El caso Mónica Juan Roig

Atrás Nueva búsqueda
monica-juan-roig
  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: El cadáver apareció en una posición que indicaba respeto. Como si el asesino no hubiera querido dejarlo de cualquier modo
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 9 de diciembre de 1995
  • Perfil de las víctimas: Mónica Juan Roig, de 19 años
  • Método de matar: Arma blanca
  • Localización: Ibiza, España
  • Estado: El crimen, considerado por la Justicia como homicidio y no como asesinato, prescribió en diciembre de 2010 al haber transcurrido 15 años desde su comisión
Leer más

Hallado en Ibiza el cadáver de una joven de 19 años desaparecida hace 22 días

Andreu Manresa – El País

2 de enero de 1996

El cadáver acuchillado de Mónica Juan Roig, de 19 años, fue hallado en una zona agrícola de la isla de Ibiza el pasado día 31 de diciembre, 22 días después de su esaparición [desaparición]. El cuerpo de la joven fue descubierto casualmente por un agricultor bajo un olivo, escondido entre el matorral y las hijuelas del árbol.

Mónica presentaba signos e haber sido asesinada con arma blanca y en el cuello tenía un gran corte que casi separaba la cabeza del tronco. Las primeras impresiones no revelan que la joven sufriera agresiones sexuales. Dado el avanzado estado de descomposición del cdáver [cadáver], fuentes cercanas al caso han aventurado que el crimen se perpetró el mismo día de su desaparición. La juez encargada del sumario ha decretado el secreto de la investigación.

La policía sigue trabajando con la hipótesis de que el asesino de Mónica pertenecía a su círculo de amistades. El hallazgo casual del cuerpo de la víctima se produjo cuando ya se había paralizado prácticamente -por desánimo y falta de resultados- una intensa labor de búsqueda en toda la isla por parte de policías y numerosos voluntarios y amigos. El cadáver fue encontrado en una zona agrícola de Jesús, en el municipio de Santa Eulàlia, a un kilómetro del casco urbano de la capital de Ibiza y a apenas 15 del domicilio de la víctima.

El lugar no es de paso -para llegar allí hay que ir a pie o en moto- y se supone que el presunto asesino trasladó el cuerpo en brazos. En el suelo de los alrededores no había rastros de sangre, y en la suela de los zapatos de la asesinada no se apreciaban indicios de tierra o hierba de la zona, por lo que se cree que el crimen se cometió en otro lugar.

Uniformada de árbitro

Mónica desapareció el pasado 9 de diciembre por la noche. Cuando fue raptada por quien posiblemente le causó la muerte llevaba el uniforme de árbitro de fútbol sala, con camiseta federativa, pantalón largo de deporte y zapatillas blancas. Mónica había dejado de estudiar y el arbitraje era su ocupación habitual los fines de semana. Muy conocida en los ámbitos deportivos, la joven era hija del utillero del equipo de fútbol local, un agricultor humilde muy popular.

Lo primero que hizo suponer que la desaparición no había sido una huida premeditada fue que la pequeña motocicleta que Mónica usaba siempre había sido inutilizada rompiendo la conexión del motor y el sistema eléctrico. La joven había dejado aparcada la moto en una plaza del pueblo, cerca del bar que visitó en el último instante en que fue vista con vida, en compañía de un árbitro. Se cree que algún conocido maquinó la avería de la moto y se ofreció a llevarla a casa.

Antonio Juan, padre, de la víctima, manifestó ayer tras reconocer el cadáver: «A mi hija la cogió un carnicero sin escrúpulos», y luego confesó que desde el primer día sospechó que el final de este suceso sería un asesinato. Durante el último mes, la familia logró movilizar al vecindario y a los sectores deportivos de la isla.

Una de las líneas de trabajo de los investigadores se centra en las posibles relaciones sentimentales de Mónica.


La muerte y la prescripción del delito: Mónica Juan fue asesinada hace 18 años y, desde hace tres, su verdugo no tiene nada que temer

José Manuel Gabriel – Extraconfidencial.com

9 de diciembre de 2013

La búsqueda de Mónica Juan Roig por los alrededores del pueblo ibicenco de Santa Eulalia se prolongó durante 22 interminables días, y terminó de un modo terrible y casi casual cuando un agricultor encontró el cadáver de la joven, de 19 años, en estado de descomposición, semienterrado junto a un olivo en una apartada zona agrícola del municipio. Los forenses determinaron que Mónica había sido asesinada el mismo día de su desaparición, el 9 de diciembre de 1995, tal día como hoy hace 18 años.

Mónica Juan vivía en casa de sus padres en Santa Eulalia, donde compaginaba su trabajo en labores de limpieza con su gran pasión: el arbitraje de partidos de fútbol sala. El día de su desaparición, la joven se trasladó al municipio de San Carlos donde debía arbitrar un encuentro, pero el partido fue suspendido antes de iniciarse por falta de suministro eléctrico. De regreso a Santa Eulalia, Mónica tomó un refresco con unos amigos en una cafetería antes de coger nuevamente su motocicleta para regresar a casa, situada a unos dos kilómetros del casco urbano.

La moto manipulada

Sin embargo, no pudo siquiera llegar a arrancar la moto porque alguien la había manipulado mientras la muchacha charlaba con sus amigos. Al vehículo le habían arrancado la pipa de la bujía para impedir que se pusiera en marcha. Este dato lo descubrió la Policía a posteriori, porque lo cierto es que, desde que se despidiera de sus amistades en la puerta del bar, a eso de las nueve de la noche, a Mónica ya no la vio con vida nadie más que su asesino.

Mónica Juan no regresó a su casa y los padres, alarmados por lo extraño de la circunstancia, presentaron una denuncia por desaparición al día siguiente. De inmediato se conformó el mayor operativo de búsqueda que se recuerda en la Isla de Ibiza. Desafiando las fuertes lluvias que azotaron aquellos días la zona, centenares de voluntarios, agentes de las fuerzas de seguridad, bomberos, buzos, miembros de Cruz Roja y hasta militares rastrearon cada palmo de la zona de Santa Eulalia y municipios colindantes, cada centímetro del cauce del río y cada metro de playa y de huerta.

Nochevieja de pesadilla

El día de Nochevieja de 1995, poco antes de las 11 de la mañana, un payés se topó por casualidad con los restos semienterrados del cadáver de Mónica Juan Roig en unas tierras de labranza de una zona aislada conocida como Parroquia de Jesús, en el término municipal de Santa Eulalia. El cuerpo estaba todavía vestido con el uniforme de árbitro de la Federación Balear de Fútbol Sala que llevaba puesto la chica cuando desapareció. Aunque eran apreciables diversos signos de violencia, los expertos concluyeron que Mónica no había sido violada. El cadáver presentaba un profundo tajo en la garganta que le ocasionó la muerte la misma noche en que desapareció tras no poder arrancar su ciclomotor.

El punto donde apareció el cadáver se encontraba relativamente cerca de la carretera general que conduce a Ibiza, si bien no se podía llegar a él en coche como tampoco era fácil hacerlo caminando desde la carretera. Los investigadores dedujeron que quien mató a Mónica era de por la zona y conocía perfectamente el terreno. La juez instructora del caso, Clara Ramírez de Arellano, decretó el secreto del sumario y ordenó el envío de restos de vísceras y otros elementos del cuerpo a un laboratorio especializado para un análisis en profundidad. Este segundo examen no vino sino a confirmar los resultados del primero: no hubo agresión sexual y la muerte fue casi instantánea a consecuencia del profundo corte recibido por la mujer en la garganta, que casi llegaba a separar la cabeza del tronco.

Un carnicero sin escrúpulos

Los expertos de la Policía Científica determinaron que en el calzado de la víctima no había restos de hierba o tierra de la zona, por lo que debió ser asesinada en otro lugar y trasladada en brazos por el asesino hasta la zona apartada, para después dejar el cuerpo semioculto por el olivo, escombros y matorrales. También se concluyó que el asesino había sido un hombre, que empleó un cuchillo para cortar el cuello de su víctima, y que ésta se defendió con bravura, pues presentaba numerosos cortes en las manos, así como en una carpeta que -con toda probabilidad- intentó emplear como escudo.

La Guardia Civil investigó el entorno más cercano a Mónica Juan, en la convicción de que víctima y asesino se conocían y que, además, este último era muy probablemente vecino de Santa Eulalia. Lo más razonable era que el criminal hubiese inutilizado la moto, rompiendo la conexión entre el motor y el sistema eléctrico, para después ofrecerse a acercar a la joven a casa. Los primeros extremos que había que analizar eran, pues, las posibles relaciones sentimentales de la víctima. Antonio Juan, el padre de Mónica, dijo, tras la aparición del cuerpo, que «sólo un carnicero sin escrúpulos de ninguna clase» pudo haber matado de esa manera a su hija.

Una cita secreta con un desconocido

El primer y principal sospechoso fue un policía municipal de Ibiza, vecino de la joven y, como ella, árbitro de fútbol sala. Los agentes de la Guardia Civil se fijaron en él después de que comentara a un hermano de Mónica que la fallecida y él eran novios, aunque nadie lo sabía, ni siquiera las amigas de la joven. Efectivamente, los agentes recordaron que el cadáver de Mónica Juan llevaba puesta una esclava del tipo no me olvides con un nombre de pila grabado que se correspondía con el del policía. Pero no había más pruebas y nunca se pudo imputar al sospechoso.

Los investigadores sospechan que la noche de su muerte, Mónica tenía una cita secreta con una persona no identificada con la que podría mantener una tormentosa relación sentimental, y que fue quien la degolló. Dos años después del asesinato, las diligencias judiciales fueron archivadas al no existir acusación formal contra nadie y al estimar el juez que las investigaciones habían entrado en vía muerta. El crimen, considerado por la Justicia como homicidio y no como asesinato, prescribió en diciembre de 2010, al haber transcurrido 15 años desde su comisión. A efectos legales, quien quitó la vida a Mónica Juan Roig es, desde esa fecha, un ciudadano con todos sus derechos y libertades, y la muerte de la mujer, un nuevo crimen impune.


El caso Mónica Juan Roig

Datos extraídos del documental «Expediente abierto» de Antena 3 TV.

Diciembre de 1995. Un partido de Liga entre el Atlético de Madrid y el Barça mantiene a miles de espectadores pendientes de la televisión. Todos los habitantes del pequeño pueblo ibicenco de Santa Eulalia parecen encerrados en sus casas para ver el encuentro. Pero la goleada Atlética al equipo de Cruyff no es la única noticia de esa noche en la isla. Durante esas dos horas de juego, la joven Mónica Juan Roig, árbitro de fútbol de la localidad, desaparece sin dejar rastro.

Mónica tenía sólo diecinueve años, pertenecía a una familia conocida de la isla, no tenía problemas en casa y llevaba una vida sana. Se dedicaba a cronometrar partidos de fútbol sala, ya que era una apasionada de este deporte.

Durante veintidós días la buscaron incansablemente. Los habitantes de la isla se volcaron en el rastreo.

La mañana del 31 de diciembre se cumplió el peor presagio: encontraron el cuerpo de Mónica en un paraje apartado de su casa bajo el olivo de un campo de labranza.

El caso de Mónica marcó un antes y un después en la pacífica vida de la isla.

Vicente Garrido, criminólogo: «Se trata de un caso complejo porque el cadáver apareció veintidós días después de que se cometiera el crimen. Eso planteó numerosas dificultades desde el punto de vista de las evidencias encontradas en la escena del crimen. El caso es interesante porque, en principio, Mónica Juan Roig no tenía un entorno donde pudiéramos encontrar personas a priori que tuvieran una motivación clara para cometer ese crimen.»

El perfilador está convencido de que la clave para resolver este crimen se encuentra en el entorno más cercano de Mónica.

El mundo en el que creció Mónica fue en un entorno masculino donde ella se movía con confianza. Un problema en la rodilla alejó a la joven de la primera línea de juego, pero decidió seguir con el fútbol. Cambió el balón por el cronómetro y el silbato.

Aunque Mónica tenía facilidad para relacionarse con gente nueva, era reservada. Para la familia, el asesino estaba cerca y fue testigo de todo el daño que generó la muerte de la joven.

Mónica se compró un ciclomotor con su primer sueldo. Cuando la joven desapareció, la policía lo encontró aparcado en una calle de Santa Eulalia.

Antonio Juan Roig, hermano de Mónica: Lo que le hicieron [al ciclomotor] casualidad o no, es quitarle la pipeta de la bujía. […] La moto la encontramos así.

Vicente Garrido: ¿La moto puede funcionar sin la pipeta?

Antonio Juan Roig: Sí, sí. Es coger el cable y conectárselo.

Vicente Garrido: Lo que no sabemos es si ella llegó a ver que a la moto le faltaba la pipeta, porque no sabemos si regresó donde estaba la moto. Pudiera haber ocurrido que alguien que tenía interés en que ella no utilizara la moto se llevara la pipeta…

Antonio Juan Roig: Puede ser…

Esa es la gran incógnita para la familia de Mónica. Algo que después de tantos años nadie ha conseguido desvelar.

La desaparición

El día que se vio por última vez a Mónica con vida tenía que arbitrar un partido de futbito en Ibiza. Salió de casa en su ciclomotor (llevaba también a su hermano Toni) y llegaron hasta Santa Eulalia.

Antonio Juan Roig: «…Mi hermana, el día que desaparece, deja la moto sobre las cuatro menos cuarto. A mí me deja antes en la plaza del Ayuntamiento. […] Luego sube al piso que cuidan mis padres, sube arriba, deja las llaves de la moto, el material que ese día no necesitaba, y una vez que ya ha hecho lo que tenía que hacer, baja abajo.»

Después de dejar sus cosas y su moto en Santa Eulalia, la joven viajó en autobús hasta Ibiza, donde se vio con su prima María Catalina Roig, quien también era su mejor amiga. Mónica solía quedarse en su casa los fines de semana. Ese día, el fútbol trastocó los planes de Mónica y las dos terminaron pasando la tarde juntas.

María Catalina Roig: «Recuerdo que aquella tarde Mónica tenía que arbitrar un partido y ya aprovechó para venir a recoger a casa un libro. Salimos de mi casa y vinimos andando hasta […] el pabellón de Ibiza, que es donde Mónica tenía que echar una mano arbitrando […] El partido no se jugó y aprovechamos el ratito para dar un paseo por Ibiza. Estaba tranquila y estaba contenta.

»Sobre las siete y media decidimos volver al pabellón. Nicolás, uno de los compañeros, la tenía que recoger y llevarla a San Carlos, que es donde se tenía que arbitrar otro partido. Me esperé un ratito, y apenas, quizá, cinco o diez minutos ya estaba Nicolás aquí.»

Pero parece que ese día sólo existía el fútbol en la Liga profesional. Mónica volvió a Santa Eulalia a arbitrar un segundo encuentro que tampoco se puede jugar. Cancelado el partido, la joven se tomó un refresco con un amigo árbitro en una de las cafeterías más céntricas del lugar.

Eduardo Palomo, camarero del bar Royalty: «Mónica llega sobre las ocho y media. Viene acompañada de Nicolás y yo les serví una coca cola y un café con leche. Luego, después de hablar un ratito, ellos marcharon. Yo les despedí en la puerta. Mónica marchó para la calle San Jaime y Nicolás hacia el lado contrario, [hacia] la plaza del Ayuntamiento. Y fue la última vez que la vi.»

Al salir de la cafetería, Mónica se encontró a una amiga, Amalia. Fue la última persona (conocida) que habló con ella. Su testimonio fue fundamental para los investigadores.

Amalia Galdón: «No la noté rara, la noté como siempre. Nos sentamos en un banco y me dijo que iba a llamar por teléfono a sus padres. Me acompañó hasta la esquina de mi casa y ella se fue.»

Mónica sabía que en su casa no había nadie. ¿Había quedado con alguien?

Al día siguiente, sus padres denunciaron su desaparición.

Vicente Garrido: «Parece claro que se trata de una chica desconfiada, una chica que siempre tenía muy claro con qué personas podía acudir y que, en un principio, parece improbable que simplemente conociera a alguien en un momento y accediera a ir con él. Este es un punto importante.

»Es un entorno que, en principio, no plantea personas que tuvieran un móvil claro. También es relevante saber que ella se movía mucho en el ambiente, vamos a llamarle, sano.

»¿Es factible que Mónica tuviera una cita, una llamada, una relación el día 9 de diciembre que nadie podía adivinar? ¿Se encontró con alguien que no tenía previsto? ¿Fue ese encuentro lo que determinó su posterior asesinato?»

El hallazgo

Después de veintidós días, a Mónica la encontraron asesinada la mañana de Nochevieja. La noticia, que mantuvo en vilo a la población de la isla, puso en marcha las rotativas locales.

Mónica apareció degollada a quince kilómetros de su casa. Un recorrido largo y complicado para hacer a pie.

Cristina Amanda Tur, periodista y criminóloga: «No es un lugar fácil, no se puede llegar en coche, no es conocido, está lejos del lugar donde desapareció Mónica y, probablemente si el asesino decidió llevar hasta allí el cadáver es por algo.»

A nadie se le ocurrió buscar a la joven por ese lugar, que está en Jesús; un pequeño pueblo dedicado sobre todo a la agricultura.

Cristina Amanda Tur: «La encuentra un agricultor que se le ocurrió que en vísperas de Nochevieja era buen momento para arar su terreno.»

Miguel Guasch, agricultor de Santa Eulalia: «Vimos un cuerpo tumbado. […] Unos pantalones blancos, creo que eran, y una chaqueta vaquera.»

Hay casas en la zona que entonces ya estaban habitadas. ¿Demasiado alejadas, quizá, para oír o ver algo?

Tras el hallazgo, la zona no fue acordonada. Al agricultor, incluso, le permitieron que continuara con su arado al día siguiente. A las pocas horas el lugar se llenó de curiosos, incluso acudieron algunas personas que más tarde serían investigadas. La destrucción de pruebas parecía inevitable.

Cristina Amanda Tur: «Se supone que la llevaron de noche, pero [por la zona] pasan coches continuamente. El cuerpo lo habían dejado colocadito en el suelo, no estaba escondido. De hecho, podría haberse incluso escondido más, pero realmente ni la habían intentado enterrar.»

El cuerpo de Mónica presentaba una gran herida de arma blanca en el cuello. Llevaba su ropa colocada. El chándal estaba sorprendentemente limpio para las lluvias caídas esos días. Tenía las piernas estiradas y cruzadas. A escasos metros se encontró su carpeta y un pendiente.

No se trata de un lugar típico de parejas. Es incómodo para llegar porque el terreno de alrededor no es llano y no está cerca de la carretera. Las personas que siguen el caso de cerca están convencidas de que el paraje tiene un significado especial para el asesino.

Cristina Amanda Tur: «Es interesante porque está alejado de donde desapareció Mónica; no se ve a simple vista, con lo cual tienes que venir desde la carretera.

»Lo que se sospecha es que el asesino conocía este lugar. Lo más fácil es que fuera sólo una persona la que mató a Mónica, sobre todo porque suponemos que fue un asesinato tras una pelea por una relación sentimental o algo similar. Probablemente era alguien joven que pudo trasladar hasta aquí el cadáver.

»Se supone que ella estuvo, antes de que la trasladaran a este lugar [donde apareció asesinada], pudo estar el cadáver en el sitio donde la mataron unas cuantas horas. Además, es suficiente para que casi se quedara sin sangre.»

La autopsia

Los investigadores buscaron por la zona algún lugar con rastros de sangre, sin resultado. Sólo el cadáver o su forma de abandonarlo podían aportar algo más para llegar hasta el asesino.

Vicente Garrido se reunió con la forense que realizó la autopsia al cadáver de Mónica.

Paloma Enseñat, médico forense: «Llamaba la atención una fractura en el malar, como si fuera la sien, que realmente […] podría ser un golpe. Vemos que se corresponde con un puñetazo y no con una caída.»

Se trata de las marcas de la pelea que mantiene Mónica cuando planta cara a su asesino.

Paloma Enseñat: «Presenta un hematoma en el hombro, en la parte superior del hombro izquierdo, que creemos que puede corresponderse con el período quizás inicial de lucha.»

Desentrañar el origen de cada lesión puede ayudar a descubrir al agresor; su altura, su forma física o las armas que utilizó esa noche.

Paloma Enseñat: «Tenía un hematoma en la cara interna del muslo. Tampoco son los típicos hematomas que se provocarían en un intento de violación. Esto se asemejaba más a patadas.»

Mónica intentó protegerse con lo único que tenía a mano.

Paloma Enseñat: «La carpeta sí mostraba una serie de cortes, varios de ellos, era de plástico, y se la debió de poner de escudo.»

En sus dedos quedaron los cortes del arma de su asesino, ¿y en sus uñas? La forense buscó algún resto en las manos de Mónica que pudiera servir para cotejar con posibles sospechosos.

Paloma Enseñat: «Las uñas que conservaba estaban muy limpias. Estuvimos mirando si había restos de ADN o pelos […] y no había absolutamente nada. Entonces aquí si que falta la parte de piel en la parte anterior de la mano, de los dedos. Y había también unas heridas que parecían de arma blanca, que podrían ser defensivas. Era un arma con mucho filo y delgadita, porque los cortes eran muy finitos. Un objeto muy cortante, incluso estuvimos pensando en un cúter. No era un arma grande.»

Cuando encontraron el cuerpo, el estado de descomposición era tal que fue difícil determinar qué herida acabó definitivamente con la vida de la joven.

Paloma Enseñat: «La teoría que nosotros avalamos es el degüello. Lo corrobora, una vez hecha la autopsia, el corte tan limpio que tiene la tráquea. Eso avalaría un poco la teoría de que esta chica estaba tumbada en el suelo cuando la degollaron, porque si no hubiera tenido manchas de sangre en la ropa.»

La forense está segura de que Mónica murió el mismo día que desapareció.

Paloma Enseñat: «No hay nada que indique que permaneció viva durante unos días. Ella estaba tumbada, decúbito supino, con la cabeza ladeada hacia un lado y los pies cruzados. […] Yo creo que colocaron el cuerpo de la víctima en esta posición.»

El arma homicida nunca apareció. Los investigadores creen que en el forcejeo con Mónica, el agresor tuvo que sufrir alguna herida y también mancharse con la sangre de la interfecta.

La investigación

La periodista y criminóloga Cristina Amanda Tur rastreó las imágenes del funeral de la joven y de los días de su búsqueda en busca del asesino.

Cristina Amanda Tur: «Quien mata a una persona conocida está el día del entierro allí, por supuesto. Tampoco es tan raro encontrar al asesino buscando desaparecidos. Es posible que también fuera uno de los que, días después, fueron a ver dónde había aparecido el cadáver. Porque fueron varios grupos; árbitros y gente relacionada con Mónica fueron a observar el sitio. Lo normal es que el último hombre que la ha visto con vida […] es un sospechoso viable.»

Nicolás fue el hombre que introdujo a Mónica en el mundo del arbitraje. Se le conoce en Ibiza por ser un impulsor del fútbol sala femenino. Él animó a la joven a ser árbitro especialista en cronometrar partidos.

Periodista 1: Estamos intentando hablar con todas las personas que tuvieron algo que ver, que estuvieron cerca de Mónica ese día, y si no recuerdo mal eres el último hombre que la ve con vida, ¿no?

Nicolás: Bueno, tuve la suerte de que no fui el último, porque al principio al ser el último me engancharon demasiado, pero luego había habido una amiga suya que fue la última que la vio en la plaza de Santa Eulalia.

Periodista 1: Claro, pero al considerar que era un crimen pasional, me imagino que la policía insistiría en que tú eras el último hombre, ¿no?

Nicolás: Me dijeron si yo la había matado y la tenía en el hotel… por ahí en una habitación y luego la saqué… Que había sido mi mujer y la habíamos metido… Cosas de esas… O que yo la había matado porque yo estaba enrollado con ella.

Pero este hombre fue descartado pronto en la investigación. Nicolás declaró que al separarse de Mónica se fue a hacer unas compras a un hipermercado muy conocido.

Cristina Amanda Tur: «Nicolás fue a comprar a una tienda, tenía el ticket de compra y además se acordaban de él; en la tienda vieron además que iba solo… Tenía buena coartada.»

Los investigadores se centraron entonces en un sospechoso inesperado: José Luis; un policía local, también árbitro y vecino de la familia de Mónica. Nadie imaginaba que tuviera algo que ver con la desaparición de la joven. La sorpresa surgió con sus propias declaraciones.

Antonio Juan Roig: «Una de las tantas veces que mis padres van al Cuartel de la Guardia Civil, mi madre les lleva un collar y un “no me olvides”, y José Luis las ve y se altera un poco. Yo le estoy esperando abajo en el coche y cuando él me baja, entra dentro del coche y rompe a llorar. [Le pregunté] “¿Qué te pasa?”. [Él respondió] “Mira, que tu madre ha enseñado unas cosas que le regalé yo a tu hermana, y que somos novios.”»

Cristina Amanda Tur: «De repente, el chico dice: “Sí, yo salía con Mónica. Yo soy el novio de Mónica”. Claro, eso, en esos momentos, lo convierte en sospechoso. Pero no es un sospechoso oficial ni se le interroga como sospechoso del crimen hasta que no tenemos crimen, veintidós días después de la desaparición y diecinueve días después que él diga que es el novio de Mónica.»

José Luis vivía pared con pared con las casa de Mónica. Según varios testimonios, hacía años que le gustaba su vecina. Cuando la Guardia Civil le tomó declaración, José Luis afirmó que se habían intercambiado varios regalos e incluso pensaban en matrimonio. Ninguna de las amigas o familiares de la joven confirman nada de esto.

María Catalina Roig: «A mí me cuesta creer que José Luis, o cualquier otra persona, esté cinco años saliendo con Mónica. Nos hubiéramos enterado.»

De hecho, lo que sí sabían todos es que llamaba insistentemente a Mónica por teléfono.

Antonio Juan Roig: «Llegar, dejar la moto, teléfono sonar. Si ella [Mónica] cogía el teléfono, hablaban veinte segundos, treinta segundos. Pero si coincidía que ella llegaba a casa, sonaba el teléfono y otra persona lo cogía, ese teléfono se cortaba.»

Este hombre pasó a ser el principal sospechoso para los investigadores. Su coartada fue que estaba en casa viendo el partido de fútbol.

Cristina Amanda Tur: «Ese tiempo es un tiempo bastante reducido. Se intentó ver si en ese tiempo podía haber matado a Mónica, y sí tenía tiempo de matarla, pero no tenía tiempo de llevar el cadáver hasta Jesús.»

La noche del crimen, el hermano de Mónica salió de la casa después de ver el partido. Iba con su moto cuando, en mitad del recorrido, su vecino le interceptó con el coche. José Luis declaró a la Guardia Civil que al escuchar salir a su vecino, quiso alcanzarle para ir de copas con él, pero que fue por otro camino. Los investigadores repitieron varias veces el recorrido para comprobar si salió de su domicilio, como dijo, o venía desde otro lugar. El equipo de Expediente abierto se encontró con él a la salida del trabajo.

Periodista 1: Estamos haciendo un reportaje para Antena 3 sobre el caso de Mónica Juan Roig, y sabemos que usted tuvo una relación en su momento con esta chica, ¿verdad?

Periodista 2: ¿Tienes cinco minutillos para hablar con nosotros?

José Luis: No voy a hablar de nada, caballero… Entiéndame ustedes, pero es un tema que no quiero hablar.

Periodista 1: Hay algunos testigos que aseguran que un día después le vieron a usted con la mano vendada.

José Luis: Vayan a un hospital y pregunten… ¿Me ven con la mano vendada? Hay dos hospitales, hay tal… Alguien me tiene que haber visto comprar una venda o vendarme… Ya está… Lo que sí les puedo decir es una cosa, mi conciencia, gracias a Dios, está muy tranquila… Soy la única persona que se hizo voluntario las pruebas de ADN… Por algo será. No tengo nada que esconder.

Periodista 1: Usted sabe que en este tiempo todavía hay mucha gente que le considera a usted el asesino de Mónica, ¿no? Lo ha tenido que escuchar muchas veces…

José Luis: Yo duermo tranquilo.

José Luis declaró en numerosas ocasiones como imputado, incluso se enfrentó a varios careos con otros sospechosos, pero el caso se cerró sin pruebas que pudieran acusarle formalmente.

El entorno del fútbol proporcionó a la investigación un tercer sospechoso: otro compañero árbitro de Mónica. Una llamada anónima le señaló como el autor del crimen. En su momento habló para los medios de comunicación, cuando no sabía que meses más tarde iba a ser investigado.

Cristina Amanda Tur: «Tercer sospechoso, Vicente, y sí que es cierto que algunas de las amigas comentaron que [a Mónica] no le gustaba arbitrar con él. Lo implicó una llamada, que parecía más una venganza… Que Vicente y Mónica pudieran tener una relación, pero no había nada más. No había nada más tampoco que apuntara a que Mónica tenía con él nada. De hecho, si las amigas comentaban que no le gustaba arbitrar con él, era impensable que realmente fuera su amante. No era como José Luis y como Nicolás, más comedidos, más prudentes, sino un poco más dicharachero. Le habría hecho algún comentado que a Mónica no le había gustado. La verdad es que Vicente se descartó en cuanto declaró judicialmente.»

Después de figurar como imputado, Vicente dejó Ibiza y se mudó a Barcelona. A día de hoy está en paradero desconocido.

La investigación no cesó. Una prostituta que denunció a un cliente por agresión sexual puso a los investigadores sobre la pista de un nuevo hombre.

Cristina Amanda Tur: «Es un sospechoso que aparece al final de una manera muy casual, porque tiene una pelea con una prostituta y le dice: “Te voy a hacer lo mismo que a Mónica”. Ella no estaba segura de que hubiera dicho realmente “Te voy a hacer lo mismo que yo le hice a Mónica”, sino un más genérico “Te voy a hacer lo mismo que le han hecho a Mónica”. Pero decidió avisar a la Policía porque pensó que había alguna posibilidad, aunque remota, que fuera el que había matado. Además, era un hombre agresivo y pensó que podía ser una pista.»

El equipo de Expediente abierto localizó al cuarto hombre investigado, en el interior de Ibiza.

Periodista 1: ¿Es usted Pepe?

Pepe: Sí.

Periodista 1: Estamos haciendo un reportaje sobre el caso de Mónica Juan Roig.

Pepe: ¿Quién?

Periodista 1: ¿No le suena a usted?

Periodista 2: Sí, la chica esta árbitro que murió en el año 95. ¿No le suena de nada?

Pepe: No, me acusaron a mí, pero yo paso de esta historia… No quiero saber nada.

Periodista 1: ¿Y por qué le acusaron a usted?

Pepe: Yo qué sé, no lo sé… No quiero saber nada ni me importa para nada, ¿entiendes? Paso de historias, no quiero saber nada, os lo pido por favor.

La investigación se estancó después de repasar minuciosamente el entorno del fútbol. No había suficientes pruebas para llevar a juicio a ninguno de los sospechosos investigados. La isla sigue guardando su secreto.

El principal misterio en la vida de Mónica es si era verdad o no que la joven tuvo durante años una relación secreta con su vecino. Él así lo aseguró en todas sus declaraciones. Incluso cuando los investigadores le interrogaron tras el asesinato.

Joan Cerdá, abogado y periodista: «En aquel momento, en Ibiza, los pocos crímenes que se habían producido y se habían resuelto, se habían resuelto con la confesión. [En este caso] Esta confesión no se produjo y el intelecto investigador se desmoronó. Dos son los errores. Uno, intentar la confesión como forma de solucionar el caso, y dos, un levantamiento del cadáver que en algún momento se estudiará como ejemplo de lo que no debe ser; el caos hecho instrucción.»

Para la familia de Mónica, su caso no está resuelto porque se cometieron muchos errores desde el momento en que apareció el cadáver.

María Roig, madre de Mónica: «No ponen nada de cinta en aquel sitio; al señor que estaba labrando le dijeron que podía seguir labrando; si la encontraron a las diez de la mañana, a la una del mediodía aquello era un hormigueo de gente yendo allí, a ver dónde había pasado la cosa.»

Joan Cerdá: «Se hizo un levantamiento del cadáver muy rápido. El 31 de diciembre a la gente le gusta estar en su casa. Por Navidades en Ibiza hay una diáspora de todo el mundo que se puede ir y los funcionarios de la isla, prácticamente no hay. Un cadáver abandonado en estas circunstancias contiene pruebas. Buscadas y encontradas por la investigación podían haber sido, entiendo, decisivas.»

Lo único que se recogió en la escena del crimen fueron las pertenencias de Mónica. Unos pendientes, su pito de árbitro y el cronómetro. Su madre las guarda desde entonces, a la espera de que algún día puedan ser útiles para encontrar al asesino de su hija.

Perfil criminológico

El perfilador Vicente Garrido sabe que está ante un caso complicado. Han pasado muchos años y Mónica era una joven muy celosa de su intimidad. El criminólogo habla, además, de varias escenas del crimen.

Vicente Garrido: «Aquí hay al menos tres escenas del crimen. Primero, la escena de contacto o abordaje; segundo, la propia escena principal, donde resulta muerta, y en tercer lugar, la escena de abandono del cadáver. Todo esto requiere una personalidad dura, que se hace con el tiempo. Estamos hablando de alguien cercano a los treinta años.

»Un crimen motivado por la ira, con este tipo de víctima, una chica de diecinueve años, capaz de establecer una relación amorosa intensa, se vincula generalmente con un solo autor. La acción homicida es típicamente masculino. Es un acto de degüello, son poquísimas las mujeres que han matado con un cuchillo.»

¿Quién podía querer asesinar a Mónica Juan Roig?

Vicente Garrido: «La respuesta es “esa chica no quiere ser tuya”; es lo que está detrás de este tipo de actos. Una cuestión muy importante es que este sujeto no es un psicópata, por la escena del crimen. Hay dos elementos importantes. Uno, la víctima aparece con una violencia controlada, por terrible que pueda parecer, la violencia es casi la mínima; es una ejecución.

»Está claro que su asesino la conocía. Es evidente, porque la forma en que el cadáver está expuesto en la escena del crimen indica respeto. Ella aparece, de alguna manera, ordenada. Es como si el asesino no quisiera haberla dejado de cualquier modo.

»Si tú la matas es porque quieres resolver un problema, una situación que te atormentaba, que te angustiaba profundamente. Eso significa que eres una persona obsesiva; que en las relaciones interpersonales de tipo amoroso toleras muy mal la frustración.»

Por el lugar donde dejó el cadáver, es evidente que el asesino conoce la zona.

Vicente Garrido: «El asesino de Mónica Juan es de la zona de Santa Eulalia o alrededores.»

 


VÍDEO: EXPEDIENTE ABIERTO – MÓNICA JUAN ROIG


 

Uso de cookies.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR