El caso Asunta Basterra

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Caso-Asunta-Basterra

El crimen de Asunta

  • Clasificación: Asesinato
  • Características: Filicidio
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 21 de septiembre de 2013
  • Fecha de detención: Rosario Porto: 24 de septiembre de 2013 / Alfonso Basterra: 25 de septiembre de 2013
  • Perfil de las víctimas: Asunta Basterra Porto, de 12 años
  • Método de matar: Asfixia por sofocación con un objeto blando
  • Localización: A Coruña, Galicia, España
  • Estado: Los padres adoptivos de Asunta, Rosario Porto y Alfonso Basterra, fueron condenados a 18 años de prisión el 11 de noviembre de 2015. La sentencia fue ratificada por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia el 16 de marzo de 2016
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Índice

Caso Asunta Basterra – Hallado en Santiago el cadáver de una niña de 12 años con signos de violencia

Sonia Vizoso – Elpais.com

22 de septiembre de 2013

Una pareja que caminaba en la madrugada del domingo por una zona forestal próxima a Santiago de Compostela fue la que dio la voz de alarma. En una pista de la parroquia de Cacheiras, en un municipio del cinturón de la capital de Galicia llamado Teo, yacía el cadáver de una niña de 12 años. Era la 1.39 horas cuando recibió el aviso la Guardia Civil y al lugar se trasladó el juez de guardia. El cuerpo presentaba signos de violencia y pertenecía a una pequeña con domicilio en Santiago cuya desaparición había sido denunciada por sus padres apenas tres horas antes.

La Guardia Civil investiga ahora las circunstancias de la muerte y las primeras pesquisas descartan que la menor haya sido víctima de una agresión sexual. Según informaciones hechas públicas este domingo por la Cadena SER, los investigadores apuntan a que la niña santiaguesa pudo morir por asfixia. El caso está bajo secreto de sumario y en manos del juez de guardia, José Antonio Vázquez Taín, el mismo instructor que investigó la desaparición del valioso Códice Calixtino de la Catedral de Santiago en julio de 2011. Ayer por la tarde estaba previsto que se le efectuase la autopsia al cadáver de la niña.

Los investigadores sospechan que el punto donde se encontró el cadáver, la cuneta de una pista forestal ubicada en un lugar llamado Feros -perteneciente a un Ayuntamiento colindante con Santiago-, no fue el mismo en el que falleció la menor, a la que se le perdió el rastro el sábado por la tarde en la capital gallega, donde residía y estudiaba, después de las siete de la tarde. Un vecino de Cacheiras que pasó por el lugar donde apareció el cuerpo aproximadamente una hora antes del hallazgo, pasada la medianoche del domingo, aseguró no haber visto nada extraño en el camino.

Sin embargo, sobre la 1.30 horas una pareja de jóvenes que se dirigía a una fiesta patronal en la parroquia de Oza, ubicada a unos tres kilómetros, se topó en esa misma pista con el cuerpo de la niña, en un punto ubicado a menos de 200 metros de la carretera AC-841.

Los padres de la fallecida habían denunciado la desaparición de su hija a las 22.30 horas del sábado en la comisaría central de la capital de Galicia. La menor, de origen chino, había salido de la casa de uno de sus progenitores sin destino conocido alrededor de las siete de la tarde, pero ya no se volvió a saber nada sobre su paradero. Solo tres horas después de la denuncia familiar ante la policía, se produjo el hallazgo de su cadáver en el vial forestal de Teo, a unos siete kilómetros del centro de Santiago de Compostela.

El levantamiento del cuerpo se produjo a las siete de la mañana de ayer. Agentes de la Guardia Civil y del Laboratorio de Criminalística acordonaron la zona del municipio donde se encontró el cuerpo de la niña, un área muy próxima a una carretera general, y a lo largo de toda la jornada inspeccionaron el entorno en busca de pistas que puedan llevar a esclarecer el suceso. El juez José Antonio Vázquez Taín ha decretado el secreto de sumario.

La noticia del hallazgo del cadáver de la menor en una de sus parroquias conmocionó a los vecinos de Teo, una localidad del cinturón compostelano con unos 18.000 habitantes. El alcalde, Martiño Noriega, se afanó en transmitir un mensaje de «tranquilidad» y «confianza en la investigación» con el fin de que no se extienda la alarma. Las investigaciones del homicidio están en manos de los agentes de la Guardia Civil de A Coruña.

El trágico suceso ocurrido en Santiago es la segunda muerte violenta pendiente de aclarar registrada en la provincia de A Coruña en los últimos 20 días. Una vecina de Cabanas, un pequeño municipio situado entre A Coruña y Ferrol, fue hallada muerta el pasado 2 de septiembre en una zona boscosa a 400 metros de su domicilio. Elisa María Abruñedo, de 46 años, había salido a pasear sola por el entorno de su casa pero nunca volvió. Un amplio dispositivo de búsqueda rastreó el área durante horas cuando su familia denunció la desaparición. Su cuerpo presentaba señales de que había sido violada y apuñalada. La investigación sigue abierta sin que por el momento se hayan producido detenciones.


Detenida la madre de la niña fallecida en Santiago por un presunto delito de homicidio

Ujué Foces / Agencias – Farodevigo.es

24 de septiembre de 2013

Rosario Porto, la madre de Asunta Basterra, la niña de 12 años que fue hallada muerta el pasado domingo, permanece en el Cuartel de la Guardia Civil de Lonzas, en A Coruña, donde llegó en torno a las 14.00 horas de este martes tras haber sido detenida en Santiago por un presunto delito de homicidio, a raíz de las «incoherencias» percibidas en su testimonio en relación a la desaparición de su hija adoptiva.

Esta conocida abogada de Santiago de Compostela fue detenida por la Guardia Civil en el entorno del mediodía de este martes, después de que se celebrase en el compostelano tanatorio de Boisaca la incineración del cuerpo de Asunta y fue conducida al cuartel de A Coruña, donde inicialmente podría permanecer durante 48 horas.

Al tratarse de una detención de carácter policial, es decir, no ordenada por el juez, Rosario Porto podría estar en dependencias de la Benemérita hasta 48 horas, pero en caso de que considere que exista una «causa justificada», podría ampliarse este plazo a 72 horas, según han informado a Europa Press fuentes judiciales.

Como por el momento se trata de una «detención policial» aún no se sabe cuándo podría pasar a disposición judicial. En principio, está previsto que pase, al menos, esta jornada en dependencias de la Guardia Civil, a la espera de que preste declaración si es que accede a ello.

En su primera declaración, Rosario Porto, abogada y excónsul de Francia en Galicia, contó que a principios de verano sorprendió a un hombre dentro de su casa, ubicada en una céntrica calle de Santiago, que había intentado asfixiar a la menor pero, al percatarse de su presencia, el presunto agresor huyó.

Pese al incidente, la madre no presentó denuncia por estos hechos, han detallado a Efe fuentes de la investigación, que han considerado extraño tanto este relato como otros datos aportados por Rosario Porto.

La investigación en las últimas horas ya se centraban en el entorno más próximo de la menor, pues algunos indicios apuntaban que los responsables de lo ocurrido podrían encontrarse entre su círculo familiar. Además, se ha procedido a revisar pormenorizadamente las cintas de las cámaras de seguridad del centro compostelano, por donde se habría movido la menor antes de su desaparición, una niña de origen chino adoptada cuando tenía menos de un año de edad por la pareja que formaban la abogada Rosario Porto y el periodista Alfonso Basterra.

Esta mañana, la portavoz de la familia, Tareixa Navaza, en una conversación con Radio Galega desmentía primero la noticia para después matizar que no le constaba la detención porque la madre, dijo, acaba de salir del tanatorio. Lo que incrementó la confusión por el arresto.

Autopsia

La autopsia apunta que Asunta Basterra falleció sobre las 9 de la noche del sábado, apenas una hora después de que según su familia saliera de casa con sus llaves, y hora y media antes de que sus padres denunciaran su desaparición.

Los investigadores trabajan con la hipótesis de que se produjo una muerte violenta, si bien el cuerpo de la niña no presentaba golpes ni marcas de estrangulamiento, por lo que no se descarta una muerte por asfixia. De todas formas serán los análisis biológicos y toxicológicos de muestras remitidas a Madrid las que esclarecerán lo ocurrido.

Una vez realizada la autopsia en el Instituto Anatómico Forense de Santiago de Compostela, el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Santiago de Compostela, José Antonio Vázquez Taín, acordó ayer entregar a la familia el cadáver de la niña, así como de sus objetos personales. Hoy mismo será incinerada.

Abatimiento en el instituto de la menor

El instituto en el que estudiaba la niña de 12 años hallada muerta el fin de semana, el IES Rosalía de Castro, ha suspendido todas las actividades programadas para esta tarde, tanto las lectivas como las deportivas o de otro tipo, con el fin de facilitar que alumnos, profesores y trabajadores puedan acudir al funeral de la menor, que se celebrará a las 20.30 horas en una iglesia de la zona nueva de Santiago.

Pesar e incredulidad eran las sensaciones que expresaban los rostros de unos 900 compañeros de Asunta durante la concentración silenciosa que realizaron ayer en el patio del instituto donde estudiaba la menor.


El padre, detenido por el homicidio de Asunta

Xurxo Melchor / José Manuel Pan / Nacho Mirás – Lavozdegalicia.es

25 de septiembre de 2013

Alfonso Basterra, el padre de la niña asesinada en Santiago, acaba de ser detenido por la Guardia Civil imputado por homicidio, como ya lo está su exmujer, Rosario Porto, que permanece detenida desde el mediodía de ayer. Ambos estuvieron presentes en el registro efectuado en la casa que Rosario tiene en Teo, cerca de Santiago, y que está situada a apenas tres kilómetros del lugar en el que apareció el cadáver, y donde la investigación cree que pudo morir Asunta. El registro, que duró casi siete horas, terminó poco después de las 19.30 horas.

El padre de la niña está siendo conducido por la Guardia Civil hasta la Comandancia de A Coruña. Una comitiva integrada por un primer coche sin rotular y con una sirena, otro de la Guardia Civil y un tercer vehículo marca Mini en el que el padre de la niña se había reincorporado esta tarde al registro salieron de la casa camino a Lonzas. Con la detención de Basterra, la investigación anuncia que no se llevarán a cabo más indagaciones en otros inmuebles de la pareja. Los padres de la niña no prestarán declaración mañana ante el juez.

A primera hora de la mañana, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia había comunicado que el padre de Asunta, Alfonso Basterra, estaba también imputado por homicidio en el marco de la investigación de la muerte de la niña el pasado sábado, aunque permaneció en libertad toda la mañana.

A primera hora también, un coche camuflado de la Guardia Civil trasladó a la madre de la niña desde los calabozos de Lonzas en A Coruña, donde pasó la noche, a los juzgados de Santiago. Hacia las once y cuarto de la mañana, y también en un coche camuflado, Rosario Porto fue trasladada para participar en un registro en la casa familiar de Teo (muy cerca de donde fue encontrado el cadáver de la niña), a donde llegó a las 11.43. En el registro también estuvo presente el padre de la pequeña, Alfonso Basterra, a quien el juez había citado como imputado para garantizar sus derechos legales durante la práctica de esta diligencia, y quien llegó a la casa en en un taxi a las once y media.

El padre de Asunta salió de la vivienda de Teo sobre las 15.10, acompañado de su abogado, para volver momentáneamente al centro de Santiago y regresar a Teo una hora después para continuar con el registro. Alfonso Basterra llegó al domicilio donde Asunta y Rosario vivían en la calle Doutor Teixeiro, en el Ensanche compostelano, solo y en un taxi que le dejó delante de su casa. Tras permanecer allí algo menos de una hora, volvió a salir y, sin responder a las preguntas de los numerosos periodistas concentrados en su casa, apuró el paso para reunirse en la calle A Rosa con su abogado. El letrado dijo no poder responder a las preguntas, pero comentó que intentaría hacerlo en las próximas horas, informó Marga Mosteiro.

Cuando Alfonso Basterra salió por primera vez de la vivienda donde se sospecha que pudo morir Asunta también lo hizo el juez Vázquez Taín. Dentro de la casa de Teo (que ya fuera registrada el domingo y donde se encontró la cuerda naranja que puede relacionar a Asunta con la casa) prosigue el registro con la presencia de la madre de la niña, la policía judicial y el equipo especializado en homicidios trasladado desde A Coruña.

El registro comenzó a las doce del mediodía y se prolongó hasta pasadas las 19.30. Sobre esa hora, la Policía Científica abandonó en una furgoneta la casa de Teo. También salía, en un Citroën negro con sirena policial, la madre de la niña. El padre se había marchado de la vivienda una media hora antes, también en un coche policial de paisano y escoltado por la Guardia Civil. Entre ambos progenitores ha abandonado la casa la secretaria judicial, que estuvo presente en los registros durante toda la jornada.

El juez José Antonio Vázquez Taín se unió al equipo de investigadores a las 14.40 horas. Rosario Porto fue detenida ayer a la salida del tanatorio en el que fueron incinerados los restos de Asunta después de que una cámara de seguridad la grabase junto a su hija en el coche, en dirección a Teo, a una hora en la que supuestamente la niña ya había desaparecido. El cadáver de Asunta apareció en una pista forestal de Teo el pasado sábado por la noche.


Los análisis demuestran que Asunta recibió una dosis letal de ansiolítico

P. S. / S. R. Pontevedra / Jesús Duva – Elpais.com

4 de octubre de 2013

Las pruebas toxicológicas realizadas al cadáver de la niña Asunta Basterra Porto, que fue fue hallada en un camino forestal de Teo (A Coruña) en la madrugada del pasado 22 de septiembre y de cuyo homicidio se acusa a sus padres, revelan una cantidad letal de lorazepam, un ansiolítico cuya marca comercial más conocida es Orfidal. Según fuentes vinculadas al caso, los análisis arrojan un índice de 0,68 miligramos por litro de sangre (o lo que es lo mismo, 0,68 microgramos por mililitro) frente a la que, explican las mismas personas, se consideraría «normal» o fuera de riesgo para la salud: 0,04mg/l. Una cantidad 17 veces inferior.

Según el psiquiatra forense y toxicólogo José Cabrera Forneiro, consultado por El País, «unos niveles de 0,68 microgramos por mililitro en sangre de lorazepam implican necesariamente toxicidad cercana a la posibilidad de morir, y más aún en niños menores de 12 años». Cabrera añade: «Solo en la experiencia clínica con intentos de suicidio en adultos hemos encontrado niveles máximos de 0,60 microgramos por mililitro tras ingerir unas cinco cajas completas del medicamento». El lorazepam está contraindicado para los menores de 12 años. Asunta murió en la tarde del sábado 21, cuando le faltaban 10 días para cumplir 13 años.

«Si en el análisis de sangre inicial de la niña se encontraron 0,68 microgramos por mililitro de lorazepam, eso en términos forenses significa tres cosas irrefutables», sigue exponiendo el psiquiatra forense, autor del libro Toxicología de los psicofármacos: «La primera es que tuvo que ingerir una cantidad equivalente a varias cajas del medicamento; la segunda, es que quien lo hizo, lo hizo con la intencionalidad de acabar con la vida de Asunta; y la tercera, es que transcurrió poquísimo tiempo entre la ingesta del medicamento y el fallecimiento».

Fuentes próximas a la investigación sugieren que la dosis de lorazepam, un principio activo del grupo de las benzodiazepinas, podría haberle provocado a Asunta un «estado semejante al coma etílico». Las mismas fuentes advierten de que, en las declaraciones recabadas estos días, un testigo relató a los investigadores que la niña le había dicho que en su casa le daban «unos polvos blancos», en referencia a algún medicamento. No obstante, estas personas insisten en que la niña estaba «completamente sana» y no necesitaba ningún tipo de fármaco, «ni para el asma ni para nada». Desde la detención de los padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra, distintos profesores de la niña han revelado episodios anteriores en los que Asunta no se encontraba en condiciones de asistir a clase. El 16 de julio pasado llegó muy mareada a la academia de música y permaneció todo el rato tumbada. Tres días antes de morir, su madre excusó la asistencia de la niña al gimnasio donde practicaba ballet, mediante un mensaje de SMS en el que indicaba que la chiquilla había tomado pastillas y estaba «KO».

Si Asunta hubiese muerto como consecuencia de una dosis letal y no por asfixia, fuentes de la investigación apuntan que es posible que fuese maniatada «inmediatamente después de morir para así poder trasladar el cadáver fácilmente» hasta un camino forestal. «Atándola tan pronto, con el cuerpo aún caliente, la autopsia no habría podido establecer si las marcas de las cuerdas en muñecas y tobillos son premortem o postmortem».

La policía judicial de la Guardia Civil busca saliva de la niña en cojines y en varios peluches que los agentes se llevaron de las casas de la familia para determinar si fue asesinada por sofocación con alguno de estos objetos. En la primera inspección de la Guardia Civil al chalé de Teo (A Coruña), la misma noche en que se halló el cuerpo, fue hallado en una cesta un fragmento de cuerda anaranjada, similar a que se localizó junto al cadáver, así como un pañuelo y una mascarilla.


«¿Qué mató al ‘pajarillo’?»

Manuel Jabois – Elmundo.es

9 de octubre de 2013

Rosario Porto sale de la cocina en la que está con su ex marido Alfonso Basterra, Tati, la madrina de Asunta, vieja amiga de sus padres y tres personas más; una de ellas, familiar de Cunqueiro, madre de dos hijos chinos adoptados.

Porto, una mujer extremadamente menuda, afectada por una enfermedad, lupus, se echa a los brazos de una nueva visitante. Lo cuenta dos días después una de las personas que está en la casa familiar de la calle Doutor Teixeiro. Van saliendo todos de la cocina y se dirigen al salón sin encender las luces. El piso es una casa sin cadáver, propiedad de una familia amputada.

Es domingo por la tarde y la hija de Charitín y Alfonso, como se les llama en la intimidad, ha aparecido muerta. En esa casa, supuestamente, nadie sabe cómo ni por qué. La preocupación de Alfonso Basterra, un periodista que trabajó en medios como El Correo Gallego, Cope y Expansión, es que su «pajarillo» no haya sufrido. Se abalanza sobre sus amigos en el salón para preguntar si Asunta lo habrá pasado mal en los momentos finales. Le responden una y otra vez que no, que seguramente se murió de un golpe seco o que ese golpe la dejó inconsciente.

Charo Porto se levanta y se sienta cada dos por tres, aturdida. Tanto ella como Alfonso están molestos por el interrogatorio de la Guardia Civil. Consideran que no fueron bien tratados. Dicen allí, en el salón, que les hicieron sentirse culpables. Una psicóloga amiga llama a la casa (ni Charo ni Alfonso contestan a sus móviles, sólo se atiende al fijo, que siempre coge uno de los amigos) para preguntar qué tal están. Se le contesta que hundidos e impactados por el interrogatorio. Diles que no se asusten, pide. Que esto es el procedimiento y tienen que preguntar con el mayor rigor al círculo más íntimo, en todos los casos es así, concluye. Pero el matrimonio ha tomado una decisión: ya sólo hablarán con el juez, no quieren saber nada de la Guardia Civil.

Primera niña adoptada en Santiago

Todos sudan por el calor que hay en el piso menos Charo, que tirita. Varias familias ese domingo a primera hora se despertaron con una llamada. «¿Estás despierto? Lo siento. Tengo una malísima noticia», escucha uno de los amigos del matrimonio en cama. Se levanta de un salto, también su mujer. «Qué pasa, qué pasa».

«Esa niña que dicen en el telediario que apareció muerta en Teo. Es la hija de Charitín y Alfonso. Es Asunta». Asunta Basterra Porto. Como para no conocerla. La primera niña china que se adoptó en Santiago, hija de un matrimonio popular en la ciudad; casi como en un cuento, «una exquisitez de niña». Uno de los temas de conversación que más agradaba a sus padres era Asunta; pocos amigos se dirigían a ellos sin mencionarles el privilegio que tenían por criar a alguien así. «Siempre, en cualquier parte, como te encontrases a Charo y a Alfonso, era imposible no hablarles de la niña. Que la viste aquí o allá y que es maravillosa. Que se está poniendo guapísima. Que es inteligente como ninguna otra niña de Santiago».

Los dos, cuentan sus amigos, se iban con el pecho inflado. Si estuviese vivo Francisco Porto Mella, se reconocería fácilmente en ellos. Él también pavoneaba de hija primero y de nieta después. A los 12 años Asunta dominaba varios idiomas, iba un curso adelantada, hacía danza clásica, tocaba el piano y escribía. Había comenzado un blog en inglés junto a su profesora, Sophie Elisabeth Paton, en el que narra dos asesinatos en una familia feliz. Sophie Elisabeth es una chica inglesa cuyo domicilio aparece en Curante Vello, una aldea a 10 kilómetros de A Estrada (Pontevedra).

Como actividad económica consta que vende semillas y piensos, pero a sus pocos vecinos de esta aldea del rural semidesierta no les consta que comerciase con nada. Era una profesora de inglés que trabajaba en Santiago. Unos dicen que en abril anunció que volvía a su país, otros, que simplemente dejaron de verla desde antes del verano. El blog que empezó con Asunta es de julio de 2012.

Porto Mella, un hombre de baja estatura, abogado que hizo fortuna y prestigio a finales de los 70, habitual en actos culturales y saraos sociales como el premio al Gallego del Año, cortés hasta el extremo, dulce y avaro como su hija («abrían la cartera dentro de casa», dice gráficamente un periodista), adoraba a Charo. Era su única hija. Ella estudió Derecho por él, heredó el consulado honorario de Francia en Santiago por él, también su despacho de abogados y en cada acto al que acudían y ella tenía que hablar, Paco Porto asediaba en el cóctel al primero que veía: «¿Cómo la viste, qué tal estuvo?».

Siempre se le contestaba la verdad: que Charo había hablado con soltura y él se retiraba orgulloso. Estaba casado con Curro, Socorro Ortega Romero, una profesora de Historia de Arte que dio clases en el instituto Peleteiro y en la Universidad de Santiago. Era miembro de la Real Academia de las Bellas Artes y presidía la asociación de antiguos alumnos de la USC. Tan popular como su marido, la muerte de Curro fue reseñada por La Voz de Galicia, que informó de su fallecimiento repentino en casa y recordaba sus publicaciones sobre el barroco de Santiago o la vida de Miguel Ferro Caaveiro, maestro de obras de la catedral.

Cuando muere Curro, el 10 de diciembre de 2011, la relación entre padre e hija se estrecha. El hombre fallece siete meses más tarde que su mujer, a los 88 años. Su vida de los últimos años tuvo una protagonista: Asunta. La paseaba por la Alameda y por el centro; su devoción por la niña era absoluta. Un viejo amigo de él dice el viernes en Santiago: «Yo lo quería y lo estimaba mucho, por eso te digo: menos mal que está muerto».

La vida de Charo cambió a la muerte de su padre. Dejó su despacho de abogados, dejó a su marido y, sobre todo, se agravó su enfermedad, el lupus. Este verano habló con una amiga y le dijo que le tenía que contar algo: que había estado ingresada debido a un recrudecimiento de su mal. Le dijo, también, que estaba preocupada porque a veces los enfermos de lupus, cuando estos brotes son fuertes, tienen derivaciones neurológicas fuertes. Un amigo de Charo cuenta que en los últimos tres meses padecía «algo parecido a una depresión».

Problemas de liquidez

Gente de su círculo habla de sus problemas económicos; la abogada tenía problemas de liquidez. Mantener la enorme finca de Teo, los pisos de Santiago y el piso de Vilanova de Arousa le costaba un dineral. Por eso quiso vender la casa familiar de Teo. La puso a la venta, pero el precio fue inasumible para los compradores. No eran tiempos propicios.

La casa se retiró discretamente del mercado. Pero Charo necesitaba dinero: había encargado a una arquitecta el derribo interior del piso de sus padres y pretendía adaptarlo a las necesidades de ella y de su hija. Iba a ser la casa en la que las dos siguieran su vida tras la separación de Charo y Alfonso. Un día antes del verano, sin embargo, llamó a una amiga por teléfono para anular una cita que tenía con ella. Le dijo que estaba allí porque tenía que frenarlo todo. Que no podía seguir con la obra de la casa, que no le daba para más el dinero.

Unos meses después, su círculo íntimo ve a Charo deambulando por su piso sin saber nada del cadáver de su hija. Cuatro forenses trabajan en la autopsia. De repente suena el teléfono de Alfonso. Ve la pantalla y esta vez coge. Es José Manuel Rey Nóvoa, director de El Correo Gallego, periódico en el que trabajó Basterra. Le dice que ha acabado la autopsia y no han encontrado nada. Alfonso musita algo y cuelga. Comunica la noticia al resto de la casa. «¿Cómo nada? Eso es imposible. Tuvo que morir de algo, no se pudo morir sola», se concluye. Alguien decide llamar a la psicóloga que se había comunicado antes con ellos. Ésta les dice, cuenta uno de los presentes, que aunque se haya muerto de un infarto, tiene que saberse igual el motivo.

Esta mujer tiene una amiga que resulta ser una responsable del Instituto Forense. Mueven hilos para llegar a ella. Finalmente acceden. Les comunica que aunque la autopsia haya terminado, no les van a decir nada a los padres. Le explica que por procedimiento, los forenses hacen un informe, se lo dan a la policía y la policía al juez, pero no se comunica antes a nadie. Se les informa de que pueden hablar, si quieren, con el juez, pero no con los forenses ni con la policía. El juez los va a recibir; el juez les contará hasta donde pueda.

De pronto alguien cae en la cuenta de que los padres de Asunta deberían empezar a pensar qué hacer con el cuerpo de la niña cuando se lo entregue la policía. Ni Charo ni Alfonso saben de qué les están hablando. Miran a sus amigos con cara de «qué cuerpo, qué Asunta». Parecen a punto de entrar en un universo paralelo.

Pasan las 10 de la noche del domingo y el matrimonio lleva sin dormir desde la noche del viernes. Es el momento en que Charo Porto dice mirando el piano que tocaba Asunta: «Yo aquí no me quedo porque cojo un hacha y lo destrozo». Una de las psicólogas a las que consultan les dice que llamen a la policía y comuniquen las direcciones de las casas en las que van a estar durmiendo para que sepan dónde localizarlos. Habían llegado ya noticias de que el portal estaba lleno de periodistas. El grupo decide arropar al matrimonio. Alguien repara en que Porto sigue temblando pese al calor. Le piden que vaya a la habitación a buscarse algo con lo que abrigarse y también ropa para el día siguiente. Dice levantando la voz que ella no puede entrar en ninguna habitación, que no puede estar allí. La madrina de la niña, Tati, le pone una chaqueta por encima.

Al día siguiente, lunes, el tanatorio parece en boca de uno de los amigos de la pareja «la toma de posesión de Obama». Ese día, ya de noche, a punto de tirar la toalla («no sé qué más decir, todo lo que viene ahora es morbo»), la periodista Navaza cuenta que de mañana la sorprendió la llamada de Charo. «Quiero pedirte un favor muy especial y entenderé que me digas que no, y te seguiré queriendo igual», le dice. Quiere que ejerza de portavoz de la familia. La «toma de posesión de Obama» los ha desbordado. «Dije que sí», decía esa noche Navaza. «De toda mi vida periodística, es el peor cometido que tuve nunca», le dijo en directo a Fernando Ónega.

«Yo conozco este periodismo», diría horas después. «Yo sé que buscan alimentar horas y horas, y yo no podía tener información para llenar ese tiempo porque lo que había era lo que dije: una familia idílica a la que habían matado a su niña, nada más». Navaza le arrancó un par de sonrisas a Charo Porto. Cuando le dijo que le estaba contando a los medios que el que se encargaba de cocinar en casa era Alfonso («me estás arruinando el caché», respondió Charo) y cuando le advirtió que ella también iba a necesitar, como Charo, orfidal, pero que preguntó en una farmacia y le dijeron que se lo había llevado todo la señora Porto. Sonrieron. «Hay gente que la condenó por las risas en el registro. No es posible estar 72 horas llorando. Hasta por nervios te ríes», decía esa noche del lunes. Navaza se retiró de los micrófonos un día después y se encerró en su casa. Antes dijo: «No quiero pensar en nada. Ya dudo de todo. Eso sí, me gusta que a la gente la condene antes un juez, nadie más».

El martes por la mañana se produce la siguiente escena. Un hombre alto de ojos claros se encuentra hablando con Charo; la charla la interrumpe una amiga de ella, que es la que cuenta la escena: «¿Me la deja un momentito, que tengo que preguntarle una cosa?». El hombre accede con amabilidad. Esta mujer le pregunta a Charo por un supuesto asalto en verano a su casa en el que un individuo, oculto con un pasamontañas y con guantes de látex, trató de matar a su hija asfixiándola; que este individuo salió a la fuga, y que tras hablar con su ex pareja, Charo decidió no denunciar para no causar trauma a la niña. Tan delirante historia había dejado helados a muchos conocidos de ella. La mujer le pide explicaciones con suavidad. «¿Pero es que os atacaron en julio?». Porto dice que sí y repite lo dicho en la declaración policial. La mujer se sorprende: lo que Charo había contado a sus amigos es que un hombre había entrado a casa de sus padres a robar, no que un desconocido quisiera matar a su hija en su propia cama.

Cuando terminan de hablar, Charo retoma la conversación con el hombre alto de ojos claros. Van conversando los dos mientras caminan juntos hacia el jardín. Allí se suben a un coche, que arranca. Charo Porto acaba de ser detenida por la muerte de su hija de 12 años. La testigo de la escena se sorprendería, horas después, de «la delicadeza» del policía.

Alfonso Basterra, cuya familia vasca sitúan sus amigos en Burgos, se comunica con una persona cercana el martes por la mañana. «Yo creo que Charo es inocente», le dijo Basterra. «Pero claro, siempre que se llevan a una niña secuestrada abusan de ella y nuestra niña estaba perfecta sin daño y preciosa».

La separación de los dos fue decisión de ella. Él, dicen amigos comunes, quería la reconciliación. Y son varias personas las que coinciden en destacar su dependencia de ella, tanto emocional como económica. Era un miñaxoia (un «mi joya»), una persona cándida, pausada. Un témpano que no transmitía tristezas ni alegrías. Asumió la casa cuando llegó la niña y pasaba más tiempo con ella que Charo. La noche anterior al crimen estuvo corriendo por la Alameda junto a un amigo. Relajado, de buen humor. Su gente en Santiago dice que la separación lo dejó arrasado, que no entendía nada; su desconcierto era absoluto. Charo Porto, cuando un amigo le preguntó por la separación, sorprendente para todo el mundo por lo felices que parecían juntos, dijo que ella había sido una persona muy bien educada, que había aprendido a aparentar felicidad y a no alimentar rumores, pero que una cosa era lo que mostraba de su vida y otra lo que verdaderamente era.

Yo no exteriorizo, dijo.

Exigía mucho a la niña

Hay poca gente que hable mal de Charo Porto y de Alfonso Basterra en Santiago. En la sala de juegos Squash, donde la niña celebraba sus cumpleaños, la recuerdan atenta, educada y habladora. Entre los abogados, como una mujer emprendedora. Ha estado en las asociaciones de padres primero del colegio y luego del instituto Rosalía de Castro, donde era una de las voces cantantes. Y en el Ateneo también volcó su pasión cultural, como en el consulado. Políticamente se significaba de izquierdas, republicana. En el instituto un par de profesores la recuerdan porque exigía mucho de la niña. A pesar de que Asunta iba un curso por delante, si había un bajón en alguna asignatura se presentaba al profesor para saber qué había pasado y de qué manera se podía corregir. La semana pasada, la niña se presentó con un justificante de su madre en el que se decía que el médico le había recetado un medicamento que le daba náuseas y que, en caso de que vomitase, no se preocupase. En julio se presentó en su escuela de música con vómitos y adormilada, según dijeron dos profesoras a la Policía Judicial y publicó El Correo Gallego.

El camino de Cacheiras, en la parroquia de Montouto del Ayuntamiento de Teo, a cinco kilómetros de Santiago, es una pista a medio asfaltar rodeada de bosque. Se trata de una zona rural privilegiada, solitaria, con buenas casas repartidas aquí y allá. Un día, meses atrás, Charo Porto fue a la vivienda más cercana a la suya para dar las gracias porque en esas zonas siempre están pendientes unas casas de otras para que no se produzcan robos. La niña devoró queso y salchichón («le encantaba el salchichón, parecía que se iba a comer hasta el cordel», cuenta una mujer presente). No cuesta imaginarse allí con brumas y entre lluvia, bajo la noche, los parajes descritos por Fernández Flórez en El bosque animado. Hay robles, eucaliptos y pinos, y el suelo es una alfombra de hojas. Una cinta de la Guardia Civil abandonada sobre una madera recuerda que se trata del escenario de un crimen. Aquí fue depositada Asunta ya muerta. Había pegado un estirón el último año. En el piso de la calle Doutor Teixeiro, cuando un grupo reducido de amigos acompañaba el domingo a Charo Porto y Alfonso Basterra en el duelo, uno de los presentes recuerda que la madrina de Asunta, Tati, dijo que tenía que ir a Vilanova de Arousa, el piso que la familia tenía en la playa. Le preguntaron por qué y contestó que todos los veranos, desde bebé, medía a la niña en la pared y dejaba allí la marca en lápiz. Tengo que ir y borrarlo todo, dijo.


Hallan restos de semen en la camiseta que vestía Asunta el día de su muerte

Marcos Sueiro – Elmundo.es

10 de octubre de 2013

La camiseta de la niña Asunta Basterra tenía restos de semen cuando fue hallada muerta, informan fuentes de la investigación a ELMUNDO.es. Las mismas fuentes señalan que no sería del padre, Alfonso Basterra, que actualmente está en prisión por presunto homicidio, al igual que la madre de la pequeña.

Los investigadores están analizando los restos biológicos para determinar su origen. Tienen claro que no se corresponden con el ADN del padre y tampoco con las personas que encontraron el cadáver. Hay que recordar que la autopsia reveló que la menor de 12 años no había sufrido agresión sexual.

No se descarta que se trate de una transferencia accidental de alguna persona que tocara el cuerpo y, por tanto, que no pertenezca al autores o autores materiales de la muerte. El juez envió a los padres a la cárcel como presuntos responsables de haber sedado y asfixiado a la niña que habían adoptado.

El Tribunal Superior de Justicia de Galicia ha señalado horas después en un comunicado que se desconoce el origen de los restos de flujos y apuntaba que los resultados de los análisis previos no son concluyentes.

Por otra parte, según informa el diario gallego, La Voz de Galicia, los investigadores han tomado muestras biológicas de una tercera persona para analizar su ADN tras hallar restos biológicos en la camiseta de la niña. Esta persona sería un empresario amigo de la madre, Rosario Porto, del que no ha trascendido su identidad.

Según el diario gallego, la decisión de tomar estas muestras se debe a que el hombre se habría presentado voluntario para despejar cualquier duda sobre su posible implicación en el crimen de la niña que apareció muerta hace dos semanas una pista forestal de Cacheiras, en Teo.

En el lugar donde se halló el cuerpo se realizó una detallada inspección ocular donde se hallaron trozos de cuerda, que más tarde se comprobó era similar a la encontrada en la casa de Teo de la familia, colillas y «restos biológicos de varón en la camiseta de la niña que no corresponden a Alfonso Basterra».

El juez Taín ha solicitado muestras de ADN de varias personas, entre los que se encuentra este empresario, al que al parecer el magistrado ya ha tomado declaración. Se trata, según el programa Espejo Público de Antena 3, de un hombre de unos 50 años con el que la madre de Asunta contactó por su buen nivel de francés, indispensable para desarrollar sus negocios en Marruecos.

El magistrado decretó el pasado día 27 el ingreso en la cárcel coruñesa de Teixeiro de los progenitores de la niña, Rosario Porto y Alfonso Basterra, imputados por la presunta comisión de un delito de homicidio, con la posibilidad de elevar esta calificación a asesinato en función de los resultados de los análisis toxicológicos, que según fuentes próximas al caso habrían revelado dosis extremas de un ansiolítico.

El juez justifica el encarcelamiento del padre al considerar que el periodista estaba con la menor en las horas en las que sufrió la «ingesta forzada de fármacos» y también en «dos incidentes anteriores» de similares características.

Vázquez Taín ve «clara» la participación de Porto en la muerte de la pequeña y cree también que estaba con ella cuando se produjo su fallecimiento, según recoge en el auto remitido a la defensa de los imputados.

Para el juez, esta implicación «queda clara» por los «elementos expuestos» por el Ministerio Público, que da por reproducidos y que califica como «brillantes argumentos» para su solicitud de prisión. Además, argumenta que «a la hora que, presuntamente, se produjo el fallecimiento» y, «atendiendo al contenido gástrico», según las pruebas forenses practicadas, «todo apunta a que estaba con la imputada».

Sin embargo los abogados de la defensa entienden que el auto de prisión no está justificado y han aconsejado a sus clientes que no participen en ninguna otra diligencia hasta que se levante el secreto del sumario. De momento los padres de la pequeña son las únicas personas sobre las que se ha emitido una resolución judicial y a las que se le atribuyen responsabilidades penales.


El pelo de Asunta Basterra revela altas dosis de sedante en julio y antes de su muerte

Efe – Elmundo.es

18 de octubre de 2013

Los análisis toxicológicos realizados a la niña Asunta Basterra Porto han revelado que estaba siendo sedada, con picos elevados el pasado mes de julio y en las horas previas a su muerte, que se produjo el pasado 21 de septiembre.

El avance del examen que se ha efectuado del pelo de la menor revela qué drogas ha podido tomar la víctima y si el consumo era ocasional o de continuo, según han informado fuentes de la investigación, que han indicado que en los tres meses anteriores al crimen la pequeña de 12 años consumía un ansiolítico, Lorazepam.

Lorazepam es un tranquilizante de la familia de los benzodiazepínicos cuya marca comercial más conocida es Orfidal, un fármaco que se utiliza para tratar estados de ansiedad y siempre bajo prescripción médica.

Las concentraciones más elevadas que se han observado en el pelo de Asunta Basterra se sitúan al inicio del verano, cuando dos profesoras de la víctima se percataron de sus estados de somnolencia, y en la jornada en la que murió, cuando se da el registro más llamativo, la dosis fue extrema y prácticamente letal.

La pediatra de la niña ha declarado en la instrucción que Asunta Basterra no era alérgica, frente a lo manifestado por sus padres, que contaron en su día a los docentes que por su condición de alérgica debía tomar una «fuerte medicación» que la dejaba aturdida.

Elevada a asesinato la imputación

La imputación que pesa sobre Rosario Porto y Alfonso Basterra, los padres de la niña hallada muerta en una pista forestal en la madrugada del pasado 22 de septiembre, se ha elevado de homicidio a asesinato casi un mes después de que se localizase su cuerpo sin vida, al apreciar que existió premeditación en el crimen.

El magistrado instructor, José Antonio Vázquez Taín, ya había anunciado el día en el que les imputó que podría cambiar el cargo en cuanto tuviese las conclusiones de los mencionados exámenes, en función de si hubo o no premeditación.

El fiscal asignado al caso, Jorge Fernández de Aránguiz, «tras hacer un relato de los hechos» los ha calificado este viernes de asesinato, «al entender que existen las agravantes de alevosía y parentesco».

El juez ha citado esta mañana a los acusados para poner en marcha el trámite legal contemplado en todo proceso que se dirime por un jurado popular.

Después de la comparecencia, tanto el magistrado como los imputados y sus respectivos abogados se han desplazado a la casa familiar de Teo (A Coruña), situada a escasos kilómetros del talud en el que dos viandantes hallaron el cadáver de la niña, para efectuar un nuevo registro orientado a «recoger algunos objetos».

Tercera inspección en la casa de Teo

La casa ya ha sido inspeccionada en otras dos ocasiones, la primera en las horas posteriores al crimen, y en su interior se halló una cuerda anaranjada como la que apareció junto al cuerpo sin vida de Asunta.

Los estudios sobre la composición química han permitido comprobar que las fibras de los cordeles encontrados junto al cadáver de Asunta y las del rollo localizado en ese registro son coincidentes.

El segundo registro de la casa se hizo tres días después y tras el mismo se ordenó detener a Alfonso Basterra, después de que Rosario Porto fuese arrestada antes, justo al finalizar la ceremonia de cremación de Asunta.

Los imputados han vuelto este viernes a la casa de Teo con motivo de un nuevo registro, al que no podían negarse a asistir, como hicieron el pasado 4 de octubre, siguiendo el consejo de sus respectivos letrados, cuando fueron citados para una reconstrucción.

Hoy los agentes se han llevado de la vivienda bolsas con objetos y al lugar han acudido un electricista y un cerrajero. Fuentes de la investigación han dicho a Efe que existen varias «pistas falsas” que alguien ha ido dejando para que la muerte de Asunta pareciese otra cosa.

Rosario Porto y Alfonso Basterra, los padres adoptivos de la pequeña de 12 años, se encuentra en la prisión coruñesa de Teixeiro desde el pasado 27 de septiembre y esta mañana fueron conducidos a Santiago de Compostela para escuchar sus imputaciones.


«Tú y tus jueguecitos (…) ¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?»

Fernando Lázaro / Efe – Elmundo.es

30 de octubre de 2013

Rosario Porto: «Tú y tus jueguecitos». «¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?».

Alfonso Basterra: «Calla, que a lo mejor nos están escuchando».

Esta conversación se produjo en los calabozos del acuartelamiento de la Guardia Civil de La Coruña el pasado 25 de septiembre, en la primera noche que estuvieron allí Alfonso y Rosario, tras ser detenidos y acusados de la muerte de su hija Asunta, la niña de 12 años que había aparecido asesinada tres días antes.

No es habitual, pero en esta ocasión el juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, dio el visto bueno a que se grabaran todos los sonidos de aquella noche en las dependencias del Instituto Armado de la capital gallega. La Guardia Civil entendía que ese momento podía ser clave para apuntalar definitivamente sus sospechas.

Las tres frases no eran concluyentes per se, pero sirvieron para cerrar más el círculo de la implicación de ambos en la muerte de la pequeña. La noche fue larga y Alfonso y Rosario apenas intercambiaron frases. Pero dentro del silencio, del poco intercambio de frases que se produjo entre esta ex pareja (estaban separados, aunque llevaban una relación peculiar, según explicaron a El Mundo fuentes de la investigación), las resaltadas fueron consideradas por los investigadores policiales y judiciales como muy relevantes.

Porto no quiere ver a Basterra «ni en pintura»

A la espera de que se levante el secreto de sumario, desde la prisión coruñesa de Teixeiro, Alfonso Basterra reclama precisamente que se levante tal secreto para conocer qué pruebas existen contra él. En la segunda parte de una entrevista en El Correo Gallego -ayer se declaró inocente-, el padre de Asunta confía en la inocencia de su ex pareja y madre de la víctima, quien ha rechazado un encuentro en prisión entre ambos alegando que no quiere ver al que fuese su marido «ni en pintura».

Basterra, periodista de profesión, lamenta que «para colmo» la reserva sobre las actuaciones puede prolongarse más de un mes e indica que, en el caso de Rosario Porto, los indicios comprometedores contra ella «quizás no lo sean tanto».

«Sólo puedo decir -afirma- que confío en su inocencia, que deseo con todas mis fuerzas que pueda salir bien de este embrollo y que, pese a no ser religioso, pido a diario que sea así», cuenta al periodista que le visitó en el penal coruñés de Teixeiro.

La acusación que pesa sobre Rosario Porto y Alfonso Basterra, los únicos imputados, encarcelados desde el 27 del mes pasado y que han negado los hechos, se ha elevado de homicidio a asesinato y en el endurecimiento de la calificación han pesado las pruebas forenses -sangre, gástricas y de pelo- al revelar que Asunta era sedada con Lorazepam, un ansiolítico cuyo registro más alto corresponde al día 21, jornada en la que murió la pequeña.

Basterra, según informa este diario, habría cursado una petición para ver a Porto en la cárcel, que ella habría negado con un contundente «no lo quiero ver ni en pintura», con la intención de tratar «algunos aspectos» con ella.

A este periódico, en el que ha trabajado, Basterra le cuenta que un día pudo saludar a Porto «a distancia» y que una vez coincidieron y le pudo dar ánimos.

¿Para quién voy a cocinar?

También admite que compró él mismo «varias veces» este fármaco, cuyo principio activo es Lorazepam: «ni lo negué ni lo niego. Lo hice con recetas de la Seguridad Social y en una farmacia que tengo cerca de casa».

Volviendo a Asunta y a este tranquilizante, especifica, siempre partiendo de que lo que se cuenta es muy extraño, que si hubiese sido él y su deseo fuese «no dejar rastro», habría ido «a comprarlo a otra ciudad».

De su relación con Asunta, dice que era «fenomenal», que se veían mucho, «siempre que quería» al no haber un régimen de visitas, y que la menor comía muchas veces en su casa. «¿Para quién voy a cocinar yo ahora? Me he quedado solo en el mundo, absolutamente solo», se lamenta Basterra.


El sumario revela que el asesinato de Asunta fue un «plan concordado» de los padres

Marcos Sueiro / Agencias – Elmundo.es

20 de noviembre de 2013

El asesinato de Asunta Basterra fue «un plan concordado» entre los padres de la pequeña. El sumario instruido por el juez José Antonio Vázquez desmenuza la presunta participación de los padres en el crimen. Ambos progenitores tienen un papel protagonista en el planeamiento y posterior ejecución de la víctima.

El juez sostiene que Alfonso Basterra fue quien suministró «la dosis tóxica de Orfidal» el pasado 21 de septiembre. Según sostiene el instructor en el auto en el que ordena el levantamiento del secreto de las actuaciones, el padre «igual que había efectuado en ocasiones anteriores», suministró a la niña el medicamento «para privarla de toda voluntad y defensa y presuntamente facilitar la acción de asfixia, en un plan concordado».

En el auto se apunta que el progenitor aprovechó varias ocasiones que la menor pernoctó en su domicilio para «drogarla con altas dosis de Orfidal».

Tras la ingesta de los medicamentos por parte de la pequeña Rosario Porto asfixió a su hija cuando se encontraba en pleno letargo por el efecto del Lorazepam, un principio activo cuya marca comercial más conocida es Orfidal, informa Efe.

Acto seguido la madre trasladó el cuerpo a la pista forestal de Teo (A Coruña) dónde fue encontrado el cadáver.

La Guardia Civil de A Coruña ha logrado determinar, y así queda reflejado en el sumario, que Rosario Porto y Alfonso Basterra comieron juntos el sábado 21 de septiembre con Asunta. Después la niña y su madre se marcharon por separado.

Las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona han mostrado cómo Asunta es la que primero se va de aquella comida hacia su casa en un estado normal sin que hubiera indicios de que la niña fuera ya bajo los efectos de las drogas.

Autoría material e intelectual «perversa»

La instrucción considera probado que en el domicilio del padre de Asunta es donde se produjo la ingesta de tranquilizante, una elevada dosis para provocar un pasmoso aturdimiento, y también que existe una autoría material y otra intelectual y «perversa».

Según las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil tras la aparición del cuerpo de la niña en la pista forestal de Teo, el juez argumenta que Rosario Porto, «en connivencia» con Basterra, drogó a su hija «al menos» durante tres meses, y que le causó la muerte «por asfixia mecánica».

En el sumario se establece que tras la comida en el piso de Alfonso Basterra la niña y su madre salieron el piso de la calle Doctor Texeiro y se marchan en el coche de Rosario. Las cámaras muestran cómo Asunta va sentada en el asiento del copiloto y es la madre quien conduce.

A las 18.30 horas llegan a la casa de Teo donde presuntamente se produce el asesinato aunque el sumario no refleja la hora exacta de la muerte que pudo producirse pasadas las 19.00 horas. Dos horas después vuelve a conectarse la alarma de la casa de Teo.

Los investigadores creen que después, cuando ya anocheció, Rosario metió sola el cuerpo de su hija en el asiento trasero del coche para abandonarlo en la pista forestal de Cacheiras

No hay terceros implicados

El juez Vázquez Taín ha realizado en su auto una defensa de su propia decisión de mantener el secreto del sumario. Según argumenta el instructor era necesario obtener una «explicación fresca» de los posibles terceros sospechosos. Así, el juez señala que las diligencias de investigación practicadas con relación a los posibles terceros permitieron obtener una «versión fresca, natural, sin la contaminación previa de saber los investigados los indicios que constaban en la causa».

De este modo, en el auto se sostiene que no se han visto afectados los «datos objetivos» relativos a los indicios que vinculaban a terceras personas, en relación a datos telefónicos de dos investigados, la identidad del ADN de la camiseta de la niña ni otros que los tres hombres investigados «han tenido que explicar».

El juez entiende que «el secreto de las actuaciones ha cumplido plenamente su eficacia y, así, las declaraciones de los investigados y las comprobaciones efectuadas por la unidad investigadora, permiten afirmar con solvencia que los tres investigados son totalmente ajenos a los hechos», sostiene el auto.

Las indagaciones sobre el asesinato de Asunta fueron declaradas secretas desde el primer momento y, cuando se cumplió el primer mes, el fiscal de la causa pidió que se prorrogase un mes el secreto, solicitud que aceptó el juez instructor pese a que las defensas se opusieron al mantenimiento.

Entre los últimos análisis que estaban pendientes, se encontraban los telefónicos y los de biología pedidos en el marco de la instrucción.

Los padres de Asunta permanecen en la cárcel coruñesa de Teixeiro en prisión provisional imputados por un delito de asesinato. La Fiscalía elevó de homicidio a asesinato la tipificación de los hechos al entender que existen las agravantes de alevosía y parentesco.


Los padres de Asunta pactaron declararse inocentes mutuamente ante el juez

Efe / ABC.es

15 de diciembre de 2013

La abogada Rosario Porto y el periodista Alfonso Basterra, los padres de la niña hallada muerta el 22 de septiembre en Teo, municipio próximo a Compostela, pactaron declararse inocentes mutuamente en cada comparecencia ante el juez.

El contenido de una conversación grabada en la comandancia de la Guardia Civil en La Coruña el 27 de septiembre, antes de su primera declaración, revela que él, que llama a ella «mi vida, cariño y guapa», le pide a su otrora pareja que no caiga en contradicciones porque «cualquier fisura juega en nuestra contra».

El apercibimiento que le hace, según publica hoy La Voz de Galicia, es el siguiente:

«Yo sigo manteniendo que tú eres inocente y tú tienes que seguir manteniendo que yo soy inocente. Yo estoy convencido al cien por cien de que eres inocente y tú tienes que estar convencida de que soy inocente al cien por cien. ¿Me sigues?».

En el acceso a los calabozos del cuartel de Lonzas finaliza esta conversación, pero antes Basterra aconseja a Porto que sea «coherente», a lo que la mujer responde «¿perdón?» y él, que no abandona el tono imperativo en ningún momento, replica: «No dejes ni la más mínima duda, no le des ninguna duda en tus declaraciones, porque eso juega tanto en tu contra como en la mía».

Para la despedida, Basterra se reserva un «te quiero mi vida, adiós. Tranquila, sé firme, sé coherente cariño», mientras que Porto cierra el diálogo con un sucinto «gracias».

Asunta Basterra Porto, una menor de 12 años a la que adoptaron cuando todavía no había cumplido uno, fue localizada por dos viandantes en una pista forestal en la madrugada del 22 de septiembre después de haber sido sedada y asfixiada.

El informe final de la autopsia de la menor al que ya han tenido acceso defensa y la acusación particular, que ejerce la Asociación Clara Campoamor, confirma que «no sufrió agresión sexual», extremo que ya se había descartado en el estudio preliminar y que murió de asfixia por sofocación, con un objeto blando (una almohada).

Los investigadores desde el primer momento sospecharon de sus progenitores, encarcelados desde el 27 de ese mes en el penal coruñés de Teixeiro en régimen de prisión provisional comunicada y sin fianza y acusados de la presunta comisión de un delito de asesinato.


El ordenador y el móvil del padre de Asunta aparecen donde no estaban

Silvia R. Pontevedra / Lorena Bustabad – Elpais.com

31 de diciembre de 2013

A dos metros escasos de la puerta de entrada, apoyado contra la pared dentro en su funda y a la vista de todos. El portátil de Alfonso Basterra, el padre de Asunta, la niña de 12 años asesinada en las inmediaciones de Santiago hace tres meses, apareció ayer por la mañana en el piso que este ocupaba desde que se separó de su esposa, Rosario Porto. Los agentes habían peinado la casa en dos ocasiones, en un primer registro policial y en otro posterior dirigido por el juez, y a pesar de la búsqueda exhaustiva ni el ordenador ni el segundo teléfono móvil que se sabía que poseía Basterra habían sido hallados. Los investigadores creen que alguien los devolvió al domicilio hace unos días, aprovechando que la vivienda ya no estaba precintada. El teléfono que el día en que murió Asunta, durante las horas clave para explicar los hechos, permaneció apagado, se encontraba también ayer donde ya había sido buscado sin éxito anteriormente: en el primer cajón de la mesilla de noche del periodista.

Según fuentes de la investigación, el piso de Basterra Camporro, de unos 60 metros cuadrados y escasamente amueblado, había sido revisado «a conciencia». Tan a fondo, que tras el segundo registro se consideró innecesario mantener la orden de precinto. «En esa casa hay dos cajones y dos armarios», especifican personas relacionadas con el caso. Era, por tanto, imposible que se les pasase por alto la presencia de los dos elementos (junto con las cajas de Orfidal, suministrado masivamente a la cría) que se perseguían con más interés en la casa.

Será ya después de Reyes cuando los especialistas de la policía judicial vuelquen el contenido de la memoria telefónica y del disco duro de la computadora. Aunque se hayan borrado archivos, según los expertos existe la manera de llegar a ellos. Los agentes sospechan que Alfonso Basterra pretendía ocultar algo relacionado con él más allá de la muerte de la niña, y desde hace aproximadamente un mes se ha convertido en el personaje central de sus indagaciones. Las alarmas con respecto al padre de la víctima saltaron para la policía judicial durante el tiempo que permaneció detenido en el cuartel de Lonzas, en A Coruña.

Allí se grabó por orden judicial una conversación entre Porto y Basterra de más de 10 horas, con interrupciones, que fue clave para la investigación. De este diálogo, mantenido entre los imputados pese a que sospechaban que podían estar siendo grabados, solo ha trascendido un pequeño fragmento, pero hay mucho más material. Son ese día y esa noche, previos a la mañana en que los padres fueron puestos a disposición judicial, cuando Basterra se revela como miembro dominante de la pareja, responsable de controlar la débil situación psicológica y anímica de su exmujer, con la que seguía compartiendo buena parte de la vida. En aquella conversación, ella le pregunta: «¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?». Y le reprocha su «mente calenturienta». Por su parte, el periodista bilbaíno afincado en Compostela daba, supuestamente, muestras de querer esconder alguna faceta de su forma de vivir que ahora rastrea la Guardia Civil.

El tercer registro del piso de República Argentina, situado a escasos metros del que ocupaban en la calle Doutor Teixeiro Asunta y Rosario Porto, no era algo que estuviese planificado por el juez, José Antonio Vázquez Taín. El magistrado tomó la decisión de ordenar esta nueva visita después de que la abogada del imputado por asesinato, Belén Hospido, diese aviso al juzgado de que el piso alquilado generaba gastos e iba a ser devuelto a sus propietarios.

Según describen testigos del registro, durante el tiempo que estuvieron los agentes con el padre en el piso, Basterra mantuvo una actitud «chulesca» y «desafiante», y llegó a echar en cara a los guardias civiles que llevan la investigación que no hubiesen encontrado lo que buscaban si estaba tan a la vista. No es la primera vez que Basterra, quien, a diferencia de Porto, se ha negado a prestar declaración ante el juez, muestra una cara hasta ahora desconocida por muchos de sus allegados. También se encaró al fiscal, Jorge Fernández de Aránguiz, al que llegó a llamar «sinvergüenza» y «necio» por acusarlo de la muerte de su hija adoptiva.

Ya hay tercer hombre

Aunque el abogado de Rosario Porto, encarcelada en Teixeiro como su expareja, ejerce la defensa desde hace tiempo basándose en la existencia de un hipotético implicado que no está preso, realmente el tercer hombre no irrumpió claramente en escena hasta ayer. El letrado, José Luis Gutiérrez Aranguren, trata de centrar el foco en el propietario del ADN cuyo semen contaminó por error, supuestamente en el laboratorio de Madrid, la camiseta de la niña. Pero si los registros del piso de Basterra fueron tan minuciosos como se asegura, ha tenido que haber un colaborador necesario que, de acuerdo con el padre, entró en la vivienda y volvió a colocar en su sitio los objetos.

Ricardo Pérez Lama, abogado de la acusación popular, la Asociación Clara Campoamor, insiste en que la que lleva a cabo el juez Taín está siendo una «instrucción de guante blanco, objetiva, sobre un trabajo muy serio de la Guardia Civil». «La permanencia de los padres de la niña en la cárcel se sustenta sobre indicios sólidos», defiende. En su opinión, la aparición ahora, por arte de birlibirloque, del ordenador es «un insulto a la inteligencia».


El juez ratifica el archivo contra el tercer imputado en el caso Asunta

Europa Press – Elcorreogallego.es

22 de abril de 2014

El titular del Juzgado de Instrucción Número 2 de Santiago, José Antonio Vázquez Taín, ha ratificado el archivo definitivo de la causa contra el tercer imputado, Ramiro C.J., por los «indicios tan claros y palmarios» que lo sitúan en Madrid el día del crimen y reitera el «torrente de indicios» que «apuntan» a los padres de la niña Asunta, Alfonso Basterra y Rosario Porto, como «autores del crimen».

Así lo recoge en un auto emitido este martes, al que tuvo acceso Europa Press, en relación al recurso presentado por la acusación popular ejercida por la Asociación Clara Campoamor y las defensas de los padres de la niña contra el archivo definitivo de la causa contra Ramiro C.J., al que se le levantó la imputación.

En su argumentación, el juez recuerda que «en cualquier momento del procedimiento en el que se acredite la inocencia de una de las partes, procederá el inmediato dictado del auto de archivo, puesto que nadie puede ser imputado sin fundamento ni mantenérsele en tal condición arbitrariamente».

«Podrá cuestionarse si se han agotado las diligencias de investigación al respecto, como hace la acusación popular, pero las defensas, tanto de Rosario Porto como de Alfonso Basterra no han solicitado ninguna otra diligencia de prueba respecto de una posible participación», sostiene el instructor de la causa, que insiste en que «se han agotado todas las diligencias de instrucción relacionadas con Ramiro C.J. y procede extraer conclusiones».

Con relación a la pertinencia procesal del recurso de Rosario Porto, el juez indica que, habiéndosele denegado por parte de la Audiencia Provincial de A Coruña el derecho a personarse como acusación particular, «carece de legitimación para ejercer la acusación contra otro coimputado».

«Puede entenderse que la parte, en vez de argumentar, rebatir y tratar de aportar indicios contrarios a su imputación se aferre desesperadamente a la vía de acusar a un tercero, pero tal acusación ya se ha declarado ilegítima y la resolución en la que así se declaraba, es firme», alega el magistrado.

«Entendemos que la única defensa contra el torrente de indicios que apuntan a los imputados Alfonso Basterra y Rosario Porto como autores del crimen es sembrar confusión respecto de la participación de un tercero», alega el juez instructor de la causa, que concluye que el recurso presentado por la defensa de la madre «es improcedente procesalmente». «En cuanto al fondo, los fundamentos del auto recurrido dejan claro que sería en caso de proceder, igualmente inestimable, y, por ello, ha de ser rechazado», abunda.

Informe complementario

Sobre el recurso presentado por la acusación popular, recuerda que el «único objeto» que tiene es que, con anterioridad a dictar el auto de archivo se resuelva sobre la admisión o denegación de una prueba pericial que la parte pretende presentar, en relación a un informe de contraste sobre el episodio de contaminación de la camiseta de la menor.

«Si la prueba anunciada se aprecia que es útil a la causa por aportar luz sobre alguno de sus extremos, y su obtención ha sido lícita y no puede considerarse reiterativa ni abusiva, procederá su admisión, independientemente de que a Ramiro C.J. esté o no imputado», alega el juez, que sostiene que «cualquier otro informe que arroje luz sobre éste será pertinente».

«Pero lo que la parte no puede pretender es que estando como está absoluta y totalmente claro para el instructor, para el Ministerio Fiscal y para la propia parte la inocencia de Ramiro C.J., un tribunal español, ignorando el derecho a la presunción de inocencia, sin fundamento para ello, mantenga la situación de imputado de forma arbitraria e injusta», indica Vázquez Taín, que sentencia que «cuando la parte disponga de la prueba, que la presente y se valorará».

En el auto, el juez instructor recuerda que los posicionamientos de los teléfonos móviles sitúan a Ramiro C.J. «en Madrid» y las fotografías aportadas de una cena en un restaurante en la capital madrileña también lo ubican «en Aluche en el momento del asesinato investigado», así como la copia de un recibo y de una comanda, así como las imágenes colgadas en una red social el 21 de septiembre, cuando sucedió el crimen.

«Todos son indicios objetivos. No se ha apreciado manipulación alguna respecto de ellos», argumenta el instructor, que recuerda que un perito informático informó de que para manipularlos «sería necesario ser un informático con conocimientos medio altos y tener a disposición un programa adecuado», lo que «implica una trama compleja y costosa» y «anterior al asesinato» de la niña. Además, añade que el tercer imputado «carece de recursos económicos» para ello.

ADN y presiones

El juez también señala en el auto que la defensa de la madre de la menor «trata de centrar toda la cuestión en el análisis de ADN», sobre lo que recuerda que «no se está juzgando el método de trabajo» del laboratorio de la Guardia Civil, sino que «lo que se discute es si Ramiro C.J. drogó, ató y asfixió a Asunta».

«Y estando en Madrid el día de los hechos, no pudo participar, del mismo modo que estando Asunta con sus padres, no pudo estar con Ramiro», sentencia.

Sobre las «bastardas presiones» denunciadas por el letrado que defiende a Porto sobre el laboratorio de ADN, el juez instructor aclara que la unidad investigadora «carece orgánicamente de rango, competencia o capacidad para presionar a toda una unidad central de élite de la Guardia Civil».

«En cuanto a este instructor, tal presión constituiría un delito de prevaricación, que no existe inconveniente en que se investigue, pues limitarse a afirmarlo sin formalizarlo se califica por sí mismo». «Los propios peritos del laboratorio explicaron que decidieron hacer los informes porque veían algo raro. Nadie los encargó, pidió, sugirió u ordenó hacer», ha concluido y añade que «ellos mismos, objetivamente, encuentran indicios a favor de la contaminación».

No obstante, el instructor recalca que «no surgen» dudas al «afirmar que es imposible que Ramiro drogase durante tres meses a Asunta con la misma sustancia que fue intoxicada el día de su asesinato». «Dudas que no surgen al afirmar que no fue Ramiro el que ató todavía en vida a la menor con una cuerda, pues no podía estar con ella al estar al menos con la madre», agrega.

«Dudas que no surgen al afirmar la imposibilidad física de que Ramiro pudiera acercarse siquiera a Asunta antes de su muerte, pues los indicios objetivos hasta ahora obtenidos indican que la menor no salió con vida de la casa de Teo», sostiene el juez, que apunta que «los indicios son tan claros y palmarios que imponen, por ser de justicia, levantar la imputación a Ramiro, pues mantener la misma siendo tan clara su inocencia sólo podría considerarse una prevaricación».

«Desacreditar»

A modo de cierre del auto, el juez hace «una consideración», al señalar que «las partes han tratado desde el comienzo de la instrucción de desacreditar personal y profesionalmente» al instructor. «Ya anteriormente ha tenido que recordárseles el contenido del art. 11 del Estatuto general de la Abogacía. Nuevamente ha de hacerse», advierte.

Además, en un segundo auto emitido este martes, el juez instructor estima en parte del recurso de reforma presentado contra el auto 2 de abril para revocar la parte del mismo relativa a la declaración del empleado del restaurante que atendió al tercer imputado y sus acompañantes en la cena y acuerda su práctica.

«Visto que las partes en su mayoría muestran su conformidad, incluidas defensas y que el Ministerio Fiscal lo que solicita es la testifical al respecto de acreditar cómo se confeccionaron las documentales aportadas a los autos, circunstancia que sí puede tener interés, procede acceder a lo solicitado», concluye.


Peritos creen que una tijera contaminó la ropa de Asunta con semen

Europa Press – ABC.es

14 de mayo de 2014

Los peritos propuestos por la acusación particular en el caso que se instruye por la muerte de la niña Asunta Basterra han certificado este lunes «sin ningún género de dudas» que la mancha de semen que apareció en la camiseta de la niña se produjo por una «contaminación» en los laboratorios de la Guardia Civil, un informe del que la defensa de Rosario Porto duda de su «imparcialidad».

Los profesores Andrés Martínez y Elisa Beceiro, catedráticos de la Universidad de La Coruña y especialistas en química analítica y genética, han declarado este lunes ante el juez que instruye la causa, José Antonio Vázquez Taín, para explicar los pormenores del informe pericial aportado a la causa por la acusación popular sobre los restos de semen localizados en la camiseta de la menor.

Según ha explicado a las puertas de los juzgados uno de los letrados de la acusación popular, Ricardo Pérez Lama, los peritos han sido ante el juez «total y absolutamente contundentes» y han asegurado que los informes técnicos de la Guardia Civil «no han seguido los protocolos de calidad que el instituto tiene previstos». «Son científicos, y como científicos han dicho que ha habido una contaminación sin género de dudas», ha destacado Pérez Lama, al tiempo que ha indicado que, a juicio de los peritos, el origen de la contaminación estuvo en una tijera empleada para cortar pedazos de la camiseta de Asunta y que había sido empleada anteriormente para cortar un preservativo con una muestra de semen de un hombre implicado en otro caso. A su entender, «lo que ha podido ocurrir es una contaminación puntual producida por las tijeras, aunque no descartan tampoco las micropipetas», ha señalado el letrado.

Aranguren, en desacuerdo

Por su parte, el abogado de Rosario Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, ha cuestionado la «imparcialidad» del informe y ha señalado que los peritos «no tienen ninguna experiencia», dado que «lo que saben es de teoría, de ser profesores». «Cuando uno hace una peritación en un juzgado, sobre todo cuando es un caso tan importante, debe tener experiencia y no hacerlo con tanta alegría como se hace este informe», ha apuntado Aranguren, que ha vuelto a afear la extensión del documento. «No había mucho que leer», ha señalado.

Porto, «decepcionada»

La madre de Asunta Basterra, Rosario Porto, acudió a la declaración «un tanto decepcionada», ha destacado Aranguren, que ha criticado la actitud de los peritos a la hora de contestar a sus preguntas, «francamente hostil» y ha aludido a algún conflicto con el juez instructor durante la vista.

Sobre próximas diligencias, el letrado de Porto ha destacado que ya está acordada por el juez la investigación de las llamadas entrantes y salientes de la casa de Porto en Montouto y ha reclamado «celeridad». Paralelamente, ha señalado que, a causa de un «problema técnico» la declaración como testigo que realizó la pasada semana el camarero del local en el que cenó la noche de los hechos el tercer imputado -ahora desimputado- «no está grabada ni consta en acta», por lo que «no valió para nada». La defensa de Rosario Porto solicitará que «se reproduzca» para que «quede constancia» de lo declarado por el camarero.


Alfonso Basterra tenía fotos íntimas de Asunta y material pornográfico de mujeres asiáticas

Xurxo Melchor – Lavozdegalicia.es

5 de junio de 2014

El contenido del ordenador y del teléfono móvil del padre de Asunta, la niña de Santiago asesinada el 21 de septiembre del 2013, ha sido hasta ahora un misterio. Alfonso Basterra no solo borró todos los archivos de sus dos dispositivos, sino que también ocultó durante semanas su portátil a los investigadores para hacerlo aparecer de nuevo en su piso convenientemente formateado. Los expertos, sin embargo, han sido capaces de recuperar buena parte del material eliminado y el resultado es tan sorprendente como inquietante.

Entre los archivos hay fotos en las que aparece Asunta vestida con un corsé y unas medias, con una indumentaria similar a la que se usa en ballet, y en una actitud que los investigadores consideran impropia para haber sido su padre quien las tomó. En otras imágenes está recostada en un sofá. En alguna imagen con los pies apoyados en un cojín y en otras incluso con las piernas abiertas. Y hay otras en las que la pequeña fue fotografiada mientras dormía.

En total, son unas quince imágenes que no han pasado desapercibidas ni para el fiscal del caso, Jorge Fernández de Aránguiz, ni para la acusación popular, que ejerce la asociación Clara Campoamor. Está por ver si las fotos sirven de base para abrir otra línea acusatoria, de la que también formarían parte otros dos indicios. Uno es el ADN de Alfonso Basterra hallado en las bragas de su hija. El otro, los numerosos episodios de sedación acreditados por los análisis del pelo de la pequeña y que, por testimonios de las profesoras de música de Asunta, ocurrían después de que la menor hubiese dormido en casa de su padre.

¿Para qué sedaba presuntamente Alfonso Basterra a su hija Asunta? Esa es una de las preguntas que están sobre la mesa de los investigadores, que se han planteado desde intentos fallidos de asesinato a pruebas de la dosis del medicamento con el que la durmieron el día de su muerte, Orfidal. También han barajado que la niña fuese objeto de tocamientos. Una sospecha que va en la línea del material ahora revelado, pero que la investigación no considera concluyente.

Además de las extrañas fotos de Asunta, en el ordenador de Basterra había gran contenido pornográfico. Parte tiene como protagonistas a mujeres asiáticas que parecen menores, aunque no es posible concretar su edad en las imágenes. El informe de la Guardia Civil revela que el padre de Asunta parece tener cierta cadencia por este tipo de mujeres de raza asiática, la misma que la de su hija adoptiva. El informe, que ya se ha incorporado al sumario del caso, también incorpora dos poemas escritos por Asunta sobre su madre, Rosario Porto. Ella y su exmarido, Alfonso Basterra, llevan nueve meses en prisión preventiva imputados por el asesinato.


Siete hechos clave para el juicio por el crimen de Asunta

Xurxo Melchor – Lavozdegalicia.es

27 de septiembre de 2015

Un juicio con jurado popular no es como muestran las películas de Hollywood. En España, los miembros del tribunal, que está presidido por un magistrado profesional, no solo deben decidir si el acusado es o no culpable. Su tarea es mucho más compleja. Les presentarán un cuestionario con los hechos clave del caso y ellos deberán decidir, motivando su respuesta, si tras lo oído y visto en la sala consideran que han quedado probados o no. Son los llamados hechos justiciables. En este caso se han establecido cinco principales, que determinarán si los acusados son declarados culpables, y dos más relativos al grado de ejecución del delito.

El plan conjunto

La sedación. Al jurado le preguntarán en primer lugar si consideran probado que el 21 de septiembre del 2013 Rosario Porto y Alfonso Basterra comieron juntos en el domicilio del padre y si, como resultado de un plan ideado conjuntamente y con la intención de asfixiarla cuando le hiciese efecto, le suministraron a la pequeña una cantidad tóxica de un medicamento sedante cuyo compuesto es el lorazepam. En este punto el fiscal y la acusación popular tendrán en la autopsia su principal arma a favor. Los forenses determinaron que la ingesta del Orfidal se produjo durante la comida, entre las 15 y las 17 horas, porque estaba mezclado en el estómago con los alimentos ingeridos. La niña estaba por tanto junto a sus padres. Además, el análisis de la ropa de la madre detectó polvos de Orfidal en la parte inferior del vestido negro que portaba, lo que apoyaría la idea de que machacaron las pastillas para suministrárselas a la pequeña.

El viaje en coche

La casa de Teo. El tribunal popular deberá también determinar si estima probado que Rosario Porto, tras aquella comida en casa de su exmarido, llevó después de las 18 horas a Asunta a la casa familiar de Montouto (Teo), utilizando para ello su coche. Este aspecto está ya probado y admitido por la acusada. Inicialmente no dio esta versión, pero tuvo que desdecirse y admitirlo al saber que la habían grabado varias cámaras de seguridad. La Guardia Civil presentará una secuencia de imágenes en la que se ve como a las 18.12 horas entra en su garaje, del que sale tres minutos después conduciendo su coche por un recorrido que la lleva hasta su piso, donde admitió que recogió a la niña. La última de estas imágenes se toma a las 18.24 horas en una gasolinera en la salida de la ciudad hacia Teo. La acusada reconoció que fue a la casa de Montouto con Asunta, a donde llegó a las 18.31 horas, aunque aseguró que la pequeña no llegó a entrar en la vivienda.

El asesinato

Asfixiada. Esta es una de las cuestiones básicas. El jurado deberá decidir si es cierto que en un momento comprendido entre que la menor es llevada a la casa de Teo y las 20 horas, Rosario Porto y Alfonso Basterra asfixiaron a su hija por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz. Nuevamente, la autopsia -prueba casi imposible de refutar- deja claro que Asunta murió asesinada mediante asfixia por sofocación. Las defensas de sus padres tratarán de convencer al tribunal de que no fueron ellos quienes lo hicieron. Fiscal y acusación popular presentarán un pañuelo de papel como la probable arma del crimen. Es blando y deformable, como dicen los forenses que fue el objeto con el que asfixiaron a la niña, y contenía ADN de la víctima y de la madre. Fue hallado en una papelera de mimbre junto a un trozo de cuerda naranja idéntica a la que había junto al cadáver. En el primer registro policial del inmueble, Porto intentó coger esta papelera, pero un Guardia Civil se lo impidió.

La cuerda naranja

Atada de pies y manos. También deberán pronunciarse en el juicio sobre si creen demostrado que, en un momento próximo a la muerte, los acusados ataron a Asunta por los brazos y por los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja. La autopsia lo deja claro, por las marcas y laceraciones que le dejaron las ataduras. Además, junto al cadáver aparecieron varios trozos de cuerda naranja.

El traslado del cuerpo

La pista forestal. La última cuestión principal sobre la que se tendrá que pronunciar el jurado es si estiman probado que Porto y Basterra llevaron el cuerpo de su hija a una pista forestal del lugar de Feros (Teo). El lugar dista menos de 5 kilómetros de la casa en la que presuntamente se ejecutó el crimen. Las acusaciones harán hincapié en que en el suelo del asiento trasero del coche se encontraron fluidos de Asunta y en que curiosamente al vehículo le faltaban las alfombrillas. Además, los trozos de cuerda naranja hallados junto al cuerpo son idénticos a la bobina que fue localizada en la casa de Teo, lo que une ambos escenarios.

Las defensas de Rosario Porto y Alfonso Basterra seguirán previsiblemente distintos caminos en el juicio que comienza este martes. La de la madre de Asunta, que ejerce José Luis Gutiérrez Aranguren, pondrá en duda los resultados de la autopsia para sugerir que la niña podía estar aún viva mientras sus padres, a las 22.30 horas, estaban ya en la comisaría de Santiago denunciando su desaparición. Después de ese momento estuvieron localizados en todo momento por la policía, por lo que no pudieron perpetrar el crimen. La madre aceptará que llevó a Asunta a la casa de Teo, pero defenderá que volvió casi inmediatamente a Santiago con ella y que la dejó allí. Para explicar sus movimientos posteriores afirmará que hizo varios viajes al Decathlon del polígono del Tambre, pero que no llegó a entrar porque se olvidó el bolso.

La abogada de Alfonso Basterra, Belén Hospido, seguirá una línea de defensa diferente. Básicamente, afirmará que no sabe nada de los hechos más allá de lo que le contó su exmujer. Insistirá en que él pasó toda la tarde en su piso y presentará como prueba el que ninguna cámara de seguridad le grabó en la calle. Sin embargo, fiscal y acusación popular presentarán el testimonio de una testigo, una adolescente que conocía a Asunta porque iba a clases de francés con ella, que declarará que aquella tarde vio en la calle a la pequeña junto a su padre. Fue justo a la hora en la que Asunta subió al vehículo de su madre para ir a la casa de Teo. No tendrá más remedio que admitir que fue él quien compró una gran cantidad de Orfidal antes del asesinato, pero dirá que lo adquiría por encargo de Rosario Porto, que lo tenía recetado.


¿Mataron a Asunta porque les molestaba?

Ana María Ortiz – Elmundo.es

28 de septiembre de 2015

El martes arranca el juicio por el sonado caso Asunta, la niña asesinada el 21 de septiembre de 2013. Por la Audiencia Provincial de A Coruña desfilarán 84 testigos y 60 peritos. Esta es la guía para seguir el caso a través de 10 incógnitas.

Móvil económico

Por qué fue asesinada Asunta es el gran interrogante. Ni Rosario Porto (abogada, 46 años, fue cónsul honorífico de la República francesa durante una década) ni su marido Alfonso Basterra (periodista, 51, pasó por la redacción de El Correo Gallego, para luego ser freelance) trabajaban en el momento de los hechos. Esto, unido a la posibilidad, apuntada por el entorno familiar, de que los padres de Rosario hubieran legado todo a su nieta Asunta, hizo que las primeras indagaciones se decantaran por el móvil económico. Los abuelos, el abogado Francisco Porto y la profesora universitaria Socorro Ortega, murieron repentinamente y fueron incinerados en diciembre de 2011 y julio de 2012. Más tarde se descartó que Asunta fuera la heredera del patrimonio, que recayó sobre Rosario, hija única: cinco pisos en Santiago, la casa de Teo donde la niña habría sido asesinada y que fue puesta en venta por un millón de euros, y una casa en Vilanova de Arousa.

¿Móvil sexual?

Del ordenador de Alfonso Basterra se rescataron fotos -en las que Asunta viste corpiño y medias de rejilla y posa insinuante- que llamaron la atención por inapropiadas. El sumario del caso incluye imágenes más macabras en las que la niña está enrollada en una sábana, como amortajada. Rosario Porto les ha restado importancia diciendo que las primeras imágenes se tomaron tras una actuación de ballet y que en las segundas la niña jugaba a ser zombi. Lo que no han justificado Porto ni su esposo es por qué se halló ADN de Basterra -procedente de un fluido que no es semen- en la ropa interior de la menor. «Alfonso no ha explicado todavía cómo, si en su vivienda Asunta no tenía más que un cepillo de dientes y unas zapatillas, se encontraban sobre la mesilla, y no colgados del armario, los trajes de ballet de la pequeña. Por qué su ADN estaba en la braga de la menor», escribía el juez Taín en el auto que decretaba la apertura de juicio. El PC del padre contenía también material erótico de asiáticas.

¿Asunta estorbaba?

«Asunta estaba “tirada”, sin que nadie le hiciese caso». Es decir, era un estorbo. Es la tesis del juez instructor, que califica la situación de la menor de «abandono palmario». «La niña pasaba días, e incluso noches, sola», se lee en el auto mencionado. Era tal el desapego de los padres hacia ella que sus últimas vacaciones -del 28 de julio al 9 de septiembre de 2013- las pasó con su cuidadora. «Como indicó la madrina, no dispusieron de tiempo, por su “trabajo” para pasar el santo de la niña (15 de agosto) con ella. ¿Ninguno de los dos dispuso de unos días, pese a no trabajar, para estar con la víctima? Elocuente», dice el juez. Este desinterés contrasta con el amor que le prodigaban en 2001 en un programa que la televisión local les dedicó por ser Asunta la primera niña china adoptada en Galicia. Sorprende también que en el divorcio -siete meses antes del asesinato- pleitearan por su custodia, que recayó en manos de Rosario.

¿Un intento de asesinato anterior?

Muy esclarecedor es el análisis del cabello de Asunta, que ha determinado que tomó altas dosis de lorazepam -un sedante muy potente- en los tres meses anteriores a su muerte. Fue entonces cuando Alfonso y Rosario comenzaron presuntamente a planear la muerte de su hija, a la que también habrían drogado el día de los hechos: en su sangre había 0,68 miligramos de lorazepam por mililitro, letal para su edad y peso. Los indicios apuntan a que a Asunta se le administraba la droga cuando estaba en casa del padre. Basterra adquirió por esas fechas 75 pastillas de este compuesto en dos tandas. La primera, el 5 de julio, justo la mañana siguiente a un primer intento de asesinato de la pequeña. Un hombre de negro, contó Asunta a una amiga de la familia, entró en casa y la atacó. Esta testigo pidió a Rosario Porto que comunicara la agresión a la policía o lo haría ella. Rosario fue a comisaría pero no denunció.

¿El estado mental de Rosario?

«Mi hija me chupa la vida, me molesta», «ya no tengo ganas de encargarme de mi hija». Estas palabras pone en boca de Rosario el psiquiatra que la atendió durante su ingreso en una clínica en 2009. Volvió a estar ingresada una semana en junio de 2013, dos meses antes del asesinato, por «estado de ansiedad y depresión severo». El juez Taín la describe apática, incapaz de hacer frente a las tareas más simples: «Pese a que ambos imputados carecían de trabajo, lo que implica gran cantidad de tiempo libre, para la imputada Rosario Porto, y pese a contar con asistenta en el hogar, cualquier gestión doméstica suponía una carga de estrés insoportable. A modo de ejemplo, fue incapaz de renovar el DNI de la menor en nueve meses…».

¿Maltrataba Alfonso a Rosario?

Es inquietante la enorme dominación, sobre todo psicológica, que Alfonso Basterra ejercía sobre Rosario Porto, «de tal modo que ésta llega a consentir el maltrato físico, si bien éste era todavía esporádico, y ello según se recoge en el informe psiquiátrico de Rosario», escribe el juez Taín, que asegura que «Rosario teme a Alfonso» y que en enero de 2013, cuando ya estaban separados, pidió ayuda a sus amigas. «(Alfonso) le remite a Rosario un correo recordándole las cuestiones domésticas de las que se encargaba y que ahora tendrá que hacer ella. (…) Alfonso busca que su esposa se sienta superada por las tareas domésticas que aborrece y de las que su marido se encargaba. Enseguida provoca la sensación de culpa de la esposa, que intenta ser generosa con él (…). La sensación de sumisión es palpable en Rosario…». Por el intercambio de mensajes en la pareja se sabe que tres meses antes del asesinato Alfonso le pide a Rosario que rompa con su nueva pareja si quiere ayuda con sus obligaciones.

¿Lo hicieron ambos?

Tras su detención, Alfonso y Rosario parecían dispuestos a afrontar unidos la acusación. Esto conversaban en los calabozos el 27 de septiembre de 2013, seis días después del asesinato. Alfonso: «No incurramos en contradicciones, porque cualquier fisura juega en nuestra contra. Y no perdamos la confianza el uno en el otro, porque yo estoy seguro de tu inocencia». Rosario: «Y yo de ti». Pero el pacto de no agresión duró poco. Fue Basterra primero quien, en su escrito de defensa, se desmarcó de la actuación de su ex mujer y sembró dudas sobre ella. Al juicio no irán de la mano. El asesinato «responde a un plan premeditado, ejecutado de forma gradual, y que resulta imposible sin la participación, o al menos el consentimiento, de ambos imputados», sostiene el juez instructor.

¿Quién devolvió el ordenador?

Hasta dos veces registró sin éxito la policía la casa de Basterra en busca de su portátil y su segundo móvil. En diciembre de 2013 la abogada de Basterra comunicó al juez que su cliente iba a liquidar el alquiler de su casa y que en ella tenía «su ordenador portátil y su anterior teléfono, los cuales deben continuar en su interior…». Tras un tercer registro los dispositivos aparecen. ¿Quién los puso allí? «Frente a lo alegado por la defensa, el ordenador del imputado sí ha sido manipulado. Los indicios son claros. No hay huellas de Alfonso en el teclado. ¿Cómo escribía? ¿Sin tocar las teclas? ¿No lo cerraba con las manos al terminar el trabajo?…», pregunta el juez.

¿«Te querré siempre»?

Este martes 22, coincidiendo con el segundo aniversario de la muerte de Asunta, su madre publicó, a través de un familiar, dos esquelas en El Correo Gallego y en La Voz de Galicia en recuerdo de su hija -unos 500 euros le costó-. Y lo mismo hizo en el primer aniversario, lo que se interpretó como un intento de mostrarse públicamente como una madre dolida por la pérdida. Llama la atención que evite los apellidos Basterra Porto y mencione a la niña por su nombre chino, Asunta Yong-Fang, al que le acompaña un escueto «In memoriam. Te querré siempre. Mamá».

¿Un juicio justo?

Es la segunda fecha que se le pone al juicio. La primera (23 de junio) se aplazó al no poder formarse el jurado. De los 36 candidatos sólo se alcanzaron 15 cuando el mínimo es 20. Dos no fueron localizados y el resto se excusó por cargas familiares o estar contaminado por los medios y tener preconcebida la culpabilidad de los acusados. En esta segunda ronda, 26 han sido considerados aptos. De ellos 11 formarán el tribunal: nueve titulares y dos suplentes.

… Y siete indicios contra sus padres

En contra de los padres juegan muchos indicios. Las distintas versiones sobre el recorrido de Asunta en sus últimas horas de vida. Los papeles en la basura de la casa en los que había ADN de la niña y de su madre. Los guantes en el dormitorio donde presuntamente fue asesinada. Las alfombrillas desaparecidas del Mercedes de Rosario, en el que se habría trasladado el cadáver, y que los investigadores estiman que fueron retiradas por estar manchadas de vómito y orina. Los trozos de cuerda hallados junto al cadáver y presuntamente usados para atarla en vida -tras drogarla y asfixiarla-, y que coinciden con otras encontradas en la casa. Los restos de lorazepam en el vestido de Rosario. O mensajes y manifestaciones de la niña: «Mi madre me da unos polvos blancos».


La madre de Asunta repite hasta cinco veces «no maté a mi hija»

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

1 de octubre de 2015

«Llevamos ocho horas de interrogatorio y todavía no he escuchado que nadie le preguntase esto: ¿mató usted a su hija?», le planteó su propio abogado a la madre de Asunta. «No, no maté a mi hija», respondió Rosario Porto, abatida, agotada, siempre al límite del llanto. Y lo repitió hasta cinco veces seguidas. «Yo quería a mi hija, no le iba a hacer daño».

Esto sucedía en el tramo final de una sesión, la de la declaración de la madre acusada por el asesinato de la pequeña compostelana de 12 años en septiembre de 2013, en la que Porto presentó la imagen de una familia que, a pesar del divorcio de la pareja, seguía unida con el único objetivo de que Asunta fuese «feliz». «Como padres lo hicimos lo mejor que pudimos», dijo en un momento del interrogatorio del fiscal. Después de una separación que los mantuvo distanciados un tiempo y esa alianza posterior, determinada por el ingreso hospitalario de Porto a causa de un episodio de lupus que devino en depresión, se había hecho la paz: «Si discutíamos por algo era porque ambos queríamos tener más a la niña».

Por tanto, según intentó dejar claro la acusada en una declaración que precede a la que este viernes prestará su exesposo, la niña no les «estorbaba». Ella estaba reformando el piso de sus padres «para las dos», no para introducir en su vida al amante, con el que no se planteaba más que «encuentros intermitentes». La cría iba a muchas clases particulares, y para el curso siguiente pasaría año y medio en un programa de intercambio con Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Pero todo esto, según su madre adoptiva, no «para dejarla aparcada», sino para «darle una formación integral».

Igual que negó haberla matado, a preguntas del fiscal la madre de Asunta también rechazó haberla drogado. Rosario Porto consumía el antidepresivo Orfidal por prescripción médica tres veces al día desde finales de julio de 2013 y llevaba la caja de comprimidos siempre encima cuando a diario recorría los 300 metros que separan su piso del de Alfonso Basterra para comer y cenar en familia con la hija de ambos. Porto estaba familiarizada con los antidepresivos, pero este jueves negó haber intoxicado a su hija con este medicamento. «En mi vida le he dado un Orfidal a mi niña», aseguró, «y Alfonso tampoco. Podría haberlo hecho mientras yo iba al baño, pero no, no le daría Orfidal a su hija, no tiene ningún sentido».

Los análisis del pelo de la víctima reflejaron que llevaba meses recibiendo este fármaco, cuyo principio activo es el lorazepam. La tarde en la que murió, según los forenses a causa de una asfixia por sofocación, había recibido una cantidad tóxica, capaz de anular su voluntad y su capacidad de lucha. «Si las pruebas lo dicen, será que le dieron Orfidal», admitió Porto. «Pero también en mi pelo salía que tomaba Orfidal desde febrero y lo tomaba desde julio».

La madre de Asunta, abogada que hacía tiempo que ya no ejercía, aguantó el incisivo y extenso interrogatorio del fiscal Jorge Fernández de Aránguiz y respondió prácticamente a todo. A veces, sin embargo, se escudó en el estado de conmoción que padecía la noche en la que apareció el cuerpo, en los 10 orfidales diarios que tomó durante el duelo, y no supo precisar detalles. «Yo no sé si usted tiene hijos», le dijo con la voz rota al representante del ministerio público para justificar, también, contradicciones con las distintas versiones que dio tras su detención. «No me puedo acordar de muchas cosas. Aquella noche estaba asumiendo la noticia que me acababa de dar la Guardia Civil de que mi hija, a la que esperaba en casa, había aparecido muerta». Tampoco fue capaz de precisar la hora en la que, según su versión, dejó a la niña por la tarde cerca de la casa del padre: «¿Cómo lo voy a saber? Yo no sabía que era el último minuto que la iba a ver».

La madre se tapó la cara y rompió a llorar ya sin poder contenerse cuando el fiscal pidió que se le exhibiesen las fotos de las cuerdas naranjas que aparecieron junto al cadáver en el arcén de una pista forestal en el lugar de Feros, en Teo (municipio vecino de Santiago en el que la familia tiene un chalé, supuestamente el lugar del crimen). Se cortó la emisión al exterior de la sala para evitar que trascendiesen unas imágenes en las que, al lado de los cordeles de uso agrícola, se podía ver el cuerpo muerto de la pequeña. Ante la insistencia del fiscal en esas fotos, la madre, que declaró siempre en voz baja y quebrada, levantó el tono y protestó: «¡Sí, el cadáver, ya lo he visto, ya lo he visto!». Supuestamente, durante la investigación jamás se le habían presentado esos documentos.

En esta declaración ante el jurado popular, según la acusación incurrió en contradicción con otras anteriores en las que, a diferencia de ahora, Rosario Porto presentó a Basterra como un hombre que la amenazaba y le daba miedo, o contó que su hija se le había quejado de que el padre le daba «unos polvos blancos». «Es posible que dijera eso», reconoció cuando se le insistió en que explicase esto último: «La única forma de que Asunta se tomase una pastilla era machacada», era «reacia» a los fármacos, pero «la medicación, a la niña, se la daba generalmente yo». Rosario Porto no se refería al Orfidal cuando en el juicio hablaba de las medicinas de la cría, sino a los populares jarabes «Apiretal y Dalsy» y, durante los «episodios estacionales de rinitis alérgica», alguna pastilla de «Ebastel o Aerius», porque «la pediatra», según ella, les dijo que «a partir de los 12 años ya podía tomar algún antiestamínico en caso de necesidad». Precisamente a estas pastillas fue a lo que el padre atribuyó el fuerte adormilamiento y mareo que presentaba su niña un día que fue a recogerla a clase de música en julio de 2013. Ante la preocupación de las docentes, achacó el estado de la pequeña a los efectos secundarios de un medicamento para la alergia.

Respecto a la relación con Basterra, en una declaración ante el juez de instrucción dijo que el día de la ruptura, en torno a la fecha de Reyes de 2013, se tuvo ir de casa una noche porque tenía «miedo». Él se «comportaba como un energúmeno» y la «amenazaba». Ayer, no obstante, rebajó algunos grados aquella escena. «¿Se puso como un energúmeno?», le preguntó el fiscal. «Un poco sí», respondió ella. «¿Le pegó alguna vez?», «Esto está resultando dolorosísimo para mí… No sé qué tiene que ver con la muerte de mi hija… En alguna ocasión… él es más fuerte que yo, y en ocasiones las personas perdemos el control». «Pero sigo creyendo que era un padre maravilloso», dijo más adelante, «le daba lo mejor de sí a su hija».

Porto reconoció que el «denotante» de aquel divorcio, que fue firme por sentencia ya en febrero, fue el descubrimiento de que ella tenía un amante, pero quiso equiparar el cariz de su ruptura matrimonial con el común de los divorcios. «Todas las separaciones son difíciles», dijo. Y admitió que había una especie de acuerdo tácito, una «transacción», lo llamó, por el que él cedió en algunas cosas y ella, a cambio, se alejó temporalmente de la tercera persona con la que mantenía una relación. Tras su ingreso hospitalario y su difícil convalecencia, Porto refundó con Basterra «una relación diaria más estrecha». Tanto «en beneficio de Asunta», como por ella misma. Tenía más personas cercanas alrededor, pero estaba sola en su depresión. Y reconoció que dependía de su exmarido.

Un supuesto intento cuatro días antes

El fiscal exhibió un extracto de la central de alarmas que demuestra que alguien estuvo en el chalé del municipio de Teo -el lugar donde se cree que mataron a la niña- cuatro días antes de morir Asunta. El papel revela que ese martes la alarma se desconectó a las mismas horas que fue desconectada el sábado 21 de septiembre, cuando Asunta fue asfixiada tras ingerir Orfidal. La niña no fue a clase el miércoles. La madre justificó la ausencia ante el tutor con una nota en la que decía que estaba «KO». Los investigadores siempre han defendido que la muerte fue ensayada por los padres con anterioridad. La madre respondió al fiscal con vaguedad. Dice que no sabe quién estuvo ese martes [en] Teo, que quizás fue su exesposo. Y que la niña estaría esa tarde con la cuidadora, o comprando libros de texto con Basterra en Hipercor. El hipermercado se halla en la misma ruta que el chalé de Teo.


Rosario Porto se desmorona al ver las fotos de Asunta: «Ya he visto el cadáver, ya lo he visto»

Natalia Puga – Elmundo.es

1 de octubre de 2015

Dos años después de la muerte de la niña Asunta Basterra, su madre y acusada por el crimen, Rosario Porto, se ha sentado ante el jurado popular que la está juzgando. La mujer, para quien el fiscal pide 18 años de prisión por asesinato y la acusación popular 20, se ha presentado como una persona con pocas fuerzas, si bien empezó a recuperar la voz al avanzar el interrogatorio.

Uno de los momentos más duros del interrogatorio llegó cuando le mostraron imágenes del lugar en el que apareció el cadáver de su hija, momento en el que se desmoronó y se quedó sin palabras durante unos instantes. Obligada a enfrentarse a las imágenes del cadáver de la niña, Porto rompió a llorar y echó las manos a la cabeza. Lloró hasta ponerse colorada y, en un momento dado, siguiendo el interrogatorio, soltó un grito: «Ya he visto el cadáver, ya lo he visto».

El objeto de esas imágenes era mostrarle una cuerda naranja que apareció al lado del cuerpo, muy similar a una localizada en una papelera en la casa familiar de Montouto (Teo) situada a cuatro kilómetros de la pista forestal donde fue localizado el cadáver y el lugar donde los investigadores sostienen que la niña fue asfixiada por sus padres.

La madre no ha reconocido ninguno de los trozos de cuerda, una de las piezas en las que se sostiene la acusación. «Me acaban de decir que mi hija igual es ésa que encontraron, ¿para qué voy a estar mirando papeleras?», preguntó al fiscal. Además, inquirió al tribunal: «¿Puedo decir una cosa, señoría? Evidentemente en estos dos años en la cárcel hablas con mucha gente y compañeras del rural dicen que estas cuerdas se ven muchas veces por los caminos».

Especialmente intenso resultó el relato que realizó Porto del momento en que descubrió que su hija no estaba en casa y decidió denunciar su desaparición. Las acusaciones sostienen que ella y su ex marido le suministraron Orfidal, ella la llevó a la casa de Teo, la asfixiaron, la ataron con una cuerda y la llevaron hasta una cuneta para dejar tirado el cuerpo. Ella, sin embargo, mantiene que su hija estaba en casa y ella, cuando llegó de ir a la finca de Teo a recoger unos bañadores, descubrió que no estaba, se preocupó y, al comprobar que tampoco estaba con su padre ni su madrina, acudieron a comisaría.

Esa misma noche, la del 21 al 22 de septiembre de 2013, estaba en su casa de Santiago cuando llegó la Guardia Civil y le dijo «que habían encontrado un cuerpo de una niña que respondía a las características de Asunta». Porto se ha emocionado al recordar el momento y, con la voz, una vez más, quebrada, ha explicado: «Me fui a mi dormitorio, me senté en la cama, yo estaba convencida de que no era mi hija y me resistía a creerlo». Ha afirmado tener un recuerdo tenue de todo lo que sucedió esa noche.

Ambos padres y acusados estaban citados a declarar y, hasta el último momento, no se supo por quién de los dos comenzaría el interrogatorio. El fiscal, Jorge Fernández, decidió que fuese Rosario Porto y no Alfonso Basterra, y le pidió detalles de lo ocurrido en los meses previos al crimen, si bien ella quiso matizarle que «no estaba muy bien esa temporada», en la que tenía una depresión, por eso ha asegurado que no tiene una memoria muy clara de algunos de los hechos y «en ocasiones le digo creo recordar».

La mujer ha reconocido que en los meses previos al crimen tomaba Orfidal, del que se encontró una dosis necesariamente mortal en el cuerpo de la niña. Al principio lo hizo sin serle recetado por un médico, sino «alguno suelto porque tenía problemas para conciliar el sueño» y ya en julio -el crimen fue en septiembre- se lo recetó un psiquiatra.

Ha afirmado tener un recuerdo tenue de todo lo que sucedió esa noche y volvió a romper en lloros y gritos al interrogatorio del fiscal, que en esos momentos fue especialmente incisivo: «Yo no sé cómo hacerle comprender que yo en ese momento no estaba haciendo significación a nada». Su explicación, entre lloros, de la débil memoria ha sido: «No sé si usted tiene hijos, pero yo no estaba en condiciones de asumir la noticia que me acababan de dar». No ha recordado si los guardias se llevaron unos bañadores, pero sí que que esa madrugada, antes de que le diesen la noticia de que había aparecido un cadáver, no estaba durmiendo como se ha dicho, sino que se puso a recoger.

El momento de debilidad y la tensión de enfrentarse a imágenes de su hija o a sus bañadores, su habitación o sus medicamentos ha explicado que «en ese momento solo sé que estábamos nerviosísimos Alfonso y yo dando vueltas por casa como pájaros enjaulados, porque no sabíamos lo que había sucedido». Y añadir, justo después, «yo al menos». Desde el primer momento, había defendido su inocencia y la de su ex marido

Rota por el llanto

La madre de Asunta, que ha comparecido ante el jurado de riguroso luto y cabizbaja, rompió a llorar en algún momento de su declaración, en especial al hablar de su relación con Alfonso Basterra y de la adopción y de la «rinitis alérgica estacional» que tenía su hija. Apenas se refirió a la fallecida por su nombre y se refirió a ella, fundamentalmente, como «la niña», en la mayoría de las ocasiones con la voz quebrada.

Porto ha mostrado cierta rebeldía con respecto al fiscal por ahondar demasiado en su vida personal y las circunstancias que rodearon el divorcio- «Yo me pregunto qué tiene que ver esto con la muerte de nuestra hija»- y ha querido matizar que su hija era adoptada «y muy querida».

En su declaración ha hecho referencia a un episodio ocurrido el 4 de julio de 2013, al que Asunta se había referido en un mensaje de Whatsapp enviado a un amiga diciendo: «Estoy nerviosa, hoy me han intentado matar». Un hombre, según ha relatado Porto, entró en la casa de madrugada y ella le encontró en la habitación de su hija «cogiéndola por la cintura o el cuello», se echó encima y logró liberar a la niña y que el individuo se fuese. No llegó a denunciar porque «yo pensaba que habían entrado en casa a robar y no se imaginaban que iba a haber gente» y «no quería que (Asunta) tuviera la sensación de que no podía estar segura en casa».

Porto se ha mostrado muy satisfecha al hablar de las «altas capacidades» y de todas las actividades extraescolares que realizaba Asunta: ballet, piano, violín, chino, francés o inglés. «Evidentemente que consume energía, tienes que estar preparada para que tu hija con 12 años te diga que Barack Obama no merecía el Nobel de la Paz», ha reconocido, pero para todas esas habilidades eran un «orgullo», según ha reconocido.

Los momentos iniciales de la declaración se centraron en aspectos personales de la delicada salud de Rosario Porto, que padecía de lupus y depresiones y de que, unos meses antes de la muerte de Asunta, había estado hospitalizada. También ha hablado de su relación con Alfonso Basterra. La pareja se había divorciado en febrero tras alguna escena violenta por parte del marido, según ha relatado la propia acusada, que le vio «un poco energúmeno» en los momentos de la ruptura.

Ha reconocido que uno de los detonantes de la ruptura fue que ella estaba manteniendo una relación extramatrimonial y que la separación, «en un primer momento, no fue pacífica», pero ha respondido con un «no recuerdo» a la pregunta de si llegó a dar un golpe con el que incluso se rompió una puerta. A la pregunta directa del fiscal de si Basterra le pegó también ha respondido con evasivas: «Él es más fuerte que yo y las parejas discutimos y en ocasiones perdemos el control».


Basterra: «¿Cómo iba a tener interés en matar a mi hija? Si era lo que más quería en el mundo»

Natalia Puga – Elmundo.es

2 de octubre de 2015

Alfonso Basterra ha roto su silencio. El padre adoptivo de la niña Asunta y acusado junto a Rosario Porto por la muerte de la niña, ha empezado a declarar en el juicio que se sigue en Santiago de Compostela por el crimen y, frente a su estrategia de los dos últimos años de prácticamente no declarar en el juzgado, ha decidido responder a las preguntas de todas las partes personadas en la causa. Todo para defenderse de la acusación, por la que se enfrenta a entre 18 y 20 años de prisión como supuesto autor de un delito de asesinato.

A su ex esposa, Rosario Porto, su abogado le preguntó directamente si había matado a su hija y ella respondió con un «no maté a mi hija». A él le hizo la pregunta su abogada, Belén Hospido, como colofón a cuatro horas y media de interrogatorio en el juicio. «¿Mató usted a su hija?». Y su respuestas fue todavía más contundente que la de la otra procesada: «Por supuesto que no». La última pregunta de la jornada le dio pie a defenderse aún más, al querer saber su letrada si «tenía algún interés en la muerte de su hija» y responder él: «Por supuesto que no. ¿Cómo iba a tener interés en matar a mi hija? Si era lo que más quería en el mundo». No hay más preguntas, señoría.

El fiscal del caso, Jorge Fernández de Aránguiz, también ha cambiado de estrategia. En la sesión del juicio de este jueves interrogó a Rosario Porto empezando con aspectos de su vida personal y familiar y tardando varias horas en ir al grano. Con Alfonso Basterra, empezó ya fuerte y su primera pregunta fue muy directa: «El día de los hechos, ¿usted le dio Orfidal a su hija?». Él se ha defendido sin ninguna duda: «Por supuesto que no».

Los análisis post mortem realizados a la niña revelaron que llevaba tres meses consumiendo Orfidal y la autopsia que el día de los hechos había ingerido una dosis letal de este medicamento con el principio activo del Lorazepam. Las acusaciones mantienen que Rosario Porto y Alfonso Basterra tejieron un plan para suministrar esta sustancia a la niña y luego asfixiarla, pero él lo ha negado con esta respuesta tan directa.

El interrogatorio del fiscal se ha centrado en las compras de Orfidal que realizó Alfonso Basterra durante el mes de julio de 2013, 50 en una ocasión y 25 en otra. Él las ha reconocido todas, pero ha matizado que eran para su ex mujer, Rosario Porto, que sufría una depresión y tenía problemas para conciliar el sueño. Nunca para darle a la niña, pues también a preguntas del representante del ministerio público ha dicho que desconocía quién se lo pudo dar a la menor, fallecida con 12 años.

El fiscal ha insistido en este punto y volvió a preguntarle si «le dio unos polvos blancos a la niña» en alguna ocasión, a lo que ha vuelto a responder con un no rotundo, a pesar de que el 27 de septiembre de 2013, dos días después de su detención, reconoció que sí, que se trataba de un medicamento que le había recetado la pediatra de la pequeña.

Basterra ha tenido una respuesta altiva ante esa contradicción en su declaración. Ese día, cinco después de que apareciese el cadáver de Asunta, «llevaba 6 días llorando sin parar», había sido detenido «ante mi perplejidad» y se había pasado «dos días en un calabozo en el que no dormiría ni una rata», de modo que «entenderé que yo no estaba en unas condiciones ni tan siquiera mínimas para hacer una declaración coherente». Incluso ha tirado de sorna: «Si me hubiese preguntado si era hijo del Papa Francisco, le habría dicho que sí».

En el mes de julio de 2013 los profesores de música de Asunta relataron que la niña acudió dopada y mareada a clase en la Escuela de Altos Estudios Musicales. Esa noche había dormido con Alfonso Basterra y Rosario Porto explicó, en su declaración de este jueves, que la niña podría estar así porque le había dado una medicación para la rinitis alérgica estacional. Frente a esa afirmación, él ha asegurado que no le suministró nada, pero ha reconocido que la niña estaba mareada, atribuyendo la situación a que apenas había dormido y había pasado la noche tosiendo y estornudando.

Esa mañana la llevó igualmente a clase porque así lo quiso la pequeña, pero advirtió a los profesores de que «tuviesen paciencia con ella» porque no se encontraba bien. Basterra, con barba, vaqueros y jersey negro, se ha mostrado sereno durante el interrogatorio, en el que ha insistido en la buena relación y el amor que sentía por su hija: «Estar con mi hija a mí me daba la vida».

El padre de Asunta se ha mostrado muy crítico con la cobertura informativa del caso en los dos últimos años y con la imagen que se ha dado de él y de su ex esposa, pues «da la impresión de que somos unos monstruos» cuando él se ha empeñado en dar la imagen de una familia ejemplar en la que «Rosario Porto fue, a mi juicio, la madre que toda niña hubiese deseado tener» y él se desvivía por la niña.

Parte del interrogatorio se centró en las fotos de la niña en posturas cuestionables que aparecieron en posesión de Alfonso Basterra durante la investigación, entre ellas alguna simulando ser una momia o vestida de ballet o cabaret. Él le retiró toda importancia y aseguró que él no las hizo, sino su mujer, pues tenía un móvil que era «una carraca» y no sabía utilizar el iPhone4 de su hija ni el iPhone5 de su ex mujer. Se mostró «sorprendido» por la polémica suscitada por las fotos y se preguntó «quién no tiene una foto de su hijo o de su hija en la bañera».

Basterra abandonó la actitud chulesca que mantuvo durante el interrogatorio del fiscal para declarar a preguntas de su abogada, Belén Hospido. Precisamente, a preguntas de su letrado ha explicado su comportamiento de las tres horas anteriores: «Estoy muy cabreado, llevo 24 meses muy cabreado». De hecho, insistió en que «todavía sigo preguntándome por qué todos los días».

En su declaración reconoció que la separación de Rosario Porto meses antes del crimen, a principios del año 2013, fue dura para él, pues «nunca pensé que nos acabaríamos divorciando, estaba tan enamorado de Rosario como el primer día, y tenía una hija maravillosa». Fue algo imprevisto, «tan inimaginable como que me detengan, me esposen, me traten como una bestia y luego que decreten tu ingreso en prisión».

El acusado ha pedido «un poco de empatía»

En una declaración en la que adoptó una actitud altiva y desafiante, Basterra pidió un poco de «empatía» y «un rasgo de humanidad» al fiscal del caso para entender las contradicciones en que pueda haber incurrido en relación con la declaración realizada tras su detención y los momentos «en blanco» que tiene de la noche en que apareció el cadáver de la niña. «Si es capaz de practicar un mínimo de empatía, se puede imaginar en que estado está una persona. Hay muchísimas posibilidades de que pueda cometer un error», explicó.

El padre de Asunta mostró una memoria prodigiosa para recordar todos los detalles de lo que había hecho el día del crimen, cuando su hija y su ex mujer comieron con él en casa, jugaron a las cartas y, tras la sobremesa, la niña se fue a hacer los deberes y la madre se quedó fumando un cigarrillo y planificando la visita a la playa que querían hacer al día siguiente. Sin embargo, ya no recuerda casi detalles de lo sucedido a partir de las nueve y media de la noche, cuando su ex mujer le dijo que su hija no estaba en casa. No prestó atención a lo que sucedía porque «mi única preocupación era saber dónde estaba mi hija, era lo único que quería, estaba histérico, empecé a fumar como un descosido».

Explica esa falta de memoria argumentando que «hay un cambio sustancial», la ausencia de su hija. Dentro de su actitud desafiante ante el fiscal, le espetó en varias ocasiones: «No sé si usted tiene familia, no sé si sabe lo que es perder a un hijo… Es algo tan sumamente desgarrador que no se lo deseo ni a mi peor enemigo». Ante esa circunstancia, «no era una situación normal como la de cualquier día del año (…) No es el mismo escenario, métase eso en la cabeza».

Esa falta de memoria no le ha impedido asegurar que cinco días antes del crimen no acudió a la casa de Teo en la que presuntamente fue asesinado Asunta. El fiscal dio a conocer en la sesión del jueves que alguien desactivó la alarma de la casa en la tarde-noche del martes 17 de septiembre -el crimen se cometió el 21 y el cadáver apareció el 22-, pero Basterra negó tajantemente haber sido él, pues incluso se declaró «sorprendido» al enterarse de esa circunstancia, de la que «no tenía conocimiento».

Durante la fase de instrucción del caso, optó por no declarar y este viernes ha justificado por qué. Se debió a que «habían aparecido toda suerte de disparates en la prensa» y su abogada se enteraba «por la prensa» de parte del sumario y porque «se detectaron irregularidades en la instrucción, irregularidades en la investigación». Ante tal situación, «mi abogada me dijo: es mejor que guardemos silencio».


Basterra: «Fui acusado de pederastia y creí que me mataban en prisión»

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

3 de octubre de 2015

Alfonso Basterra volvió a verse cara a cara con el fiscal al que se enfrentó con crudeza durante la instrucción, pero esta vez no le negó las respuestas, y rompió el silencio que guardó durante dos años, tras una primera declaración judicial el 27 de septiembre de 2013. El padre de Asunta, la compostelana de 12 años supuestamente asesinada por asfixia tras recibir una dosis tóxica de Orfidal el 21 de aquel mismo mes, respondió a todas las preguntas aunque incurrió en varias contradicciones que no supo explicar e incluso colisionó con alguna de las afirmaciones que hizo el día anterior su exesposa, al igual que él acusada del asesinato de la pequeña.

A veces, el periodista que en los últimos tiempos trabajaba de free-lance era prolijo en los detalles, y otras, se escudaba en los años transcurridos y consumidos en la cárcel, en el dolor del duelo y en el impacto de la detención para justificar sus lagunas sobre cuestiones cruciales. «Le pido un mínimo de empatía, usted no sabe lo que es perder a un hijo, es algo sumamente desgarrador», le rogó al fiscal, Jorge Fernández de Aránguiz, en un momento dado. «Un rasgo de humanidad, por favor», reclamó luego, cuando el representante del ministerio público se refirió al «cadáver de Asunta»: «¿podemos decir Asunta, no el cadáver?», suplicó el acusado.

En otra ocasión también pidió, volviéndose hacia los miembros del jurado popular, que se pusieran en su piel: «No se pueden imaginar lo que es ser acusado de pederastia estando en prisión… ¡Se me pusieron aquí [dijo llevándose la mano al cuello, en alusión a los testículos], creía que me mataban!». Basterra reprochaba con esto la interpretación mediática que se le había dado a unas fotos en las que aparecía la cría vestida para una actuación. También lo había hecho un día antes su exesposa, Rosario Porto: «Solo una mente calenturienta» podría ver un cariz sexual en esas imágenes.

Por esto y otras cuestiones, el padre de Asunta cargó varias veces contra el juez instructor y contra «los estercoleros» televisivos donde se le juzgaba mientras se iba desgranando el sumario todavía secreto, que directamente «se filtraba», según él, desde el juzgado. Contra el magistrado que lo imputó con su mujer, José Antonio Vázquez Taín, fue más veces. Basterra contó que oyó al juez decir delante de él que «en 18 años de carrera jamás había visto un caso tan claro» y puso en duda la profesionalidad con la que se llevó a cabo el registro de su piso. Según su versión, el ordenador portátil que los investigadores buscaron durante cuatro meses y que después apareció a la vista, en el pasillo de entrada de su domicilio, nunca se había movido de allí.

Respecto a las fotos en las que la acusación intenta ver una connotación sexual y varias páginas de contactos que aparecieron recogidas en la memoria del IPhone4 que había sido de Rosario Porto y usaba Asunta desde hacía un año, Basterra negó que fuera material suyo. «Yo no sé cómo funciona ese chisme», dijo en referencia al móvil, «a duras penas sabía cómo funcionaba el mío, que era una carraca». Este comentario lo hizo después de explicar que últimamente le habían ofrecido algún puesto de trabajo como experto en redes sociales para empresas.

Basterra definió a Porto como «la madre que cualquier niña desearía tener», negó haber matado a la pequeña -«lo que más quería», «una inyección de moral», lo que le «daba la vida»- y haberle suministrado el Orfidal con el que se la drogó durante meses. Admitió haber comprado varias cajas del ansiolítico en julio (primero dijo dos y, ante la evidencia de un papel oficial, luego tuvo que admitir que habían sido tres, en total 125 comprimidos). Pero en aquella época su exmujer aún no lo tenía pautado por el médico, supuestamente no lo consumía de manera sistemática, y excusó la desorbitada cantidad en que dos de los envases se los habían robado fuera de casa (a él, de una bolsa de la compra, y a ella, del bolso). Según él, no estaba nada familiarizado con el medicamento. Tanto, dijo, que para ir a comprarlo había anotado en un papel el nombre, y había puesto «Orfidán».

También negó haber dado instrucciones para que alguien borrase el contenido y las huellas de su ordenador y luego lo colocase en su piso para que lo hallasen los agentes. Tanto él en su declaración como su abogada, que presentó pruebas nuevas, intentaron construir durante toda la mañana una coartada que demostrase que no pudo matar a su niña porque aquella tarde no salió de su piso ni un instante; ni siquiera, como declararon dos testigos menores de edad que los vieron, para bajar a la calle con Asunta.

Y con ese fin, el interrogatorio llegó por momentos a parecer una clase de cocina. Alfonso no salió de casa porque, antes de sentarse a leer Gordo, de Jesús Ruiz Mantilla, pasó la tarde de aquel sábado preparando comidas para la semana siguiente. Según su relato, cuando Asunta y su madre marcharon después de comer, hizo albóndigas con champiñones y salsa de tomate, y también una crema de calabacín. Luego envasó y etiquetó meticulosamente todo ello para meterlo en el congelador. La letrada exhibió fotos de una fiambrera y dos botes, todos fechados de puño y letra de Basterra en el día del asesinato.

Aquellas albóndigas, dijo, le dieron «mucho trabajo» y acabó «hasta las narices». A pesar de la tensión, el público presente en la sala donde se celebra este juicio estalló en una carcajada cuando la acusación popular, que ejerce la Asociación Clara Campoamor, intercambió con el acusado de origen vasco, gran cocinero, una serie de preguntas sobre pormenores culinarios. El letrado le preguntó si tan laboriosa era la tarea de hacer unas albóndigas para que le ocupara toda una tarde; y él respondió que, aunque pareciese mentira, era la primera vez que las preparaba: «La primera vez todo es complejo», contestó, «y reconozco que no me quedaron muy bien, me faltaba un poco más de miga de pan».

Horas antes, mientras Asunta y Rosario Porto aguardaban al mediodía para comer viendo en el salón del minipiso de Basterra Los Simpson, el hombre también había estado cocinando el revuelto de champiñones que, según los investigadores, contenía la cantidad tóxica de Orfidal. «¿Seguro que su exesposa no le ayudó a batir los huevos?», le preguntó también el abogado de la Clara Campoamor. «No, los huevos de un revuelto no se baten, se echan directamente», ilustró al letrado el padre de la pequeña que fue adoptada en China.

La lección de cocina acabó con la exhibición de la foto de un almirez. Los investigadores creen que es posible que alguno de los padres machacase el Orfidal con este utensilio para camuflárselo a la niña (que nunca bebía en las comidas) dentro de los platos que se le servían. Basterra explicó que lo tenía, efectivamente, por Asunta. Pero para prepararle «cada viernes como premio al esfuerzo semanal su plato favorito: espaguetis con aceite, ajo y perejil». El día de la muerte de Asunta, según él salió de casa pasadas las cinco de la tarde perfectamente despierta: en la sobremesa habían jugado un par de partidas de un juego de cartas que se llama el continental, y la pequeña «ganó las dos veces».

El mortero fue una de las pocas adquisiciones que hizo después de divorciarse de la que había sido su esposa durante 20 años. Según Basterra, por orgullo no quiso depender económicamente de ella y se fue buscando la vida, pero descubrió que «se puede vivir con muy poco». En su piso apenas tenía nada. Pero bajo el televisor, según descubrió ayer su abogada, Belén Hospido, guardaba supuestamente una libreta roja de anillas en la que, casi un mes después de separase de Porto, en el tiempo que escapó de Galicia para refugiarse con familiares, había escrito lo siguiente: «He pasado de tener un matrimonio feliz a ser un divorciado infeliz. Tengo que rehacer mi vida, mirar para adelante. Y Asunta es lo más importante».

«Asunta tenía una alergia de caballo»

Basterra insistió en la teoría del antihistamínico para explicar los episodios de mareo y aletargamiento que sufrió la niña en sus clases de música durante el verano y que los investigadores interpretan como ensayos de la sedación final. De estos episodios, él solo reconoce uno a principios de julio. «Asunta tenía una alergia de caballo», dijo, y comentó que Porto propuso darle una pastilla de Aerius. Otro de los supuestos ensayos se habría perpetrado cuatro días antes del asesinato. Los datos de la central de alarmas muestran que esa tarde alguien estuvo en el chalé familiar, donde finalmente se cree que mataron a Asunta, y al día siguiente, miércoles, la pequeña no pudo ir al instituto. Una justificación escolar escrita por Rosario Porto para el tutor dice que la cría presentaba fuertes mareos y vómitos.

Basterra niega haber ido aquel día a la finca. Rosario Porto admitió el pasado jueves que es posible que su hija pasase la tarde de aquel martes 17 de septiembre comprando los libros de texto y cambiando bonos escolares en Hipercor, un centro comercial que se encuentra en la misma salida de Santiago que el chalé, este ya en el municipio vecino de Teo. El padre asegura que cuando estuvo en la lujosa casa de piedra que había sido de los abuelos de Asunta fue el viernes anterior: «viernes 13, me acuerdo bien», dijo. Había llevado con Asunta a la ITV el viejo Mercedes verde de la madre. A la niña le gustaba «apostar si pasaría o no» la inspección. Después, aprovechó para ir al chalé y «cambiar los absorbehumedades», algo que hacía sistemáticamente cada tres meses.


Una compañera de Asunta desvela que vio a Basterra con la niña el día de su fallecimiento

LD / Agencias – Libertaddigital.com

5 de octubre de 2015

Algunos de los investigadores, policías y guardias civiles que participaron en la investigación por la muerte violenta de Asunta y que han declarado este lunes en el juicio, han coincidido en que el comportamiento de los padres de la víctima y únicos imputados en el caso fue extraño.

En esta primera jornada de testificales en la vista oral que se celebra en Santiago de Compostela, el policía nacional que se ocupó de la denuncia interpuesta por los padres de Asunta después de la desaparición de la pequeña ha tildado de «extraña» la rapidez con la que los progenitores de esta niña acudieron a la policía, «porque (la cría) llevaba pocas horas» sin que se supiese de su paradero.

Asimismo, también ha destacado que, a diferencia de lo que ocurre con otras desapariciones de menores, los padres de Asunta desde un primer momento pensaban en «una desaparición forzada» y no se «planteaban» otra hipótesis. Este agente también se ha referido a una observación que le realizó el padre de la menor y que le resultó inaudita: «Me comentó que pensaba que la niña iba a aparecer fallecida, que esperaba que no fuera de agresión sexual, y que, por favor, no le dijese nada a Rosario para no ponerla nerviosa».

En el mismo sentido, otro guardia civil ha señalado este lunes que la madre de la víctima, Rosario Porto, se mostró «reacia» a ir a la casa de Montouto (Teo-La Coruña), donde supuestamente falleció la pequeña, ya que decía que prefería quedarse en el piso del centro de Santiago porque igual «volvía Asunta», puesto que se negaba a creer que el cuerpo que se encontró con posterioridad fuese el de su hija.

Finalmente accedió pero, según el relato de este efectivo de seguridad, la acusada Rosario Porto, al llegar a la mencionada casa, pidió ir al baño y «subió de manera ágil» al piso de arriba, en el que están las habitaciones, por lo que los agentes la acompañaron. En una de esas habitaciones detectaron unas cuerdas «cuyo brillo y uso al menos en ese instante» les hizo «pensar en las cuerdas» que vieron de lado del cuerpo de la niña en la pista forestal en la que fue hallada. Rosario Porto, según ha relatado este policía, estaba nerviosa e incluso «contestaba a cosas que no se le preguntaban».

Durante esta sesión, el presidente del Tribunal, el magistrado Jorge Cid, ha llamado al orden por primera vez en el transcurso de la vista oral a uno de los imputados, en concreto al periodista Alfonso Basterra, al hacerle ver que no podía «estar haciendo gestos de desaprobación» constantemente.

En la jornada de este lunes también ha testificado la pareja que reside en una casa pegada a la pista forestal de Feros en la que se localizó a la víctima y que pasó «hasta en tres ocasiones» por el lugar donde se encontró a la adolescente, e incluso, como demuestran las huellas, pasearon a «60 centímetros» de donde apareció el cuerpo sin vida de Asunta. Este matrimonio ha insistido en que, aquella -la madrugada del 22 de septiembre de 2013- era una noche con mucha visibilidad, por lo que si el cuerpo de Asunta hubiese estado allí, lo hubiesen visto. «Si hubiese estado allí, juro por mi madre que la habríamos visto», ha manifestado el vecino de la zona.

Esta afirmación, por su rotundidad, contrasta con la de los propios investigadores, que han remarcado la necesidad de «luz artificial» para que este cuerpo se pudiese ver.

«Había alguien allí»

Hoy también ha testificado uno de los hombres que localizó el cuerpo de Asunta sobre «la una y cuarto» de esa madrugada, justamente el que llamó a la policía. Él y un amigo suyo, que hoy no ha podido declarar, pasaron en varias ocasiones por delante del cuerpo antes de llamar a los cuerpos de seguridad, pero en una de las veces en las que se acercaron a la niña, él tuvo «la impresión de que había alguien allí» y la sensación de que lo estaban «observando», a pesar de no escuchar ruido alguno. Esto ha contado y ha advertido de que una de las veces que pasaron junto al cuerpo, la menor «tenía el brazo arriba» y cinco minutos más tarde, cuando volvieron, lo tenía abajo, y eso «yo lo afirmo y lo seguiré afirmando», ha enfatizado.

Los letrados de la defensa, José Luis Gutiérrez Aranguren y Belén Hospido, en su crítica hacia la instrucción de esta causa, han censurado que los agentes nunca investigasen a estos dos hombres en relación con este fallecimiento ya que, tal y como confirmó el testigo, no les pidieron que abriesen el coche ni el maletero.

Una amiga vio a Asunta con su padre

La declaración más relevante de esta jornada ha sido la de una compañera de clase de francés de Asunta que aseguró que el 21 de septiembre de 2013, día en el que falleció la menor, vio a la víctima junto a uno de los imputados, su padre, Alfonso Basterra. La testigo ha insistido en estar «segura» de haber visto al padre y a la hija esa tarde, a pesar de que según la versión mantenida siempre por Basterra, ese día no salió de casa en toda la jornada vespertina, puesto que, en base a su testimonio, estuvo cocinando y leyendo en su domicilio.

Este martes continuarán las testificales en una jornada en la que declararán catorce agentes y la madrina de la niña.

Los padres de Asunta, la abogada Rosario Porto y el periodista Alfonso Basterra, internos en el penal coruñés de Teixeiro desde hace más de dos años, son los únicos acusados del asesinato de esta menor, a la que adoptaron cuando no había cumplido doce meses.


Los padres de Asunta borraron los «whatsapps» del día en que murió la niña, según la Guardia Civil

Elmundo.es

6 de octubre de 2015

La hipótesis de la Guardia Civil es que los mensajes enviados los días 20 y 21 de septiembre de 2013 a través de la aplicación móvil «Whatsapp» por los teléfonos de Rosario Porto y Alfonso Basterra fueron borrados, pero no fue posible recuperarlos. Así lo ha revelado el agente que se encargó, durante «meses», del estudio del material volcado de los teléfonos y ordenadores de los acusados, los padres de Asunta, la niña que fue localizada sin vida en circunstancias violentas hace ya más de dos años en una pista forestal de Teo (A Coruña).

En el juicio que trata de esclarecer el crimen, este guardia civil también ha dado a conocer que fueron eliminados los listados de las llamadas salientes y entrantes del móvil de Porto hasta las 23,00 horas de la jornada de la muerte de la menor. Por el contrario, el «software» que adquirió la Benemérita a tales efectos sí permitió recuperar mensajes borrados del teléfono de la menor.

De acuerdo con este funcionario, el estudio del teléfono de Rosario Porto dio a conocer una búsqueda realizada en «Google» el día de la muerte de Asunta, ese 21 de septiembre, a las 21,27 horas.

En concreto, la pesquisa en el buscador era relativa a Antonio Muñoz Molina, extremo que la acusada aseguró no recordar o no haber hecho cuando fue interrogada por el fiscal del caso, Jorge Fernández de Aránguiz. A continuación, el fiscal ha interrogado al testigo sobre otros «whatsapps», correspondientes algunos a grupos en los que estaba la niña con compañeras de clase.

«Selfies» ante el ataúd

Justo después, Aránguiz ha hecho referencia a los «selfies» -autofotos- que Porto y Basterra se hicieron en el tanatorio de la niña, y que no están incluidos en el sumario de la causa. «La finalidad es que los jurados se formen su propia opinión respecto de esta manera de actuar», ha explicado el representante del Ministerio Público.

La abogada de Basterra, Belén Hospido, ha pedido que no se mostrasen las imágenes y el fiscal ha insistido, a las cuestiones del presidente del tribunal, Jorge Cid, en que lo que pretendía es que lo viesen los miembros del jurado «para que se formen su idea ellos». Finalmente, estas fotografías no han sido exhibidas en la sala.

En su exposición, el guardia civil que examinó los dispositivos móviles ha relatado cómo en un primer registro del piso del acusado no se buscaba el portátil de Basterra, pero a él, personalmente, le extrañó no ver ninguno en el piso de este. Cuando más tarde sí se dio con él, ha llamado la atención sobre el hecho de que apareció en un lugar de la vivienda que no había mirado pero justo al lado de una «bolsa de viaje» con ropa que el padre de Asunta había llevado a la prisión.

Del estudio del ordenador de Basterra, ha informado de que no se pude saber si se había «cambiado el disco duro». En cuanto al contenido, ha hablado de «un montón de contenido eliminado», de «todo tipo» de carácter, y los ha cifrado en más de 540.000 archivos. Acerca de si, efectivamente, alguien con amplios conocimientos informáticos suprimió contenido sin dejar rastro, este guardia ha respondido al abogado de Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, que no puede afirmar esto.

Por su parte, Hospido ha hecho alusión a la conclusión de un informe relativa a que el portátil no había sido operado desde el 20 de septiembre. «Los de Madrid nunca concluyeron», ha alegado el guardia civil, antes de defender que su tarea fue «comprobar si había habido alguna manipulación» en el ordenador. Además, la letrada que representa a Alfonso Basterra ha pedido incluir un oficio con el que intenta contradecir la afirmación del agente de que no se pudo comprobar si el disco duro de fábrica había sido cambiado.

«¿Eso lo firmó usted?», le ha espetado la abogada al testigo, que ha respondido afirmativamente. Por este motivo, elle le ha instado a que tenga «cuidado» con lo que dice y cómo lo sostiene, por las impresiones que genera. «Perdón por que sea tan vehemente», se ha terminado excusando Belén Hospido.

Fotos «extrañas»

La defensa del padre de Asunta también ha interrogado a este testigo por imágenes de la menor, las cuales al agente le parecieron «extrañas». No obstante, la abogada le he reprochado no haber incorporado a su informe otras fotografías en las que la niña aparecía disfrazada. En este punto, el fiscal ha solicitado un nuevo turno de palabra para traer a colación las imágenes de páginas web de contenido sexual encontradas en el móvil de la niña.

Previamente a este agente han declarado otros dos guardias civiles, que se encargaron de realizar una simulación del paseo por la pista forestal en la que se halló el cadáver dos días después, acompañados del vecino que aseguró no ver el cuerpo. Estos agentes grabaron varios vídeos con una cámara «reflex» «normal», según ha declarado, y únicamente apoyados en la escasa luz que aportaba una linterna de reducidas dimensiones que, según el testimonio del hombre, fue con la que se desplazó aquella noche.


El visionado de las cámaras descarta que Rosario Porto hiciese el trayecto en el que dice que dejó a Asunta en Santiago

Efe – Elmundo.es

6 de octubre de 2015

El teniente de la Guardia Civil que estuvo en el registro de la vivienda de Teo (La Coruña) y en la inspección del lugar donde se halló el cadáver de Asunta ha destacado esta mañana la reacción que tuvo entonces Rosario Porto, ya que, en su opinión, se mostró «reacia» a acudir a la casa en la que, según la investigación, murió la niña.

También que descartaron, a partir del visionado y análisis de las imágenes que captaron las cámaras de seguridad ubicadas en distintos establecimientos, en concreto una en la gasolinera de la rotonda de la Galuresa, que Rosario Porto hiciese el trayecto en el que asegura que trasladó de vuelta a su hija Asunta desde la casa de Teo.

En la sexta jornada del juicio, este testigo ha relatado cómo, en «un principio», la madre de Asunta, imputada por esta muerte violenta junto con su ex marido, se resistió a ir a esta casa, al decirle a los investigadores que a esa finca no iba «nadie» y que allí no podrían descubrir nada, puesto que a ese hogar no podría haber acudido persona alguna, ya que únicamente existe una «copia» de las llaves y que las tenía ella.

Finalmente, en base a su declaración, fue el otro acusado, Alfonso Basterra, quien en ese momento espetó: «Pues voy yo», motivo ante el que Porto también accedió.

De acuerdo con la exposición de los hechos de este teniente, que se ha prolongado durante más de dos horas, nada más llegar la madre a la casa de Teo, quiso ir al servicio y subió las escaleras «a paso acelerado» hasta una habitación del piso superior, por lo que el teniente la siguió.

En dicho dormitorio, y en una «primera visual», se observó una papelera que contenía «una mascarilla, un amasijo de papeles y cuerda anaranjada de color brillante prácticamente idéntica a la que acababa de ver en el lugar donde fue hallado el cadáver de su hija».

Es en ese momento cuando Porto se puso «nerviosa», ha contado, y en ese estado comenzó a explicar el contenido de ese recipiente de un modo que, ha apreciado, no era comprensible, ya que, por ejemplo, la madre relató que los pañuelos encontrados eran de un episodio de mocos de Asunta muy anterior, cuando su apariencia era reciente.

Envoltorios de las mascarillas encontradas en esta papelera también fueron localizadas en el coche de Rosario Porto.

Ante ese nerviosismo de la mujer, es Alfonso quien comenzó, en base a este efectivo de las fuerzas y cuerpos de seguridad, a responder a las preguntas de los guardias civiles.

El motivo de la detención

Este teniente también participó en las detenciones al determinar, tras el visionado de las cámaras, que había mentido en su declaración y «tomando como referencia el nerviosismo» que mostró con el «hallazgo de la cuerda».

La de Alfonso, un día después, ha proseguido, se «vinculó» al informe biológico que detecta en el cuerpo de Asunta «niveles toxicológicos» de Lorazepam, el principio activo del Orfidal, siendo su padre quien había realizado la comida para los tres el propio día de la muerte de esta pequeña.

Rosario Porto y Alfonso Basterra han vuelto hoy, por quinto día, a esta vista oral, vestidos ambos nuevamente de color oscuro, en una sesión en la que, por el momento, se han mostrado mucho más serenos.

Los padres de Asunta, la abogada Rosario Porto y el periodista Alfonso Basterra, internos en el penal coruñés de Teixeiro desde hace más de dos años, son los únicos acusados del asesinato de esta menor, a la que adoptaron cuando no había cumplido doce meses.


Asunta: «Mamá me dio unos polvos blancos que sabían fatal»

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

7 de octubre de 2015

Mañana de antihistamínicos, mareos, extraños con «guantes de látex» en la noche y «polvos blancos» en los juzgados de Santiago. Mañana también de importantes confirmaciones y nuevas dudas en torno a los hechos ocurridos en los últimos tres meses de vida de la niña Asunta Basterra, muerta por asfixia y después abandonada al borde de un camino el 21 de septiembre de 2013 tras recibir una dosis en rango tóxico de ansiolítico lorazepam.

Además de la mujer encargada de las tareas domésticas en el piso de Rosario Porto, cuidadora también de la pequeña, por la sala de la sección sexta de la Audiencia Provincial de A Coruña han pasado a lo largo de la jornada tres madres de amigas; una vecina y cinco docentes en la Escuela de Altos Estudios Musicales y la academia Play de Santiago, que en varias ocasiones han hablado con voz quebrada por la emoción. También han acudido la profesora de ballet; la médico de familia de los acusados, Rosario Porto y Alfonso Basterra; la pediatra; dos farmacéuticas que vendieron al padre de la niña Orfidal y la funcionaria del juzgado que recogió la solicitud, por parte de los exesposos, para incinerar inmediatamente el cadáver de Asunta pese a que se estaba investigando lo que entonces era homicidio y hoy supuesto asesinato. En conjunto, con sus versiones en algunos aspectos contradictorias, entre todos los testigos, en su gran mayoría mujeres, han dibujado el retrato de una niña de 12 años «perfecta», «inteligente», «inquieta», arropada por una familia «idílica» y un padre y una madre con los que mantenía una relación «excelente». Una menor que «empezaba a hacerse mayor» y se hacía preguntas. Una cría completamente sana que, sin embargo, según referían sus padres, necesitaba tomar una «fuerte medicación» a causa de una alergia, y acudía a sus clases particulares como «sonámbula» por los efectos secundarios de un fármaco. Asunta hablaba de unos «polvos blancos», y en los días antes de su muerte se quejaba de «mal sabor de boca».

La acusación popular y el fiscal del caso llaman la atención sobre la coincidencia en el tiempo de compras de Orfidal por parte de Alfonso Basterra y un par hechos, situados los días 9 y 22 de julio de 2013, dos meses antes de la muerte de la menor, que fueron denunciados ante el juzgado por las profesoras de música tras leer en la prensa que el cuerpo iba a ser incinerado. En los días sucesivos a aquellas adquisiciones de comprimidos de esta marca de lorazepam en una farmacia del centro de la capital de Galicia, la cría fue dejada por su padre en clase con fuertes síntomas de mareo. Basterra había advertido que se trataba de una rinitis alérgica. «No pudo dar clase. Andaba como en estado de sonambulismo y no respondía a lo que se le decía, ni siquiera a la pregunta de si le pasaba algo», ha recordado una de las docentes de la Escuela de Altos Estudios Musicales. «Tocaba muy fuerte, no atendía, no coordinaba, pero al irse andaba sola perfectamente», ha comentado otra. Ese 9 de julio, Basterra había avisado previamente de que Asunta estaba «drogada» porque había tomado «antihistamínicos», y a nadie le sonó extraña aquella forma de expresarse. A la salida, las profesoras informaron a Porto, y ella respondió que tendría que llevarla al médico porque ese estado, en Asunta, no era «para nada normal».

El 22 tuvo lugar, supuestamente, el episodio más grave. «Como alguien no me coja me voy a caer», clamó la cría en el transcurso de la clase de violín (ese año la madre le acababa de comprar un instrumento de 1.500 euros) en la escuela Play. La menor «se tambaleaba», y «fallaba las notas», algo que nunca le pasaba, «porque era brillante, siempre hacía todo bien». «¿Será por la alergia?», le preguntó la profesora, que previamente había sido alertada por el padre de la enfermedad. «¡Yo no tengo alergia!», protestó la pequeña. «No sé qué me pasa. Me dieron unos polvos blancos que sabían fatal y dormí dos días seguidos. A mí nadie me quiere contar la verdad», se explicó Asunta, habitualmente «reservada» para las cosas de casa. Las profesoras le preguntaron quién le había dado esos polvos. «Mi madre», respondió. «¿Y quién se los dio a tu madre?». «Una amiga en el portal de casa». Otra docente ha asegurado que la pequeña dijo en otro momento que esa amiga era «médico».

El padre, aquel día, aseguró a esta profesora al ir a recoger a la cría que no le daban «nada»: «Como mucho un flisflís», ha rememorado la violinista esta mañana llorando por su alumna. Otro profesor del centro, ha dicho, sin embargo, que al llegar a clase Alfonso Basterra lo alertó: «Le hemos dado un tratamiento fuerte para la alergia… su madre… Y va a andar así como dormida». Los análisis del pelo de Asunta revelaron que la víctima llevaba varios meses recibiendo la benzodiazepina lorazepam.

La profesora de danza de Asunta también recuerda alguna ocasión en que la propia niña justificó su ausencia a clase en junio por «una alergia o un resfriado horrible». El día 20 del mismo mes, cuando ensayaban duramente para el espectáculo de final de curso, mientras repasaban «una mazurca en la que éramos compañeras de baile y teníamos que mirarnos a la cara», le notó los ojos llorosos y se dio cuenta de que estaba «confusa con los pasos». El 18 de septiembre, la semana anterior al sábado en el que fue supuestamente asesinada, Rosario Porto volvió a avisar a esta bailarina extranjera a través de un Whatsapp de que Asunta «había tomado un medicamento y no estaba en condiciones de acudir a clase». La última vez que la profesora vio viva a la niña fue el viernes 20: «La vi con una postura diferente… En el ballet el lenguaje corporal se trabaja mucho… Entonces pensé que quizás, durante las vacaciones de verano, o bien Asunta había perdido su postura o bien me estaba contando algo sobre su estado interior».

La bailarina, sin embargo, ha zanjado dos cuestiones a las que se lleva dando vueltas desde que empezó este juicio. Esta vez en beneficio de los padres. Confirma que es cierto que aquellos días le encargó a Rosario Porto que comprase una pelota de Pilates para la cría, «una gris que había en Decathlon», porque el color determina el tamaño y aquella era la idónea para la talla de la alumna. Asunta debía empezar a usarla en sus ejercicios de danza a principios de octubre. La madre asegura que aquella tarde del 21 de septiembre estuvo entretenida entre idas y venidas desde el chalé familiar a las inmediaciones del centro comercial para comprar la pelota, pero que dio la vuelta sin adquirirla porque se había olvidado el bolso. El otro asunto que ha aclarado la profesora de ballet es el de las fotos del 30 de junio de 2013 que estos días se ha empeñado en exhibir la acusación, con Asunta vestida de cabaret y las piernas entreabiertas en el sillón de su casa. «Me duele que se haya hecho una visión retorcida de lo que era una simple interpretación escénica», ha lamentado la maestra. Después de varias coreografías con las que se hacía un viaje por «las músicas del mundo», «Asunta y todas sus compañeras» se vistieron y maquillaron de esta guisa para «la Danza de Chicago». Fue con esa ropa con la que luego volvió a casa y con la que, casualmente, fue retratada en la butaca, supuestamente derrumbada por el cansancio.

Dos farmacéuticas que atendieron a Basterra en julio y septiembre en la botica más próxima a su casa, han confirmado algunas compras de Orfidal pero no han podido concretar otras que, sin embargo, aparecen en la instrucción. La acusación habla de cuatro momentos (tres en julio y uno en septiembre, coincidiendo con los episodios de somnolencia o ausencias a clase), pero ayer no se pudo aclarar este aspecto porque solo aparece una receta electrónica confirmada por el Sistema Galego de Saúde el 22 de julio (ese día en que la pequeña se refirió a los polvos blancos). La médico de cabecera de Porto y Basterra ha confirmado que en el historial del padre aparece como antecedente la «rinitis alérgica» y que el hombre seguía un tratamiento con Prozac, pero que «solo una vez» acudió a la consulta para pedir Orfidal, precisamente aquel mes de julio.

Mientras tanto, la pediatra de Asunta, amiga de la familia, ha descrito a la víctima como «una niña sana» y ha confirmado lo que Basterra contó el día de su declaración: que la cría había ido en los últimos tiempos a vacunarse contra la hepatitis porque al ser adoptada en China no lo había hecho de bebé. También que el padre de la cría le comentó que «estornudaba» por un «episodio de rinitis» y que quizás hablaron «de darle un inhalador nasal», «un flisflís», «un corticoide suave» para el que puede que hiciese una receta. También ha admitido como probable que además le comentase que «si esto no era suficiente, probasen a darle un antihistamínico en pastillas»; «pero nunca Orfidal», ha asegurado.

La funcionaria judicial, que entonces trabajaba a las órdenes de José Antonio Vázquez Taín, instructor del caso Asunta, ha recordado que el lunes, al día siguiente del hallazgo del cadáver en una pista forestal de Teo (municipio limítrofe con el de Santiago), los padres de la menor se presentaron en el juzgado para solicitar un permiso de incineración. El juez la autorizó. Según la trabajadora, «esa mañana, no se pidió opinión al Instituto de Medicina Legal de Galicia» para saber si era procedente, aunque no puede asegurar que no se hiciese «en otro momento».

Lo que todavía no está claro, ni mucho menos, es qué ocurrió en la madrugada del 5 de julio, con Rosario Porto recién salida del hospital y según ella ha contado sumida en la depresión. La madre nunca llegó a presentar denuncia por unos extraños hechos que sí contaron tanto ella como la pequeña a algunas personas de su entorno. Presuntamente un extraño de no muy alta estatura, vestido de negro y con guantes de látex entró en su piso aprovechando que habían olvidado las llaves puestas por fuera en la cerradura. Rosario oyó los gritos de auxilio de su hija a las tantas de la mañana, y sin encender la luz acudió a defenderla. Se encontró a aquella misteriosa sombra intentando estrangular a la niña, forcejeó con él y la persona huyó. La madre y la hija se abrazaron.

Esta mañana, la progenitora de una amiga de Asunta ha contado cómo la niña, yendo en coche a la playa, le relató lo que había ocurrido la noche anterior y cómo Rosario Porto la «protegió». La menor, aquel día, también le aseguró a esta madre que la ahora acusada por su asesinato «tenía marcas del forcejeo con el intruso en el brazo». Aquel fin de semana en la costa de Pontevedra, según esta testigo Asunta, efectivamente, «moqueaba» y «tenía los ojos rojos». El día 9 fue cuando llegó «sonámbula» a clase y Basterra dijo que estaba «drogada» por el «antihistamínico». Una vecina del edificio en la que se sitúa este presunto asalto doméstico ha asegurado que Porto también le contó el suceso un día, pero ha dicho que nunca le dio credibilidad porque tiene una perra que «siempre ladra y no calla cuando alguien desconocido entra en el portal. Y esa noche no ladró».

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«Era una familia idílica»

S. R. P.

O la madrina y la trabajadora doméstica se confunden de fechas, o Asunta no pasó, como defienden los padres, medio mes de agosto con ellos dos en el apartamento de la playa. El martes, la madrina de la cría situó el momento en el que Porto y Basterra llegaron a Vilanova de Arousa (Pontevedra) para hacerse cargo de la niña (que desde finales de julio estaba con ella) en el 23 o 24 de agosto, y puso como fecha de referencia para el cálculo la de una cita médica que ella tenía en Santiago el día 27. La cuidadora de Asunta, por su parte, ha afirmado hoy que la víctima estuvo con ella en su casa, en una aldea del municipio de Val do Dubra (A Coruña), «desde que Alfonso la dejó el 28 de agosto hasta el 10 de septiembre», a punto ya de empezar el curso escolar. «La madre se encontraba mal, y el padre tenía que estar en Santiago», ha justificado la empleada de Rosario Porto esta situación.

En todo el tiempo que pasaba con la pequeña, nunca tuvo «noticia de ningún problema de salud» en Asunta, «ni de estornudos ni de alergia», «ni de mareos», ni de la necesidad de utilizar «ningún medicamento o espray». Además, la menor nunca le contó que había entrado un hombre «para matarla».

Tampoco notó el más mínimo cambio, en los últimos tiempos, en la relación entre la madre y la hija. «Asunta era una niña perfecta», ha dicho emocionada. «Para mí», ha asegurado al final, aquella «era una familia idílica».


El hombre del semen en el caso Asunta

Natalia Puga – Elmundo.es

8 de octubre de 2015

Ramiro Cerón Jaramillo, el hombre al que se ha bautizado como el hombre del semen en el caso Asunta porque su semen apareció en la camiseta que llevaba la niña el día del crimen, ha declarado este jueves por viodeconferencia en el juicio que se sigue en los juzgados de Santiago de Compostela y ha ratificado que el 21 de septiembre de 2013, fecha de la muerte de la menor, no se encontraba en Galicia, sino en Madrid. De hecho, ha asegurado que «no» estuvo en Galicia en ningún momento en todo el año 2013.

El hombre fue detenido e imputado durante la investigación del crimen, pero posteriormente le retiraron la imputación al entender el juzgado que había «indicios suficientes» para concluir que su perfil genético aparecía relacionado con la camiseta de Asunta porque «se produjo una contaminación en el laboratorio de ADN del departamento de Criminalística de la Guardia Civil», donde tenían muestras de su semen porque estaba siendo investigado por una agresión sexual.

En su declaración durante el juicio ha reiterado los argumentos que ya aportó durante la investigación de que el día del crimen por la mañana estuvo con su novia en un centro comercial de El Corte Inglés en Madrid para recoger su traje de boda, pues se casaba en enero de 2014, y por la noche cenó con su hermana y unos amigos en un restaurante del barrio de Aluche.

Durante su declaración en el octavo día del juicio con jurado, el hombre ha asegurado que no conocía a Asunta ni a sus padres: «Yo a la niña no la he visto, ni a sus padres, ni nada». Además, hasta que fue detenido por estos hechos no sabía nada del crimen «salvo lo que salió en las noticias».

Las defensas de los dos únicos acusados por este crimen, Rosario Porto y Alfonso Basterra, han intentado sin éxito desmontar su versión para desacreditarlo y poner de relevancia las contradicciones detectadas entre su declaración inicial cuando fue detenido en octubre de 2013 y el testimonio aportado en los meses siguientes, así como echar por tierra las pruebas aportadas en su defensa con las que consiguió que se le levantase la imputación.

La declaración se ha prolongado durante unos 30 minutos a través de viodeoconferencia y durante la misma el presidente del tribunal de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de A Coruña ha reprochado su actitud en varias ocasiones a la abogada de Alfonso Basterra, Belén Hospido, pues ha entendido que «el interrogatorio esta bordeando los derechos de esta persona». El magistrado, Jorge Cid Carballo, ha recriminado a la letrada que le estaba sometiendo «a un tercer grado» y parecía que lo hacía «como si fuese un acusado» cuando ha declarado como testigo.

La hermana y la novia le respaldan

También por videoconferencia declararon la pareja y la hermana del «hombre del semen», que confirmaron su relato sobre su agenda el día del crimen a pesar de que en su primera declaración ante los investigadores habían contado que ese sábado habían hecho unos planes distintos. Según explicaron, eso ocurrió porque se confundieron con el fin de semana anterior, pero, cuando se enteraron de la detención e imputación, empezaron a repasar su Facebook para recordar qué habían hecho el 21 de septiembre y lo recordaron.

Las fotos de la red social Facebook le han servido, de hecho, para apoyar su coartada, pues la hermana publicó esa noche fotos de la cena en la que habían estado todos en Madrid y la novia otras imágenes mientras esperaba al que hoy es su marido mientras recogía su traje en El Corte Inglés.

Los abogados de Basterra y Porto insistieron en buscar contradicciones en sus declaraciones y en contraponerlas con el testimonio de los empleados del centro comercial y el restaurante en el que estuvo el hombre ese sábado. Ninguno de ellos recuerdan a Ramiro aquel día, pero él sí aporta el ticket de haber recogido el traje de novio y su hermana la comanda de la cena.

«Hoy me intentaron matar»

En la octava sesión del juicio también declaró por videoconferencia una amiga de Asunta, a quien contó por Whatsapp que en el mes de julio una madrugada un hombre entró en su casa e intentó matarla. La niña explicó que su amiga era «feliz y bromista» y que le dijo «hoy me intentaron matar», pero ella no la tomó en serio, sino que «como era muy bromista, no le di más importancia». Durante su declaración, Rosario Porto rompió a llorar desconsoladamente.

La jornada de declaraciones testificales concluyó con una amiga de la familia llamada a la sala por el abogado de Rosario Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, que aseguró que la relación entre ambas familias «viene de 1940» y que Rosario Porto tenía «una preocupación total por su niña» y sentía «orgullo por ser la madre de Asunta» y Alfonso Basterra y su hija tenían una relación «muy especial».


El hombre cuyo semen se halló en la ropa de Asunta: «Nunca la vi»

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

9 de octubre de 2015

La noche del levantamiento del cadáver, en el cuello de la camiseta de Asunta se vislumbraron unas manchas blancas de tipo biológico cuyo origen la luz forense no pudo determinar. En el informe que se levantó en aquel momento se indicó que podría tratarse de semen entre otras opciones, ya que se trataba de la muerte violenta de una hembra menor de edad, aunque enseguida se comprobó que no había habido agresión sexual. Pero aquel detalle, que hubiera pasado sin pena ni gloria una vez avanzada la instrucción, se transformó en episodio delirante a causa de un error garrafal, injustificable, que tuvo lugar en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Madrid. Ningún profesional en concreto asumió el fallo, pero allí, según concluyó muchos meses después el juez que investigó la muerte de la cría, José Antonio Vázquez Taín, se había producido la contaminación con semen de un varón investigado por otros hechos cuando se cortaron con las mismas tijeras, supuestamente sin esterilizar, el condón que era prueba de su delito y la camiseta que llevaba puesta la niña compostelana el día del crimen.

La prenda de Asunta fue enviada a la capital de España para su análisis, precisamente porque presentaba algunas manchas que podrían arrojar luz sobre los hechos. Pero cuando murió por asfixia la pequeña de 12 años, R.C.J., de nacionalidad colombiana y vecino de Arroyomolinos (Madrid), ya había salido de la cárcel en la que entró por causa de una agresión sexual denunciada por una joven tras una fiesta privada. Él mismo rebuscó en la basura, en aquella ocasión, el preservativo usado con el que había perpetrado su supuesto delito y se lo entregó a los agentes que lo detuvieron. Así llegó su esperma a las mesas de trabajo de la Guardia Civil.

El gran fiasco, es decir, cómo luego se transfirió a la ropa de la niña, tiñendo aún de mayor sordidez el caso gallego, nunca quedó suficientemente claro. Finalmente, la investigación sobre este hombre, que había sido imputado en la causa contra Rosario Porto y Alfonso Basterra y fue bautizado por algunos medios de comunicación como «el hombre del semen», quedó definitivamente archivada. Pero este jueves el bochornoso suceso ha vuelto a ser noticia. Basándose en algunas contradicciones detectadas en sus declaraciones de hoy y de otras fechas, la defensa de Rosario Porto y Alfonso Basterra han intentado esta mañana desacreditar la versión dada por él mismo y personas de su entorno a través de una videoconferencia con los juzgados de Madrid.

A lo largo de este juicio, José Luis Gutiérrez Aranguren, abogado de Porto, se ha referido insistentemente a este chico como «el hombre del semen». Hasta el punto de que hace dos días el juez presidente del jurado popular, Jorge Cid Carballo, le terminó prohibiendo usar en adelante la expresión, por despectiva, y por la «poca gracia» que le podría hacer al ahora desimputado. Hoy, R.C.J., su hermana, una amiga de la familia y la que entonces era su novia y hoy esposa, todos ellos en calidad de testigos, han rememorado los acontecimientos del día 21 de septiembre de 2013, fecha del supuesto asesinato de Asunta, para demostrar, nuevamente, que habían estado en Madrid. La fortuna, para el hombre que en su momento llegó a estar imputado por un posible error de laboratorio fue que, durante la cena en la Tranquera, un restaurante colombiano de Aluche, se hiciesen fotos con el móvil de su hermana que esta, inmediatamente, subió a Facebook. Si no fuera por esto, quizás no habría podido demostrar eso en lo que hoy se ratificó: que ni conocía a la familia Porto Basterra, ni en septiembre ni en todo el año 2013 había estado en Galicia.

Aquella jornada, su teléfono dio señal en Madrid, pero según él tuvo problemas con la cobertura porque, casualmente, aquellos días cambió de compañía, de Movistar a Orange. Además, cuando durante la investigación le hicieron recordar qué había hecho aquel sábado, dijo que había ido al centro comercial Xanadú, en concreto a El Corte Inglés, para recoger con su hermana el traje de su boda, prevista para enero de 2014. Pero cuando la Guardia Civil se presentó en el establecimiento para hacer acopio de las grabaciones de seguridad se encontró con que ya habían sido borradas. Además, el dependiente que supuestamente le entregó el traje, encargado y abonado días antes, no se acordaba de nada. El único vendedor que sí rememoraba algo era el que lo había atendido cuando dos semanas antes había elegido para la ceremonia nupcial un traje «beige clarito de una marca nueva». Se le quedó grabada en la mente la compra porque «casi nadie se casa de ese color». Los dependientes, al igual que el responsable del restaurante en el que había cenado la familia, han testificado también esta mañana. Ninguno puede asegurar lo que hizo R.C.J. aquel sábado 21 de septiembre. Pero la Guardia Civil confirmó que las fotos del restaurante se habían subido a Facebook en aquella fecha.

«Orgullosa de ser la madre de Asunta»

Nunca hasta ahora ha podido disimular menos su estado anímico Rosario Porto, acusada del asesinato de su hija. La madre de Asunta ha llorado desconsolada durante toda la declaración prestada por la mejor amiga de la víctima. La adolescente, que ahora tiene 14 años y ha comparecido por videoconferencia desde otra sala del edificio judicial de Santiago, era compañera de la fallecida, a la que conocía «desde los tres años». Asunta, ha descrito, «era feliz y bromista», tanto, que creyó que «estaba de broma» cuando le dijo, el 5 de julio de 2013, «hoy me han intentado matar». La frase hace referencia a unos hechos cuya veracidad o posibles protagonistas no se han llegado a esclarecer: Esa madrugada en la que, recién salida la acusada del hospital, un intruso se internó en el piso de Rosario Porto y quiso estrangular a Asunta, según el relato de la madre y entonces también de la pequeña.

A última hora de la sesión de hoy ha testificado además una buena amiga de Porto, la mujer que sobre el mes de octubre de 2013 se hizo cargo de las cenizas de la víctima, hasta entonces custodiadas en el juzgado de Instrucción número 2. Esta testigo ha descrito la relación entre la niña y sus padres adoptivos de «estupenda», «maravillosa», con un padre (Basterra), siempre bromista con su pequeña y una Rosario Porto «totalmente maternal», «preocupada por su hija» y «orgullosa de ser la madre de Asunta».


La psiquiatra de Rosario Porto: «Su depresión no era un riesgo para otros»

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

9 de octubre de 2015

El 19 de octubre 2009, Rosario Porto llega con el que todavía era su marido, Alfonso Basterra, al sanatorio privado La Robleda, un psiquiátrico situado a las afueras de Santiago, «en un estado de ansiedad, angustia, tristeza y deseos de morir». Se la considera inmediatamente «una paciente de riesgo», pero pocos días después pide el alta voluntaria en contra del criterio de la segunda especialista que la atiende. Esta médico ha declarado esta mañana en el juicio por el supuesto asesinato de la hija de la pareja, Asunta, y asegura que su depresión era «preocupante» porque, para Porto, suponía «riesgo contra sí misma», nunca «para terceras personas».

«Había antecedentes», ha rememorado la médico, especializada en psiquiatría infantil y drogodependencias, «episodios de depresión y un intento de autoeliminación años antes, siendo joven». El abogado de la acusada de asesinato, José Luis Gutiérrez Aranguren, le ha preguntado a esta testigo, propuesta por él mismo para el juicio, si a Porto «le estorbaba Asunta». La psiquiatra se ha negado a contestar, amparándose en su «código deontológico»: «Tendría que tener una autorización por escrito de la paciente para contestar a eso. El vínculo de Rosario Porto conmigo queda conmigo», ha aducido, pero luego ha añadido que la depresión «no suponía riesgo para terceras personas».

Sin embargo, a continuación el fiscal Jorge Fernández de Aránguiz ha sacado a la luz dos fragmentos del informe médico de aquellos días. El primer folio corresponde a otro facultativo, el doctor Carrero. El segundo, a la que ha prestado hoy declaración, Gabriela M.K. En el primero, el médico especifica que a Rosario «la hija, en estos momentos, le molesta». En el segundo, no se dice nada de esto, aunque la psiquiatra recoge que la paciente es «ambivalente en sus propios sentimientos». El fiscal le ha preguntado por ambas frases. Sobre la posible molestia que pudiera suponer Asunta ha contestado «eso es problema de Carrero, pregúntele a mi colega». Sobre el segundo apunte, el de la ambivalencia, ha ilustrado que «todos los seres humanos, a veces, sentimos amor y odio como relaciones vinculadas».

En relación con este estado anímico de Porto, tendente a la «autoeliminación», también ha intervenido en el juicio, que se suspende hasta el martes, una exreclusa de la prisión de Teixeiro que fue destinada como presa de apoyo dentro del protocolo de prevención de suicidios. En los dos años transcurridos, la acusada por la muerte violenta de Asunta nunca ha dejado de estar sometida a este protocolo. La exreclusa ha contado que, durante nueve meses, hasta que cumplió su pena y quedó en libertad, fue la presa de referencia de Porto, por lo que tenía que acompañarla «las 24 horas». Esta mujer también ha descrito el «cambio paulatino de opinión» que se produjo entre las otras reclusas con respecto a Rosario Porto. «Cuando llegó, el recibimiento fue bastante hostil… Ese tipo de delitos son mal recibidos. La mayoría de las internas la insultaban, y las que no, le hacían vacío».

«Había temor por su vida», ha explicado, «por el absoluto abatimiento y tristeza que tenía». El de Porto era «un dolor increíble». «Igual fuera de la celda no lo mostraba, pero dentro se derrumbaba cada día. Hablaba constantemente de su hija», ha alcanzado a decir la testigo antes de que el juez presidente del jurado, Jorge Cid, le haya cortado para que no siguiese dando detalles, poniendo punto y final a su declaración.

El primer abogado que representó a la madre de Asunta en este caso, los días siguientes al hallazgo del cadáver y su detención, ha acudido a la sala ocupada estos días por la sección sexta de la Audiencia de A Coruña para rememorar otro asunto en el que, en cierto modo aunque no oficialmente, participó: los trámites de divorcio de Porto y Basterra. Este letrado, gran amigo del abuelo materno de Asunta, ha explicado que el proceso de divorcio, completado entre enero y febrero de 2013, «no era en principio amistoso porque discrepaban en cuanto a la custodia de la niña». «La discusión no era de tipo económico, él no percibió ninguna remuneración», ha añadido, «pero al fin no se alcanzó la vía contenciosa porque al cabo de unos días se llegó a un acuerdo, con un régimen flexible de visitas para el padre. Todo el patrimonio era de Rosario, y Alfonso comprendió que la niña estaría mejor con ella en lo relativo al estatus económico. Él no podía darle esa abundancia de todo tipo en la que Asunta se había criado».

El abogado también ha confirmado lo que ya se sabía: que la heredera universal de la fortuna de los padres de Rosario Porto era su propia hija, no su nieta. «El abuelo no le dejó en absoluto bienes a Asunta», ha asegurado. Por su estrecha amistad con el progenitor de la acusada, el letrado también ha afirmado que Porto y Basterra no adoptaron a Asunta por empeño del abuelo, sino todo lo «contrario». «El abuelo comentaba que era precipitado que la fueran a adoptar, porque Rosario era joven y podría tener hijos. No fue para nada una imposición de él». A este testigo, como a otros muchos estos días, también se le ha preguntado por la relación entre Porto y Asunta, y ha respondido en la misma línea que los demás: «Era una relación excelente que siempre se mantuvo. Quizás, lo que yo le hacía ver a Rosario era el excesivo afán por mandar a la hija a clases particulares de tantas materias».

Además, a primera hora de este viernes han declarado varios guardias civiles y un policía nacional que participaron en las pesquisas de alguna manera, especialmente en la recogida de muestras de tierra de la pista forestal donde apareció el cuerpo y de la alfombrilla del puesto del piloto en el Mercedes 190 E de la madre de Asunta. El objetivo de los investigadores era cotejarlas para saber si coincidían y podían convertirse en indicio del delito. Pero hoy los agentes no han podido arrojar ninguna luz al caso en este aspecto. Habrá que aguardar a la explicación que den los peritos del laboratorio sobre los análisis. Por ahora, lo que se sabe es que no dieron ningún resultado positivo. «No se encontró tierra de la pista en la alfombrilla», ha asegurado a este diario el letrado de Porto.

También han hablado ante el jurado popular el director del instituto y el docente que era tutor de Asunta en el curso de 2013-2014, el año escolar que comenzaba cuando fue supuestamente asesinada por asfixia, tras ser drogada con lorazepam. El profesor fue quien recibió el 18 de septiembre, cuatro días antes de la muerte de la pequeña de 12 años, una nota de justificación en la que Rosario Porto decía que la menor no podía asistir al centro de Secundaria Rosalía de Castro esa jornada porque había tomado «un fármaco que le provocaba graves vómitos y mareos». Aquel día, el tutor no le dio importancia al papel, parecía una justificación como cualquier otra; «muy extensa pero normal», ha dicho. No obstante, tras conocerse la noticia de la muerte de Asunta, él y el director del centro se reunieron y acordaron entregar la nota de puño y letra de Porto en comisaría.

Asunta, ha descrito el director, era una alumna «reservada, de buen comportamiento», que cursaba 3º de ESO cuando, por edad, le correspondía estudiar 2º. «Estaba un curso adelantada por decisión de los técnicos y a propuesta de la familia», ha aclarado. Nunca, salvo aquel episodio del día 18, nada más empezar el curso, supieron de mareos o problemas de salud de la menor. Tanto estos docentes como una madre que coincidió con Rosario Porto en el consejo escolar y AMPA del colegio y el instituto aseguraron que los dos acusados parecían padres «preocupados» por la formación de su hija. «Cualquier padre que esté en el AMPA tiene que ser porque tiene una preocupación, si no, no pierde su tiempo en estas cosas».


Asunta había ingerido al menos 27 pastillas de Orfidal el día de su muerte

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

14 de octubre de 2015

La toxicóloga de la Universidad de Santiago María Jesús Tabernero ha sacado papel y boli y ha echado la cuenta delante del jurado popular. Si la concentración en sangre de lorazepam era de 0,68 microgramos por mililitro, una cantidad tan alta cuyos efectos ni aparecen descritos en la literatura clínica, quiere decir que, «al menos», Asunta «había tomado 27 pastillas de un miligramo» de este ansiolítico, en este caso de la marca comercial Orfidal. Esta profesora de medicina legal, que se ocupó con la catedrática Ana María Bermejo de realizar las primeras analíticas de muestras extraídas al cadáver de la niña de 12 años durante la autopsia, dice «al menos» porque Asunta todavía no había digerido todo el fármaco que se le había suministrado el día en que murió. En su estómago aún quedaba «algún champiñón entero» de ese revuelto que fue su última comida en familia, y en el contenido gástrico también quedaba lorazepam.

Las dos toxicólogas han insistido en que este cálculo de pastillas es un valor aproximado, y que «científicamente» no lo deberían hacer. «Es solo una estimación», han dicho. Pero, «sin duda», la cría estaba «intoxicada», ya que el nivel tóxico se alcanza a partir de 0’3 microgramos por mililitro.

Las especialistas no pudieron concluir en los informes que realizaron por encargo del juzgado si esta ingesta masiva de comprimidos tuvo lugar durante la comida o después. Lo que sí saben es que la víctima no tomó las pastillas antes, porque la comida actuó como barrera y ralentizó la absorción de este fármaco de la familia de las benzodiazepinas. Asunta consumió el lorazepam en una toma o en varias «entre tres y cuatro horas» antes de su muerte, un momento que los forenses del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) situaron en un intervalo temporal que va de las cuatro a las ocho de la tarde.

No obstante, a las 18.20 horas era imposible que la niña estuviese muerta, ya que fue fotografiada en posición erguida a bordo del Mercedes de la madre camino del chalé familiar. A las 17.21, la pequeña había pasado caminando sin dificultad ante la cámara de la sucursal de Bankia, situada en la confluencia entre las calles donde están los pisos de su padre y de su madre. Esto, han confirmado este miércoles en el juzgado tanto las dos toxicólogas como el jefe de patología forense del Imelga que dirigió la autopsia, es perfectamente posible porque el lorazepam es una de las benzodiazepinas de acción «a medio plazo» que «menos efecto» tiene como relajante muscular.

Normalmente, el Orfidal empieza a hacer su trabajo a los «30 o 45 minutos», han informado las expertas, «pero la absorción no es completa hasta pasadas las dos horas», cuando ha llegado a la sangre. Y esto también varía en función «de la digestión y de la tolerancia» que pueden llegar a desarrollar algunos pacientes que consumen este fármaco. Lo primero que pudo sentir Asunta, según las toxicólogas, fue una fuerte somnolencia,y más adelante «una depresión generalizada del sistema nervioso central». «La ataxia», es decir, la descoordinación en los movimientos y la dificultad para deambular, «es de los síntomas más tardíos».

El Instituto de Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago, donde se realizaron estos estudios, analizó además de sangre muestras del contenido gástrico, de la orina y, más adelante, del pelo de la niña. Su trabajo era requerido «con urgencia» por el juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, y las toxicólogas pidieron que se enviaran otras muestras semejantes al Instituto Nacional de Toxicología para contrastar. Los resultados de las analíticas no son idénticos porque se aplicaron otras técnicas, pero la diferencia se consideró menor. En Madrid, la concentración de lorazepam en sangre dio 0,55 microgramos por mililitro. La orina, en ambos casos, reveló que la menor, a pesar de no haberlo digerido todo, había empezado ya a eliminar la sustancia con la que fue drogada antes de morir, según la autopsia, por sofocación.

Las toxicólogas gallegas recibieron cabellos de 22 centímetros de largo. Usaron los nueve más próximos a la raíz, lo equivalente a «nueve meses o un año de crecimiento», y detectaron también en él lorazepam, además de otro ansiolítico presente en menor medida, nordiazepam, en los tramos equivalentes a los «tres o cuatro últimos meses». No hallaron rastro, sin embargo, de medicamentos antihistamínicos, algo a lo que los padres achacaban los episodios de mareos y somnolencia que sufrió Asunta en sus clases de música del último verano.

En una larga sesión que se ha prolongado hasta más allá de las cuatro de la tarde, por los juzgados de Santiago han pasado también una de las forenses que intervinieron en el levantamiento del cadáver en la pista forestal, durante la madrugada del 22 de septiembre de 2013; el jefe de patología del Imelga, que dirigió la autopsia; y el director del Instituto Nacional de Toxicología en Sevilla, jefe de servicio de histopatología en la capital andaluza cuando se realizaron las pruebas al cadáver de la niña compostelana. Se trataba de explicar cuáles eran las evidencias de la muerte por sofocación (según las conclusiones, llevada a cabo con un objeto blando) y por qué se situó la hora del fallecimiento entre las cuatro y las ocho. El abogado de Rosario Porto, la madre de Asunta, acusada junto a su exesposo de la muerte de la cría, había aportado un informe contrapericial firmado por otros dos forenses de las universidades de Murcia y Cádiz que ponía en tela de juicio tanto la metodología como los resultados de las pruebas oficiales.

Los peritos contratados por José Luis Gutiérrez Aranguren, el letrado de Porto, que han prestado declaración a última hora, criticaban en su informe que no se tuviese nunca en cuenta la temperatura corporal y ambiental para determinar con mayor precisión la hora de la muerte. La forense de Santiago ha reconocido que en la pista solo comprobó que Asunta estaba «fría al tacto» con sus manos enfundadas en unos finos guantes de látex porque, entre otras circunstancias, no quiso alterar posibles pruebas de una agresión sexual (la segunda hipótesis con la que se trabajó, tras la del atropello) introduciéndole un termómetro para conocer su temperatura anal. No obstante, hoy ha quedado claro que la temperatura de un cadáver también se puede tomar a través del oído. Esta facultativa ha admitido además que ella y su compañera se «extralimitaron» si efectivamente, como recoge el informe de aquella noche, le llegaron a dictar a la secretaria judicial que una mancha blanquecina que aparecía en un hombro de la camiseta, vista a la luz ultravioleta, era «posible semen» cuando luego resultó no serlo. «Allí nos entró la duda», ha dicho, dado «el perfil de la víctima». «Mujer, menor, asiática», ha justificado luego su jefe en el Imelga.

La forense, por otra parte, ha aportado un dato relevante al asegurar que el juez Taín no autorizó la incineración sin asesorarse previamente. «El instructor habló personalmente con el jefe de patología y él le dijo que no había problema», ha recordado, «el cuerpo ya no era útil para una segunda autopsia y habíamos recogido suficientes muestras para cualquier contrapericia que se quisiese realizar». Estas muestras nunca fueron reclamadas por los peritos de Cádiz y Murcia, que se basaron en los datos recogidos por el informe oficial para sacar a la luz lo que hoy han definido como «contradicciones flagrantes», «temeridades» o ausencias injustificadas.

La de Asunta, según el doctor Blanco Pampín, responsable de la autopsia, fue «una muerte intencionada, en ningún caso accidental y tampoco un suicidio». En el microscopio, el jefe de histopatología del Instituto Nacional de Toxicología, Manuel Salguero, comprobó que sobre los labios de la chiquilla (una muestra forense que recibió casi al completo desde Santiago para su análisis) se había ejercido una «fuerza importante», de ahí que las células estuviesen «machacadas».

Blanco Pampín tardó entre las cinco y las «nueve o diez de la noche» de aquel domingo 22 de septiembre en realizar la autopsia y recoger todas las muestras posibles del cuerpo de la niña. Según él, no existen métodos «infalibles» para determinar la hora exacta del fallecimiento, pero sí se pudieron constatar una serie de lesiones identificadas como señales «típicas» de la asfixia mecánica por sofocación. «Una discreta hemorragia nasal; erosión en el interior de la boca [posible consecuencia de la marca de los dientes por la presión ejercida desde el exterior con un objeto blando]; hemorragia pulmonar con rotura de los tabiques alveolares; y hemorragia en las celdillas mastoideas del hueso temporal [espalda]». Junto a todos estos indicios, el veterano forense ha destacado esta mañana en el juicio otra lesión interna, «un desgarro en la boca del estómago», en la «unión con el esófago», que según él revela que Asunta llegó a sufrir «náuseas o vómitos en el proceso de la muerte».


Los peritos no pueden fijar el origen de las cuerdas del cadáver de Asunta

LD / Agencias – Libertaddigital.com

15 de octubre de 2015

Aunque hay coincidencias en «propiedades físicas y composición química» entre las cuerdas anaranjadas halladas junto al cadáver de Asunta y las localizadas en la casa de Teo donde supuestamente ella murió, los peritos del departamento de Química del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil han apuntado que no se puede concluir que el origen sea el mismo con una certeza absoluta.

En la segunda jornada del juicio, dedicada de nuevo a las pruebas periciales, estos especialistas, que se ocuparon del cotejo y que han declarado por videoconferencia, han subrayado que «no hay ninguna forma de establecer un vínculo entre unas cuerdas y otras». «Vemos que no se distinguen, pero no tenemos evidencias de que tengan un origen común», han remarcado.

Por otro lado, este jueves los peritos de la Guardia Civil también han dado a conocer que el ordenador de Rosario Porto navegó por Internet durante más de hora y media cerca de la medianoche del 21 de septiembre de 2013, poco después de que los padres de Asunta pusiesen la denuncia de su desaparición y antes de la localización del cadáver.

Según han explicado los peritos, el ordenador fijo de la casa de Rosario Porto registró dos conexiones a Internet el día de la muerte de la niña.

La primera de las conexiones fue entre las 12.00 y las 14.30 horas de ese día, antes de la comida en casa de Alfonso Basterra, mientras que la segunda fue entre las 23.56 y la 1.39 horas, después de que los padres regresasen de poner la denuncia. En total, ese día se visitaron 30 páginas web.

En lo relativo al ordenador portátil de Alfonso Basterra, los peritos no han podido determinar si el disco duro «había sido modificado», aunque si recuperaron más de 579.000 archivos borrados. Según los registros a los que tuvieron acceso los agentes, este ordenador fue utilizado por última vez al mediodía del 20 de septiembre.


El teléfono móvil sitúa a Basterra en Santiago el día del crimen de Asunta

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

19 de octubre de 2015

El teléfono móvil marca LG de Alfonso Basterra se conectó el 21 de septiembre de 2013, el día de la muerte de Asunta, desde repetidores que lo sitúan en todo momento en la ciudad de Santiago y en una zona «compatible» siempre con su apartamento. Un agente de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha explicado este lunes, durante el juicio por la muerte de la niña de 12 años, que, durante aquel día, el acusado por el supuesto asesinato de su hija se conectó a las 12.01 del mediodía y no volvió a hacerlo hasta las 20.43. En ese momento telefonea desde su móvil al fijo del piso de su exesposa, Rosario Porto. Nadie responde en casa.

Un vecino del chalé familiar de Teo -el municipio limítrofe con Santiago en el que se cree que murió la menor y donde apareció el cuerpo, abandonado en una pista forestal- testificó hace dos semanas que, aproximadamente a esa hora, la madre de Asunta cerraba el portón de la finca. Porto montaba en su Mercedes verde, bajaba la ventanilla del copiloto e intercambiaba con este hombre una breve conversación antes de despedirse. «Me voy, que tengo a la niña sola», zanjaba la charla que ella misma había iniciado. Las perras de este testigo, según él, no daban ninguna señal de alarma. Pero los investigadores del caso siempre sospecharon que en aquel momento el cadáver de la pequeña -asfixiada antes de las ocho, según la autopsia- viajaba oculto, extendido entre los asientos delanteros y traseros del auto.

Mientras tanto, Basterra, supuestamente desde su piso en Santiago, tal y como indican las antenas de telefonía, sigue intentando hablar con su familia. Desde las 20.43 llama con insistencia, una decena de veces, y prueba con el teléfono fijo del piso de la madre, con el iPhone 5 de esta y el iPhone 4 de Asunta, a la que telefonea al menos un par de veces. Todos los esfuerzos resultan en balde, hasta que al fin, a las 21.40, Rosario Porto da señales de vida desde el teléfono fijo. Es ella la que esta vez llama a su exmarido al móvil.

A partir de ahí, Alfonso Basterra sigue haciendo diferentes llamadas, presumiblemente para consultar sobre el paradero de su niña, hasta las 3.57, ya en la madrugada del domingo 22 de septiembre, cuando los padres de Asunta reciben la noticia del hallazgo del cadáver de una menor con rasgos asiáticos, que puede ser el de su hija. Según el agente de la UCO, todas estas conexiones siguen siendo «compatibles» con el centro de Santiago y el entorno de su piso.

Con lo que no parecen «compatibles» estos datos facilitados durante la instrucción por las compañías telefónicas es con la hipótesis de que Basterra participase en el traslado del cadáver de la cría a la pista forestal, situada a cuatro kilómetros del chalé de Porto, también en Teo, pero en dirección contraria a Compostela. Los investigadores creen que el cuerpo tuvo que ser depositado por dos personas, ya que, según los forenses, apenas tenía marcas de haber sido arrastrado. La niña de 12 años pesaba poco menos que su madre adoptiva, una mujer menuda que, al llegar a prisión, según fuentes del caso no alcanzaba los 50 kilos. Los forenses del Instituto de Medicina Legal de Galicia, tal y como acaban de declarar este lunes en el juzgado, no se consideraron capaces en su día de entrar a valorar si la «tensión emocional» del momento podría haber llegado a «multiplicar» o, por el contrario, «reducir» la fuerza física de la acusada.

A través de su iPhone 5, el 21 de septiembre, Porto se conectó desde el entorno de su piso en Santiago (o desde el de Basterra, porque los inmuebles distan unos 300 metros) a las 14.29 y, desde el chalé de Teo, a las 19.29. Se sabe que en ese momento la acusada consulta en Internet información relativa al escritor Antonio Muñoz Molina. Y luego, bien porque se queda sin batería, bien porque se conecta a una red WiFi, bien porque apaga el aparato de manera voluntaria, el repetidor indica que se cierra la sesión de recepción de datos. El móvil de la madre no vuelve a dejar huella hasta las 21.52, cuando recibe un SMS ya en Compostela. Pero antes, a las 21.40, Porto se hallaba supuestamente en su piso y desde el fijo devolvía la llamada a Basterra, que en apariencia llevaba un buen rato intentando localizar a su familia.

Desde el iPhone 4, el móvil de Asunta, los repetidores registraron el día de su muerte una única conexión a las 17.38, aunque, probablemente a través de una red WiFi, la niña (en teoría, ya drogada con al menos 27 pastillas de Orfidal) enviaba su último mensaje a las 17.25 al grupo de WhatsApp de las amigas: «Ahora digo adiós porque me voy a hacer los deberes».

A las 17.43, el fijo del piso en el que la pequeña iba a hacer sus tareas, el que compartía con su madre, deja también testimonio. Desde ese teléfono se producen tres llamadas seguidas, separadas por escasos segundos, al móvil de Rosario Porto. Pero una y otra vez salta el buzón de voz. La acusada explicó el día en el que declaró ante el jurado popular que su hija, que en principio quería apurar los deberes para ir al día siguiente a la playa con sus padres, cambió repentinamente de opinión y decidió acompañar a su madre a Teo.

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Basterra no creía «necesario» adoptar a Asunta, según Porto

Europa Press

Rosario Porto reconoció ante los psicólogos forenses que la examinaron que había sufrido varios episodios de violencia física por parte de Alfonso Basterra durante su matrimonio, a razón de «tres o cuatro por año», y que la idea de adoptar a Asunta partió de ella y de sus padres, dado que el acusado consideraba que no era «necesario».

Así lo han indicado los peritos forenses que examinaron a la acusada y que este lunes han comparecido en el juicio. En la documentación del peritaje psicológico, que abarcó cuatro sesiones con Porto, esta refirió haber sufrido a lo largo de su vida cinco episodios previos de depresión, el primero sobre los 21 años. Sin embargo, los peritos solo pudieron obtener documentos del cuarto y el quinto episodio.

Sobre su exmarido, Porto mantuvo durante las sesiones del peritaje una actitud cambiante. Así, en un principio lo definió como una persona «correcta», «encantadora» y «educada», mientras que en sesiones posteriores dijo que era «apático, raro, imprevisible y excesivamente puritano», algo que los peritos vincularon al ámbito sexual.

Finalmente, Porto aseguró a los forenses que Basterra era «un muy buen amigo y un mal marido» y reconoció que la idea de adoptar a Asunta fue «más cosa de ella y de los padres» que de su exmarido, que creía que «no era necesario». Del mismo modo, aunque en su declaración ante el jurado lo ha negado, la acusada reconoció a los peritos episodios de violencia física protagonizados por Basterra y que cifró entre tres y cuatro al año, especialmente después de un «grave deterioro de sus relaciones» en torno a 2007.


Los misterios sin despejar en torno a la muerte de Asunta

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

20 de octubre de 2015

La del asesinato de Asunta es una gran historia para una novela negra que, sin embargo, está sembrada de agujeros insondables y arenas movedizas. La imaginación y las conjeturas hilan los retales de un relato fragmentado e incompleto que desemboca en unos supuestos criminales -los padres de la niña- cuyo verdadero móvil también sigue siendo una incógnita. Así ha sido desde el principio, cuando el caso -aderezado con unas fotos familiares más o menos macabras- empezó a retransmitirse casi en directo, con sus verdades y unas cuantas delirantes mentiras, conformando una opinión pública difícil de cambiar. Y así sigue siendo ahora que el juicio a los dos acusados atraviesa su cuarta semana, camino de un final (el veredicto tras la deliberación del jurado popular) que probablemente llegue a mediados de la que viene.

Contra la madre de la niña, la abogada Rosario Porto, están sus propias contradicciones y los sucesivos cambios de versión. Contra el padre, Alfonso Basterra, una serie de explicaciones que dio a los agentes antes de que estos se las pidieran. Además, sobre los muchos flecos que arrastra el caso se cierne una aplastante certeza: la pequeña compostelana, muerta por asfixia cuando estaba a punto de cumplir 13 años, había ingerido aquel sábado, 21 de septiembre de 2013, al menos 27 comprimidos de Orfidal y estaba intoxicada. Si esto fuera poco, los análisis de su pelo revelaron un «consumo repetitivo» durante los últimos meses tanto de este fármaco, cuyo principio activo es el lorazepam, como de otro ansiolítico, el nordiazepam.

A partir de aquí ya se plantean dudas. No existe una conclusión segura sobre el tiempo que la niña llevaba siendo sedada. Todo depende de la velocidad con la que le creciera el pelo -ha explicado esta mañana personal del Instituto Nacional de Toxicología-, algo que en el ser humano, sea niño o adulto, puede variar «entre los 0,5 y los dos centímetros al mes». Para hacer una aproximación, los toxicólogos que trabajaron en el caso toman como referencia una media de un centímetro. Pero no cuentan con el último mes de vida para su análisis, porque el forense cortó el cabello de Asunta «a un centímetro de la raíz» durante la autopsia. Septiembre y unos días de agosto, por tanto, quedarían fuera de los análisis.

Desde ese momento, contando hacia atrás en el tiempo, se detecta ese consumo «repetitivo». Si a la víctima le crecía el pelo muy rápido, podía estar ingiriendo ansiolíticos desde hacía seis meses. Si, por el contrario, apenas le medraba la melena, habría tomado lorazepam y nordiazepam durante mes y medio. La abogada del padre acusado, Alfonso Basterra, ha llamado este martes la atención sobre el hecho de que estas estimaciones (que solo son eso, estimaciones) comprendan la primera mitad del mes de agosto, cuando la cría pasaba las vacaciones en la playa, a 59 kilómetros de sus padres.

Las cuerdas anaranjadas

No obstante, la mayor duda del caso se planteó el viernes de la semana pasada, cuando declararon en calidad de peritos seis guardias civiles, miembros del laboratorio químico de Criminalística. Aparte del lorazepam, el principal indicio con el que contaron los investigadores fueron las tres cuerdas de color naranja que aparecieron junto al cadáver. La pequeña presentaba marcas de ataduras en un brazo y las dos piernas. Y en el chalé familiar donde supuestamente fue asfixiada cuando el Orfidal le impedía defenderse se halló una más, arrojada en una papelera que la madre, supuestamente, intentó ocultar a un teniente.

Los investigadores concluyeron que los cabos de la pista forestal donde se halló el cuerpo eran semejantes «en composición química y propiedades físicas» al cordel de la casa, pero nunca se pudo confirmar que procediesen de la misma bobina. Aunque lo verdaderamente llamativo no es eso, sino el hecho de que no apareciese ningún rastro de ADN en ellas. La persona que abandonó el cadáver de Asunta en la pista forestal podría usar guantes. Pero las cuerdas rozaban la piel de la chiquilla, la apretaban hasta dejarle marcas visibles. Y su perfil genético tampoco estaba. No es fácil de entender que un asesino que se tome el trabajo de limpiar minuciosamente unas cuerdas se las deje luego olvidadas junto a la víctima.

Los agentes que revelaron este dato sorprendente son los mismos que negaron haber contaminado dos diminutos recortes de la camiseta de Asunta con semen que custodiaban por otro caso en su laboratorio de Madrid. Y también los mismos que no tuvieron más remedio que admitir que otro recorte, el clasificado con el número 10, presentaba ADN de un miembro de su equipo mezclado con el de la víctima, esta vez sí, por una contaminación que entra dentro de lo normal.

Orfidal, durante o después

Los toxicólogos que intervinieron en diferentes sesiones del juicio tampoco pudieron confirmar si la menor tomó el lorazepam que la sedó durante la comida con sus padres o después, disuelto en algún líquido y quizás en varias tomas. Se sabe que murió unas «tres o cuatro horas» después de ingerir un revuelto de champiñones y bacon que digirió a medias, y que en su contenido gástrico todavía quedaba ansiolítico que no había llegado a la sangre. Pero a fecha de hoy no existen elementos para confirmar o desmentir que Basterra, que cocinaba a diario para su exesposa y su hija, aprovechase el almuerzo para camuflar la droga.

Esta era la sospecha por la que el juez ordenó su detención en la tarde del 25 de septiembre, cuando llegaron las primeras analíticas que revelaron la ingesta masiva de pastillas. Más adelante, se comprobó que el padre de Asunta había comprado Orfidal en la farmacia próxima a su casa. Pero el psiquiatra había pautado este fármaco a Rosario Porto.

El móvil de Basterra

Durante el juicio, también han quedado patentes otras dos contradicciones que benefician al padre, acusado junto a su exesposa de este crimen que ha conmocionado al país. En primer lugar, está el tique de compra en el que se basa una testigo para afirmar que aquella tarde lo vio caminando por la calle con Asunta. La chica, que se declara convencida del hecho, toma como referencia la hora del justificante de compra de unas zapatillas Vans para situar en el tiempo su recuerdo. Pero esto solo puede ser si la caja registradora estaba adelantada, porque a la hora que marca el tique Asunta iba en coche con su madre, y una cámara urbana que sí estaba en punto retrataba el Mercedes verde.

El otro dato que refuerza la coartada de Basterra, que asegura no haber salido de casa en toda aquella tarde, es el del posicionamiento de su móvil a la hora en que, según creen los investigadores, era trasladado el cadáver a la pista forestal. A las nueve menos cuarto de la tarde, los repetidores registran una conexión desde el teléfono del padre, y lo sitúan en su apartamento de Santiago, a unos 12 kilómetros del camino donde fue descubierto el cuerpo de madrugada. A las 20.45, Rosario Porto abandonaba el chalé a bordo de su automóvil. Según le dijo ella a un vecino, iba «con prisa» porque había dejado «a la niña sola».

Quiénes depositaron el cadáver

Un matrimonio que vive en el lugar de Feros (municipio de Teo), a pocos metros del talud lateral en el que fue depositada la víctima, asegura que a medianoche pasó tres veces junto al punto donde teóricamente estaba ya el cadáver y no lo vio. «Yo no soy Dios», testificó el hombre, «pero para mí que la niña allí no estaba». En esos momentos, hacía bastante tiempo que los padres de Asunta habían denunciado la desaparición de su hija en la comisaría de la policía nacional, y habían vuelto al piso de la madre, acompañados por agentes. Solo podrían haber dejado el cuerpo horas antes. Un policía declaró en los primeros días del juicio que, caminando juntos por la calle, aquella noche Basterra llegó a confesarle cuál era la sospecha que le rondaba la cabeza: «Creo que mi hija va a aparecer muerta… Pero no se lo comente a la madre».

El ordenador visto y no visto

No hay fotos que puedan demostrar que el ordenador de Basterra estaba escondido, o faltaba de la casa, la primera vez que la Guardia Civil registró su apartamento. Los agentes aseguran que no lo vieron, pero reconocen que entonces tampoco lo buscaban. Y los dos hermanos del acusado, presentes para el funeral de su sobrina, insisten en que siempre estuvo posado en la misma esquina del pasillo de entrada, en el suelo, junto a la caja del radiador. La investigación concluyó en su momento que el padre de Asunta encomendó a alguien ocultar el aparato y borrar archivos, manipularlo de alguna manera para eliminar pistas sobre algún aspecto de su vida, algún rastro que no debía ser encontrado.

A los tres meses, en un último registro, el ordenador del periodista apareció dentro de su funda. Además de otros muchos que seguían guardados en sus carpetas, había medio millón de archivos borrados que pudieron ser recuperados por el departamento de ingeniería de la Guardia Civil. Abundaban las páginas porno, pero no se halló ninguna búsqueda «sobre fármacos» ni nada «relacionado con el crimen». Los agentes no encontraron ninguna prueba de que el disco duro hubiese sido «cambiado o alterado».

El intruso en la noche de julio

Probablemente jamás llegará a saberse lo que pasó, o no pasó, en la madrugada del 5 de julio de 2013. Tanto Asunta como su madre contaron a personas cercanas que un hombre de estatura baja, vestido con ropas oscuras, la cara tapada y guantes de látex entró mientras dormían en su piso e intentó estrangular a la cría. «Esta noche me intentaron matar», aseguró la pequeña a unos amigos al día siguiente. La madre, que aquel 5 de julio acababa de salir del hospital por un brote de lupus asociado a una depresión, declaró que después llamó a la ferretería para cambiar la cerradura. Pero el ferretero solo tiene constancia de haberla cambiado el 9 de enero, tras la separación de Porto y Basterra. El testigo recuerda que en aquella ocasión la acusada dijo que «había demasiada gente con llave» del piso y que se habían querido «llevar a la niña».


Los padres de Asunta, culpables

Natalia Puga – Elmundo.es

30 de octubre de 2015

Rosario Porto y Alfonso Basterra son culpables del asesinato de Asunta, la hija a la que adoptaron en China con apenas unos meses y a la que mataron una semana antes de su 13 cumpleaños. Era el veredicto más duro que podía dictar el jurado popular y lo dictó, además, por unanimidad de sus nueve miembros. Se trata de una decisión cocida a fuego lento durante cuatro días de deliberaciones y 100 horas de aislamiento que los abogados de los dos acusados ya han anunciado que recurrirán una vez que la Audiencia Provincial de A Coruña dicte sentencia, previsiblemente en dos semanas.

El veredicto considera probado que ambos «conforme a un plan acordado» suministraron a Asunta «repetidamente», y durante al menos tres meses, un medicamento que contenía el principio activo del lorazepam -el conocido orfidal- del que Alfonso Basterra compró en una farmacia entre julio y septiembre de 2013 un mínimo de 125 pastillas. También «de común acuerdo para acabar con la vida de su hija», el día 21 de septiembre de 2013 comieron con ella en el domicilio del padre -estaban divorciados- y le suministraron una cantidad de lorazepam «necesariamente tóxica» para, posteriormente, cuando hiciera efecto, asfixiarla.

La sobremesa se alargó hasta las 17.00 horas mientras la familia jugaba a las cartas y, después de las 18.15 horas, la madre llevó a Asunta a la casa familiar de Montouto en su Mercedez Benz. En un momento comprendido entre las 18.33 y las 20.00 horas, ambos asfixiaron a la niña en ese chalé tapándole la boca y la nariz y, una vez muerta, la ataron por los brazos y los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja que luego aparecieron tanto al lado del cadáver como en el lugar del crimen. El cuerpo de Asunta apareció esa madrugada en una pista forestal a unos cuatro kilómetros de la vivienda y, si bien el jurado no matiza cómo se produjo el traslado hasta allí, la tesis de las acusaciones siempre fue que fue trasladada en el mismo Mercedes Benz de Rosario.

El veredicto concluye que Asunta «no pudo defenderse de modo efectivo» porque estaba bajo los efectos del Orfidal que le habían suministrado, y que los especialistas sitúan en al menos 27 pastillas el día del crimen. En base a esta última conclusión, y al relato de los hechos que consideran probado, tan solo cabe la opción de calificar los hechos como un asesinato.

Impasibles ante la lectura del veredicto

El momento en el que el portavoz del jurado leyó públicamente en la sala de bodas de los juzgados de Santiago de Compostela este contundente veredicto todas las miradas se posaron en Rosario Porto y Alfonso Basterra, expectantes ante una posible reacción de ambos, que acababan de ser abocados a una larga estancia en prisión. Ellos permanecieron impasibles. El padre de Asunta sí dejó notar algún gesto de disconformidad con lo que estaba escuchando cuando el portavoz empezó a leer las argumentaciones en las que basan su dictamen, moviendo la cabeza a los lados en señal de negativa, pero ella tan sólo bajó la mirada hacia la mesa y quedó inmóvil.

Tuvieron que pasar 45 minutos para que apareciese reflejada alguna emoción en el rostro de Rosario Porto. Ya se había disuelto el jurado y era el turno de que las partes pidiesen al presidente del tribunal cuántos años de prisión creen que deben cumplir los acusados tras el veredicto de culpabilidad. Entonces, la madre de Asunta rompió a llorar, si bien con menos desconsuelo que el que dejó notar en la práctica totalidad de las cuatro semanas de juicio celebrado contra ella y su ex marido en los juzgados de Santiago.

El abogado de Rosario Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, dio una explicación minutos después que podría hace entender esa reacción de su clienta: «está en shock». Pero la falta de emociones sorprendió a los los presentes en la sala de vistas, llena de estudiantes de Derecho que han seguido atentamente las 18 jornadas de juicio, y en la sala de prensa, en la que había acreditados 30 medios de comunicación de toda España y también el británico The Guardian.

Entre 12 y 20 años de prisión

En base al veredicto del jurado, el fiscal y la asociación Clara Campoamor han mantenido su postura inicial y piden penas de 18 años de prisión el fiscal y 20 la acusación popular. Ambos tienen en cuenta que Basterra y Porto son culpables de un asesinato con el agravante de parentesco, pues la víctima era su hija y el jurado popular consideró en su veredicto que ésta es una circunstancia modificativa de su responsabilidad criminal. El fiscal, Jorge Fernández de Aranguiz, incidió en el «reproche que implica haber matado a la hija» y ve un reproche aún mayor y un «desvalor» en la edad que tenía la víctima cuando la mataron, 12 años.

El abogado de la acusación, Ricardo Pérez Lema, insiste, además, en el «sufrimiento que ha mantenido la niña» durante al menos los tres meses en que le suministraron el Orfidal.

El jurado obligó a las defensas de los acusados a cambiar su planteamiento. Ambos pedían su absolución al considerar que no había pruebas contundentes, llegando a hablar de que el verdadero asesino «está suelto», pero el veredicto tan sólo contempla condenarles, de modo que se han adaptado al nuevo escenario. El abogado de Rosario Porto ha pedido la pena mínima contemplada en el Código Penal para un asesinato con una circunstancia agravante, 17 años y medio, pero la letrada de Alfonso Basterra, Belén Hospido, realizó una interpretación más particular del veredicto del jurado y considera que no queda acreditado que Asunta no pudiese defenderse, de modo que califica los hechos de homicidio y pide una condena de 12 años y medio. Sí asume, subsidiariamente, que, si el magistrado ve un asesinato, imponga 17 años y medio.

Al término de la vista, y en declaraciones a la prensa, el abogado de Rosario Porto ha reconocido que «francamente» no se esperaba ese veredicto, que todavía estaba «digiriendo» y que les había dejado tanto a él como a su clienta una sensación de «incredulidad» al tener en cuenta «pruebas inexistentes».

Totalmente contraria fue la reacción de la acusación particular. Su tándem de abogados, Ricardo Pérez Lema y Rocío Beceiro, consideran que está «impecablemente fundado» y, por fin «se ha hecho justicia» con Asunta.

El jurado, compuesto por cuatro hombres y cinco mujeres, ha tomado todas sus decisiones por unanimidad y, además de declararles culpables, estima que, llegado el momento, a los padres de Asunta no deben concederle la suspensión de la pena de prisión ni el indulto.


Caso Asunta: Los padres la mataron; pero ¿por qué lo hicieron?

Alberto Mahía – Lavozdegalicia.es

31 de octubre de 2015

Este es un crimen sin sentido del que no se conoce el móvil. En el que unos padres matan a su hija de 12 años después de darle la vida de una reina y estando en sus cabales. Probablemente, nunca se sabrá porqué este acomodado matrimonio de Santiago asesinó a Asunta tras un macabro plan urdido y orquestado durante cuatro meses. La sedaron y luego la asfixiaron, abandonando su cuerpo con prisa, casi a campo abierto y con luz de luna llena, en una pista de Teo el 21 de septiembre del 2013. Porque la niña les estorbaba o por lo que fuera, pues los motivos son un secreto que los culpables se llevan a prisión.

Asunta Yong Fang Basterra Porto nació el 30 de septiembre del 2000 en Yongzhou (China), y fue adoptada el 9 de junio del siguiente año, con apenas 9 meses de vida, por la pareja formada entre la abogada compostelana Rosario Porto Ortega y el periodista bilbaíno Alfonso Basterra Camporro. Este había alcanzado soltero los 26 cuando Rosario entró en su vida. Fue en 1990 y ella tenía 21. Después de 6 años de relación, se casan en Santiago. La novia, hija única de Francisco Porto Mella, reputado letrado que ejerció durante décadas como cónsul honorífico de Francia, y de María del Socorro Ortega Romero, catedrática de Historia del Arte. El novio, hijo del industrial bilbaíno Ramón Basterra Santos y de la ama de casa María José Camporro, fallecida hace 12 años. Tiene dos hermanos y entonces disfrutaba de dos sueldos. Uno, el de sus esporádicas colaboraciones en prensa, cada vez más pobre. Otro, el de su mujer, cada vez más boyante.

Decidieron adoptar animados por los padres de Rosario, que deseaban ser abuelos, y sobre todo, porque a ella los médicos le habían desaconsejado tener hijos. Tras un proceso de dos años, en junio del 2001 viajan a China para ir a buscar a Asunta, un bebé de nueve meses que se convierte en el primer chino prohijado en Santiago.

Ya desde muy pequeña anuncia Asunta que es una niña de altas capacidades. Asombra su lucidez, su inteligencia. Cursa estudios en el Pio XII y luego en el Rosalía de Castro, los mismos centros a los que había acudido su madre. Le gusta la pasta, los huevos y el fuet. Va a clases de francés, inglés y chino, y también a piano, violín y ballet. Esa niña hubiese sido lo que le hubiese dado la gana.

Estaba muy apegada a su abuelo Francisco. Su muerte en julio del 2012, siete meses después de la de su esposa, afectó muchísimo a la niña. Por si fuera poco, sus padres se separan el día de Reyes del 2013 tras una fuerte discusión al descubrir Alfonso que Rosario le era infiel con un hombre casado.

Asunta se queda viviendo con su madre en su piso de siempre de Doutor Teixeiro, mientras que su padre se va con su familia a Burgos y a Bilbao, de donde regresa en mayo a Santiago con los 6.000 euros en el bolsillo que le presta una acaudalada tía vasca a la que acude buscando auxilio económico. La ayuda apenas le alcanza para alquilar un piso a la vuelta de la esquina, en República Arxentina.

El ingreso hospitalario de Rosario en junio por un problema neurológico reúne de nuevo a la pareja. Pero sin roce. Solo como amigos y padres de una niña. Él se ofrece a cuidarla, a ayudarla con Asunta. Pero a cambio, le exige que abandone a su amante. Ella acepta, pero se siente tan atraída por ese nuevo romance que a la vuelta de la esquina ya está de nuevo con él.

Rosario recibe el alta y Alfonso sí cumple lo prometido. Se desvive en atender a la hija y colmar de cuidados a la madre. No fueron pocos los días en que comían o cenaban los tres juntos. O veían una película en el salón «en amor y compañía», como así describió una de esas escenas la madrina de Asunta durante el juicio. Representaban la imagen perfecta de «familia idílica», como reseñó la asistenta del hogar sus casi 12 años con los Basterra Porto.

Pero aquello era una parodia. Porque en aquel mes de junio, sin saber quién convence a quién, deciden acabar con la vida de su hija. Las razones no se explican y en la calle vuelan las hipótesis. Les hubiese sido fácil «deshacerse de ella enviándola interna al extranjero», pues Rosario había heredado una importante cantidad de dinero y de propiedades, por lo que, de no soportarla, podría tenerla estudiando en cualquier lejano país. Pero no. Por alguna razón que se escapa de las leyes naturales, practican una serie de macabros ensayos con su hija durante tres meses, para luego darle una dosis casi mortal de Orfidal y asfixiarla, según las conclusiones del veredicto.

Ya a principios de julio empiezan a ocurrir hechos insólitos en esa casa dignos de contar. En la noche del 4 al 5 se produce un extraño episodio en el piso de Doutor Teixeiro. Un hombre enmascarado trató de estrangular a Asunta mientras dormía. Su madre contaría después que la niña dejó puestas por fuera las llaves de la vivienda. A la mañana siguiente deciden hacer acopio de recetas y cajas de lorazepam, un ansiolítico potente indicado para el manejo del trastorno de ansiedad y que provoca sueño. Alfonso acude a la farmacia del Hórreo el 5 de julio y de ahí se lleva 50 comprimidos.

Cuatro días después, el 9 de julio, la víctima acude a música tras haber dormido en casa de su padre. «No pudo recibir clase. Andaba como en estado de sonambulismo», declaró una profesora.

A la semana, Asunta pasa unos días en Portonovo rodeada de amigas y regresa el 17, el mismo día en que Alfonso vuelve a acudir a la misma farmacia para comprar una caja de 25 comprimidos. Luego tendría que regresar a la botica para que le adelantasen otra, pues había perdido la anterior, dijo. En total, adquirió en julio 125 comprimidos.

El día 22 se produce el más grave episodio de somnolencia. No por el estado de la niña, que iba igual de dormida que la vez anterior, sino por lo que dijo esta vez a sus profesoras, que sus padres la «engañan», que su madre le dio «unos polvos blancos que la hacen dormir durante días».

Nada se sabe de lo que ocurre en esa casa hasta el 30 de julio, cuando Rosario acude a la consulta del psiquiatra Ramiro Touriño. Le miente. Le dice que no está medicada cuando Alfonso llevaba todo el mes retirando Orfidal. Así que este médico le vuelve a recetar lorazepam.

No hacen uso de esa receta en todo agosto. No la necesitaban para nada, pues Asunta pasó casi todo el mes lejos de ellos. Del 31 de julio al 20 de agosto, con su madrina en Vilanova. Y luego, en septiembre la niña es invitada por la cuidadora a pasar una semana en Val do Dubra.

Ya en Santiago, Asunta falta a ballet y no puede acudir a clase el segundo día del curso porque, según sus padres, se encontraba mal. El día anterior, el 17, Basterra, con la diligencia con que se suelen dar los pasos equivocados, había acudido de nuevo a la farmacia a proveerse de 50 pastillas de lorazepam.

La víspera del crimen, el 20 de septiembre, Asunta queda sola en casa todo el día porque su madre se va de paseo con su amante a Pontevedra. Como la velada se presume larga, llama a Alfonso y le dice que está liadísima con una amiga y le pide que se ocupe de la niña.

Al día siguiente, 21 de septiembre, comen los tres en el piso de Basterra, que prepara champiñones. Y luego juegan a las cartas. ¿Cuándo y cómo le dan el lorazepam? El jurado no dice cómo, pero sostiene que fue durante la comida o en la sobremesa.

A las 17.21 Asunta se va sola a casa de su madre con 27 pastillas de Orfidal en su cuerpo. Aquella la sigue 10 minutos después. Sobre las 18.20, una joven ve a Alfonso con su hija en la calle y una cámara recoge el coche de Rosario con Asunta a bordo y puede que con el padre oculto en los asientos traseros, según las conclusiones del veredicto. Llegan a la casa de Montouto a las 18.31. De lo que ocurrió ahí dentro muy poco se ha podido saber más que la niña salió muerta de esa vivienda sobre las nueve de la noche. Atada de pies y manos, introducida en el vehículo de Rosario y dejada en una pista forestal con ese estremecedor mimo con el que los asesinos de seres cercanos abandonan a sus víctimas.

Corren a Santiago y tras hacer unas engañosas llamadas a amigos y familiares, se presentan en comisaría para denunciar la desaparición de su hija. A aquellos agentes les bastó cruzar unas palabras con esos padres para caer en la cuenta de que no eran trigo limpio.

Sigue sin entenderse por qué lo hicieron, lo que vuelve a demostrar que un mundo de mentiras, somníferos, cuerdas y muerte se sale a veces de la televisión para mudarse a vivir al piso de enfrente.

Tampoco ayer quiso hablar la abogada de Basterra. Quien lo volvió a hacer fue el letrado de Rosario Porto, el penalista José Luis Gutiérrez Aranguren. Muy abatido, anunció que recurrirá hasta «llegar a la ultima instancia» para que «la situación se aclare», pues «se cerró una puerta, pero todavía quedan muchas a las que llamar».

El letrado no tuvo tiempo para hablar con calma con su defendida porque fue trasladada inmediatamente a prisión tras conocerse el veredicto, pero sí pudo ver que «está en shock todavía», con una «sensación de incredulidad» que él comparte.

No esperaba este veredicto Gutiérrez Aranguren. «Francamente no. Mantuve el tipo por oficio y experiencia, claro que sí. El abogado que no se ve afectado en una situación desfavorable en situaciones dramáticas como es este caso tendrá que darme la pócima para evitar los sinsabores. Lo encajo, tengo costumbre. Se cerró una puerta pero quedan muchas a las que llamar y lo haré hasta que se aclare en última instancia. Cualquiera sabe que el veredicto y la prueba son discordantes y no encajan. Unas estudiantes de Derecho me preguntaban a la salida y no entendían nada, y yo estoy de acuerdo».

Gutiérrez Aranguren dijo además que «hay pruebas inexistentes que se interpretan en contra del reo, y esto es comprensible desde el punto de vista del ciudadano que no conoce el funcionamiento de la justicia. Creo que las instrucciones que recibió el jurado no fueron las mejores, creo provocaban más confusión que aclaración y no se explicó bien lo que es una prueba indiciaria, y por la forma en la que se dijo a lo mejor pareció que se estaba diciendo que las había, y tampoco se explicó bien que, en caso de duda, a favor del reo».

¿Quiere decir Aranguren que el juez fue tendencioso? «No. Pero la explicación de la prueba indiciaria fue corta. Él quería decir que la prueba es válida. Pero no le echo la culpa a nadie, probablemente soy el mayor responsable de este fracaso, tengo la confianza de Rosario Porto y seguiré luchando por ella».

Preguntado por si había hablado con Rosario, dijo que le hubiese gustado, pues «fue una situación de incredulidad compartida».

No quiso hablar sobre la unanimidad del veredicto. Se limitó a decir que «las deliberaciones son secretas y no sabemos si hubo discusión. La motivación es fácilmente rebatible. No se puede presumir en contra de Alfonso Basterra que va en un vehículo por el hecho de que no haya sido visto».

Campoamor

Por su parte, el abogado que representa a la asociación Clara Campoamor y que ejerció la acusación popular creen que se trata de un veredicto «impecablemente fundado» que reproduce «exactamente» su escrito de acusación presentado en junio de 2014, de modo que sienten una «satisfacción inmensa». «Se ha hecho justicia», clamaron Ricardo Pérez Lama y Rocío Beceiro a la salida de los juzgados de Santiago. E insistieron además en que los acusados, Rosario Porto y Alfonso Basterra, «no tuvieron ninguna reacción» tras escuchar que les declaraban culpables, sino que quedaron «como indiferentes».


Los padres de Asunta, condenados a 18 años de prisión por el crimen

Silvia R. Pontevedra – Elpais.com

12 de noviembre de 2015

Rosario Porto Ortega y Alfonso Basterra Camporro, los padres de Asunta, han sido condenados a sendas penas de 18 años de prisión por el delito de asesinato con la agravante de parentesco. Así lo ha confirmado este jueves la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de A Coruña, que ha dictado sentencia después de que hace ya casi dos semanas el jurado popular considerase culpables a los dos excónyuges y coautores de la muerte por asfixia de la chiquilla de 12 años, después de haberla sedado dentro de un plan conjunto con una fortísima dosis de ansiolítico lorazepam.

Los abogados de la defensa anunciaron en aquel momento que recurrirían la sentencia que debía dictar el juez presidente del tribunal popular, Jorge Cid Carballo, que previsiblemente atendería la petición de pena que hacía el fiscal, Jorge Fernández de Aránguiz, de 18 años para cada uno por el asesinato de una menor con la agravante de parentesco. La acusación popular, ejercida por la Asociación Clara Campoamor, reclamaba la pena máxima para estos casos antes de entrar en vigor la prisión permanente revisable, 20 años.

El contenido de la sentencia dictada por la Sección Sexta, con sede en Santiago, la localidad donde vivía la familia de Asunta, se dio a conocer a la una de la tarde. De los 18 años que afrontan, los padres de la víctima ya han cumplido dos completos en prisión preventiva, ambos encarcelados en el penal coruñés de Teixeiro. No obstante, los letrados de Rosario Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, y Alfonso Basterra, Belén Hospido, creen que el fallo será «fácilmente recurrible» por la inconsistencia de muchas de las pruebas en la que se sostuvo la instrucción del mediático caso y la imposibilidad de los investigadores de demostrar al cien por ciento ciertas circunstancias. Entre estas incógnitas que quedaron durante el juicio sin despejar están la presencia de Basterra aquel 21 de septiembre de 2013 en el chalé familiar donde se supone que falleció la pequeña y la dificultad de Rosario Porto para trasladar el cadáver sin ayuda a la pista forestal donde apareció horas después de que los padres adoptivos presentasen en la policía una denuncia por desaparición. La propia sentencia reconoce que en este crimen «la autoría del suceso ha de derivarse de la prueba indiciaria o indirecta»: «La dificultad que entraña este caso ante la ausencia de prueba directa de los hechos enjuiciados», señala el juez, añade una complicación «mayor para los jurados que, sin experiencia y sin conocimientos jurídicos, se ven obligados a razonar, a partir de una serie de indicios, si concurren los elementos constitutivos del delito de asesinato».

Siguiendo punto por punto el veredicto del jurado, la sentencia considera probado que los acusados, de común acuerdo, suministraron a su hija, desde al menos tres meses antes del fallecimiento, comprimidos de un medicamento que contenía lorazepam, con efectos sedantes. También según el escrito, el padre de la víctima habría retirado en al menos tres ocasiones, entre julio y septiembre de 2013, este fármaco (de la marca comercial Orfidal), siempre de la misma farmacia próxima a su piso.

El fallo concluye que los acusados decidieron acabar con la vida de su hija y para ello le suministraron en la comida una cantidad de medicamento que contenía lorazepam para posteriormente, cuando hiciera efecto, asfixiarla. «En un momento comprendido entre las 18:33 y las 20:00 horas», tal y como acordaron los jurados, en el chalé familiar de Teo (municipio vecino a Compostela) los padres «asfixiaron a su hija por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz». Y «en un momento próximo a la muerte» de la menor (los forenses nunca supieron si antes o después de fallecer), «la ataron por los brazos y los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja». La menor «no pudo defenderse de modo efectivo», dijo el tribunal del jurado y ahora la sentencia del juez, porque estaba bajo los efectos del medicamento «que con ese fin se le había suministrado». Por eso, concluyen ambos, juez y jurado, existió alevosía y el delito juzgado es de asesinato, no de homicidio.

Sobre los episodios de sedación denunciados por los profesores de música de la víctima después de que apareciese el cadáver (y tras leer en la prensa que el cuerpo iba a ser incinerado con permiso del juez instructor), el magistrado de la Sección Sexta concluye que la única respuesta que han dado los acusados en el juicio es que ni se acuerdan del incidente, «lo cual resulta ciertamente poco creíble y poco coherente con la versión que se ha tratado de ofrecer de unos padres responsables y preocupados por el bienestar de su hija». «Estos hechos lo que ponen de manifiesto es que fueron los acusados quienes suministraron a su hija el lorazepam y que ambos eran conscientes de los efectos» que le causaban las pastillas de Orfidal a la niña, dice el documento final. Todo esto le vale a Cid Carballo, igual que al jurado popular, para descartar la hipótesis planteada por las defensas de que el crimen fuese cometido por un tercero.

«Es ilógico», defiende el juez, «que un tercero durante meses haya estado drogando a la menor a la vista, ciencia y paciencia de sus padres, sin que éstos hubiesen hecho nada, o que, casualmente, no hubiese tenido contacto con ella hasta el día 21 y ese día le hubiese suministrado la misma sustancia con la que estaba siendo intoxicada durante los meses anteriores y todo ello después de las siete de la tarde, ya que hasta esa hora estuvo en compañía de sus padres». «Realmente, dichas hipótesis son increíbles», sentencia el responsable de dar pátina jurídica a la decisión que tomó el viernes 30 de octubre, tras una semana de deliberación, el jurado formado por cuatro mujeres y cinco hombres elegidos por sorteo en la provincia de A Coruña.

La sentencia también recoge el apartado en el que el jurado da por probado que Basterra viajó al chalé de Teo para participar directamente en el proceso de asfixia a pesar de que no existe ninguna prueba evidente que lo indique. No fue grabado por ninguna de las muchas cámaras de los bancos, garajes y locales comerciales del centro de la capital de Galicia; ni durante la instrucción se llegó a esbozar la forma en la que el ya condenado logró recorrer sin ser visto, a su regreso, los más de siete kilómetros que separan el caserón que había sido de sus suegros de su pequeño apartamento en Santiago. El tribunal no tiene en cuenta ningún «contraindicio» que apoye la coartada del padre de la pequeña, que afirmó desde el primer día que había pasado la tarde entera en casa cocinando una crema de calabacín y unas albóndigas, y leyendo Gordo, de Jesús Ruiz Mantilla.

A pesar de que el propio fiscal cambió su parecer al final del juicio e introdujo en su informe definitivo la posibilidad de que el acusado no hubiese llegado a estar en el escenario del crimen, los jurados (y por tanto la sentencia) dieron por buena en su veredicto la tesis de la Asociación Clara Campoamor. Para ellos, pesa más el testimonio de una chica que dijo haber visto aquella tarde andando por la calle a Basterra y la niña. Ese fue el momento en el que, según el jurado popular, el hombre aprovechó para subirse al coche de la madre con la cría, dentro del plan concertado para acabar con su vida. En la única cámara que recoge la imagen de Asunta y Rosario Porto a bordo del Mercedes no se ve a nadie más, pero el tribunal, y en consecuencia la sentencia de hoy, concluye que ese no es motivo para pensar que no viajase en algún ángulo muerto de los asientos de atrás. Luego, tras el regreso de Basterra a Santiago, la madre, que ahora tiene por delante casi 16 años entre rejas, habría depositado sola el cuerpo de su hija en una pista forestal situada a cuatro kilómetros del chalé antes de volver a Compostela. Ni el jurado ni la sentencia del juez entran a explicar este momento.


Caso Asunta: Lo que la sentencia no pudo contar

Xurxo Melchor – Lavozdegalicia.es

14 de noviembre de 2015

La sentencia que condena a 18 años de cárcel a Rosario Porto y Alfonso Basterra por el asesinato de su hija Asunta es contundente. Está bien armada y relata de manera elocuente cómo fue el crimen que más ha conmocionado a Galicia. Desde el punto de vista jurídico, las defensas tendrán un arduo trabajo a la hora de redactar sus recursos. Sin embargo, y aunque no tengan una repercusión sobre la calificación del delito y el veredicto de culpabilidad, es cierto que el fallo no ha podido narrar algunos de los puntos del crimen que, por la repercusión mediática que ha suscitado el caso, siguen desatando preguntas que muy probablemente ya no tendrán respuesta.

Las sedaciones

¿Por qué estuvieron tres meses drogando a Asunta? Si hay algo que ha quedado muy acreditado en la sentencia es que Rosario Porto y Alfonso Basterra drogaron durante al menos tres meses a su hija con un medicamento que contiene un sedante, el lorazepam. No hay duda de que fue el padre el que adquirió hasta 125 pastillas y tampoco de que cuando las compró su exmujer no tenía recetado el Orfidal. Está también perfectamente relatado como en al menos tres ocasiones la pequeña acudió a clases de música totalmente drogada. Lo cuentan sus profesoras, cuyos testimonios además describen la preocupación y angustia que los «polvos blancos» que la pequeña decía que le daban sus padres le ocasionaban porque no paraba de dormir. También se ha demostrado que ambos mintieron diciendo que su hija tenía alergia y que eran los antihistamínicos que tomaba los que le provocaban esos efectos. El análisis del pelo demostró que Asunta tomó lorazepam en esos tres meses, pero no antihistamínicos. Es decir, ambos sabían lo que estaba pasando. La cuestión para la que no hay respuesta en el fallo es por qué lo hacían. ¿Para qué la drogaban? La investigación habló en su momento de que fueron otros intentos fallidos de asesinato o de que estaban ensayando la dosis que debían darle, pero no hay ningún dato que pueda poner luz al porqué de las sedaciones previas a la muerte.

El viaje a Teo

¿Iba o no Basterra en el coche con Rosario Porto y la niña? Esta es la cuestión que más controversia ha suscitado. El jurado no dijo en su veredicto que el padre de la niña iba también en el coche que conducía la madre y en el que llevó a Asunta al chalé de Teo para asesinarla. Lo que señalaron es que no descartaban esa posibilidad. Y es, en pura lógica, algo probable. El fallo señala que Rosario Porto y Alfonso Basterra idearon y ejecutaron un plan conjunto para matar a su hija. Un plan que comienza con las sedaciones previas y que continua con la comida en casa del padre en la que le suministran una dosis tóxica de lorazepam para drogarla y después asfixiarla. La acción se detiene cuando la pequeña sale del piso del padre y la madre hace lo propio y va a buscar el coche para recoger después a la niña. Basterra dice que se queda en casa, pero miente. Su coartada se viene abajo porque una chica que iba a clases de francés con Asunta los ve en la calle República del Salvador, subiendo desde la calle en la que la madre tiene el garaje -Xeneral Pardiñas- hacia donde vivían -Doutor Teixeiro-. Basterra no dice la verdad sobre un aspecto esencial de los hechos. Oculta dónde estaba en ese momento. De ahí que el jurado y también la sentencia lleguen a la conclusión lógica de que, siguiendo el plan en el que siempre estuvieron los dos juntos, él también se subió a ese coche y estuvo en el chalé en el que ejecutaron a la pequeña. Es cierto que no hay una prueba directa que lo sitúe en el coche, pero tampoco él pudo acreditar que estuviera en su casa leyendo un libro, como dijo. Es más, gracias al testimonio de la compañera de clases de francés de Asunta, se considera probado que faltó a la verdad y, por tanto, se da más verosimilitud a la opción que es más probable: que ambos acusados iniciaron y culminaron juntos el plan de asesinato.

La pista

¿Cómo y cuándo dejaron el cadáver en la pista? Esta cuestión ni siquiera fue abordada en el veredicto ni tampoco en la sentencia. El porqué de esta omisión es sencillo. En derecho, si se ha probado un asesinato, la respuesta a cómo los autores se deshacen del cadáver es irrelevante. El delito está extinguido, porque tirar el cadáver en la cuneta de una pista forestal no es en sí una acción punible, solo lo es el haber acabado antes con la vida de la víctima. No obstante, esta es una parte del plan conjunto para matar a Asunta que está poco clara. Pasadas las 20 horas, un vecino vio a Porto saliendo del chalé con su coche, pero iba sola. ¿Iba ya la niña dentro del vehículo? ¿Ejecutó la madre sola esta última parte del crimen? No es posible saberlo.


El Tribunal Superior confirma la condena a los padres de Asunta

Sonia Vizoso – Elpais.com

16 de marzo de 2016

El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia ha confirmado la condena de Rosario Porto y Alfonso Basterra a 18 años de prisión por el asesinato de su hija Asunta. La Sala de lo Civil y Penal rechaza los recursos presentados por las defensas de los padres de la niña cuyo cadáver fue hallado en una pista forestal de las afueras de Santiago en septiembre de 2013 pero introduce una corrección al fallo dictado el pasado noviembre por la Audiencia Provincial de A Coruña. Basterra, señala el TSXG, no fue autor material del asesinato de la cría en el chalé familiar pero su exesposa asfixió a Asunta hasta la muerte cumpliendo un plan conjunto preconcebido meses atrás. Por tanto, añade el tribunal, la pena que deberá cumplir el padre de Asunta entre rejas no se altera.

El alto tribunal corrige así lo que las defensas de loa [los] padres de Asunta calificaron de «aberración jurídica», es decir, la afirmación del veredicto del jurado que situó a Basterra en el lugar del crimen porque «en ninguna cámara se puede ver con claridad los asientos traseros del vehículo» en el que Porto llevó a la niña al chalé y no se puede «descartar la presencia de Alfonso en él». La sentencia del TSXG admite que se trata de un «razonamiento poco racional» e «incompatible con los criterios lógicos de la inducción asentada en hechos probados».

El cambio no supone, sin embargo, ninguna reducción de condena. La sentencia hecha pública este miércoles esgrime que la «laguna» sobre lo que hizo Basterra aquella tarde en la que su exmujer acabó con la vida de su hija (el tribunal admite que no se ha podido probar si se desplazó al chalé donde sucedió el crimen o se quedó en su casa como él sostiene) no impide considerarlo autor del asesinato de Asunta. Según el fallo, Basterra, «aunque no se haya podido pormenorizar por entero su actuación, participó en plano de igualdad con Porto» en el crimen. Ni su presunción de inocencia ni la de su cómplice en el asesinato, añade el tribunal, fueron quebrantadas en el procedimiento como alegaban sus letrados.

No es esta la única laguna en el crimen de Asunta que el Tribunal Superior admite pese a confirmar la condena de Porto y Basterra. En relación con las incógnitas que rodean el traslado del cuerpo sin vida de la niña al camino donde fue hallado, un punto en el que incidió especialmente la defensa de la madre, la sentencia recuerda que «este asunto no fue sometido a la atención» de jurado. «Desconocemos, pues, quién, cómo y, sobre todo, cuándo se depositó el cadáver, pero esta carencia no puede ser suplida por este órgano de apelación porque nos está vedado dar por probado un hecho sobre el que no se ha pronunciado el tribunal de primera instancia», argumenta la resolución judicial.

Si la defensa de Porto insistió en la imposibilidad de probar que las cuerdas halladas en el chalé y que, según la Guardia Civil, la madre intentó ocultar fueran de la misma bobina que las encontradas junto al cadáver, el Tribunal Superior replica que inferir su relación «no puede tacharse de ilógico» ni tampoco se puede atribuir a una «mera casualidad» la coincidencia de «composición físico-química». La sentencia también admite «discrepancias» entre los autores de la autopsia pero niega que esta prueba «no haya sido fruto de la aplicación al caso de criterios científicos», como también alegaba el abogado de Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren.

El tribunal acusa al letrado de «buscar la ofuscación y la confusión» para mantener un «relato alternativo» de los hechos que exculpe a Porto y que, añade, «se eleva sobre el vacío». Sobre el recurso presentado por la abogada de Basterra, Belén Hospido, la sentencia concluye que «las dudas que se han tratado de introducir no destruyen el poderoso efecto incriminatorio» de los elementos de prueba estimados por el jurado. «Hayamos de considerar a Basterra autor de la muerte de su hija en la medida en que, en unión paritaria con Porto, diseña y ejecuta actos del plan ideado al efecto», sobre todo en lo relativo a la compra y administración del lorazepam que impidió a la niña oponer resistencia a su asesinato.

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