El asesinato de Casta Carrillo

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Casta-Carrillo
  • Clasificación: Crimen sin resolver
  • Características: Agresión sexual - El cuerpo de la víctima, hallado ocho días después de la desaparición, estaba casi desnudo y presentaba arañazos en la espalda y sangre en la cabeza
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 19 de julio de 1995
  • Perfil de las víctimas: Casterina Carrillo Fernández, de 31 años
  • Método de matar: Golpe en la cabeza (traumatismo craneoencefálico)
  • Localización: Puente Genil, Córdoba, España
  • Estado: Un informe del Servicio de Genética Forense de la Universidad de Santiago de Compostela efectuado en 2003 afirmó que los restos biológicos encontrados en el cuerpo de la víctima correspondían a dos personas distintas. La Audiencia Provincial de Córdoba decretó el archivo del caso en 2008 debido a la imposibilidad de avanzar en la investigación
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Casterina Carrillo: un ADN que lleva diecisiete años sin rostro

Crimenycriminologo.com

27 de diciembre de 2013

Es muy frecuente escuchar, entre los que nos dedicamos a estudiar la parte más oscura del ser humano y su entorno, que cada pueblo tiene su historia negra. En esta entrada de crimenycriminologo nos desplazamos hasta Puente Genil, pueblo de la provincia de Córdoba (España), para conocer un suceso que, tras más de diecisiete años, sigue sin esclarecerse. Un asesinato que aún, a día de hoy, no tiene ni nombre ni rostro.

El 19 de julio de 1995, Casterina Carrillo de 31 años de edad, salió con su bicicleta entre las ocho y media y las nueve y media de la noche a dar un paseo por el paraje conocido como el camino de Montalbán. Una paraje de sobra conocido por Casterina, quien solía pasear por allí, siempre acompañada de un amiga, excepto esa trágica noche que decidió salir sola, no regresando de nuevo a su casa.

La bicicleta de Casta, como la llamaba su padre, fue encontrada esa misma noche por el guarda del cortijo, de camino a su trabajo, en mitad del camino. Algunos vecinos recuerdan haberla visto durante el recorrido e incluso alguno entabló conversación con la fallecida, pero desgraciadamente, nadie sabía cómo desapareció.

Su cuerpo aparecería una semana después, semidesnudo, bajo un olivar apartado del lugar de donde Casta dio sus últimas pedaladas. Desgraciadamente, los investigadores ya no tenían que buscar a una chica desaparecida, ahora, tocaba descubrir el culpable o culpables que habían terminado con la vida de Casterina Carrillo. Esa misma noche una llamada anónima a la Policía Local de Puente Genil citaba el nombre y primer apellido de una persona relacionada con el crimen. Los investigadores comprobaron que en Puente Genil no había empadronado nadie con esa identidad. Años más tarde verificaron que hasta cinco personas con idéntico nombre y apellido se encontraban empadronadas en los pueblos de alrededor.

El cuerpo, ya sin vida, de la joven fue trasladado hasta el cementerio de Puente Genil para que el forense practicase la autopsia. El examen determinó que la joven murió de un fuerte golpe en la cabeza pero apenas se pudo determinar si Casta fue violada. El forense extrajo algunas muestras, vello de pubis en una de sus manos y unos restos de sangre entre las uñas. Algunos testigos recordaron que, durante el rastreo, un grupo de personas habían pasado por el cementerio y vieron a un hombre al lado de una furgoneta con una cuerda y con manchas de sangre. El hombre dijo que estaba en el cementerio para confesarse a los monjes de la Orden de los Hermanos de la Resurrección, que vivían y cuidaban el cementerio.

Semanas más tarde, cuando el padre de Casterina se encontraba en el cementerio rezando por su hija, pidiendo por que el culpable de su desdicha fuese detenido, uno de esos monjes, le confesó que el asesino de su hija era el hombre que vieron en el cementerio y que había ido allí a esconder el cuerpo para después confesar el crimen. Aquel hombre fue detenido pero días más tarde se le puso de nuevo en libertad. El monje que le había inculpado apareció días más tarde ingresado en un psiquiátrico de Sevilla, después de haberse intentado suicidar, según su relato, porque había acusado a alguien sin motivo del aquel crimen. Las muestras de ADN tampoco se correspondían con las suyas y los restos de sangre de su furgoneta pertenecían a un animal.

El caso permaneció varios años cerrado hasta que una nueva pista dio de nuevo esperanza a la familia Carrillo. En 2003 un testigo protegido manifestó a los investigadores haber visto a cuatro jóvenes que fueron de Lucena a Ecija a comprar droga y se encontraron con Casta, a la que obligaron a subir a un coche, y añade que la mataron y la llevaron hasta el olivar. Y sellaron un pacto de silencio.

Aquella pista sólo condujo a otro camino sin salida. Un camino y un crimen que en 2008 el Juzgado archivaría finalmente por falta de pruebas. Aún hoy, diecisiete años después, un pueblo, una familia y una muestra de ADN están esperando poner rostro y nombre al asesino o asesinos de a la que se le recuerda en Puente Genil con una calle con su nombre: Casteria [Casterina] Carrillo.


Intentan constrastar los ADN de Casta y Sonia Carabantes

Diariocordoba.com

12 de septiembre de 2003

El abogado de la familia Carrillo Fernández, Ernesto Cáceres, presentó ayer en el Juzgado de Primera Instancia de Puente Genil auxilio judicial al de Coín (Málaga) para solicitar el contraste de las pruebas de ADN halladas en las uñas de la joven pontanesa Casta Carrillo, asesinada en 1995, y los restos orgánicos encontrados junto al cadáver de Sonia Carabantes hace escasos días. El abogado insiste en que «se dispone de una descripción física de un sospechoso del crimen de Puente Genil que se está pretendiendo identificar». Esta persona fue vista por varios testigos en la zona del canal de riego Genil-Cabra -donde desapareció Casta- y se tienen indicios de las características de su vehículo. Para el letrado, «la descripción de este sospechoso puede dar luz a los casos de Sonia Carabantes y Rocío Wannikhof», ya que los tres crímenes guardan «numerosas similitudes».

En este sentido, Cáceres matizó que «son tres chicas jóvenes y bien parecidas que se encontraban a solas en el momento de ocurrir los hechos y que sufrieron un asalto que no puede ser improvisado, casual ni fortuito, sino que deja entrever cierta premeditación y acecho, además de que los tres crímenes acontecieron en fechas veraniegas».

El hecho de que las jóvenes malagueñas fueran asesinadas en época de feria y Casta Carrillo en medio de una sucesión de verbenas hace pensar a Ernesto Cáceres que «no debe descartarse la posibilidad de que el supuesto autor de los hechos sea una persona trashumante y que vive de las atracciones de feria o de puestos de golosinas que suelen instalarse en este tipo de ferias».

El letrado manifestó a este periódico que «llevamos un año trabajando con cautela en el caso de Casta Carrillo» y alude a la petición de una serie de nuevas pruebas que solicitó en su día a la jueza de Puente Genil para intentar esclarecer el caso. A este respecto, Cáceres dijo que las pruebas de ADN practicadas a los dos principales sospechosos del crimen de Casta han dado negativas con los restos encontrados en el cuerpo de la joven pontanesa.

La intención del letrado es investigar la posible coincidencia entre el ADN de la sangre y el vello pubiano encontrado en el cuerpo de Casta Carrillo con el hallado en el de Sonia Carabantes, hecho que calificó de «trascendental para la investigación».

Desaparición en 1995

Casta Carrillo era la mayor de una familia de cinco hermanos y solía pasear en bicicleta por la carretera del canal de riego. Desapareció en la tarde del 19 de julio de 1995 y su cadáver fue hallado ocho días después por unos agricultores en un olivar apartado dentro del pago conocido como Paco Estrella.

Su cuerpo estaba prácticamente desnudo, con signos visibles de violencia -un gran golpe en la cabeza- y en avanzado estado de descomposición, lo que hizo sospechar que fue asesinada el mismo día de su desaparición.

La familia Carrillo nunca se ha resignado a que el caso se cierre para la justicia y ahora ha encontrado el momento de investigar si hay paralelismo con los asesinatos de Rocío Vannikhof y Sonia Carabantes.


La familia de Casta Carrillo pide la ficha de un sospechoso

Diariocordoba.com

1 de octubre de 2003

La defensa de la familia de Casterina Carrillo, la joven de Puente Genil que fue asesinada en julio de 1995, ha solicitado a la Guardia Civil un informe sobre uno de los sospechosos de haber participado en el asesinato para comprobar sus antecedentes.

Así lo dijo a Europa Press el abogado de esta familia pontana, Ernesto Cáceres, que explicó que este sospechoso corresponde a una de las cuatro personas cuyo nombre coincide con el apuntado por un informador anónimo que llamó a la Policía el día después de que fuera encontrado el cuerpo sin vida de Casterina Carrillo.


La Guardia Civil comparará el ADN del caso Carabantes y una joven muerta en Córdoba en 1995

Europa Press – Elmundo.es

14 de octubre de 2003

El juzgado de Puente Genil (Córdoba) ha ordenado al Servicio de Criminalística de la Dirección General de la Guardia Civil que compare los perfiles genéticos de los casos de Sonia Carabantes y Casterina Carrillo, la joven de dicha localidad que fue asesinada en julio de 1995.

El abogado de la familia Carrillo, Ernesto Cáceres, indicó que esta orden surge después de que el Juzgado de Coín (Málaga) decidiera la pasada semana no remitir aún los informes del ADN del caso de Sonia Carabantes a Puente Genil para compararlos con las muestras de piel y vello púbico que aparecieron en el cadáver de Casterina, tal y como solicitó la familia.

Cáceres señaló que el Juzgado de Coín «pidió un informe al equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil sobre las posibilidades reales que existen de conexión entre ambos casos e indicó que, en función de los resultados del mismo y de si existen conexiones viables, se emitirían los informes o no».

El abogado apuntó que esta postura del juzgado de Coín nació tras la comprobación de que el supuesto autor de la muerte de Sonia Carabantes, Tony King, «sólo lleva seis años residiendo en España, mientras que la muerte de Casterina data de hace ocho años».

Este cotejo de ADN se solicitó después de que el padre de la joven de Puente Genil, Cipriano Carrillo, viese «ciertas similitudes» entre los casos de Coín, Mijas (Málaga) y el de Casterina Carrillo, ya que «en los tres casos las cosas ocurrieron en circunstancias parecidas y con la celebración en pueblos cercanos de ferias».

Casterina Carrillo, de 31 años, desapareció el 19 de julio de 1995, después de que saliera a dar un paseo en bicicleta, y su cadáver fue encontrado desnudo y con un golpe en la cabeza el día 27 de ese mismo mes.


Investigan a un sospechoso de asesinar a Casterina

Diariocordoba.com

3 de diciembre de 2003

La jueza que instruye el caso de Casterina Carrillo, la joven de Puente Genil que fue asesinada en julio de 1995, ha solicitado de nuevo a la Guardia Civil un informe sobre uno de los sospechosos de haber participado en el asesinato para comprobar sus antecedentes policiales, informa Europa Press.

Así lo ha confirmado el abogado de la familia Carrillo, Ernesto Cáceres, quien explicó que esta nueva solicitud surge después de que la Guardia Civil respondiese a la primera petición, efectuada a finales de septiembre, «con un breve informe en el que no se informaba de los antecedentes de este sujeto, sino tan sólo de su domicilio y de dónde trabaja». Cáceres señaló que para la familia «es evidente que existen asesinatos de primera, segunda y tercera categoría, y el de Casterina se está tratando como uno de tercera». No obstante, el abogado afirmó que, ante las dificultades que la defensa está encontrando para conseguir los informes que puedan servir para llamar a declarar a este sospechoso, «en las próximas semanas llamaremos a declarar a una persona que fue testigo directo de otro caso por el que se acusó a este sospechoso de una agresión sexual».


El juzgado halla un testigo del homicidio de Casta Carrillo

Diariocordoba.com

29 de agosto de 2006

El juzgado que instruye el homicidio de la joven Casta Carrillo, que tuvo lugar en Puente Genil hace 11 años y por el que nunca se llegó a procesar a nadie, ha localizado un testigo que podría aportar datos sobre los autores de esta muerte, según el abogado de la familia, Ernesto Cáceres.

El letrado explicó a Efe que la localización de este testigo «podría ser fundamental para la resolución de un caso que mantuvo en vilo al municipio durante años y sobre el que el juzgado ha vuelto a decretar el secreto de sumario». Añadió que la situación judicial del caso de la joven «podría dar un importante vuelco en los próximos meses» con las aportaciones del testigo, al que el juzgado ha dado la consideración de protegido.

Destacó también que esta persona tiene «noticias directas sobre uno de los individuos que, con toda probabilidad, intervino en los hechos», una persona sobre la que se están centrando las pesquisas por parte de los cuerpos de seguridad del Estado.

El letrado dijo que, aunque «es pronto para aventurarse a dar datos que pudieran interferir en el curso de las investigaciones», lo cierto es que si cristalizan las novedades que están trascendiendo se estaría muy cerca de dar con la identidad de los culpables de un suceso que conmocionó a la localidad en 1995.

Perseverancia

Cáceres señaló que desde entonces todos los esfuerzos que se han llevado a cabo para dar con el paradero de los asesinos han resultado baldíos, si bien la perseverancia de la familia para evitar que los hechos quedaran impunes y la solidaridad ciudadana ha permitido mantener el caso abierto.

Casta Carrillo, de 31 años, desapareció el 20 de julio de 1995 cuando paseaba en bicicleta y fue encontrada muerta una semana después en un olivar próximo a Puente Genil, en la carretera que une esta población con Santaella.

El cuerpo de la joven, con evidentes signos de violencia, fue hallado por unos agricultores que transitaban por la zona. El lugar apartado y las circunstancias en que fue encontrado el cadáver hicieron pensar a los investigadores que varias personas participaron en el homicidio y que conocían el terreno. En diciembre de aquel año se detuvo a un hombre por estos hechos, aunque negó su participación en la muerte y fue puesto en libertad dos semanas después.


Un testigo clave apunta a cuatro jóvenes de Lucena como los asesinos de Casta Carrillo en 1995

Agencia EFE – ABC.es

20 de octubre de 2006

El testigo que hace unos meses fue localizado por el juzgado que instruye el homicidio de la joven de 31 años Casta Carrillo, que tuvo lugar en Puente Genil hace 11 años y por el que nunca se llegó a procesar a nadie, ha acusado a un grupo de cuatro jóvenes de Lucena como posibles autores del crimen.

Fuentes de la investigación indicaron a Efe que la declaración de este testigo protegido ha abierto una nueva línea de investigación para tratar de esclarecer la muerte de esta joven.

Según este testigo, el día de los hechos este grupo de amigos se desplazó a la localidad de Écija (Sevilla), donde habían acudido para adquirir sustancias estupefacientes, si bien cuando regresaban abordaron a Casta Carrillo en el canal de Riego Genil-Cabra, forzándola a subir al vehículo. Este testigo aseguró, también, que los jóvenes agredieron a Casta hasta matarla y después trasladaron el cuerpo al lugar donde fue encontrado.

Las mismas fuentes destacaron que, tras esta declaración, ya se habría identificado a uno de los presuntos autores, si bien, actualmente, la Guardia Civil trabaja en la identificación de las otras tres personas.

Encontrada en un olivar

Casta Carrillo, de 31 años, desapareció el 20 de julio de 1995 cuando paseaba en bicicleta, y fue encontrada muerta una semana después en un olivar próximo a Puente Genil, en la carretera que une el pueblo con Santaella.

El cuerpo de la joven, con evidentes signos de violencia, fue hallado casualmente por unos agricultores que transitaban por la zona. El lugar apartado y las circunstancias en el que fue encontrado el cadáver hicieron pensar, en un primer momento, a los investigadores que varias personas participaron en el homicidio y que eran conocedores del terreno. De hecho, cuando se hicieron las pruebas de ADN, se demostró que la chica había peleado con varios agresores, porque tenía sangre de uno de ellos en las uñas y pelo de otro en la otra mano.

Sobre este caso se han llegado a abrir varias líneas de investigación, si bien ésta última parece ser la más fiable. Una de ellas estuvo orientada en la solicitud que se hizo al aparecer el cadáver de Sonia Carabantes, en el término municipal de Alora (Málaga), en la que se pedía la contrastación del ADN de su agresor, Tony Alexander King, con los de Casta.

Otra línea de investigación se abrió cuando una mujer, que se identificó en una llamada a la Guardia Civil de Puente Genil, facilitó los datos concretos del fraile Fernando Sevilla como posible autor de los hechos.

La aparición de este testigo clave se dio a conocer a finales de agosto pasado por parte del letrado de la familia Carrillo, Ernesto Cáceres. Por entonces, el abogado explicó que la localización del testigo «podría ser fundamental para la resolución del caso, sobre el que se ha vuelto a decretar el secreto de sumario».


La Audiencia archiva el crimen de Casta Carrillo, ocurrido hace 13 años

E. P. / Eldiadecordoba.es

19 de agosto de 2008

Punto y final a la investigación. La Audiencia Provincial ha archivado el crimen de Casta Carrillo, un suceso que generó una enorme consternación en la localidad de Puente Genil hace 13 años y cuyas incógnitas aún no se han podido despejar. El argumento dado por el máximo órgano judicial de la provincia es que la investigación ha llegado a un punto en el que no se avanza. El juez instructor de Puente Genil ya archivó el caso hace unos meses y la resolución fue recurrida ante la Audiencia Provincial, que el pasado junio también decidió dar carpetazo a la investigación por la falta de pruebas recopiladas durante los últimos años.

En su escrito, el tribunal considera que «el testimonio de dos testigos que señalaban a un grupo de personas, del que sólo se conocía una identidad, era de poca consistencia y que la investigación ha llegado a un punto muerto donde lo más aconsejable era archivar el caso». Desde que se cometió el crimen de Casta Carrillo, de 31 años, pocas incógnitas se han desvelado.

El único testimonio con el que contaba la Guardia Civil era la declaración de un testigo protegido que apuntaba a un grupo de amigos de Lucena como supuestos autores del asesinato. El 20 de julio de 1995, los implicados se habrían dirigido hasta el municipio sevillano de Écija para adquirir sustancias estupefacientes y posteriormente, a su regreso, se habrían encontrado a la joven junto al canal de riego Genil-Cabra, donde paseaba en su bicicleta. Allí la atacaron y la forzaron a subir al vehículo. Los jóvenes la agredieron hasta acabar con su vida y la trasladaron a un olivar próximo a Puente Genil, en la carretera que une esta localidad con Santaella. Una semana más tarde, el cadáver fue encontrada [encontrado] por unos agricultores.

Desde el año 1995, la investigación ha seguido por varias líneas diferentes, sin que ninguna de ellas haya dado resultados concretos y sin que nunca se haya imputado a nadie. Lo único fiable es que en el crimen estuvieron implicados varios individuos. Así lo concluía, al menos, un informe del Servicio de Genética Forense de la Universidad de Santiago de Compostela. El estudio, efectuado en 2003, afirmaba que los restos biológicos encontrados en el cadáver de la mujer correspondían a dos personas distintas. En concreto, el estudio pericial aseguraba que el vello púbico y los restos de sangre hallados en el cuerpo de Casta Carrillo correspondían a dos sospechosos diferentes, sin que ninguno de ellos llegara a ser localizado en los años siguientes.

El último pequeño paso en la instrucción se dio en octubre de 2006, cuando el juzgado localizó a un testigo que implicó a cuatro jóvenes en el crimen. Pero la Guardia Civil tampoco dio con los sospechosos. La única detención relacionada con el caso se produjo en diciembre del 95. Un hombre de unos 40 años fue arrestado por los hechos, aunque siempre negó su participación y fue puesto en libertad dos semanas más tarde sin que el juez le imputara cargo alguno. El crimen causó una enorme consternación en el municipio, hasta el punto de que la implicación de los vecinos de la fallecida motivó actos de solidaridad y manifestaciones.


16 años de silencios y pistas falsas

Mayka Paniagua – Cuartopoder.es

1 de septiembre de 2011 – Actualizado: 4 de septiembre de 2011

Estaba desnuda. Sobre el suelo y con lo que parecía un fuerte golpe en la cabeza. Se llamaba Casterina Carrillo y tenía 31 años. Escribió su último día el 27 de julio de 1995. Ese día su padre, Cipriano, empezaba a escribir la suya propia: una novela negra cuyo protagonista era su propia hija y él, el narrador, en un segundo plano. Entonces, tenía 59 años y creía en la Justicia, en aquellos que le hablaban de tutela judicial y no cedía ante los fracasos. Ahora tiene 75 años y empieza a creer en los crímenes perfectos.

Casta, como la llamaba su padre, salió a pasear el 15 de julio con su bicicleta por un paraje conocido como el camino de Montalbán, cercano a un canal de riego a 2 kilómetros del casco urbano de Puente Genil (Córdoba). Casta era la mayor de cinco años [hermanos]. Conocía el terreno y solía pasear por allí. Siempre salía acompañada de una amiga, excepto esa noche que decidió salir sola y desapareció. No había peligro, o eso pensó. Fue su último paseo.

Esa misma noche se inició la búsqueda. El guarda del cortijo, que volvía del trabajo, encontró la bicicleta en mitad del camino. Ocho días después fue hallado su cuerpo por unos agricultores en un olivar apartado. Estaba casi desnudo, en avanzado estado de descomposición y con signos de violencia. Las pruebas forenses determinaron después que la habían agredido sexualmente y que había muerto el mismo día de su desaparición. Cesó la búsqueda de la chica y se inició la del culpable. Entonces, empezaron los interrogatorios en su entorno y a los vecinos. Algunos testigos recordaron que, durante el rastreo, un grupo de personas habían pasado por el cementerio y contaron cómo allí encontraron a un hombre al lado de una furgoneta con una cuerda y con manchas de sangre. A ese cementerio regresó el padre de Casta en muchas ocasiones para rezar sobre su tumba. Sin embargo, lo que no esperaba era encontrarse con un monje que le confesó que el asesino de su hija era el hombre que vieron y que había ido allí a esconder el cuerpo para después confesarle el crimen. El fraile que lo asistió rompió el secreto de confesión y lo denunció. Los agentes detuvieron a aquel hombre, pero dos días después, tuvieron que dejalo en libertad porque su ADN no coincidía con las muestras biológicas halladas sobre el cadáver de la mujer. Y las líneas de investigación llegaron a un punto muerto. Cipriano hizo lo imposible porque el caso no quedara en el olvido.

Ocho años después, en 2003, la detención de Tony King por el asesinato de Sonia Carabantes y de Rocío Wanninkhof reavivó la mecha. Cipriano pidió a la jueza de Puente Genil que instruía el sumario de Casta que cotejara los restos de piel y vello púbico hallados sobre el cadáver de su hija con el ADN encontrado en las uñas de Carabantes y en la colilla localizada en el lugar en el que desapareció y fue asesinada Wanninkhof. Lo hacía por convicción, por la esperanza de encontrar al asesino de su hija y por las similitudes entre los casos. Casta fue asesinada cuando muchos turistas llenaban el pueblo debido a las ferias que se celebraban en algunos pueblos cercanos, unas circunstancia similar a la de la muerte de Sonia Carabante [Carabantes], al [a la] de Rocío Wanninkhof y al [a la] de Ana Elena Lorente. También algunos testigos corroboraron haber visto un coche blanco rondando en los alrededores del lugar en el que la asesinaron, como el que utilizaba King. «No perdemos nada», decía entonces el hombre. En octubre, la juez aceptaba la petición. La rueda se ponía en marcha de nuevo para Casterina. Sin embargo, las pruebas forenses determinaron que Tony King no era el asesino de su hija. Su ADN no coincidía. Además, el delincuente había llegado a España seis años antes y no ocho, fecha en la que le quitaron la vida a Casta.

Tres años después el caso sufría un nuevo revulsivo. Un testigo, al que el juzgado dio la naturaleza de protegido, aportó nuevos datos a la investigación. Entonces la defensa de la familia aseguraba que esta persona tenía información sobre uno de los individuos que, con toda probabilidad, intervino en los hechos. Los agentes debían corroborar los datos aportados por el confidente que aseguraba que el día de los hechos un grupo de amigos se desplazó a la localidad sevillana de Écija para adquirir sustancias estupefacientes. De regreso al pueblo, vieron a Casta y la asaltaron cerca del canal de riego del Genil-Cabra, forzándola a subir al vehículo. Ella se resistió y la forzaron golpeándola. Después, la condujeron hasta la finca San Juan, a los pies de un olivo (el lugar en el que fue localizado su cadáver después), a seis kilómetros de distancia, y lejos de las miradas de vecinos y veraneantes consumaron la violación. Después, la asesinaron. Casta murió a causa de un traumatismo cranoencefálico. La fuente proporcionó una descripción de uno de los individuos y con ella empezó la Guardia Civil a reconstruir el crimen de nuevo.

Aquella pista no condujo la investigación más que a otro camino sin salida. No consiguieron probar que aquel sospechoso era el autor de la muerte de Casta. El 8 de julio de 2008 el juzgado de la Audiencia Provincial comunicaba a sus padres que archivaban el caso por falta de pruebas. Cipriano creía que estaban cerca de los autores y recurrió. De nada sirvió. El 19 de agosto el carpetazo resonó en sus esperanzas. 13 años a la papelera. Trece años confiando en la Justicia. «Hemos tenido la certeza de encontrar pistas, tener indicios o simplemente sospechas sobre la autoría del cruel asesinato de mi hija, pero no han pasado del juzgado», afirmó. Lo último de todo es que hay dos testigos que afirman que un hombre viudo de la localidad de Lucena, contó en un lugar de alterne a unas prostitutas que tuvieran precaución y no fueran en bicicleta de noche porque unos amigos suyos -aunque él no intervino- violaron y mataron a una muchacha. El padre pedía un careo de este hombre con los otros tres que supuestamente estuvieron implicados en la muerte de mi [su] hija. Nunca se hizo por no considerarlo determinante.

Ahora, sólo una cruz, con unas flores y una pancarta en la que se lee difíclmente [difícilmente] «Por favor, respeten esto, lo pide una madre», marca el lugar donde fue hallado el cadáver de la joven. La novela sigue sin tener final. El resto de la historia habla de un hombre sencillo, camionero de profesión, que tuvo que dejar lo único que sabía hacer porque resolver el caso de su hija consumía todas sus fuerzas. Un hombre que vendió el camión, malgastó sus ahorros en investigaciones, abogados… y al que no le queda ya ni la esperanza. Y la lucha sigue. Dieciséis años de silecnios [silencios] y pruebas falsas después.


Casta Carrillo: hallada muerta en 1995 en Puente Genil

ABC.es

19 de noviembre de 2012

En 2008 la Audiencia Provincial de Córdoba decretó el archivo del caso de la muerte de la joven de 31 años Casta Carrillo, ocurrido hace 17 años en Puente Genil, al considerar que la investigación había llegado a un punto en el que no se avanza.

Según informaron entonces fuentes cercanas al caso, en primer lugar fue archivado por el juez instructor de Puente Genil, resolución que fue recurrida en apelación y que finalmente, la Audiencia Provincial de Córdoba desestimó a finales de junio de 2008. La Audiencia consideró que «el testimonio de dos testigos que señalaban a un grupo de personas, del que sólo se conocía una identidad, era de poca consistencia y que la investigación ha llegado a un punto muerto donde lo más aconsejable era archivar el caso».

En concreto, uno de estos testigos, que estaba protegido, apuntaba a un grupo de amigos de Lucena que se dirigieron el día del suceso, el 20 de julio de 1995, hasta el municipio sevillano de Écija para adquirir droga y posteriormente, en su regreso a Lucena, se encontraron a Casta Carrillo en el canal de riego Genil-Cabra, después de que saliera a pasear en bicicleta, donde la atacaron y la forzaron a subir al vehículo. Los jóvenes la agredieron supuestamente hasta matarla y la trasladaron hasta un olivar próximo a Puente Genil, donde fue encontrada muerta una semana después por unos agricultores. Cuando se hicieron las pruebas de ADN se demostró que la chica había peleado con varios agresores.


El crimen de Casta Carrillo sigue sin respuesta cuando se cumplen 18 años

Mariano Rosa – Diariocordoba.com

4 de agosto de 2013

El 27 de julio de 1995 se ponía fin a una búsqueda y comenzaba un calvario para una familia de Puente Genil. Dos agricultores encontraban el cuerpo de Casta Carrillo, de 31 años, en un olivar de la carretera que va a Santaella. Estaba sin ropa -solo le quedaba puesta una zapatilla-, encogida de costado y con la cara levemente levantada. El cadáver presentaba signos de descomposición, arañazos en la espalda y sangre en la cabeza.

Casta, la mayor de cinco hermanos, salió el 15 de julio a pasear en bicicleta por el canal de riego que corre paralelo al camino de Montalbán. Ese mismo día comenzó su búsqueda al no volver a casa y el guarda de un cortijo encontró la bicicleta tirada en medio de la vereda.

La Guardia Civil se hizo cargo de la investigación y la autopsia determinó que había sido objeto de agresión sexual. Los agentes pensaron en un primer momento que el lugar apartado donde se halló el cadáver apuntaba a que fueron varias personas, conocedoras del terreno, las que participaron en el crimen. Fueron interrogados amigos, allegados y vecinos, pero faltaban los testigos de los hechos.

El pueblo se movilizó y fueron varias las manifestaciones que recorrieron las calles reclamando justicia y celeridad en la investigación. Unos 8.000 pontanos acompañaron a los padres y hermanos en el duelo.

El tiempo comenzó a pasar y con él, la desesperación de la familia Carrillo Fernández. Para que nada faltara en este cóctel un individuo llamó a la Policía Local al día siguiente de ser encontrado el cadáver y facilitó la identidad de un supuesto implicado en el homicidio. Aportó un nombre de pila y lo que parecía ser un apodo. Tres personas respondían a esa identidad. Esa línea de investigación se abandonó después de que se revisara varias veces el censo. Meses después, en diciembre, se abre una luz con la detención de un varón de unos 40 años, que fue puesto en libertad por falta de pruebas.

La investigación se estanca. La prensa se hace eco de vez en cuando del caso, pero no es hasta el año 2003 cuando toma cuerpo una nueva pista. El servicio de Genética Forense de la Universidad de Santiago de Compostela analiza vello púbico y sangre hallada en el cuerpo de la joven y encuentra ADN de un varón; una prueba posterior determinaría que fueron dos los hombres que dejaron su rastro genético.

La familia hace la enésima petición de ayuda y recibe una respuesta: un comunicante apunta la misma identidad señalada por otro informador anónimo ocho años antes. En julio de ese año se toma declaración a un sospechoso, pero su ADN no coincide con el encontrado.


El crimen de la joven Casta Carrillo estará prescrito en menos de un mes

Mariano Rosa – Diariocordoba.com

21 de junio de 2015

«Esto se ha enfriado demasiado y no hay nada que presentar». Esta frase de Cipriano Carrillo, padre de la joven asesinada en el verano de 1995 en Puente Genil, apunta a que ese crimen va a quedar sin castigo. La familia no tiene pensado solicitar la reapertura de la investigación porque «todo está tal y como estaba» cuando se descubrió el cadáver de esta pontanense de 31 años.

Salió la tarde del 15 de julio de 1995 a pasear en bicicleta por el canal de riego que corre junto al camino de Montalbán, a un par de kilómetros del casco urbano. No volvió a casa y ese mismo día su familia y allegados comenzaron la búsqueda. La situación era angustiosa y el final no pudo ser más trágico. El 27 de julio, dos agricultores encontraban el cadáver de la chica en un olivar alejado del sitio donde fue vista por última vez. Presentaba signos de violencia -desnuda, con arañazos en la espalda y sangre en la cabeza- y la Guardia Civil se hizo cargo de la investigación. Poco se pudo deducir del escenario del crimen y comenzaron los interrogatorios por el círculo más cercano a la joven, pero nadie fue testigo de su desaparición.

Comenzaron las movilizaciones en demanda de agilidad en la investigación y más de 8.000 vecinos acompañaron a la familia en el sepelio. Apenas se avanzaba en las pesquisas y para liar más la situación alguien llamó a la Policía Local para señalar a un posible implicado. Tres personas respondían a las características que aportaba el informante, pero esa línea se abandonó al carecer de peso.

Cuando acababa ese año se detuvo a un varón de unos 40 años que fue puesto en libertad por falta de pruebas. El tiempo pasaba y no había resultados ante la protesta de la familia. Habría que esperar al año 2003 para que se abriera una nueva línea de investigación.

Ante la insistencia de la familia, el servicio de Genética Forense de la Universidad de Santiago de Compostela analizó una muestra de cabello y sangre hallados en el cuerpo de la joven y encontró ADN de un varón; una prueba posterior determinaría que fueron dos los hombres que dejaron su rastro genético. En julio de ese año se toma declaración a un sospechoso, pero su ADN no coincidía con el que se recogió.

Un testigo

Tres años más tarde, los investigadores encuentran un testigo. Aseguraba que el día de los hechos un grupo de amigos de Lucena se dirigía a la localidad sevillana de Ecija a comprar droga y a la vuelta abordaron a Casta y la obligaron a subir a un vehículo. Según declaró, los jóvenes abusaron y golpearon a la chica hasta acabar con su vida y luego trasladaron el cuerpo al olivar.

La investigación volvió a estancarse y el juzgado archivó el caso a principios del 2008. La familia recurrió a la Audiencia, que en agosto dio la razón al magistrado al considerar que «el testimonio que señalaba a un grupo de personas, del que solo se conocía una identidad, era de poca consistencia y que la investigación ha llegado a un punto muerto donde lo más aconsejable era archivar el caso». Cipriano Carrillo señala que «parece ser que quien lo hizo tuvo mucha suerte, o supo hacerlo muy bien» y sigue sospechando de quien apuntó en su momento a los jóvenes de Lucena, pero «se niega a decir la verdad».

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