Carl Eugene Watts

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Carl Eugene Watts

Coral - El apuñalador del domingo por la mañana

  • Clasificación: Asesino en serie
  • Características: Acosador - Torturador
  • Número de víctimas: 22 - 100 +
  • Periodo de actividad: 1974 - 1982
  • Fecha de detención: 23 de mayo de 1982
  • Fecha de nacimiento: 7 de noviembre de 1953
  • Perfil de las víctimas: Mujeres de edades entre 14 y 44 años
  • Método de matar: Apuñalamiento - Estrangulación - Ahogamiento - Golpes
  • Localización: Varias, Estados Unidos (Michigan), Estados Unidos (Texas)
  • Estado: Condenado a 60 años de prisión en Texas el 3 de septiembre de 1982. Condenado a dos cadenas perpetuas en Michigan en 2007. Murió en prisión el 21 de septiembre de 2007
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Carl Eugene Watts – El apuñalador del domingo por la mañana

Francisco Pérez Abellán – Libertaddigital.com

Ha muerto en una cárcel de Michigan (EE.UU.), con la próstata como una patata, Carl «Coral» Eugene Watts, uno de los asesinos en serie más sanguinarios de todos los tiempos. Se cree que dio muerte a más de ochenta mujeres. A algunas de ellas las acuchillaba los domingos por la mañana.

Esta obsesión de hacer daño a plazo fijo distingue a un selecto grupo de criminales. Por ejemplo, al Violador del Parque del Oeste, que atacaba cada doce días. O al Violador de Pirámides, que asaltaba a sus víctimas en horario establecido de lunes a viernes -dos horas antes de recoger a su esposa a la salida del trabajo- y los fines de semana.

A Watts le cabe el dudoso honor de ser uno de los pocos asesinos en serie negro. A sus víctimas no las atacaba sexualmente, aunque posiblemente era un feroz delincuente sexual merecedor de figurar por derecho propio en la Psycopathia Sexualis de Kraftt Ebing. Desarrolló un método especialmente cruel, que le llenaba de alegría. Solía entrar en las casas y dejar inconscientes a sus ocupantes. Enseguida llenaba la bañera de agua, para posteriormente ahogar en ella, despacio, a sus víctimas.

Era tan diestro en lo suyo que, pese a la enorme cantidad de crímenes que cometió, la policía tuvo que pactar con él para que se declarara culpable en once casos sin resolver. A cambio, sólo cumpliría condena por robo: sesenta años de prisión.

No obstante, en uno de los casos se le aplicó una agravante, por haber empleado agua hirviendo, que el juez consideró un arma letal. Pero finalmente salió bien parado, porque nadie le advirtió de que podían aplicarle una agravante. Recibió una especial consideración de la ley, y estuvo a punto de quedar en libertad en 2006.

Pero el fiscal había jurado que Watts jamás volvería a ver la luz del día como un hombre libre. Así que buscaron una forma de colgarle la perpetua. Y la encontraron: buscaron y dieron con testigos de casos que no hubieran sido llevados ante los tribunales. Y Coral jamás volvió a pisar la calle.

Ahora le ha matado otro gran asesino: el cáncer. The Sunday Morning Slasher ha muerto a los 53 años. Según el novelista Corey Mitchell, autor de Evil Eyes, el libro que da cuenta de sus andanzas, Watts superó en brutalidad a los peores serial killers, como John Wayne Gacy, Ted Bundy o Jeffrey Dahmer, el Carnicero de Milkwaukee.

En 1982 asaltó a Lori Lister, una joven de 21 años que compartía apartamento en el campus de su universidad, situada en Houston (Texas), con Melinda Aguilar, que también cayó presa de Watts. Las estranguló hasta que perdieron la consciencia; acto seguido comenzó a llenar la bañera, mientras palmoteaba y daba saltos de alegría: y es que estaba cumpliendo su mayor fantasía.

Para reducirlas las había amenazado con un cuchillo. Consiguió maniatarlas. Melinda pudo sobreponerse e incluso fingir que estaba desmayada. Al primer descuido, atenazada por el horror, saltó por la ventana (era un segundo piso). Los vecinos llamaron a la policía, que llegó a tiempo de detener a Coral antes de que pudiera huir. Le pillaron mientras trataba de ahogar a Lori.

Coral Eugene utilizaba diversos sistemas para dar muerte a sus víctimas. Además del ingenioso truco del agua, recurría al apuñalamiento, la asfixia o el ahorcamiento. El primer asesinato que se le atribuye es el de Gloria Steele, cuyo cadáver fue encontrado, con treinta y tres cuchilladas, junto a los terrenos de la Universidad de Michigan. Eso fue en 1974. En 1979 fue sospechoso de la muerte de Jeanne Clyne; y en 1980 de la de otras tres jóvenes. Fue entonces que se ganó el apodo de el Apuñalador: las había dejado como un acerico.

Como la policía le seguía los pasos, Coral se trasladó a Houston, donde continuó con sus andanzas criminales. Lo capturaron definitivamente en 1982, y aunque le suponían autor de decenas de crímenes, no disponían de pruebas de cargo, como ya hemos comentado antes.

Tenía un pie fuera de la cárcel cuando los fiscales utilizaron los medios de comunicación para hacer un llamamiento en busca, urgente y angustiosa, de algún testigo de sus crímenes. Se presentó el hombre que había encontrado el cadáver de Helen Dutcher, con doce puñaladas que le cosían el rostro y el pecho. El testigo afirmó que pudo ver la cara del asesino. Sin duda, era la de Coral Eugene. Así se consiguió impedir que quedara libre el primer asesino en serie norteamericano.

Coral perpetró su primera agresión cuando tenía quince años. Como cualquier gran criminal que se precie, tuvo un pasado capaz de conmover al impasible verdugo inglés Pierrepoint. Padeció meningitis. Las fiebres la causaron un daño cerebral que le dejó una secuela de graves y pesadas pesadillas. Afirmaba que durante el sueño era atacado por mujeres endemoniadas, y que sólo matándolas obtenía alivio. Su ex esposa afirma que siempre tenía el sueño agitado. Y que cada vez que hacían el amor desaparecía durante cinco horas -siempre los periodos precisos de tiempo.

Coral buscaba víctimas con ojos de endemoniada, y las seguía hasta donde le fuera posible atacarlas. Pese a su brutalidad y su instinto de cazador, no quiso confesar todos sus crímenes, quizá más de un centenar, para no pasar a la posteridad como uno de los mayores asesinos múltiples. No ha podido evitarlo.


Carl Eugene Watts

Última actualización: 30 de abril de 2016

Carl Eugene Watts (7 de noviembre de 1953 – 21 de septiembre de 2007), también conocido por su sobrenombre Coral, fue un asesino en serie estadounidense. Watts es ahora sospechoso de haber asesinado a más de 100 mujeres, lo que lo haría el asesino en serie más prolífico en la historia estadounidense.

Obtuvo inmunidad de una docena de asesinatos como un resultado de un acuerdo de culpabilidad con los fiscales en 1982; en un punto parecía que sería liberado en 2006. Murió de cáncer de próstata mientras cumplía dos penas de cadena perpetua en una cárcel de Míchigan por los asesinatos de Helen Dutcher y Gloria Steele.

Primeros años

Carl Eugene Watts nació en Killen, Texas de Richard Eugene Watts y Dorothy Mae Young. Su padre era un soldado de primera clase en el Ejército, y su madre era una maestra de arte de jardín de infantes. Cuando Watts tenía menos de dos años, sus padres se separaron y fue criado por su madre. Watts y su madre su mudaron a Inkster, Míchigan, y en 1962, Dorothy Mae se casó con un mecánico llamado Norman Caesar con quien tuvo dos hijas.

De niño, Watts fue descrito por ser extraño. A los doce años de edad, Watts afirmó que allí fue cuando comenzó a fantasear sobre torturar y asesinar chicas y mujeres jóvenes. Durante la adolescencia, Watts comenzó a acosar chicas y se cree que asesinó a su primera víctima antes de los 15 años de edad.

Cuando Watts tenía 13 años, fue infectado con meningitis lo que causó que se atrasara en el octavo grado. Tras su regreso a la escuela, Watts tuvo dificultad al estar con otros estudiantes. En la escuela, a menudo recibía malas calificaciones, y leía en un nivel de tercer grado a los 16 años. También sufrió de acoso grave en la escuela.

El 29 de junio de 1969, Watts fue arrestado por agredir sexualmente a Joan Gave de 26 años de edad. Cuando Watts fue juzgado, fue sentenciado a la Clínica Lafayette, un hospital psiquiátrico en Detroit. De acuerdo a una evaluación psiquiátrica, Watts fue revelado de sufrir un retraso mental leve, con una escala de CI de 68, y de tener un proceso de pensamiento delirante, aunque un policía interrogó después a Watts dijo que era «muy, muy inteligente» con una «memoria excelente». Fue liberado de la Clínica Lafayette el 9 de noviembre de 1969.

A pesar de sus pobres calificaciones, Watts se graduó de la secundaria en 1973, y recibió una beca de fútbol a la Universidad Lane en Jackson, Tennessee. Fue expulsado de la Universidad Lane después de tres meses porque fue acusado de acoso y agresión a mujeres.

Otra razón por la que fue expulsado fue porque muchas personas en la Universidad Lane creía que Watts era un sospechoso en un asesinato brutal de una estudiante femenina; sin embargo, no había suficiente evidencia para condenarlo por el asesinato. Después de su expulsión se mudó a Houston, Texas.

Asesinatos

La carrera de Watts como asesino en serie comenzó cuando tenía 20 años en 1974, secuestrando sus víctimas de sus casas, torturándolas, y luego asesinándolas. El 30 de octubre de 1974, Watts torturó y asesinó brutalmente a Gloria Steele de 20 años, que se creía su segunda víctima. Watts, que era afroamericano, casi siempre asesinaba a mujeres blancas y jóvenes.

Watts asesinó a mujeres entre los 14 y 44 años utilizando métodos como estrangulación, puñaladas, y por ahogamiento. Watts asesinó a docenas de mujeres entre 1974 y 1982, y a pesar de las tantas mujeres que asesinó, Watts no fue descubierto como asesino en serie durante ocho años.

Hubo varias razones que explican esto. Atacó en varias jurisdicciones e incluso en diferentes estados. Incluso con el advenimiento de las pruebas de ADN todavía era imposible debido a que raramente realizaba actos sexuales con sus víctimas, a diferencia de la mayoría de los asesinos en serie de mujeres y chicas, y sus crímenes no eran pensados para una motivación sexual. Watts no era sospechoso de estar involucrado con cualquiera de los asesinatos por las personas que lo conocían, y no era un sospechoso para la policía en cualquier asesinato hasta su arresto en 1982.

Arresto y descubrimiento

El 23 de mayo de 1982, Watts fue arrestado por irrumpir a una casa de dos mujeres jóvenes en Houston, e intentar asesinarlas. Durante su detención, la policía comenzó a vincular a Watts con los asesinatos recientes de un número de mujeres. Hasta principios de 1981, él había vivido en Míchigan, donde las autoridades lo sospechaban de ser responsable de los asesinatos de al menos de 10 mujeres y chicas. Watts fue interrogado previamente sobre los asesinatos en 1975, pero no hubo suficiente evidencia para condenarlo. En ese tiempo, Watts había pasado un año en prisión por atacar a una mujer, que sobrevivió.

Los fiscales en Texas no sentían que había suficiente evidencia para condenar a Watts por asesinato, así que en 1982 se organizó un acuerdo con el fiscal. Sí Watts daba detalles y confesiones de sus crímenes, le darían inmunidad de los cargos de asesinato y él podría enfrentar sólo un cargo de robo con intento de asesinato. Este cargo conlleva una pena de 60 años de sentencia. Estuvo de acuerdo con el trato y rápidamente confesó en detalles a los 12 asesinatos en Texas. Sin embargo, las autoridades de Míchigan se negaron con el trato así que los casos en ese Estado se mantuvieron abiertos.

Watts luego afirmó que asesinó 40 mujeres, y también dio a entender que habían más de 80 víctimas en total. No quiso confesar abiertamente haber cometido los asesinatos, debido a que no quería ser visto como un «asesino en masa». La policía todavía considera a Watts como sospechoso en 90 asesinatos sin resolver.

Murió de cáncer de próstata el 21 de septiembre de 2007 en un hospital de Jackson, Míchigan.


Carl Eugene Watts

Asesinos-en-serie.com

3 de noviembre de 2010

Se cree que llegó a matar a 90 mujeres a lo largo de su vida. Con un leve retraso mental producido por una meningitis en su juventud, él luchaba contra sus deseos de asesinar, sucumbiendo siempre ante los mismos.

Carl Eugene Watts

Durante el comienzo de la década de los setenta, las mujeres de los estados de Texas, Michigan, y Ontario en Canadá, vivieron aterrorizadas por el «asesino del domingo por la mañana». Un brutal psicópata que sometía a mujeres con golpes, y puñaladas para después ahogarlas lentamente en la bañera.

Son pocos los asesinos seriales de raza afroamericana que se han hecho conocer y, sin duda, Watts fue uno de los más crueles, con aproximadamente 90 asesinatos. Carl Watts comenzó a matar mujeres sólo por el placer y la alegría que le producía observar cómo fallecían. Con un coeficiente intelectual de apenas 68 (tenía un leve retardo mental), Carl mostró que, cuando la Policía es torpe consiguiendo evidencias, no se requiere de brillantez alguna para burlar a la Justicia y derramar abundante sangre inocente.

Un pasado siniestramente sospechoso

Carl nació en Killeen, Texas, el 7 de noviembre de 1953, hijo de Richard Eugene Watts, un soldado de primera clase en el ejército y Dorothy Mae Young, una maestra que enseñaba arte en jardines escolares. Un año después los Watts tuvieron una hija llamada Sharon, pero su matrimonio terminó en 1955.

Tras la separación, Carl se fue a vivir con su madre en Inkster, Michigan. Sin embargo hacían visitas regulares a sus parientes y pasaba días en la casa de campo de su abuela, quien lo llamaba «Coral». En este tiempo, Carl era un niño que gustaba de perseguir y desollar conejos. En 1962 la madre de Carl se volvió a casar, esta vez con un mecánico llamado Norman Caesar, con quien tuvo dos hijas.

La infancia de Carl puede ser descrita como extraña, ya que a los 12 años el niño tenía fantasías de cómo torturar y matar a mujeres jóvenes. En su adolescencia, Carl acechaba mujeres, por esta razón se cree que asesinó a su primera víctima a los 15 años.

Cuando tenía 13 años, Carl sufría de meningitis, por lo que perdió el octavo grado de escuela. Su regreso a clases fue difícil, pues no podía mantener el ritmo de estudio de sus demás compañeros y recibía malas calificaciones a causa del deterioro cognitivo que le ocasionó la meningitis. En ese entonces, Carl también era molestado severamente por los jóvenes más grandes de la escuela.

El 29 de junio de 1969, Carl de 15 años sintió la necesidad de obedecer a sus macabras fantasías, es así que, mientras hacía su ruta de entrega de periódicos, tocó la puerta de Joan Gave de 26 años. Cuando la joven contestó a la puerta, Carl la golpeó hasta dejarla inconsciente y luego siguió con su ruta, como si nada hubiera sucedido.

Cuando Joan recuperó la conciencia de inmediato contactó a la Policía. Carl fue arrestado en su casa por abusar físicamente de Joan Gave y terminó en la Clínica Lafayette en Detroit para recibir tratamiento psiquiátrico.

Durante la evaluación clínica Carl hablaba de sus sueños, los doctores le preguntaron si los sueños lo perturbaban, pero el joven confesó que no, y que se sentía mejor después de tener uno de ellos. La respuesta preocupó a los doctores, y en su reporte dijeron que Carl era un individuo compulsivo con actitudes pasivo agresivas que trataba de controlar fuertes tendencias homicidas. Los psiquiatras creían que el joven era un peligro para la sociedad.

Tras un año de tratamiento, Carl fue liberado a los 16 años, pero regresó a la clínica en 9 ocasiones para recibir ayuda psicológica. También se descubrió que el adolescente sufría de un leve retraso mental y tenía un I.Q. de 68 (el promedio es 100).

A pesar de sus malas calificaciones, el joven logró graduarse en 1973 gracias a la tutoría de su madre, su desempeño atlético como jugador de fútbol y su estatus como peleador de guantes de oro, todo lo cual le consiguió una beca deportiva en el Lane College, en Jackson, Tennessee.

Después de 3 meses en la institución académica, Carl fue expulsado por acechar y atacar mujeres y también porque era sospechoso del brutal homicidio de una estudiante. Debido a la escasa evidencia para condenarlo, la mejor opción fue expulsarlo, tras lo cual se mudó a Houston, Texas.

El amanecer del miedo

En 1974, Carl de 20 años comenzó a complacer sus fantasías y sueños homicidas. El 25 de octubre del mismo año, irrumpió en el apartamento de Lenore Knizacky de 23 años, quien tras abrir la puerta comenzó a ser estrangulada por un hombre afroamericano joven. Afortunadamente la joven logró defenderse y soltarse, pero Carl escapó de la escena y la Policía no logró capturarlo.

El 30 de octubre atacó nuevamente, cuando golpeó la puerta de Gloria Steele de 19 años, una estudiante de la Universidad de Kalamazoo. El hombre dijo estar buscando a una persona llamada Charles, después de que Steele le permitió entrar, fue apuñalada en el pecho 33 veces.

Meses más tarde la Policía recibió un reporte de Diane Williams, quien fue atacada el 12 de noviembre por un hombre afroamericano que dijo estar buscando a Charles, Diane sobrevivió al ataque y logró ver el número de placa del vehículo donde Carl escapó.

Los oficiales pronto averiguaron que el automóvil pertenecía a un Carl Eugene Watts, una persona peligrosa con historial psiquiátrico. En diciembre de 1974, Coral fue arrestado tras ser identificado en la fila policiaca por dos mujeres que sobrevivieron sus ataques. Cuando fue interrogado dijo haber atacado a 15 mujeres, pero no admitió haber asesinado a Gloria Steele. Posteriormente el asesino fue enviado al hospital estatal de Kalamazoo para ser evaluado por psiquiatras. Los doctores lo diagnosticaron con una personalidad de desorden anti-social.

Antes de ser enjuiciado, la corte lo envió al Centro de Psiquiatría Forense en Ann Arbor, el doctor que examinó el caso de Watts llegó a la conclusión de que era un individuo peligroso y volvería a atacar nuevamente. Entonces recibió un año en prisión por atacar a varias mujeres, pero no fue culpado por el homicidio de Gloria Steele. En junio de 1976 fue liberado y regresó a Detroit a vivir con su madre…

Después de salir de la cárcel, Carl comenzó a salir con una mujer llamada Delores y la pareja tuvo un hijo, pero no se casaron. Se separaron y Carl se enamoró de otra mujer, Valeria. La pareja se casó a finales de 1979, pero su unión duro sólo 6 meses.

La esposa de Carl dijo que él tenía comportamientos extraños, violentas pesadillas y que también solía cortar todas las plantas con un cuchillo o llenar la mesa con velas derretidas. Lo más extraño era que después de tener relaciones, él salía de la casa por varias horas.

En el transcurso de ese año varias mujeres fueron atacadas, el 8 de octubre, Peggy Pochmara de 22 años fue estrangulada en su casa. En la Halloween, la reportera del Detroit News, Jeanne Clyne de 44 años, caminaba a su casa tras salir de una cita médica, pero fue asaltada durante el día en el carretero suburbano de Grosse Point Farms: Carl la apuñaló 11 veces en el pecho y la espalda.

Durante este periodo, Carl trabajaba en una compañía de camiones para su padrastro. El asesino fue arrestado por la Policía en diciembre de 1979, pero la falta de evidencia le permitió salir libre.

La terrorífica labor del asesino del domingo por la mañana continúo [continuó] el 20 de abril de 1980, cuando la Policía llegó a la casa de Shirley Small de 17 años. La adolescente fue apuñalada 2 veces en el corazón con un instrumento similar a un escalpelo, Shirley murió desangrada en la acera.

A principios de mayo de 1980, Valeria se divorció de Carl. Para julio del mismo año Glenda Richmond de 26 años fue la siguiente víctima del asesino, los oficiales encontraron su cuerpo en la puerta de entrada, la mujer fue apuñalada 28 veces en el pecho.

El 14 de septiembre la ola de homicidios alcanzó a Rebecca Huff de 20 años, quien fue hallada en la entrada de su casa: su cuerpo recibió 54 puñaladas en el pecho, el mismo patrón de las victimas anteriores, la firma de Carl Watts. De inmediato se armó un grupo dirigido por el detective Paul Bunten, cuyo propósito era investigar los asesinatos de los últimos 5 meses, pero los oficiales no tenían evidencias ni testigos. El Sargento James Arthurs le informó al detective Bunten de su experiencia con el caso de Watts.

Los reportes policiacos de mujeres estranguladas en Detroit aterrorizaban a los mismos oficiales, las víctimas compartían las mismas cualidades, eran mujeres de 14 a 44 años que fueron apuñaladas o estranguladas hasta morir.

Como el caso de Hazel Connof de 23 años, a la que Carl estranguló el 11 de marzo de 1980, siendo que poco tiempo después, a finales de ese mes, Denisse Dunmore de 23 años pereció ante el asesino negro y, el 31 de mayo, Linda Monteiro de 27 años también fue asfixiada brutalmente por él.

El fin del terror

En julio de 1980, Irene Kondratowiz de 22 años sobrevivió tras que un siniestro atacante cortó su cuello. Sandra Dalpe de 20 años fue apuñalada por la espalda, pero fue atendida de inmediato en el hospital.

Cuando Carl atacó a Mary Angus de 30 años en la ciudad de Windsor en Ontario, Canadá, la víctima reconoció a Watts en fotografías policíacas, pero no estaba segura si era la misma persona que la atacó. Una vez más Carl seguía libre, pero se había convertido en el principal sospechoso del detective Bunten.

El distrito de Ann Arbor se había convertido en un lugar aterrador para sus residentes, es así que el 15 de noviembre de 1980, la Policía recibió la llamada de una mujer que dijo ser acechada por un hombre. Ella se escondió en el portal de una casa, en ese momento los oficiales podían ver desde su patrulla cómo el sospechoso buscaba desesperadamente a la mujer, cuando lo detuvieron por las luces rotas de su vehículo. El sospechoso fue identificado como Carl Eugene Watts, tras revisar el carro los oficiales encontraron un diccionario con el nombre de Rebecca Huff.

Nuevamente la falta de evidencias permitió que el asesino continúe libre, pero Bunten no había terminado con él y a finales de enero de 1981, mediante una orden el detective obtuvo una muestra de sangre de Carl, quien ya era sospechoso de dos intentos de homicidios en Detroit.

En la primavera de 1981, el asesino se fue a vivir a Columbus, Texas, donde consiguió empleo en una compañía de aceite. Los fines de semana de Carl consistían en manejar más de 70 millas hacia Houston, Texas, lugar que se convirtió en su nuevo territorio de cacería.

El grupo del detective Bunten seguía de cerca los movimientos de Coral y pronto enviaron su archivo al Departamento de Policía de Houston. Durante este tiempo el asesino controló sus ansias por matar, hasta que el 5 de septiembre de 1981, Linda Tilley de 22 años fue encontrada ahogada en la piscina del edificio donde residía.

Una semana después Elizabeth Montgomery fue apuñalada en el pecho mientras paseaba a sus perros. Ese mismo mes, Susan Wolf de 21 años fue apuñalada en el brazo y en el pecho mientras regresaba a su casa tras comprar unos helados.

Una noche de enero de 1982, Phyllis Tamm de 27 años fue atacada mientras trotaba, Carl la tumbó y estranguló con sus manos y después la colgó de un árbol con una tira elástica. Dos días después el asesino rompió la tráquea de Margaret Fossi de 25 años, una estudiante de arquitectura en la Universidad Rice: su cuerpo fue encontrado en el maletero de su vehículo.

Carl se llevó los planos de Margaret para quemarlos y de esta manera «matar el espíritu». Según se supo luego, una de las razones por las que asesinaba mujeres erar porque tenían «ojos malvados».

En los meses de febrero y mayo de 1982, Carl asesinó a Elena Semander de 20 años; Emily LaQua de 14; Anna Ledet de 34; Yolanda Gracia de 21; Carrie Jefferson de 32, y Suzanne Searles de 25.

Los homicidios terminaron el domingo 23 de mayo de 1982, cuando Carl irrumpió en el apartamento de Michelle Maday de 20 años: tras golpearla hasta dejarla inconsciente, Carl llenó la bañera y la ahogó.

Ese mismo día el asesino irrumpió en el apartamento de Lori Lister y Melinda Aguilar, quienes fueron golpeadas hasta quedar casi inconscientes; mientras las 2 mujeres estaban en el suelo, Carl llenó las bañeras para ahogarlas: Lori rezó para que por lo menos su cuerpo sea encontrado, pero Melinda tenía otros planes y fingió estar inconsciente, de modo que, cuando el asesino se distrajo, ella saltó del segundo piso y pidió ayuda.

La Policía, atenta a las actividades de Watts, llegó a tiempo al departamento y lo encontró intentando ahogar a Lori Lister. También se encontró el cuerpo de Michelle Maday en un apartamento cercano.

Juicio humano y justicia natural

Tras ser aprendido, Carl se declaró culpable de sus fechorías y confesó haber asesinado a más de 80 mujeres en casi 10 años. Cuando el asesino era escoltado a la penitenciaria, dijo al juez y abogados: «si algún día me dejan libre, volveré a matar».

Años después el caso fue reabierto cuando Carl confesó haber apuñalado a Helen Dutcher el 1 de diciembre de 1979. Víctimas como Helen incrementaron con el tiempo, llegando a un total de 90 muertes, muchas de las cuales no fueron resueltas.

Carl Eugene Watts falleció a causa de un cáncer de próstata en un hospital en Jackson, Michigan, el viernes 21 de septiembre de 2007, a sus 53 años. La ley de los hombres no supo darle lo que merecía, pero la Naturaleza se encargó de darle el intenso tormento del cáncer y la pena capital que, con su infame brutalidad, era más que digno de obtener.

 


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