sus abusos y repetidas crueldades.

Cuando Charlotte Corday fue admitida en su casa, Marat estaba en el baño, el único lugar donde podía encontrar algún alivio a los picores que le martirizaban continuamente y donde podía leer y escribir con descanso. La muchacha comenzó a darle los nombres de algunos ciudadanos de Caen, que, según sus palabras, conspiraban contra la Revolución; mientras Marat escribía los nombres, Charlotte Corday le clavó el puñal en el corazón.

Al oír el grito de la víctima, las dos hermanas corrieron a la habitación; Charlotte Corday pudo evadirlas e intentó huir hasta el carruaje que la esperaba en la calle, pero fue interceptada en su camino por uno de los servidores, que la golpeó con una silla hasta dejarla inconsciente, hiriéndola con su mismo puñal.

Juzgada ante el Tribunal Revolucionario, su defensor intentó probar su deficiencia mental, pero fue condenada a muerte y guillotinada el 17 de julio, cuatro días después del crimen. Charlotte Corday tenía entonces 25 años y según algunos cronistas del hecho era una joven de gran belleza.


Charlotte Corday

Wikipedia

Marie Anne Charlotte Corday d’Armont, conocida como Charlotte Corday y en textos en español de la época y posteriores como Carlota Corday (Saint-Saturnin-des-Ligneries, 27 de julio de 1768 – París, 17 de julio de 1793), fue un personaje importante de la Revolución francesa, seguidora del club de los girondinos, famosa por haber asesinado a Jean-Paul Marat.

Infancia y juventud

Hija de François de Corday d’Armont, gentil hombre de provincias de humilde fortuna, y de Jacqueline-Charlotte-Marie de Gontier de Autiers, fue descendiente del famoso autor Pierre Corneille.

La muerte de su madre forzó al Sr. Corday a separarse de sus cinco hijos. Las tres hijas entraron en un monasterio de Caen. Entonces Charlotte Corday tenía trece años, y 22 en el momento de la supresión de los monasterios mediante el decreto del 13 de diciembre de 1790.

Su vieja tía, Madame de Bretteville, la acogió en su casa de Caen. Charlotte ya se inclinaba entonces hacia las nuevas ideas. Era el tiempo en el que los girondinos luchaban contra sus enemigos en la Convención; era el tiempo en el que el jacobino Jean-Paul Marat, que representaba para ella la tiranía, triunfaba en París.

Los girondinos proscritos y fugitivos se refugiaron en Calvados. Tenían asambleas a las que Charlotte Corday asistió en numerosas ocasiones. Fue así como se codeó con Buzot, Salles, Pétion, Valady, Kervélégan, Mollevault, Barbaroux, Louvet, Giroust, Bussy, Bergoing, Lesage, Du Chastel y Larivière.

El 9 de julio de 1793, dejó Caen para dirigirse a París donde se hospedó en el “hôtel de la Providence”, el 11 de julio al mediodía. Provista de una carta de presentación de Barbaroux, Charlotte Corday se presentó en casa del diputado Lauze de Perret, por quien se enteró de que Marat ya no aparecía por la Convención. Era necesario entonces encontrarlo en su propia casa. Ella le escribió lo siguiente:

Llego de Caen, su amor por la patria me hace suponer que tendrá a bien conocer los desafortunados acontecimientos de esta parte de la República. Me presentaré en su casa dentro de una hora, tenga la bondad de recibirme y de concederme unos momentos para entrevistarnos. Les mostraré la posibilidad de prestar un gran servicio a Francia.

No habiendo podido presentarse ante Marat, le hizo llegar una segunda carta:

Le he escrito esta mañana, Marat; ¿ha recibido mi carta? No puedo creerlo, se me niega su puerta. Espero que mañana me conceda una entrevista. Se lo repito, llego de Caen, tengo que revelarles los secretos más importantes para la salud de la República. Además se me persigue por la causa de la libertad. Soy desafortunada, basta que lo sea con tener derecho a su patriotismo.

Sin esperar una respuesta, Charlotte Corday salió de su habitación a las siete de la tarde y se presentó en el número 18 de la “rue des Cordeliers”.

El asesinato de Marat

Alphonse de Lamartine, en su «Histoire des Girondins», libro 44, escribió:

“Descendió del coche en el lado opuesto de la calle, frente a la residencia de Marat. La luz comenzaba a bajar, especialmente en ese barrio oscurecido por altas casas y por estrechas calles. La portera, al principio, se negó a dejar entrar a la joven desconocida en el tribunal. A pesar de ello ésta insistió y llegó a subir algunos peldaños de la escalera bajo los gritos en vano de la portera. Con este ruido, el ama de llaves de Marat entreabrió la puerta, y negó la entrada en el apartamento a la extranjera. El sonoro altercado entre ambas mujeres, en el que una de ellas suplicaba que la dejaran hablar con el “Amigo del pueblo” y la otra se obstinaba en cerrar la puerta, llegó a oídos de Marat. Éste comprendió, por las entrecortadas explicaciones, que la visitante era la extranjera de quien había recibido dos cartas durante la jornada. Con un grito fuerte e imperativo, ordenó que la dejaran pasar.

Por celos o desconfianza, Albertine obedeció con repugnancia y entre gruñidos. Introdujo a la joven muchacha en la pequeña habitación donde se encontraba Marat y dejó, al retirarse, la puerta del pasillo entreabierta para oír la menor palabra o el menor movimiento del enfermo.

La habitación estaba escasamente iluminada. Marat estaba tomando un baño. En este descanso forzado por su cuerpo, no dejaba descansar su alma. Un tablero mal colocado, apoyado sobre la bañera, estaba cubierto con papeles, cartas abiertas y escritos comenzados. Sostenía en su mano derecha la pluma que la llegada de la extranjera había suspendido sobre la página. Esa hoja de papel era una carta a la Convención, para pedirle el juicio y la proscripción de los últimos Borbones tolerados en Francia. Junto a la bañera, un pesado tajo de roble, similar a un leño colocado de pie, tenía un tintero de plomo del más grueso trabajo; fuente impura de donde habían emanado desde hacía tres años tantos delirios, tantas denuncias, tanta sangre. Marat, cubierto en su bañera por un paño sucio y manchado de tinta, no tenía fuera del agua más que la cabeza, los hombros, la cumbre del busto y el brazo derecho. Nada en las características de este hombre iba a ablandar la mirada de una mujer y a hacer vacilar el golpe. El cabello graso, rodeado por un pañuelo sucio, la frente huidiza, los ojos descarados, la perilla destacada, la boca inmensa y burlona, el pecho piloso, los miembros picados por la viruela, la piel lívida: tal era Marat.

Charlotte Corday evitó detener su mirada sobre él, por miedo a traicionar el horror que le provocaba a su alma este asunto. De pie, bajando los ojos, las manos pendientes ante la bañera, espera a que Marat la interrogue sobre la situación en Normandía. Ella responde brevemente, dando a sus respuestas el sentido y el color susceptibles de halagar las presuntas disposiciones del demagogo. Él le pide a continuación los nombres de los diputados refugiados en Caen. Ella se los dicta. Él los escribe, luego, cuando ha terminado de escribir esos nombres: “¡Está bien!” dicho con el tono de un hombre seguro de su venganza, “¡en menos de ocho días irán todos a la guillotina!”.

Con estas palabras, como si el alma de Charlotte Corday hubiera estado esperando un último delito para convencerse de dar el golpe, toma de su seno un cuchillo y lo hunde hasta el mango con fuerza sobrenatural en el corazón de Marat. Charlotte Corday retira con el mismo movimiento el cuchillo ensangrentado del cuerpo de la víctima, y deja que caiga a sus pies— “¡A mí, mi querida amiga!”—, y expiró bajo el golpe.

Alphonse de Lamartine

Charlotte Corday fue detenida, protegida de la furia de la turba, y transportada a la Abbaye, la prisión más cercana a la residencia de Marat, para indagación e interrogatorio. Se encontró, entre otras cosas, bajo sus prendas de vestir, una hoja de papel doblada en ocho partes en la que había sido escrito:

Dirigido a los franceses amigos de las leyes y de la paz.

¿Hasta cuándo, oh malditos franceses, os deleitaréis en los problemas y las divisiones? Ya bastante y durante mucho tiempo los facciosos y bribones han puesto su propia ambición en el lugar del interés general; ¿por qué, víctimas de su furor, se han destruido a ustedes mismos, para establecer el deseo de su tiranía sobre las ruinas de Francia?

«Las facciones estallan por todas partes, la Montaña triunfa por el crimen y la opresión, algunos monstruos regados con nuestra sangre conducen estas detestables conspiraciones… ¡Trabajamos en nuestra propia perdición con más celo y energía que el que hemos empeñado jamás para conquistar la libertad! ¡Oh francés, un poco más de tiempo, y no quedará de ustedes más que el recuerdo de su existencia!»

Charlotte Corday murió en la guillotina el 17 de julio de 1793.

Referencias culturales

Alphonse de Lamartine le dedicó su libro «Histoire des Girondins» (1847), en el cual le daba el famoso sobrenombre de “l’ange de l’assassinat” (el ángel del asesinato).

En Marat/Sade, de Peter Weiss, el asesinato de daniel corday se presenta como una obra teatral, escrita por el Marqués de Sade, que sería realizada por internos del asilo en Charento, para el público.

La dramaturga Sarah Pogson Smith (1774-1870) también incluyó a Charlotte Corday en su drama en verso The Female Enthusiast: A Tragedy in Five Acts. Un personaje menor en la serie Jeeves de P.G. Wodehouse lleva el nombre de Charlotte Corday.

En la novela El Ocho de Katherine Neville, se narra, siempre en forma novelada, el episodio del asesinato de Marat en la bañera de su casa.

 


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