El asesinato de Humberto I

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Humberto I de Italia
  • Clasificación: Magnicidio
  • Características: Humberto I fue asesinado por el anarquista italo-americano Gaetano Bresci, que quería vengar a las personas que murieron durante la Masacre de Bava-Beccaris
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 29 de julio de 1900
  • Fecha de nacimiento: 14 de marzo de 1844
  • Perfil de las víctimas: Humberto I de Saboya, de 56 años, rey de Italia
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Monza, Italia
  • Estado: Gaetano Bresci fue condenado a cadena perpetua y murió menos de un año después, por suicidio o asesinado por los guardas
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El asesinato de Humberto I

José María Ollé Romeu – Un siglo de magnicidios (1964)

Rey de Italia (29 de julio de 1900)

La Italia de Humberto I es un país que acaba de realizar la unidad nacional y se enfrenta con una serie de nuevos problemas. Para solucionarlos sólo cuenta con los mediocres medios que puede proporcionar una nación necesitada y superpoblada.

Existe en el país una oposición entre el norte y el sur. El primero, orientado hacia la Europa industrial, posee el predominio de la burguesía, que industrializa el país y moderniza su agricultura. El sur, dominado por los latifundistas, permanece en sus estructuras arcaicas, de modo que miles de campesinos se ven obligados a emigrar para poder alimentar a sus familias.

Otro problema es la intervención de los partidos políticos en el gobierno de la monarquía constitucional. A pesar de la Constitución y de las grandilocuentes declaraciones de los principales dirigentes políticos, la democracia italiana es bastante posterior al reinado de Humberto I. La corrupción y el fraude en las elecciones, organizadas por el gobierno, es un sistema bastante corriente en aquella época.

La monarquía constitucional se apoya en dos grupos políticos. Los de derecha, legitimistas, anticlericales por necesidad, tienen sus feudos en el norte del país. Los de izquierda, anticlericales convencidos, están influidos por ideas republicanas. Ambos grupos son antisocialistas.

Fuera de ellos está toda la masa católica del país, que se niega a colaborar con la monarquía piamontesa. En el poder turnan los dos grupos adictos a la monarquía, que representan solamente los intereses de las minorías que los forman. A estas fuerzas sociales hay que añadir el proletariado rural y obrero.

Los campesinos sometidos a los latifundistas forman una masa inculta y miserable, que sólo excepcionalmente pueden liberarse de la pesada dominación de la aristocracia terrateniente. El panorama se ensombrece a fines del siglo XIX, cuando una ola de depresión azota la agricultura europea y empobrece aún más a las masas rurales.

Los campesinos se sublevan contra los terratenientes y son brutalmente reprimidos por las autoridades. Muchos de ellos emigran. Pero la lucha de clases que origina la difícil situación económica los prepara para aceptar las doctrinas anarquistas.

En las zonas industriales el proletariado obrero se desenvuelve en condiciones miserables, arraigando en él las ideas socialistas. Las autoridades también tratan violentamente las manifestaciones obreras. Obreros y campesinos responden a la violencia con la violencia.

Las clases dirigentes italianas, como medio para solucionar la crisis, intentaron crearse un imperio, como la mayor parte de los países europeos. Pero llegaron un poco tarde, y las grandes potencias ya se habían repartido las zonas más ricas.

Además tuvieron que llevar a cabo su política imperialista sin dinero, desequilibrando el presupuesto con excesivos gastos militares y complicando aún más la difícil situación económica del país. Quisieron justificar su imperialismo ante el mundo alegando que los forzaba a la expansión la miseria que reinaba entre su numerosa población. Pero la falta de dinero los hizo fracasar estrepitosamente.

La crisis económica fue la causa de la lucha social. Ésta enfrentó al proletariado contra la oligarquía. A las represiones de la policía las organizaciones obreras respondieron con atentados. Humberto I, símbolo de todo un sistema social, sufrió tres atentados.

El primero, el 17 de noviembre de 1878, en Nápoles; atentó contra él G. Passanante. El segundo ocurrió el 22 de abril de 1897, en que un obrero sin trabajo llamado P. Acciarito volvió a atentar contra el monarca. Finalmente, tres años después, el 29 de julio de 1900, un anarquista asesinó a Humberto I en Monza.

En esta ciudad se celebraba un festival gimnástico, y en medio del tumulto un anarquista llamado G. Bresci disparó tres tiros contra el rey, uno de los cuales le alcanzó en el corazón. El atentado fue organizado por un grupo de anarquistas italianos emigrados a Estados Unidos. Este grupo creía en la eficacia de los atentados para imponer rápidamente la doctrina anarquista en el mundo.

A pesar de la crisis interna italiana y el fracaso de la política colonial, durante el reinado de Humberto I Italia fue progresando lentamente. La muerte del rey señala más bien el final de un período de violentas crisis y el comienzo de una época más sosegada, si bien no exenta de dificultades.


El asesinato de Humberto I de Italia

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La fatal coincidencia

Humberto I de Saboya (1844-1900), Rey de Italia desde el 9 de enero de 1878, tuvo un final que por fuerza ha de darnos cierto escalofrío en la espalda.

El 28 de julio de 1900, el rey Humberto I se encontraba cenando en un restaurante de la localidad de Monza, a la que había acudido para presidir un concurso de atletismo que allí se celebraba. En ese restaurante, tuvo la sorpresa de su vida: el dueño, que había acudido personalmente a darle la bienvenida a su establecimiento, era físicamente idéntico a él… hasta el punto de que los presentes creyeron ver gemelos que solo se distinguían por sus trajes.

Intrigado por semejante encuentro, el rey le preguntó por detalles de su vida: resultó llamarse igual que él, habían nacido en la misma fecha y misma ciudad (Turín, la vieja capital de los Duques de Saboya) y sus esposas llevaban el mismo nombre de pila, Margherita, con las que se habían casado el mismo día. Como guinda final a tal cúmulo de extrañas coincidencias, resultó que Humberto I había sido proclamado rey el mismo día en que su alter ego (o su Doppelgänger como dirían los alemanes) inauguraba su restaurante.

Muy divertido, el monarca salió del restaurante despidiéndose calurosamente del dueño e invitándole formalmente a que viera con él, la competición que iba a celebrarse en el estadio, desde el mismo palco. Las curiosas coincidencias fueron prontamente contadas a todo el séquito que acompañaba al rey.

Al día siguiente, acudió al evento por el cual se encontraba en Monza. En el curso del mismo, el monarca se extrañó al ver que el asiento que había reservado a su doble seguía vacío. Poco después su ayudante, con gravedad, le comunicó que su invitado Humberto, el dueño del restaurante donde habían cenado la noche anterior, acababa de fallecer asesinado de un pistoletazo a las puertas del estadio.

El soberano, mientras dejaba el palco y se dirigía a su carruaje, asombrado a la par que inquieto por la noticia, apenas pudo percatarse cómo un anarquista italo-americano que respondía al nombre de Gaetano Bresci surgía de entre la multitud para dispararle tres veces casi a bocajarro, dándole muerte.

Era la tercera vez que Humberto I sufría un ataque terrorista. En noviembre de 1878, un tal Giovanni Passannante, anarquista también, intentó matarle durante un desfile que presidía en Nápoles; todo se redujo a un buen susto para él, pero para su primer ministro Benedetto Cairoli, las heridas fueron graves. El segundo se produjo en 1897: Pietro Acciarito quiso apuñalarle durante una visita en las inmediaciones de Roma y también fracasó.

Como reza el dicho, a la tercera va la vencida. Pero, desde luego, se trata de una sincronicidad que le hiela la sangre a cualquiera.

En cuanto al Doppelgänger (el doble fantasmagórico de una persona viva, traducido como doble andante), pertenece a las mitologías nórdica y germánica, y no suelen ser de buen augurio para quien lo vea. Éste no suele tener sombra propia como tampoco suele reflejarse en los espejos y la superficie del agua. Popularmente, se cree que son portadores de malas noticias para quien sufra dicho encuentro: generalmente, le anuncia su propia muerte y, en menor medida, una enfermedad inminente.

Claro que, en el caso del rey Humberto I, ¿se trató realmente de un doppelgänger?

Las circunstancias o errores que rodearon su muerte llevaron al fatal desenlace: primero renuncia a llevar por debajo de su traje la hermilla o malla de acero que suele ponerse para protegerse de los repetidos intentos de asesinato que planean los anarquistas contra su persona, y luego pide que su carroza sea descubierta por causa del agobiante calor del día. Acompañado por dos generales, se despide de la reina para dirigirse a su carruaje atravesando la multitud que se agolpa para saludarle gritando vivas, mientras suena la marcha real interpretada por la banda de música.

El regicida Bresci, que lleva dos días en Monza preparando su cometido, aprovecha la confusión para disparar contra Humberto I con una pistola de cinco balas. Con tres disparos muy seguidos, Bresci da en el blanco: el rey recibe una bala en la espalda, la segunda le perfora un pulmón y la tercera, certera, en pleno corazón.

Humberto I ni siquiera se percata que le han herido de muerte: «No es nada, sigamos!»

Dos segundos después se desploma: «Rápido, creo que estoy herido!»… Al poco muere.


Humberto I de Italia

Wikipedia

Humberto I de Saboya (Turín, 14 de marzo de 1844 – Monza, 29 de julio de 1900), llamado en italiano Umberto I di Savoia, fue rey de Italia entre 1878 y 1900.

Umberto Rainerio Carlo Emanuele Giovanni Maria Ferdinando Eugenio, príncipe del Piamonte, nació en Turín, la capital del Reino de Piamonte-Cerdeña. Fue hijo del príncipe Víctor Manuel de Saboya, futuro monarca de Piamonte y que años después lograría convertirse en el primer rey de Italia, y de su prima María Adelaida de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria.

Su educación fue dejada en manos de Massimo Taparelli, marqués de Azeglio y de Pasquale Stanislao Mancini. En abril de 1868 el príncipe Humberto contrajo matrimonio con su prima hermana, la Princesa Margarita Teresa de Saboya. El matrimonio tuvo un hijo, Víctor Manuel (1869-1947).

Desde marzo de 1858 Humberto de Saboya siguió la carrera militar en el ejército sardo, comenzando con el rango de capitán. Estuvo presente en la batalla de Solferino en 1859, y en 1866 estuvo al mando de una división en la batalla de Custoza aunque sin intervenir directamente en ese combate.

El 9 de enero de 1878, tras la muerte de su padre Víctor Manuel II, Humberto de Saboya se convirtió en rey de Italia con el nombre de Humberto I.

Reinado

Humberto I adoptó el título Humberto I de Italia y no siguió la tradición que le habría correspondido, de ser Humberto IV (de Saboya), a fin de reforzar su imagen como soberano efectivo de sus súbditos en todo el reino de Italia y no sólo de los nativos de Piamonte-Cerdeña.

Con esa misma finalidad, Humberto consintió que los restos de su padre fueran enterrados en Roma, en el Panteón de Roma, y no en el mausoleo real de la basílica de Superga, situado sobre una de las colinas que rodean Turín, donde desde mediados del siglo XVIII eran sepultados todos los miembros de la dinastía Saboya.

En noviembre de ese mismo año salió ileso de un atentado que sufrió en Nápoles por parte del anarquista Giovanni Passannante, pero que dejó gravemente herido al primer ministro, Benedetto Cairoli. El atacante fue detenido y condenado a muerte, pena que fue conmutada por Humberto I a cadena perpetua.

El 24 de octubre de 1896 el príncipe Víctor Manuel, heredero del trono italiano, contrajo matrimonio con la princesa montenegrina Jelena Petrović-Njegoš en Roma.

Política exterior

Durante su reinado Italia se unió al Imperio alemán y al Imperio austrohúngaro formando parte de la Triple Alianza, decisión que no fue respaldada por la opinión pública, a causa del dominio que ejerció el Imperio austrohúngaro en el norte de Italia y que restó popularidad al monarca italiano.

De hecho, esta clase de alianza era considerada hasta cierto punto «antinatural» por los políticos e intelectuales italianos, que si bien admiraban la potencia del Imperio alemán, no olvidaban que el irredentismo italiano aún estaba vigente y reclamaba la anexión del Trentino, de la Venecia Julia y del este del Friuli, regiones pobladas por italianos pero bajo soberanía del Imperio Austrohúngaro.

Sumado esto a las viejas tensiones históricas que sentían los intelectuales que apoyaron la unificación de Italia y que relacionaban a esta con el antiguo Imperio Romano, destruido por diversas tribus germanas.

La política exterior italiana bajo el reinado de Humberto I se caracterizó también por una insistencia en participar del imperialismo mostrado por otras potencias europeas en el Reparto de África.

No obstante, Italia inició su colonialismo cuando otros países ya tenían imperios ultramarinos consolidados (como resultado de la tardía unificación italiana), mientras que la economía italiana era aún débil para afrontar los gastos de aventuras coloniales en comparación a otros países europeos más prósperos.

Ello no impidió que bajo el reinado de Humberto I se formase el imperio colonial italiano basado en los territorios de Eritrea y Somalia, obtenidos bajo la inspiración del primer ministro Francesco Crispi, un imperialista convencido.

Política interna

El reinado de Humberto I se caracterizó también por la orientación política fuertemente conservadora del monarca, muy hostil a los sindicatos obreros que surgían en las ciudades industriales del norte de Italia.

El advenimiento del socialismo causaba que el rey, desde inicios de la década de 1890, se apoyase en los sectores más conservadores de los políticos y del ejército, desconfiando del liberalismo y del parlamentarismo heredado de su padre, aunque la industrialización italiana había entonces progresado con gran rapidez y era ya una realidad en las regiones septentrionales del país.

Una grave crisis surgió al respecto cuando en mayo de 1898 hubo masivas protestas populares en Milán relacionadas con una subida de precios del trigo y ciertos impuestos nuevos que gravaban al proletariado urbano. Las protestas fueron reprimidas de manera sangrienta en las calles milanesas por el ejército, inclusive empleando la artillería contra manifestantes desarmados, bajo las órdenes del general Fiorenzo Bava Beccaris.

La represión dejó un saldo cercano al centenar de muertos y pasó a la historia italiana como la Masacre de Bava-Beccaris, pero la reacción del rey Humberto en Roma fue convocar al general represor y felicitarlo públicamente por su «valentía en defender la Casa Real», acusando a los obreros de «enemigos de la Corona». Estos acontecimientos deterioraron el respaldo popular hacia Humberto I en particular y el prestigio de la Casa de Saboya en general, de hecho la alineación del rey en favor de la represión violenta contra los obreros lo tornaron en un blanco de la propaganda socialista y anarquista.

Asesinato

Humberto I fue asesinado el 29 de julio de 1900 por el anarquista italo-americano Gaetano Bresci en Monza. Bresci afirmó que quería vengar las personas que murieron durante la Masacre de Bava-Beccaris. Bresci fue condenado a cadena perpetua y murió menos de un año después, por suicidio o asesinado por los guardas.

Humberto fue enterrado en el Panteón de Roma, al lado de su padre Víctor Manuel II, el 9 de agosto de 1900. Fue el último Saboya para ser enterrado allí, pues su hijo y sucesor Víctor Manuel III murió en Egipto donde aún está enterrado en la Catedral de Santa Catalina, en Alejandría, y su nieto Humberto II está enterrado en la Abadía de Hautecombe en la Saboya francesa.


Gaetano Bresci

Wikipedia

Gaetano Bresci (10 de noviembre de 1869 – 22 de mayo de 1901) fue un anarquista nacido en Italia que asesinó al rey de Italia Humberto I de Saboya. Es considerado un héroe por muchos anarquistas y liberales republicanos italianos. Bresci fue el primero en matar a un monarca europeo (sin derrocarse el gobierno) que no terminó siendo ejecutado.

Militancia

Bresci nació en Coiano, cerca de Prato, Toscana, y emigró a los Estados Unidos, residiendo en Paterson, Nueva Jersey, donde existía una gran comunidad italoamericana. Fue uno de los fundadores de La Questione Sociale, un periódico anarquista publicado en idioma italiano editado en Paterson. Según Emma Goldman:

«Era un hábil tejedor, considerado por sus empleadores como un serio y aplicado trabajador, aunque le pagaban tan solo 15 dólares por semana. Tenía un hijo y una esposa que mantener; se las arreglaba para hacer sus contribuciones económicas semanales al periódico.»

Había ahorrado 150 dólares que se los había prestado al grupo en un momento crítico de La Questione Sociale. Sus noches y domingos libres acostumbraba a colaborar con el trabajo en la redacción del periódico y con la propaganda. Era muy querido y respetado por su dedicación a todos los miembros del grupo.

En 1898 las alzas en el precio del pan generaron manifestaciones en toda Italia. En Milán, una multitud desarmada de manifestantes marchó hacia el palacio y fue masacrada por las tropas del ejército comandadas por el General Fiorenzo Bava Beccaris. Hubo cerca de noventa muertos, entre ellos la hermana de Bresci.

El atentado

El rey Humberto condecoró al general Fiorenzo Bava Beccaris, agradeciéndole por su «valiente defensa de la casa real»; esto determinó a Bresci a ejecutar al rey. Solicitó a sus compañeros que le devolviesen un préstamo (sin decirles para qué lo necesitaba), y Bresci utilizó el dinero para viajar a Italia. En Monza, donde el rey estaba de visita, lo ultimó de cuatro balazos el 29 de julio de 1900.

Bresci fue capturado y enjuiciado siendo defendido por Francesco Saverio Merlino. Fue sentenciado en Milán el 29 de agosto de 1900 a prisión perpetua en la isla de Santo Stefano en Ventotene, donde ya purgaban condena numerosos anarquistas. Casi un año después fue encontrado sin vida en su celda, aunque su muerte permanece dudosa, puesto que no se sabe si fue un suicidio o asesinado por los carceleros.

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