Los bateadores del Retiro

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  • Clasificación: Homicidio
  • Características: Radicalismo - Ideas políticas - Los homicidas atacaron a la víctima porque «llevaba melenas y barbas»
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 13 de septiembre de 1979
  • Perfil de las víctimas: José Luis Alcazo, de 25 años
  • Método de matar: Golpes con bates de béisbol
  • Localización: Madrid, España
  • Estado: Eduardo Limiñana y Ángel Luis Nieto fueron condenados a 11 años de prisión por homicidio y lesiones; José Antonio Nieto, a 3 años por lesiones; Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián, a 6 meses por homicidio, ya que eran menores de edad, más 2 años por lesiones graves con alevosía para Medina. Los jóvenes fueron juzgados el 27 de noviembre de 1983
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Siete «ultras» detenidos por la muerte de un joven en el Retiro

El País

21 de septiembre de 1979

El miércoles por la mañana se detuvo a cinco componentes del grupo agresor, que parece que actuaba como una banda dedicada a implantar su particular concepto del orden en el Retiro y otras zonas de Madrid. Se ha confirmado que tanto los cinco detenidos el miércoles como otros dos jóvenes que habían sido arrestados en la madrugada de ayer son hijos de mandos militares.

Parece que el grupo se denominaba a sí mismo como los bateadores, dato apoyado por la aparición de una pintada cerca del Retiro, en la que figuran dos bates de béisbol cruzados y la citada leyenda. Los siete detenidos frecuentaban la zona y personas también habituales del Retiro han reconocido la posibilidad de que hubieran participado en el crimen, dada su ideología y forma de comportamiento habitual.

En la tarde de ayer, la Jefatura Superior de Policía no facilitó aún la identidad de los detenidos. Estos están siendo interrogados todavía y no se ha determinado quién es el autor material de la muerte de José Luis Alcazo ni los diversos grados de responsabilidad en los hechos de cada uno. Continúan, por otra parte, las investigaciones policiales, que podrían dar lugar a alguna nueva detención. Sólo se pudo confirmar que Francisco Gutiérrez no figuraba entre los detenidos.

La elección de la víctima debió hacerse en base a la indumentaria de los jóvenes agredidos, más informal y representativa del sector mayoritariamente joven denominado como «pasota». En el momento de la agresión, José Luis Alcazo y sus compañeros vestían vaqueros, pelo largo, barba en algunos casos, lo que debió ser motivo suficiente para considerarlos gente a expulsar del Retiro por los agresores. José Luis Alcazo no fue uno de los agredidos en primer lugar. Acompañaba a una de las chicas, y acudió en ayuda de sus amigos. Recibió el palo en la cabeza y varios más cuando se encontraba caído en el suelo.


Los «ultras» procesados por matar a un joven en el Retiro declaran que le atacaron porque llevaba «melenas y barbas»

José Yoldi – El País

18 de noviembre de 1983

Los ocho jóvenes ultraderechistas que, ayudados por otros dos menores de edad, atacaron y dieron muerte a palos a un joven en el parque madrileño del Retiro y lesionaron a otros dos en septiembre de 1979, lo hicieron porque «como llevaban barbas y melenas, pensamos que eran delincuentes». Así lo manifestó uno de los procesados José Miguel Fernández Marín, en el transcurso del juicio que contra los ocho jóvenes se está celebrando en la Audiencia provincial de Madrid. La sala estaba abarrotada de público y parte del mismo tuvo que quedar fuera.

Los procesados, todos ellos hijos de militares, son Francisco Benjamín Pita da Veiga (sobrino del ex ministro de Marina), José Antonio y Ángel Luis Nieto, Miguel Cebrián, Eduardo Juan Limiñana, Emeterio Iglesias, Gabriel Rodríguez Medina y José Miguel Fernández Marín. El fiscal pide 27 años para Ángel Luis Nieto, 18 años y seis meses para Limiñana, Rodríguez y Cebrián, 9 años para José Antonio Nieto y 6 años y 6 meses para los tres restantes, ya que ha calificado los hechos como homicidio. La acusación particular solicita 48 años para, todos los procesados, excepto para los menores de 18 años, a los que pide 26 años y seis meses. La defensa pide la absolución para sus patrocinados, excepto para Ángel Luis Nieto, al que considera responsable de un delito de imprudencia y para quien solicita seis meses de arresto.

Uno de los procesados, Eduardo Limiñana, reconoció que golpeó con el bate de béisbol a uno de los jóvenes, Luis Francisco Canicio, y que la agresión se produjo por detrás. Añadió que cuando se encontraba golpeando al que estaba caído, le sujetaron el bate de béisbol y tras un forcejeo se lo quitaron. «Entonces me dio miedo y pedí ayuda». Agregó que acudieron varios de los acusados en su ayuda y que golpearon al que le había quitado el bate.

«Ese chico -José Luis Alcazo- salió huyendo y se dio un golpe con la valla del vertedero. Miguel, Gabriel, Ángel y yo le perseguimos. También había más gente que yo no conocía. Ya no volví a recuperar el bate hasta el final y por eso le di patadas y golpes. Hubo un golpe final (…) pero inmóvil no se pudo quedar, porque murió en la ambulancia».

Limiñana dijo también en el juicio «yo dije algo así como “nos hemos pasado” pero no dije “me lo he cargado”». Sin embargo José Antonio Nieto, otro de los procesados, manifestó que había oído decir repetidamente a Limiñana «me lo he cargado». Limiñana agregó que huyó «por instinto» y que tiró el bate de beisbol en la rendija de una pared Reconoció que anteriormente había sido condenado en un juicio de faltas por agredir con un palo en la calle a una persona.

En la sesión de hoy, únicamente seis de los ocho procesados prestaron declaración. Fernandez Marín afirmó «fuimos al Retiro para estar al acecho de ladrones, drogadictos y navajeros. Nos dividimos en dos grupos para que no nos pudieran cercar. Eduardo Limiñana, que llevaba un bate, salió y golpeó a uno de los que venían. Yo resbalé y me caí y no di ningún golpe a nadie. Lo único que hice fue guardar el bate hasta cinco días después.»

José Antonio Nieto reconoció que llevaba un nunchaku (palos unidos por una cadena utilizados en artes marciales); Iglesias, un cierre de mosquetón; y Fernando Pita, un palo, aunque según ellos no golpearon a nadie. Añadieron que los dos hermanos Pita habían sido previamente golpeados en el Retiro y la defensa intentó demostrar la inseguridad en el parque por aquellas fechas.


Uno de los «ultras» del Retiro acusó a otro de los procesados del golpe que mató a Alcazo

José Yoldi – El País

19 de noviembre de 1983

Ángel Luis Nieto, uno de los procesados por la muerte del joven José Luis Alcazo en el Retiro y que prepara oposiciones al Cuerpo Superior de Policía, acusó ayer a uno de sus compañeros de banquillo, Eduardo Limiñana, de haber propinado el golpe mortal con el bate de beisbol en la cabeza de la víctima, cuando éste se encontraba en el suelo.

Durante la sesión de la mañana prestaron declaración los amigos de la víctima y un joven que pasaba por el lugar y presenció los hechos. Por la tarde la sesión fue suspendida durante media hora y el público desalojado, debido a una amenaza de bomba. El juicio ha quedado suspendido hasta el martes, para que el lunes se practique un examen psiquiátrico a uno de los procesados.

Ángel Luis Nieto manifestó: «Cuando yo llegué había tres de mi grupo que le golpeaban, Eduardo le dio varios golpes en la cabeza, Gabriel en el pecho Miguel Cebrián en las piernas. Él estaba boca arriba y me pegó una patada. Al final de un golpe, pegó un bote de unos tres centímetros, cayó al suelo y quedó inmóvil. Limiñana dijo “me lo he cargado” o “me he pasado”. Yo salí corriendo y Gabriel iba a mi lado». Agregó que Alcazo no llegó a quitar el bate de beisbol a Limiñana, lo que contradice la declaración de éste, que afirmó que recogió el bate cuando ya se iban.

Nieto reconoció que llevaba una porra de cable coaxial y guantes negros para autodefensa: «los llevo hasta en verano porque me sudan mucho las manos». Añadió que si fuera hubiera querido atacar «habría utilizado una pistola».

Por su parte, Miguel Cebrián sorprendió a los asistentes al narrar una versión de los hechos contraria a la de los restantes acusados y a sus propias declaraciones ante la Policía y en el Juzgado. Preguntado sobre cuál era la declaración verdadera, contestó: «La de ahora». Cebrián sostuvo que los acusados habían sido agredidos y que entre Limiñana y Nieto había enemistad. Añadió que fue excluido del servicio militar por una enfermedad de los nervios causada por su detención. El lunes, por decisión del tribunal, le será practicado un examen psiquiátrico.

Gritos de terror

Declaró como testigo José Pedro Noruega, quien afirmó: «Vi a siete u ocho personas emboscadas, que hacían ademanes de esconder algo. Oí cómo uno de ellos decía “a éste no”. Seguí caminando precavido y cuando había dado unos diez pasos, oí un golpe que sonó como madera contra madera y un grito de “venga” o “vamos”. No hubo insultos previos. Vi como saltaban hacia los chicos y oí gritos de terror. Siguieron golpeando a los que estaban en el suelo. Yo me quedé helado, como clavado en el sitio, sin entender nada».

También declararon los amigos de la víctima, Luciano Sánchez, Manuela Quiñones, Mari Sol Mateos y los otros dos agredidos, Jesús Oyamburu y Luis Francisco Canicio. Los tres primeros dijeron que habían estado reunidos y que tras la agresión por la espalda a Canicio y a Oyamburu salieron huyendo. Canicio, el primer agredido, señaló que no se dio cuenta de los golpes y que sintió como calambres. «Pensé que me estaba dando un ataque. Noté que en el suelo sufría sacudidas y traté de decírselo a Jesús. Cuando intenté levantarme no pude y un chico alto me ayudó y me explicó que me habían golpeado. Tardé en curar 135 días».

El comisario jefe de la brigada regional de información, Tomás Agrela, afirmó que tanto en el Retiro como en otras zonas había una mayor concurrencia de delincuentes, entre los que se encontraban navajeros y drogadictos. El juicio se reanudará el martes por la mañana.


Dos de los ocho ultraderechistas que mataron a un joven en el Retiro vuelven a prisión y los otros seis quedan en libertad

José Yoldi – El País

1 de diciembre de 1983

Eduardo Limiñana y Ángel Luis Nieto son los únicos procesados por el asesinato de un joven a palos en el parque madrileño del Retiro que deberán volver a prisión, según la sentencia de la Audiencia Provincial hecha pública ayer, que les ha condenado a 11 años de prisión. A los otros seis jóvenes ultraderechistas, la Audiencia Nacional les ha condenado a penas entre los cinco meses y los tres años, por lo que al abonárseles el tiempo que pasaron en prisión provisional y al no tener antecedentes, continuarán en libertad.

Pablo Castellano, representante de la acusación particular contra los ocho «ultras» procesados, anunció anoche su intención de recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo, por considerar que hay una «inadecuación entre los hechos que relata y las penas que impone», informa Europa Press.

Limiñana ha sido condenado a 9 años como autor de un delito de homicidio con abuso de superioridad y a 2 años por lesiones graves con alevosía, ambos delitos con la atenuante de ser menor de 18 años. Ángel Luis Nieto ha sido condenado a 5 años por el homicidio pero «con la intención de causar lesiones graves» y, paradójicamente, a 6 años y un día por las lesiones graves, éstas con alevosía. Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián también han sido condenados por el homicidio a 6 meses y multa de 200.000 pesetas, respectivamente, ya que eran menores de 18 años. Según la sentencia, sólo tenían intención de lesionar y Cebrián padecía una enfermedad mental calificada como «incompleta». Por las lesiones graves y debido a la apreciación de la alevosía, Medina ha sido condenado a 2 años y Cebrián a 6 meses.

Los cuatro restantes han sido condenados, por lesiones, a las siguientes penas: José Antonio Nieto, tres años, José Miguel Fernández Marín, seis meses, Fernando Pita da Veiga, seis meses, y Emeterio Iglesias, cinco meses. La diferencia de penas radica en la mayoría o minoría de 18 años, y en el caso de Iglesias al ser condenado como cómplice.

Los condenados deberán indemnizar a los herederos del fallecido con 4.500.000 pesetas, a Luis Francisco Canicio con 750.000 y a Jesús Manuel Oyamburu con 400.000. El 12 de septiembre de 1979, los 8 condenados y otros dos menores, todos ellos hijos de militares, decidieron hacer «acciones de hostigamiento» contra navajeros, drogadictos y homosexuales.

Armados con un bate de béisbol y otros palos atacaron a las 21,15 horas a unos jóvenes que paseaban por El Retiro. Alcazo murió a consecuencia de los golpes y Canicio y Oyambúru resultaron gravemente lesionados.

«Por la espalda»

La sentencia que relata como los acusados se escondieron y atacaron con objetos contundentes, «por la espalda», «inopinadamente y por sorpresa» a Canicio y Oyamburu, «lo que hizo que los agredidos ni siquiera pudieran pensar en la defensa, lo que caracteriza la agravante de alevosía».

No aprecia las agravantes de nocturnidad y cuadrilla solicitadas por las acusaciones por entender que aunque se había puesto el sol, no se había acreditado la falta de luz natural, y la de cuadrilla, la entienden incluida en la alevosía.

El tribunal apreció alevosía en las lesiones y no en el homicidio, que lo hubiera convertido en asesinato. Según el artículo 10 del Código Penal, «hay alevosía cuando el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando medios, modos o formas en la ejecución que tiendan directa y especialmente a asegurarla, sin riesgo para su persona que proceda de la defensa que pudiera hacer el ofendido». El tribunal descartó la alevosía en el homicidio. al considerar que la víctima intervino de forma legítima al intentar impedir la agresión a sus amigos, pero que la agresión que él sufrió no fue inesperada.


Los dos «ultras» condenados a 11 años por el crimen del Retiro siguen en libertad, dos meses después de dictada la sentencia

José Yoldi – El País

24 de enero de 1984

Eduardo Limiñana Sanjuán, de 19 años, y Angel Luis Nieto, de 21, ultraderechistas que fueron condenados a 11 años de prisión por matar a palos a un joven en el Retiro, y causar lesiones a otros dos, hecho ocurrido en septiembre de 1979, continúan en libertad, a pesar de que la Audiencia Provincial ordenó, el 27 de noviembre pasado, su ingreso en prisión, orden que ha reiterado por telegrama hace unos días.

La sección segunda de la Audiencia Provincial, que enjuició el caso, dictó el pasado 28 de noviembre sentencia en la que condenaba a Limiñana a nueve años como autor de un delito de homicidio con abuso de superioridad y a dos años por lesiones graves con alevosía, ambos delitos con la atenuante de que el procesado era menor de 18 años. Ángel Luis Nieto fue condenado a cinco años por el homicidio, con la atenuante de que su intención era «causar lesiones graves», y a seis años y un día por lesiones graves con alevosía.

El día anterior al de la firma de la sentencia -el 27 de noviembre- el Tribunal dictó un auto en el que ordenaba el ingreso en prisión de los dos condenados, y en la sentencia se volvió a decretar la medida cautelar «dando cumplimiento al auto». El 30 de noviembre, la Audiencia Provincial remitió un oficio a la Dirección General de la Policía, por conducto ordinario, en el que se instaba a la detención de los condenados para su ingreso en prisión.

Gerardo Quintana, defensor de Limiñana, manifestó a este periódico a mediados de diciembre que había solicitado a la Audiencia la suspensión de la ejecución de la sentencia hasta pasadas las navidades, para que su defendido pudiera pasar las fiestas con su familia. El letrado añadió que, de forma privada, uno de los miembros del Tribunal le había indicado que accederían a su petición.

Nuevo requerimiento

El ponente de la sentencia, magistrado Ángel Llamas, manifestó ayer que como la policía no había contestado al primer oficio, se había requerido nuevamente, por conducto telegráfico, al órgano policial competente para que sean detenidos e ingresen en prisión los dos condenados. El magistrado todavía no ha recibido contestación al respecto.

Por el crimen fueron procesados ocho jóvenes. Seis de ellos están legalmente en libertad, por haber cumplido las penas en prisión preventiva. Sin embargo, Llamas dijo que uno de estos seis, José Antonio Nieto, también tendría que haber ingresado en prisión al haber sido condenado a tres años y no haber cumplido en prisión preventiva la mitad de la pena impuesta. Llamas precisó que al mayor de los hermanos Nieto le faltaba en realidad muy poco tiempo para cumplir el año y medio de prisión, y que por eso no se había modificado su situación.

Limiñana ha pasado más de dos años en prisión preventiva y en la actualidad se encuentra cumpliendo el servicio militar en Ceuta, mientras que Ángel Luis Nieto está localizado en su domicilio. El letrado de los hermanos Nieto, Marcos García Montes, ha señalado que su defendido no tiene intención de huir y que tiene la maleta preparada para ingresar en prisión.

La sentencia por el crimen del Retiro ha sido recurrida por el fiscal, los abogados defensores, y los acusadores particulares.


Los bateadores del Retiro

Mariano Sánchez Soler – Los crímenes de la democracia

En una pared próxima al parque del Retiro, una estúpida pintada decía: «BATEADORES» y su símbolo eran dos bates de béisbol cruzados. Discurría el mes de septiembre de 1979, el otoño madrileño, la más bella estación de la ciudad.

«Bateadores» no tenía nada que ver con las pintadas habituales del barrio de Salamanca: «Zona Nacional», «Caudillo Blas Piñar», «Con Franco vivíamos mejor» o la insólita, e incluso alcohólica, «Rojos, con vuestra sangre haremos cubatas». Más bien parecía el nombre de un club deportivo.

El 13 de septiembre, a las nueve y media de la noche, José Luis Alcazo, de 25 años, licenciado en Historia, paseaba con varios amigos por el parque del Retiro; charlaban disfrutando de la tranquilidad de esa isla verde en el centro asfaltado de Madrid. Luis Francisco Canicio y Jesús Oyamburu iban delante. José Luis Alcazo -Josefo para los amigos-, Marisol, Mariela y Luciano se mantenían un poco rezagados.

Sin previo aviso, aparecieron de entre los árboles varios jóvenes armados con bates y palos. Eran niños bien, quinceañeros de pelo muy corto y ropas correctas. Canicio y Oyamburu fueron apaleados y Josefo, que salió en defensa de su amigos, acabó muerto en la «emboscada». ¿Por qué fueron atacados aquellos pacíficos transeúntes? Por su indumentaria, su pelo largo, las barbas, los pantalones vaqueros y la vestimenta informal.

Aquél era un barrio poblado por cachorros uniformados, de pelo aplastado con gomina, siempre dispuestos a «limpiar» su Retiro. Así lo explicarían los defensores de la banda de los Bateadores en el juicio, tres años más tarde: «Ante el caos del Retiro, que estaba lleno de drogadictos, homosexuales y delincuentes, varios de los cuales habían agredido a unos amigos, estos muchachos cogieron sus objetos y se defendieron.»

O dicho de un modo menos lírico: «Fue un homicidio no intencionado porque estos jóvenes pretendían preservar el Retiro de las pandillas de delincuentes que venían atacando a los indefensos paseantes.» Curiosamente, quienes esgrimían tales argumentos habían defendido también a militares golpistas del 23-F; se trataba de Gerardo Quintana y Ángel López Montero.

La declaración policial, el 20 de septiembre de 1979, del bateador-jefe, Eduardo Limiñana Sanjuán, de dieciséis años en el momento del crimen, despejó cualquier incógnita. Estas fueron sus respuestas durante el interrogatorio a que le sometió la Brigada Regional de Información: «Nunca he sido detenido antes, ni sancionado ni procesado. Vivo con mis padres y cuatro hermanas. La situación económica de mi familia es desahogada. Sí, claro, estoy estudiando el graduado escolar. No, no milito en ningún partido político ni central sindical; antes estuve en la organización Fuerza Joven, rama juvenil de Fuerza Nueva.»

Y la Policía le preguntó:

-¿Participaste el día 13, en compañía de otros jóvenes, en una riña tumultuaria [?] en la zona del Retiro, en la que resultó muerta una persona y otras heridas?

-Sí -repuso sin vacilar-, acudí junto con otros nueve conocidos al Retiro para realizar una «acción de hostigamiento» y «limpiar» la zona de drogadictos, homosexuales y delincuentes comunes, ya que en varias ocasiones habíamos sido asaltados por gentuza que nos robaban lo que llevábamos encima. [Este dato no se ha podido demostrar.]

Aquel policía escribía a máquina con dos dedos, mientras Eduardo Limiñana Sanjuán, totalmente tranquilo, relataba su versión del crimen:

-Antes de llegar al parque del Retiro, había quedado citado con los amigos que me acompañaban, en la calle Poeta Esteban Villegas, junto a unos bloques de pisos que corresponden creo al número diez de esa calle. Acudieron Gabriel Rodríguez Medina [dieciséis años], Fernando Pita da Veiga y Corral [sobrino del exministro franquista que dimitió cuando se anunció la legalización del PCE], Miguel Fernández Alegre [dieciséis años], y otros seis que viven en la zona Virgen del Puerto.

La Policía le mostró varias fotos. Limiñana reconoció a los restantes Bateadores. Eran Emeterio Iglesias Sánchez, de diecisiete años; José Antonio Nieto Garcia, de diecinueve; sus dos hermanos, Ángel Luis, de dieciocho, y José María Nieto García, de quince; y Pablo Calderón Fornos, de catorce años.

-A las nueve y cinco de la noche, aproximadamente, decidimos ir al parque del Retiro. Cogimos unos palos…

-Limiñana fue interrumpido por la Policía.

-Descríbelos.

-Eran como los mangos de los instrumentos de labranza. Los teníamos escondidos bajo la terraza de una planta baja, en unos bloques de viviendas de la calle Poeta Esteban Villegas. Cinco del grupo tomaron sus palos. Yo no, porque ya tenía un bate de béisbol que guardaba en su casa mi amigo Javier. Subimos por una rampa y avanzamos hasta una cuesta que da al Paseo de Coches del Retiro.

Los Bateadores deseaban que el Retiro fuera territorio «nacional» -según la acepción ultraderechista-. Aquel atardecer cualquier persona que paseara por el parque y no encajara con los gustos de los jóvenes beligerantes podía convertirse en su víctima. Limiñana recuerda que uno de sus compañeros dijo unas palabras refiriéndose a un grupo de jóvenes que caminaban en dirección a ellos, desde la Rosaleda. Eran José Luis Alcazo y sus amigos.

-Para no ser vistos con los palos -prosigue su declaración Eduardo Limiñana-, nos escondimos entre los árboles y arbustos que bordean la cuesta, colocándome yo en la parte izquierda de la subida de la cuesta, junto a otros que no recuerdo quienes son, y el resto se escondieron detrás de los árboles frente a nosotros. Cuando el grupo que provenía de la Rosaleda llegó a nuestra altura, comprobé que eran seis o siete personas y creía que todos eran hombres. En ese momento, uno de mis amigos salió de entre los árboles y se dirigió al grupo contrario. Entonces, yo salí de entre los arbustos y me acerqué por detrás a uno de los que iban al final del grupo y le di un golpe en la cabeza con mi bate de béisbol. Otro chico me intentó arrebatar el bate, por lo que comencé a pedir ayuda. Grité: «¡Que me lo quitan, que me lo quitan!» Dos de mis compañeros le dieron por detrás varios golpes y dejó de asir el palo… mi bate de béisbol. Ya libre, me volví hacia el chico que había golpeado por primera vez y le propiné otro golpe, no recuerdo si en la cabeza o en los hombros. El tío se fue huyendo hacía la Rosaleda, por donde había venido.

»Luego, otro de ellos vino hacia mí. Se había logrado deshacer de quienes le estaban golpeando con sus palos. Me intentó golpear pero le esquivé y luego se dio a la fuga corriendo hacia la valla metálica que separa los jardines del Retiro del vertedero de basuras de la calle Poeta Esteban Villegas. Mientras corría, aquel tipo tropezó contra la valla metálica y siguió corriendo por la parte derecha, por un camino que también iba a dar al Paseo de Coches. En ese camino, a unos veinte metros de la valla, fue alcanzado por Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián que comenzaron a darle golpes. Ángel Luis Nieto y yo nos unimos a ellos y también le golpeamos. Cuando yo llegué, el chico ya estaba en el suelo, recibiendo golpes de todos los que estábamos junto a él, a su alrededor; pero ignoro en qué sitio del cuerpo le pegué, ya que entre la oscuridad, el nerviosismo y que el joven caído se movía continuamente, no puedo saber en qué sitios le di. Recuerdo que hubo un golpe final, no sé sí mío o de otro, que hizo que se convulsionara repentinamente y quedara inmóvil.

José Luis Alcazo estaba muerto. Los Bateadores se marcharon corriendo hasta la calle del Poeta Esteban Villegas. Pero Eduardo Limiñana, aguardó unos momentos mirando a la persona que se había quedado en el suelo. «Pensé que podía haber muerto.» Y así se lo dijo a sus compañeros.

Limiñana y Gabriel Rodríguez Medina, tras guardar los bates bajo la misma terraza que les servía de escondite, se dirigieron a la cafetería Piero, lugar de encuentro de los cachorros ultraderechistas. Allí entraron al lavabo y se lavaron la cara y las manos. El sudor les bailaba. Se cambiaron de ropa en sus casas y quedaron citados con Fernando Pita da Veiga. Comentaron los pormenores de la «acción». Estaban muy nerviosos.

-¿Qué clase de armas u objetos contundentes llevabais cuando realizasteis la -preguntó el policía.

-Yo un bate de béisbol que me ha dado un amigo aficionado a ese deporte. No sé los demás qué armas llevaban, sólo sé que repartimos cinco palos.

-¿Cuántos golpes disteis?

-Yo di un golpe a uno de los que salieron huyendo y creo que a esa misma persona le di algunos más. Al que murió le di varios golpes con el bate, aunque no sé el lugar exacto. -La frialdad de Limiñana al decir estas palabras era asombrosa-. De los demás, sólo sé que Gabriel Rodríguez, Ángel Nieto y Miguel Cebrián dieron varios golpes al que murió. La participación de los demás no pude verla porque estaba muy oscuro en esa zona del Retiro.

Veinticuatro horas antes de aquel «hostigamiento», el 12 de septiembre, los Bateadores habían tenido una pelea con un grupo de jóvenes, entre los que se encontraba uno de raza negra. Después, decidieron volver al mismo sitio armados hasta los dientes para llevar a cabo «una acción de limpieza».

En los bates de béisbol requisados por la Policía se leían inscripciones corno «Viva el Fascio Redentor» y «S.E.», siglas que significan «Sección Especial», que, según las propias confesiones de Limiñana: «hace referencia al grupo que funciona dentro de Fuerza Joven, organización que abandoné porque no comparto sus métodos. Aunque el grupo [los Bateadores] se había unido por similares ideologías de derecha, la acción no tenía ningún fin político. Cuando acudimos al Retiro a realizar una acción de “limpieza” no pensamos que pudiera resultar muerta una persona y supongo que, debido al nerviosismo, nos cegamos y no llegamos a ver el alcance de nuestra acción».

La vida no ha sido demasiado desagradable para los Bateadores. José Antonio Nieto García es doctor en Medicina, su hermano Ángel Luis es Licenciado en Derecho. La mayoría eran menores de edad cuando mataron a José Luis Alcazo. Muchos de ellos son hijos de significados cargos militares. Fueron detenidos el 14 de septiembre de 1979 y el último de ellos obtuvo la libertad provisional en julio de 1980 tras el pago de 300.000 pesetas de fianza.

De los diez adolescentes que componían los Bateadores, ocho fueron juzgados por la Audiencia Provincial de Madrid el 27 de noviembre de 1983. Eduardo Limiñana y Ángel Luis Nieto García fueron condenados a once años de prisión por los delitos de homicidio y lesiones; José Antonio Nieto, a tres años por lesiones. Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián, a seis meses por homicidio -ya que eran menores de edad- y dos años por lesiones graves con alevosía para Medina. Una eximente incompleta por enfermedad mental redujo la pena de Cebrián a seis meses.

Los otros Bateadores lo tuvieron más sencillo: por un delito de lesiones fueron condenados a seis meses de prisión -que ya habían cumplido preventivamente-: Miguel Fernández Marín (y no Alegre, como había declarado equivocadamente Limiñana), Fernando Pita da Veiga Corral y Emeterio Iglesias.

José María Nieto García, hermano de los condenados, y Pablo Calderón Fornos no fueron juzgados por no tener la edad penal -dieciséis años- cuando mataron a José Luis Alcazo.

Casi todos están en libertad. José Antonio Nieto, a pesar de no haber cumplido la mitad de la pena en prisión preventiva, no volvió a la cárcel. Eduardo Limiñana Sanjuán y Ángel Luis Nieto dieron con sus huesos en la cárcel de Zamora, penal donde el gobierno había juntado a todos los ultraderechistas condenados por delitos de sangre. Así, estarían en familia.

El Tribunal, sin embargo, dio a Limiñana y a Ángel Luis Nieto un trato de favor: les permitió pasar las Navidades de 1983 con sus familias, en sus casas, aunque oficialmente la sentencia ordenaba su ingreso inmediato en prisión desde el 27 de noviembre. El 24 de enero de 1984, dos meses más tarde, ambos homicidas seguían en sus domicilios. Limiñana se incorporó al servicio militar en Ceuta tras más de dos años en prisión preventiva. En febrero de 1984, la Policía condujo a los dos ex-Bateadores a la cárcel.

La sentencia por el crimen del Retiro relata cómo los Bateadores se escondieron y atacaron «por la espalda, inopinadamente y por sorpresa» a Canicio y Oyamburu, «lo que hizo que los agredidos ni siquiera pudieran pensar en la defensa, lo que caracteriza la agravante de alevosía». El tribunal no apreció las agravantes de nocturnidad y cuadrilla solicitadas por el acusador particular, Pablo Castellanos, ya que, aunque se había puesto el sol, no se acreditó la falta de luz natural. La agravante de cuadrilla quedó incluida en la alevosía.

Al conocer la sentencia, Castellanos, hoy vocal del Consejo Superior del Poder Judicial, máximo órgano de la Justicia española, manifestó inmediatamente su intención de recurrirla. «Hay una inadecuación -dijo- entre los hechos que relatados y las penas que impone.» El tribunal apreció alevosía en las lesiones y no en el homicidio; de lo contrario, la muerte de Alcazo habría sido un asesinato. Fue descartada la alevosía en el homicidio porque Alcazo intervino «de forma legítima al intentar impedir la agresión a sus amigos», por lo que la agresión que él sufrió no fue inesperada.

Durante el juicio, el escrito de la defensa fue elocuente. Textualmente, hablaba del crimen con palabras heroicas: «Esta acción noble y altruista de los jóvenes procesados llevaba en sí un grave riesgo, incluso físico, para ellos.»

La vida tiene sus paradojas. El menor de los Bateadores, Pablo Calderón Fornos, catorce años en 1979, dio con sus espigados huesos en las cárceles de Tailandia. El «altruista» Calderón, ni siquiera juzgado por la Justicia española, tuvo que vérselas con los tribunales tailandeses. En 1982 fue condenado a veintidós años por tráfico de heroína y se pudría en la terrible cárcel de Lard Yao, en los suburbios de Bangkok. El que pretendió limpiar tres años antes su Retiro de drogadictos y delincuentes, se había cambiado de bando.

El periodista Melchor Miralles, enviado especial a Tailandia junto con Carlos Monge, habló con Calderón en enero de 1984. Es un documento excepcional, porque en aquel momento se desconocía que Pablo Calderón había formado parte de los Bateadores.

Así relatan Miralles y Monge el encuentro:

Primero nos dirigimos a la Klongprem Central Prision para ver a Pablo Calderón, a quien le llevábamos un libro y una carta que le envió a través nuestro una buena amiga suya, además de ocho rosas como regalo. La planta principal es de construcción oriental relativamente moderna y podría haber sido utilizada como escenario de una película americana del Vietnam. No nos dejaron traspasar el umbral de la cancela que da paso a patios y celdas. Nos recibieron seis policías militares, todos ellos oficiales (..) Nos controlaron convenientemente y sólo pasaron quince minutos hasta que tuvimos delante a un joven alto, de pelo trigueño muy corto y penetrantes ojos azules claros. Su anatomía denotaba un ejercicio físico intenso. Nos miraba ilusionado. Entre Pablo y nosotros había dos rejas, una de ellas doble, y entre ambas dos metros que nos parecían un abismo.

Lo primero que dijimos a Pablo es si quería enviar algún mensaje a su familia, y la respuesta fue breve y concisa: “Lo único que quiero que le digáis a mis padres es que, por favor, todo lo que mi familia, amigos y autoridades están haciendo lo agradezco infinitamente, pero lo único que quiero es salir cuanto antes. (…) Conmigo la embajada de España se porta fenomenal, y creo que a otros españoles que no tienen medios económicos también les prestan ayuda.»

Pablo Calderón fue detenido no hace aún dos años [en 1982] en el norte de Tailandia, en la estación de autobuses Chiang Mai, cuando iniciaba su viaje de regreso desde el «triángulo de oro» a Bangkok. «Yo había venido aquí de turismo, con dos amigos, y me vi envuelto en una historia muy rara. Mis amigos me dieron un paquete para que lo llevara y resulta que dentro había varios gramos de heroína. Me tiré seis meses en la cárcel de Chiang Mai y ésa si que es dura. Allí, por la mínima, te encadenan por los tobillos y, para no arrastrar las cadenas que unen los dos golletes tienes que sujetarlas con una cuerda elevándolas del suelo. Esa cárcel sí que es dura. Yo no puedo daros nombres, no puedo, pero esos dos, con algún otro de aquí, me la jugaron. Lo estoy pasando muy mal, pero hay algo de positivo en todo esto, fundamentalmente dos cosas… he dejado por completo la heroína y estoy aprendiendo inglés.»

Al principio hablaba casi de corrido, se mostraba deseoso de comunicarse con la gente llegada desde España. «Yo en Madrid estaba muy colgado, la heroína me tenía muy cogido, y aquí, con esta situación, no me ha quedado más remedio que dejarlo. Espero salir pronto y no volver a caer, aunque a veces una depresión te puede llevar de nuevo al caballo.» (Diario 16, 15 de enero de 1984.)

En la Navidad de 1986, Pablo Calderón Fornos consiguió ser repatriado a España merced a un indulto concedido por la justicia de Tailandia. La embajada española en aquel país consiguió que Pablo fuera uno de los primeros en salir de semejante infierno. Otros veinte españoles condenados por tráfico de heroína esperaban su turno en unas mazmorras medievales. La familia de Pablo Calderón fue cautelosa y la embajada guardó absoluta discreción sobre la liberación del joven heroinómano, que entró en la droga y la delincuencia un año después de que, en la noche del 13 de septiembre de 1979, pretendiera «limpiar» el Retiro. Como dijo alguien, los hechos son testarudos.

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