El asesinato de José Antonio Remón

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José Antonio Remón
  • Clasificación: Magnicidio
  • Características: El único magnicidio acontecido en toda la historia de Panamá
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 2 de enero de 1955
  • Fecha de nacimiento: 11 de abril de 1908
  • Perfil de las víctimas: El general José Antonio Remón Cantera, de 46 años, Presidente de Panamá
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Ciudad de Panamá, Panamá
  • Estado: Hasta la fecha se desconocen los autores y los móviles del magnicidio. Hipótesis involucran a personalidades de la política local, a la mafia italiana y a la CIA
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El asesinato de José Antonio Remón

José María Ollé Romeu – Un siglo de magnicidios (1964)

Presidente de Panamá (2 de enero de 1955)

Panamá formó parte de la República de Colombia hasta que fue separado de ella por Estados Unidos, el 3 de noviembre de 1903. El motivo de la separación fue la negativa del Congreso de Colombia a concederles la autorización para construir el Canal.

La nueva República se colocó bajo la protección de Estados Unidos a cambio de la cesión del derecho exclusivo de construir el Canal transoceánico, y ceder una faja de terreno a uno y otro lado, llamada Zona del Canal. Las obras para la construcción empezaron en 1904, y el Canal no se terminó hasta 1914.

Colombia no reconoció al principio la independencia de Panamá. Pero la presión de Estados Unidos le obligó a aceptar, mediante un tratado firmado en Bogotá en 1914, la definitiva separación de su antiguo territorio.

Desde su independencia las relaciones entre Panamá y Estados Unidos raramente han sido cordiales, y numerosas veces el gobierno norteamericano ha tenido que enviar su ejército para mantener sus posiciones de predominio en el Canal. Esto ha motivado que el sentimiento antinorteamericano, extendido entre el pueblo panameño, sea mucho más violento que en los demás países de la América latina.

El 1.º de octubre de 1940 tomó posesión de la presidencia de la República el doctor Arnulfo Arias Madrid, principal dirigente del partido nacionalista, que propugnaba el principio básico: «Panamá para los panameños.» Su política de exaltación nacionalista y de simpatía para las potencias totalitarias no fue del agrado de Estados Unidos.

Arias promulgó una nueva Constitución para su país, que alargaba el mandato presidencial y ampliaba los poderes del presidente. Su autoritarismo provocó cierta oposición al prohibir las libertades democráticas, y, preocupado también por la pureza racial, prohibió la inmigración de africanos y asiáticos a Panamá. Por otra parte reorganizó la Hacienda y los seguros sociales.

Bajo fuertes presiones norteamericanas autorizó la construcción de defensas en la Zona del Canal; pero no consintió que los buques de matrícula panameña fueran armados, aunque perteneciesen a propietarios norteamericanos.

La situación internacional no permitía al presidente Roosevelt tolerar, en una zona de vital importancia para su país, un gobierno que no colaboraba plenamente con las potencias aliadas. En octubre de 1941 un pacífico golpe de Estado, organizado por Estados Unidos, expulsó del país al presidente Arias.

El nuevo presidente, Ricardo A. de la Guardia, cooperó plenamente con la política norteamericana, lo que le permitió afianzarse en el poder. Autorizó el armamento de los barcos mercantes norteamericanos, y el 9 de diciembre declaró la guerra a las potencias del Eje. Con la autorización del presidente, el ejército norteamericano construyó varias bases en territorio panameño, para una mejor defensa del Canal.

Ricardo A. de la Guardia se mantuvo en la presidencia hasta junio de 1945, en que, después de una breve e incruenta crisis política, el Congreso Constitucional eligió presidente a Enrique A. Jiménez.

El nuevo gobierno autorizó el regreso de Arias; pero el partido político de éste, llamado Partido Revolucionario Auténtico, fue obstruido por el gobierno de Jiménez.

El problema más grave planteado durante este período lo constituyó el deseo norteamericano de conservar catorce zonas defensivas de las ciento treinta y cuatro que había fortificado durante la guerra, fuera del territorio del Canal. Después de largas negociaciones y numerosos disturbios, Estados Unidos aceptó retirar todas sus tropas de la Zona del Canal, abandonando el territorio panameño antes del mes de febrero de 1948.

Al avecinarse la fecha de las elecciones, el presidente Enrique Jiménez intentó hacer retirar a los candidatos del Partido Revolucionario Auténtico, basándose en que conspiraban contra la seguridad del Estado. Celebradas las elecciones, el Tribunal Supremo dio el triunfo a Arias; pero el Jurado de Elecciones proclamó presidente al candidato gubernamental Domingo Díaz Arosemena.

Arias se refugió en Costa Rica e intentó invadir Panamá; pero el gobierno de Costa Rica le arrestó, acusándole de preparar un ataque a Panamá desde territorio costarriqueño.

Todos estos cambios estaban influidos por el coronel José Antonio Remón, jefe de la Guardia Nacional, especie de policía y ejército a un tiempo y la única fuerza armada del país. Desde 1947 ocupó Remón este importante cargo, y muy pronto fue conocido como el «hombre fuerte» del país.

El presidente Díaz Arosemena falleció en agosto de 1949, y le sustituyó el vicepresidente doctor Chanis. El coronel Remón no aceptó al nuevo presidente y amenazó con atacar el palacio nacional si el presidente Chanis no dimitía.

Al dimitir Chanis, Remón nombró presidente a Chiari; pero la Asamblea no le reconoció, promoviéndose disturbios callejeros. Para solucionar la crisis el coronel Remón se alió con Arias, y éste ocupó la presidencia de la República.

De nuevo en el poder, Arias intentó renovar su política autoritaria y nacionalista, que fue observada con disgusto por Estados Unidos. El nuevo régimen se impuso en el país a costa de una fuerte represión, especialmente entre los elementos sociales de tendencias avanzadas.

El presidente intentó de nuevo restaurar la Constitución antidemocrática de 1941, aboliendo al mismo tiempo la Asamblea Nacional. El coronel Remón no aceptó estos cambios constitucionales y entregó el poder a Alcibíades Arosemena.

Arias se negó a aceptar la nueva situación, refugiándose en el palacio nacional. La policía asaltó el palacio y detuvo a Arias. El 25 de mayo el doctor Arias compareció ante la Asamblea y ésta le declaró culpable de abuso de autoridad, inhabilitándole para el ejercicio de cargos públicos.

El nuevo presidente, Alcibíades Arosemena, era sólo una figura detrás de la cual se encontraba Remón, jefe de la Guardia Nacional.

El 1.º de octubre de 1952 el coronel Remón depuso a Alcibíades Arosemena y se nombró presidente de la República, pasando a ejercer públicamente las funciones que de hecho desempeñaba desde hacía algunos años. Prueba de ello es que en los cuatro últimos años hubo cinco presidentes en Panamá, de los cuales sólo uno había sido elegido. Los otros cuatro habían sido llevados al cargo por la Guardia Nacional y por ella depuestos cuando Remón lo creyó oportuno para sus intereses.

El presidente Remón, anticomunista convencido, estrechó las relaciones de amistad con Estados Unidos. Su gobierno fue uno de los que mantuvieron mejores relaciones con el gobierno norteamericano desde el año 1923.

El 2 de enero de 1955, durante un coctel con que el presidente celebraba la victoria de uno de sus caballos, Valley Star, obtenida en la última carrera celebrada en un hipódromo, unos desconocidos dispararon contra él. La reunión tenía lugar en el bar del hipódromo, y los atacantes le dispararon desde las pistas, amparados en la oscuridad.

En los primeros momentos los que acompañaban al presidente creyeron que se trataba de fuegos artificiales. José Antonio Remón cayó al suelo, y los agresores, aprovechando la confusión de los primeros instantes, lograron huir.

También fueron muertos en el ataque dos hombres de la guardia personal del presidente y herido el propietario de ganado Antonio Anguizola, millonario amigo personal de Remón. Herido gravemente, el presidente fue trasladado al hospital de Santo Domingo, donde fueron inútiles todos los esfuerzos para salvarle la vida.

Inmediatamente de conocerse la noticia del fallecimiento juró el cargo de presidente Guizado, el antiguo vicepresidente. La Asamblea Nacional suspendió todas las garantías constitucionales e impuso la ley marcial por un período de treinta días.

La noticia de la muerte del presidente no produjo en el país ningún intento de derrocar al gobierno, lo que fue interpretado por los observadores políticos como una prueba de que el ataque contra el presidente no formaba parte de ningún plan revolucionario.

Las investigaciones de la policía dieron por resultado lo detención del autor material del hecho, el abogado Rubén Miro, que declaró ante la Asamblea Nacional haber actuado con la complicidad del actual Presidente Guizado. Éste había prometido a Rubén Miro el cargo de ministro de Justicia si realizaba el atentado, lo que le permitiría pagar las numerosas deudas de juego que habla contraído. La Asamblea Nacional depuso a Guizado y le procesó, condenándole a ocho años y ocho meses de prisión, por su complicidad en la muerte del presidente Remón.

La causa del atentado fue la ambición personal del vicepresidente Guizado, que deseaba ocupar la presidencia para aprovecharse de las ventajas económicas del cargo, aunque también estuvieron mezclados en el suceso dos cadetes de ideología nacionalista, enemigos de la política de sumisión a los intereses norteamericanos preconizada por Remón.


El asesinato de José Antonio Remón Cantera

Panamá Vieja Escuela

2 de enero de 2014

El asesinato de José Antonio Remón Cantera fue el único magnicidio acontecido en toda la historia de Panamá. A pesar de todo el tiempo que ha pasado y las investigaciones realizadas en su momento, nunca ha quedado esclarecido quiénes fueron los autores reales del crimen.

Los hechos

Muchos sabemos que José Antonio Remón fue muerto a tiros en el antiguo hipódromo Juan Franco, pero pocos saben cómo se dieron los hechos de aquel fatídico 2 de enero de 1955. El entonces presidente de Panamá festejaba junto a unos amigos y sus guardaespaldas la victoria de uno de sus caballos (de nombre Valley Star) en el palco presidencial de la Casa Club, del Hipódromo Juan Franco, en el Clásico de Año Nuevo.

Dieron las 7:30 pm y de pronto se escuchó el sonido de ráfagas de bala. Los proyectiles impactaron el riñón derecho, la aorta abdominal, la vena cava inferior y el intestino grueso de José Remón.

El presidente cayó al suelo con su guayabera teñida de rojo, y junto con él murieron Danilo Souza y el detective José M. Peralta. A eso de las 9:20 pm fallece José Antonio Remón Cantera, de 46 años, en el Hospital Santo Tomás.

Se dice que los disparos provenían desde unos papos que decoraban el perímetro del hipódromo, y la sorpresa del ataque fue tal que los escoltas de Remón apenas tuvieron tiempo de reaccionar y responder a los disparos.

Luego de la muerte del presidente José Antonio Remón, el gobierno decretó tres días de duelo nacional y se suspendieron las garantías constitucionales por unos 10 días.

A los 11 días de ocurrido el homicidio, se inculpó al abogado Rubén Miró, quien confesó ser el autor material y a la vez acusó al primer vicepresidente José Ramón Guizado (quién tomó posesión del cargo presidencial al día siguiente del asesinato) como el autor intelectual. La Asamblea Nacional ordenó que Guizado fuera separado de su cargo, y fue en marzo de ese año que se le juzgó y condenó a prisión.

Respecto a Miró, más adelante se retractó de las declaraciones que lanzó inicialmente, y fue absuelto a los dos años (1957) de su confesión por un jurado de conciencia tras nuevas pruebas. A los pocos días de que Miró fuera puesto en libertad, se liberó a Guizado. Así es como se cierra este ciclo, sin que nunca se atraparan a los verdaderos responsables.

Se han dicho muchas teorías sobre la muerte de Remón. Que fue muerto por miembros del Partido Panameñista como venganza por el golpe de estado de 1951, que las mafias relacionadas al capo Lucky Luciano tuvieron algo que ver, que la CIA lo mandó a matar para enviar un mensaje a los dictadores que en esa época gobernaban en Latinoamérica, e incluso hay quienes afirman que fue ejecutado por patriotas que veían venir una dictadura militar con Remón como líder.

En cuanto a José Ramón Guizado y Rubén Miró, el primero pasó el resto de su vida (hasta su muerte el 2 de noviembre de 1964) divulgando su inocencia, mientras que Miró fue asesinado el 31 de diciembre de 1969, en circunstancias idénticas a las de José Antonio Remón Cantera: desconocidas.


El caso Remón, 60 años después

Oscar Castaño – Prensa.com

2 de enero de 2015

Hoy, hace 60 años, asesinaron al presidente de Panamá, José Antonio Remón Cantera. Hasta la fecha se desconocen los autores y los móviles del magnicidio. Hipótesis involucran a personalidades de la política local, a la mafia italiana y a la CIA.

La muerte de José Antonio Remón Cantera antecedió el derrocamiento de su sucesor, el vicepresidente José Ramón Guizado. Su defensor Carlos Iván Zúñiga calificó este segundo hecho como «un golpe de Estado parlamentario».

Expertos consideran que el asesinato de Remón es el hecho más trágico de la historia del país, después de la invasión del 20 de diciembre de 1989.

El enigma Remón Cantera

Alguien se tomó la molestia de arrancar ciertas páginas de los periódicos tras el magnicidio de José Antonio Remón Cantera. De los diarios preservados en la Biblioteca Nacional desaparecieron reportajes o se volvieron ilegibles precisamente aquellas noticias con información sobre la muerte del presidente de la República hace hoy 60 años. El 2 de enero de 1955.

En la Plaza 5 de Mayo casi nadie recuerda a Remón Cantera, sobre todo los panameños de menos de 50 años. «¿Ve tú a sabeh?», dice Alexander Collins. «Solo sé que lo mataron, pero hasta ahí», manifiesta María Pinzón. En el parque Omar las cosas no son muy diferentes. Un señor adulto en un cinco de jugar fútbol cree: «Suplente de ‘Cascarita’ Tapia». Una madre chic de unos 35 años y de compras en Multiplaza, abre los ojos ante la pregunta inesperada y arriesga: «Me parece que un presidente de acá».

La historiadora Ana Elena Porras denuncia la desaparición de audios y las actas con las deliberaciones de la Asamblea Nacional para condenar a varios años de prisión al sucesor de José Antonio Remón Cantera. Es decir, el primer vicepresidente, el ingeniero José Ramón Guizado.

«Las grabaciones del juicio en la Asamblea, todas las exposiciones, fueron eliminadas. No queda nada. La gente de poder con acceso a esos documentos los eliminaba».

Revela un hecho típico de mafia a raíz de la publicación de un libro con información pormenorizada del magnicidio y la «infamia» padecida por Guizado. «El libro El extraño asesinato del presidente Remón fue escrito por Guizado durante sus tres años de prisión. Se imprimieron mil ejemplares en 1962, y María Paredes [esposa de Guizado] los distribuyó en las librerías Preciado y Cultural, y se sabe que en muy pocos días fueron comprados o retirados».

El 2 de enero de 1996, el abogado Rodrigo Noriega comenta un hecho sin alteraciones 18 años después. En su columna titulada «Remón» y publicada en el diario La Prensa dice: «Para historiadores y curiosos el caso Remón sigue generando atención más de cuatro décadas después».

El periodista Juan Luis Batista, en su relato publicado en el Suplemento Extracentenario, distribuido en noviembre de 2003, se remite a un comentario de John O’Donnell, del Daily News Capitol: «Si realmente el crimen de Remón se esclareciera algún día, podríamos leer una de las más espeluznantes novelas del crimen internacional».

Tanto silencio y tanta desaparición de pruebas para esclarecer lo que pasó con Remón Cantera solo se comparan con los misterios del caso John F. Kennedy.

Ambos crímenes suceden cuando los dos mandatarios ejercían el poder. Según Porras, el asesinato de Kennedy «también tiene su chivo expiatorio, que es Lee Harvey Oswald, involucra a la CIA y se habla de conspiración».

Gran parte de la opinión estadounidense está convencida de la participación de la mafia italiana.

Rasgos parecidos tiene el caso Remón Cantera, más la hipótesis de resultar de una trama política local. Quizás todos a una. En el magnicidio del mandatario panameño hace bulla el gánster italiano Lucky Luciano, pero también resuena el buró de inteligencia de Estados Unidos, la CIA. De acuerdo con Noriega, esa corporación estaba «interesada en despachar a Remón por su nacionalismo» y porque podía «hacer de Panamá un país más independiente».

El mandato de Remón estuvo antecedido de la inestabilidad política del país. Panamá tuvo cinco presidentes en un período en el que debió gobernar uno, comenta el politólogo Carlos Guevara Mann.

El último de los presidentes depuestos, Arnulfo Arias, tenía un supuesto ánimo revanchista contra José Antonio Remón porque sin su aporte «no hubiera sido posible el último golpe de Estado».

Una teoría adicional dice que el abogado Rubén Miró, sobrino de Arnulfo Arias, disparó contra el presidente por el motivo particular de evitar su transformación en un dictador al estilo Anastasio Somoza, de Nicaragua.

«Rubén lo mató, lo hizo él solo», afirma Guillermo Sánchez Borbón. El escritor conoció a Miró y fue un joven revolucionario entre los 20 y los 30 años cuando Remón Cantera saltó de la Policía Nacional a la política y se volvió «uno de los hombres más respetados de la región», capaz de llevar a Estados Unidos a revisar los tratados canaleros y de pronunciar una sentencia que trazó un rumbo nacional: «Ni millones ni limosnas: Queremos justicia».

El arquetipo

Hugo Chávez llegó al poder tal cual sucedió 47 años atrás con José Antonio Remón Cantera. El panameño quizás constituye el primer caso latinoamericano de un agente de trayectoria en las fuerzas militares involucrado en golpes de Estado, y que más adelante accedió al poder a través de las urnas.

«En la Policía se lo consideraba un hermano», comenta un panameño experto en José Antonio Remón Cantera. La fuente se reserva el nombre.

Remón encarna también al primer «Hombre Fuerte de Panamá», un arquetipo moldeado para imponerse en la disciplina castrense, con alcance en los sectores económicos y políticos. «La base de su poder se hallaba en la Policía» y una vez llegó a la Presidencia «impuso un estilo autoritario con un control bastante rígido sobre todo el acontecer nacional», detalla Guevara Mann.

Era tal la voz de mando, que en la década convulsa de 1945 a 1955 nada se estremeció en las masas populares. Tras el magnicidio, nadie se atrevió a disparar un biombo. En cambio, en países vecinos los asesinatos de líderes políticos desencadenaban cientos de miles de muertos y toques de queda y odios sempiternos, como pasó con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en Colombia.

En Panamá todo seguía igual porque su mandatario tenía el poder desde antes de ocupar el Palacio de las Garzas. «Se favoreció con el despojo de los derechos políticos de Arnulfo Arias», señala Guevara Mann. Se impuso sobre Roberto F. Chiari apoyado por los partidos Liberal y Demócrata, el PRI y el Frente Patriótico.

Remón ganó tras amalgamar en torno suyo a la Coalición Patriótica Nacional y gobernar en un principio con un Gabinete repartido en cuotas iguales.

En el punto de partida del Gobierno, el libro de Guizado enumera los candidatos a la sucesión: Bolívar Vallarino, jefe de la Guardia Nacional; Inocencio Galindo, ministro de Obras Públicas; Temístocles Díaz, titular de Agricultura y Comercio; Mayor Alfredo Alemán, jefe de Hacienda; Ricardo Arias Espinosa, segundo vicepresidente; Mario de Diego, gerente del Instituto de Fomento Económico; y Ernesto de la Guardia Jr.

Según el libro, en las vísperas del magnicidio la baraja se redujo a tres figuras: Díaz, de la Guardia Jr. y el autor de la obra.

Complot

Batista en su artículo recuerda cómo el presidente panameño, una noche antes de caer muerto el 2 de enero de 1955, «había manifestado en la comandancia de la Guardia Nacional» ante sus ministros de Estado, jefes de guardia y amigos personales «no continuar ni un minuto más después de cumplir el período constitucional». Este vencía el 1 de octubre de 1956.

Pero era tarde para ese anuncio. Los dados habían caído ya sobre la mesa. Al otro día, en el Hipódromo Juan Franco, a las 7:30 p.m., ráfagas de ametralladoras y descargas de pistolas calibre 38 y 45 se llevaron por delante a José Antonio Remón Cantera. Dos balas penetraron en su tórax para morir pasadas las 9:00 p.m. en el Hospital Santo Tomás.

Casi al mismo tiempo, un agente de la Policía panameña detuvo a Irving Martin Lipstein en el aeropuerto de Tocumen. El matón favorito de Lucky Luciano partía para México donde residía y sobrevivía como profesor de educación física y con los trabajos hechos para la mafia italiana de Nueva York. Recobró la libertad gracias a una orden por escrito y sin firma emitida por un alto funcionario.

Asesinó años más tarde al fundador de los casinos de Las Vegas, Benjamin Bugsy Siegel.

La presunta participación de Lipstein quizás explique la teoría del complot internacional. Durante las negociaciones del llamado Tratado Remón–Eisenhower, los Estados Unidos impusieron a su contraparte la reducción drástica del tráfico de estupefacientes. Esta condición le dejó poco margen de maniobra al mandatario panameño, pues el estadounidense Larry LaRae Pippin en su obra La era Remón hace un recuento del supuesto prontuario criminal del presidente.

Guevara Mann comenta a propósito del libro: «Aquí la Policía en las décadas de 1930 y 1940 estaba en mancuerna con sectores ilícitos. (…) Había la protección del contrabando de diversos tipos. (…) Era la época de la violencia de Colombia donde creció el tráfico de armas».

La obra de Pippin, sostiene Betty Brannan Jaén en una opinión vertida en este diario el 5 de febrero de 2012, omite completamente la posibilidad de que el Gobierno de Estados Unidos -fuera por medio de la CIA o de otros actores- haya tenido responsabilidad o complicidad en el asesinato.

Producto de un complot internacional, de un impulso de alguien como Miró, o de un ajuste de cuentas propio del bajo mundo, los determinadores del magnicidio fallaron en su cálculo en cuanto a qué hacer con el primer vicepresidente.

José Ramón Guizado asumió el mando en la madrugada del 3 de enero de 1955 en la comandancia de la Policía Nacional, sostuvo el Gabinete ministerial heredado de su antecesor, estuvo en sus honras fúnebres, le habló por la radio días después al país para asegurarle que el programa de gobierno seguía intacto, y entonces fue depuesto, detenido y condenado tras la declaración de Rubén Miró. El abogado se inculpó y acusó a Guizado de ordenar el asesinato de José Antonio Remón Cantera.

Entonces Guizado, a través de su abogado Carlos Iván Zúñiga, en su defensa en la Asamblea Nacional, fue derribando las pruebas tenidas por ciertas desde antes de la condena. Pero más que nada la tesis de Zúñiga se decantó en demostrar que se dio un golpe de Estado parlamentario, asegura Porras.

De acuerdo con el defensor, el juez de Guizado en su calidad de vicepresidente era la Corte Suprema de Justicia y no la Asamblea, pues los delitos endilgados sucedieron antes del acceso del acusado a la Presidencia de la República.

Porras y Sánchez Borbón concuerdan en calificar el magnicidio como el «suceso más trágico de nuestra historia, superado por la invasión del 20 de diciembre de 1989». Los dos hechos tienen algo en común: Nadie se hace responsable de lo ocurrido, hasta el día de hoy…


Lipstein tiró contra Remón

Oscar Castaño – Prensa.com

4 de enero de 2015

Todo indica que fue el Sindicato Nacional del Crimen. La organización quería sostener su poder. 60 años después, nada está escrito sobre piedra.

Los disparos letales contra José Antonio Remón Cantera le ocasionaron la pérdida de dos litros de sangre, le rompieron la vena cava interior y la aorta abdominal, y le hirieron el riñón derecho y el colon. Una ilustración confidencial del médico forense muestra cómo dos proyectiles penetraron en el cuerpo del mandatario, con lo cual se desvirtuó la teoría oficial de que una sola bala produjo el magnicidio.

La muerte de José Antonio Remón sucedió a las 9:30 p.m., dijo un médico del Hospital Santo Tomás donde atendieron al mandatario desde antes de las 8:00 p.m. El pueblo panameño rodeó el hospital, y salvo el vicepresidente José Ramón Guizado y unas cuantas figuras políticas, el gabinete ministerial, magistrados de la Corte Suprema y los altos mandos de la Policía esperaron el desenlace definitivo en la Comandancia de la Guardia Nacional.

El protocolo de la autopsia practicada a las 10:30 p.m. por el médico forense Luis B. Casco enuncia los códigos generales de la víctima. «Nombre: José Antonio Remón Cantera. Sexo: masculino. Raza: blanca. Residencia: Presidencia de la República. Muerto: 9.30 p.m, enero 2/1995. Ocupación: Presidente de Panamá». Y describe las condiciones externas del finado. «Cadáver de un hombre blanco, poco más o menos de 46 años. Rigidez cadavérica ausente. Condiciones de la nutrición general, buenas. Piel pálida. Sistema piloso desarrollado. Abundante tejido adiposo. El abdomen abultado. Nada especial en las extremidades».

Excepto «la rigidez» y la «piel pálida», esta parte del protocolo coincide en varios puntos con la descripción vívida de Gloria Guardia en su novela Lobos al amanecer. «Chichi, en lo físico, era más bien bajo, de barriga abultada, triple papada y facciones aniñadas que se confundían entre kilos y otras protuberancias de grasa».

Guardia relata cómo «Chichi» no es que fuera un exponente de su raza ni un amante de gustos suculentos, ni un caballero encantador, ni un pensador de sabiduría milenaria. Al contrario, «sus aficiones» eran de las «más trilladas». Boxeo, golf, hípica y trago.

Con el tiempo se refinó un tanto y le tomó gusto a beber champaña con hielo en vasos de high-ball. Gloria Guardia remata: «El jefe era un militar como muchos otros de Latinoamérica, y como tal sus principales características eran la consabida ordinariez, la astucia y la prepotencia».

Sobre todo la astucia, que en Panamá llaman «juegavivo» y que fue suficiente para que alguien así, vestido de esmoquin, pudiera bailar con la reina Isabel II de Inglaterra en su visita al país en 1952, o para hacer de la firma del tratado con Dwigth Eisenhower una causa nacionalista.

En las negociaciones con Estados Unidos, recuerda el politólogo Carlos Guevara Mann, el Presidente logró alinear detrás de él a los más selectos abogados y políticos poderosos. Fue el caso de Ricardo J. Alfaro, «acaso el jurista más distinguido del país en el siglo XX», o del expresidente Harmodio Arias, «adversario acérrimo siempre del militarismo».

La audacia del mandatario quedó de manifiesto en las negociaciones. La más notoria señal fue la vez en la que proclamó: «Ni millones ni limosnas, queremos justicia». Frase inapropiada siendo que las conversaciones debían tener un curso amistoso para modificar cláusulas económicas en torno del Canal.

En esos meses disminuyó la persecución del comunismo en Panamá. Guillermo Sánchez Borbón «era un comunista más» y recuerda su denuncia en el diario de Arias del asesinato de dos activistas en Bocas del Toro. «El periódico dio un gran despliegue y puedo asegurar que una vez publicado, Remón advirtió a un agente de la Guardia Nacional que “al que se meta con él [Sánchez Borbón], lo jodo”».

Cecilia Pinel, primera dama de Panamá, se convirtió en un problema para el Presidente. Un avión militar regresó a «Ceci» de Estados Unidos porque fue interceptada en un aeropuerto con una valija con dos kilos de cocaína. Pero en especial porque según el Chicago Daily News, la «señora de Remón llegó a ser la voz de su pueblo cuando acusó en la Conferencia Internacional de Caracas a Estados Unidos de “criadores del comunismo” en el Canal de Panamá, al pagar salarios desiguales entre los panameños y los yanquis».

Sobre el ascendente tráfico de drogas desde y por Panamá, la revista Bohemia en un reportaje sensacional publicado en agosto de 1955 comentó la visita «de incógnito» al país, el 2 de diciembre de 1954, del presidente del Comité contra actividades subversivas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el legislador Harold Velde. Permaneció 15 días en Panamá.

Bohemia enuncia dos hipótesis del viaje. «El plan contra los traficantes de drogas que operan desde Panamá, o porque dichos traficantes se enteraron por sus mismos medios ilícito-inquisitivos, de los decididos propósitos de Remón en narcóticos».

El tratado debía firmarse menos de un mes después de la partida de Velde. El 12 de enero, José Antonio Remón Cantera suponía su consagración tras una faena político-militar de 25 años. Al parecer desestimó la información allegada a él sobre el atentado por fuentes diferentes del diputado Hugo Torrijos y del padre Carlos Pérez Herrera.

Guizado dijo en su libro El extraño caso del presidente Remón que en las oficinas de la Corporación de Ingeniería S.A., años después del magnicidio, Pérez Herrera le aseguró que «el señor René Betancourt le había informado a Remón sobre el atentado. (…) Betancourt falleció hace algún tiempo y era de reconocida filiación política panameñista».

La tarde

Gloria Guardia recuerda en su libro cómo antes de las tres ráfagas en el Juan Franco, la tarde transcurría «fulgurante, espléndida, y la brisa, la que suele anunciar la llegada del verano, soplaba contra la bahía». El Presidente iba en el asiento trasero de su Cadillac rumbo al hipódromo, para ver la última carrera de aquella jornada hípica.

Su yegua ‘Valley Star’ debía correr y ganar la manga número 11, pasadas las 7:00 p.m., precisamente cuando las luces frente al palco presidencial resplandecían y alcanzaban a enceguecer la vista de los apostadores. Y también cuando había cambio de guardia y la seguridad del presidente Remón se hacía vulnerable.

El triunfo de ‘Valley Star’ cerró la noche y desencadenó los sucesos fatales en el palco del Club House. Se encendieron las luces y se escuchó una ráfaga de ametralladora que los presentes confundieron primero con fuegos pirotécnicos. Pero el Presidente alcanzó a corregir y dijo «estos no son cohetes» al ver el estallido de los vasos y las botellas.

Peralta, guardaespaldas del Presidente, no alcanzó a protegerlo con su cuerpo, pues fue impactado por la espalda. El diario La Hora en su edición del 6 de diciembre de 1957 en un artículo titulado «De adentro y de afuera tiraron el 2 de enero», tuvo en cuenta un análisis del abogado Juan Felipe Escobar para decir que «el heridor de Peralta debería estar detrás de él, o sea por donde está la cantina interna del Club House. Este dato no se investigó e indicaba que Peralta había sido muerto por alguien que estaba dentro del Club».

El dato comprueba entonces lo que por años intentaron ocultar la Guardia Nacional y la Asamblea Nacional. Basadas en la autoinculpación de Rubén Miró -abogado que en un principio se atribuyó los hechos y responsabilizó a Guizado de ordenar el magnicidio- la Guardia y la Asamblea sostuvieron siempre que a Remón Cantera lo mató un proyectil de una ametralladora alemana Schmisser disparada desde los papos y los jardines delante del palco. Se cuidaron de omitir la ilustración del tórax del mandatario con dos orificios en su parte derecha: uno inferior, consecuencia en efecto de una Schmisser, y otro superior, de trayectoria descendente y resultado de pistola.

Hicieron caso omiso de testimonios de otras personas, no necesariamente testigos ubicados en el teatro de los hechos, acerca de tres hombres vestidos de negro en veloz carrera por las afueras del Juan Franco hasta perderse en la noche.

Según un informe de la Policía Secreta, las hermanas Melo, jubiladas del Magisterio Nacional, residentes en una vivienda contigua al Juan Franco, atestiguaron «haber visto poco después de las 7.30 p.m. del 2 de enero a un hombre corriendo que venía del hipódromo; pasó cerca de la casa de ellas y se guareció brevemente en el zaguán». Sus señas, según las Melo, correspondían a las del matón preferido de Lucky Luciano: Martin Irvin Lipstein.

El 17 de diciembre, Lipstein se embarcó en Veracruz, México, en un vapor italiano de carga. La nave en su recorrido atracó en los puertos del golfo de México y de Estados Unidos. Después fue a Cuba, en un tiempo en que el Sindicato Nacional del Crimen hacía fiestas en la isla. Siguió a Puerto Rico y después llegó a La Guayra, Venezuela, muy temprano, el 2 de enero de 1955.

Italia debía ser el destino final del vapor. Pero Lipstein abandonó el itinerario porque se sentía enfermo y compró un tiquete aéreo en Pan American Airways rumbo a México y con escala en Panamá. Llegó a este país a las 4:00 p.m. y según Guizado «se transporta en bus a la Zona del Canal». Al rato se aparece por La Boca y sobre las 7 p.m., le dice a alguien que quiere ir a las esclusas de Miraflores».

Al sujeto lo capturaron más de dos horas después en el aeropuerto de Tocumen. Bohemia describió al número uno de Luciano en el momento de ser interceptado. «Joven norteamericano de ascendencia hebrea y apellido Lipstein. Sucio, desastrado, con la ropa manchada de barro, infundió sospechas a la policía de servicio. Se procedió a su arresto cuando iba a abordar un avión».

Más adelante dice: «Durante varios días permaneció detenido, hasta que fue arrestado [Rubén] Miró, y durante el tiempo de detención fue sometido a interrogatorios y a la prueba de parafina para hallar huellas de pólvora en sus ropas y en sus manos».

La inculpación de Miró y luego su acusación directa a Guizado como autor intelectual propició el «golpe de Estado parlamentario» en contra de este tras haber ascendido al poder en la madrugada del 3 de enero en la Comandancia de la Guardia Nacional.

Al poco tiempo Miró se retractó de su acusación, pero fue insuficiente porque se condenó al vicepresidente y de esta manera validó el ascenso de Ricardo Arias. Pasaron los meses y el 20 de julio de 1955 el diario La Estrella de Nicaragua recogió la declaración de Lipstein luego de caer en manos de las autoridades mexicanas. Dijo haber «participado en el asesinato del coronel José Antonio Remón haciendo a numerosas personas del mundo oficial panameño cómplices del atentado que costó la vida de aquel magistrado. No fue por política».

La revelación concuerda con una nota del semanario La Opinión publicada el 12 de marzo de 1957. En ella Miró sentenció: «Al jefe de la banda de los que tiraron en Juan Franco lo dejaron ir: está muy lejos y se llama Irvin Lipstein».

Rubén Miró en su momento se retractó de sus acusaciones. Apareció muerto el 31 de diciembre de 1969.


José Antonio Remón

Wikipedia

José Antonio Remón Cantera (Panamá, 11 de abril de 1908 – ibídem, 2 de enero de 1955) fue un militar y político panameño. Fue Presidente de Panamá desde el 1 de octubre de 1952 hasta el 2 de enero de 1955, cuando fue asesinado en un hipódromo de la ciudad de Panamá.

José Antonio Remón estudió en la Academia Militar de México, donde recibió en 1931 el título de oficial de caballería. En 1947 se constituye Jefe de la Policía Nacional y su presencia provoca en 1949 una inestabilidad política con la renuncia de Daniel Chanis Pinzón y provocó el derrocamiento de Arnulfo Arias Madrid en 1951.

Al asumir como Presidente Constitucional de Panamá, adoptó una política proestadounidense provocando represiones a grupos comunistas y partidos políticos de oposición, además de militarizar la Policía Nacional que se convertiría en la Guardia Nacional, con el apoyo de Estados Unidos. En 1953 negoció con el presidente Dwight Eisenhower una serie de arrendamientos en el Canal de Panamá y que tendrían el nombre de Tratado Remón-Eisenhower, no obstante fueron firmados poco después del asesinato de Remón.

Las circunstancias de su asesinato no están claras. Se preveía que un estadounidense llamado Martin Irving Lipstein era el asesino, posteriormente el abogado Rubén O. Miró había confesado el crimen, pero poco después las investigaciones arrojaron la complicidad al sucesor de Remón, José Ramón Guizado, quien fue procesado de igual manera.

Recientemente se desclasificaron documentos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) que revelan que Remón pudo haber sido asesinado por órdenes del famoso capo de la época Lucky Luciano, debido a una disputa que lo involucró en un embarque de heroína y whisky que Remón, según se alega en la investigación fechada en noviembre de 1957, les decomisó en un muelle en Colón a la organización de Luciano.

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