Belle Gunness
  • Clasificación: Asesina en serie
  • Características: Parricida - Seguros de vida
  • Número de víctimas: 13 - 42
  • Periodo de actividad: 1880's - 19??
  • Fecha de nacimiento: 11 de noviembre de 1859
  • Perfil de las víctimas: Hijos, maridos y amantes
  • Método de matar: Veneno - Otros
  • Localización: Varios lugares, Estados Unidos (Illinois), Estados Unidos (Indiana)
  • Estado: Nunca fue juzgada. ¿Murió en Los Ángeles en 1908?
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Belle Gunness

Última actualización: 19 de marzo de 2015

Una «viuda negra» de comienzos del siglo que reclutaba a sus maridos por medio de los anuncios por palabras. Drogaba a sus víctimas y las estrangulaba para descuartizarlas después y darlas de comida a sus cerdos.

A consecuencia del incendio de su casa el 28 abril de 1908 se descubrieron los cuerpos enterrados de sus tres hijos menores, así como lo que se supuso que era su cadáver calcinado. Se le atribuyen entre trece y cuarenta y dos asesinatos de hombres.


Belle Gunness

Última actualización: 19 de marzo de 2015

Una «viuda negra» de comienzos del siglo que reclutaba a sus maridos por medio de los anuncios por palabras. Drogaba a sus víctimas y las estrangulaba para descuartizarlas después y darlas de comida a sus cerdos.

Belle atraía a hombres ricos de Chicago a su casa. Allí les robaba y les mataba con la ayuda de Ray Lamphere. La carrera criminal de la primera «mujer barba-azul», Belle comenzó con la muerte accidental de sus dos primeros maridos y dos de sus hijos. Coincidiendo con cada muerte ella recaudaba el dinero del seguro lo que la mantenía a flote hasta su siguiente racha de mala suerte.

Después de instalarse en La Porte, Indiana, comenzó su aventura mortal de «corazones solitarios». El 28 de abril de 1908 su casa fue alcanzada por el fuego. Ray, su peón y presunto amante, fue arrestado y acusado de incendio y del asesinato de Belle y de sus hijos. Ray dijo que el cuerpo de la mujer encontrado en las brasas no era el de Belle. El cuerpo había perdido la cabeza pero cerca de él encontraron la dentadura de Belle. Aparentemente fingió su propia muerte y huyó con una bolsa llena de dinero.

Al empezar a cavar en el rancho lo encontraron lleno de huesos humanos y cuerpos desmembrados envueltos en sacos y sumergidos en lejía. Muchos de los pretendientes de Belle se convirtieron en comida para cerdos, motivo por el que se encontraron numerosos fragmentos de huesos alrededor de la jaula de los cerdos. Según las estimaciones de sus hábitos criminales se cree que cometió entre 50 y 100 muertes. Después de su desaparición, se colocaron muchas fotos de Belle por todo el país. Las autoridades creen que fue vista por última vez en un burdel de Ohio en 1935.


Bella Poudsdatter Sorensen Gunness

Última actualización: 19 de marzo de 2015

Autora de numerosos crímenes nacida en Trondhjem, Noruega, en 1859.

En 1876 emigró a América, contrayendo matrimonio en Chicago con un compatriota llamado Max Sorensen, trasladándose con su esposa a Austin, Illinois, donde Bella vio cumplido su mayor deseo: tener un hijo. Desde la niñez había gustado extraordinariamente de los niños enseñando en varias escuelas dominicales. Pronto quedó viuda (demasiado pronto, según algunas opiniones) e invirtió sus ahorros en montar una casa de huéspedes en Chicago, que, al poco tiempo, ardió completamente. Con el dinero que cobró del seguro compró una panadería, pero tampoco este negocio duraría mucho: al mes siguiente seguía la misma suerte que la pensión.

La compañía aseguradora accedió a pagar la póliza esta vez con la condición de que Mrs. Sorensen continuase sus negocios en otra ciudad. Esta accedió, estableciéndose en La Porte, Indiana, donde celebró nuevo matrimonio con un tal Mr. Gunness, que poco tiempo después de la ceremonia moría a consecuencia de una herida en la cabeza. Su desconsolada esposa declaró: «El hacha resbaló del estante», y el compasivo jurado la declaró inocente, pudiendo cobrar entonces una gran suma del seguro.

Desde aquel momento Mrs. Gunness decidió emplear un método más directo y eficaz para conseguir pingües beneficios. En varios periódicos de Estados Unidos publicó el siguiente anuncio: «Viuda rica y bien parecida, joven, propietaria de una gran finca, desea entrar en contacto con caballero culto y de fortuna. Objeto: matrimonio».

Entre las muchas ofertas Bella eligió la de un viajante de comercio sin familia ni amigos, a quien escribió la siguiente respuesta: « … estoy segura que es usted el hombre más apropiado para mí. Creo que nos hará feliz a mí y a mis hijos y que podré confiarle todo lo que poseo en el mundo… Mi idea es lograr un compañero en quien pueda tener absoluta fe y he decidido que cada solicitante que reúna las condiciones que exijo deposite a mi nombre una suma determinada que me asegure que el elegido no se trata de un simple oportunista. Mi fortuna asciende a más de veinte mil dólares, por lo tanto creo que si usted pudiera traerme la cantidad de cinco mil, probaría así la rectitud de sus intenciones y podríamos discutir el asunto … ».

Uno tras otro acudieron a La Porte todos los aspirantes a la mano de Mrs Gunness, los cuales no volvieron a ser vistos nunca más con vida. Su estilo literario variaba según imaginaba el carácter de su corresponsal. A un pobre desgraciado escribió así: «He adivinado por tus cartas que tienes un gran corazón… Ven a mí. Eres mi dueño. Tu prometida te espera. Aquí viviremos felices; seremos los reyes de la más hermosa casa de Indiana … ». Conforme los confiados caballeros iban llegando con el dinero Bella los iba enterrando en su propiedad, generalmente en la pocilga. Probablemente mataba a sus víctimas, mientras dormían, con la misma hacha que había causado la muerte de su esposo.

En 1908, el hermano de Andrew Hodgren, uno de sus pretendientes, que había abandonado su hogar cinco meses antes, comenzó a preocuparse por la suerte de éste y decidió escribir a Mrs. Gunness, recibiendo una rápida respuesta: «Haré todo lo posible por encontrarle… salió de mi casa en enero, aparentemente muy feliz, y desde entonces no he vuelto a verle… Le buscaré hasta en el fin del mundo».

Belle sabía muy bien que no tenía que ir tan lejos; para encontrar su cadáver bastaba con andar unos metros hasta la pocilga. Sin embargo, poco después volvió a escribir al hermano de su víctima proponiéndole un encuentro. Mr. Hodgren accedió en acudir a su finca, pero pocas horas antes de que llegase (probablemente para reunirse más tarde con su hermano y el resto de los pretendientes) ardió hasta los cimientos el hogar de Mrs. Gunness. Entre las ruinas se hallaron su cadáver y los de sus hijos. Se acusó de provocar el incendio a un jornalero llamado Roy Lamphere.

Mientras tanto, el hermano de Andrew Hodgren, buscando algún rastro de aquél, descubrió en la pocilga los 28 cadáveres. Nunca se ha podido averiguar cómo y por qué tuvo lugar el incendio; quizá Lamphere conociera la verdad sobre Belle Gunness y la hubiera hecho víctima de un chantaje o ésta se había atemorizado ante la perspectiva de que el nuevo visitante pudiera descubrir sus crímenes. Lo que sí se sabe con certeza es que no mataba por avaricia, pues poco antes de morir donó la mayor parte de su fortuna a un orfanato de Chicago.


Belle Gunness (1859-1908?)

Última actualización: 19 de marzo de 2015

También «La Bella de Indiana», asesina múltiple.

La Bella Poulsdatter, hija de un albañil, nació cerca de Lake Selbe, Trondheim, Noruega. En 1883, siguiendo el ejemplo de su hermana, emigró a América, donde se casó con Mads Sorenson al año siguiente. El matrimonio no tuvo frutos, y Belle, amante de los niños, adoptó tres: Sennie, Myrtle y Lucy.

En 1900, el día en que cumplían dos pólizas de seguro de vida, falleció Sorenson – oficialmente por dilatación del corazón – y Belle, doblemente enriquecida, se trasladó a una granja de La Porte, Indiana, donde, en 1902, se casó con otro noruego, Peter Gunness. Al cabo de un año, el hombre padeció un fatal «accidente» con una salmuera hirviente y un golpe recibido con un trinchador de carne. Poseedora de otros 4.000 dólares, Belle dio a luz a su hijo Philip, causando una buena impresión general en la vecindad como mujer trabajadora y madre afectuosa.

Según todas las apariencias, tuvo una serie de experiencias desdichadas con sucesivos trabajadores de la granja y esposos en perspectiva, con los que se ponía en contacto mediante anuncios de «corazón solitario». Despedidos, estos hombres, aparentemente, dejaban su empleo o volvían a sus casas. En realidad, su rutina era inducirles a vender sus propiedades e ir a verla llevando el dinero, lo que conseguía gracias a la elocuencia, desplegada en sus cartas, prometiéndoles tranquilidad doméstica. Luego, con estricnina y un hacha o un martillo, les mataba y desmembraba para enterrarles. Alguno como Anderson sospechó algo y logró librarse; los restos excavados más adelante de los desafortunados como Moo, Helgelien y Budsberg fueron más tarde identificados por sus parientes.

Una figura de mayor relieve en el caso Gunness fue su empleado Ray Lamphere, el cual, celoso de sus rivales, se peleó con ella abiertamente, siendo despedido y reemplazado por Maxson. Después de intentar volver a la granja fue multado por agresión. El 27 de abril de 1908, mientras consultaba con su abogado sobre su testamento, Belle expresó el temor de que Lamphere incendiara su casa. A primeras horas de la mañana siguiente, Maxson vio la casa en llamas y la puerta cerrada. Entre las cenizas se halló una mujer decapitada y los cadáveres carbonizados de tres niños.

Lamphere fue arrestado a pesar del intento de Smith «Nigger Liz» de procurarle una coartada. En los cadáveres fueron hallados rastros de estricnina (el de la mujer quedó sin identificar), y el coroner dictó sentencia de «muerte por homicidio pérfido por un desconocido criminal».

Más tarde, el hermano de Helgelien empezó a investigar sobre la desaparición de aquél y otras excavaciones revelaron restos desmembrados de unos doce cadáveres más cerca de los primeros, incluyendo el de una hijastra de Belle, Jennie, que se creía recluida en un colegio. Pronto fue invadido el lugar por una numerosa concurrencia de visitantes curiosos. En la subasta, los muebles de Belle alcanzaron altas sumas por los cazadores de recuerdos. Los rumores siguieron creciendo. El titular de los diarios «Numerosas Señoras Gunnes», indicaba las distintas ocasiones en que ella había sido vista viva después del incendio.

El proceso por asesinato e incendio contra Lamphere empezó el 9 de noviembre de 1908; su conducta fue variable y los testigos estuvieron en su contra. La dentadura postiza de Belle, hallada entre los restos tres semanas después del incendio, no sirvió para identificar conclusivamente el cadáver como perteneciente a Belle; posiblemente fue depositada más tarde. Un jurado de opiniones divididas, después de diecinueve votaciones, dio un veredicto de compromiso, y Lamphere fue convicto como incendiario.

Al año siguiente, en la cárcel, Lamphere confesó haber sido el cómplice de Belle Gunness y mencionó cuarenta y dos asesinatos. Describió cómo la misma Belle había sustituido su seudo cadáver por el de otra mujer, cómo se había sentido atraído por ella, y cómo había regresado, después de haber sido despedido, para incendiar la casa. Esta declaración no muy clara alcanzó una publicación sensacional, «El Misterio de la Señora Gunnes». La verdad no llegó a saberse. Tal vez Belle pereció en el incendio, o murió poco después a manos de un cómplice. Pudo librarse de morir de vieja, pero no hay duda de que asesinó a muchos admiradores en busca de ganancias financieras.


La granja maldita

Última actualización: 19 de marzo de 2015

La chica que iba a ganarse la reputación de ser una de las peores asesinas múltiples de Norteamérica nació en Trondhjem, Noruega, en el año 1859. Bella Poulsdatter pisó por primera vez el Nuevo Mundo en 1883, estableciendo su residencia en Chicago y casándose con Max Sorensen, también noruego, en 1888.

Con el paso del tiempo, los Sorensen se trasladaron a una granja de Austin, Illinois, y Belle se adaptó a la predecible rutina de cultivar la tierra y criar a sus hijos.

1900 vio pasar la primera página de un catálogo de «mala suerte» que iba a caracterizar el resto de la vida de Belle; aunque algunos quizá se afanarían en que esos infortunios tenían una sospechosa propensión a acabar resultando beneficiosos. Para decirlo brevemente, Max Sorensen murió.

Es imposible saber si la viuda Sorensen se sintió muy consolada por los 1000 dólares del seguro y la suma conseguida con la venta de la granja, pero Belle supo encararse con valentía a la incertidumbre y volvió a Chicago, invirtiendo el dinero en la compra de una pensión. Pobre Belle; apenas había tenido tiempo de colocar las sábanas sobre las camas cuando el desastre volvió a visitarla, ahora en forma de incendio que destruyó la pensión dejando a su abatida propietaria con la sustanciosa póliza de seguros que había contratado como único consuelo.

Belle no se dejó amilanar e invirtió su capital en una pastelería, y nadie sabe qué golosinas le habría reservado el destino a los amantes de lo dulce, pues su viejo adversario, el demonio del fuego, decidió consumir el negocio de Belle en una sola noche.

La prudencia hizo que Belle captara la indirecta implícita en las feas sospechas manifestadas por la compañía de seguros y su abyecta negativa a seguir haciendo negocios con una clienta tan arriesgada. Había llegado el momento de cambiar el rumbo; y el nuevo rumbo escogido fue el Este. Belle acabó en un remoto pueblecito llamado La Porte, en el estado vecino de Indiana, donde se convirtió en Belle Gunness, un apellido que no tardaría en provocar escalofríos de incredulidad y horror por toda Norteamérica.

Por desgracia, Peter Gunness no sobrevivió mucho tiempo a la boda, y cuando una hachuela resbaló accidentalmente de su estante y le infligió un golpe mortal en la cabeza, el dinero del seguro apenas pudo consolar a la afligida viuda.

Belle debió cansarse de estafar a las compañías aseguradoras…. o, y esto parece mucho más probable, comenzó a temer la inevitable investigación. Fuera cual fuese la razón, no tardó en dar con un medio alarmantemente coronado por el éxito, gracias al cual una mujer sola con niños a los que mantener podía suavizar las penurias y aprietos de la viudedad.

«Viuda rica, atractiva, joven, propietaria de una granja de gran tamaño, desea entrar en contacto con caballero acomodado de gustos cultivados. Objeto: matrimonio.»

Un requisito que Belle creyó que sería mejor no constara en el anuncio era el de que los caballeros también debían carecer de familia o amistades íntimas, con lo que se completaba una descripción perfecta del viajante de comercio, a través del cual la «viuda rica y atractiva» planeaba llegar a ser todavía más rica. Belle seleccionó un candidato de entre la primera remesa de cartas y contestó con estas palabras:

«Su respuesta a mi anuncio me ha llenado de alegría, pues tengo la seguridad de que es el hombre ideal para mí. Estoy convencida de que sabrá hacer que tanto yo como mis queridos niños seamos muy felices, y de que puedo confiarle cuanto poseo en este mundo. Pero voy a ser sincera con usted y le describiré mi situación actual. No debe haber engaños ni disimulas por ninguna de las dos partes. En cuanto a la granja, hay setenta y cinco acres de tierra y la cosecha es muy variada, incluyendo manzanas, ciruelas y cerezas. Todo esto ya casi está pagado. Tengo tres hijos pequeños, dos niñas y un niño. Perdí a mi esposo en un accidente hace cinco años…. y he descubierto que ocuparme de la granja y cuidar de los niños queda más allá de mis fuerzas. Mi idea es encontrar un compañero a quien pueda confiárselo todo… He decidido que cada candidato que ha merecido mi consideración favorable debe hacer un depósito satisfactorio en efectivo o acciones. Creo que es la mejor forma de mantener alejados a los timadores que siempre andan buscando una oportunidad de ganar dinero fácil. Valgo un mínimo de 20.000 dólares, y si usted puede traer consigo la suma de 5.000 para demostrar que se toma el asunto en serio, hablaremos del futuro.»

El tono abiertamente comercial de la carta no desanimó al viajante, y al parecer tampoco desanimó al subsiguiente cortejo de hombres esperanzados que acudieron a la granja de La Porte. Nadie está seguro de cuántos caballeros «acomodados y de gustos cultivados» llamaron a la puerta de Belle, pero fuera cual fuese el número, ninguno de ellos salió de la casa después de haber cruzado el umbral. Nadie puede estar seguro de cómo le habrían ido las cosas a Belle Gunness si no hubiera tenido un tropiezo imprevisto con la mala suerte.

Sus problemas empezaron a causa de un descuido de la propia Belle. Cuando convenció a Andrew Holdgren para que acudiese a Indiana no sabía que tenía un hermano, ni que le había confiado sus aspiraciones matrimoniales. En cuanto transcurrieron cinco meses sin que oyera campanas de boda, Holdgren escribió a la señora Gunness suplicándole noticias de Andrew. La contestación de Belle parecía indicar una preocupación que casi llegaba a la desesperación:

«Haría cualquier cosa por encontrarle. Salió de mi casa un día del mes de enero y daba la impresión de ser muy feliz, pero no he vuelto a verle desde entonces… Iría hasta el fin del mundo para reunirme con él.»

Obviamente, Holdgren pensó que era una sugerencia excelente y le propuso visitar La Porte para ponerse al frente de la búsqueda. Pero el destino ya había tomado otra decisión.

El 28 de abril de 1908 el viejo enemigo de Belle atacó de nuevo…. y esta vez Belle no sobrevivió para cobrar el seguro. El martes por la mañana la granja ardió hasta los cimientos. Cuando la policía investigó la conflagración, encontró cuatro cuerpos calcinados: el que carecía de cabeza fue identificado posteriormente como el de la señora Gunness, y los tres cadáveres más pequeños pertenecían a Myrtle, de once años, Lucy, de nueve, y Philip, de cinco.

El 23 de mayo Roy Lamphere, un hombre empleado ocasionalmente por Belle para ayudar en la granja y desempeñar otro tipo de deberes más personales, compareció ante un Gran Jurado acusado de cuatro cargos de asesinato y uno de incendio premeditado. Lamphere sólo fue condenado por la acusación de incendio premeditado, y pasó 21 años en prisión.

Mientras tanto los agentes de policía dieron muestras de la suspicacia por la que se les paga e investigaron la granja con picos y palas. Resolvieron el enigma de Andrew Holdgren: su cuerpo desmembrado envuelto en una tela encerada fue el primero en aparecer. Había trece cadáveres más, todos ellos pulcramente despedazados y envueltos, y si el equipo de agentes hubiera prolongado sus excavaciones quizá habría encontrado algunos más.

Roy Lamphere no empezó a hablar sobre la vida en la granja y sobre esa noche fatídica del mes de abril de 1908 hasta muchos años después. Confesó que no sólo estaba enterado de los varios asesinatos cometidos en La Porte, sino que incluso ayudó a Belle a ocultar los cuerpos de las víctimas. Una revelación mucho más asombrosa fue la de que el cadáver calcinado identificado como el de Belle Gunness no era en realidad el de su antigua patrona y amante, sino el de una vagabunda que había sido atraída a la granja.

Por lo tanto, y si Roy Lamphere decía la verdad, ¿dónde estaba Belle Gunness? Ahora podemos estar casi seguros de que pereció en el incendio y de que el cadáver encontrado era el suyo. Pero, teniendo en cuenta que Roy Lamphere había sido considerado inocente de las acusaciones de asesinato, ¿qué podía obligarle a contar mentiras? Sean cuales sean las respuestas a estas preguntas y a otras que aún no han obtenido contestación, una cosa es segura: jamás se volvió a tener noticias de la rica viuda.


Posdata

Última actualización: 19 de marzo de 2015

Aunque ahora podemos ocupamos de crímenes históricos como los clásicos asesinatos de La Porte y verlos como relatos completos y casi inevitables, los investigadores y reporteros de la época que intentaron hallar algún sentido a tales acontecimientos se embarcaron en un viaje de descubrimiento incierto y, a menudo, frustrante. Las pistas con las que ir edificando un caso lógico aparecían de una forma muy lenta. Los pequeños detalles emergen para ser descartados más tarde; otros son malinterpretados y sólo hallan su verdadera posición en el rompecabezas cuando se los contempla desde la perspectiva que da el tiempo.

El siguiente «diario» del caso Belle Gunness ha sido obtenido con datos publicados por el New York Times, y ve desarrollarse el drama a medida que la información iba haciéndose disponible para ser publicada día a día y llegaba a un público anhelante.

1908

6 de mayo -Los cadáveres de cinco personas asesinadas son desenterrados en el patio de la granja de la señora Belle Gunness, La Porte. Se cree que Roy Lamphere, un empleado de la señora Gunness, es responsable de su muerte, así como la de sus hijos y las cinco personas encontradas.

7 de mayo -Se encuentran cuatro esqueletos más en el patio. El testimonio de un carretero indica que los cadáveres quizá fueran transportados a la propiedad de la señora Gunness para ser enterrados allí. La policía está intentando averiguar si la señora Gunness poseía un cementerio privado antes de trasladarse a La Porte. Su hermana afirma que Belle estaba «loca por el dinero».

8 de mayo -La señora Gunness es descrita como una fanática religiosa que se convirtió en criminal como resultado de la riqueza repentina que heredó a la muerte de su primer esposo, Max Sorensen. El editorial sugiere la complicidad de la señora Gunness en los asesinatos.

9 de mayo -Dos mujeres que se creyó eran la señora Belle Gunness y su madre fueron arrestadas en un tren en Utica y retenidas en Siracusa. Mientras tanto se encontró otro cadáver en la granja, lo que eleva el total a diez.

10 de mayo -Se cree que otras personas desaparecidas han sido víctimas del asesino de La Porte, aunque no se han descubierto nuevos cadáveres. Un editorial critica a la policía de Siracusa por haber actuado precipitadamente al arrestar a dos mujeres en la creencia de que eran la señora Gunness y su madre.

11 de mayo -Unos 15.000 curiosos visitan la granja Gunness.

12 de mayo -Se cree inminente la solución a los asesinatos de La Porte.

13 de mayo -La policía de La Porte confía en que las nuevas pruebas permitirán obtener una confesión de Roy Lamphere, acusado de haber prendido fuego a la granja Gunness.

14 de mayo -Se informa de que las autoridades de Indiana poseen pruebas que apoyan la creencia de que la señora Gunness tuvo un cómplice que participó en los asesinatos de la granja.

15 de mayo -Los investigadores encuentran fragmentos de una mandíbula humana y trozos de piel en el sótano de la granja Gunness.

16 de mayo -Se informa de que R. Smith, el fiscal del distrito, está convencido de que la mandíbula encontrada en el sótano pertenece a la señora Gunness.

17 de mayo -Nuevas pruebas sugieren que Belle Gunness puede haber huido a Europa.

18 de mayo -Los curiosos invaden la granja Gunness el domingo.

20 de mayo -Una dentadura postiza perteneciente a la señora Gunness es encontrada entre las cenizas de su granja. Se afirma que eso prueba que murió en el incendio.

22 de mayo -La policía cree que una tal señorita M. O’Reilly, de Rochester, también puede haber sido víctima de los asesinatos de La Porte, ya que una joya con su nombre grabado ha aparecido entre las ruinas de la casa Gunness.

23 de mayo -El Gran Jurado procesa a Roy Lamphere por cuatro acusaciones de asesinato y una de incendio premeditado. Los agentes de policía que seguían registrando la granja encontraron un cráneo humano en la letrina.

26 de mayo -Se cree que la señora Gunness escapó de la granja vestida de hombre. La opinión actual es que el cadáver que se creía suyo es en realidad el de la señorita O’Reilly, que desapareció el otoño pasado.

29 de mayo -Informes de que Belle Gunness vive en Brooklyn.

30 de mayo -Las propiedades pertenecientes a la señora Gunness obtienen altos precios en una subasta.

3 de junio -El sheriff Smitzer revela detalles de la confesión hecha por J. G. [Truelson] sobre los crímenes de la granja Gunness.

5 de junio -La señorita O’Reilly, que Truelson afirmó había sido asesinada en la granja, está perfectamente y vive en Saratoga. No ha visitado La Porte en toda su vida.

21 de junio -Los científicos de la policía descubren que la señora Gunness envenenó a la primera de sus diez víctimas con arsénico y estricnina.

24 de noviembre -El abogado defensor de Lamphere intenta demostrar que la señora Gunness se suicidó dos meses después del incendio en el que se supone pereció.

27 de noviembre -Roy Lamphere es considerado culpable de incendio premeditado, pero no de asesinato; es sentenciado a pasar de 2 a 21 años en la cárcel.


Belle Gunness

Leonard Gribble – «Mujeres asesinas» – Ed. Molino – Barcelona, 1966

En la mañana del martes 28 de abril de 1908, un granjero de Indiana llamado Joe Maxon se despertó temprano y olió el humo. Todavía no había amanecido cuando se sentó en la cama y con la cara entre las manos trató de espabilarse. Su primer pensamiento fue: «Tendremos pasteles recién hechos para el desayuno». Después, al apartar las manos de su cara, vio por la ventana que fuera reinaba una oscuridad absoluta.

Dormía en una habitación junto a la cocina de la granja. Cuando nuevamente volvió a mirar por la ventana divisó grandes llamas procedentes del piso bajo. Corrió hacia la puerta que comunicaba con el resto de la casa, pero no pudo abrirla. La puerta de comunicación estaba cerrada.

Comenzó a gritar: «¡Fuego! ¡Fuego!» con la esperanza de que la familia se despertase. Todo lo que pudo oír fue el crujido de la madera al ser devorada por las llamas. Joe decidió no dejarse aturdir. Regresó corriendo a su habitación, se puso las botas, recogió su ropa del armario, lo metió todo en la maleta que había traído y se precipitó escaleras abajo cuando ya las llamas comenzaban a invadir aquella parte del edificio. Salió fuera de la casa.

Cuando llegaba al exterior, Joe vio a tres personas que se dirigían corriendo hacia él. Eran el joven Bill Clifford, de la granja cercana, su padre Mike y William Humphrey, el cuñado de Mike. Tiraron algunas piedras a las ventanas donde dormía la familia. Rompieron los cristales, pero nadie se asomó.

Las llamas crepitaban y avanzaban inexorablemente hacia el resto del edificio, comenzando a cebarse en la carpintería y en los muebles.

Al amanecer, el incendio comenzó a decrecer. Durante todo este tiempo, la dueña de la casa no había dado señales de vida.

Numerosos grupos de granjeros de las cercanías fueron llegando. Poco pudieron hacer para combatir el incendio. Al mediodía la granja aparecía completamente quemada. Todos los que rodeaban aquellas ruinas humeantes se preguntaban, ¿dónde está Belle Gunness?

Hacia media tarde llegaron de La Porte los agentes Leroy Marr y William Austiss. Dieron la orden de comenzar a cavar entre aquellas ennegrecidas piedras. A las cuatro y media de la tarde la mayor parte de los escombros habían sido rastreados y no habían hallado nada.

Poco después uno de los trabajadores encontró una cabeza calcinada. Era la cabeza de una criatura. Belle Gunness, la propietaria de la granja, era la madre adoptiva de tres criaturas: Myrtle de once años, Lucy de nueve y Philip de cinco.

Al poco tiempo se descubrieron los restos de otra criatura. Pertenecía a una de las hijas de la señora Gunness. El cadáver de la otra niña fue hallado cerca, y no lejos de estos cadáveres se encontraron los despojos de una mujer con un niño en brazos.

Tendieron sobre el suelo los cuatro cadáveres y al hacerlo observaron algo chocante: al calcinado cuerpo de la mujer le faltaba la cabeza.

Los hombres que buscaban entre las ruinas de la granja Gunness estimaron que era su deber hallarla. Después de todo, por muy calcinado que esté un cráneo, no puede desaparecer. Cuando los cuerpos de las víctimas recibiesen cristiana sepultura, lo más indicado era incluir la cabeza de la muerta en el féretro.

Continuaron buscando entre aquella amalgama de escombros y ladrillos todavía humeantes. No hallaron la cabeza perteneciente al cadáver, pero sus azadas siguieron penetrando en la tierra y encontraron el cuerpo de un hombre. El fuego no había alcanzado sus restos. Era fácil advertir que había sido enterrado bastante antes de que el fuego destruyese la granja. El cuerpo aparecía desnudo y el foso en el que había sido hallado era con toda probabilidad una sepultura.

Cuando Asle Helgelien vio el rostro del hombre desenterrado, gritó: «¡Es mi hermano!»

Fuera lo que fuese lo que ocasionó la muerte de Andrew Helgelien, su aspecto era impresionante. Sus piernas y brazos habían sido separados del tronco y envueltos en un saco. Su cabeza también estaba envuelta aparte, y uno de los presentes reconoció el saco que la envolvía como de su anterior propiedad.

El sheriff local ordenó a los hombres que prosiguieran cavando. Despejando de escombros aquella parte y a una profundidad de cuatro pies apareció un montón de restos humanos. Pertenecían a cuatro personas. Cerca de esta fosa común se veía un manzano en flor. El contraste no podía resultar más macabro.

Uno de los cuerpos resultó ser el de Jennie Olsen, una linda y rubia muchacha de dieciséis años adoptada por Belle Gunness y que faltaba del distrito de La Porte desde septiembre de 1906, es decir, desde dieciocho meses atrás. En cuanto a los cadáveres restantes, uno era el de un hombre de pequeña estatura, el otro el de una mujer, y el tercero de un hombre de largas patillas rojizas que destacaban sobre sus pálidas mejillas. Todos habían sido descuartizados y envueltos cuidadosamente. No era ya horrible, era monstruoso, e indiscutiblemente se trataba de asesinatos.

Cuando se hicieron públicos los descubrimientos realizados en la granja Gunness, el distrito se vio invadido por multitud de periodistas. La noticia de una mujer autora de múltiples asesinatos apareció en grandes titulares de todos los periódicos y no solo se difundió como un reguero de pólvora por Estados Unidos, sino por el mundo entero.

El nombre de Belle Gunness se hizo mundialmente famoso. La rubia escandinava que se casaba con los hombres por su dinero y luego los descuartizaba envolviendo cuidadosamente sus despojos, es única en los anales de los asesinatos en masa.

La «circe del correo» la llamaron los periodistas cuando se narró su historia después de las investigaciones llevadas a cabo por los policías. Dichas investigaciones revelaron parte de la historia de esta enigmática mujer que nunca fue llevada ante los tribunales. Después de aquella noche en que se produjo el incendio y reveló al público su sangrienta historia, jamás volvió a saberse de ella.

Fue su hermana que habitaba en Chicago, a sesenta millas de La Porte, quien facilitó a la policía la historia de Bella Poulsdatter. Había nacido en Noruega en 1859, junto al lago Selbe, cerca de Trondihem. Su padre era un albañil y cuando su hijo comenzó a trabajar en el mismo oficio, la mayor de las hermanas emigró a Estados Unidos. Cuando se convirtió en la señora Larson escribió a Bella para que fuese a reunirse con ella y su marido le envió el dinero para el pasaje. En 1883, Bella Poulsdatter llegó a Estados Unidos y cambió su nombre de Bella Poulsdatter por el de Belle Poulson. Un año después se convertía en señora de Sorenson.

Deseaba ardientemente tener hijos, pero de su matrimonio con Sorenson no tuvo ninguno. Intentó entonces persuadir a los Larson para que le dejasen adoptar a una de sus hijas. Sin embargo, los padres no aceptaron la idea y la misma niña declaró que no deseaba ir a vivir con su tía Bella. A consecuencia de esto, las relaciones entre ambas hermanas se hicieron muy tirantes y poco a poco dejaron de verse.

Mads Sorenson era vigilante de un almacén de Chicago. No opuso reparos ante la idea de su esposa de adoptar otras criaturas. No obstante, la desgracia perseguía a Belle. En aquella época su casa se incendió tres veces y perdieron casi todo lo que poseían. Este matrimonio duró diecisiete años.

Mads Sorenson murió repentina e inesperadamente. Había firmado un seguro de vida bastante importante y su viuda cobró una cantidad respetable que le permitía vivir desahogadamente durante cierto tiempo. Esto sucedió en 1900.

Belle se dirigió con sus tres hijas adoptivas, Jannie, Martle y Lucie, a La Porte, donde había oído decir que una casa se hallaba en venta. Dicha granja se hallaba a una milla del pueblo y en la carretera de Macclung. Una mujer llamada Mattie Altic había regentado la casa convirtiéndola en un burdel y no gozaba por aquel entonces de buena fama dicho lugar.

Belle Sorenson, una viuda con tres hijas, se trasladó a ella después de haberla comprado. Sus vecinos se preguntaban qué podría hacer una mujer sola. No tuvieron que aguardar mucho tiempo. Un buen día se fue de viaje y regresó acompañada de un joven gigante rubio llamado Peter Gunness. Tenía los ojos azules y las mejillas sonrosadas. En sus brazos traía a un niño, fruto de su primer matrimonio. Belle Soreson era ya la señora de Gunness.

Lo recién casados se instalaron en la sólida granja de ladrillos con sus cuatro hijos y le dieron su nombre. Desde entonces, aquel lugar fue conocido como la granja Gunness. Sin embargo, la desgracia no dejaba de cebarse en la jovial Belle.

Antes de haber transcurrido un año era viuda nuevamente. El hijo de Peter Gunness había muerto antes. Éste sufrió un extraño accidente a medianoche. Por alguna razón desconocida eligió esta hora para examinar una caldera de salmuera, empleada para sazonar los cerdos y embutidos. Cuando observaba la caldera, el gran cuchillo empleado para trinchar la carne cayó sobre su cabeza. Belle Gunness tuvo que desempaquetar sus vestidos de viuda.

Los habitantes de las granjas vecinas acudieron a consolar a la noruega. Algunos de ellos eran de origen escandinavo como ella y su difunto esposo. Su simpatía era auténtica y se ofrecieron a ayudarla en todo lo posible hasta que sacase la granja adelante y pudiera educar a sus hijos.

No obstante, Belle Gunness, tras darles las gracias, declaró que pensaba sacar la granja adelante por sí sola. Los vecinos menearon la cabeza incrédulos. Podían observar que se hallaba encinta. Cuando ya faltaba poco para que viniese al mundo la criatura en aquella casa de ladrillos rojos que en tiempos de Mattie Altic y sus muchachas fue tan alegre, algunas de las esposas de los granjeros fueron a ayudar a la obstinada mujer que todo quería hacerlo por sí misma. Cuando llegaron, Belle ya había dado a luz a un niño al que le fue impuesto el nombre de Philip. Al día siguiente la encontraron haciendo la colada.

-Debes quedarte en cama -le aconsejaron sus vecinas.

-¿Por qué? -preguntó sorprendida mirándolas con sus grandes ojos azules. En mi país las mujeres no se acuestan después de haber tenido un hijo.

Se propuso limpiar a fondo la casa y poco a poco, conforme fue recuperando sus fuerzas, hizo de la granja un lugar agradable, donde claramente se advertía que no reparaba en las horas de ardua labor que ello le costaba. En el otoño de 1905 contrató a un empleado de una tienda de La Porte para que fuese a su casa y emprendiese ciertos trabajos de carpintería. Hizo una nueva puerta para el granero, le ordenó que pusiese algunas vallas y el hombre se preguntó para qué querría que la pocilga tuviese una valla de seis pies de altura que la rodease por completo.

-Los cerdos no pueden saltar -le recordó-. ¿Para qué quiere una valla de seis pies?

-Me gustan las cosas limpias y bien hechas -dijo por toda explicación.

Años después, cuando volvió a cambiar la valla para colocar en su lugar otra más sólida, se supo esto y los hombres creyeron entenderlo. Seis pies de empalizada metálica mantendrían apartados a los intrusos que no comprenderían por qué Belle Gunness alimentaba a sus cerdos con carne.

Mientras trabajó en la granja Gunness, el carpintero descubrió una habitación a la que se entraba por una puerta medio oculta y en la que se veían una mesa y varias sillas. La cocina, debido al género de vida de Mattie Altic, se hallaba separada de la casa propiamente dicha y sobre ella se encontraban una habitación y un cuarto de estar que Belle Gunness solía alquilar.

Algunos hombres la alquilaron según pudo comprobarse por las fichas de la policía. Pero fueron más los que vinieron que los que se marcharon, lo cual no dejaba de resultar bastante extraño.

Belle Gunness era una buena cocinera. La mayoría de las mujeres de aquel distrito estaban de acuerdo en este punto y en que era una mujer sumamente limpia. Trabajaba mucho en la granja y cuidaba de que sus hijos fuesen siempre limpios, virtudes éstas muy apreciadas en una comunidad rural. Belle los enviaba a una escuela cualquiera. Compró un potro y acortó los estribos de la silla y las riendas para que ellos mismos pudieran montarlo e ir de la granja a la escuela y viceversa. Festejaba las Navidades según la costumbre noruega guisando los platos típicos de su país.

Según los informes que obtuvo la policía, existían dos Belle Gunness. Una de ellas era la viuda del granjero que trabajaba sin cesar de sol a sol como un hombre, y otra la mujer que se dirigía a La Porte con sus mejores galas y unos pendientes para sentarse en el último banco de la iglesia.

Durante los años que siguieron a la muerte de Peter Gunness, sus vecinos creyeron que Belle obraría como muchas mujeres que se habían visto en semejantes circunstancias. Esperaban que el día menos pensado les diese la noticia de que se había casado con algunos de sus huéspedes. Uno de sus admiradores era un sueco ya entrado en años que escribió cartas indignadas a los vecinos de Belle, ya que éstos habían hecho ciertos comentarios de mal gusto sobre la viuda Gunness. Sin embargo, no se casó con él ni con un noruego también enamorado de ella y apellidado Colson.

Algunos hombres acudían desde muy lejos para visitar a la viuda Gunness. Su interés por el lugar y por su propietaria se despertaba al leer el siguiente anuncio en el periódico de su pueblo:

«Mujer rica y agraciada, dueña de una próspera granja, desea mantener correspondencia con persona educada, honrada y que goce de buena salud. Objeto de dicha correspondencia: matrimonio.»

O bien por este otro:

«Se desea. Una mujer dueña de una granja próspera desea un hombre de confianza como socio para la explotación de la misma. Se requiere algo de dinero para invertir en el negocio.»

Estos anuncios estaban redactados con el fin de interesar a dos tipos de hombre; pero ambos tenían una cosa en común: dinero. Después de ponerse en contacto por carta con Belle, empaquetaban sus cosas y se dirigían a la granja sita en las afueras de La Porte, donde eran recibidos por una amable mujer que los obsequiaba con su cálida sonrisa y sabrosos platos.

En una palabra, Belle Gunness se ganaba la simpatía de los hombres que tenían dinero. Según se supo después, la rubia Belle de robustos brazos solía ser muy complaciente cuando quería.

Los vecinos que observaban la procesión de hombres y mozos que llegaban a la granja Gunness se preguntaban porqué ninguno de ellos se quedaba. Por toda explicación la viuda se encogía de hombros y decía que el visitante se había marchado. No obstante no vieron partir ni a uno solo. Uno de los pocos hombres afortunados que abandonaron la granja con vida fue George Busby. Tras leer en los periódicos la noticia del incendio y el descubrimiento de varios cadáveres, envió al sheriff Smutzer las cartas que había recibido de Belle Gunness. Dijo al sheriff que tan pronto como llegó a la granja, Belle le preguntó cuánto dinero había llevado consigo. Divertido ante aquella pregunta respondió que muy poco, pero que poseía una cuenta corriente de varios cientos de dólares en el banco y una buena granja. Belle le conminó para que vendiese la granja y luego acudiese a reunirse con ella trayendo todo su dinero. Su lentitud en obedecer aquella orden le salvó la vida.

Mientras el sheriff Smutzer leía las cartas que le entregara Busby, un inspector de Colorado llamado Schultz se dedicó a buscar objetos entre las ruinas de la granja. Con ayuda de su aparato halló algunos cuchillos, páginas de libros referentes a anatomías e hipnotismo, junto con restos de piel y huesos humanos. Halló también doce relojes de caballero, lo que no dejaba de resultar extraño, ya que bajo la pocilga únicamente se habían encontrado ocho cadáveres. Cuando logró despejar de escombros aquel lugar, encontró hebillas, sortijas y fragmentos de reluciente metal. Mas el viejo Louis Schultz no halló con ayuda de su aparato lo que deseaba el sheriff y el forense: la cabeza de Belle Gunness.

Dicha falta entre todos los restos humanos aparecidos en la granja, permitió al sheriff Smutzer, que ya estaba cansado de ver aparecer su caricatura en todos los periódicos, un descanso que aprovechó para proceder a la detención de un hombre llamado Ray Lamphere, el carpintero que contratara Belle Gunness cuando comenzó a reformar la granja. Un vecino declaró haber visto a Ray Lamphere cerca de la granja cuando ésta ardía, y tras su interrogatorio, fue detenido acusado de haber provocado el incendio.

El relato de Lamphere fue conocido casi inmediatamente. Sus declaraciones después de los descubrimientos realizados en la destruida granja parecían encerrar especial significado.

En su declaración afirmaba:

«La señora Gunness me propuso que contrajésemos matrimonio y cuando ya éramos amantes me dijo que antes de que se celebrase el matrimonio sería conveniente que yo hiciese un seguro de vida. Así lo hice, nombrándola beneficiaria. Pero cuando le enseñé la póliza, comenzó a posponer la fecha de la boda. Un día encontré a un extraño en la casa. Se llamaba Andrew Helgelien. Creían hallarse solos, pero oí claramente como Belle le decía que estaba harta de tener a Lamphere a su alrededor. Días más tarde me envió a la estación para recibir a un primo suyo, un tal señor Moo. Según me dijo Belle en el caso de que no llegase, yo debería pasar en el pueblo toda la noche. Fui a Michigan City a esperar el tren, pero en él no viajaba ningún señor Moo. Entonces comprendí que Belle había inventado aquella historia para desembarazarse de mí. Regresé, pues, a La Porte y al filo de la medianoche me dirigí a la granja. Bajo la amarillenta luz de una linterna vi a la señora Gunness inclinada sobre un foso. Rodeé el seto para divisar mejor lo que estaba haciendo y vi que rociaba con cal un cadáver. Repentinamente pareció advertir que alguien la observaba y volviéndose murmuró:

-¡Dios santo! Creí que eras un fantasma.

No dije ni una palabra, pero abrí la puerta y entré. La cabeza de Helgelien se hallaba en el fondo de la fosa. El cuerpo se encontraba dentro de un saco junto con los brazos y las piernas. Ayudé a la señora Gunness a cubrir la fosa. Desde aquella noche la tuve completamente a mi merced.»

La declaración de Lamphere si era verídica, y es muy probable que lo fuese, ¿indicaba que había sido cómplice en los múltiples asesinatos cometidos por Belle Gunness?

La policía continuó interrogándolo e investigando su pasado. Su padre era William Lamphere, juez de paz hasta que se aficionó demasiado a la bebida y ésta arruinó por completo su carrera. Un día que Ray Lamphere andaba por la calle de La Porte, una mujer rubia se detuvo y le dijo sonriendo:

-Le he estado observando. Deseo que venga a la granja a trabajar para mí.

Lamphere fue con ella a la granja y se instaló en el cuarto de huéspedes, situado sobre la cocina. La primera noche que pasó en la granja se despertó sorprendido al ver junto a su cama una alta silueta con un camisón lleno de bordados. Era la viuda y olía a perfume.

-Hazme sitio.

Lamphere obedeció.

Sin embargo, el carpintero padecía terribles accesos de celos cuando alguno de los presuntos pretendientes de la viuda llegaba a la granja. Aquellas noches dormía solo. Otras noches la viuda dormía con él, aunque sin hacerle ningún caso. Sabía que eran esas noches cuando Belle Gunness había llevado al cuarto de los invitados, en el que guardaba la botella de cloroformo, a un hombre. Esa habitación siempre estaba cerrada con llave y Belle la guardaba personalmente.

Una muchacha llamada Anna Brogiski estuvo empleada durante cierto tiempo en la granja. Dijo a la policía que nunca había entrado en el cuarto de huéspedes. La puerta siempre permanecía cerrada y los hijos de Belle siempre pasaban corriendo y con la cabeza vuelta ante aquella puerta.

-Me dijeron que no entrase y no entré -declaró la muchacha.

Fue el padre de Anna Brogiski el que cavó algunas de las fosas de la granja maldita, como la llamaban en los periódicos.

-La señora Gunness me dijo que cavase algunos hoyos para enterrar escombros -declaró Brogiski al sheriff-. Cuando todos estuvieron llenos me pidió que cavase otro.

La policía interrogó a Lamphere sobre este punto que todavía permanecía oscuro: ¿qué función tenían asignada la habitación en la que la viuda conservaba grandes cantidades de hielo?

-Era una especie de cámara mortuoria -declaró Lamphere-. Era lo suficientemente capaz para alojar seis cuerpos. Allí despedazaba a sus víctimas. Separaba la cabeza, las piernas y los brazos del tronco valiéndose de una sierra o un hacha.

En los meses que precedieron a la apertura del juicio contra Lamphere, que se efectuó en noviembre de 1908, éste permaneció en presidio, enviando de cuando en cuando artículos a los periódicos en los que narraba su vida en la famosa granja maldita de Indiana. Durante el transcurso de aquellos meses entre el incendio y el proceso, la policía emprendió la búsqueda de varios hombres desaparecidos que habían acudido a la granja Gunness. Muchos de ellos eran de origen escandinavo. John Moo, el primo de Belle, también lo era. Acudió a la granja Gunness en las Navidades de 1906 para pasarlas en compañía de su prima. El 26 de diciembre acudió al banco de La Porte, acompañado por la sonriente Belle y retiró cien mil dólares.

Cuando la prensa aireó la lista de visitantes masculinos de Belle, bautizaron a Moo, con el apodo de Papá Noel. Tras retirar su dinero del banco desapareció. Lo mismo sucedió con Ole Budsberg cuando cuatro meses más tarde, el 6 de abril de 1907, se dirigió al banco de La Porte acompañado de Belle Gunness y retiró el importe de su cuenta corriente: mil dólares. Nunca más volvió a saberse de él y cuando sus hijos y los empleados del banco le preguntaron a Belle donde había marchado, dijo que a Oregón, situado muy lejos de Indiana.

Olaf Lindboe era un hombre de treinta años recién llegado a Estados Unidos y procedente de Noruega. Se dirigió hacia el este. Al llegar a La Porte hizo un alto y se encaminó a la granja Gunness, donde según un testigo fue visto sacando un libro de su paquete y ya no volvió a saberse más de él. Reapareció el 6 de mayo de 1908, cuando los que trabajaron entre los escombros de la granja incendiada encontraron un trozo de terreno muy blando detrás de la pocilga, no lejos de donde fuera encontrado el cadáver de Jennie. Había cambiado mucho, ya que un hachazo le había partido el cráneo, pero parte de sus cabellos todavía permanecían en él, así como sus dientes.

Henry Gurholt fue otro de los hombres que desaparecieron misteriosamente y volvió a aparecer cuando los improvisados sepultureros descubrieron su fosa. En otro hoyo relleno de desperdicios y situado en la parte trasera de la porqueriza fueron hallados los huesos de tres hombres y los cráneos de dos. Las cabezas aparecían recubiertas de pelo negro muy corto y una de ellas llevaba barba. La que no tenía barba pertenecía a Gurholt.

El hermano de John Moo acudió a la granja. Entre otros objetos encontró un reloj que Ray Lamphere declaró haber recibido de Belle. Cuando el desconsolado Moo, lo vio, afirmó:

-Ahora estoy seguro de que John está muerto. Éste es su reloj y ésta la cadena que siempre llevaba.

Diez cuerpos fueron descubiertos tras la pocilga. Algunos nunca fueron identificados. Por ejemplo, ¿quién era el joven con una sola muela en la boca? ¿y el hombre con hernia, cuyo braguero también fue hallado?

Brogiski, el labrador polaco, admitió haber cavado muchas fosas durante el tórrido verano de 1907. En esta época Phillips de Virginia dijo a sus amigos que marchaba para casarse en Indiana con una viuda muy rica. Abandonó su casa con una cartera bien provista de dinero, un anillo con un brillante en el dedo y un reloj.

Un reloj parecido al de Abraham Phillips fue encontrado entre los escombros de la granja. Fue durante este mismo verano de 1907, cuando John E. Bunter de Mackeesport, Pennsylvania, habló de casarse con una viuda de Indiana y desapareció sin que volviese a saberse de él.

Tonnes Peter Lien vendió su granja después de leer el anuncio y abandonó Rushford, Minnesota, con mil dólares cosidos en el forro de su manga para dirigirse a La Porte, con el deseo según explicó su hermano de casarse con la señora Gunness.

Emile Tell partió de Osage City, Kansas, con cinco mil dólares e intención de casarse con una viuda rica de La Porte.

E. J. Thiefland, de Minneapolis, después de escribir a Belle Gunness anunció a su hermana que marchaba a La Porte para ver «si esa señora era una persona decente».

S. B. Smith y Paul Ames desaparecieron sin que se supiese más de ellos hasta que encontraron dos anillos con las iniciales de S. B. Y P.A. entre aquellos restos humanos.

Además de estos hombres que acabamos de mencionar y que respondieron a la tentadora oferta de la viuda, había otra víctima como George Berry, que en el mes de julio dijo a su familia que marchaba a trabajar para la señora Gunness. Tomó consigo mil quinientos dólares y no tardó en ir a hacerle compañía a Gurholt en la fosa cavada por Brogiski.

Christian Hinkley vendió su granja de Wisconsin en dos mil dólares y se dirigió a La Porte. Herman Konitzer hizo lo mismo por cinco mil dólares y Charles Neiburg con quinientos. Los tres desaparecieron.

El joven Olaf Jensen escribió a su madre, que se hallaba en Noruega el mes de mayo de 1906, diciéndole que había visitado a una señora que había insertado una proposición de matrimonio en el periódico y que después de vender todo lo que tenía iría a reunirse con ella. Contaba veintitrés años y estaba lleno de ilusiones, pero ni su juventud ni sus esperanzas le salvaron del cloroformo y el hacha. Fue a reunirse con los demás en las fosas que rodeaban la pocilga.

Sin embargo, fue Asle Helgelien, de Mansfield, Dakota del Sur, hermano del fallecido Andrew, el que reveló el gran empeño que ponía la asesina de La Porte en que sus víctimas llevasen consigo el dinero. Conservaba la carta que su hermano recibiera el 2 de septiembre de 1906. En ella se leía:

«Querido amigo: Muchísimas gracias por su nota y su fotografía. He leído la carta muchas veces y estudiado atentamente su rostro. Me intereso ahora mucho en nuestra correspondencia, ya que comprendo que es usted una buena persona y un noruego inteligente. Deseo conocerlo mejor, pero me conformaré con esperar pacientemente a que llegue usted aquí. Creo más conveniente que lo deje todo dispuesto antes de venir para que luego no tenga que volver a marcharse. Cuando llegue usted aquí, sé que ya nunca volveré a estar sola. ¡Qué agradable resultará sentarse junto al fuego y poder charlar en nuestro idioma! ¿No lo cree usted así?

»Disfrutaré mucho viendo sus estupendos caballos, ya que me intereso mucho por ellos. ¿No podría traerme un caballito de tiro? Nos gustaría mucho. Solamente tengo tres caballos, lo que para nosotros es suficiente, pero nunca está de más tener otro.»

Después de darle unos cuantos consejos sobre la forma de emprender el viaje desde Dakota del Sur, añadía:

«Respecto a sus caballos puede llevarlos con usted hasta Chicago. Si alquila un vagón de ferrocarril podrá llevarse todos los que desee. Allí le pagarán muy bien por ellos. Si le parece demasiado aburrido estar solo y no tiene ningún amigo, yo puedo ir a encontrarme con usted y hacerle compañía hasta que termine de venderlos. Allí soy muy conocida, ya que durante una temporada he vivido en Chicago. Ambos podríamos recorrer la ciudad y disfrutar mucho.

»Cuando llegue aquí le prepararé una buena comida, pero dispóngase a decir adiós a Dakota del Sur y permanecer aquí para siempre con nosotros. No diga ni una palabra a nadie cuando se marche. Será mejor que lo haga cuando lleve aquí una buena temporada.»

El propósito de esta última advertencia apareció clara a los ojos del sheriff Smutzer cuando siguió leyendo:

«Debe perdonarme que no le haya contestado antes, pero hemos estado muy ocupados recogiendo peras y manzanas para enviarlas al mercado. Las pagan bien en Chicago, y como estamos cerca, enviarlas no constituye ningún problema.

»Intentaré hacer todo el trabajo antes de que usted llegue para que cuando esté aquí no se sienta demasiado solo. Guardo sus contestaciones en un sitio especial. Se las enseñaré todas cuando venga, ya que las aprecio mucho, aunque estimo más al autor. Cuando le conozca personalmente estoy segura de que me parecerá mejor a todos los noruegos que he conocido en América. Hay demasiados tramposos y estafadores en este país. La honradez, la rectitud y la honestidad son las virtudes que más aprecio. Cuando se encuentran en dos personas se puede estar seguro de que todo irá bien.

»Le he explicado las cosas tal y como son, y tal como usted mismo podrá verlas cuando llegue aquí. Puede estar seguro de que será bien venido y recibido alegremente. Bueno, es mejor que termine por hoy y vaya a ordeñar las vacas.

»Deseando recibir pronto sus noticias,

»Su amiga,

Belle Gunnes

Como bien dijo un periodista de La Porte, la viuda demostró ser una gran escritora. Andrew Helgelien no estaba decidido a casarse. Para convencerlo, Belle le escribió una carta cada semana durante dieciséis meses. Una vez, Andrew encontró dentro de una carta un trebol de cuatro hojas. Estaba ya marchito, pero indicaba buena suerte, aunque desgraciadamente no para él.

Llegó a La Porte el día de Año Nuevo de 1908, tras haber abandonado definitivamente Dakota del Sur. Poco después se hizo transferir su cuenta corriente al banco de La Porte y entonces retiró su dinero. Belle Gunness, muy sonriente, lo acompañaba.

Debió de experimentar una terrible impresión cuando recibió una carta de Asle solicitando noticias de su hermano Andrew. No obstante dando muestras de su extraordinaria sangre fría, le contestó:

«Con lágrimas en los ojos y el corazón torturado por la pena, le doy las noticias que tengo de su hermano, mi querido amigo. Un día marchó de mi casa aparentemente feliz y contento y ya no he vuelto a saber de él. Iría hasta el fin del mundo con tal de encontrarlo. Lo amo mucho y estoy dispuesta a ayudarlo en la búsqueda.

»Venda todo lo que Andrew posee, recoja todo el dinero que posea usted y venga aquí. Una vez que usted haya llegado iremos ambos en su búsqueda. No olvide usted traer el dinero en efectivo. Estaré dispuesta para partir en cuanto usted llegue aquí.

»Suya afectísima en el dolor,

»Belle Gunness.

Asle vivió lo suficiente para desenmascarar a Belle Gunness, según reveló a su otro hermano, por no seguir los consejos de aquella mujer. Mas, como transcurría el tiempo y Belle corría el riesgo de ser descubierta, comenzó a hacer sus preparativos para marcharse de allí antes de despertar sospechas y de que Ray Lamphere se fuese de la lengua. Aun así, siguió escribiendo y recibiendo ofertas hasta poco antes de que el fuego destruyese la granja.

Posiblemente el hombre más feliz de todo Estados Unidos cuando se publicó la noticia en los periódicos fue Carl Paterson. Cuando contestó al anuncio también recibió una respuesta. Estaba fechada el 14 de abril, trece días antes de que se declarase el incendio en la noche del 27 al 28.

Belle había escrito:

«He recibido otras contestaciones al anuncio; cincuenta por lo menos. Entre todas he elegido la que me ha parecido más conveniente y que ha resultado ser la suya. Mi deseo es tener un socio en el que pueda confiar plenamente y como no poseo referencias de ninguno de los solicitantes he pensado que hagan un depósito en el banco. Dicho método me parece el más adecuado para mantener alejados a los sinvergüenzas, siempre en busca de una oportunidad de aprovecharse, como yo misma he podido comprobar por propia experiencia.

»Si usted dispone de mil dólares y quiere depositarlos en el banco, podremos hablar personalmente. En caso contrario no vale la pena que mantengamos una entrevista.

»Puedo asegurarle que no le trataré como a un jornalero, ya que me encuentro cansada de todo esto y necesito confiar plenamente en alguien para poder permanecer más tiempo en la casa cuidando de mis hijos.

»Sin más por el momento, le saluda afectuosamente,

»Belle Gunness.»

Lo que produjo la felicidad de Carl Paterson fue la incapacidad de proporcionarse el dinero exigido. Lo que conservó a Joe Maxon con vida fue su negativa de comerse la naranja que Belle Gunness le ofreciera aquella noche fatídica.

-Ya la comeré después -dijo guardándosela en el bolsillo.

-Cómala ahora, quizá sea el último obsequio que reciba de mí -replicó la mujer.

Por alguna desconocida razón, estas palabras despertaron sus sospechas. Comió la naranja cuando ella volvió a insistir, pero miró la puerta de su habitación que caía sobre la cocina con recelo. Quizá pensó que podía morir abrasado. Si ella hubiese sido capaz de descuartizarlo, su cuerpo hubiese sido consumido por las llamas. No obstante, vivió y su declaración ayudó a reconstruir en parte aquel rompecabezas que nunca pudo esclarecerse por completo.

Belle Gunness desapareció casi con treinta mil dólares que había sustraído a sus múltiples víctimas. ¿Desapareció realmente, o la persona que conocía su terrible secreto, Ray Lamphere, que sin duda prendió fuego a la cocina por orden de Belle, fue quien la mató para protegerse a sí mismo?

Durante el juicio de Ray Lamphere no pudo probarse si Belle estaba viva o muerta. Su cabeza no había aparecido, y hubiese sido fácil de reconocer, ya que en la boca llevaba una muela de oro.

Las autoridades tuvieron que conformarse con condenar a Lamphere, acusado de incendio premeditado, a veinte años de reclusión mayor.

Si sabía algo más de lo que dijo a la policía nunca se divulgó. Quizá no lo hizo porque su cabeza corría peligro, pero no puso nada de su parte para destruir la imagen que el público se había formado de Belle Gunness. Imagen que la representaba como a una mujer que llevó casi a la fuerza a su granja a Lamphere y que después le dio instrucciones sobre la manera de prender fuego a la antigua casa de Mattie Altic, como terrible agasajo al huesped que dormía en ella.

¿Qué violento impulso obligaba a Belle Gunness a adormecer, mutilar y enterrar a sus víctimas junto a la pocilga? Quizá su hermana, la esposa de John Larson, conocía la respuesta:

-Después de la muerte de su primer marido cambió radicalmente -explicó la señora Larson a la policía-. Se volvió taciturna y avara. Ahorraba todos los peniques que podía privando a sus hijos de las ropas que éstos necesitaban. No crean que se gastaba el dinero en ella. Nada de eso. Únicamente lo guardaba y siempre anhelaba poseer más y más.

Sin embargo, resulta increíble pensar que los treinta mil dólares que desaparecieron con Belle Gunness no hayan vuelto a aparecer y permanezcan ocultos en algún lugar.

 


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