El asesinato de Anastasio Somoza García

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Anastasio Somoza García

Tacho - El Hombre

  • Clasificación: Magnicidio
  • Características: El joven poeta opositor Rigoberto López Pérez le disparó cinco balas, de las que acertó cuatro
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 21 de septiembre de 1956
  • Fecha de nacimiento: 1 de febrero de 1896
  • Perfil de las víctimas: Anastasio Somoza García, de 60 años, dictador y padre de la dinastía más sangrienta de la historia de Nicaragua
  • Método de matar: Arma de fuego (revólver Smith and Wesson calibre 38)
  • Localización: León, Nicaragua
  • Estado: Los guardias de la escolta de Somoza mataron de 54 balazos a Rigoberto López Pérez
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El asesinato de Anastasio Somoza García

José María Ollé Romeu – Un siglo de magnicidios (1964)

Presidente de Nicaragua (21 de septiembre de 1956)

Anastasio Somoza, conocido familiarmente con el apodo de «Don Tacho», nació en 1896. Su padre era un rico plantador de café en San Marcos. Después de haber estudiado en la Universidad de León se trasladó a Estados Unidos para ampliar sus estudios. Allí conoció a su futura esposa, Salvadora de Bayle, estudiante como él y relacionada por lazos de parentesco con las familias más influyentes de Nicaragua.

Casados en Estados Unidos en 1919, no regresaron a su país hasta 1925. En esta época fue nombrado recaudador de impuestos en León, y mezcló esta actividad con negocios de boxeo y fútbol; pero en estos trabajos no había muchas posibilidades de ganar dinero.

De carácter duro, sus actividades violentas se hicieron famosas a lo largo de su dilatada política. Él mismo recordaba siempre con orgullo que un hermano de su abuelo fue ahorcado, acusado de bandolero.

La invasión de Nicaragua por el ejército de Estados Unidos cambió el futuro de Somoza. El gobierno norteamericano impuso a Adolfo Díaz como presidente de Nicaragua y organizó una Guardia Nacional entrenada y disciplinada por oficiales yanquis.

Contra la intervención norteamericana protestó Augusto César Sandino, que sostuvo una lucha de guerrillas contra las tropas que ocupaban el país. La actitud de Sandino despertó las simpatías de toda la América latina.

En 1929, mediante unas elecciones vigiladas por las fuerzas de ocupación, venció José María Moncada, que fue reconocido inmediatamente por el gobierno de Estados Unidos y por otros de América.

Anastasio Somoza fue un buen colaborador de las fuerzas norteamericanas, ocupando el cargo de gobernador de León y después el de secretario del jefe de la Guardia Nacional.

En 1932, tras numerosas negociaciones entre los dos gobiernos, se retiraron gradualmente de Nicaragua las tropas norteamericanas. En estas negociaciones una de las condiciones impuestas por el gobierno norteamericano fue conceder la jefatura de la Guardia Nacional a Anastasio Somoza, que gozaba de la completa confianza de Estados Unidos.

En 1933 Sandino se reconcilió con el gobierno nicaragüeño y aceptó un acuerdo por el que se entregarían tierras a los soldados de Sandino que habían luchado para defender la libertad de la patria.

Convenida la paz y respetada por Sandino, el 22 de febrero de 1934 fue invitado a cenar en los alrededores de Managua, y a su regreso cayó en una emboscada preparada por la Guardia Nacional. En el ataque murió Sandino, junto con su hermano y otros jefes adictos.

Somoza, organizador del atentado, se convirtió prácticamente en el dueño del país al desaparecer de la escena política Sandino, el máximo enemigo de los intereses norteamericanos en Nicaragua. A partir de esta fecha la influencia de Somoza en la política de su país fue total, y nadie desde entonces podría llegar a la presidencia de Nicaragua sin el consentimiento de Anastasio Somoza.

En 1936 fue elegido presidente de la República, manteniéndose en este puesto hasta 1947. Gracias a su influencia política, Somoza se convirtió en un poderoso terrateniente y propietario de numerosas empresas comerciales que controlaban los dos productos básicos de Nicaragua: el café y la quinina.

En 1939 Somoza hizo aprobar una nueva Constitución que se adaptaba a sus deseos de imponer en Nicaragua un sistema autoritario de gobierno. Con la Carta Fundamental de Somoza, Nicaragua, desde su independencia hasta la época actual, ha sido regida por nueve Constituciones.

Anastasio Somoza, siguiendo su política pronorteamericana, declaró la guerra a las potencias del Eje a partir del 8 de diciembre de 1941. Esta política de sumisión a las directrices norteamericanas no fue del agrado de los numerosos elementos nacionalistas de la oposición, que el 27 de junio de 1944 se rebelaron contra el gobierno, al grito de «¡Abajo Somoza!». La sublevación duró hasta el 4 de julio, en que fue dominada por la Guardia Nacional.

Después de diez años de gobierno personal, Somoza deseó abandonar la presidencia y gobernar desde su casa, con un presidente elegido por él. Esta decisión fue debida en parte a las fuertes corrientes democráticas que después de la guerra se manifestaron en todo el mundo occidental.

En las elecciones para la presidencia triunfó el partido gubernamental, mientras la oposición encontró muchas dificultades para emitir libremente su voto. El nuevo presidente, Leonardo Argüello, era un íntimo colaborador de Somoza y hombre de su confianza.

Una vez en el poder, Argüello quiso desligarse de Somoza, que le había elegido, intentando controlar la Guardia Nacional, viejo feudo de Somoza. Pero el ejército permaneció fiel a su general, y el 26 de mayo de 1947 detuvo al presidente Argüello, que logró salvar la vida gracias a la intervención del cuerpo diplomático. Somoza, una vez más, había triunfado. Consumado el hecho, el Congreso nombró Presidente provisional a Benjamín Lascayo Sacasa, hombre oscuro, pero fiel a Somoza, quien se reservó en este gobierno la cartera del Ejército, Marina y Aviación.

En la última crisis un grupo de oficiales de la Guardia Nacional no obedeció las órdenes de Somoza, lo cual, unido al descontento reinante en el país, decidió al general Policarpo Gutiérrez a sublevarse contra el gobierno. Pero su movimiento fracasó, y la oposición fue silenciada con el terror.

El 6 de noviembre de 1950 promulgó Somoza una nueva Constitución que restauraba el sistema bicameral, y nuevamente el 11 de mayo de 1951 tomó posesión de la presidencia.

Su larga presidencia al frente de la política del país favorecía el descontento de la oposición, que el 5 de abril de 1954 atentó contra su vida. Somoza salió ileso, pero resultaron muertos un niño y dos miembros de la guardia personal del presidente.

El atentado fue organizado por un grupo de individuos que, según la policía, pertenecían a la Legión del Caribe, y estaban mandados por Jorge Rivas Montes, natural de Honduras y jefe de operaciones de aquella organización. La agresión se produjo en una carretera cerca de la capital, y los agresores dispararon contra el automóvil del presidente con fusiles automáticos. El incidente fue aprovechado por el gobierno para imponer fuertes medidas de seguridad en el país, sin que se produjeran nuevos disturbios.

Somoza deseaba también realizar una política de unidad entre los diferentes Estados centroamericanos, bajo su dirección. Desde Nicaragua apoyó una invasión a Costa Rica de grupos rebeldes de la extrema derecha. Costa Rica estaba gobernada por José Figueres, enemigo personal suyo. Para evitar una guerra entre los dos países intervino la Organización de Estados Americanos, que propuso una tregua que fue aceptada por ambas partes.

El carácter violento de Somoza se puso en evidencia durante esta crisis, ya que desafió personalmente al presidente de Costa Rica. José Figueres aceptó irónicamente el desafío, poniendo solamente una condición: que se celebrara sobre el submarino soviético que según Somoza tenía Costa Rica, y que era el principal motivo de la agresión nicaragüense contra su país.

En política interior los últimos años del gobierno de Somoza se caracterizaron por un fuerte nepotismo. Su hijo mayor, Luis Somoza, de treinta y cuatro años de edad, era Presidente de la Cámara de Diputados, y su hermano Anastasio, dos años menor, ejercía la jefatura de la Guardia Nacional.

El 21 de septiembre de 1956, en la ciudad de León, durante una fiesta a la que asistían el presidente y su esposa, un desconocido disparó sobre Somoza. La guardia personal del presidente mató al agresor en el acto. El presidente resultó herido gravemente. Una bala penetró en el brazo izquierdo, causándole la fractura del hueso; otra quedó alojada entre las costillas, cerca de la columna vertebral, y una tercera le alcanzó en la pierna izquierda. El herido fue rápidamente trasladado en avión al hospital norteamericano Gorgas, emplazado en la Zona del Canal. Después de la intervención quirúrgica, en un momento en que recuperó el conocimiento, exclamó, al enterarse de que su agresor había muerto en el acto:

– ¡Lástima que no hayamos podido cogerle vivo!

De nuevo cayó en la semiinconsciencia, y su estado se agravó, hasta que el 29 las agencias informativas anunciaron su muerte.

La policía identificó al agresor como Rigoberto López Pérez, periodista y poeta. Según la versión oficial pertenecía a la Legión del Caribe.

A la muerte del presidente el Congreso eligió a su hijo Luis para cubrir la vacante que dejó su padre. Con la muerte de Somoza, Estados Unidos perdió uno de sus más fieles aliados en la zona del Caribe.


Así murió Anastasio Somoza García

José Adán Silva y Vladimir Vásquez – Laprensa.com.ni

28 de septiembre de 2014

Han pasado 58 años desde que un poeta suicida disparó contra Anastasio Somoza García, el padre de la dinastía más sangrienta de la historia de Nicaragua. Los testimonios sobre aquel magnicidio han servido para contar la historia, de principio a fin, de la muerte del dictador que gobernó Nicaragua durante veinte años como su finca familiar.

Los testimonios, unos orales, otros impresos y algunos escritos con sangre y muerte desde el horror de las cárceles somocistas, siguen yendo y volviendo en la historia sobre aquel episodio trágico que quedó escrito en las páginas ahora sepias del Diario Novedades, el periódico oficialista de la familia Somoza, único medio que tras la represión y censura que suscitó el atentado y el posterior Decreto de Estado de Sitio, quedó autorizado a informar sobre el proceso que llevó a la tumba a Tacho, o el Hombre, como se le decía por respeto, temor o devoción.

El viernes 21 de septiembre de 1956, en la ciudad de León, exactamente en la Casa del Obrero, en horas de la noche, el solitario hombre de 28 años de edad, Pascual Rigoberto López Pérez, disparó cinco veces contra el general de la Guardia Nacional y presidente de la República, Anastasio Somoza García, de 60 años de edad.

Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional, había sido electo presidente de Nicaragua en 1950 y se disponía a reelegirse de 1957 a 1963, después de modificar la Constitución Política.

De los cinco tiros, cuatro dieron en el blanco y provocaron la caída de Somoza hacia un costado de la mesa donde leía un periódico local que un periodista leonés le mostraba.

Los disparos sonaron pasada las 9:00 de la noche y salieron de la pistola de López Pérez, o «el sicario», como lo tildó siempre el Diario Novedades.

El poeta, así era conocido en León, jaló el gatillo de un revólver calibre 38, cañón de dos pulgadas, pavón azul, marca Smith and Wesson, gatillo corto, con tambor de cinco cartuchos y cinco balas del número 74605, a una distancia de aproximadamente seis metros, mientras se desplazaba bailando el jazz Hotel Santa Bárbara que tocaba la orquesta Occidental Jazz. Vestía pantalón azul oscuro, camisa blanca manga larga y zapatillas negras.

Se puso en cuclillas y con ambas manos sostuvo la pistola y disparó hasta que un guardia de la escolta presidencial le dio un culatazo en la nuca que lo lanzó de cara al piso, donde recibió el primero de 54 balazos que lo desfiguraron.

Se armó el caos en el baile y Nicaragua empezó a sufrir, por varios años, la más feroz represión militar de las que se tenía memoria hasta entonces: 500 personas fueron encarceladas y torturadas bajo sospechas de conspiración; tres de los principales miembros del complot de Rigoberto López Pérez -Edwin Castro, Ausberto Narváez y Cornelio Silva- fueron asesinados a balazos «tratando de huir» de la cárcel cuatro años después y otros 12 murieron por efectos de las torturas tras salir de las cárceles, entre ellos el periodista Rafael Corrales Rojas, quien estaba a la par de Somoza cuando le dispararon.

Del total de encarcelados, 21 fueron pasados a Corte de Investigación y Consejo de Guerra, de donde 16 salieron con condenas varias, incluyendo al director del Diario La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, quien fue sentenciado a 40 meses de confinamiento en el puerto lacustre de San Carlos, Río San Juan.

Anastasio Somoza García nace el 1 de febrero de 1896 en San Marcos, Carazo.

Ordena el asesinato de Augusto C. Sandino en 1934 e inicia su dictadura en 1937.

Lo hieren de cuatro disparos el 21 de septiembre de 1956 en León.

Lo operan en Arcón, Panamá, el 24 de septiembre de 1956. Muere oficialmente el 29 de septiembre. Tenía 60 años al momento de su muerte.

Su cadáver fue enviado a Nicaragua el 30 de septiembre.

Lo entierran con honores de Estado el 2 de octubre de 1956 en el Cementerio General de Managua.

El cuerpo de Rigoberto López Pérez nunca se supo dónde fue enterrado.

Tinta y mentiras

Los años también han pasado por Nicolás López Maltez, veterano periodista, director-fundador de La Estrella de Nicaragua y hoy miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, membresía que se le otorgó gracias a sus gestión de investigación histórica, lo que sumado a su memoria prodigiosa y su acervo de archivos fotográficos, le permiten escudriñar en el pasado y recrear, con un torrente verbal indetenible, este y cualquier otro episodio de historia reciente de Nicaragua.

Ahora Nicolás López se sienta frente a una computadora para buscar las viejas fotos de periódicos que guarda digitalizadas. Ahí está la cronología de la muerte de Somoza que publicó el Diario Novedades en 1956, donde se explica el contexto inmediato de aquel magnicidio a través de varios titulares.

El 20 de septiembre de ese año, Novedades publicaba en su principal titular de primera plana: «Somoza va hoy a León».

Así destacaba el diario, en grandes letras rojas, el acontecimiento que para Novedades era el más importante de su agenda: Al titular «Somoza va hoy para León», le siguieron «Hoy nominan a Somoza» y «Somoza nominado».

El 21 de septiembre Somoza sería nominado como candidato presidencial nuevamente por la Gran Convención Liberal, y Novedades, cuenta López Maltez, ya tenía preparados los titulares que usaría durante los días en que se desarrollara el evento.

Pero el sábado 22 de septiembre el Diario dejó la tipografía de color rojo. Volvió al color negro estándar y cambió su titular por uno que seguro nunca habían pensado: «Atentan contra Somoza».

Desde entonces, la salud del presidente se volvió secreto de Estado y objeto de mentiras. La primera apareció en ese mismo periódico, pues se aseguraba que el estado de salud de Somoza no era de gravedad, dice López Maltez.

El periodista ahora se ríe cuando lee las publicaciones diarias de Novedades sobre el suceso. A través de boletines oficiales afirmaban que Somoza estaba mejorando de salud, mentira que se cayó inevitablemente cuando el dictador murió, la madrugada del 29 de septiembre en Panamá, tras varios días en coma.

Cirugía y coma

Cincuenta años después de aquel episodio, el 22 de septiembre del año 2006, La Prensa entrevistó a Leandro Marín Abaunza, quien tenía 24 años cuando ocurrió el hecho e iniciaba su vida diplomática como cónsul y consejero de la Embajada de Nicaragua en Panamá.

Quiso la historia que a Marín Abaunza le tocara atender y cuidar la vida del hasta entonces hombre más poderoso de Nicaragua, y fue así que por ocho días conoció las interioridades del desenlace del episodio que marcó el destino de Nicaragua a sangre y fuego.

Un día después de que Rigoberto López Pérez le metiera cuatro balazos, al dictador lo trasladaron en un avión Constellation de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, al aeropuerto Albrook Field, en las instalaciones de Ancón, un corregimiento del distrito de ciudad Panamá, cercano a la zona del Canal, donde Estados Unidos había levantado el hospital militar Gorgas.

Somoza arribó al aeropuerto a eso de las 7:30 p.m. Aunque lo bajaron en camilla, iba consciente y hablando. «No se veía grave, simplemente se quejaba de fuertes dolores en la columna vertebral, que era el balazo más crítico que tenía», relató Marín Abaunza.

Eran tres balas las alojadas. Una estaba en la cadera, donde cruzó músculos; otra había perforado el brazo y pasado rozando el pulmón derecho y estaba alojada debajo de la piel, en la espalda; y la tercera, que estaba dentro del conducto raquídeo, en la parte lumbar, alrededor de la tercera y cuarta vértebra lumbar, era la que presionaba la cola de caballo de la columna y que le provocaba dolores.

Luego de su aterrizaje lo llevaron en una ambulancia custodiada por una caravana militar al hospital donde le tenían preparada una suite. El edificio se había construido para atender al presidente Dwigth D. Eisenhower, de Estados Unidos, ante una eventual enfermedad, mientras se desarrollaba la conferencia de presidentes de América, que recién había tenido lugar en abril de 1956, en Panamá.

A Somoza lo acompañó su esposa, doña Salvadora; el embajador en Washington, Guillermo Sevilla Sacasa; su hija Lilliam y su cuñado, el doctor Luis Manuel Debayle. Iban también el mayor Luis Ocón, jefe del Estado Mayor Presidencial y el doctor José María Castillo Quant, secretario comercial de la Embajada de Nicaragua en Washington, quien acompañaba al doctor Sevilla Sacasa.

Una vez en la suite, llegaron los médicos americanos y comenzaron a afeitarlo, después llegó el capellán del hospital, un sacerdote católico rubio y gordito que preguntó si el presidente se quería confesar antes de la operación, a lo que accedió Somoza.

Luego lo comenzaron a preparar para llevarlo a la sala de operaciones, estaban ahí los médicos del presidente Eisenhower, encabezados por el doctor mayor general Leonard Heaton, cirujano y médico personal del presidente norteamericano, a quien había operado de ileítis algunos meses antes.

Luego entró al quirófano. Ahí permaneció como seis horas. Cuando lo regresaron a la habitación, los médicos creían que la operación había sido un éxito y se esperó a que él despertara de la anestesia para darle la buena noticia. Eso nunca pasó.

«Los médicos dijeron que Somoza tenía una reacción que ellos llamaban un trauma posoperatorio, causado por anestesia, como consecuencia de una permanencia larga en la mesa de operaciones, ya que en vez de extraerle las balas que tenía una a una, se las extrajeron todas, incluyendo la de la columna que no era mortal. Al no despertarse, comenzó a extenderse una preocupación entre los médicos y la familia por si iba a recuperarse, y así pasó ocho días en ese estado», narró Marín Abaunza.

Muerte

Después de que Somoza cayó en coma, existía gran preocupación en la familia del general y en las estructuras de la Guardia Nacional sobre el mantenimiento del orden en Nicaragua, de cómo se iban a hacer los comunicados, para no alertar sobre la situación real de la salud del presidente.

La confesión de Marín Abaunza, cincuenta años después del suceso, explica aquellos titulares falsos de Novedades que ahora le causan risa a López Maltez.

«Entonces los hacíamos (los informes) con los médicos americanos, y a pesar de que nosotros queríamos imprimir un carácter de optimismo en la población, para mantener la tranquilidad pública, los médicos se oponían y decían que ellos tenían que ajustarse a la realidad objetiva», admitió Marín Abaunza.

«A veces teníamos que pelear palabra por palabra, en una de ellas, quizás la más gráfica, ellos los médicos decían que el presidente Somoza mostró muy poca mejoría hoy, y nosotros cambiábamos poca mejoría, por alguna mejoría, pero si cualquier médico leía el informe técnico, se daba cuenta que prácticamente la situación de Somoza era irreversible», dijo el entonces cónsul de Nicaragua en Panamá, revelando que el trasfondo de aquella mentira oficial era darle tiempo a la familia y al partido para reestructurar el Gobierno.

«Se creó un dilema sobre el certificado médico de la incapacidad total del general Somoza de seguir gobernando y así nombrar a don Luis Somoza como presidente. Yo elaboré un certificado, yo lo redacté, donde decía que el general Somoza padecía una incapacidad temporal, para que el Congreso lo nombrara de manera temporal, pero no lo quisieron firmar los médicos norteamericanos porque no se querían meter en asuntos políticos internos del país. El doctor Sevilla Sacasa y los propios médicos querían poner que era una incapacidad médica total para seguir gobernando, pero yo les pregunté: “¿Y qué tal si el general Somoza se recupera y va a creer que le dimos golpe de Estado? Nos va a responsabilizar a los dos”. Y ese certificado fue el que llevó a José María Castillo a Managua, para que pudieran elegir presidente provisional a Luis Somoza».

Somoza murió como a las 2:30 de la madrugada del 29 de septiembre. Doña Salvadora, ya viuda, pidió que se llamara al capellán Wyse para oficiar una misa de cuerpo presente. Cuando terminó la misa y el padre dijo amén, el general movió la cabeza levemente a un lado, como reflejo post mortem.

El nombramiento de Luis Somoza Debayle como presidente sucesor del general Anastasio Somoza García no se decidió en el Congreso como dice la historia. El diplomático Leandro Marín Abaunza reveló que dos días antes de morir el dictador, se tomó una decisión matriarcal que definió los roles del poder y alargó dos décadas más la dictadura: Luis para presidente y Anastasio para jefe de la Guardia Nacional.

Luego, ya arreglada en familia la situación política del país, en presencia del cuerpo de Anastasio Somoza se dio la orden de proceder a los funerales y Novedades, el diario oficialista que informaba del «valiente y milagroso progreso de la salud del general», no tuvo más salida que informar sobre la muerte, y aun así, justificó el desenlace fatal: la causa del fallecimiento fue debido al «agotamiento general» posoperatorio.


Anastasio Somoza García

Wikipedia

Anastasio Somoza García (San Marcos, 1 de febrero de 1896 – Zona del Canal de Panamá, 29 de septiembre de 1956) fue un político, militar, empresario, terrateniente y dictador nicaragüense, conocido por el nombre familiar Tacho, que fue titular de la presidencia de Nicaragua de 1937 a 1947 y una segunda ocasión de 1950 a 1956, sumando en total dieciséis años de ejercicio pleno del cargo, además de mantener un grupo de gobiernos títeres entre sus dos períodos, sobre los cuales ejerció un poder dictatorial notorio.

De clase acomodada, era hijo del senador y hacendado Anastasio Somoza Reyes y Julia García, se inició como empresario, ámbito en el que obtuvo poco éxito, para luego pasar a involucrarse en la política, tras la intervención de los Estados Unidos en Nicaragua, a causa de las políticas de José Santos Zelaya, que eran desventajosas para dicho país, pasando Anastasio Somoza a formar parte de la rebelión, logrando ganarse la confianza de los principales dirigentes estadounidenses en Nicaragua, ascendiendo rápidamente en la Guardia Nacional y luego apoyando la campaña presidencial de Juan Bautista Sacasa, quien se vio presionado por el embajador estadounidense Matthew E. Hanna, para nombrar a Somoza, director de la Guardia Nacional.

A partir de entonces, Somoza se dedicó a consolidar cada vez más su posición, sirvió como gobernador de León, cónsul de Nicaragua en Costa Rica y ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Juan Bautista Sacasa, manteniendo además la dirección de la Guardia Nacional, lo cual le sirvió para ordenar el asesinato del general Augusto Sandino y luego de un largo listado de sus seguidores, tras lo cual finalmente Somoza perpetró un golpe de Estado y forzó a Juan Bautista Sacasa a renunciar.

Somoza pasó a ocupar la presidencia de Nicaragua con el pleno apoyo de Estados Unidos, consolidando cada vez más su poder, mediante la persecución política y la represión, consiguiendo mantenerse al frente de Nicaragua durante casi dos décadas, al mismo tiempo que fue capaz de amasar una vasta fortuna que lo transformó a él y a su familia en una de las más acaudaladas de toda Latinoamérica, siendo Somoza catalogado, poco antes de morir, como el quinto hombre más rico del mundo por la revista Bohemia.

El 21 de septiembre de 1956, Somoza sufrió un atentado en la ciudad de León (Nicaragua) a manos del poeta Rigoberto López Pérez. Fue internado en el Hospital de la Zona de Canal de Panamá, donde pocos días después murió debido a una mala praxis. Su hijo Luis Somoza Debayle lo sucedió en el poder.

Juventud y familia

Durante su juventud fue enviado a vivir a Filadelfia (Estados Unidos), donde cursó estudios en la escuela Piero Bernate de Administración Empresarial.

Tras su retorno a Nicaragua, intentó con poco éxito establecerse como empresario. En 1925 participó en la insurrección del general Chamorro que llevó al poder al Partido Liberal.

A la llegada de los marines estadounidenses al país (1926) su acento inglés y su matrimonio con Salvadora Debayle, miembro de una prestigiosa y acaudalada familia, fueron de los factores por los cuales ascendió rápidamente en los puestos más importantes del Estado. A Salvadora la conoció en los Estados Unidos e incluso fue su guardaespaldas. Con su esposa tuvo tres hijos: Lillian, Luis y Anastasio (Tachito), los tres nacidos en la ciudad de León. Antes de su matrimonio había tenido un hijo ilegítimo, José R. Somoza, con Claudia Rodríguez, una sirvienta de la casa de su madre.

Cuando nació su primer nieto, hijo mayor de su hija Lillian, lo condecoró con la máxima orden de Nicaragua y lo declaró «comodoro del aire». Somoza protegía a toda su familia, incluyendo tíos y primos.

En aquella época cualquiera que tuviera alguna relación de parentesco con el matrimonio Somoza Debayle era privilegiado. Afirmaba que era un conquistador de mujeres y decía tener varias amantes. Aun así hasta el día de su muerte también afirmaba estar enamorado de su esposa Salvadora.

De la misma manera en que amaba a los suyos, fue igualmente implacable contra los que se opusieron a sus designios dictatoriales y totalitarios. Y no le tembló la voz ni la mano al ordenar la eliminación de los campesinos que Augusto Sandino había organizado en cooperativas, en el norte del país.

Para elevar el nacionalismo de los nicaragüenses, ordenó construir edificios modernos y carreteras. Pronto la capital era la más moderna y próspera de América Central, famosos llegaban a Nicaragua a pasar sus vacaciones e incluso a mediados de los años cuarenta apareció una canción en inglés que fue muy popular en aquella época llamada: «Managua, Nicaragua», que describía a la ciudad de Managua como un paraíso para los turistas, llena de diversión. El dibujante belga Hergé, autor del personaje Tintín, se inspiró en la corrupta Nicaragua somocista para su cómic Tintín y los pícaros.

Somoza arregló los matrimonios de dos de sus hijos con miembros de las familias más prestigiosas y ricas de Nicaragua emparentados con su esposa Salvadorita: su hija Lillian Somoza Debayle se casó en 1943 (el día del cumpleaños de su padre) con su primo Guillermo Sevilla Sacasa. La boda de gran lujo tuvo como padrinos al presidente de Costa Rica Rafael Ángel Calderón Guardia y su primera esposa Yvonne Clays Spoelders. Lillian y su esposo Guillermo partieron a Washington D. C., donde él fue embajador vitalicio hasta la revolución en 1979.

El hijo menor de Somoza, Anastasio Somoza Debayle fue obligado a casarse con su prima estadounidense Hope Portocarrero. Al gusto de Somoza, Hope, sobrina política y nueva nuera, era una atractiva mujer universitaria con modales de princesa y considerada la mujer mejor vestida en Nicaragua. Un dicho de Somoza era: «Hope tiene clase». Anastasio y su esposa Hope nunca fueron felices como matrimonio y a pesar de tener cinco hijos terminaron divorciándose.

Jefe director de la Guardia Nacional

Somoza fue diplomático en Costa Rica (1929), subsecretario de Relaciones Exteriores al momento del terremoto de Managua del 31 de marzo de 1931 (su palacete sirvió como residencia presidencial, de forma temporal, al presidente José María Moncada), director auxiliar de la GN (Guardia Nacional) en 1932 y finalmente jefe director de esta (en 1933).

Durante la ocupación, los marines lucharon contra las fuerzas del líder guerrillero Augusto C. Sandino, fundador del EDSN (Ejército Defensor de la Soberanía Nacional). Cuando en enero de 1933 las fuerzas estadounidenses evacuaron el país, dejaron al general Somoza como encargado de la Guardia Nacional.

Asesinato de Sandino

Como jefe director de la Guardia Nacional, Somoza planeó el asesinato del general Sandino, firmando un documento con 14 miembros de la Guardia Nacional. Tanto Somoza como Sandino eran masones, y la masonería prohíbe que un masón le haga daño a otro masón de manera directa. Entonces Somoza le ordenó al capitán Delgadillo que asesinara a Sandino.

En la noche del 21 de febrero de 1934, después que Sandino y sus acompañantes cenaron con el presidente Juan Bautista Sacasa -tío político de Tacho-, y bajaron de la Casa Presidencial de la Loma de Tiscapa en un automóvil (en la capital Managua) por la Avenida Central, un grupo de soldados encabezados por el capitán Lisandro Delgadillo detuvo el auto frente al cuartel y cárcel de El Hormiguero (llamado así porque frente a su costado este, había un matadero donde ahora está el Campo de Marte).

Los guardias metieron en dicha prisión a don Gregorio Sandino (padre de Sandino) y a don Sofonías Salvatierra, mientras a Sandino y sus generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor fueron conducidos a un predio baldío en las afueras de la ciudad, donde hoy en día está el barrio Larreynaga, pues Managua ha crecido, y delante de una fosa común previamente excavada los asesinaron con fusiles Springfield 1903 estadounidenses, calibre 7.62 × 63 mm y subfusiles Thompson estadounidenses de 11.43 mm, de un pelotón de fusilamiento.

Antes de enterrarlos se llevaron los cadáveres para que Somoza los viera personalmente. Mientras tanto Tacho estaba en un recital poético en el Campo de Marte, hecho por la poetisa peruana Zoila Rosa Cárdenas, que recitó poemas del nicaragüense Rubén Darío.

Los cadáveres de los tres generales del EDSN junto con los de Sócrates Sandino (hermano de Sandino) y de un niño (muertos en un asalto que la Guardia Nacional hizo a la casa de don Sofonías Salvatierra esa misma noche (de donde, a balazos, escapó el coronel Santos López), que hoy existe todavía, cerca de la Iglesia El Calvario) fueron llevados ante Tacho y después los enterraron en esa fosa; allí estuvieron hasta 1944.

Diez años después del crimen, sus restos fueron sacados de allí y llevados cerca del costado sur de la laguna de Tiscapa para ser quemados y sus cenizas tiradas al lago Xolotlán. Esto se debió a que en ese año hubo protestas estudiantiles de la Universidad Central de Managua contra su reelección a la
presidencia.

Washington: triunfo político y personal

Sin duda alguna, un hecho fundamental para la consolidación de Somoza en el poder fue la invitación que el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, le hiciera en 1939.

Al llegar Somoza junto a su esposa Salvadorita y varios parientes a la ciudad de Nueva Orleans (Estados Unidos), la Universidad Estatal de Luisiana lo condecoró con un doctorado en leyes honoris causa. Viajaron luego a Washington en tren.

El 5 de mayo de 1939 lo recibieron en la estación del ferrocarril el presidente Roosevelt, el vicepresidente, el gabinete presidencial y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, todos varones y con sus respectivas esposas. En su honor se llevó a cabo un desfile militar que incluyó a 751 oficiales de policía, 400 miembros del brazo de bomberos, 9 aviones conocidos como «fortalezas volantes», 30 tanques de guerra y un cuerpo de artillería.

Sintiéndose incómoda por las críticas periodísticas a la recepción otorgada al dictador nicaragüense, Eleanor Roosevelt, la primera dama de Estados Unidos, declaró que «el ejército también tiene deberes que cumplir en tiempos de paz».

Además del desfile, a Somoza se le permitió dirigirse a la Cámara Alta del Congreso durante el receso de mediodía. El día 8 de mayo a las 12:15 pm hizo su entrada al lugar, abandonándolo quince minutos más tarde después de haber discurseado frente a unos cuantos senadores. Durante su visita, el Gobierno estadounidense asignó a un oficial del ejército de Estados Unidos para dirigir la Academia Militar de Nicaragua. Somoza negoció un crédito de dos millones de dólares para «compra de equipos y servicios».

Somoza cifraba sus esperanzas en la administración Roosevelt. Tenía confianza en que responderían favorablemente a su solicitud de que Estados Unidos se comprometiera a construir el canal interoceánico. Si se le negaba esto entonces pediría la canalización del río San Juan. Ambas peticiones fueron denegadas.

También pidió ayuda financiera para abrir una carretera hacia la Costa Atlántica, e hizo ver la necesidad de adquirir un crédito del Import-Export Bank para dragar puerto Corinto y construir un «nuevo aeropuerto en unos terrenos de su propiedad ubicada a unas cuantas millas de Managua». Esto fue igualmente rechazado.

A pesar de las míseras utilidades obtenidas durante la visita, Somoza logró convertir esto en un verdadero éxito personal y político. Conocía perfectamente lo valioso de una invitación de esa clase. Era por eso que en Nicaragua, oponerse a Somoza significaba oponerse a los Estados Unidos; o por lo menos eso era lo que Somoza mismo deseaba que se pensara.

Cualquier intento para deshacerse de Somoza, sería visto por la oposición como planes a largo plazo que contaban con muy pocas probabilidades de triunfar. Solamente hombres como Sandino estaban dispuestos a considerar esa opción, y a decir verdad, habían muy pocos hombres como Sandino. Se notaba claramente que la suerte estaba del lado de Somoza.

La visita del nicaragüense le costó a su país 140.000 dólares de la época pero a su regreso a Nicaragua gastó una suma mayor a esa, al celebrar el éxito de su viaje. Su equipo de avanzada trabajó arduamente con este propósito esperando su regreso el 29 de julio. La distribución gratis de comida, refrescos, y viajes en tren, surtieron el efecto deseado. La multitud que fue a recibirlo se calculó en unas 70.000 personas que atiborraron las calles desde el aeropuerto hasta Casa Presidencial. Ese día fue declarado de fiesta nacional y ordenó que se erigieran 27 arcos entre el aeropuerto y su oficina.

Política y fortuna

Después de esto, el poder político y militar de Somoza García era aplastante. Esto contribuyó, sin lugar a dudas, a reubicarse frente a sus acreedores. Capitaneó la revuelta que derrocó al presidente Juan Bautista Sacasa, su tío político, tomando la Casa Presidencial de la Loma de Tiscapa en donde vivió durante sus períodos de gobierno.

Somoza era también el presidente del Partido Liberal Nacionalista, PLN. Declaró la guerra contra las potencias del Eje el 7 de diciembre de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, con motivo del ataque japonés a Pearl Harbor, Hawaii, ese mismo día 24 horas antes que los Estados Unidos. Por lo tanto Nicaragua fue el primer país de Latinoamérica en declararle la guerra a Alemania, Italia y Japón.

Los bienes de los ciudadanos extranjeros del Eje residentes en el país fueron confiscados por su gobierno, y ellos quedaron detenidos en la Quinta Eitzen; después esta fue la mansión de su hijo Luis Somoza Debayle y hoy alberga al Ministerio de Defensa.

La razón por la cual el General manipulaba la economía tenía un doble propósito: abultar las arcas de la familia, y aplicar presión a los grupos políticos disidentes. Ejemplo de esto último es el uso que Somoza hacía de los equipos del ferrocarril y los empleados de esa entidad en sus propiedades. Igualmente utilizaba equipos de los ministerios de Salud y del de Agricultura en sus fincas y otros dominios.

Se autonombró único director de la Compañía del Ferrocarril con un salario mensual de 600 dólares de la época; y les negaba el transporte por ese medio a los productos de los finqueros que se le oponían. Por el simple hecho de ser el ferrocarril el único medio para llevar carga hacia Corinto no le era muy difícil tener a esa gente a raya.

Somoza también militarizó los servicios públicos y los entes estatales nombrando a oficiales de la Guardia Nacional a cargos de estos. Politizó a las fuerzas armadas exigiendo demostraciones de apoyo político de parte de los oficiales a la vez que a estos se les permitía administrar y beneficiarse de lo que producían las casas de juego de azar que Somoza mismo autorizaba.

El 1 de mayo de 1947 asumió el poder en la Tribuna Monumental su protegido, el Doctor Leonardo Argüello Barreto (mediante un fraude electoral que su gobierno y su Partido Liberal Nacionalista (PLN) le hicieron al candidato de la coalición opositora, doctor Enoc Aguado, del Partido Liberal Independiente (PLI) y el Partido Conservador (PC) al que derribó 26 días después para imponer a Benjamín Lacayo Sacasa, otro de sus serviles como títere.

Argüello dijo en su discurso que no se dejaría arrastrar por Somoza y nombró ministros a conocidos opositores, lo que enfureció a Somoza y lo derrocó provocando un golpe de Estado: sitiando la Casa Presidencial y Argüello se asiló en la embajada de México en cuyo país moriría el 15 de diciembre del mismo año.

Lacayo renunció a su cargo de presidente el 15 de agosto del mismo año ante el Congreso, por lo que este nombró presidente de la nación a Víctor Manuel Román y Reyes, tío político de Somoza García. El golpe de Estado de Mayo le produjo a Somoza García la crisis política más intensa, pues ni Estados Unidos ni otras naciones de América Latina reconocieron al nuevo gobierno.

La decisión de no reconocer al nuevo mandatario duró un poco más de un año; sin embargo la directiva de gobernadores de la Unión Panamericana optó por permitir a Nicaragua participar en la conferencia. La delegación nicaragüense estuvo encabezada por Anastasio Somoza Debayle quien se había graduado de la Academia Militar West Point dos años antes.

En dicha conferencia, al anularse la resolución 80, se anulaba la regla «siguiendo al rey», la que reconocía a los gobiernos en el exilio. Era obvio que reconocer a esta clase de regímenes era ilógico. Aunque para muchas naciones del hemisferio occidental, el aislamiento del gobierno títere habría ocasionado cierta incomodidad a Somoza, esto no lo obligaba a renunciar a su cargo como Jefe de la Guardia Nacional ni a dejar de ejercer el poder detrás del trono.

El presidente Víctor Román y Reyes falleció en 1950 y Somoza fue reelegido por el Congreso para finalizar ese período presidencial. Ya para la primavera Somoza urgía de presentar un candidato que le aportara credibilidad a su próxima victoria electoral.

Para lograrlo buscó al viejo caudillo conservador Emiliano Chamorro con quien llegó a un acuerdo conocido como el «Pacto de los generales» habiéndose firmado el 1 de abril de 1950. Somoza estaba dispuesto a ceder una tercera parte de los curules en el Congreso además de unos cuantos puestos en el Gabinete. Somoza fue reelegido en mayo de 1950 para un período de seis años.

Intentó derrocar al presidente José Figueres Ferrer, de Costa Rica (1948 y 1955), para llevar al poder en ese país a Rafael Ángel Calderón Guardia; participó de manera decisiva en la caída del gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala (1954). A pesar de realizar muchos viajes de placer, los únicos viajes de estado que hizo como presidente fueron a los siguientes países: Estados Unidos, Argentina, República Dominicana, Haití, Honduras, Costa Rica, Ecuador, Brasil, Panamá y Venezuela.

Somoza fue más lejos que la mayoría de los dictadores. Utilizaba el nombre de los Estados Unidos muy hábilmente. Su íntima amistad con el embajador estadounidense dejaba la impresión de que cada una de sus acciones contaba con el visto bueno de la embajada. Él lograba su propósito de diferentes maneras, tanto en su relación personal con otros políticos o en sus declaraciones públicas. Las negativas de la embajada al respecto, estaban estructuradas de tal manera que nadie las creía.

Quizá la diferencia cultural explique la razón de cómo la ciudadanía tomaba las declaraciones de la embajada sobre su relación con Somoza. Sin lugar a dudas él aprovechaba cada muestra de ambigüedad existente en la política exterior de Estados Unidos. Tergiversaba e interpretaba a su antojo cada comunicado que llegaba de Washington. Nadie había explotado su relación con los Estados Unidos tan eficazmente como lo hizo él.

Amasó una formidable fortuna personal (poseía el 50% de las tierras cultivables de la nación), grandiosas mansiones por todo el país y también fuera de las fronteras nicaragüenses, autos de lujo, trajes de diseñador europeo y una gran colección de joyas.

Entre sus excentricidades se conocía que el General no compraba trajes por menos de 10.000 dólares. A principios de la década de los 40, según fuentes cercanas a la familia, tan sólo la fortuna personal de Somoza (sin contar el patrimonio familiar) ascendía a 300 millones de dólares, una asombrosa suma para la época. Para 1979 sus hijos e hija aumentaron esa fortuna entre 1.000 millones a 5.000 millones de dólares, así fueron por varias décadas la familia más rica de América Latina.

Así estaba dividido el poder familiar durante su gobierno

  • Guillermo Sevilla Sacasa, su yerno: embajador en Washington.
  • Alberto Sevilla Sacasa, primo de doña Salvadora: embajador en México.
  • Oscar Sevilla Sacasa, primo de doña Salvadora: ministro de Relaciones Exteriores.
  • Ramón Sevilla Castellón, tío político de doña Salvadora: exministro y jefe de la lotería nacional.
  • Roberto Debayle Sacasa, hermano de doña Salvadora: alcalde de León.
  • León Debayle Sacasa, hermano de doña Salvadora: gerente general del Banco Nacional, director de toda la institución bancaria y exembajador en Washington.
  • Luis Manuel Debayle Sacasa, hermano de doña Salvadora: presidente de la Compañía Nacional de Luz y Fuerza de Nicaragua y ministro de Salud.
  • Luis Somoza Debayle, hijo: presidente del Congreso Nacional (cámara de diputados y senadores).
  • Anastasio Somoza Debayle, hijo: jefe del Estado Mayor y director de la Academia Militar.
  • José Dolores García, tío: director general de Comunicaciones.
  • Néstor Portocarrero Gross, cuñado de doña Salvadora: cónsul en Nueva York.

La rebelión del 4 de abril de 1954

El 4 de abril de 1954, Domingo de Resurrección, un grupo de ex oficiales de la Guardia Nacional y algunos civiles planearon un complot y decidieron emboscarlo ese día en la Carretera Panamericana, en el departamento de Managua.

Pero el plan fracasó porque uno de los conspiradores delató a sus camaradas. Varios fueron capturados, por los mayores José R. Somoza y Agustín Alfaro, tales como los hermanos Luis Felipe y Adolfo Báez Bone, Rafael Chosieul Praslin, Pablo Leal Rodríguez (padre del futuro canciller en el gobierno de Enrique Bolaños Geyer, 2002 – 2007, Ernesto Leal Sánchez q.e.p.d), Agustín Alfaro, Luis Felipe Gaboardi, Optaciano Morazán, etcétera. Varios de estos fueron asesinados en la zona de Cuatro Esquinas, cerca de Jinotepe la cabecera de Carazo o capturados posteriormente.

Los titulares de los periódicos, sobre todo del diario opositor La PrensaNovedades (de Somoza), decían que los conjurados «murieron en combate» lo que era mentira hasta cierto punto, pues en dicha carretera en el llano de Pacaya hubo un tiroteo en el cual los sublevados mataron a dos soldados de la Guardia Nacional de un retén, y ofrecían recompensas por el paradero de los vivos.

Uno de estos (Adolfo Báez Bone) fue torturado por el hijo menor de Somoza, Tachito, en la Casa Presidencial y le escupió sangre a la camisa de este diciéndole que su sangre lo iba atormentar por el resto de su vida. Los restos de los rebeldes fueron enterrados cerca de Jinotepe y allí estuvieron hasta 1962 cuando el hijo de uno de los complotados, Ernesto Leal Sánchez, los trasladó al Cementerio General de Managua donde actualmente reposan cerca de la cripta de los oficiales de la Guardia Nacional.

Al mayor Agustín Peralta, compadre del rebelde Agustín Alfaro y comandante de la Tercera Compañía, se le culpó durante mucho tiempo de ser el responsable de los asesinatos, aun cuando se retiró de la Guardia Nacional con el grado de coronel en 1960.

Muchos libros -como Estirpe sangrienta: los Somoza (1958, de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, dueño del diario La Prensa), Memorias de un soldado (2002, del coronel Francisco Boza) y La saga de los Somoza (2001, del teniente Agustín Torres Lazo)- lo culpan del hecho.

Pero en una entrevista que le hizo el historiador y periodista Roberto Sánchez Ramírez, publicada por La Prensa del 17 de octubre de 2005, Agustín Peralta aclaró que el verdadero responsable del hecho había sido el coronel Anastasio Somoza Debayle, pues había falsificado la firma de su padre con una orden escrita.

Atentado contra Somoza

El viernes 21 de septiembre de 1956, en la Casa del Obrero en la ciudad de León, se daba una fiesta, tras la convención del Partido Liberal Nacionalista (PLN) que proclamaría otra vez a Somoza García como su candidato. La tarde de ese viernes, cuando Somoza y su esposa llegaron a la ciudad, mientras ella estaba junto a su peinador, manicurista y modista, discutía con Somoza García ya que Salvadora quería reforzar la seguridad en el edificio, además de que él usara el chaleco antibalas.

Esa noche, cerca de las 23:20, después de que Somoza bailó «Caballo negro» de Dámaso Pérez Prado y estando sentado junto a una mesa a la par de su esposa Salvadora, el joven poeta opositor Rigoberto López Pérez, miembro del PLI, le disparó cinco balas (de las que acertó cuatro) con un revólver Smith and Wesson calibre 38. Al resultar herido, Somoza le gritó a López Pérez: «¡Bruto, animal! ¡Ay, Dios mío!», según los testigos. Mientras tanto los guardias de su escolta sacaron sus pistolas Colt y subfusiles Thompson, ambas armas estadounidenses de calibre 11.43 mm, mataron de 54 balazos a López Pérez.

Desde esa noche del 21 de septiembre, en Nicaragua se declaró el estado de sitio. Muchos opositores fueron encarcelados, incluyendo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, dueño del diario La Prensa.

Somoza fue trasladado primero al hospital San Vicente de la ciudad de León, donde los médicos le inyectaron plasma, sangre, un litro de suero dextrosado y demerol. Luego fue trasladado en helicóptero al Hospital Militar de Managua, pero como allí estaba fuera de servicio el equipo radiológico lo pasaron al Hospital General de la misma ciudad.

Aquí las radiografías confirmaron que las balas no eran mortales, pero la bala que lesionó la cauda equina era peligrosa, aunque el médico César Amador Kühl recomendó que no era necesario hacer de inmediato la operación para sacársela.

Este tipo de cirugía no existía en Nicaragua, por lo que el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, envió un avión para trasladarlo al Hospital Gorgas, que se encontraba en la Zona del Canal de Panamá (entonces en poder de Estados Unidos).

El lunes 24 de septiembre de 1956 le realizaron la cirugía, pero los médicos cometieron el error de ponerle anestesia general en vez de anestesia local. Como Somoza era diabético y obeso, entró en estado de coma hasta que falleció cinco días después en ese centro sanitario estadounidense el sábado 29 de septiembre de 1956 a las 4:05 de la mañana.

Funeral de Somoza

El día 30 de septiembre fueron llevados los restos de Somoza al Aeropuerto Internacional Las Mercedes en Managua, en un avión propiedad de su empresa LANICA (Líneas Aéreas de Nicaragua) y fue seguido por pobladores curiosos y miembros de la Guardia Nacional, estos últimos para rendirle honores presidenciales.

Sus restos fueron llevados primero a la Catedral Metropolitana (misma que se dañó por el terremoto del 23 de diciembre de 1972 y ahora es la Antigua Catedral de Managua) para celebrar un responso. Luego lo trasladan a la Academia Militar y después al Palacio Nacional (sede del Congreso que hoy es el Palacio de la Cultura).

Luego se trasladaron nuevamente a la Catedral para celebrar una misa pontifical, después al Palacio del Ayuntamiento, que era la sede de la alcaldía de Managua, llamada en ese entonces Distrito Nacional, al Club de Clases de la Guardia Nacional, y por último a la Casa Presidencial y el Palacio de Ayuntamiento, que era la sede de la Alcaldía de Managua llamada en ese entonces Distrito Nacional.

El papa Pío XII envió su bendición a la viuda Salvadora Debayle. El cardenal de Nueva York, Francis Joseph Cardinal Spellman envió un comunicado a Luis Anastasio Somoza Debayle (hijo mayor del general) diciéndole: «Estoy seguro de que su padre hubiera estado muy complacido de saber que usted será su sucesor».

El presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower también expresó su gran simpatía hacia el difunto y el pésame a su familia. Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana, fue uno de los que más presentó solidaridad para Somoza y el resto de sus amigos: Paul E. Magloire (de Haití), Fulgencio Batista (de Cuba), Carlos Ibáñez del Campo (de Chile) y Alfredo Stroessner (del Paraguay). Entre otros mensajes que llegaron a Nicaragua, estuvo un pésame de la reina británica Isabel II.

Su funeral estuvo compuesto por todos los obispos de Nicaragua, diplomáticos, somocistas y delegaciones extranjeras. Durante las ceremonias una serie de discursos de fieles seguidores de la familia Somoza, hicieron filas en algo que era más servilismo que realidades hacia la persona del dictador.

El 2 de octubre de 1956, se realizó finalmente el entierro de Anastasio Somoza García, saliendo de la Casa Presidencial hasta el Cementerio General (también llamado Cementerio Occidental desde 1959, cuando se inauguró el Cementerio Oriental al este de la capital) un desfile que empezó a las 9:30 de la mañana y culminó a la 13:15, bajando de la Loma de Tiscapa por la avenida Roosevelt y girando al oeste por la calle Quince de Septiembre que conduce a dicho cementerio. Fue sepultado en la cripta de oficiales de la Guardia Nacional. Le sucedió en la presidencia, de 1956 a 1963, su hijo Luis Somoza Debayle.

Legado

Personaje altamente controvertido en la historia nicaragüense, durante su gestión se construyeron edificios públicos, como el estadio General Somoza, el Palacio Nacional, el Banco Nacional de Nicaragua, el Palacio de Comunicaciones, avenidas, parques, hoteles, centros nocturnos y casinos. Se impulsó el cultivo del algodón para su exportación. Somoza García amasó una inmensa fortuna para sí mismo y sus familiares de manera ilegal desde 1940. Se resalta su control sobre la agricultura, el café y el ganado. También en su poder se encontraban compañías textiles, destilerías, líneas mercantes, plantaciones y la Línea Aérea Nacional (LaNica). Su forma de gobierno en la actualidad recibe el nombre de cleptocracia.

Después de su muerte, la familia apareció en la lista entre las más acaudaladas del mundo. Así mismo también existen en el Archivo General de la Nación (ubicado en el Palacio de La Cultura, antiguo Palacio Nacional) muchas fotos de Tacho y su familia, incluidas las de sus funerales, y la correspondencia de postales de sus serviles la cual está en la caja n.º 7 de dicho archivo.

Durante la llamada «era dorada» de Nicaragua, en cada uno de los cines de la nación, antes de iniciar la película se exhibía un prolongado newsreel (“noticiero cinematográfico”) que exhibía la vida pública y familiar de los Somoza, con la leyenda: «Con Somoza forever».

Su gobierno fue represivo y corrupto. Agradaba al gobierno de Washington por su carácter anticomunista. Se le atribuye al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt la frase: «Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», pero la frase le pertenece a Cordell Hull, secretario de Estado de Roosevelt.

Mito sobre sus restos y los de su hijo Luis Somoza Debayle

Con la huida de Nicaragua de la familia Somoza hacia Miami (Estados Unidos), la madrugada del 17 de julio de 1979, derrocada por la guerrilla Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la rendición de la Guardia Nacional el jueves 19 y la entrada a Managua de dicha guerrilla al día siguiente viernes 20, se dijo que el dictador Anastasio (Tachito) Somoza Debayle se llevó los restos de su padre y de su hermano Luis por temor a una profanación por parte del pueblo y los guerrilleros.

En efecto las turbas destruyeron con mazos la Estatua del Soldado, que estaba detrás de la entrada de la cripta de los oficiales de la Guardia Nacional, que en posición de guardia sostenía un rifle semiautomático estadounidense M1 Garand calibre 7.62 × 63 mm en su mano izquierda. Las bayonetas que adornaban los bordes de las paredes exteriores de la cripta fueron destrozadas, retorcieron a mazazos su doble puerta de verjas y rociaron con pintura en aerosol consignas en dichas paredes. Hasta hoy se ven los daños.

Durante muchos años se creyó en ese mito hasta el mes de julio de 2002, 23 años después de los sucesos, durante el cual Álvaro Somoza Urcuyo (hijo de Luis Somoza Debayle y de Isabel Urcuyo de Somoza) le reveló al historiador Roberto Sánchez Ramírez que los restos de su padre y de su abuelo paterno siempre estuvieron en la cripta de oficiales de la Guardia Nacional de dicho cementerio y que fue una mentira que su tío Anastasio se llevó tales restos a Estados Unidos.

Dicha entrevista fue publicada en el diario La Prensa el sábado 13 de julio de 2002 con los titulares «Somoza nunca se fue», «Se derrumba un mito de 23 años» y «Vagos habrían profanado la tumba de “Tacho Viejo”». Álvaro Somoza dijo que al esqueleto de su abuelo se le hizo una prueba de ADN que confirmó que era auténtico.

Sánchez bajó a la cripta acompañado por trabajadores del cementerio, encontrándose que esta fue usada como inodoro por los mismos trabajadores y en medio de la basura y la inmundicia vieron tirados en el piso unos huesos, un cráneo y pedazos de ataúd.

La placa de la bóveda de Somoza García fue quebrada por vagos que creyeron que allí había medallas de oro y al no ser así dejaron tirados sus restos por años, lo que sucedió probablemente después de julio de 1979. Los huesos los pusieron después en su mismo lugar. No hubo intención política, pues la placa de la bóveda de Luis está intacta.

Dichos de Anastasio Somoza García

La política de las Tres P:

  • «Plata para los amigos, palo para los indiferentes, plomo para los enemigos».

Sobre Nicaragua:

  • «Que yo sepa solo tengo una hacienda y se llama Nicaragua».
  • «¿Yo, presidente de Nicaragua? ¡Nicaragua es mía!».
  • «Darle democracia a Nicaragua es como darle chile a un niño».
  • «Pienso permanecer no menos de cuarenta años, pero si los Estados Unidos me hicieran la menor insinuación de abandonarme, lo haría inmediatamente, pidiendo solamente garantías completas para mi persona».

Sobre su familia:

  • «Mi nuera Hope tiene clase».
  • «De mis hijos, quien más se parece a mí es Lillian».

Bibliografía

  • El verdadero Sandino o el Calvario de las Segovias, 1936, de Anastasio Somoza García.
  • Estirpe sangrienta: los Somoza (1958), de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
  • Diario de un preso (1962), de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
  • Jesús Marchena (1976), de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
  • Richter 7 (1976), de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
  • Hombre del Caribe (1977), del exteniente Abelardo Cuadra Vega.
  • Nicaragua traicionada (1980), de Anastasio Somoza Debayle y Jack Cox, publicada poco tiempo después del atentado en Asunción (Paraguay), en el cual murió Anastacio Somoza, el 17 de septiembre de 1980.
  • Diario político (1990), de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (obra póstuma).
  • La saga de los Somoza (2000), del exteniente Agustín Torres Lazo.
  • Memorias de un soldado (2002), del excoronel Francisco Boza Gutiérrez.
  • 43 años de dictadura dinástica (2002), del exoficial Mario Alfaro Alvarado, dado de baja por haber apoyado al presidente Leonardo Argüello Barreto al ser derrocado este por un golpe de estado el 26 de mayo de 1947.
  • Semper fidelis (2005), de Justiniano Pérez, exoficial ejecutivo de la EEBI.

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