Charles Starkweather

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Charles Starkweather
  • Clasificación: Asesino itinerante
  • Características: Asesinatos en la carretera
  • Número de víctimas: 11
  • Periodo de actividad: 1957 - 1958
  • Fecha de detención: 29 de enero de 1958
  • Fecha de nacimiento: 24 de noviembre de 1938
  • Perfil de las víctimas: Robert Colvert (21 años), dependiente de gasolinera / Marion Bartlett (57), su esposa, Velda Bartlett, y su hija, Betty Jean Bartlett (2) / August Meyer (70), granjero / Robert Jensen (17) y su novia, Carol King (16) / Lauer Ward (47), su esposa, Clara Ward (46) y la doncella, Lillian Fencl (51) / Merle Collison (37), viajante de comercio
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Varios lugares, Estados Unidos (Nebraska), Estados Unidos (Wyoming)
  • Estado: Fue ejecutado en la silla eléctrica en Lincoln, Nebraska, el 25 de junio de 1959
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Charles Starkweather. El asesino rebelde

Última actualización: 25 de marzo de 2015

Los novios

Charlie Starkweather estaba enamorado y no tenía dinero. El crimen podría proporcionarle todo lo que necesitaba; y a la vez trealizaría sus sueños infantiles de convertirse en un rebelde.

Charlie Starkweather nunca tuvo una verdadera novia hasta que conoció a Caril Fugate. Las chicas de su localidad, Lincoln, en Nebraska, no le consideraban un buen partido: medía poco más de metro y medio, tenía las piernas arqueadas, cara de perro, y además le consideraban un gamberro.

Sin embargo, a Caril le gustaba; le gustaba su imagen de duro y rebelde, no le importaba que fuera de origen humilde y que cambiara constantemente de trabajo, ella también era pobre. La joven disfrutaba escuchando las historias del muchacho: soñaba con ser un cowboy y con tener el bólido más rápido de la ciudad. Siempre estaba fantaseando.

Se conocieron en el verano de 1956. Un amigo de Starkweather, Bob von Busch, había quedado con la hermana mayor de Caril, Bárbara, y le convenció de que la pequeña, que acababa de cumplir trece años, podía pasar fácilmente por una chica de dieciocho, y los cuatro se fueron al cine.

Después de ese día, Caril quedó con otro chico. Charlie se enteró, fue a buscarle y le amenazó con matarle si le volvía a ver con ella otra vez. El chico se acobardó y Caril empezó a salir con Starkweather. A él le gustaba que alguien le quisiera y le hiciera caso.

Sus padres no se preocuparon mucho por esta relación, aunque la madre de la joven y su padrastro pensaban que Caril, con diecisiete años, era demasiado mayor para ella. Y, por su parte, los padres del muchacho pensaban que Caril lo estaba llevando por mal camino. Pero ellos estaban cada vez más unidos.

Novios

Solían ir al cine, a veces con Bob y Bárbara y otras veces solos. A él le gustaban los lugares salvajes y, siempre que podía, llevaba a Caril al campo, en los alrededores de Lincoln. De día cazaban juntos y cuando llegaba la noche, tumbados sobre la hierba y cogidos de la mano, contemplaban el cielo estrellado de Nebraska. Algunas veces paseaban en el Ford sedán azul pálido de Starkweather, mientras escuchaban rock and roll en la radio.

Charlie disfrutaba haciendo regalos a su chica. Le compró joyas, entre ellas un guardapelo en el que estaban grabados los nombres de Caril y Chuck, el apodo de Starkweather, juguetes, una radio y un tocadiscos. Sin embargo, ganaba muy poco; tenía que pagar un alquiler y mantener un c oche. Pensó que debía haber una forma más fácil de ganar dinero, y en seguida supo cuál era.

Desde hacía mucho tiempo soñaba con convertirse en un criminal; disfrutaba con los cómics de detectives y con las películas policiacas. Aunque durante su adolescencia se había metido en muchos líos, nunca había tenido problemas con la ley. Ahora que necesitaba dinero para conservar a Caril, le parecía el momento adecuado para empezar su carrera criminal.

Aficionado a las armas

Starkweather no quería ser un ladrón furtivo. Quería convertirse en una gran criminal. Le gustaban las pistolas, examinarlas, engrasarlas, limpiarlas y dispara con ellas. Aunque era corto de vista, tenía buena puntería. Pensó atracar un banco, pero decidió empezar con algo más sencillo como robar en la estación de servicio Crest, situada en la autopista al norte de Lincoln.

Conocía la estación bastante bien, cómo funcionaba y la cantidad de dinero que se guardaba durante la noche. Solía ir allí a arreglar su coche y a comprar chocolatinas y coca-colas, que era de lo que básicamente se alimentaba. Muchas veces, cuando encontraba cerrada su habitación por no haber pagado el alquiler, dormía en la estación dentro de su coche. El encargado le despertaba a las 4,15 de la mañana para que se fuera a trabajar. Había aceptado un empleo como basurero, cuyo horario le permitía ver a Caril cuando ésta salía del colegio.

A las tres de la mañana del 1 de diciembre de 1957, Charlie Starkweather entró en la estación Crest con la intención de robar. Era una noche fría y desapacible, el termómetro marcaba bajo cero y en Nebraska soplaba un viento helado.

El encargado, Robert Colvert, de veintiún años de edad, se hallaba solo. Era nuevo en el trabajo y apenas conocía a Charlie, aunque el día anterior habían tenido una discusión al negarse a fiarle.

Starkweather quería regalar un peluche a Caril. Estaba nervioso. Compró un paquete de cigarrillos y se marchó en su coche. Poco después volvió para asegurarse de que el encargado seguía solo. Esta vez compró unos chicles.

El atraco

Cuando entró por tercera vez ya estaba preparado. Se había tapado la cara con un pañuelo, al estilo de los vaqueros, calado un gorro de caza que ocultaba su cabellera pelirroja, y puesto unos guantes. Llevaba una bolsa de lona en una mano y una escopeta en la otra.

Colvert llenó la bolsa con billetes y monedas que sacó de la caja registradora. 100 dólares en total. Pero no pudo abrir la caja fuerte porque no conocía la combinación.

Starkweather obligó al joven a meterse en el Ford. Colvert conducía mientras el atracador ocupaba el asiento del copiloto y seguía amenazando a aquél con la escopeta. Cuando llegaron a Superior Street, una sucia calle en el extrarradio de la ciudad en la que se citaban las jóvenes parejas de Lincoln, éste le dijo al encargado de la gasolinera que se bajara del coche.

Según la versión de Starkweather, Colvert intentó arrebatarle la escopeta, ésta se disparó y cayó herido al suelo. Después su víctima intentó golpearle con los pies, Starkweather recargó la escopeta y terminó con él de un disparo en la cabeza.

Ese mismo día, más tarde, siempre según Starkweather, le habló a Caril del robo y le dijo que un cómplice suyo había efectuado los disparos.

Por la noche se deshizo de la escopeta tirándola en un riachuelo. Se la había robado a Sonny, un primo de Bob von Busch.

La recuperó pocos días después, la limpió y volvió a ponerla en el garaje de Sonny. Este no se había dado cuenta de nada.

Durante varios días Charlie se dedicó a pintar su coche de negro, se gastó casi 10 dólares en comprar ropa usada, y pagó lo que debía del alquiler, de manera que podía volver a su habitación cuando quisiera.

Aunque los otros encargados de la estación de servicio mencionaron su nombre a la policía, y el propietario de la tienda de ropa contó que el chico llevaba un montón de dinero suelto en el monedero, nunca le interrogaron sobre el robo.

El placer de matar

Dejó de ir a trabajar con el camión de la basura, y finalmente le despidieron. Se estaba volviendo muy perezoso ahora que había encontrado una manera mucho más fácil de conseguir dinero. Más aún, había descubierto que no le importaba matar a gente. Incluso había disfrutado matando a Colvert.

Starkweather pasaba el tiempo yendo al cine, leyendo cómics, escuchando discos y trabajando en su coche. Pasaba horas delante del espejo practicando la forma más rápida de disparar.

Las investigaciones sobre el robo no duraron mucho tiempo. Dejó de pagar de nuevo el alquiler, y terminó durmiendo en un garaje que había alquilado para poner a punto su coche.

El domingo 19 de enero de 1958 fue a casa de Caril, en la avenida Belmont 924, una calle sin pavimentar en un barrio humilde de Lincoln. Allí se entabló una agria discusión. Caril estaba engordando y su familia estaba convencida de que el muchacho la había dejado embarazada. Según la versión de la chica, estaba tan harta de las discusiones y del comportamiento violento y amenazador de Starkweather que le dijo que no quería volverle a ver.

Fuera lo que fuera lo que ella le dijo, él no lo creyó. Una semana antes había quedado en ir a cazar liebres, el 21 de enero con el padrastro de Caril, Marion Bartlett, e intentó mantener la cita.

Por la mañana, Starkweather estuvo ayudando a su hermano Rodney con el camión de la basura, y luego se fue a los apartamentos para ver si su habitación seguía cerrada con candado. Lo estaba. Tenía su rifle dentro de la habitación, así que le pidió uno a Rodney antes de partir hacia la avenida Belmont.

Nadie sabe por qué el chico fue allí. Pudo ser un sincero intento de volver a estar en buenas relaciones con los Bartlett, un deseo de llegar a algún tipo de arreglo, o simplemente por pura obstinación. Llevaba consigo, en señal de paz, algunas mantas que había recogido de los basureros. Velda Bartlett, la madre de Caril, le comentó que le gustaría tenerlas.

El propio Starkweather fue la única persona que pudo relatar lo que ocurrió a continuación. Dio varas versiones, que diferían entre sí en alguno de los detalles, sobre todo en lo referente al papel jugado por Caril.

Velda Bartlett no estaba particularmente interesada en las mantas. Su marido, Marion, se encontraba en la cocina con su hija de dos años y medio, Betty Jean.

Charlie se sentó en la sala de estar a limpiar el rifle de Rodney para pasar el rato. Finalmente, Velda le dijo que su esposo no iba a ir de caza, y que mejor sería que se fuera y no volviera nunca más. Tuvieron otra discusión y ella, una mujer menuda, le abofeteó dos o tres veces.

Humillado

Confundido y dolido, Starkweather salió corriendo de la casa y olvidó el rifle. Poco después volvió a recogerlo. Esta vez fue Marion el que lo insultó y lo echó a patadas de su casa.

Poco después de las dos de la tarde, el chico bajó a una frutería a llamar por teléfono. Llamó a la compañía de transporte donde Marion Bartlett trabajaba como guarda nocturno y dijo que el señor Bartlett estaba muy enfermo y no iría a trabajar en varios días.

Starkweather dejó su coche en casa de unos parientes y volvió a la Avenida Belmont 924 a esperar en las escaleras traseras que Caril volviera del colegio. Según la versión del muchacho, ella ya había vuelto y estaba discutiendo con su madre.

Entró en la casa. Velda le acusó de haber dejado a Caril embarazada y le volvió a pegar. Esta vez Starkweather le devolvió la bofetada. Marion Bartlett le agarró por detrás e intentó echarle de la casa.

Ambos cayeron al suelo. El padre se levantó y fue en busca de un arma, mientras Starkweather entró en la habitación de Caril y cargó su rifle. Cuando Marion volvió con un martillo, él le disparó en la cabeza.

Volvió a cargar el rifle y vio que Velda se le acercaba con un cuchillo de cocina en la mano. Le disparó a bocajarro y mientras caía le golpeó dos veces con la culata.

La hermana pequeña Betty Jean estaba gritando. Starkweather cogió el cuchillo de cocina y lo lanzó contra la niña. Le dio en el cuello. Luego la golpeó en la cabeza con el rifle y la mató.

Volvió al dormitorio y remató a Marion Bartlett con un cuchillo de caza.

Cuando todo acabó, envolvió los cadáveres del matrimonio con unas sábanas y los ató con la cuerda de tender la ropa. Después metió a Betty Jean en una caja de cartón.

Arrastró el cadáver del señor Bartlett hacia la parte trasera de la casa y lo escondió en un gallinero que no utilizaban nunca. Luego colocó los cadáveres de la madre y la hija en un cuarto de baño situado fuera de la casa.

El asesino limpió las manchas de sangre con las mantas que había traído y echó perfume por toda la casa para evitar el mal olor. Luego se puso a ver la televisión en el cuarto de estar.

Distintas versiones

Más tarde Starkweather dijo que Caril lo había presenciado todo y que incluso se puso de su parte. Sin embargo ella declaró que al volver del colegio no encontró a su familia en casa. Allí sólo estaba Charle esperándola con un rifle.

También contó que él le había dicho que su banda estaba preparando un atraco a un banco. Velda y Marion lo habían descubierto y estaban, junto con Betty Jean, retenidos en otra casa. Si ella no cooperaba, los matarían.

Amor de juventud

Caril Fugate nació el 30 de julio de 1943, era la segunda hija de Velda y William Fugate. Su padre era un borracho y su madre se divorció de él en 1951. Más tarde moriría en la cárcel.

Cuando empezaron los asesinatos de Starkweather, Caril tenía catorce años. A pesar de su pequeña estatura –sólo medía uno cincuenta-, parecía mayor y actuaba como si lo fuera. La gente pensaba que era testaruda, rebelde y que tenía gran confianza en sí misma. Se vestía con vaqueros, botas y con una camisa de hombre que llevaba siempre con las mangas remangadas.

En el colegio perdía parte de su seguridad, incluso iba algo retrasada (había repetido un año). Tenía muy poca experiencia de la vida, y antes de fugarse con Starkweather sólo había salido una vez de la ciudad en que vivía para pasar unas vacaciones en Sand Hills, Nebraska.

PRIMEROS PASOS – Delincuente juvenil

Starkweather parecía destinado al fracaso. Había nacido, crecido y educado en un ambiente hostil.

Charlie Starkweather nació, en una chabola del barrio pobre de Lincoln, el 24 de noviembre de 1938. Era el tercero de los ocho hijos –siete chicos y una chica- de Guy y Helen.

Guy Starkweather, un hombre jovial y charlatán al que le gustaba beber, era carpintero, pero no siempre podía trabajar a causa de una grave lesión en la columna y una artritis muy mal cuidada.

Desde el año 1946, Helen se había convertido en el cabeza de familia, trabajando como camarera en varios sitios.

Charlie, desde muy niño, aprendió a respetar y a amar a su madre, pero la relación que mantenía con su padre era frecuentemente de abierta hostilidad.

Sólo tenía recuerdos felices de sus seis primeros años de vida, cuando jugaba con sus hermanos mayores, Leonard y Rodney, iba de pesca con su padre y ayudaba a su madre en las tareas del hogar. Aunque su familia era pobre, nunca pasaron hambre.

En 1944 Charlie comenzó a asistir a la escuela elemental de Saratoga. Su primer día allí resultó un desastre y nunca lo olvidó. Se pidió a los niños que uno por uno se presentaran ante sus compañeros. Cuando le llegó el turno a él, su dificultad para expresarse provocó la risa de todos sus compañeros. Se sintió confundido y humillado.

A lo largo del día volvió a sentirse ridiculizado por el profesor, y pensó que los otros chicos se reían de él a causa de sus piernas cortas y arqueadas y de su llamativo pelo rojo. Más tarde escribió: “Podía notar cómo mi corazón se iba llenando de odio y de rabia”. Al día siguiente tuvo su primera pelea a puñetazos con otro chico del colegio, y se encontró mucho mejor.

Starkweather pasó toda su vida estudiantil en clases de educación especial, a pesar de que su coeficiente intelectual era superior a la media. Cuando cumplió quince años, se le realizó un test visual en el que se reveló que apenas podía ver la pizarra desde el sitio habitual que ocupaba en el fondo de la clase. A distancias de más de seis metros era casi ciego.

En sus memorias cuenta que durante sus últimos años en el colegio se pasaba prácticamente todo el día peleándose con los otros chicos, aunque sus profesores dijeron que no recordaban nada de esto.

Su reputación hizo que otros chicos de Lincoln quisieran medir sus fuerzas con él. Uno de ellos fue Bob von Busch. A los quince años Charlie y Bob se pelearon a puñetazos, y ninguno de los dos salió vencedor. Después de este encuentro se hicieron amigos. Charlie tenía muy pocos amigos, y a la mayoría de ellos les había conocido después de pelearse con ellos. En su compañía se mostraba generoso y divertido, pero ante el resto del mundo se mostraba frío y hostil.

En 1954 abandonó la Junior High School y encontró trabajo en un almacén de papel. Era un empleo deningrante y Starkweather lo odiaba. Su jefe pensaba que era retrasado mental y lo trataba como tal.

En 1955 discutió con su padre y se fue a vivir temporalmente con Bob von Busch y con el padre de éste. A ambos adolescentes les entusiasmaban los coches y pasaban mucho tiempo en el circuito de Capital Beach, donde Charlie participó alguna vez en carreras y derbies. También robaban coches para divertirse compitiendo el uno con el otro, y a veces los desguazaban.

En 1956 Von Busch empezó a salir con Bárbara Fugate y durante una temporada vio cada vez menos a su amigo, hasta que lo presentó a Caril.

Desde los trece años Starkweather simultaneó el trabajo en el almacén con la recogida de basura, a tiempo parcial, en compañía de su hermano Rodney y pensó que éste era el momento idóneo para abandonar el empleo en el almacén y dedicarse todo el día al tema de la basura, donde ganaba 42 dólares a la semana.

Guy Starkweather compartía el coche con su hijo y le prohibió dejárselo a Caril, a quien Charlie había enseñado a conducir. Un día, a finales del verano de 1957, ella tuvo un pequeño accidente con el coche. Al enterarse, Guy pegó a su hijo con tanta fuerza que le lanzó por una ventana. Esto hizo que Charlie se fuera definitivamente de su casa.

Al principio se fue a vivir con los recién casados Bob y Bárbara a su pequeño apartamento, pero después se trasladó a otra habitación en el mismo edificio.

Los asesinatos de Bennet

Después del asesinato de la familia Bartlett, Starkweather y Caril pasaron seis días en la avenida Belmont. Él comentó después que fue la mejor semana de su vida, durante la cual vivieron como reyes sin que nadie les molestase.

Cuando alguien llamaba la puerta, Caril le decía que ella y su familia estaban enfermos y en cuarentena, mientras él se escondía detrás de una puerta con el rifle cargado y dispuesto a disparar.

Versiones diferentes

Starkweather iba a veces a la tienda a comprar Pepsi colas, patatas fritas, chicles y helados. Pagaba con dinero que le había quitado a Marion Bartlett. Caril declaró que cuando su novio salía, la dejaba atada, pero él lo negó.

A pesar de los tres cadáveres ocultos en el jardín, vivían como un matrimonio feliz. Cuidaban a sus animales domésticos, dos periquitos, un perro que se llamaba Nig y un cachorro, Kim, que Starkweather le regaló a Caril. Jugaban a las cartas y veían la televisión. Charle también cogió las herramientas de Marion Bartlett para quitar el cañón de la escopeta del muerto.

El sábado 25 de enero Bárbara, la hermana de Caril, fue a la avenida Belmont con Bob y su hijo para visitar a su familia. Ella estaba preocupada porque no sabía nada de su madre. Desde dentro de la casa, Caril le gritó a su hermana que no se acercara, que toda la familia tenía la gripe y el médico les había dicho que nadie debía entrar en la casa para evitar el contagio.

Amenazas

Cuando Bárbara insistió en entrar, su hermana le gritó: “¡Vete! ¡Por el bien de todos es mejor que te vayas y no hagas daño a mamá!” Algo en el tono de Caril la asustó y se fue.

Más tarde, Bob von Busch volvió con Rodney Starkweather. De nuevo la chica los echó diciendo que si no se marchaban la vida de su madre corría peligro. Fueron a la policía y aquella misma tarde mandaron un coche patrulla a la casa.

Caril les contó la misma historia de la gripe y la cuarentena familiar. Les dijo que sus padres no se llevaban bien con Bob von Busch y que por eso éste había avisado a la policía. Los oficiales vieron que Caril estaba tranquila y sosegada y dejaron las cosas así.

Mientras ella contaba su historia, Starkweather estaba escondido en el cuarto de baño. Cuando la policía se marchó, salió de la vivienda y se dirigió a la casa de un amigo común a dejar el rifle de Rodney y a continuación llamó a Bárbara von Busch para comunicarle dónde había dejado el rifle y también aquietar los ánimos del matrimonio; le aseguró que no debía preocuparse por nada, había comprado comida para su familia y todos estaban bien. Cuando Rodney fue a por el arma se dio cuenta de que la placa de la culata se había desprendido.

Incredulidad

La única persona que se acercó a la avenida Belmont el domingo fue Laveta, la hermana de Starkweather, que también era amiga de Caril. No se creyó la historia de ésta, por lo que se la llevó aparte y le contó que Charle estaba en la parte trasera de la casa planeando el robo a un banco con otro hombre.

Cuando la joven le contó esto a su padre, Guy Starkweather, éste no acabó de creérselo y por eso no llamó a la policía hasta el día siguiente.

El lunes por la mañana la abuela de Caril, Pansy Street, fue a la casa con la firme determinación de ver a su hija. En la puerta había una nota firmada por “la señora Bartlett”: “Manténgase alejado, toda la familia tiene la gripe.”

La señora Street no estaba dispuesta a aplazar su visita y gritó hasta que Caril salió a la puerta. La abuela no creyó la historia, pero la nieta le suplicó que se fuera porque la vida de su madre corría peligro.

La señora Street fue derecha a la policía. Mientras estaba en la comisaría, Guy Starkweather llamó y contó lo que su hija le había dicho sobre su hermano. Los agentes acudieron a la avenida Belmont y nadie les abrió la puerta. La echaron abajo y encontraron todo limpio y ordenado, no había nada que pudiera suscitar sospechas. Llevaron a Pansy Street a su casa y dieron la cuestión por zanjada.

A las 4,30 de la tarde, Bob von Busch y Rodney Starkweather fueron a la avenida Belmont para ver con sus propios ojos lo que pasaba allí. Casi inmediatamente encontraron los cadáveres, pero por lo demás, la casa estaba desierta. Empezaron la búsqueda de la pareja, pero ésta les llevaba varias horas de ventaja.

La primera visita de la abuela de Caril convenció a Starkweather de que sus horas de ensueño habían concluido. Era hora de irse. La chica metió en una bolsa algunas prendas de vestir y fotos de su familia.

Él cogió su cuchillo de caza, la escopeta de Marion Bartlett y el revólver del 32 que había encontrado en la casa envuelto en una sábana azul. Salieron por la puerta trasera y fueron a por el coche. El viaje a ninguna parte había comenzado.

Regreso a la carretera

Después de recoger dos ruedas de recambio en un garaje del barrio rico de la ciudad, pararon en la gasolinera de Crest para llenar el depósito y comprar un mapa. Luego se dirigieron hacia la autopista.

Starkweather tomó el camino hacia el sur, hacia la pequeña comunidad de Bennet, donde a menudo había ido de caza por las tierras de un viejo amigo de la familia, August Meyer. A Charle le encantaban los bosques que había alrededor de Bennet. Era el único sitio donde se sentía realmente vivo.

Pararon en una estación de servicio para revisar el coche. Starkweather compró municiones –eran fáciles de conseguir en un sitio de caza-, mientras que Caril se dirigía a un café cercano a por cuatro hamburguesas. Esperó diez minutos a que él llegara y pagara la cuenta, que ascendía a 10 dólares. Luego se marcharon.

En Bennet las recientes tormentas de nieve habían convertido las carreteras de arena en un lodazal y cuando se disponían a girar por el camino de Meyer, el coche se quedó atascado cerca de lo que una vez fue un colegio estatal. Todo lo que quedaba eran unos cuantos ladrillos y un refugio donde los niños se cobijaban de los tornados que en verano se producían en las llanuras. La pareja entró en el refugio para calentarse y luego emprendió el camino a pie hacia la granja.

Según la versión de Caril, Starkweather le pidió a Meyer sus caballos para sacar el coche del barro y, mientras se dirigía al establo, le disparó. Según el chico, discutió con el granjero y éste salió de la casa disparando su rifle.

El arma se atascó y Starkweather le disparó cuando Meyer intentaba ponerse a salvo.

Fuera cual fuera la verdad, August Meyer murió por una herida de bala en la cabeza, hecha con una escopeta de cañones recortados y a corta distancia. El asesino arrastró el cadáver hasta el lavadero y lo cubrió con una sábana.

Luego él y Caril desvalijaron la casa buscando dinero, comida y armas. El botín consistió en unos 100 dólares, un rifle del calibre 22, algunos calcetines, guantes, un chándal, un sombrero de paja nuevo, jalea y galletas.

A remolque

Volvieron andando y, después de una o dos horas soportando el frío, consiguieron desatascar el Ford del barro. Starkweather intentó desviarlo de la carretera, pero el coche cayó en una zanja y al dar marcha atrás para salir de allí rompió la marcha.

Un granjero que pasaba por allí, vecino de Meyer, les remolcó con su coche. Charle insistió para que aceptara los dos dólares que le ofrecía por las molestias que se había tomado.

Compraron municiones del calibre 22 en una estación de servicio y luego regresaron a la granja de Meyer por un camino más transitable. Starkweather quería pasar al menos una noche allí. Caril empezaba a asustarse. Estaba segura de que habían encontrado el cadáver e insistió en que su novio diese la vuelta. Cuando lo hizo, el Ford se volvió a hundir en el barro.

Empezaba a oscurecer. Cogieron sus rifles, abandonaron el coche y regresaron andando a la carretera. Se dirigían hacia el refugio o la cueva, como ellos lo llamaban, donde decidieron pasar la noche.

Víctimas inocentes

En la oscuridad vieron unas luces. Starkweather hizo una señal y el coche paró. Dentro del automóvil iban Robert Jensen, el hijo del propietario del almacén local, y su novia, Carol King. Ambos eran estudiantes de la escuela secundaria de Bennet. Starkweather les contó que tenía problemas con el viejo Ford, y Jensen se ofreció a llevarles a la gasolinera más cercana, donde podrían pedir ayuda.

Se montaron en el coche y el conductor se volvió hacia ellos y les preguntó por qué llevaban armas –Charle llevaba el rifle del calibre 22 y Caril la escopeta de cañones recortados-, rápidamente contestaron que no estaban cargadas.

La estación de servicio estaba cerrada, y el asesino, le apuntó con la pistola y le ordenó que les llevara de vuelta a Lincoln.

Apenas caminaron unos kilómetros, Starkweather cambió de opinión y volvió a ordenar a Jensen que regresara al refugio. Les dijo que iba a dejarles allí y que él cogería su coche, un Ford azul oscuro de 1950, con neumáticos blancos y de gran potencia.

Mientras se dirigían a la cueva Charle pidió a Jensen que le diera su cartera. Caril la vació y le entregó el dinero.

Aparcaron a la entrada del camino donde por primera vez se habían quedado atrapados aquel día. Caril se quedó en el coche escuchando la radio, mientras Starkweather se llevaba a sus prisioneros a punta de pistola. Robert Jensen bajaba las escaleras, cuando el asesino le disparó seis veces en la cabeza. Después declararía que Jensen se había abalanzado sobre él.

Medio desnuda

Carol King murió de un tiro en la espalda. La encontraron junto al cadáver de su novio al final de la escalera. Estaba desnuda de cintura para abajo y tenía la espalda cubierta de barro y de arañazos como si le hubieran arrastrado por el suelo. No había bastantes pruebas concluyentes de violación –aunque Starkweather admitió que estuvo tentado-, pero la habían asestado varias puñaladas en el bajo vientre.

Sin embargo, las marcas que presentaba el cadáver no podían haberse hecho con el cuchillo de caza de Charle. Eran más bien las marcas de un arma de doble hoja.

El asesino declaró después que Caril se había ensañado con el cadáver presa de los celos.

Después de matarlos, cerraron la puerta del refugio y volvieron al coche de la víctima. También esta vez éste estaba atrapado en el barro.

Alrededor de las 10,30 de la noche pudieron al fin sacarlo y se dirigieron hacia Lincoln.

Starkweather quería saber si la policía había descubierto ya los cadáveres de los Bartlett.

ALTA SOCIEDAD – Asesinatos en la mansión

Charlie Starkweather quería conocer la alta sociedad y disfrutar del lujo. Por esto buscaron refugio en la mansión de un millonario. La ciudad de Lincoln se estremeció al conocer las atrocidades cometidas por los dos jóvenes.

La casa de los Bartlett estaba rodeada por la policía. Starkweather salió de la ciudad y se dirigió hacia el oeste. Su hermano Leonard vivía en el Estado de Washington, a unos 500 kilómetros de distancia y Charle pensó que allí estarían a salvo.

Alrededor de la 1,30 de la madrugada llegaron a Hastings, en Nebraska. El coche de Jensen ya no iba muy bien y Starkweather estaba cansado y tenía frío. Dio la vuelta y se dirigió de nuevo a Lincoln confiando en que la policía ya no estaría esperándolos.

A las 3,30 de la madrugada llegaron a su ciudad. Dejaron el coche en la parte rica –el asesino la conocía bien, ya que era la zona donde había recogido basura– y se fueron a dormir.

En la mañana del martes 28 de enero inspeccionaron el barrio, buscando las casa más nobles. Su plan era esconderse en una de ellas durante el día, descansar, robar un coche y darse a la fuga esa noche.

La mansión que eligieron pertenecía a C. Lauer Ward, un hombre de negocios millonario. Estaba situada en la calle del garaje donde Starkweather compró las ruedas de recambio para su coche. El dueño ya se había ido a trabajar cuando la pareja se dirigió hacia la puerta trasera de la casa. La doncella, Lillian Fencl, abrió la puerta. El chico la amenazó con su rifle y entró.

Lillian era sorda, y Starkweather tenía que escribirle notas para hacerse entender. Le ordenó que continuara haciendo el desayuno para su señora, que era la única persona que había en la casa.

El periódico

Cuando la señora Ward bajó, accedió a cooperar con él. Al ver los titulares del periódico que había encima de la mesa de la cocina en los que se hablaba de los asesinatos de los Bartlett, se dio cuenta de quién era y de lo que era capaz de hacer. Starkweather le dijo a Caril que entrara. Traía la pistola y algunas municiones. Clara Ward le dio una taza de café y se fue a la biblioteca.

Charlie vigilaba a las dos mujeres que hacían sus tareas domésticas, pero pronto se aburrió y empezó a recorrer la mansión, imaginando que era el dueño de todo aquello.

Le dijo a la señora Ward que le preparara el desayuno y que se lo sirviera en la biblioteca. “Se portaron verdaderamente bien con nosotros –comentó más tarde-, y me aproveché mientras pude. Sabía que no podía durar mucho.”

Sobre la una del mediodía Clara Ward pidió permiso par subir a cambiarse de ropa. Al poco tiempo, él la siguió para ver qué hacía.

Más tarde declaró que cuando estaba en el pasillo, la señora Ward salió de un dormitorio y le disparó con una 22. Pero falló el tiro, y él le lanzó su cuchillo y la llevó hasta su cama, donde la dejó.

Le dijo a Caril que vigilara a la doncella y él volvió al piso superior. Allí encontró a Clara Ward intentando hacer una llamada de teléfono. La ató, la amordazó y la cubrió con una sábana.

Granjeros armados

Aproximadamente a la misma hora 25 agentes de policía y otros tantos granjeros armados rodeaban la finca de August Meyer. Habían encontrado el coche de Starkweather en las inmediaciones y creían que estaban refugiados allí.

Lanzaron bombas lacrimógenas a la casa. Y mientras esperaban fuera, un policía encontró el cadáver de Meyer en el lavadero. Poco después un granjero descubrió los cadáveres de Carol King y Robert Jensen en el refugio. En menos de una hora los policías del Estado vigilaban los alrededores.

Barricadas

Los agentes de Bennet y Lincoln se armaron y levantaron barricadas en sus propias casas, según iban llegando las noticias sobre los asesinatos.

Mientras tanto en la mansión, Starkweather se dedicaba a desvalijar la casa. Cogió una camisa limpia y Caril empaquetó varias prendas de vestir.

A las 5,30 de la tarde llegó el periódico. Publicaban en primera página una foto de la pareja, ambos sonrientes, que la casera del chico les hizo unos meses antes y también fotos de la familia de Caril. Recortaron éstas y Caril las guardó. Cuando fue arrestada las llevaba consigo.

Charle le pidió que fuera al piso superior a recuperar su cuchillo y que lo limpiara. Una vez arriba, esparció perfume por los cuartos para disimular el olor de la sangre.

Starkweather se enteró de que el señor Ward volvía a casa sobre las seis de la tarde y se quedó esperando en la puerta de la cocina, mientras Caril vigilaba en la puerta principal para avisar cuando llegara el Chevrolet del dueño de la casa.

Según la versión de Starkweather, una vez que el señor Ward entró en la casa, le amenazó con la pistola y le dijo que no le pasaría nada si cooperaba. Todo lo que querían era su coche. Ward intentó arrebatarle el arma.

Los dos hombres acabaron peleando en el sótano. Finalmente, el asesino logró apoderarse de la pistola y disparó contra Ward cuando corría hacia las escaleras.

Logró subir hasta arriba, pero le alcanzó en la puerta y le mató de un tiro en la cabeza efectuado a muy poca distancia.

Starkweather llevó arriba a Lillian Fencl y la ató sobre una cama. Dejó a Caril vigilándola mientras él iba en busca de algunas latas y comida para emprender la fuga. Se tiñó el pelo con betún negro y luego cargó el Packard de la señora Ward.

La pareja abandonó la casa por la noche; dejaron atrás la casa de los Bartlett en la avenida Belmont y se dirigieron hacia el oeste por la autopista 34.

A la mañana siguiente un pariente de Lauer Ward se acercó a su casa para preguntarle por qué no había aparecido por el trabajo. Le encontró muerto de un disparo y apuñalado justo en la puerta principal. Las dos mujeres estaban arriba, muertas ambas a puñaladas. Las señales de las heridas sugerían que habían utilizado el mismo cuchillo delgado y de doble hoja con el que mutilaron a Carol King. La policía nunca encontró el arma homicida.

Starkweather siempre insistió en que ambas mujeres estaban vivas cuando él se marchó. La versión de Caril decía que su novio le comentó que había matado a Clara Ward con un cuchillo de cocina y que ella estaba presente cuando él apuñaló repetidamente a Lillian Fencl después de atarla a la cama.

Pánico

Las noticias sobre los asesinatos se extendieron rápidamente. La sospecha de que el homicida todavía se hallaba por los alrededores hizo cundir el pánico entre las gentes de Lincoln. Las armerías agotaron sus provisiones ante la avalancha de gente que quería comprar armas. La Guardia Nacional patrullaba en jeeps por las calles casi desiertas, armada con ametralladoras, mientras acordonaba la ciudad.

MENTE ASESINA – En guerra contra el mundo

Charlie Starkweather odiaba el mundo, un mundo que parecía odiarle también a él. Creía que tenía un pacto con la muerte. Pero antes de sellar su destino quería demostrar a la humanidad su superioridad.

Starkweather odiaba a la gente porque pensaba que todos le despreciaban. Los problemas propios de la infancia, comunes también a muchos otros chicos, le afectaron profundamente. “En aquellos primeros años de mi vida alimenté un odio tan duro como el acero”.

Se volvió melancólico y soñaba con poder desquitarse algún día. “Quería vengarme del mundo y de la raza humana en general”.

Pero no era totalmente sincero. Algunos creían que en su afán por llamar la atención, él mismo provocaba las burlas de la gente para poder así legitimar su odio.

Culpaba al mundo de su pobreza. “Estaba en lo más bajo”. Y aseguraba que la gente le odiaba “porque yo era pobre y tenía que vivir en la maldita calle”.

Solo había una forma de salir de esta situación. “Los muertos son todos iguales”. Quizá fue para demostrar esto por lo que volvió al Country Club de Lincoln a pesar de que hubiera podido huir. A los ojos de Charlie Starkweather todo el mundo era culpable. “La gente a la que asesiné me había asesinado a mí. Lo hicieron lentamente. Yo me porté mejor. Lo hice con rapidez”.

Existían claros indicios de paranoia en todo esto; sobre todo en sus constantes afirmaciones de que sólo había matado en defensa propia. Sin embargo, era evidente que no podía alegar haber actuado en defensa propia en los cuatro asesinatos en los que implicaba a Caril: el asesinato y la mutilación de Carol King, el apuñalamiento de las dos mujeres en la mansión Ward, y el asesinato a tiros de un hombre desarmado, Merle Collison, en su coche.

Si el mundo le ignoraba, prefería desafiarlo que resignarse para siempre a una vida de servidumbre. “Es mejor que te recuerden por algo que enterrarse en vida en algún asqueroso lugar”.

Prefería llevar una vida intensa, aunque fuera la de un criminal, a un trabajo gris y rutinario. Como dijo cuando le capturaron, siempre había querido vivir al margen de la ley.

También tenía sus propias ideas acerca de la muerte y una relación singular con ella. Aunque no quiso añadir nada durante el juicio para que sus abogados no lo utilizaran como prueba de trastorno mental.

Contaba que la muerte, en forma medio humana medio animal, se le aparecía por las mañanas para recordarle que había sido elegido. Creía que tenía un pacto con ella.

Encontraba reconfortante la idea de la muerte. “Después de todo, la vida del más allá no puede ser tan mala como ésta”. Se le aparecía en sueños y le llevaba al infierno, pero “allí no había fuego, sino hermosas llamas de oro”.

Cuando hablaba de su “pacto” con la muerte con otras personas, éstas rápidamente cambiaban de tema, salvo Caril, que le respondía que ella siempre estaría con él. El amor incondicional que la chica sentía por él dio un sentido a sus deseos de venganza: “Mi vida cambió después de conocerla. Había encontrado algo por lo que merecía la pena matar”.

Su relación con Caril le hacía sentirse una especie de mártir. “Quería que me viera disparar y que supiera que lo hacía por ella”.

El asesinato de Robert Colvert fue un punto de inflexión. Cuando apretó el gatillo, toda su rabia desapareció, y sintió toda la paz y serenidad de su infancia.

Liberaba su odio a través del crimen. Una vez decidido su destino, mostró un carácter más dócil. Mike Shimerda, un guardia de la prisión, dijo: “Si alguien le hubiera prestado un poco de atención, todo esto no hubiera ocurrido”.

Starkweather odiaba a la gente, pero amaba la naturaleza y soñaba con una vida solitaria. Escribió: “Cuando el sol se ponía con toda su majestuosidad, era como si el tiempo se detuviese. Aun siento las llamas del amor que me inspira ese bosque encantado”.

En el bosque sentía de nuevo esa sensación: “Me quedaba tumbado bajo un gran árbol y contemplaba el cielo, tan desconocido, a través de las ramas”.

Fin del trayecto

Después de marcharse de la casa de los Ward, Starkweather siguió conduciendo toda la noche. Por el camino se deshicieron de su ropa vieja, del cuchillo de cocina que habían cogido en la avenida Belmont y de varias confesiones escritas, ninguna de las cuales se encontró jamás.

De madrugada él empezó a sentirse cansado, tenía sueño y conducía con dificultad. Le dijo a Caril que hacer el amor le ayudaría a despejarse, pero diez minutos después paró el coche y se puso a dormir.

Cuando se hizo de día, se pusieron de nuevo en camino y cruzaron la frontera del Estado de Wyoming alrededor de las nueve de la mañana.

Se dirigieron a las Badlands (“malas tierras”), en el estado de Wyoming (denominadas así porque antiguamente se refugiaban allí casi todos los bandidos que procedían del oeste), y alrededor del mediodía llegaban a la ciudad de Douglas.

Allí oyeron en la radio que habían entrado los cadáveres de los Ward y que la policía iba tras pista de un Packard. Starkweather decidió que debían cambiar de coche lo antes posible.

A unos seis kilómetros de Douglas vieron un Buick que estaba aparcado a un lado de la carretera.

Merle Collison, un vendedor de zapatos, dormía en el asiento delantero. Starkweather golpeó la ventanilla. “Vamos a cambiarnos los coches”, ordenó. Collison cerró la puerta y le ignoró.

Acribillado

El asesino se dirigió hacia el Packard, cogió la escopeta del calibre 22 y le disparó dos veces a través de la ventanilla. Collison aterrado gritó que le daría el coche. Cuando abrió la puerta, Starkweather le disparó siete veces a bocajarro.

La pareja cargó sus cosas en el Buick de la víctima. Caril se sentó detrás con las armas. Después de varios intentos, no pudieron arrancar el coche, el freno de mano estaba atascado. Según la chica, su novio se dirigió a Collison para que le ayudara y exclamó: “Oiga, ¿está muerto?”.

Joe Sprinkle, un geólogo de veintinueve años, se dirigía al este por la autopista cuando vio aparcados dos coches al otro lado de la carretera. Pensando que se trataba de un accidente, se dirigió hacia ellos por si necesitaban ayuda; paró su vehículo y en ese momento Starkweather salió apuntándole con el rifle a la vez que le ordenaba que le ayudara a quitar el freno de mano. Sprinkle vio el cadáver en el asiento delantero e intentó arrebatar el rifle al homicida.

Estaban peleando en medio de la carretera cuando pasó por allí el sheriff de Wyoming, William Romer. Paró su coche a unos 30 metros y, mientras se acercaba, Caril salió del Buick y corrió hacia él gritando: “Lléveme a la policía. Acaba de matar a un hombre”.

Huida rápida

Cuando Starkweather vio el coche de la policía, dio media vuelta y disparó. Sprinkle perdió el equilibrio y cayó de espaldas en un agujero poco profundo de la cuneta. El asesino tiró las armas en el Buick, echó a correr hacia el Packard y arrancó en dirección a Douglas.

Romer avisó por la radio a las patrullas de la zona y a pocos kilómetros de allí Starkweather adelantó a toda velocidad a un coche de la policía. En él iban Robert Ainslie, jefe de policía, y Earl Heflin, sheriff del condado, e inmediatamente fueron tras él. Cuando Charlie llegó a Douglas, iba a una velocidad de 120 kilómetros por hora y les llevaba mucha ventaja.

Al entrar en la ciudad tuvo que disminuir la velocidad y Ainslie consiguió ponerse lo suficientemente cerca de él como para que Heflin pudiera disparar a las ruedas del coche.

Starkweather aumentó la velocidad, adelantó a un camión por la derecha y se saltó un semáforo en rojo. Durante un momento Ainslie consiguió acercarse al Packard y darle un golpe, pero Charle se dirigió hacia la salida de la ciudad a 160 kilómetros por hora.

Una vez fuera de la ciudad, Heflin empezó a disparar al coche y le dio en la ventanilla trasera.

Un minuto después el Packard empezó a frenar, y luego se paró en medio de la carretera. Los cristales de la ventanilla habían saltado y Starkweather tenía una herida en la oreja. Creyó que le habían dado y que era una herida de bala.

La policía paró a unos 80 metros. El asesino salió del coche y caminó hacia ellos.

Le gritaron que pusiera las manos en alto, pero no hizo caso. Ainslie disparó al suelo a poca distancia de Starkweather.

Cuando le dijeron que se echara al suelo, ya casi se encontraba junto a ellos. El policía Ainslie creyó que iba a sacar un arma y disparó al suelo otra vez.

Con una estudiada frialdad, Charle Starkweather se colocó el cuello de la camisa, luego se tumbó en el suelo y esperó a que le arrestara.

Cuando muere el amor

Starkweather, que creía que se estaba desangrando por la herida del oído y quejándose de que las esposas le hacían daño, fue conducido, junto con Caril a la prisión de Douglas.

El sheriff Romer interrogó a la chica, la cual declaró que Starkweather la secuestró tomando como garantía a toda su familia. Después le confesó que había presenciado los nueve asesinatos de Nebraska, contradiciendo así su declaración anterior de que había actuado sólo para salvar a su familia.

Después de esto, todo lo que Caril decía eran incoherencias. Una vez en su celda, se negó a lavarse y a cambiarse de ropa, y no quería que nadie estuviera con ella. Permaneció dormida bajo el efecto de sedantes todo el día.

A la cárcel acudió una multitud de periodistas procedentes de todo el país que querían hablar con Starkweather. El no les comentó nada, sólo se quejó de las heridas que tenía.

Escribió una carta a sus padres, pidiéndoles perdón por los problemas que había causado a la familia. Pero la carta terminaba: “La verdad es que no siento mucho lo que hice porque por primera vez Caril y yo nos hemos divertido mucho, ella me ha ayudado un montón; y si vuelve, no la odiéis, porque no tiene nada que ver con los asesinatos. Lo único que queríamos era irnos de la ciudad.”

El teniente Henninger de la policía de Lincoln se trasladó a Douglas para interrogar a Starkweather. Este, que ya conocía al teniente, confesó todos los asesinatos, salvo los de Clara Ward y Lillian Fencl. Declaró que cuando ellos se fueron de la casa, seguían vivas. A la mañana siguiente fue acusado del asesinato de Collison y extraditado, lo cual complacía al gobernador de Wyoming, Millward Simpson. Seis abogados de Nebraska viajaron hasta Douglas la tarde del jueves 30 de enero.

Starkweather y Caril volvieron a su pueblo en un convoy formado por cuatro coches. Los periódicos ridiculizaron al joven asesino y dijeron que tenía miedo a volar. Pero el sheriff Karnopp, encargado de escoltarle –y que le conocía desde niño– tuvo claro que eligió viajar en coche porque pensó que tendría más oportunidades de escapar que de un avión. Durante todo el recorrido no dejó de intentarlo.

Pararon para pasar la noche en Gering, Nebraska, y Starkweather escribió una confesión en la pared de la celda en la que decía que Caril también participaba en los asesinatos, pero que él estaría muerto antes de que alguien pudiera leer lo que había escrito, y que nunca condenarían a la chica a la silla eléctrica. Junto a estas palabras dibujó un corazón con el nombre de ambos.

Caril viajó con la mujer del sheriff Karnopp y parecía estar muy confundida. Una de las primeras cosas que preguntó fue. “¿Está mi familia muerta?”.

Describió los últimos asesinatos y dijo que la ropa que llevaba era de Clara Ward y que su chaqueta estaba manchada de sangre. También enseñó a su acompañante unas fotografías de su familia que había recortado de un periódico en casa de la señora Ward.

A las 6,30 de la tarde Charle fue conducido a la penitenciaría del Estado y fue encerado en una celda individual. Durante las siguientes semanas le hicieron varias pruebas psicológicas y le interrogaron repetidas veces. Caril fue trasladada a un manicomio, ya que una chica de su edad no podía ser encarcelada en una prisión de alta seguridad.

Los dos jóvenes fueron acusados de asesinato y se declararon no culpables. Se decidió que serían juzgados por separado y que Charle sería el primero.

El Tribunal designó a John McArthur, un abogado de Lincoln, para que representara a Caril, y Clem Gaughan y William Matschullat se encargaron de la defensa de Starkweather. Estos últimos pensaron que la única esperanza del joven sería declarar su incapacidad mental, y de acuerdo con esto prepararon su defensa.

Su defendido no estaba de acuerdo e insistió en que había cometido todos los asesinatos en defensa propia. Se negó a que le consideraran un loco alegando que “nadie se acordará de un loco”.

El juicio de Starkweather por el asesinato de Robert Jensen empezó el 5 de mayo de 1958. Charle compareció ante el Tribunal vestido con un traje que le proporcionaron en la prisión. Había recibido varias amenazas de muerte y llegó a la sala esposado y rodeado de policías.

Para la acusación se trataba de un caso relativamente sencillo. Starkweather no había modificado su versión sobre el asesinato de Jensen y había admitido que éste se produjo durante el atraco. El cuerpo de la víctima presentaba varios impactos de bala –todos en la espalda– lo cual demostraba que el presunto asesino mentía y que no lo había matado en defensa propia. La acusación dio por terminada su actuación el 13 de mayo.

La defensa llamó a veinticinco testigos. Starkweather se balanceaba en su silla y mascaba chicle intentando aparecer como un tipo duro. Sólo perdió los estribos y tuvieron que sujetarle cuando uno de sus exjefes dijo de él que era “el hombre más estúpido con el que jamás había trabajado”.

Gaughan leyó en voz alta algunas de las confesiones de su cliente con la esperanza de demostrar así que se trataba de un enfermo mental.

El 16 de mayo Charle Starkweather subió al estrado. El momento más dramático se produjo cuando su abogado le pidió que precisara una de sus declaraciones: “¿Qué pasó en el refugio? ¿Por qué se encolerizó tanto con Caril Fugate?”.

“Por lo que hizo”.

“¿Qué hizo?”.

“Mató a Carol King.” Era la primera vez que acusaba públicamente a Caril de asesinato, aunque un mes antes había escrito al fiscal Elmer Scheele diciéndole que su novia había matado a Carol mientras él intentaba sacar el coche del barro. También declaró que ella asesinó a Collison cuando a él se le encasquilló la pistola.

Los psiquiatras comenzaron a prestar testimonio el 19 de mayo. Los tres expertos llamados a testificar por la defensa declararon que Starkweather sufría un trastorno mental, pero durante el interrogatorio admitieron que a pesar de sus problemas psíquicos y emocionales no podía hablarse en este caso de una grave enfermedad como la esquizofrenia.

Ninguno de ellos podía afirmar que Starkweather estuviera loco según las Leyes de MacNaughten, vigentes en el Estado de Nebraska.

La sentencia

Los psiquiatras llamados a testificar por parte de la acusación estuvieron de acuerdo en que el acusado mantenía una conducta antisocial y padecía un trastorno de personalidad, pero que de acuerdo con las leyes no estaba loco. No se trataba de un “idiota”, como había caracterizado Gaughan a su cliente; por el contrario, Starkweather tenía un coeficiente intelectual por encima de la media. Lo peor de todo era la afirmación de los expertos de que en caso de que se le declarase loco se le mandaría a un manicomio, en donde, inevitablemente, se descubriría que estaba cuerdo y sería puesto en libertad.

Los discursos finales de Gaughan y Matschullat fueron correctos, pero desapasionados, su único objetivo era salvar a su cliente de la silla eléctrica. La acusación se limitó a exponer los hechos y advirtió al jurado de la amenaza que suponía este hombre para la comunidad.

El jurado estuvo deliberando durante 24 horas. El 23 de mayo se presentaron en la sala con un veredicto de culpabilidad y solicitaron la pena de muerte para el acusado.

El 27 de octubre empezó el juicio de Caril Fugate. De acuerdo con las leyes de Nebraska, en ciertos casos un menor podía ser juzgado por un asesinato en las mismas condiciones que un adulto. Caril se convirtió en la mujer más joven acusada de asesinato en primer grado en EE.UU.

Fue juzgada por su complicada en el asesinato de Robert Jensen. Aunque nadie sugirió que fuera ella la que apretó el gatillo, la acusada admitió haberle robado la cartera. Esta era una prueba concluyente de su complicidad en este asesinato, o al menos más concluyente que las acusaciones vertidas por Charle.

Para el fiscal el caso era muy similar al de Starkweather. Además, éste era su testigo principal. Ya no sentía ningún afecto por Caril y declaró que no le importaba que viviera o no.

Voluntariamente

Su declaración, si el jurado la creía, era suficiente para condenarla. Declaró que ella estuvo presente en los asesinatos de su madre y de su hermana, y que se fue con él voluntariamente, expresando su deseo de no abandonarle. Habría podido escapar mil veces si hubiera querido.

John McArthur, el abogado de Caril, que estaba firmemente convencido de su inocencia, no fue capaz de confundir a Starkweather durante su interrogatorio. Este alegó sus primeras declaraciones eran “una bazofia” inventada para proteger a Caril. También declaró que ella sabía que él estaba involucrado en el asesinato de Robert Colvert.

Varios testigos de los viajes de la pareja confirmaron la versión del asesino. El sheriff Romer y la señora Karnopp repitieron las declaraciones que la chica les había hecho sobre su participación en los crímenes.

El testigo principal de la defensa, la propia Caril, causó una pobre impresión. La forma en que iba vestida la hacía parecer mayor de lo que era. Hablaba con voz entrecortada. Su actitud hizo que el jurado pasara de la duda inicial a una abierta hostilidad; cuando se le hacían preguntas difíciles de contestar, se excusaba diciendo que tenía muy mala memoria.

Después de deliberar durante 24 horas, el jurado la declaró culpable y fue condenada a cadena perpetua.

Charle Starkweather pasaba el tiempo en la penitenciaría del Estado. A pesar de que echaba de menos el campo, estaba encantado con la atención que le prestaban y con la idea de ser famoso. Nada le gustaba más que ver su nombre en los periódicos. Engordó en la cárcel y los carceleros, que le habían tomado cariño, le cuidaban. Comentó que había hecho las paces con Dios.

Pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo la historia de su vida. Siempre le había gustado mucho el dibujo y empezó a pintar en su celda.

Retraso de la ejecución

Lograron retrasar la ejecución mediante una serie de procedimientos legales. En abril de 1959 despidió a sus abogados y en la última petición de clemencia se representó a sí mismo. Habló sobre sus remordimientos, sobre su recién adquirida fe cristiana y sobre su convencimiento de que no fue correctamente representado en el juicio. Pero el Tribunal no se conmovió, y se fijó una nueva fecha para la ejecución; el 22 de mayo.

Su padre se puso en contacto con un juez federal y logró un aplazamiento justo una hora y media antes de la hora fijada para la ejecución. El indulto iba a durar poco. De nuevo se fijó la ejecución para la medianoche del 25 de junio.

Starkweather se vistió con una chaqueta y unos vaqueros nuevos para la ejecución. Cuando los oficiales de la prisión fueron a buscarle, dijo sarcásticamente: “¿Qué prisa tenéis?” Con las manos en los bolsillos y en actitud desafiante se dirigió hacia la silla eléctrica.

Desafío a la muerte

Al preguntarle si tenía algo que decir por última vez, apretó los labios y negó con la cabeza. El verdugo accionó la palanca y Charlie Starkweather recibió una corriente de 2.200 voltios. Tuvo que accionar la palanca dos veces más antes de que muriera. A las 12,04 de la madrugada se anunció su muerte.

Antes de sacar su cuerpo de la prisión, la policía tuvo que despejar los alrededores, donde bandas de jóvenes adolescentes ese habían reunido para armar jaleo poniendo las radios de sus coches a todo volumen.

Solo para la Justicia

Una de las muchas confesiones de Sarkweather consistía en una nota, dirigida a “la Justicia”, que se encontró en su chaqueta cuando fue arrestado. La escribió en casa de los Ward, cuando él y Caril creyeron que los iban a matar.

Daba la impresión de que su novia se la había dictado. Sin embargo, todo, incluida la firma, pertenecía a Starkweather con su habitual idiosincrasia. Decía que llegó a la avenida Belmont “contento y feliz” y que “se había vuelto loco” cuando Velda le atacó. Continuaba: “Chuck y yo sentimos lo que hicimos, pero ahora es el fin”, y terminaba con un párrafo espeluznante: “Todos los que estuvieron fuera (de la casa de los Bartlett) tienen suerte de no estar muertos, incluida la hermana de Caril”. Había también una posdata: “Hasta ahora hemos matado a siete personas”.

Conclusiones

En la prisión el reo dedicó mucho tiempo a escribir la historia de su vida. No pudo terminar antes de morir. Algunas partes del manuscrito se publicaron en el libro de Reinhardt. Una selección, con el título de Rebelión, se publicó en la revista Parade el 15 de marzo de 1959, con lo que sus padres ganaron 1.000 dólares.

Le faltaba la chispa de Starkweather y en realidad no era más que una especie de homilía dirigida a la juventud díscola. Aconsejaba ir a misa regularmente, seguir a Cristo y respetar la autoridad. “Si hubiera seguido estas sencillas normas, como tantas veces me lo aconsejaron, no estaría hoy donde estoy”.

Después del juicio Charlie Starkweather escribió a sus padres: “Mi único deseo es seguir vivo y arrepentirme de todos los pecados que he cometido.” Sus deseos no se cumplieron. Fue ejecutado el 25 de junio de 1958 y enterrado en Lincoln, Nebraska.

Caril fue conducida al reformatorio de York, en Nebraska, para cumplir su condena a cadena perpetua. En su condición de menor no le estaba permitido relacionarse con otras internas, y pasó el primer año completamente sola.

Siguió manteniendo su inocencia y siempre proclamó su versión de que no había tomado parte en los asesinatos.

John McArthur continuaba creyendo en la inocencia de Caril y durante varios años siguió luchando para conseguir su libertad. Caril era una presa modelo. Nunca cometió una falta disciplinaria y continuó sus estudios en la cárcel, donde obtuvo el graduado escolar.

En 1972, Growing Up in Prision, un documental realizado para la televisión, volvió a sacar a la luz el caso. A pesar de que en Nebraska existían grupos de presión, dirigidos fundamentalmente por los familiares de las víctimas, para que Caril no saliera de la cárcel, ésta fue puesta en libertad condicional el 20 de junio de 1976.

Pese a que huía de la publicidad, apareció en dos programas de televisión para hablar de su inocencia. En uno de ellos, en 1983, la cámara enfocaba un detector de mentiras que sugería que Caril estaba diciendo la verdad. Al día siguiente se hizo un estudio entre la población de Nebraska; la mayoría de los encuestados seguía creyendo que acompañó a Starkweather voluntariamente.

En 1974 se llevó al cine la historia de esta pareja. Badlands era el título de la película en la que aparecía Martin Sheen como “Kit”, un chico de 25 años, junto a Cissy Spacek que interpretaba a “Holly”, una chica de 15. La acción transcurría en Dakota del Sur.

Las víctimas

  • Robert Colvert (el encargado) 1-XII-57. Tenía 21 años y acababa de salir de la Marina cuando aceptó el trabajo de la estación de servicio Crest, en la autopista Cornhuster. Se había casado a principios de ese año y su joven esposa de 19 años, Charlotte, esperaba un hijo para la primavera. Colvert era un hombre pequeño –en la Marina se le conocía como “el pequeño Bob”-, pesaba 56 kilos y era casi tan alto como Starkweather. Cinco meses después de su muerte, el 24 de abril de 1958, Charlotte Colvert dio a luz a su hija.
  • Marion Bartlett. Se casó con la madre de Caril, Velda, en 1954. Bartlett, de 57 años, trabajó como obrero e hizo un poco de todo antes de conseguir su último trabajo como guarda nocturno.
  • Velda Bartlett. Se divorció de William Fugate, padre de Bárbara y de Caril, en 1954. Marion, su segundo esposo, la llevaba casi veinte años.
  • Betty Jean Bartlett. Era la única hija del matrimonio Bartlett. Tenía dos años y medio cuando murió.
  • August Meyer. En Bennet tenía buena reputación. Se le consideraba un hombre amable y trabajador. A pesar de sus setenta años, estaba en buena forma. Vivía solo en la granja desde que su anciana madre murió. Conocía a los Starkweather y les dejaba cazar en sus tierras a cambio de que le dieran la mitad de las piezas obtenidas.
  • Robert Jensen. Estudiante de 17 años de la High School de Bennet. Medía 1,83 y pesaba 107 kilos. Era un chico amistoso y un buen jugador de fútbol pero tuvo que dejarlo por una lesión. Al igual que a Starkweather, le encantaban los coches.
  • Carol King. Tenía 16 años y estaba considerada por sus convecinos como una buena chica. Pensaba casarse con Jensen cuando ambos terminaran la High School. Era animadora de la banda del colegio y fue miembro de los coros y de la iglesia de Bennet.
  • Lauer Ward. Tenía 47 años de edad. Presidente de la Lincoln’s Capital Bridge Company y de la Capital Steel Company, era uno de los personajes más importantes de la ciudad. Amigo personal del gobernador del Estado, al que había visitado aproximadamente una hora antes de ser asesinado.
  • Clara Ward. De 46 años de edad, era la esposa de Lauer Ward. Se licenció en la universidad de Nebraska y pertenecía varios comités y organizaciones de caridad. El único hijo del matrimonio, Michael, de 14 años, estaba en un colegio privado de Connecticut cuando se cometieron los asesinatos.
  • Lillian Fencl. La doncella, de 51 años de edad, llevaba 26 años al servicio de basurero de los Ward, que la trataban como si fuera de la familia. Bob von Busch creía que ella conocía a Starkweather porque éste llamaba alguna vez a la puerta de la casa cuando trabajaba por aquella zona.
  • Merle Collison. La última víctima de Starkweather era un hombre de 37 años, casado, con dos hijos. Un viajante de comercio, especializado en la venta de zapatos, que estaba en viaje de negocios cuando murió. Era de Great Falls, Montana.

 


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