Antonia Lorenza Giampietro

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Antonia Giampietro

La Viuda Negra

  • Clasificación: Asesina
  • Características: Envenenadora - Drogó a 13 ancianos para robarles la jubilación
  • Número de víctimas: 2
  • Periodo de actividad: Mayo - Agosto de 2003
  • Fecha de detención: 29 de agosto de 2003
  • Fecha de nacimiento: 1947
  • Perfil de las víctimas: Julio Enrique Luna, de 71 años / Antonio Almada, de 73
  • Método de matar: Veneno (sobredosis de benzodiazepinas)
  • Localización: Córdoba, Argentina
  • Estado: Condenada a 24 años de prisión el 27 de diciembre de 2004
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Antonia Giampietro – Informe especial sobre «La Viuda Negra» cordobesa

Cba24n-com.ar

12 de septiembre de 2012

El modus operandi

Para entenderlo es necesario conocer uno de los casos paradigmáticos del plan ejecutado sistemáticamente por «La viuda negra».

El 30 de mayo de 2003, la mujer sedujo a Julio Enrique Luna. Luego de tenerlo a su disposición por el engaño, lo durmió haciéndole tomar un jugo Baggio mezclado con un depresor del sistema nervioso derivado de una droga llamada Benzodiacepina y le robó su sueldo.

Pero, por suerte para los investigadores de la Policía, antes de perder el conocimiento, Julio Enrique escribió en el dorso de un recibo de sueldo dos cosas que le había escuchado decir a su victimaria: la dirección «Obispo Clara 1146» y un apellido «Rodríguez».

Finalmente, Luna fue encontrado en la vía pública y llevado al Hospital de Urgencias donde tres días después murió.

Entonces, la hija del abuelo asesinado, Mari -quien tenía 55 años en julio de 2003- encontró esos papeles y dio el aviso a los efectivos policiales.

Diego Osorio, suboficial de la división de Homicidios, reconoció que con esa data desconfiaron y comenzaron a investigar. Por consiguiente, se dirigieron al Hospital de Urgencias y se enteraron de que eran muchos los ancianos que ingresaban allí con «intoxicaciones» con derivados de la Benzodiacepina. Además de que a todos también les habían robado el sueldo.

A comienzos de agosto de 2003, «La Viuda Negra» sumó su segunda víctima mortal. Atacó a un anciano llamado Antonio Almada, de 73 años.

Entre mayo, junio y julio la delincuente había atacado un promedio de cinco hombres por mes, y en uno de esos meses, en un solo día había acumulado la suma de 5.040 pesos producto del despojo sucesivo de 1.500, 2.700 y 840 pesos a tres jubilados.

Los terrenos más comunes para el abordaje de sus víctimas eran el Hogar de Día Arturo Illia en la esquina de la avenida General Paz y Tablada, el Banco Provincia de Córdoba de Alta Córdoba y el Nuevo Banco Independiente Azul, en 27 de Abril 288.

Otro punto que resultó clave para la investigación es que las víctimas dijeron que la mujer les había dado el mismo nombre que Luna escribió en su recibo: Rodríguez.

Osorio menciona que una de las dificultades mayores es que muchas víctimas no realizaron la denuncia por temor o vergüenza al quedar descubiertos por el engaño amoroso de «La Viuda Negra».

«Muchos abuelos tenían miedo porque tenían nietos y, entonces, generalmente, no denunciaban», explicó el suboficial.

Detención

Giampietro fue detenida el 28 de agosto de 2003. Vivía con sus padres y su hijo, era el sostén de la familia. No tenía antecedentes.

La Policía la agarró con las manos en la masa, justo cuando intentaba seducir y asaltar a un hombre que había cobrado su jubilación unos minutos antes. El investigador la atrapó cuando se disponía a drogar a su víctima para quedarse con su jubilación.

En el juicio, la fiscal de la causa, Batistelli, señaló que como punto fundamental que «Giampietro conocía las consecuencias letales que podía causar el uso de barbitúricos».

En las autopsias realizadas a ambas víctimas asesinadas quedó confirmada esta hipótesis.

Otro elemento que la incriminó fue que hallaron en su casa distintas sustancias farmacéuticas como las que usaba en sus acciones y fotocopias de un apunte sobre el sueño y medicamentos que se utilizan en personas mayores.

Finalmente, el juicio -que se concretó en el año 2004- sentenció que la Viuda Negra a 24 años de prisión. La condena acumuló dos muertes con 13 casos de robo calificado por el uso de sustancias.

Hoy sigue presa en la cárcel de Bouwer para mujeres.


Dos testigos pusieron contra las cuerdas a la «viuda negra»

Lavoz.com.ar

20 de noviembre de 2004

La de ayer fue una larga y complicada audiencia para Antonia Lorenza Giampietro (57), la mujer acusada de ser «la viuda negra» que el año pasado intoxicó a 13 jubilados, causando la muerte de dos de ellos, en Córdoba.

Dos testigos, un jubilado que sobrevivió a la dosis y el policía comisionado a la investigación, declararon ayer en el juicio y aportaron pruebas que acorralaron a la mujer. Para peor, se exhibió un vídeo filmado el día en que fue detenida, en el que se observan escenas que dejaron a Giampietro contra las cuerdas.

El juicio se realiza en la Cámara 4ª del Crimen de la ciudad de Córdoba. Ayer, la sala de audiencias dejó por algunos minutos de parecer un recinto judicial, para convertirse en un improvisado cine. Se ubicó un televisor al lado del estrado en el que se proyectó un vídeo filmado por la División Homicidios de la Policía, el 28 de agosto de 2003, cuando se detuvo a la mujer.

La acusada ni se inmutó durante los cinco minutos que duró la proyección. En la imagen se observó el seguimiento que hicieron los detectives aquel día, cuando la sorprendieron llevando a una casa, de la mano, a un jubilado con quien momentos antes había dialogado en la cola de un banco de Alta Córdoba.

El momento clave del vídeo fue cuando los policías revisaron la cartera de la mujer y constataron que llevaba varias pastillas rosas que, luego se comprobaría, eran potentes psicofármacos. En el bolso también había un gotero.

Giampietro está acusada de seducir a jubilados cuando éstos iban a cobrar sus haberes, para luego hacerles tomar jugo con drogas a fin de doparlos y robarles el dinero. Según la causa, este accionar causó la intoxicación de 11 hombres y la muerte de otros dos: Julio Luna y Antonio Almada.

Catorce meses después de la filmación del video, Giampietro parece otra mujer. El año pasado, estaba más delgada, tenía el pelo bien canoso y lo usaba suelto hasta los hombros, llevaba dentadura postiza y lentes recetados. Hoy, la mujer -viuda y madre de un joven de 30 años- está más gorda, tiene el pelo recogido, luce desarreglada y no lleva ni anteojos ni prótesis dental.

Testimonios demoledores

No obstante, ayer fue reconocida por un jubilado que alcanzó a sobrevivir a las drogas que supuestamente le hizo tomar. «Es ella. Esa es la mujer que me dio de tomar el jugo», indicó Juan Carlos Figueroa, mientras señalaba a la acusada.

El ex policía relató que la mujer lo abordó cuando regresaba de cobrar la jubilación en un banco de Obispo Trejo y bulevar San Juan. Indicó que Giampietro le «sacó» conversación y luego lo acompañó a pagar unas cuentas en el centro. «En el camino, compró un jugo en caja, tomó ella y me convidó un trago. Le dije que no quería, pero insistió y probé. Al rato, me empecé a sentir muy mal», dijo.

Comentó que la mujer lo acompañó en trolebús a Alta Córdoba y lo hizo sentar en el banco de la plaza. «Me desperté varias horas después y no tenía la billetera con los 300 pesos que había cobrado. No tengo dudas de que ella me robó», dijo Figueroa, quien tuvo que ser atendido en el Hospital de Urgencias por la intoxicación que sufrió.

También declaró el jubilado Hugo Humberto Venier, quien dijo que también fue dopado por una mujer que le robó su jubilación, aunque no pudo identificar a la acusada en la sala.

El policía Diego Gabriel Osorio, de la División Homicidios, no sólo reconoció a la acusada, sino que brindó un pormenorizado detalle sobre cómo fue la investigación iniciada al conocerse la muerte del jubilado Luna.

El detective afirmó que en la casa de la imputada se hallaron blisters con drogas similares a las que se secuestraron y se usaron para dopar a los jubilados. También destacó las escuchas telefónicas que se hicieron a los familiares de Giampietro, varias de las cuales complicaron la situación de la imputada.


«Si mi hija es culpable de los robos y las muertes, que la condenen»

Claudio Gleser – Lavoz.com.ar

29 de noviembre de 2004

Sentado en medio del comedor, el hombre se refriega las manos insistentemente. Por momentos, se revuelve los canosos cabellos. Por momentos, mira la pared sin ver nada. Los ojos verdes, surcados por gruesas arrugas, están a punto de dejar escapar algunas lágrimas.

Por fin respira hondo y empieza a hablar: «No sé cuándo se me echó a perder de esa forma. Cuando era chica, era buena. Quizá se fue muy rápido de casa para irse a vivir sola. Ahora se puso vieja y se arruinó. Si es culpable de esos robos y muertes que dicen que cometió… que la Justicia la condene». Las palabras le brotan lentamente, amargamente.

Roberto Segundo Manuel Giampietro tiene 83 años, pero siente un abatimiento como si tuviera 100. Y no es precisamente por su edad, ni por su bronquitis. Lo que tiene mal a este jubilado es la situación en que se encuentra la mayor de sus seis hijos: Antonia Lorenza (57), acusada de ser «la viuda negra» que dopó a 13 ancianos para robarles la jubilación. Dos de ellos murieron a causa de la sobredosis de psicofármacos.

La mujer está imputada por robo reiterado y homicidio en ocasión de robo y atraviesa los momentos finales y claves en el juicio que se lleva en su contra en la Cámara 4ª del Crimen. Si la encuentran culpable, deberá pasar el resto de su vida en prisión.

Su padre es consciente de ello, y parece avalar una futura condena. «Si se comprueba lo que hizo y la condenan, y bueno… se lo tiene merecido», señala y agrega: «Pero quiero que los jueces estudien el caso a fondo».

«Lo que más me duele es que yo no la eduqué para eso. Con mi esposa le dimos una buena educación, como a todos mis hijos, para que sea gente de bien», comenta, destruido, el jubilado a La Voz del Interior.

Una chica solitaria

Antonia Lorenza nació y se crió en un hogar de clase media del barrio Alta Córdoba. Cursó hasta séptimo grado en una escuela de la zona. Después no estudió más y se dedicó de lleno al básquet: lo que más le gustaba en la vida. Jugó en el Club Youngmens y llegó a formar parte del seleccionado cordobés femenino. Era una chica tranquila, solitaria y muy independiente.

Don Roberto cuenta que él pasaba gran parte del día trabajando en una empresa estatal. «Cuando volvía a la noche a mi casa, cenaba con mis hijos, y ellos se portaban bien, es que me tenían miedo. Era un padre muy recto y poco cariñoso. Soy siciliano», cuenta y se ríe. Será su única sonrisa durante la nota.

A Antonia nunca le gustó su nombre. «Empezamos a llamarla Mirta. Ese nombre sí le gustaba. Hasta el día de hoy le decimos así», relata el jubilado. Según la acusación judicial, «la viuda negra» se hacía pasar por Mirta cuando seducía a los jubilados.

A los 18 años, Antonia se fue a vivir sola. Consiguió trabajo como vendedora de zapatos y así se ganó la vida durante varios años.

Roberto cuenta sobre la vida de Antonia lo justo y necesario. Sobre sus otros cinco hijos prefiere directamente no hablar.

Antonia nunca se casó. Su padre no le recuerda ningún novio. «Un día se enamoró de un mocito y quedó embarazada». Don Giampietro habla de eso y chista con fastidio. De ese romance, nació el único hijo de la mujer.

Según cuentan en barrio Congreso, donde vivía Antonia hasta que fue detenida, el joven empezó a estudiar enfermería. Nadie sabe si se recibió. Sí saben que empezó a trabajar de remisero.

Roberto Giampietro relata que su familia nunca fue unida y que sus hijos «no se llevan el apunte» entre sí, salvo Antonia y su hermana Hilda. «Cuando Antonia se hizo grande, dejamos de vernos. De vez en cuando, nos juntábamos para Navidad», dice Roberto, con la voz entrecortada.

«Ella no me mantenía»

Según explica, él siempre le dio dinero para ayudarla a sobrevivir. «Por eso no entiendo, eso que dicen de que ella robaba plata para mantenerme, si yo la mantengo a ella», afirma el hombre.

En barrio Congreso, también cuentan que Antonia se ganaba la vida cuidando ancianos.

Roberto dice no saber eso. El jubilado vive ahora en barrio Corral de Palos junto a Delia, una mujer de quien se enamoró cuando él enviudó. Por esas cosas de la vida, Delia había cuidado durante años a la esposa de Giampietro, Clementina, hasta que ésta murió por una enfermedad.

Giampietro cambia de tema. «Mi hija nunca estuvo enferma, nunca tomó pastillas, ni medicamentos…». El jubilado dice no entender por qué Antonia llevaba «tantas pastillas» (de Diazepam), cuando fue detenida el 28 de setiembre de 2003, mientras caminaba con un jubilado en barrio San Martín. Según la acusación, estaba por convidarle jugo de fruta con somníferos.

Desde ese día, Roberto siente que su vida se destruyó para siempre. Una sola vez fue a visitarla a la cárcel. Ya no quiere volver más. Dice que le queda lejos. La verdad, es que a él le hace mal.

«Mire, si ella es culpable, se la tendrá que aguantar. Lo acepto. Lo que no acepto es que la gente ensucie a mi familia. Los Giampietro somos buena gente».

El jubilado mira el reloj en la pared. Ya no tiene más ganas de hablar. La nota ha terminado.


La fiscal pidió 25 años para «la viuda negra»

Lavoz.com.ar

2 de diciembre de 2004

La fiscal de Cámara Laura Battistelli solicitó ayer que Antonia Lorenzo Giampietro sea condenada a la pena de 25 años de prisión por homicidio en ocasión de robo.

Néstor Vela Gutiérrez pidió la absolución de Antonia Giampietro.

Al cabo de un alegato en el que no faltaron ironías y duras expresiones en contra de la acusada, la fiscal de Cámara Laura Battistelli solicitó ayer que Antonia Lorenzo Giampietro, conocida como «la viuda negra», sea condenada a la pena de 25 años de prisión por homicidio en ocasión de robo.

«Está claro que trabajaba. Y mucho. Es que se tenía que mover, porque los jubilados cobran una vez al mes, y además cobran poco dinero. Entonces tenía que trabajar, y luego de abordar a uno, no iba a su casa: buscaba a otro», dijo la fiscal, enérgica, en un tramo de su alegato.

Como se recordará, Giampietro está acusada de haber usado psicofármacos para dormir a sus víctimas, todas mayores, de modo de poder robarles el dinero que llevaban. La fiscal confirmó 11 de los 13 hechos que se endilgaban a «la viuda negra».

«En todos, ella abordó a las víctimas, trató de agradarles, las condujo, las engañó ofreciéndoles un jugo, esperó que se durmieran, les quitó el dinero y luego las abandonó a su suerte. Nunca volvió a ver qué había pasado con ellos, nunca llamó en forma anónima a una ambulancia del 107», recalcó Battistelli.

El asesor Néstor Vela Gutiérrez sostuvo que hubo dudas en la investigación, en la detención y en los reconocimientos, y pidió la absolución de Giampietro.


Dura condena contra la «viuda negra»

Lavoz.com.ar

27 de diciembre de 2004

La Cámara Cuarta del Crimen de la ciudad de Córdoba condenó a 24 años de prisión, con adicionales de ley y costas, a Antonia Lorenza Giampietro (52), conocida como «la viuda negra», por el homicidio de dos jubilados y robo calificado en trece oportunidades.

Giampietro estaba acusada de haber usado psicofármacos para dormir a sus víctimas, todas mayores, de modo de poder robarles el dinero que llevaban.

La defensa de la acusada prefirió no opinar sobre la dura sentencia y dijo que dará a conocer su parecer no bien se conozcan los fundamentos del fallo.

En tanto la fiscal de Cámara Laura Battistelli dijo que la pena «se aproximó» a lo que ella había solicitado -25 años- y sostuvo que la condenada «tenía plena conciencia de los hechos que cometió».


Para «la viuda negra», 24 años de cárcel

Juan Carlos Vaca – Lanacion.com.ar

28 de diciembre de 2004

Antonia Lorenza Giampietro, de 57 años, fue hallada culpable de dos homicidios y de ocho robos.

Condenada a 24 años de prisión, recibió la lectura de la sentencia con el mismo gesto que mantuvo durante los casi dos meses que duró el juicio: inmutable. Flanqueada por una guardia policial, se retiró de la sala en aparente calma, como si nada hubiera pasado.

Antonia Lorenza Giampietro, de 57 años, se fue -conducida a prisión- como si nunca hubiera hecho lo que, para la Cámara IV del Crimen, que la juzgó, hizo: seducir a decenas de jubilados que acababan de cobrar sus mensualidades, convidarles con jugos o gaseosas repletos de narcóticos, y robarles el dinero cuando las drogas los adormecían. Y causar, con ese modus operandi que le valió el apodo de «la viuda negra», la muerte de dos de sus víctimas: Julio Luna, en junio de 2003, y Antonio Almada, dos meses después.

Por la frialdad con la que actuaba, la fiscal Laura Batistelli había pedido que a Giampietro se la condenara a 25 años de prisión. En su alegato final recordó que abordaba a las víctimas y, luego de conseguir sus propósitos, las abandonaba a su suerte.

Inmutable, la mujer escuchó ayer la sentencia que la condenó a 24 años de prisión.

«Nunca volvió para ver qué había pasado con ellas, nunca llamó en forma anónima a una ambulancia», remarcó la fiscal, que logró probar dos homicidios y ocho robos, aunque tiene la convicción de que fueron muchos más.

Las investigaciones que llevaron a la detención de Giampietro se iniciaron por hechos acaecidos en 2003, aunque luego se descubrieron referencias de otros que datan de 1998.

Las autoridades del Hospital de Urgencias habían dado la voz de alerta al advertir la reiterada atención de personas mayores bajo los efectos de narcóticos que los habían dejado dormidos. Al recobrar la conciencia, esos hombres coincidían en que su último recuerdo era el de una mujer que los había abordado.

Una de las víctimas, Juan Carlos Figueroa, relató en el juicio que cuando fue a cobrar su jubilación, Giampietro le «sacó conversación» y lo acompañó en unas diligencias.

«Mientras caminábamos compró un jugo en caja, tomó ella y me convidó un trago; le dije que no quería, pero insistió. Al rato, empecé a sentirme muy mal», rememoró.

Lo hizo sentar en el banco de una plaza, donde se despertó «varias horas después». Poco tardó el hombre en comprobar que le faltaba la billetera «con los 300 pesos que había cobrado».

Otros damnificados, directamente, se despertaban en el hospital.

Numerosos testigos relataron situaciones parecidas. En algunos casos, los hombres se tentaron con insinuaciones sexuales. En otros, «la viuda negra» llegaba a ganarse de tal manera la confianza de los hombres -y de mujeres, a veces- que hasta compartía con ellos una amena tertulia en un bar.

El principio del fin

Avanzado 2003, la policía había logrado enhebrar los hilos de la investigación y el 28 de agosto pudo detener a «la viuda negra».

El operativo fue filmado y la cinta, exhibida en una de las audiencias del juicio.

Se vio entonces cómo ese día Giampietro había hecho dos intentos fallidos. La tercera fue la vencida. A las 16, en un banco del barrio Alta Córdoba, con su estilo de siempre, logró establecer una amena conversación con un jubilado.

El comisario Rafael Sosa, a cargo del operativo, recordó en el juicio: «Entró en el banco del brazo del jubilado, después lo llevó a caminar varias cuadras y cuando ya había comprado el juguito, actuamos».

En la cartera se le encontraron los narcóticos que usaba para adormecer a sus víctimas y un gotero. Los mismos psicofármacos fueron hallados en su domicilio del barrio Congreso, un sector de esta ciudad habitado por gente de modestos recursos.

Entre aquella época y hoy Giampietro ha experimentado una notoria mutación fisonómica.

Era más delgada, tenía el pelo entrecano y suelto, llevaba dentadura postiza y lentes recetados. Durante el proceso se la vio más rolliza, con el pelo recogido, sin anteojos ni prótesis dental. A varios de los testigos se les dificultó reconocerla.

Pero, al fin, las pruebas resultaron categóricas. Tanto, que, al menos por los próximos 16 años, «la viuda negra» permanecerá tras las rejas.


Viuda Negra: cómo cayó una de las delincuentes seriales más buscadas

Dante Leguizamón – Diaadia.com.ar

20 de septiembre de 2010

La hija de una de sus víctimas vio en un papel al que nadie le prestó atención la pista que permitió atrapar a la asesina en 2003.

En 2003 una delincuente serial atacaba con absoluta impunidad en Córdoba y la Policía ni siquiera lo sospechaba. Su método era el siguiente: seducía a ancianos que iban a cobrar sus jubilaciones haciéndoles creer que quería «pasar un buen rato» con ellos.

Después de que los señores (también hubo víctimas mujeres) cobraban sus salarios, la Viuda Negra los llevaba a caminar unas cuadras y les daba para consumir una droga que terminaba por dormirlos. Al despertar los ancianos se encontraban tirados en la calle o en el hospital. A todos les habían robado la plata del sueldo y sus objetos de valor. Dos de ellos, nunca despertaron.

La casa es humilde

El aspecto de mujer retraída de María del Carmen contrasta con la aguda música metálica que reproduce la computadora. Cuando ella se da cuenta de lo molesto del sonido se ríe y baja el volumen. «A mi hijo le gusta el metal», dice y lo baja.

En el modular reposan las fotos de sus dos hijas mujeres y sus nietos, que desde hace un tiempo viven en Israel. El hijo más grande está trabajando y el más chico, que sale con olor a perfume del baño, a punto de ir a estudiar. No parece la casa de una detective privada y, de hecho, no lo es.

Sin embargo, estamos ante una mujer que tuvo una sensibilidad especial que terminó dando el puntapié inicial para resolver uno de los hechos policiales más complejos de la historia de Córdoba. Un caso que se enseña en los libros. El caso de «La Viuda Negra».

-A mí siempre me decían que yo tenía que pagar la crianza que me habían dado. Era feo porque yo me preguntaba ¿Cómo se pagará la crianza? Así que siempre viví con esa mochila.

– ¿Y la pagaste a la crianza?

– No. No la voy a terminar de pagar nunca, porque este techo me lo dieron mis padres.

El diálogo entre este diario y María del Carmen Luna se produjo hace unos días. Era la primera vez en mucho tiempo que la señora hablaba del asesinato de su padre y no podía esconder su emoción.

-¿Cómo se te ocurrió decirle a la Policía que en esos datitos que tu papá escribió en el recibo de sueldo antes de morir podía haber información importante?

-Porque yo sabía que mi papá no conocía a nadie en esa dirección (que estaba escrita en el papel) y eso fue lo que les dije. «Si mi papá escribió eso, es porque algo quería decir».

Para entender

Antes de que los violadores seriales se robaran el protagonismo de las noticias hubo una delincuente serial conocida como «La Viuda Negra» que mató a dos personas y engañó (al menos) a más de una docena de hombres mayores. Se llama Antonia Lorenza Giampietro y todavía continúa presa pagando una condena a 24 años de prisión.

Este diario, después de muchos intentos, logró contactar a María del Carmen Luna, la hija de Julio Enrique Luna, una de las víctimas indirectas de «La Viuda Negra». Ella es quien se dio cuenta antes que nadie, de que a su padre lo habían asesinado y con su denuncia le abrió los ojos a la Policía.

El ataque a Luna

El 30 de mayo de 2003, la delincuente sedujo a Julio Enrique Luna a quien después de dormir (haciéndole tomar un jugo Baggio mezclado con un depresor del sistema nervioso derivado de una droga llamada Benzodiacepina) le robó su sueldo.

Antes de perder el conocimiento ese hombre tuvo un último impulso y escribió en el reverso del recibo de sueldo dos cosas que le había escuchado decir a su victimaria: la dirección «Obispo Clara 1146» y un apellido «Rodríguez». Finalmente, Luna fue encontrado en la vía pública y llevado al Hospital de Urgencias donde tres días después murió.

La pista

Unos días después la hija de Luna se presentó en la Policía y basándose en ese papel hizo que la Policía comenzara a investigar el caso.

-¿Cuándo te diste cuenta que algo andaba mal con tu papá?

-Lo vi salir a cobrar el sueldo temprano. Él siempre cobraba y volvía a dejar su platita, pero esa noche del 30 de junio no volvió. Al día siguiente me desperté y tampoco estaba.

-¿Lo denunciaste a la Policía?

-Sí. Pero me dijeron que había que esperar 48 horas.

El padre de María del Carmen a esa altura estaba internado en el Hospital de Urgencias pero, aunque ya sabían su identidad, nadie llamó a sus familiares. A los dos días de su desaparición María del Carmen lo encontró allí internado.

-Lo confundieron con un ciruja tirado en la Costanera. Llamaron al 107 y lo dejaron ahí acostado dos días. Cómo él se quería levantar para llamarme y no lo dejaban ir, lo tenían atado. Así lo encontré. Estaba muy mal, era imposible comunicarse con él.

-¿Tenía su billetera?

-No. No tenía nada. Sólo estaba ese recibo de sueldo.

-De qué se jubiló tu papá.

-En la Kaiser, pero antes había sido policía durante diez años. Creo que eso también sirvió para poner [poder] darnos la pista.

La atención que recibió Luna en el Urgencias no fue de las mejores. De hecho, a su situación al ingresar se sumó una infección hospitalaria. Finalmente, murió.

-¿Cuándo decidiste denunciar su muerte como un posible homicidio?

-En el sepelio de papá, un familiar que siempre cobraba en el mismo lugar con él, hizo un comentario sobre que lo había visto irse del banco con una mujer. La verdad es que a mi papá (viudo en ese entonces) le gustaban las mujeres y había tenido alguna que otra relación. Yo pensé que ese comentario era de envidia o con maldad. Igual desde esos momento sentía que algo tenía que hacer.

-Y fuiste a la Policía.

-Sí. Pedí hablar con alguien y terminé con el jefe de Homicidios (en ese entonces Rafael Sosa, actualmente en Drogas Peligrosas). A él le conté y él me hizo hablar con el policía Osorio, que fue el que al final la detuvo.

María del Carmen habló con esos dos policías, con el sumariante Peralta Lemos y con el ayudante de fiscal Eugenio Pérez Moreno. A todos ellos les mostró el recibo de sueldo de su papá y les dijo que su padre había escrito eso «por algo» instándolos a investigar qué le había pasado.

La investigación

A partir de ese momento, la investigación de la muerte de Luna derivó en un caso policial. Todavía desconfiando los detectives fueron al Hospital de Urgencias y se enteraron de que eran muchos los ancianos que ingresaban allí con «intoxicaciones» similares. Todos tenían en su organismo derivados de la Benzodiacepina y también a todos les habían robado el sueldo.

-Tu denuncia fue en junio y la atraparon recién a fines de agosto. ¿Cómo viviste esos tiempos?

-Fue muy difícil porque me pidieron que no hablara con los medios. Lo peor fue cuando apareció el otro señor muerto.

A comienzos de agosto «La Viuda Negra» mató a otro señor de 73 años llamado Antonio Almada.

Entre mayo, junio y julio la delincuente había atacado un promedio de cinco hombres por mes, y en uno de esos meses, en un solo día había acumulado la suma de 5.040 pesos producto del despojo sucesivo de 1.500, 2.700 y 840 pesos a tres jubilados.

Los terrenos más comunes para el abordaje de sus víctimas eran el Hogar de Día Arturo Illia en la esquina de la avenida General Paz y Tablada, el Banco Provincia de Córdoba de Alta Córdoba y el Nuevo Banco Independiente Azul, en 27 de Abril 288.

Varias víctimas dijeron que la mujer les había dado el mismo nombre que Luna escribió en su recibo: Rodríguez. Los ataques se remontaban a varios años antes en los que la viuda golpeana [golpeaba] sin que la Policía se diera cuenta.

Los datos de Luna y la denuncia de María del Carmen habían sido claves para saber qué estaba ocurriendo.

Crianza

La historia personal de María del Carmen es más compleja de lo que se sabe. En realidad, ella no era hija de Luna, sino que fue adoptada por el hombre cuando éste se casó son [con] su madre y ella ya tenía 4 años de vida. En ese hecho también radica la «deuda de crianza» de la que tanto habla la mujer.

-¿Y cómo se conoció él con tu mamá?

-Cuando ella se enteró de que mi papá natural tenía otra familia. Ella tenía 26 años, recién llegaba del interior y corría el año 1951. Entonces nos llevó a vivir con él. Al año siguiente el jefe de Policía hizo un casamiento en la catedral donde se casaron todos los policías que vivían en concubinato y se casaron.

-¿Y de ahí sale lo de tu deuda con la crianza?

-¡Dios mío, nunca el hijo termina de pagar la crianza…!

La captura. El 29 de agosto de 2003 la viuda fue detenida. Los policías de homicidios la agarraron con las manos en la masa. Estaba a punto de darle a un señor un jugo Baggio mezclado con pastillas que contenían Benzodiacepina. Dos años después la Cámara 4ª del crimen la condenó a 24 años de prisión.

-¿Qué sentiste cuando la atraparon? ¿Cuándo te diste cuenta de que gracias a tu papá y a vos la habían atrapado y condenado?

-Y… que papá descansaba en paz.

En Justicia se habla mucho de «cifras negra». Es la definición de aquellos hechos que no son denunciados porque sus víctimas creen que no vale la pena o que no tiene sentido. La denuncia de Mari, como le gusta a la hija de Luna que la llamen, muestra que siempre vale la pena denunciar si es que uno ha sido víctima de un delito o sabe que un delito ocurrió. Hoy gracias a ella y a su padre varios hechos no quedaron impunes.

Antonia Lorenza Giampietro, terminará de cumplir su condena el 29 de agosto de 2027.

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