El asesinato del Federal

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Casa del Marracú, donde fue asesinado el Federal.
  • Clasificación: Asesinato
  • Características: Robo - Marracú invitó a invertir a la víctima en un negocio para asesinarlo y quedarse el dinero
  • Número de víctimas: José Delgado Guzmán, de 68 años, afable y bondadoso, conocido como el Federal, uno de los vendedores más populares del Rastro madrileño
  • Periodo de actividad: 21 o 22 de enero de 1910
  • Fecha de detención: 1924
  • Perfil de las víctimas: José Delgado Guzmán, conocido como el Federal, un afable hombre de 68 años vendedor en el Rastro madrileño
  • Método de matar: Golpe en la cabeza con un martillo
  • Localización: Ourense, España
  • Estado: Antonio Fernández Vila, conocido como Marracú, falleció el 6 de diciembre de 1924 por una tuberculosis antes de poder ser condenado
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Misterio, secuestro y asesinato del Federal

Carlos Fernández
14 de noviembre de 2017

Dentro de los muchos crímenes violentos cometidos en la provincia de Ourense en el primer tercio del siglo xx, quizás el más famoso sea el del Federal, tanto por la personalidad de la víctima como por las peripecias producidas en la detención de los asesinos. Pero hagamos un poco de historia. José Delgado Guzmán, de 68 años, conocido como el Federal, era uno de los vendedores más populares del Rastro madrileño, en cuyo número 17 de la plazuela de aquel nombre vivía. De carácter afable y bondadoso, tenía como especialidad la compraventa de ropa vieja, así como objetos de hierro y maquinaria diversa. Estaba casado con Amalla Palencia y tenía tres hijos.

El Federal - José Delgado Guzmán

José Delgado Guzmán, alias el Federal, uno de los más conocidos vendedores del Rastro.

A mediados de enero de 1919, el Federal había vendido en 50.000 pesetas dos tiendas que tenía en el Rastro. Poco después estuvo en casa a verle un sujeto al que no conocía y que dijo llamarse José López Carro y ser gallego. El Federal conversó con él largo rato acerca de un negocio de hierro y en el cual quería López una comisión. Se trataba de la compra de las maquinarias, calderas y demás efectos de hierro que existían en la antigua azucarera de Padrón y que López Carro aseguró le proponía su compra el director de este establecimiento fabril que se iba cerrar.

El negocio no le desagradó al Federal y para ultimarlo y concertar cantidad se citó con López en el café de Fornos, donde convinieron ambos en ir a Padrón para ver los efectos y poder rematar el asunto. Señalaron la fecha de partida para el 19 de enero y llegado el día se equivocaron en la hora de salida del tren y cuando llegaron a la estación del Norte aquél ya había salido.

Por no volverse otra vez a casa, López propuso tomar el tren de Asturias y apearse en León para ver otros objetos de hierro por si les convenían y de allí tomar el tren de Galicia, que saldría de Madrid el día 20. Y así hicieron. El Federal se despidió de sus familiares, entre ellos su hijo Andrés, que le habían acompañado hasta la estación, y llevando bastante dinero para la compra emprendió el viaje a León.

El Federal tenía la costumbre de guardar los billetes de Banco en un trozo de periódico y desde entonces esa había sido siempre la «cartera» del negociante del Rastro, por importante que fuese la suma que guardara en ella.

Al salir de Madrid, vestía el Federal un traje negro, botas negras de botones, calcetines verdes marcados, camisa blanca, cuello de piqué y corbata oscura. Llevaba sombrero Frégoli negro de ala pequeña. Se abrigaba con una zamarra color marrón y sobre ella llevaba un gabán color café oscuro. Por todo equipaje llevaba un portamantas con algunas prendas de ropa y un paraguas.

Extraño detalle

El individuo que le propuso el negocio y salió con él era un sujeto de baja estatura, recio de cuerpo, muy rubio, y con las piernas algo torcidas. Vestía traje de verano y en el momento de emprender el viaje era portador de un cabás con funda de tela a rayas. Un detalle extraño se había producido antes de la salida para León. Al llegar a la estación, el Federal con su familia y su acompañante en el viaje, se aproximó a ellos un sujeto a quien nadie conocía, Y dijo al vendedor del Rastro:

–¿A dónde vas, José?
–Con este señor de viaje –contestó José.
–Vas bien acompañado –respondió el desconocido y se alejó a toda prisa del grupo.

Unos cinco minutos después, el hijo y el cuñado del Federal vieron que a éste y al fingido vecino de Padrón se les unía un individuo vestido con traje azul, de los llamados de mecánico, y conversaba unos instantes. Andrés Delgado preguntó a su padre quién era aquel sujeto, a lo que contestó el Federal que se trataba de un amigo del forastero. ¿Montaron también en el tren aquellos dos desconocidos?

Lo cierto es que del Federal no se sabría nunca más. Los días pasaban y su familia cada vez estaba más alarmada, a pesar de que, dado el ritmo de vida del vendedor, había muchas veces que se pasaba varias semanas sin dar señal. Y es ya a primeros de febrero cuando el hijo del vendedor, Andrés Delgado Carro, acompañado de Andrés Palencia, presentan una denuncia en la Dirección General de Seguridad de Madrid respecto a la desaparición de aquél. Antes de presentar dicha denuncia y como la intranquilidad iba en aumento, los hijos del Federal escribieron al director de la Azucarera de Padrón, preguntándole por su padre y si el negocio se había efectuado.

La respuesta no tardó en llegar y aumentó la inquietud de la familia. Dice el director de la fábrica de Padrón que ni había pensado nunca en proponer a nadie la venta de los enseres de la Azucarera, ni tampoco nadie le había ido a hablar de semejante cosa. El alcalde de la villa dice, asimismo, que por allí no habían aparecido ni el Federal ni López Carro.

Los periódicos de Madrid pronto informan de la desaparición del Federal y que un hijo del popular vendedor se ha desplazado a León. Allí se asegura que un maquinista de la Compañía del Norte había visto en la estación al vendedor madrileño. Los periódicos gallegos dan más tarde la noticia. La Voz de Galicia, por ejemplo, lo hace el 11 de febrero en primera plana y bajo el titular «Un hombre desaparecido». Con la firma de «Siol», se dice en un párrafo:

«Cuantos intervinieron en este asunto aseguran que hay muchas probabilidades de que el mismo constituya un suceso sangriento que hace mucho ruido».

Las especulaciones se desatan. El 14 de febrero, un periódico madrileño informa de que una vecina de la capital dice haber visto el 5 de dicho mes al Federal entrar a mediodía en un bar de la calle Preciados.

El 15 de febrero llega a Santiago el hijo del vendedor y el agente de Investigación Criminal, Braulio Santos, que vienen desde Ourense practicando pesquisas para descubrir el paradero de aquel.

Se deduce de las manifestaciones que el Federal ha estado en la capital orensana y que de allí había salido para Santiago, aunque en las hojas de ruta del automóvil que hace el trayecto entre las dos ciudades no habían aparecido los nombres de aquél y de su acompañante.

Los periódicos de Madrid continúan informando de las pesquisas efectuadas para la localización del Federal. Los que más espacio dedican son El Imparcial y Heraldo de Madrid. El 17 de febrero, la prensa orensana informa de que el Federal ha estado en Monforte, en donde cambió de tren tomando el de Ourense. Este detalle está comprobado por la declaración del interventor del tren, quien lo reconoció por las fotografías que de él publicó la prensa madrileña.

Se estrecha el cerco

En vista de estas noticias, el agente de Investigación Criminal, que en unión del hijo del Federal había salido de Santiago para León, se desplaza a Ourense para continuar las investigaciones, las cuales dan por resultado que el Federal, en unión de su acompañante, tomó asiento en el automóvil que hace el servicio a Santiago, siendo insistente el rumor de que el mecánico del coche asegura que ambos viajeros bajaron en el trayecto sin que se diga el punto en que lo hicieron.

Asimismo, la familia del Federal se presenta como parte en el sumario que se instruye en Madrid por la desaparición de José Delgado Guzmán y del que ha sido nombrado procurador el señor Carrafa, y abogado Manuel Giménez Acebo. También informa la prensa orensana de la detención en León por la policía de un sujeto conocido por El Manco, dueño de una fonducha en la cual se hospedan frecuentemente forajidos y maleantes. Los periódicos madrileños siguen dedicando atención al caso y llegan a Galicia los enviados especiales de La Jornada, Trotonda; de El Imparcial, Rivera y de El Liberal, Heliodoro Fernández. El Federal sigue sin aparecer. El 13 de marzo se encuentra en Samín el cadáver de un hombre, cuyas señas coinciden con las del Federal. Está en avanzado estado de descomposición y aparece semidesnudo, prendiendo del cuello varios escapularios.

En opinión del médico forense, la muerte data de hace más de un mes. El juez que entiende en Madrid la instrucción del sumario contesta al telegrama que le envía el de Ribadavia y anuncia la salida hacia allí del hijo del Federal y de un agente de investigación criminal con objeto de identificar el cadáver. Pero efectuada la investigación, no corresponde al del Federal y el misterio continúa.

De La Roda a Mariñamansa

El tiempo pasaba y el Federal seguía sin aparecer. Todo parecía indicar que la desaparición del vendedor del Rastro madrileño se iba a convertir en un misterio más de la crónica negra española, cuando a finales de mayo aparecía en La Roda el cadáver de Antonio Expósito, el Gallego, el cual había sido asesinado por Nicolás Rodríguez (a) Valentón, vecino de Madrid.

Valentón declara ante el juez de La Roda que el Gallego había sido el autor del robo y asesinato del Federal, cuyo delito había cometido en la finca del señor Valencia, próxima a Ourense y en un punto llamado Mariñamansa, la cual llevaba en arriendo Antonio Fernández (a) Marracú, ayudándole éste en la realización del crimen.

Añadió Valentón que después de cometido el asesinato, aquellos condujeron el cadáver del Federal a una mina situada a cincuenta o sesenta metros de la casa en la que se había realizado el crimen y en la que vivía el Marracú con su familia. Estaba a un kilómetro, poco más o menos, de Ourense, en la carretera de Villacastín a Vigo y frente al punto en que de dicha carretera arranca la antigua que conduce a Celanova por San Ciprián das Viñas.

El 28 de mayo se recibió en el juzgado de Ourense un exhorto del juez de La Roda notificándole estos hechos y el día 31 del mismo mes el juez de la capital orensana, señor Marquina, con la brigada municipal, procedió a realizar excavaciones en el lugar donde se decía estaba enterrado el cadáver, cuya tierra, para evitar que fuese descubierta, había sido sembrada y labrada perfectamente.

Juez Marquina, asesinato del Federal.

El juez Marquina (en el centro, con una X) junto a sus auxiliares en el lugar en que fue encontrado el cadáver del Federal.

 

Y al fin, poco tiempo después de iniciadas las excavaciones, apareció el cadáver del Federal. Se hallaba metido en una mina de agua, tapada con hierbas y piedras. Estaba sin ropa exterior, mostrando una camiseta y presentaba un golpe dado en el lado izquierdo de la cabeza, con salida de la masa encefálica.

Dos días después llega a Ourense el hijo del Federal, junto con su abogado, Manuel Giménez Acebo, y los agentes de la brigada de investigación criminal de Madrid, señores Santos y Legaz, que identificaron el cadáver de aquél. La identificación fue posible no sólo por la ropa que llevaba, sino por la falta de algunos dientes, una verruga en un ojo y la cicatriz de una puñalada que el ropavejero había recibido en la espalda años antes.

En la reconstrucción del crimen, se calculó que el Federal llegó a Ourense, engañado por los acompañantes en el tren mixto del 21 o del 22 de enero de 1919, y si no le dieron muerte tal día, poco debió transcurrir hasta que en la aislada casa del Marracú se desarrolló la tragedia. De aquella casa, que era propiedad del farmacéutico orensano D. Carlos Valencia –que la tenía cedida al arrendatario–, faltaba Marracú desde el mes de febrero. Por informes recogidos de los vecinos, se sabe que embarcó en A Coruña para La Habana llevándose a toda su familia. Parece que en la capital cubana tenía un pariente que era encargado de una fábrica de calzado.

Investigaciones efectuadas en A Coruña descubren que, efectivamente, en esta ciudad había recalado el Marracú, como unas dos semanas después de su salida de Ourense. Le acompañaban sus hijos Sergio, de 15 años; Ludivina, de 21, y Josefa, de 23. También había venido su madre, una anciana de 74 años. Vivieron en El Pasaje.

 

La casa del Marracú - El asesinato del Federal.

La casa del Marracú. A la izquierda (marcado con una C), el lugar donde se halló el cadáver del Federal.

 

¿Quién es el Marracú?, se preguntaba el redactor de sucesos de La Voz de Galicia a primeros de junio, respondiendo: «Desde luego, un sujeto muy sereno, porque hay que advertir que, a raíz del crimen, cuando la Policía madrileña llegó a Ourense, y a su misma casa, siguiendo la pista del Federal, él logró despistarla, soportando estoico todos los interrogatorios. Y no salió para La Habana hasta que pasó el nublado».

Efectivamente, Antonio Fernández Marracú era un sujeto con malos antecedentes en la Policía, habiendo estado varias veces en presidio. El último proceso al que había estado sometido en la Audiencia de Ourense fue por amenazas e intento de robo al cura de Espinoso (Celanova).

Marracú estaba viudo y vivía con su madre y sus hijos. Aunque al dueño de la finca no le pagaba, o le pagaba mal, nunca le había inspirado desconfianza dado su aspecto humilde.

Se comprueba que Marracú embarcó en A Coruña con su familia en la noche del 22 de marzo de 1919, en el vapor Barcelona rumbo a La Habana, dando sus verdaderos nombres. Curiosamente, al día siguiente, el buque retornó a A Coruña para dejar a un gran número de polizones. Antes de salir de Ourense, Marracú había vendido todas sus pertenencias. Resultaba curioso que en una yunta de bueyes perdió 200 pesetas, que días antes le daban con ganancia.

Nuevos informes añaden que en la casa del Marracú en Mariñamansa había manchas de sangre, creyéndose que fue allí donde, en unión del Gallego, se dio muerte al Federal.

Es Marracú un tipo alto, de aspecto airoso, enjuto de carnes, de pómulos salientes, color moreno, aspecto sano, pelo y bigote negro con canas. Se añade que llevaba la blasfemia en la punta de la lengua, siendo su frase favorita «Me cago en la hostia».

Del análisis efectuado al cadáver del Federal en Ourense, se deduce que la muerte fue ocasionada por un traumatismo que destruyó la masa encefálica. Abarca el golpe toda la región temporal y parte de la parietal del lado izquierda, hundiéndola. El lóbulo izquierdo aparece destruido. Esta herida, mortal de necesidad, fue –según se cree a juzgar por la huella– producida por un golpe de marreta, uno de esos martilletes que se emplean para partir el morrillo. Tiene la herida una extensión de 15 por 12 centímetros. En la masa encefálica se vieron esquirlas de hueso. En los intestinos se encontraron trozos de carne y restos de vino, que indican que el Federal debió haber sido asesinado dos horas después de haber comido.

 

Cadaver del Federal

El cuerpo de José Delgado, conocido como el Federal, en el pozo donde fue encontrado (marcado con una X).

 

Traslado a La Habana

Parece ser que el casero que habita la finca en donde fue asesinado el Federal tenía el propósito, sabedor de la existencia del pozo, de abrir éste y utilizar el agua para regar las tierras antes de la llegada del verano. Con lo cual, aunque Nicolás Rodríguez Valentón no hubiese hecho la confesión que puso término a la desaparición del Federal, el cadáver de éste no hubiese tardado en aparecer, aunque tal vez lo hubiese sido cuando el estado de descomposición de los restos del tratante del rastro madrileño hiciera muy difícil la labor del Juzgado y acaso imposible el esclarecimiento del crimen.

el Gallego - asesinato del Federal

El Gallego, Antonio Expósito. Su cadáver apareció a finales de mayo en La Roda, Ourense. Valentón intentó inculparle del asesinato del Federal.

Las investigaciones policiales se trasladaron a La Habana. Allí se informa de que un hijo de Marracú está de camarero en el Hotel Pasaje y que su sobrino es encargado de una fábrica de calzado en Caluda del Cerro. Se confirma que Marracú embarcó utilizando documentos de aquéllos y el resto de la familia se empadronó en A Coruña, pues siendo de Ourense no hubiesen sido autorizados, ya que a los habitantes de dicha provincia les estaba prohibida la emigración a causa de la epidemia de gripe que allí había.

El 9 de junio llegó a Ourense Nicolás Rodríguez, Valentón, quien declaró ante el juez que se encarga del sumario del Federal. Dijo Valentón que el Gallego había sido el autor del asesinato, en compañía de Marracú, negando él toda participación en el hecho, afirmando que si conocía al Marracú era debido a que en varias ocasiones y siempre por mandato del Gallego, había venido a Ourense a reclamar cantidades al Marracú.

Valentón sería procesado, junto con el Marracú, Jacinta Vila, su madre, y sus hijas Ludivina, Josefa y Sergio.

Puesta en marcha la maquinaria de la Justicia, es solicitada a Cuba la extradición del Marracú y su familia. La petición llega tarde en el caso del Marracú, pues éste ha levantado el vuelo rumbo a México, de donde pasó a Estados Unidos.

La familia, en cambio, es detenida en La Habana y a principios de diciembre de 1919 llegan a A Coruña a bordo del vapor correo Reina Cristina. No viene el hijo pequeño, que sólo tenía 15 años, haciéndolo Jacinta Vila, la madre, y sus hijas Josefina y Ludivina.

Detenciones

Los redactores de los periódicos que cubren la llegada de los detenidos informaron que, tras hablar con ellas largo rato, no encontraron en sus declaraciones nuevas luces sobre el crimen. Doña Jacinta sólo sabe decir: «Non sei o que foi».

El día 4, en el tren de las siete de la tarde, saldrían las detenidas para la capital orensana. Bastante tiempo después, los periódicos gallegos publican la noticia de la detención del Marracú, nada menos, en San Francisco de California. Parece ser que Marracú había estado trabajando en varias granjas agrícolas y explotaciones mineras bajo nombres supuestos.

Desconfiando de que la policía yanqui le siguiese la pista, se internó en regiones menos habitadas y consiguió reunir una pequeña partida de bandoleros, en su mayor parte indios mexicanos dedicados al merodeo.

Perseguidos de cerca por un destacamento de policía rural, buscaron refugio en una mina abandonada. Acosados por el hambre, intentaron salir al amparo de la oscuridad de la noche, pero fueron vistos por un centinela y atacados por el destacamento que los persiguió hasta el interior de la mina, matando a unos y deteniendo a otros.

Marracú resultó con una herida de bala en el homóplato izquierdo y seccionadas las dos últimas falanges del dedo de la mano izquierda. Los detenidos fueron conducidos a San Francisco. Después de una larga peripecia, años más tarde de cometido el crimen, Marracú acaba retornando a España e ingresa en la cárcel de Ourense.

el Marracu - asesinato del Federal

Antonio Fernández Vila, conocido como el Marracú y acusado de asesinar al Federal.

El 7 de marzo de 1924, el juez de Instrucción de Ourense, señor Colmenero, efectúa una visita al teatro del crimen con asistencia de los presuntos autores del asesinato, Marracú y Valentón.

Asistieron, además, el letrado y el procurador de la acusación privada, señores Sabucedo y Alonso, el oficial del Juzgado, señor Gómez, y varios guardias civiles y agentes del Servicio de Investigación y Vigilancia.

Una vez en el lugar del suceso e interrogados por separado Marracú y Valentón, se ratificaron ambos en sus declaraciones, señalando el primero el camino que supone cruzó Valentón cuando le avisó de que en la finca del señor Valencia quedaba un hombre muerto y negando el segundo enérgicamente semejante aseveración, porque el día de autos se hallaba en Madrid, como puede demostrar, y no en Ourense.

El juez no puede obtener ningún punto de contacto en las declaraciones de ambos procesados y después de reconocer detenidamente el terreno para juzgar de la verosimilitud de las afirmaciones de Marracú, que se presentan como improbables, el señor Colmenero interroga a Antonio Fernández Vila sobre varios puntos del sumario y muy especialmente acerca de la procedencia de unas manchas de sangre que se habían advertido en el pavimento de la casa tras efectuar el primer reconocimiento en el lugar del crimen.

Marracú, que en todo el interrogatorio demostró una tranquilidad pasmosa, dijo que las manchas de sangre eran de un cerdo que había matado días antes y nombró a varios vecinos que le habían ayudado en aquella faena.

Aunque no se obtiene una prueba plena de la culpabilidad de los procesados, sí se deduce que las manifestaciones de Marracú son absurdas. El procesado usa, además, un curioso recurso: cuando ve que las preguntas comienzan a ser difíciles o comprometedoras, empieza a toser fuertemente, haciendo como que se marea. Cada vez parece más difícil probar el grado de culpabilidad o participación que en el crimen hayan tenido Marracú y Valentón.

La muerte de Marracú

La salud de Marracú comenzó a deteriorarse progresivamente. Los ataques de tos pulmonar que sufría se fueron haciendo cada vez más fuertes, acrecentados por las pésimas condiciones higiénicas de la cárcel orensana y por la mala alimentación recibida en la misma.

Examinado por los médicos, éstos emiten rápidamente su diagnóstico: Fernández Vila está aquejado de un proceso tuberculoso infiltrado en el pulmón izquierdo y que avanzaba inexorablemente.

Aun cuando lo lógico hubiera sido enviarle a una prisión en una zona de altitud elevada o internarle en un hospital, la inercia procesal hizo que continuase en la cárcel de Ourense, limitándose a ser tratado con los medicamentos clásicos de la época, que, aunque retardaron la enfermedad, no pudieron impedir su deterioro y posterior muerte. Ni aun viendo su fin cercano se decidió Marracú a ayudar a la Justicia y confesar la verdad de su participación en el asesinato del Federal, a pesar de que el juez intentó obtener varias veces tal confesión.

Internado en la enfermería de la cárcel orensana, Antonio Fernández fallecía en la mañana del 6 de diciembre de 1924.

Juicio y absolución de Valentón

Fallecido el Marracú, la causa del Federal perdió bastante interés y la instrucción se prolongó, nada menos, hasta el invierno de 1925.

Comenzó el juicio oral en la Audiencia de Ourense el 16 de diciembre. Preside el Tribunal de la Audiencia, Luis Pomar Pérez, acompañándole el magistrado de la misma, Ildefonso Vaquero Pérez; Policarpo Fernández Costa, de la de Pontevedra; Ramón Rodríguez Cadórniga, de la de Lugo, y el magistrado suplente de Ourense, Vicente Mondedeu.

Valenton - asesinato del Federal

Nicolás Rodríguez Valero, conocido como Valentón.

La acusación pública corre a cargo del fiscal, Jesús Mosquera Pimentel, magistrado de Ourense. En nombre de la viuda de José Delgado Guzmán, el Federal, y de los hijos de la misma, ejerce la acusación privada el abogado madrileño José Sabucedo Morales, asistido del procurador señor Alonso. De la defensa de Nicolás Rodríguez Valero Valentón se encarga el abogado Benito Osorio. Están citados a declarar 37 testigos, informando ocho peritos médicos.

El fiscal señor Mosquera solicita para el procesado, como reo de un delito de asesinato con agravantes de premeditación y alevosía, la pena de muerte y una indemnización de 15.000 pesetas a los familiares de la víctima. A idéntica conclusión llega la acusación particular.

–Señores –dice el señor Mosquera Pimentel–, estamos ante un caso de gran perversidad en el que un honrado vendedor del Rastro madrileño, una persona popular y querida por todos, amada por su familia, que siempre actuó con gran rectitud, difícil ciertamente en dicho ambiente, es atraído por un grupo de malhechores hasta un inhóspito lugar, dándole muerte y robándole sus dineros, enterrándole en un lugar oculto con la intención de que el asesinato quedase impune. Cierto que la responsabilidad es compartida y que los otros autores han ido falleciendo en el transcurso de la causa, pero no menos cierto es que la Justicia tiene que actuar inexorablemente con los supervivientes.

El abogado defensor, señor Osorio, se refiere a la falta de pruebas y a que la gravedad de la pena pedida por el fiscal y la acusación privada no está en consonancia con tales carencias. «La vida de una persona –dice– es un bien muy preciado para que se pueda arrebatar sin tener la plena seguridad de que el procesado es culpable.»

Uno de los hijos del Federal que asiste al juicio, dice: «Sí, la vida es un bien muy preciado, sobre todo la vida de mi padre que nunca hizo mal a nadie». El abogado acaba pidiendo la absolución para su patrocinado.

El día 23 de diciembre, el Tribunal dieta sentencia, absolviendo a Nicolás Rodríguez Valentón.

La desilusión es grande, pues la gente esperaba una condena, aunque ésta no alcanzase la pena solicitada por el fiscal y la acusación privada.

Un periódico gallego resumía este largo proceso, de casi tres años y medio, diciendo:

«Y he aquí, que después de tanta expectación que despertó el proceso del Federal, el único procesado superviviente ha sido absuelto tal y como pedía su defensor y podrá ir a pasar las Pascuas con su familia después de sufrir sobre su cabeza la angustia de la pena capital».

Se terminaba de esta extraña manera el caso del crimen del Federal que durante casi seis años había acaparado la atención no sólo de la opinión pública gallega sino también de la madrileña. No obstante la absolución de Valentón, éste seguiría de por vida cargando con la culpa del crimen, junto con Marracú y Gallego, si bien algunos acusaban a Valentón como cómplice solamente.

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