El asesinato del general Prim

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  • Clasificación: Magnicidio
  • Características: La muerte de Prim, ocurrida oficialmente el 30 de diciembre de 1870 -tres días después del atentado en la calle del Turco- fue uno de los acontecimientos más decisivos de la historia de España del siglo XIX
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 27 de diciembre de 1870
  • Perfil de las víctimas: El presidente del Consejo de Ministros de España, Juan Prim y Prats, de 56 años
  • Método de matar: La versión oficial sostiene que el general falleció debido a una infección provocada por algunas de las lesiones de arma de fuego. Por el contrario, la Comisión Prim, integrada por biólogos, juristas y criminólogos, concluyó en 2014 que murió estrangulado a lazo mientras se desangraba en el palacio de Buenavista
  • Localización: Madrid, España
  • Estado: Según las conclusiones de la Comisión Prim, la instrucción sumarial se cerró en falso, liberando a todos los imputados, incluso a los convictos confesos. El sumario inconcluso señala como presunto financiador del atentado a Antonio de Orleans, duque de Montpensier
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El misterioso asesinato del general que expulsó de España a la reina Isabel II

Manuel P. Villatoro – ABC.es

17 de diciembre de 2015

El calendario marcaba el 27 de diciembre de 1870. La época era convulsa pues, tras una revuelta que había terminado con la expulsión del trono de toda una reina (Isabel II), los partidos que ostentaban el poder en España se habían decidido a traer hasta la poltrona a un monarca extranjero, Amadeo de Saboya. Aquella jornada el presidente del Gobierno, Juan Prim y Prats, salió del Congreso y, como en otras tantas ocasiones, se subió a su berlina con el objetivo de llegar hasta el Ministerio de la Guerra. Las manecillas del reloj acababan de pasar las siete y media de la tarde cuando, mientras su vehículo recorría la calle del Turco (la actual Marqués de Cubas), dos coches de caballos le cortaron el paso al líder político del momento, a uno de los hombres más importantes del país por entonces. Sin previo aviso, varios sujetos se acercaron hasta el carromato y, tras abrir la puerta, dispararon contra ocupantes. «¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!», esas fueron las palabras de uno de sus ayudantes. Pero ya era tarde, aquel suceso había condenado a Prim.

Este fue el primer atentado a gran escala contra un presidente del Gobierno español e inauguró, para desgracia de otros tantos, una tendencia que se repitió en los años posteriores: el asesinato y los ataques sistematizados contra líderes políticos. Además, es un crimen que -en pleno 2015- sigue sin resolverse, pues se desconoce no solo quiénes fueron sus manos ejecutoras, sino quien les ordenó dirigir sus trabucos contra el presidente del Gobierno provisional instaurado tras la revolución de la Gloriosa.

Una carrera meteórica

España vio nacer a Juan Prim y Prats en diciembre de 1814. De madre ferretera y padre notario (quien también había combatido en la Guerra de la Independencia), accedió de forma muy temprana al ejército, donde combatió en las guerras carlistas en favor del trono de Isabel II. En esta primera etapa como militar pronto se hizo un hueco en la Historia. Así lo demuestra el que obtuviera en 1838 (con apenas 24 años) la Gran Cruz Laureada de la Orden de San Fernando por conquistar San Miguel de Serradell, donde se destacó por tomar por su propia mano la bandera del cuarto batallón de los carlistas de Cataluña. Posteriormente, en 1841 se pasó a la política y apoyó al partido progresista. Al final, se enfrentó directamente con el General Espartero (idolatrado por el pueblo y nombrado regente del país tras la marcha de María Cristina a Francia) y ayudó a derrocarlo. Esto le hizo recibir varios réditos políticos, aunque posteriormente se exilió al extranjero.

En 1854 volvió a cobrar protagonismo con la llegada al poder de los progresistas. Durante los dos años siguientes estuvo en el centro de la política al ser ascendido a teniente general y ser nombrado senador. Entonces ya era un hecho que, para él, el mundo castrense y el político estaban unidos. En los años siguientes fue enviado a la guerra de Marruecos que España libró entre 1859 y 1860. El objetivo era evitar que las tribus locales dejasen de atacar Ceuta y Melilla bajo el paraguas y el beneplácito de los gobiernos africanos de la región. Prim fue uno de los militares al mando de las operaciones en la zona. Allí consiguió un nombre gracias a enfrentamientos como la batalla de Castillejos o Tetuán, donde siempre se ubicaba en primera línea para motivar a sus soldados. En 1862, tras haber pasado por México en una nueva campaña, regresó a nuestro país y entró en la Unión Liberal. Sin embargo, en aquellos años las diferencias con los partidarios de Isabel II, además de la misma reina -por la que había combatido años antes- eran ya insalvables, por lo que se decidió a iniciar las conspiraciones pertinentes para expulsarla del trono a base de mamporros.

Llega la Gloriosa

En los meses posteriores Prim se hizo famoso por conspirar continuamente para acabar con Isabel II. Todos sus intentos fueron fallidos. Al menos hasta la llegada de septiembre de 1868, momento en que, con la ayuda de varios partidos políticos contrarios a la monarca, se levantó en armas contra la monarca en Cádiz. «El general don Juan Prim se presentó en la bahía de Cádiz el 17 de Septiembre de 1868, y de acuerdo con el jefe de escuadra Sr, Topete, instaron al general gobernador de la plaza su rendición, la que se verificó, pues la población entera con la guarnición se pronunciaron en favor de la causa popular […] Dos días después […] toda la marina y cuerpos del ejército que guarnecían aquel distrito se unieron con entusiasmo al glorioso alzamiento nacional. El infatigable general Prim se dirigió á Ceuta, que se pronunció al momento de divisarle sobre la cubierta del buque que le conducía; lo mismo hicieron Málaga, Cartagena, Alicante […] Barcelona, Lérida y Zaragoza,», explica el Despacho Sucesores de Hernando en su obra «Biografía del general Prim» (editada en 1860).

Menos de un mes después, la Gloriosa llegó a Madrid, el centro político. Así se plasmó su llegada ese mismo año: «¡EI día 7 de Octubre llegó á Madrid el genera! Prim, á quien salieron á recibir unas veinte mil almas […]. Fué recibido con el entusiasmo mayor que el que puede haber ocasionado: el mas glorioso conquistador ó el héroe de mas fortuna». El día 30, a la reina no le quedó más remedio que huir de la región. Acababa de ser expulsada del trono. Multitud de pequeñas gazetas empezaron a cargar entonces nuevamente como su reinado. Algunas, como la que nos ocupa, dijeron lo siguiente de ella: «El reinado de doña Isabel de Borbón con la pandilla moderada, había sido una penosísima y no interrumpida serie de desastres: sangre, inmoralidad, despilfarro y todo linaje de crímenes». Fuera como fuese, Prim instauró entonces un gobierno provisional que, con el paso de los meses, terminó con sus huesos en la poltrona como presidente del Gobierno y con la regencia de Francisco Serrano en espera de la llegada de un nuevo rey. Este no era otro que el italiano Amadeo de Saboya quien, por 191 votos a favor, había sido seleccionado para sustituir a Isabel por las Cortes.

Un misterioso asesinato

El 27 de diciembre de 1870, pocas jornadas antes de que Amadeo de Saboya llegase a España, comenzó de forma bastante negativa para Prim. La elección de un monarca italiano había generado todo tipo de tensiones entre algunos partidos políticos y varios altos cargos cercanos al gobierno que veían su posición peligrar. El general se había ganado, por tanto, el odio de todo tipo de enemigos. Así lo demuestra, por ejemplo, el que el diario «El Combate» le hubiese dicho en sus páginas que le mataría «en la calle como a un perro». Todas estas amenazas, sumadas a algunas agresiones anteriores, hicieron que se doblase su escolta. Con todo, el presidente nunca se llegó a tomar demasiado en serio aquellas advertencias y acudió, como casi siempre, a las Cortes para tratar varios temas relacionados con el nuevo rey. «La sesión se dedicó a la dotación del presupuesto destinado al rey, que quedó fijado en seis millones de pesetas más medio millón para el príncipe heredero y uno para la conservación de los edificios de la Corona», explica el historiador José Andrés Gallego en su obra «Historia general de España y América».

A las seis y cuarto acabó la sesión, lo que implicaba que Prim debía partir hacia el Palacio de Buenavista -la sede del Ministerio de la Guerra, ubicado en la calle Alcalá-. Sin embargo, estuvo unos minutos charlando y bromeando con algunos políticos como Sagasta. Al final, a eso de las siete se subió a su berlina junto a sus ayudantes, Moya y González Nandín. «El recorrido era breve: las calles de Floridablanca; del Sordo -la actual Zorilla- y del Turco -la actual Marqués de Cubas- que desemboca en Alcalá», añade el experto. Pasadas las siete y media, el carruaje y sus ocupantes entraron en el último tramo: la calle del Turco. El frío se palpaba en el ambiente y la nevada que había caído durante el día había dejado la calle blanca, pero aquello no era más que un paseo habitual. Sin embargo, la situación cambió radicalmente cuando el coche de caballos se topó con otras dos berlinas que bloqueaban el camino. El cochero se vio obligado a detener el vehículo. En ese momento comenzó la pesadilla. «En ese momento, varios hombres embozados y con trabucos rodearon el coche del general, rompieron los cristales de las ventanillas y comenzaron a disparar sobre Prim y sus ayudantes», añade el experto.

Lo último que alcanzó a decir uno de los presentes a Prim antes de los disparos fue «¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!». Pero ya era tarde. «Los asesinos dispararon ocho tiros apuntando á quemaropa al general Prim. El general Prim fué herido de dos balazos en el antebrazo izquierdo y en la mano derecha, dél a cual hubo necesidad de amputarle un dedo», apunta la obra «Biografía del general Prim». Hoy en día las heridas no serían mortales, pero -en la época- implicaban la posibilidad de muerte por infección o porque el afectado se desangrase. Tras los primeros disparos, y después de enfrentarse con su látigo a los captores, el cochero azuzó a los jamelgos para salir al trote de allí. Al poco se hallaba en su destino, que era también su residencia. Dice la leyenda que subió él mismo, y por su propio pie, hasta los aposentos. De hecho, también se cuenta que le dijo a su mujer que no le tocase, pues iba «ligeramente herido» y que en ningún momento su cara reflejó ningún dolor.

Fue atendido a todo correr, pero ya estaba sentenciado. «Inmediatamente un cirujano, muy cotizado en el Madrid de entonces, don Melchor Toca, asistía al herido, y junto con otros afamados médicos comenzó el intento de salvar la vida del general, que, pese a los esfuerzos, se iba a extinguir el día 30, a las ocho y cuarto de la tarde», explica el historiador. Así fue como murió Juan Prim. Hoy en día, sin embargo, se sigue desconociendo quiénes fueron sus asesinos. Tan solo se sabe que a lo largo de Madrid había varios grupos de sicarios dispuestos a acabar con él esa noche. Uno de ellos se hallaba, según cuenta la leyenda, frente a la supuesta residencia de un grupo de la Masonería que iba a visitar. Pero poco más se conoce de quién organizó aquel atentado. Con todo, hace poco unos investigadores españoles hicieron una autopsia a su momia y determinaron que no había dejado este mundo por sus heridas, sino por un estrangulamiento «a lazo» realizado por los que él creía sus amigos, pero que en realidad solo buscaban arrebatarle el poder. Este estudio, a su vez, ha sido desdicho por otro de la Universidad Complutense, aunque sus autores siguen defendiéndolo. El enigma sigue.


El general Prim fue estrangulado tras ser tiroteado en la calle del Turco

Rafael Fraguas – Elpais.com

11 de febrero de 2013

Marcas de correas en torno a todo el cuello, incluido el rastro metálico de la hebilla del correaje. Este es el dato forense que mejor explica las novedades descubiertas, hasta hoy desconocidas, en torno al asesinato, supuestamente con armas de fuego, del laureado general y presidente del Gobierno de España Juan Prim i Prats, acaecido en Madrid hace ahora 142 años, en la nevada tarde del 27 de diciembre de 1870. Tal es la última y principal revelación obtenida por una denominada Comisión Prim, que desde el departamento de Criminología de la Universidad privada Camilo José Cela, de Villanueva de la Cañada cerca de Las Rozas, se propuso tiempo atrás resolver las densas incógnitas que durante casi siglo y medio han rodeado aquel luctuoso suceso.

La antropóloga forense María del Mar Robledo; el criminalista Francisco Pérez Abellán, director del departamento universitario; el doctor en Derecho Orlando Tadeo Gómez y el fotógrafo científico griego Ioannis Koutsurais, miembros de la comisión investigadora, creen haber resuelto las principales incógnitas de aquel magnicidio. Y ello gracias a la aplicación de los más recientes avances tecnológicos del examen forense al cadáver momificado del general-presidente, custodiado en excelente estado de conservación en Reus, la localidad natal del laureado militar. Allí fue sometido a un exhaustivo análisis, concluido ahora, de cuyos resultados se informó este lunes en una conferencia registrada en la sede universitaria.

Ninguno de los comisionados cobija dudas sobre la evidencia de las marcas de correas en torno al cuello de Prim, que se asemejan a las mismas huellas dejadas por igual procedimiento de asfixia criminal en numerosos otros cadáveres, examinados para el cotejo por la forense y mostrados ayer públicamente en fotografías. Mas, de esta evidencia ahora descubierta, no hay constancia alguna en el sumario 360/1870 abierto tras el magnicidio y que incluía tres investigaciones concernientes a los tres intentos consecutivos de quitar la vida a Prim entre octubre y diciembre de aquel año. De los cerca de 18.000 folios de los que constaba el sumario del asesinato, hoy quedan intactos menos de la mitad: emborronamientos, láminas arrancadas y zarabanda de páginas en competo desorden son algunas de las prácticas a las que los 81 tomos sumariales, hoy en los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid, fueron sometidos por manos extrañas y anónimas, sobre todo a partir de 1960, en que se reveló la localización de los documentos procesales. ¿A quién pudo beneficiar este expolio tan dañino del patrimonio histórico documental?

La ciencia puede esclarecer sucesos muchos años después de haber acaecido; de no ser tal, la pregunta quedaría sin respuesta. Tal ha sido la certeza que han barajado los miembros de la Comisión Prim desde el primer momento en que, en el hospital universitario de San Joan y en el tanatorio de Reus, ante el cuerpo momificado de Juan Prim comenzaron a indagar rastros de actividad sobre su cadáver embalsamado, que presentaba bajo las axilas y la entrepierna frascos con aromas balsámicos, en una configuración triangular de evocaciones masónicas, según los investigadores.

«No podía retirar la vista de sus ojos de vidrio»

El rastro más llamativo y evidente de los hallados fue, sin duda, la mirada vítrea del general. «Me miraba de una manera tan intensa que no podía retirar la vista de él», confiesa el fotógrafo científico Ioannis Koutsourais mientras contemplaba la momia embalsamada. «Al cadáver le fue practicada una extracción de sus globos oculares y su sustitución por dos ojos artificiales tallados en un vidrio de alta calidad», reconoce la forense María del Mar Robledo. No hay respuesta para explicar este hecho, del cual no se conocen precedentes forenses probados en la historia contemporánea española, si bien si hay algunos relatos orales que lo reconocen.

Los aspectos relacionados con los móviles del magnicidio resultan muy confusos todavía. Todos los testimonios históricos apuntan a una doble inducción: la primera, la del duque de Montpensier, futuro suegro de Alfonso XII por la ulterior boda de éste con María de las Mercedes, hija del duque y tras cuyas nupcias la decena de presuntos asesinos que tiroteó al presidente quedó en libertad. También las sospechas apuntan hacia el general Serrano, del cual se conserva un sepulcro, hoy vacío, en la iglesia de Los Jerónimos de Madrid. «Es curioso que la principal arteria comercial madrileña lleve el nombre de un general presuntamente cómplice del asesinato de su rival Juan Prim», admite el profesor criminalista Pérez Abellán, que resalta la celeridad con la que el llamado «general bonito» se hizo con las riendas gubernamentales desde el momento en que Prim cayó herido.

Se sabe que los sicarios que atentaron con armas de fuego, trabucos y retacos, contra Prim cuando transitaba a bordo de una berlina entre el palacio de Las Cortes y su residencia palaciega de Buenavista, en la plaza de Cibeles, formaron hasta tres grupos armados y que fueron desplegados en tres enclaves distintos -calles del Turco, Barquillo y Cedaceros- según los trayectos presumibles del carruaje áulico donde el presidente viajaba junto a dos edecanes. Al surcar la calle del Turco, le fue cerrado el paso y a bocajarro, la berlina fue asaltada: los asaltantes dispararon al presidente, que recibió un impacto en el hombro, otro en el codo, sufrió la amputación de una falange de su dedo anular y otras lesiones más, hasta ahora desconocidas, en la palma de la mano derecha. Conforme a sus indagaciones, Prim sangró abundantemente y quedó impedido de manejar sus manos por las heridas sufridas.

Cinco mil duros por matarlo

Según reiteran los investigadores, los facinerosos percibieron diez pesetas diarias durante los prolegómenos del atentado, 25.000 más al consumarlo y apoyos para salir al extranjero, como así hicieron muchos de ellos. Resaltan que la complicidad policial con los criminales fue casi completa, no solo por la inacción del ministro de la Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta sino además por la del comisario del distrito, de apellido Valencia, que reportó normalidad durante la jornada del 27 de diciembre de 1870 en que se perpetró el magnicidio; por sobre todo, los investigadores remarcan que las heridas por arma de fuego que Prim sufrió le causaron una grave e intensa hemorragia para cuya detención se le aplicaron emplastos. «Desde que resultó herido, Prim quedó fuera de juego», añaden.

Las heridas recibidas, contrariamente a la levedad pregonada por los medios oficiales, fueron graves y, muy probablemente, el temor a que el aguerrido general catalán -héroe indemne tras decenas de batallas- se recuperara de ellas llevó a los inductores a decidir su asesinato mediante estrangulamiento, según destaca Francisco Pérez Abellán. Empero, resulta aún muy raro que su cadáver no fuera sometido a autopsia alguna y que los cuatro médicos asignados a su entorno inmediato no confirmaran la muerte por asfixia ahora descubierta. Asimismo, el estrangulamiento hubo de consumarse en el palacio donde residía con su esposa, la mejicana Paquita Agüero y en un entorno vigilado por la guardia presidencial.

En cuanto a los móviles políticos criminales, poco desarrollados en la investigación, los testimonios históricos revelan que Juan Prim, promotor de la primera monarquía moderna refrendada parlamentariamente en España en 1870 en la persona de Amadeo de Saboya, con 191 votos a su favor, se granjeó la enemistad de las cortes de Berlín, París y Londres, «que tenían candidatos propios para la Corona española» según subraya el escritor y periodista Manuel Orío, que prepara un libro sobre el magnicidio. Los investigadores de la Comisión Prim se inclinan más hacia una conspiración interna y señalan algunos elementos masónicos -la clase política decimonónica en su conjunto, desde el propio Prim a Sagasta y buena parte del entorno de la destronada reina Isabel estaba nutrida por masones-; pero en las 22 conclusiones de su investigación no contemplan la importancia de la coyuntura política europea en 1870, ya que en España se dirimía también un aspecto clave en la pugna por la hegemonía continental, como la guerra franco-prusiana ponía entonces de relieve.


Las conclusiones de la comisión de investigación sobre Prim

Francisco Pérez Abellán – Libertaddigital.com

16 de febrero de 2013

La Comisión de Investigación sobre el general Prim ha conseguido históricos hallazgos como que éste no murió en el atentado sino que fue asesinado, concretamente estrangulado, lo que vuelve a reabrir un importante debate histórico. De hecho, para poder llevar a cabo la investigación pudieron examinar el cuerpo, tras exhumarlo.

Estas son las conclusiones de la Comisión de Investigación:

Conclusiones generales

PRIMERO.- Prim fue suplantado por sus asesinos, quienes, deliberadamente, faltaron a la verdad en su discurso a la nación sobre la gravedad de sus heridas y engañaron al rey Amadeo I a su llegada al puerto de Cartagena. El engaño ha durado hasta hoy, durante 142 años: hasta que la Comisión Prim lo ha puesto de manifiesto.

(Los hallazgos y aportaciones de la Comisión están en la línea de prestigiosos autores como Rubio, Pere Angera, Rueda Vicente, Bertrand Olivar y José María Fontana que señalan como autores intelectuales del magnicidio al duque de Montpensier, y todos menos Rubio, al general Francisco Serrano, duque de la Torre, reforzando pruebas y encajando con precisión en el tempo histórico en el que ocurrieron los hechos).

SEGUNDO.- Prim, aunque recibió otras heridas importantes, después del trabucazo del hombro, un solo disparo desde muy cerca, con nueve impactos de bala muy agrupados según nuestro propio recuento, quedó casi inmediatamente inútil y fuera de la historia.

TERCERO.- Estamos en condiciones de afirmar que en su tiempo no se le practicó autopsia ni nada que se le parezca por lo que el dictamen de la muerte no pudo ser exacto ni científico. (La autopsia incluye necesariamente apertura de cavidades que del estudio del cadáver momificado se infiere que no se realizaron).

Criminológicas

PRIMERA.- Además, el general Prim fue abandonado a sus propias fuerzas por quienes debían protegerle. El Gobierno provisional, bajo el mando del regente Serrano, difundió notas con deliberado engaño sobre el verdadero estado de Prim a los gobernadores civiles, los capitanes generales y los ciudadanos en general, difundiéndolas reiteradamente en la Gaceta oficial.

SEGUNDA.- El Ministro de la Gobernación Práxedes Mateo Sagasta y el Gobernador de Madrid, Ignacio Rojo Arias, conocedores de que habían intentado ya matarlo dos veces (en octubre y noviembre anteriores), y que se preparaba de forma inminente un tercer atentado, del que Arias recibió una lista de diez presuntos asesinos con el diputado Paul y Angulo a la cabeza, se inhibieron del asunto sin tomar medida alguna de protección.

TERCERA.- Especialmente aquel día, la policía dejó sin vigilancia el trayecto habitual que recorría Prim entre el Congreso y el palacio de Buenavista, que solía discurrir por la calle del Turco, lo que muy probablemente hizo posible el éxito del atentado.

CUARTA.- El policía de la zona, inspector Valencia, procesado, que permaneció ajeno a su obligación de vigilancia en todo momento, informó a las diez de la noche (casi tres horas después de atentado) que en su distrito, donde habían herido de muerte a Prim, en todo el día no había habido novedad digna de ser reseñada.

QUINTA.- Probablemente este sea el crimen más caro de la historia, fruto de una fortuna sin fondo, y aunque nunca se celebró el juicio, el sumario inconcluso señala una y otra vez como presunto financiador de los repetidos atentados a Antonio de Orleans, duque de Montpensier.

SEXTA.- Para matar a Prim fueron contratados prácticamente todos los asesinos a sueldo disponibles en España en aquel tiempo, a los que se les ofrecía una cantidad diaria de diez pesetas, un premio de cinco mil duros y la garantía de seguridad de permitirles escapar.

SÉPTIMA.- Los asesinos se comunicaban con los poderosos autores intelectuales mediante una tarjeta cortada en forma triangular, en dos mitades, recordando el triángulo masónico. La desaparición de una de estas contraseñas incautadas, prueba fundamental contra Montpensier, generó en el sumario una investigación especial.

OCTAVA.- El magnicidio buscaba la conquista del poder, produciendo el crimen un enfrentamiento mortal entre masones. Prim era masón grado 33 y también fueron masones la mayoría de sus asesinos.

NOVENA.- El magnicidio no puede atribuirse a una conjura masónica, pero las fuentes masónicas pueden arrojar mucha luz sobre lo ocurrido. La filiación masónica de los implicados consta en la relación de la Asamblea del Grande Oriente Español de 1915.

DÉCIMA.- Es la primera vez en la historia de un magnicidio en la que la víctima, sabedora de que está en el punto de mira, se entrega indefensa, anunciado que está desarmada y es vulnerable, facilitando el crimen.

DECIMOPRIMERA.- El día del atentado había tres dispositivos criminales preparados, uno por cada itinerario que el general pudiera seguir: el primero, en la calle del Turco, por si iba a su casa como lo hacia habitualmente; el segundo, en la calle Barquillo, por si variaba la ruta; y el tercero, en la calle de Cedaceros, por si decidía asistir a la cena de la logia masónica en la fonda Las Cuatro Estaciones de la calle Arenal, donde se celebrada el San Juan de Invierno, uno de los dos días claves del año masónico. Todos los dispositivos constaban de coches para cortarle el paso y mercenarios armados con trabucos.

DECIMOSEGUNDA.- El Gobierno de crisis informó falsamente de que el general Prim había recibido heridas leves y se recuperaba sin complicaciones concediéndose tiempo así para controlar la situación. Los asesinos se sentían amenazados con el cambio de dinastía que había procurado Prim. La llegada del rey Amadeo I les haría perder su posición privilegiada.

DECIMOTERCERA.- Al rey lo fue a recoger, en nombre de Prim, aunque este no lo pudo ordenar, quien de forma más denodada había combatido su designación: el almirante Juan Bautista Topete, partidario del duque de Montpensier para el trono de España, quien poco antes había lanzado un discurso furibundo en el Congreso contra Prim y su monarquía de nuevo cuño. El nuevo rey quedaba así en manos de sus peores enemigos.

Médico-Forenses

En primer lugar, la Comisión Prim de Investigación agradece muy sinceramente al Excelentísimo Ayuntamiento de Reus, a la ciudadanía, a su alcalde Carles Pellicer, a la corporación municipal en pleno, al personal del moderno y bien dotado Hospital Universitari Sant Joan, a sus excelentes y competentes directivos, y a la dirección del Tanatori de Reus, su excepcional esfuerzo y su acogida, sin cuya colaboración nuestro trabajo habría sido imposible.

Al mismo tiempo, la Comisión Prim considera que la ciudad de Reus se pone con esta iniciativa a la cabeza de la investigación universitaria por lo que el colectivo científico, académico y universitario queda agradecido y siempre en deuda con su alcalde y sus ciudadanos.

En el estudio del cuerpo embalsamado del glorioso general Juan Prim en la ciudad de Reus, la Comisión se propuso examinar los restos y emitir un dictamen tal y como se suele hacer en la investigación de cualquier muerte violenta informada en una indagación criminal.

Lo cual no impide cualquier tipo de profundización o investigación científica posterior.

Las conclusiones son aquí no solo de tipo médico, sino que están acompañadas por la valoración de orientación criminológica. Por tanto, los miembros de la Comisión Prim, una vez estudiados los trabajos que se han realizado con el examen del cuerpo del general, concluyen lo siguiente:

PRIMERO.- Las heridas de bala recibidas por el general Prim la tarde-noche del 27 de Diciembre de 1870 en la calle del Turco de Madrid (hoy Marqués de Cubas), contrariamente a lo que la historia ha aceptado hasta ahora, según el examen del cuerpo embalsamado, fueron de gravedad sin ninguna duda, dejando en evidencia el falso comunicado del Gobierno de la época, y aunque no alcanzaron ningún órgano vital, los impactos del hombro izquierdo como destaca el “informe de autopsia” del sumario 306/1870 resultarían “mortal “ut plurimum”, esto es mortal de necesidad, (y no el incorrecto “ut plurimunt” como se ha venido difundiendo) lo que sería erróneamente negado de forma acientífica en una dudosa revisión de 1960, noventa años después del magnicidio, en la aportación recogida en la obra del ilustre abogado Pedrol Rius (Ed. Tebas, Madrid, 1960).

Así mismo, en el examen externo del cadáver se evidencian lesiones (mano derecha) que no figuran en la documentación oficial e histórica, así como la ausencia de otras (codo izquierdo) que se describen en dicha documentación.

SEGUNDO.- Se ha comprobado que no se realizó autopsia alguna ni acción que merezca ese nombre a la luz del examen de los restos, hecho este que contradice absolutamente la documentación histórica y oficial ya que existe un “informe de autopsia”.

TERCERO.- La gravedad de las lesiones y la entidad de los emplastes aglutinantes internos son de una intensidad muy importante, incompatible con un desplazamiento normal en bipedestación sin ayuda y una imposibilidad de mantener un habla normalizada y fluida. Igualmente, alcanzados por las balas, los dos brazos del general quedaron inútiles. Consideramos de gran importancia precisar en este punto que a partir de sufrir el atentado la tarde del 27 de noviembre de 1870, el general Prim difícilmente podría escribir ni firmar documento alguno.

CUARTO.- El general Prim no murió en el acto tras recibir los disparos. Las curas con emplasto aglutinante a nivel interno demuestran que hubo un intento de cortar las hemorragias y salvarle la vida.

QUINTO.- Las lesiones por arma de fuego dejaron al general impedido desde el momento de la emboscada y es prácticamente imposible que se produjera la supervivencia de tres días. La ausencia de curas efectivas e importantes a nivel del codo izquierdo y dedo de la mano derecha (semi-amputado de un disparo) indicarían que las lesiones inicialmente de menor entidad fueron, como es lógico, postergadas y finalmente no se le realizó esa cura. El cuarto dedo de la mano derecha así lo demuestra.

SEXTO.- Los surcos observados en el cuello “compatibles con una posible estrangulación a lazo” encajan así en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne de las peores batallas y recuperarse de las más graves heridas. Los surcos, marcas, etc, sospechosas de estrangulación para los expertos en investigación criminal miembros de la Comisión y los forenses han sido investigadas hasta descartar artefactos postmortem capaces de producirlas y procedimientos de embalsamamiento, aunque en este aspecto la Dra. María del Mar Robledo, Doctora en Medicina Legal y Forense y especialista en Antropología Forense, experta en la materia, seguirá la investigación hasta despejar la última duda y establecer el diagnóstico diferencial.

SEPTIMO.- La Comisión Prim ha descubierto en el cuerpo heridas y rastros compatibles con el asesinato elaborado fruto de una poderosa conspiración que demuestran que desde el momento mismo del atentado hasta su muerte el general estuvo en manos de sus enemigos. La verdadera gravedad y circunstancia de su estado fue en todo momento ocultada a la ciudadanía.

Criminalísticas

Como es lógico, la Comisión agradece a la dirección y personal militar adscrito del Museo del Ejército, situado en el Alcázar de Toledo, haber permitido la realización de pruebas criminalísticas sobre los objetos que estuvieron en la escena del crimen: la berlina en la que viajaba el general Prim cuando fue tiroteado, y la ropa que llevaba puesta, levita y levitón, así como balas que fueron recuperadas del coche y, posiblemente, dentro del cuerpo del general.

PRIMERA.- Comprobamos que el coche berlina de Prim sufrió un ataque combinado (emboscada) desde puntos diferentes, derecha e izquierda, por lo que se aprecian impactos por ambos lados del carruaje.

SEGUNDA.- En la parte izquierda, donde al parecer se encontraba el general, se observan cuatro agujeros que pudieran corresponder a un solo disparo, con arma cargada con proyectil múltiple.

TERCERA.- Por el lado derecho, se aprecian dos impactos relativamente cercanos de un arma cargada con más de un proyectil. Se encuentran en la hoja de la puerta de la parte derecha. Igualmente se observan otros tres agujeros de diferentes diámetros, lo que lleva a pensar en la existencia de al menos tres armas.

CUARTA.- Al someter a luz forense el interior del coche con el objeto de localizar sangre, se observan restos de una sustancia que pudiera serlo. En varios lugares se observa esta sustancia. Dichas muestras se encuentran próximas a la puerta del lado izquierdo.

QUINTA.- El arma empleada en el disparo de mayor interés pudiera ser cualquiera de las utilizadas en la época: trabuco, trabuquete o retaco. No eran armas de dotación militar, sino empleadas por delincuentes y asaltantes de caminos. A corta distancia, eran letales.

SEXTA.- Dada la disposición de los impactos en el carruaje, se puede apuntar que intervinieron varias armas de las llamadas de avancarga por los dos lados.

OCTAVA.- En los almacenes del museo nos mostraron una levita y levitón que según parece llevaba puestos el general Prim. Una vez observados se pudo comprobar que presentan nueve orificios de entrada sin salida en la parte superior izquierda (a la altura del hombro). Por otro lado presentan un deterioro considerable a la altura del codo del mismo brazo, que pudiera corresponderse con otro impacto.

NOVENA.- Por tanto, por el número de impactos, y puesto que en la época solamente se podía realizar un disparo, y luego había que volver a cargar el arma, siendo esta tarea laboriosa, por los destrozos medidos, se puede manejar la hipótesis de entre cinco y siete armas.

DECIMA.- La distancia del disparo que presenta el general en el hombro izquierdo debió ser muy corta, puesto que a mayor distancia, mayor dispersión de postas, y se encuentran muy juntas; pero tampoco pudo realizarse a cañón tocante, porque le habría arrancado el brazo.

Jurídicas

PRIMERA.- En el proceso judicial de investigación del asesinato de Prim se cometieron irregularidades.

SEGUNDA.- Algunos de los jueces que se ocuparon de la causa fueron presionados por el poder político dificultándoles la instrucción del sumario.

TERCERA.- Al primer juez instructor no se le permitió ver al general Prim después del atentado, supuestamente cuando éste se encontraba herido según la versión oficial.

CUARTA.- El fiscal, Joaquín Vellando, al igual que la mayoría de los jueces que intervinieron en la instrucción, mantuvieron una línea digna y profesional durante la misma. De no ser por la intrusión del poder político se podría haber juzgado e incluso llegar a la condena de los sospechosos, que a pesar del tiempo transcurrido y las mutilaciones sufridas por la causa, aparecen hoy en día suficientemente identificados.

QUINTA.- El Promotor Fiscal, Joaquín Vellando, se atrevió a proponer el procesamiento de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, uno de los hombres más ricos y poderosos del momento, candidato al trono de España y presunto autor intelectual y financiero de los atentados contra Prim.

SEXTA.- Esta Comisión encuentra que el sumario de Prim es una de las joyas jurídicas de nuestra historia recomendando que los tomos que aún se conservan sean especialmente protegidos, y puestos a disposición de estudiantes e investigadores, en un lugar más adecuado y accesible que el que hoy ocupa.

Sumariales

PRIMERA.- En casi siglo y medio han sido muy pocos los autores que han consultado el sumario de Prim antes de escribir sobre él. Y sin pertenecer al grupo de instructores del mismo, únicamente La Comisión Prim lo ha leído pacientemente de arriba abajo, folio a folio.

SEGUNDA.- El sumario que se conoce como la causa 306/1870 es en realidad la suma de tres asuntos diferentes que obedecen a tres intentos distintos de matar a Prim en los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1870.

TERCERA.- La causa llegó a tener en total unos 18.000 folios pero hoy sólo conserva alrededor de la mitad. El resto ha sido mutilado, borrado y expoliado. De los 81 libros encuadernados que lo componen falta el tomo 42. Quizá el más importante.

CUARTA.- El sumario está barajado y desordenado hasta el punto de que el Tomo I empieza en el folio 822 y el folio 1 esta en el Tomo 77, se supone que intencionalmente con el fin de desanimar la investigación. Muchas de sus hojas están estropeadas, borradas y mutiladas. El asalto al sumario empezó poco después de que el abogado Pedro Rius alertara de que aquello seguía siendo una bomba política.

QUINTA.- Intervinieron trece jueces, siete titulares y seis sustitutos. Al final se cerró en falso, liberando a todos los imputados, incluso los convictos confesos. El cierre definitivo, como todo en este proceso, fue marcadamente político: cuando Alfonso XII, tras la Restauración borbónica, decide casarse con su prima María de las Mercedes, precisamente hija de Antonio de Orleans, duque de Montpensier.

SEXTA.- Siempre se ha dicho que en el Sumario de Prim estaban los nombres de los asesinos y los pagarés con los que les premiaron. La Comisión Prim encontró la lista original con los doce presuntos asesinos de la calle del Turco y valiosas orientaciones de lo bien que pagaron los asesinos intelectuales a los sicarios contratados. Igualmente el sumario, desde el principio, apunta hacia los poderosos personajes que presuntamente tramaron la conspiración y ordenaron el magnicidio. Ya para siempre serán presuntos puesto que nunca llegará a celebrarse el juicio.

*Comisión Prim- La comisión Prim es una institución voluntaria y altruista, multidisciplinar, sin ánimo de lucro, nacida en la Universidad Camilo José Cela, compuesta de modo libre y voluntario por profesores y doctores, cuyo objetivo es promover la investigación en la universidad en general y la alianza investigadora entre universidades.

Dr. Francisco Pérez Abellán

Director del Departamento de Criminología de la UCJC

Presidente.


El general Prim no murió estrangulado, según un estudio de la Complutense

RTVE.es – Agencia EFE

18 de diciembre de 2013

El general Prim no murió estrangulado sino a consecuencia de las heridas de bala que sufrió en el atentado del 27 de diciembre de 1870, según un estudio de su momia elaborado por expertos de la Universidad Complutense de Madrid y de la de Alcalá presentado hoy.

Las marcas que presenta en el cuello el cuerpo embalsamado del que fue presidente del Gobierno español de septiembre de 1869 a diciembre de 1870 se corresponden «con fenómenos post-morten, en relación con la presión ejercida de forma prolongada tras la muerte por elementos de la vestimenta».

Ni en la exploración externa ni en el TAC practicado al cadáver se ha encontrado «ningún elemento»
que indique «la existencia de una violencia ejercida en vida sobre la zona cervical», según determinan en su informe los expertos de las Facultades de Medicina de la Complutense y de la Universidad de Alcalá de Henares que examinaron el cadáver el pasado 23 de noviembre en Reus (Tarragona), donde se encuentra.

«A nivel cervical se observa integridad de todas las estructuras anatómicas, sin lesiones en la laringe ni en el cartílago hioides y (…) sin signos de edema o hemorragia», lo que hace descartar la teoría del estrangulamiento por lazo que defienden científicos de la Universidad Camilo José Cela.

Ratifican estas conclusiones con los resultados obtenidos de la tomografía axial computada (TAC) practicada a la momia de Prim el 29 de septiembre de 2012 por el director del servicio de radiología del Hospital Universitario Sant Joan de Reus, el doctor José Ángel Abreu, quien tampoco encontró «signos radiológicos de aplastamiento de la laringe».

Herida grave por arma de fuego

Los resultados de esta prueba confirman, al igual que el examen de los expertos de las dos universidades madrileñas, que el entonces presidente del Gobierno sufrió «una herida grave por arma de fuego en el hombro izquierdo y la mano derecha», tras lo que cayó sobre el brazo izquierdo.

A consecuencia de los balazos y la caída, «los trayectos vasculares cercanos pudieron sufrir una laceración traumática, produciéndose en cualquier caso un intenso sangrado con muy probable shock hemorrágico y por dolor».

Las conclusiones del informe multidisciplinar de estas dos universidades, encargado por la Sociedad Bicentenario Prim, discrepan de las alcanzadas también este año por científicos de la Universidad Camilo José Cela, quienes consideran que los surcos y marcas en el cuello de la víctima eran «compatibles con una posible estrangulación a lazo».

Este equipo de expertos determinó que los surcos en el cuello «encajan así en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne».

El general Prim viajaba en un coche de caballos el 27 de diciembre de 1870 cuando fue víctima de una emboscada en la madrileña calle del Turco, recibiendo balazos en el hombro izquierdo y la palma de la mano derecha, de la que perdió el cuarto dedo.


Prim también fue apuñalado en su lecho de muerte

Francisco Pérez Abellán – Libertaddigital.com

6 de julio de 2014

La doctora María del Mar Robledo Acinas, autora junto con Ioannis Koutsourais del estudio médico legal del cadáver de Prim (Las muertes de Prim, Tébar) ha concluido sus trabajos: el general Prim fue desnudado presuntamente para curarle, pero en realidad para ser apuñalado por la espalda en cuanto llegó a su casa. Esto fue previo al remate final, con estrangulación a lazo, al ver que de esta manera y después de los trabucazos de la calle del Turco, todavía no había muerto.

La eminente doctora Robledo ha invertido más de un año en perfilar su descubrimiento que cuenta en lenguaje científico. Tal como prometió, nos hace partícipes de sus conclusiones. Se trata de un bombazo planetario: una nueva sorpresa que encaja perfectamente en las revelaciones de la Comisión de Investigación del magnicidio. Cuando Prim llegó al Palacio de Buenavista, en Cibeles, desmayado, bajo un shock hipovolémico por la sangre perdida y sobrepasado el umbral del dolor, seguía en manos de sus asesinos que se arrojaron cobardemente sobre él, como en su día sobre Julio César.

El nuevo descubrimiento de la doctora Robledo es el broche de oro de su estudio. Nadie intentó curar a Prim. Le agredieron indefenso y vulnerable en su lecho de dolor. La doctora ha encontrado una herida, que una vez examinada, es compatible con una puñalada en la parte alta de la espalda, región escapular, porque lo que tiene Prim es una puñalada trapera. Normal, si recordamos que los sicarios contratados eran gente del hampa, amigos de reyertas y expertos en puñalada de pícaro. La herida que se aprecia perfectamente en la foto exclusiva de Koutsourais tiene labios y quedó sangrante cuando fue rematado a lazo. Y eso que Prim decía que «España no es un país de asesinos». Todos los asesinos se concentraron en torno a su cama (como cuento en mi libro Matar a Prim, Planeta, 2014).

Este crimen brutal se ha resuelto de una forma inesperada. En especial porque la momia ha hablado y porque los muertos a veces hablan más que los vivos. Sólo la Comisión Prim de Investigación ha escuchado lo que la momia tenía que decir, sin alterar su estado ni violentar su aspecto. Al contrario que el comisario Carles Tubella, de CiU, del Ayuntamiento de Reus, designado por el alcalde Carles Pellicer, de CiU, que le ha puesto dientes postizos.

Esta herida de arma blanca, que es una de las que no tuvieron en cuenta los miembros del fallido contra-informe de las Universidades Complutense y Alcalá, es la prueba definitiva de la negligencia y la dejadez de los «seis sabios forenses» que supuestamente examinaron el cuerpo de Prim, dos de ellos, los doctores Bernardo Perea y María José Anadón, miembros nada menos que de la Real Academia de Medicina, para vergüenza de la misma.

La verdad es que la realeza lleva la peor parte en estas descacharrantes celebraciones de Prim, porque la Sociedad Bicentenario, que fue quien contrató a los desprestigiados peritos de la Complutense, hoy denunciados por falsedad en dos juzgados, ha logrado confundir a Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados, que les prestó oídos y quien a su vez ha confundido a su Majestad, el rey Felipe VI, que en el primer despacho con Posada, mandó totalmente equivocado una salutación «con cariño» para estos que han insultado e injuriado a Prim diciendo que bombardeó Barcelona y que han perpetrado los peores festejos que nombrarse puedan para el general, amén de respaldar el destrozo de la momia, que la deja inútil para ningún otro estudio forense.

La momia de Prim, de 144 años, ha sido manipulada, deformada y contaminada. La han llenado de hongos por guardarla entre plásticos y la han convertido en un chocante muñeco, cuando eran los restos nobles de un gran militar y hombre de Estado. La han enterrado, quién sabe para cuánto tiempo, porque debería ser exhumada por el próximo ayuntamiento para evaluar los daños y saber lo que de verdad le han hecho.

Los de la Escuela de Medicina Legal y Forense, que afrentan a la Academia de Medicina, cuyo culpable último es el rector José Carrillo, hijo del desaparecido Santiago Carrillo, que en la práctica está deconstruyendo o demoliendo la Facultad de Medicina y tal vez toda la Complutense, no hicieron un verdadero contrainforme, sino un capirote o «mantente mientras cobro», pues no atinaron con la relación de las heridas, ignorando el trabucazo que atraviesa el codo izquierdo de parte a parte y la cuchillada de la espalda. Lo que certifica ni más ni menos que no vieron la momia para ese remedo al que no ha respondido la abochornada Academia de Medicina. Por cierto que un falso catedrático de la Complutense es quien ofrece cobertura histórica para toda esta conspiración contra Prim y contra la historia de España.

Al general Prim le han ofendido, difamado e insultado. Más que cuando Modesto Lafuente le llamó «Pringue» y recibió un castigo de bastonazos. Han convertido su cadáver en un fantoche y han tratado a toda costa de que se mantenga la mentira histórica por la que murió de una infección o septicemia cuando las heridas no se cerraron, ni se infectaron. Murió sangrando por todos los agujeros, y de una estrangulación a lazo, totalmente acreditada. La Comisión Investigadora fue la única que le ha hecho la autopsia científica no invasiva y la ha documentado con miles de fotografías.

El cadáver de Prim no es propiedad del Ayuntamiento de Reus. Y preguntada la corporación de CiU y PP por los periodistas sobre por qué le han puesto dientes a la momia, tampoco han dado la cara. De forma anónima han respondido «que es lo que se suele hacer con las momias». No será con las de Tutankhamon, Evita Perón, Lenin o Ramsés III. Que digan cuales. Y que salga el que le hace la ortodoncia a los muertos en Reus.

El cadáver de Prim y su gloriosa memoria pertenecen a España, patria por la que el general murió. Merece el respeto de los héroes y de los patriotas. Sobre su sangre se construyó la siguiente fase de la monarquía. Pero además le debemos el orgullo de las muchas batallas ganadas.

Los personajes de la Bicentenario, todos grandes habituales de las alfombras rojas y los círculos de poder, aunque muchos jubilados y en algún caso destituidos, se han esforzado por descalificar a la ciencia y a sus servidores. Finalmente han logrado darle gato por liebre al presidente del Congreso, lo que no les ha resultado nada difícil; y este, con ligereza, lo ha transmitido a su Majestad, Felipe VI.


Las dos muertes del general Prim

Clara Felis – Elmundo.es

31 de julio de 2014

27 de diciembre de 1870. Prim acude al Congreso para votar la aprobación del presupuesto de la Casa Real. Tenía que dejar todo cerrado ante la llegada del nuevo monarca, Amadeo I de Saboya. El rey Caballero iba a desembarcar en Cartagena tres días después. Allí estaba previsto que fuera Prim a recibirle, aunque ni el general, ni el rey, sabían que aquello finalmente no se llegaría a producir.

Aquel día caía una fuerte y densa nevada, un fenómeno habitual durante aquellos días de navidad. Debido a las bajas temperaturas que registró la ciudad, el gentío al que estaba habituada la ciudad era más bien escaso. Refugiarse y combatir el frío en lugares cubiertos provocó que las calles acabaran siendo un gélido desierto, y fue precisamente en una de ellas, en la calle del Turco, donde se desarrolló el asesinato del general Prim.

Su muerte está repleta de versiones, conjeturas, voces y dudas que no han hecho sino que acrecentar la polémica. Un magnicidio sin nombre ni rostro de los conspiradores. Un asesinato con múltiples preguntas que aún siguen sin respuesta.

«Mi general, a cada cerdo le llega su San Martín» le espetó un diputado en los pasillos del Congreso (así lo recoge Roque Barcia en La Federación Española). Una frase lapidaria teniendo en cuenta lo que sucedería después.

Alrededor de las siete de la tarde es cuando Prim sale del edificio. En la calle de Floridablanca (la misma por la que entró) le esperaba su berlina verde, aquella que le llevaría hasta la residencia oficial, el Palacio de Buenavista (hoy Cuartel General del Ejército).

El trayecto era corto y sencillo. De la calle del Turco, (actualmente llamada Marqués de Cubas) al Palacio de Buenavista hay unos 700 metros. Tres minutos si uno se dirige en automóvil. 16 minutos si se hace a paso normal en caballo. Tiempo muy breve para un trayecto, eterno para salir de un fuego cruzado.

Antes de subirse al carruaje, el presidente del gobierno recibe la visita de Sagasta (ministro de Gobernación) y Herreros de Tejada. Ambos subieron con el general pero bajaron enseguida. Un comportamiento anómalo como señala Francisco Pérez Abellán en su libro Matar a Prim no hizo sino acrecentar las sospechas sobre la autoría del atentado que tendría lugar minutos después.

«Mi general, agáchese, que nos hacen fuego!»

Finalmente, el carruaje se puso en marcha cuando sus dos hombres de confianza, González Nandín (ayudante personal) y el general Moya suben para acompañar a Prim. Nandín se ubica en el asiento de la derecha (lugar habitual donde se colocaba el presidente) y el general Moya enfrente (en la parte de la ventana).

Cuando el coche de caballos inicia su ruta todo estaba en orden, pero algo se tuerce en el cruce de la Calle del Turco con Alcalá. El carruaje frena bruscamente. Hay tres coches, dos delante y uno se cruza detrás. Se oye un largo y fino silbido en la calle. Da la sensación de que sea una clave, una señal para que se inicie la operación.

Ante este misterioso ambiente, el general Moya se asoma por la ventana. Fue entonces cuando atisba que de los carros y de una de las tabernas se acercan varios hombres armados con trabucos. «Mi general, agáchese, que nos hacen fuego!» , le dijo Moya a Prim. Pero la advertencia no sirvió de mucho pues los proyectiles llegaron al punto al que estaban destinadas: El general Prim. Fueron nueve los impactos que recibió, ninguno de ellos fueron mortales (así se indica en el informe oficial).

Uno de los disparos le acertó en el hombro izquierdo (de donde supuestamente se le extrajeron hasta siete proyectiles), otra en el codo y una tercera le alcanzó la mano derecha. El impacto le reventó el dedo anular. También a Nandín le alcanzaron los tiros cuando interpuso su mano derecha para proteger al coronel. El único que sale ileso fue Moya.

Sangre y llegada a palacio

Tras el ataque, el cochero lanza varios latigazos para escapar del horror. Sube por la acera para esquivar el bloqueo. Entra por la calle Barquillo hasta el Ministerio de Guerra. Varios hombres armados le dejan pasar porque pensaban que el general ya había muerto. Al llegar a la residencia, Moya ayuda a bajar tanto al general como a su ayudante y cuenta el relato tradicional, que más tarde se pondría en duda, que Prim apoyó su mano malherida en la barandilla de la escalera y subió por su propio pie a sus aposentos.

Una vez estabilizado los médicos procedieron a realizarle las primeras curas. Tal fue el destrozo que tenía en los dedos de la mano derecha que los expertos tuvieron que amputarle la primera falange del anular. Además, el impacto que presentaba en el hombro izquierdo le había sepultado al menos ocho impactos en la carne. Una operación que no resultó fácil, pues los cuidados se alargaron durante toda la noche y hasta bien entrada la madrugada. Finalmente, los médicos lograron extraerle siete balas, aunque falleció tres días después a causa de una septicemia, o no…

La versión oficial de los hechos

Las causas de la muerte que se relatan en la versión oficial han sido cuestionadas. Según recoge el Diario Oficial del Estado, el día del atentado el general Serrano comunicó que el Presidente del Consejo de Ministros sólo había sido «ligeramente herido al salir del Congreso en la tarde de ayer por disparos contra su coche en la calle del Turco» y también aseguró que se había «extraído el proyectil (que no proyectiles) sin accidente alguno ni complicación».

También se hace mención al comentario que le hace Serrano al vicealmirante Juan Bautista Topete (nombrado ministro de Estado el día del atentado) quien le ofreció la presidencia delante del «cuerpo ensangrentado de Prim» y se muestra a favor de la llegada de Amadeo (al que se oponía cinco días antes).

Sobre la evolución de Prim, el día 29 de diciembre de 1870 se llega a afirmar que el día anterior «se levantó el apósito que se había aplicado al presidente sin haber tenido lugar los accidentes que suelen presentarse en esta clase de heridas tan sujetas a complicaciones. El estado del enfermo no puede ser más halagüeño».

Algo que cambia el día 30, fecha de su muerte. Día en el que desembarca Amadeo de Saboya en Cartagena y es recibido por el almirante Topete. Aquella misma noche se comunica que Prim ha muerto debido una fiebre producida por los «grandes destrozos causados por las balas en codo, muñeca y hombro del lado izquierdo» que desembocan en una «intensa congestión cerebral que le produjo la muerte a las ocho y cuarenta y cinco minutos».

¿Pero fue esta la verdadera causa?, María del Mar Robledo e Ioannis Koutsourais afirman en su libro Las muertes de Prim (Ed Tébar Flores) que la septicemia no fue el motivo del fallecimiento. «La versión oficial cuenta que la causa de la muerte del general Prim es una infección de algunas de las lesiones que presenta el cuerpo, que son las lesiones que no habían sido operadas. Dos días después del atentado, le interviene el mejor cirujano de España y le extrae alguno de los proyectiles. En el cuerpo no hay ninguna evidencia de que se le haya practicado ninguna intervención quirúrgica», señala María del Mar Robledo.

Marcas en el cuello y lesión en la espalda

Según este estudio médico legal, cabe la posibilidad de que el general Prim muriese por un estrangulamiento a lazo. «Sorprendentemente, en el estudio del cuerpo nos encontramos con algo que no contábamos, que eran unas marcas en el cuello muy bien definidas de 1 y 5cm de tamaño. Valoramos esas marcas, las estudiamos, descartamos lo que se dijo después de que se hubiesen producido por la ropa. Es algo imposible porque la camisa con la que fue inhumado el general es una camisa de cuello flexible y el único elemento rígido era una costura de 1cm. No puede ser que un elemento rígido, incluso haciendo mucha presión, haya dejado una impronta de 5, porque tenía que haber sido un objeto superior al que nosotros vemos en este momento. Finalmente concluimos que estas marcas que aparecen en el cuello son compatibles con un estrangulamiento a lazo», explica la antropóloga forense.

El análisis de la momia del político, que se hizo Hospital Sant Joan de Reus, con métodos como el TAC, radiología y endoscopia permitieron descubrir una herida en la espalda de la que apenas se sabía nada. «Percibimos una lesión en la parte superior izquierda que inicialmente identificamos como un orificio de salida de esa gran lesión que tenía en el hombro. Una vez analizada en profundidad nos dimos cuenta de que no era viable la versión oficial porque la ropa que llevaba el general en el momento del atentado no tenía sangre, no había ninguna marca de sangre, por lo tanto no se había producido de esa manera. Fue entonces cuando lo asociamos a una lesión por un arma blanca que se tuvo que producir posteriormente, es decir, una vez que llega a su casa», remarca la experta.

Existen también dudas sobre si se realizó o no una autopsia. «El proceso implica apertura de cavidades, y el actual cuerpo no las presenta. En el informe de la autopsia se señala que se recurre a la necroscopia para observar lesiones internas tanto ósea como musculares etc. De hecho, se describe una lesión ósea en el codo izquierdo que no existe. Para ver esa lesión se puede ver de dos maneras. De forma directa, es decir, abriendo y observando o como lo hemos hecho nosotros por radiología convencional, pero vimos que el cuerpo no ha sido autopsiado, que hay un informe oficial de la autopsia firmado por una serie de autores donde se presentan unas lesiones que no son compatibles con el informe médico de la época, así que por eso descartamos cualquier información oficial recogida hasta el momento», indica la forense Robledo.

Posibles culpables

La lista de sospechosos es interminable y nada clara. Después de diez años de investigación, 13 jueces y varios fiscales, aún hoy no existe un culpable (culpables). El gobernador de Madrid, Rojo Arias informó al juez Francisco García Franco que fueron cuatro los presuntos asesinos, sin embargo, el sumario del caso recoge hasta doce nombres, entre los que se encuentran los trabucaires (asesinos) José Martínez, Benito Rodríguez, Ramón Arnella, N. Camacho, Juan Monferrer, Adrián Ubillos, Francisco Huertas, Luis Villanueva Francisco Villanueva, José Montesinos y José Maza.

Otros a los que se menciona son Roque Barcia (director de La Federación Española), Vicente Álvarez (trabajador de el periódico El Combate), José Paul Angulo (director del periódico El Combate) Manuel Torregrosa, Antonio Cremades, Martín Arnedo, José López, José Genovés, Benito Pérez, Eustaquio Pérez Cano e incluso se señalan a personalidades como el general Francisco Serrano y el almirante Juan Bautista (ambos habían participado con Prim en la revolución de la Gloriosa), el secretario del duque de Montpensier, Felipe Solís y Campuzano, el duque de Montpensier y Antonio de Orleans.

También se han cuestionado las figuras de el cochero de la berlina y del lacayo de Prim. «En el momento del atentado Moya no era el más indicado para avisar de que les abrían fuego, tendría que haber dado la voz de alarma el cochero. Y otro personaje del que apenas se habla y no se sabe qué implicación tiene era el lacayo. Si miramos los grabados de la historia, en la berlina aparece el cochero y el lacayo encima, pero en ningún escrito aparece qué pasó con el lacayo, si estaba implicado, si murió en el atentado….», indica Ioannis.

A pesar de las posibles conjeturas, lo cierto es que eran muchas las fuerzas opositoras y enemigos de Prim: Unionistas, republicanos, alfonsinos, los partidarios de los Borbones, los seguidores de Antonio de Orleans, duque de Montepensier, los republicanos. Precisamente, el líder de estos, Francisco Pi i Margall, lanzó el día del atentado un duro discurso contra la llegada del nuevo rey.

Después de tantas elucubraciones, nombres, causas, señales y posibilidades, lo cierto es que 144 años después este suceso sigue llevando la etiqueta de Caso no resuelto. Mientras, sigue sonando aquel cántico de la época en el que se decía En la calle del turco le mataron a Prim, sentadito en su coche con la Guardia Civil. La música que puso voz a un final de proyectiles orquestados bajo la batuta de una conspiración.


Prim: el «informe fantasma» de la Universidad Complutense

Francisco Pérez Abellán – Libertaddigital.com

15 de noviembre de 2014

Las cinco «eminencias forenses» de la Universidad Complutense de Madrid, pues así fueron presentados, y una de la Universidad de Alcalá, entre las que se encuentran José Antonio Sánchez, presidente de los antropólogos forenses españoles y Francisco Pera Bajo, presidente de los médicos forenses, han realizado un nuevo informe sobre la momia de Prim. Con él han caído en el mayor de los ridículos científicos porque esta vez lo hacen sobre la momia vestida y con dientes postizos, lo que puede ser la razón para que lo hayan ocultado a la prensa, convirtiéndolo en el delirante «informe fantasma».

A pesar de que no lo repartieron cuando lo presentaron, en la cita profesional de los antropólogos en el hospital Gómez Ulla de Madrid, se han visto obligados a colgarlo en Internet donde nosotros lo encontramos.

El resto del equipo que ha incumplido la mayoría de las reglas de un informe para que sea aceptado son María José Anadón Baselga, Bernardo Perea Pérez (miembros de la Academia de Medicina), Enrique Dorado Fernández y Manuel Francisco Carrillo Rodríguez (Universidad de Alcalá).

Estos doctores han realizado un informe sobre Prim aun más fantasioso y fallido que el anterior en el que de forma insólita examinan el cadáver vestido y acicalado, preparado para devolverlo a la tumba, después de someterlo a una intensa tanatopraxia que le ha puesto dentadura postiza, le ha arreglado la barba, patinado el cráneo y convertido en bisojo. Con lo cual invalidan su peritaje por hacerlo sobre un cuerpo manipulado. Algo que nunca antes ha pasado en ningún estudio científico. El misterio de todo podrán conocerlo en mi libro de próxima aparición: Prim, la momia profanada.

En primer lugar trabajaron sobre un cuerpo invalidado para cualquier prueba, ya que se les ocurrió a última hora, después de meses de la momia en la nevera y cuando había sido manipulada. Igualmente afirman que para complementar sus conclusiones han hecho «trabajo de campo» y han estudiado el sumario judicial, visitando además el Museo del Ejército de Toledo, cosa que demostraremos que no es cierta. Si también han visitado el TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid), donde hace poco se custodiaba el sumario hoy, por mi consejo, expuesto en Reus, no les ha servido de nada; y en el Museo del Ejército, o no han estado o han pasado el tiempo en la cantina.

Las aberraciones de este nuevo informe de las supuestas eminencias de las Universidades Complutense y Alcalá son de una enorme importancia que lo descalifican y anulan. Lo primero de todo son las dos grandes falsedades, sin paliativos, que pueden ser fácilmente destapadas dentro del aire general de artificialidad y «cosa viciada» que desprende todo el trabajo.

1.- Dicen que estuvieron en el Museo del Ejército para revisar la berlina en la que viajaba Prim el día del atentado, así como las ropas que vestía y las balas que allí se exponen. Entonces, si vieron la ropa que vestía ese día, ¿cómo es posible que Francisco Pera Bajo, segundo de los expertos en importancia después del director Bernardo Perea Pérez, tras ratificar en el documental del Ayuntamiento de Reus que «el hueso hioides es un cartílago», afirma que es probable que el general vistiera una pelliza de piel de oso y que los restos de esta produjeran la infección que supuestamente acabó con su vida? Si Francisco Pera, o cualquiera de los otros, empezando por el doctor Sánchez, hubieran visto la levita y el levitón que vestía Prim, y que están en el Museo empapados en sangre, habrían corregido la metedura de pata monumental de Pera dando pábulo a la leyenda de que vestía una pelliza inexistente.

2.- La segunda gran falsedad es que consultaron el sumario judicial, que para el trabajo que han hecho nunca antes ha sido tenido en cuenta. Hasta el punto de que preguntados directamente por un miembro colaborador de la Sociedad Bicentenario de Prim que les hizo el encargo si se habían documentado con antecedentes para su trabajo, le dijeron que no. Al parecer Enrique Dorado y Manuel Carrillo fueron a ver el sumario de casi ocho mil folios una sola vez durante unas pocas horas, lo que fue bastante para lo que hicieron, tarea que en cambio llevó a la Comisión Prim muchos días y la participación de veinte personas. En el informe puede comprobarse como las citas del sumario se parecen a párrafos insertos en el libro de José Andrés Rueda Vicente ¿Por qué asesinaron a Prim? Incluso utilizan la misma forma de reseñar las citas. Por ejemplo una que es idéntica es la del primer parte médico: «Volumen 1, folios 8r-9r».

Hay que precisar que esta no es la continuación del primer informe catastrófico sino un informe nuevo que quieren hacer pasar por continuación. Este segundo informe es insólito e inconveniente y nunca habría sido aceptado en un encargo normal, porque además no coincide ni siquiera en lo fundamental con el anterior.

El primer informe no se completa con fotos, ni tiene final. No hace una relación exacta de las heridas del cadáver, que es lo fundamental de un trabajo de estas características y fiaba todo a los currículos hinchados de los intervinientes -nada menos que seis expertos forenses- y a sus firmas desmesuradas, junto al sello de la otrora prestigiosa Universidad Complutense. Pensaron que con sus nombres sobrevalorados podrían imponer las caprichosas conclusiones.

En este nuevo informe vuelven a cometer errores y dar pábulo a la falsedad. Se incluyen fotos entre las que destacan las de la momia una vez manipulada, rota la cadena de custodia, que invalida su planteamiento científico y que no sería aceptado por ningún proceso judicial o histórico.

En este informe se relacionan heridas que en el primero no eran tenidas en cuenta aunque no se hace de una forma clara ni sistemática. En el examen real de un cuerpo se deben exponer todas las lesiones, una por una, y se definen por separado. En este caso, las que presenta la momia procedentes del atentado a tiros, las del embalsamamiento, las presuntas intervenciones quirúrgicas, y otras, como la importante de la espalda, que es imposible pasar por alto, pero de la que prescindieron en el primer informe, como también se olvidaron de incluir la del codo izquierdo, así como las señales del embalsamador, que tampoco aparecen en el primer informe, tan deficiente y frívolo.

Todo tiene un aire de artificialidad forzosa para que encaje en el propósito descalificador que les anima, haciendo que las ropas y los surcos de la estrangulación, por ejemplo, coincidan lo más posible, aunque sea a capón. Para tal fin comparan de forma increíble una foto de la garganta desnuda de la momia (foto 12) con otra foto, ya manipulada, de la momia vestida y con dientes (13), lo cual es aberrante. De las (14) y (15), cuando comparan la camisa que llevaba Prim con su cuello desnudo, hay decir que las marcas en nada se parecen. Además no por casualidad faltan aquí testigos métricos.

En ningún momento hay una exposición y análisis neutral y escrupuloso sino una interpretación arbitraria. Por ejemplo deslizan de tapadillo la justificación del olvido de la herida del codo: «Por otra parte esta lesión podría haber quedado sin reflejar en un primer momento por su menor entidad respecto a las recogidas en el hombro y una mano». En un informe médico forense deben quedar referenciadas, sin excusa, todas las heridas, mayores y menores.

Tampoco se tiene en cuenta que las dos «presuntas heridas quirúrgicas»: amputación del cuarto dedo de la mano derecha y herida incisa en la región escapular, no fueron suturadas ni curadas. Aunque deslizan a ver si cuela que «está contraindicado» suturar la de la región escapular. Prim no fue suturado porque la intención no era curarlo.

Dado que su propósito no se sostiene por la falta de hallazgos científicos, en el informe echan mano de testimonios y argumentos ajenos a la propia tarea científica que están históricamente puestos en cuestión y descartados. Los firmantes de este nuevo atentado contra los peritajes descartan que el sangrado pudiera ser letal debido a una patraña de presuntos testimonios ajenos a su especialidad.

Se pierden en explicaciones tratando de justificar lo injustificable: por ejemplo las mentiras del gobierno de 1870 cuando emite comunicados en los que dice que las graves heridas de Prim eran leves y que se recuperaba sin dificultad. Ellos firman este nuevo engendro diciendo que lo hicieron «previsiblemente para evitar la alarma social y política». ¿Qué tiene que ver esto con un informe forense? Parece otra nota más de la oficina de propaganda del gobierno.

El informe es tan descuidado y frívolo que tiene hasta una falta de ortografía garrafal: «cirujía» escrito con «j». ¿No se repasan los informes de seis forenses antes de presentarlos en un encuentro científico?

Por último, reseñar que las conclusiones de los dos informes citados no sólo no son unas resultado y ampliación de las otras, sino que no coinciden. Empezando por la relación de heridas: en el nuevo aparecen las que «no vieron» en el primer informe.

Consultada la doctora María del Mar Robledo Acinas, que hizo la única autopsia que se le ha hecho a la momia de Prim, descubriendo el verdadero mecanismo de la muerte, afirma que: «Llama la atención que la mayoría de las fotos carecen de testigo métrico lo que las convierte en fotografías “caseras” y desde luego no científicas, y el 80% de las que se plasman en el informe se han realizado con posterioridad a la manipulación del cuerpo (maquillado y con prótesis incorporadas), cualquier científico sabe que una muestra, del tipo que sea, una vez manipulada carece de valor y rigor científico, algo que estos presuntos “ilustres expertos” ignoran o desconocen».

Sobre los surcos precisa: «En la página 11, describen perfectamente los surcos del cuello, afirmando en este nuevo informe que existe un surco en la parte delantera del mismo, algo que negaron en su primer informe en el que resaltaron que los surcos del cuello no tenían continuidad».

Una precisión más: «A pesar de describir correctamente los surcos los justifican con la presión ejercida por la ropa ya que suponen, se desconoce el motivo, que el general fue vestido nada más ser embalsamado y estando el cuerpo hinchado por el proceso».

Punto importante: «Y vuelven a contradecirse en la página 16, en la que señalan que en casos de estrangulamiento criminal no habría que aplicar una gran fuerza constrictiva si el individuo está, por ejemplo, inconsciente… ¿Alguien puede pensar que el general podría estar consciente o defenderse con las lesiones por arma de fuego que tenía?»

«En la página 20, se refieren a la lesión de la espalda como una incisión quirúrgica sin suturar por estar contraindicado que se suture una incisión quirúrgica en este caso sin explicar el motivo de tal contraindicación, ya que en la época se suturaban las incisiones quirúrgicas».·

Recuerda la «bala mágica» de John F. Kennedy: «…afirman que dicha intervención se realizó para extraer un proyectil que una vez atravesado todo el cuerpo queda justo debajo de la piel, en su opinión, parece ser que no pudo atravesar la menor resistencia encontrada en su recorrido, algo que nos hace recordar a la ya famosa “bala mágica”. Si se lee el informe puede apreciarse que justifican la herida de la espalda con la del hombro pero se olvidan de explicar por qué no atraviesa la escápula, algo que sorprende ya que, por un lado el informe radiológico resalta que la escápula es normal, es decir no tiene ningún impacto por proyectiles, y al ser así, por otro lado, si se observa el orificio de entrada y el presunto de salida no se corresponden por la trayectoria, ya que el proyectil tendría que haber realizado un recorrido sinuoso y en zig-zag altamente improbable desde el punto de vista de la balística de efectos que estudia los efectos de armas de fuego en el cuerpo humano, entre otros, …».

No distinguen luxación de fractura: «En la página 22, copian literalmente que la cabeza del radio está destrozada, destrozo que los expertos llaman luxación, mostrando una vez más el presunto desconocimiento entre fractura ósea y luxación, siendo esta última un desplazamiento del hueso de su articulación».

Desconocen en qué se basa la ciencia: «Sorprende sobremanera que en la página 28, casi al comienzo de las consideraciones y evolución clínica, escriban que es de interés en la investigación médico-antropológica buscar testimonios, algo que es absolutamente acientífico, ya que precisamente la ciencia, en cualquier ámbito debe basarse en indicios, pruebas y resultados, teniendo en cuenta que este informe está encabezado como Informe Médico Legal no se justifica en modo alguno que a este apartado le dediquen seis páginas del informe, todas ellas citando testimonios de la época totalmente acientíficos».

Los firmantes: «En la conclusión número 5, insisten en justificar la versión oficial de la causa de la muerte del general Prim señalando que se han basado en la evolución clínica reflejada en numerosos testimonios, cuando las conclusiones de un informe pericial deben poder demostrarse científicamente y quedar reflejadas en el informe pericial. No es de extrañar, por tanto, que la Escuela de Medicina Legal de la UCM esté siendo investigada por un presunto delito de falsedad documental en informes periciales».

 


VÍDEO: LA AVENTURA DE LA HISTORIA – LAS DOS MUERTES DEL GENERAL PRIM


 

Documentos

ROBLEDO ACINAS, MARÍA DEL MAR; KOUTSOURAIS RODRÍGUEZ, IOANNIS JUAN – ESTUDIO MÉDICO LEGAL DEL GENERAL PRIM – REVISTA DEL INSTITUTO DE CIENCIAS JURÍDICAS DE PUEBLA A.C.

PEREA PÉREZ, BERNARDO; PERA BAJO, FRANCISCO; ANADÓN BASELGA, MARÍA JOSÉ; SÁNCHEZ SÁNCHEZ, JOSÉ ANTONIO; DORADO FERNÁNDEZ, ENRIQUE; CARRILLO RODRÍGUEZ, MANUEL FRANCISCO – INFORME SOBRE EL ESTUDIO MÉDICO-LEGAL DE LA MOMIA DEL GENERAL PRIM – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID EN COLABORACIÓN CON LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ

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