El asesinato de Ali Razmara

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Ali Razmara
  • Clasificación: Magnicidio
  • Características: Khalil Tahmasebi, un carpintero perteneciente a la secta Devotos del Islam, disparó tres veces contra el primer ministro
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 7 de marzo de 1951
  • Fecha de nacimiento: 1901
  • Perfil de las víctimas: El general Haj Ali Razmara, de 49 años, primer ministro de Irán
  • Método de matar: Arma de fuego
  • Localización: Teherán, Irán
  • Estado: Khalil Tahmasebi, el asesino, fue inicialmente puesto en libertad. Sin embargo fue detenido y juzgado en 1952, y ejecutado en 1955
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El asesinato de Ali Razmara

José María Ollé Romeu – Un siglo de magnicidios (1964)

Ali Razmara, primer ministro de Irán (7 de marzo de 1951)

La población de Persia o Irán ascendía en 1951 a unos dieciocho millones de habitantes. Una parte de la población, cerca de tres millones vivía del pastoreo sobre una tierra muy poco apta para la agricultura. Esta población se distribuía en diversas tribus más o menos nómadas, según las condiciones del territorio que ocupaban.

La agricultura, principal tarea de los sedentarios, depende de la abundancia o deficiencia del agua y de la escasez de comunicaciones entre las diferentes regiones del país. La existencia de grandes latifundios de carácter feudal, dominados por una clase propietaria que tiene sometida la población campesina en condiciones de subalimentación, dificulta el desarrollo de una agricultura avanzada técnicamente.

No todos los sedentarios lo son propiamente, lo mismo que los nómadas. Las condiciones ambientales han creado una gama muy variada de sistemas de vida intermedios. Si se prescinde de la industria petrolífera, no se puede hablar de industria moderna en Persia, a pesar de los esfuerzos del gobierno, no siempre positivos, para desenvolver la industria textil, la mecánica, la de cemento y la del azúcar.

Desde el punto de vista étnico no existe una nacionalidad persa, a pesar de los esfuerzos de los últimos gobiernos para eliminar las diferencias entre los grupos raciales. Esta diversidad étnica es producto de la situación del país, invadido a lo largo de su historia por numerosos y muy diferentes pueblos.

Persia ha sido muchas veces un camino hacia otros países. Los pueblos iranios están divididos principalmente en persas, curdos, lures, afganos, beluchis y tadchikis. Los gobiernos de Teherán se han esforzado en unir estos diferentes grupos, que hablan lenguas distintas y no desean mezclarse entre sí.

Los curdos, que habitan la zona de los montes Zagros, han intentado varias veces separarse del gobierno central y crear un gobierno propio. Su número suma unos setecientos mil, y son el pueblo que más violentamente se ha opuesto a la política de unidad del gobierno.

Junto a ellos habitan los lures, pueblo muy afín al curdo, pero que habla una lengua distinta, con unos doscientos cincuenta mil habitantes. Los beluchis son unos doscientos mil, pero en el Pakistán viven cerca de un millón de ellos.

Por el norte penetraron en la meseta pueblos turcos y mogoles, dejando parte de los componentes de las olas invasoras en varias zonas del país.

Los pueblos turcos que habitan en Irán pertenecen a las ramas de los turcomanos, quirguices y uzbecos. El núcleo más compacto está situado en la provincia de Azerbaidján, que intentó constituirse en Estado independiente después de la Segunda Guerra Mundial. Los mogoles están representados por los hesarehs, y afín a ellos está el pueblo kashkaís, en la región de Shizar, que étnicamente son mogoles turquizados y que aún en 1929 tuvieron que ser sometidos al poder central.

En las costas del golfo Pérsico habitan unos trescientos mil árabes nómadas y sedentarios, que fueron políticamente independientes hasta 1925.

La única unión entre estos pueblos tan diferentes la constituye el islamismo, que también está dividido en varias sectas. La más importante es la secta Shii, forma iránica del Islam que acepta solamente como primer califa verdadero a Alí, sobrino y yerno del profeta, no reconociendo la Sunna como fuente de revelación. Otra secta es la sunnita u ortodoxa, que reconoce la Sunna.

Así como las razas que pueblan Irán se subdividen en múltiples ramas, también las dos grandes sectas están subdivididas en múltiples divisiones. De todos modos la religión ha sido un factor de unificación que sustituye al sentimiento nacional. La secta Shii, religión oficial del Estado desde 1520, ha representado un fuerte factor de unificación del país.

Los cristianos no desempeñan ningún papel importante en Irán. Los armenios, unos cuarenta y cinco mil, monofisitas con Iglesia independiente, tienen cierta importancia en la vida comercial persa. Existe un pequeño grupo de nestorianos, que hablan una lengua neoaramea y habitan cerca del lago Urmia. También hay en las ciudades minorías de religión judía.

La historia contemporánea de Irán empieza en Londres el año 1909, cuando fue constituida la Anglo-Persian Oil Company Ldt., que controla toda la industria petrolífera persa. Esta industria ha sido la única que ha prosperado en el país, pasando de ochenta y una mil toneladas en 1913 a treinta y dos millones doscientas cincuenta y seis mil toneladas en 1950; pero, a pesar de la fabulosa riqueza que significa la exportación petrolífera, sólo una pequeña parte ha sido empleada para mejorar las condiciones de vida de la masa de la población. Los obreros de la industria petrolífera no pasan de veinticinco mil, y sus sueldos han sido siempre bajos.

Después de la Primera Guerra Mundial los jóvenes oficiales, acaudillados por Riza Khan, derribaron en 1925 la vieja dinastía Kadjar. Este mismo año el jefe de los sublevados se coronó sha de Persia y se esforzó en industrializar el país y darle cierto carácter occidental.

Los métodos empleados en esta política fueron a menudo violentos y muchas veces no consiguieron el resultado deseado. Los traslados obligatorios de poblaciones enteras de unas zonas a otras para dar mayor cohesión al país, las presiones del gobierno sobre los nómadas para convertirlos en sedentarios, tuvieron que ser abandonados, porque ocasionaban un gran descenso de la población. Riza sentía simpatías por los regímenes totalitarios europeos e intentaban independizar la industria petrolífera de la tutela inglesa.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial la posición del sha era difícil, por sus antiguas manifestaciones de amistad a las potencias totalitarias. La situación se hizo crítica al no aceptar completamente las exigencias de Rusia e Inglaterra para expulsar a los súbditos del Eje.

Estas potencias no juzgaron satisfactoria la respuesta del gobierno persa, e inmediatamente invadieron el país y obligaron a abdicar al sha en su hijo Mahomed Reza Pahlevi. Irán fue ocupado por tropas rusas e inglesas, y más tarde colaboraron en la ocupación tropas norteamericanas.

En 1945 la mayoría turca de la provincia de Azerbaidján, con la protección del ejército soviético, se declaró República independiente. La cuestión fue elevada a la O.N.U., y después de unas laboriosas discusiones el ejército soviético se retiró del país.

El gobierno persa reconoció en cambio que debía reformar sus relaciones administrativas con la provincia de Azerbaidján, y se constituyó una compañía rusoiraniana para explotar los yacimientos petrolíferos de esta provincia.

En septiembre de 1946 una nueva provincia, la de Fars, que agrupaba la mayor parte del pueblo kashkais, se sublevó contra el gobierno central pidiendo una amplia autonomía. La crisis se solucionó cuando el gobierno prometió aceptar las reformas de los insurgentes.

En el poder se sucedieron varios gobiernos de política conservadora, que, apoyados cada vez más por Estados Unidos, fueron eliminando las autonomías regionales y anularon las concesiones petrolíferas hechas en 1946 al gobierno soviético. El partido Tudeh, de tendencias socialistas, fue perseguido por estos gobiernos. Pero esta política conservadora no solucionó el malestar del país. El 4 de febrero de 1950 el sha sufrió un atentado.

Para solucionar los difíciles problemas planteados a Irán, el 20 de junio de 1950 formó un nuevo gobierno el general Alí Razmara, de cuarenta y cinco años de edad, educado en la Escuela Militar francesa de Saint-Cyr. Razmara era un hombre enérgico y de gran reputación dentro del ejército, dispuesto a abordar con mano fuerte las graves dificultades de su país.

La política del general Razmara estuvo orientada hacia la colaboración con la Anglo-Iranian para concertar un nuevo tratado sobre las concesiones petrolíferas. El Parlamento, dirigido por Mohammed Mossadegh, rechazó la propuesta del gobierno, apoyado Mossadegh por grandes manifestaciones populares de carácter antibritánico.

Esta situación inestable desembocó en un atentado contra el general Razmara, el 7 de marzo de 1951, que le costó la vida. El ataque se realizó cuando Razmara salía de una mezquita acompañado de un grupo de personalidades. En este momento un individuo disparó tres veces con un revólver sobre el general. Una de las balas alcanzó al jefe del gobierno en la cabeza, produciéndole la muerte instantánea, y otra persona del séquito resultó herida.

El asesino fue detenido, junto con dos cómplices, en el mismo lugar del suceso. Se llamaba Khalil Tahmasebi, de oficio carpintero. Según la policía pertenecía a la secta islámica Fidaiyan Islam, o Devotos del Islam. Esta secta, que fue también la que atentó en 1950 contra el sha, propugnaba la nacionalización de la industria del petróleo, y la razón del atentado fue la negativa del general Razmara a nacionalizar la Anglo-Iranian. La muerte de Razmara fue un duro golpe para la política británica en Irán.

Al día siguiente del atentado el nuevo gobierno, presidido por Hussein Alá, no se atrevió a enfrentarse con las numerosas manifestaciones que en favor de la nacionalización se produjeron en todo el país. Las derechas y las izquierdas se unieron en un mismo esfuerzo para expulsar de los yacimientos persas a las compañías extranjeras.

El gobierno de Hussein Alá hizo aprobar la nacionalización de la industria petrolífera en un momento en que era deseada por la mayor parte del país, convencido de que ellos mismos podían explotar y recibir los beneficios del petróleo.

Pero el verdadero instigador de esta campaña fue el doctor Mossadegh, que se convirtió en el héroe popular de las masas iraníes, lo que obligó a dimitir a Hussein Alá, ocupando aquél su puesto el 28 de abril de 1951. Con el gobierno presidido por el doctor Mossadegh se abrió una nueva etapa muy difícil de la historia contemporánea de Irán.

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