Anders Breivik

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Anders Breivik

Los ataques de Noruega de 2011

  • Clasificación: Asesino en masa
  • Características: "Fanático extremista"
  • Número de víctimas: 77
  • Periodo de actividad: 22 de julio de 2011
  • Fecha de detención: 22 de julio de 2011
  • Fecha de nacimiento: 13 de febrero de 1979
  • Perfil de las víctimas: Anne Lise Holter, 51 / Hanne Ekroll Løvlie, 30 / Ida Marie Hill, 34 / Jon Vegard Lervåg, 32 / Hanna Endresen, 61 / Tove Åshill Knutsen, 56 / Kjersti Sandberg, 26 / Kai Hauge, 32 / Monica Elisabeth Bøsei, 45 / Christopher Perreau, 25 / Tore Eikeland, 21 / Havard Vederhus, 21 / Hanne Kristine Fridtun, 19 / Anders Kristiansen, 18 / Tarald Kuven Mjelde, 18 / Guro Vartdal Håvoll, 18 / Jamil Rafal Yasin, 21 / Ismail Haji Ahmed, 19 / Karar Mustafa Qasim, 19 / Bano Abobakar Rashid, 18 / Mona Abdinur, 18 / Gizem Dogan, 17 / Lejla Selaci, 17 / Henrik André Pedersen, 27 / Sverre Flåte Bjørkavåg, 28 / Gunnar Linaker, 23 / Tamta Lipartelliani, 23 / Diderik Aamodt Olsen, 19 / Lene Maria Bergum, 19 / Andreas Edvardsen, 18 / Henrik Rasmussen, 18 / Simon Sæbø, 18 / Carina Borgund, 18 / Ingrid Berg Heggelund, 18 / Monica Iselin Didriksen, 18 / Tina Sukuvara, 18 / Espen Jørgensen, 18 / Sondre Furseth Dale, 17 / Sondre Kjøren, 17 / Syvert Knudsen, 17 / Torjus Jakobsen Blattmann, 17 / Håkon Ødegaard, 17 / Ronja Søttar Johansen, 17 / Eva Kathinka Lütken, 17 / Isabel Victoria Green Sogn, 17 / Silje Merete Fjellbu, 17 / Aleksander Aas Eriksen, 16 / Steinar Jessen, 16 / Andrine hills Espeland, 16 / Margrethe Bøyum Kløven, 16 / Elisabeth Trønnes Lie, 16 / Kevin Daae Berland, 15 / Karin Elena Holst, 15 / Johannes Buø, 14 / Trond Berntsen, 51 / Rune Havdal, 43 / Hanne Balch Fjalestad, 43 / Porntip Ardam, 21 / Bendik Rosnæs Ellingsen, 18 / Even Flugstad Malmedal, 18 / Fredrik Lund Schjetne, 18 / Silje Stamneshagen, 18 / Synne Røyneland, 18 / Andreas Dalby Grønnesby, 17 / Ida Beathe Rogne, 17 / Maria Maagerø Johannesen, 17 / Victoria Stenberg, 17 / Thomas Margido Antonsen, 16 / Åsta Sofie Helland Dahl, 16 / Marianne Sandvik, 16 / Eivind Hovden, 15 / Emil Okkenhaug, 15 / Birgitte Smetbak, 15 / Modupe Ellen Awoyemi, 15 / Ruth Benedicte Vatndal Nilsen, 15 / Sharidyn Svebakk-Bøhn, 14 / Snorre Haller, 30
  • Método de matar: Explosivos - Arma de fuego
  • Localización: Oslo / Islote de Utøya, Noruega
  • Estado: Condenado a 21 años de cárcel prorrogables el 24 de agosto de 2012
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Anders Breivik

Wikipedia

Anders Behring Breivik (n. Oslo, 13 de febrero de 1979), conocido como Anders Breivik, es un terrorista de extrema derecha noruego, autor de los ataques del 22 de julio de 2011 en Noruega, donde realizó una masacre con un saldo de 77 víctimas.

Ideología

Breivik, que estudió en la Escuela de Comercio de Oslo, fue descrito por el periódico Verdens Gang (VG) como un ex francmasón, siendo que la logia masónica a la que pertenecía, la Logía San Juan San Olaf de las tres columnas de la obediencia masónica de la Orden noruega de los francmasones, ha publicado en su web la expulsión en fecha inmediatamente posterior al atentado.

Se define igualmente como nacionalista y conservador. En su supuesto perfil de Facebook, Breivik se autodefine como cristiano (luterano, de la Iglesia luterana noruega) y conservador, y había expresado sus simpatías por Winston Churchill y el héroe antinazi de la Segunda Guerra Mundial Max Manus.

El periódico VG afirma que Breivik no poseía antecedentes, aparte de algunas infracciones de tráfico, y que el imputado estaba en posesión de una pistola Glock, un rifle y una escopeta registrados a su nombre. Breivik se había mudado a una pequeña localidad del condado de Hedmark, al oeste de la capital noruega, entre finales de junio y principio de julio de 2011.

Brevik fue miembro del partido derechista Fremskrittspartiet, (en noruego: partido del progreso) y de su sección juvenil. Según el actual líder de dicho partido, Ove Vanebo, Breivik dejó de participar a principios de la década del 2000, cuando sus visiones se volvieron extremistas.

Sobre el multiculturalismo y la inmigración, Breivik quiere ver a la sociedad europea más similar a las de Japón y Corea del Sur, dijo que “no están muy lejos del conservadurismo cultural y el nacionalismo en su mejor expresión” Expresó su admiración por el “monoculturalismo” de Japón y la admiración de ambas naciones por su negativa a aceptar a los refugiados.

Según informaciones de la prensa local e internacional, Breivik participó activamente en la web social document.no, participaciones que han sido caracterizadas como muy críticas con el islam y pro israelíes. Además de declararse admirador de Churchill y Manus, también declara admirar al político holandés Geert Wilders, cuyo partido describe como el “único partido verdadero para los conservadores”. En Twitter, Breivik citó con aprobación la frase del filósofo utilitario John Stuart Mill:

“Una persona con una creencia es igual a la fuerza de 100.000 que tienen solo intereses”.

De acuerdo con su abogado, Breivik habría declarado que su acción fue “atroz” pero “necesaria”, y que la había planificado durante un largo período de tiempo. Además se supo que había redactado un “manifiesto” de 1.500 páginas y lo había colgado en internet antes de los ataques; ese texto, titulado 2083. A European Declaration of Independence y firmado con el seudónimo de Andrew Berwick, gira en torno a la “guerra de culturas” y en cómo puede Europa combatir su inexorable islamizacion, en palabras del propio Breivik.

También se dio a conocer que Breivik se identificaba a sí mismo con los Caballeros Templarios, una orden de corte masónico-esotérica creada por sí mismo, y que había colgado un vídeo en YouTube en que llamaba a sus seguidores a la guerra contra el marxismo y el Islam; en el vídeo aparecía empuñando un fusil automático y con un parche en el brazo que decía “Cazador de Marxistas”. YouTube retiró el vídeo al día siguiente de la masacre por la noche.

El atentado del 22 de julio de 2011

Según las investigaciones policiales, es el responsable de la colocación de la bomba que explotó en el centro de Oslo el 22 de julio de 2011 y del posterior tiroteo en el islote de Utøya, que dejaron un saldo de 77 muertos.

Breivik se acercó al campamento juvenil del Partido Laborista en la mencionada isla, tras lo que, haciéndose pasar por un agente policial, cometió la masacre abriendo fuego contra la multitud, que él mismo se encargó de congregar a su alrededor con la excusa de ofrecerles información sobre la explosión que había tenido lugar un par de horas antes en la capital.

El balance de muertes muestra que 68 jóvenes perdieron su vida en la masacre en Utøya y 8 en Oslo. Fue arrestado en Utøya 90 minutos después de comenzar a disparar, quedando bajo custodia policial.

Proceso judicial

La Policía noruega ha dicho que estudia la posibilidad de acusar a Breivik de crímenes contra la humanidad, ya que los crímenes de terrorismo de los que lo acusaron originalmente tienen una pena máxima de apenas 21 años de cárcel en el Código Penal noruego, mientras que los crímenes contra la humanidad tienen en ese mismo código una pena máxima de 30 años de prisión.

Esto ha llevado a generar un fuerte debate en la sociedad noruega, ya que la mayoría de la población considera que las penas contempladas por la legislación penal de su país son demasiado blandas; y en el caso especial de Breivik desearían verlo condenado a cadena perpetua.

Se anunció que su juicio comenzará el 16 de abril de 2012. En su primera vista pública, dijo: «Soy un comandante militar del movimiento de resistencia anticomunista noruego y jefe de justicia de la orden de los Caballeros Templarios».

El 24 de agosto de 2012 Breivik recibió una pena de 21 años de cárcel prorrogables si las autoridades encuentran que tras pasar dicho período sigue siendo peligroso para la sociedad.


Atentados de Noruega de 2011

Wikipedia

Los ataques del 22 de julio de 2011 en Noruega consistieron en una explosión en el distrito gubernamental de Oslo, capital del país, y un tiroteo ocurrido dos horas después en la Isla de Utøya, ubicada en el lago Tyrifjorden, que dejó un saldo provisional de 77 muertos y más de un centenar de heridos, muchos de ellos adolescentes.

Durante los días posteriores a la tragedia, la policía había hablado de cifras de hasta 93 muertos, pero después revisó la cifra a la baja fijándola en 76; la policía explicó que el escenario después de los ataques era muy confuso y probablemente algunos cuerpos se contaron varias veces. Posteriormente una víctima murió en el hospital elevando la cifra a 77.

Por la tarde, se desató una gran confusión en Oslo y más tarde las autoridades confirmaron que detuvieron al hombre disfrazado de policía que abrió fuego contra la multitud en Utøya, antes de que se emitiera esta información incluso se pensó que los atentados que estaban afectando a Noruega habían sido perpetrados por Al Qaeda. Éste es Anders Behring Breivik, un empresario noruego de 32 años descrito por la policía como simpatizante de la ultraderecha o extrema derecha.

Fue descrito por varios medios escritos como fundamentalista cristiano”, de ideología nacionalista (contrario al multiculturalismo), pro-israelí, islamófobo y admirador del movimiento político estadounidense del Tea Party.

Más tarde, el primer ministro se dirigió a la nación con estas palabras:

“No dejemos que nos asusten”, (…) “no van a destruir nuestra democracia. Somos una nación pequeña y orgullosa. Nadie nos silenciará con las bombas. Nadie nos disparará para callarnos”.

Jens Stoltenberg

Explosión en Oslo

A las 15:26 CEST (13:26 UTC) se produjo una explosión en el entorno de la oficina del primer ministro Jens Stoltenberg. En la zona se congregan casi todos los edificios gubernamentales, siendo la sede del Ministerio de Petróleo y Energía el edificio más dañado. Más adelante hubo incendios en estos edificios.

Según medios locales, el edificio del gobierno afectado quedó prácticamente destruido y la zona se “asemejaba a una zona de guerra”, por el daño causado. De acuerdo con las declaraciones de la policía, el atentado fue perpetrado por un hombre llamado Anders Behring Breivik mediante un coche bomba y podría haber consistido de una o varias explosiones que afectaron al edificio, dejándolo en llamas y con sus diecisiete pisos con severos daños. Para una mejor actuación de los equipos de emergencia, la policía acordonó el área hasta cinco manzanas en torno del edificio y se evacuó la totalidad del resto de los edificios gubernamentales por miedo a más atentados.

Medios noruegos aseguraron que se sintió un movimiento en el suelo con la explosión. Testigos en el lugar aseguraron que pudo haber sido causada por un coche-bomba. Además, el estruendo de la explosión y la onda expansiva se dejaron sentir en varios kilómetros a la redonda, según informaron testigos durante toda la tarde del viernes.

El atentado causó fuertes daños en los edificios circundantes, entre ellos los complejos gubernamentales denominados H e Y que contienen murales diseñados por Picasso. Para estos edificios se estudia la posibilidad de una costosa rehabilitación o la demolición, lo que implicaría extraer los murales para reinsertarlos posteriormente en los nuevos edificios.

Tiroteo en Utøya

Pocas horas después se supo que un individuo disfrazado de policía (Anders) había reunido a todos los que se encontraban en el islote con la intención de llevar a cabo un control de seguridad, pero luego abrió fuego en el campamento juvenil político del Partido Laborista Noruego donde al día siguiente iba a participar el primer ministro con las juventudes de su partido en el islote de Utøya, situado al norte de la capital.

El asesino iba armado con una pistola y un rifle, y antes de comenzar el tiroteo reunió a todas las personas sirviéndose de la autoridad de policía que le otorgaba su uniforme. Una vez reunidos comenzó a disparar sobre ellos de modo indiscriminado. De acuerdo con la policía local, 69 personas murieron víctimas del ataque. Se cree que gran parte de las víctimas murieron ahogadas mientras escapaban.

También, se encontraron en el islote varios explosivos desactivados, según informó la policía local. El tiroteo en la isla (que según los últimos recuentos de la Policía dejó al menos 69 muertos)12 duró más de 45 minutos, tiempo durante el cual el pistolero disparaba con pausas de 10 segundos entre los tiros, mientras celebraba con gritos de victoria.

Desde el momento en que la Policía recibió la llamada oficial de las autoridades locales del pueblo más cercano a la isla pidiendo su intervención urgente hasta que las fuerzas policiales desembarcaron en la isla transcurrieron 47 minutos, y sólo dos minutos después de llegar los efectivos policiales el asesino se rindió a ellos; lo que ha desatado fuertes críticas de que muchas vidas pudieron salvarse sí la policía hubiera llegado antes a Utøya.

Responsabilidad

Ambos ataques estaban aparentemente coordinados. En un principio, un supuesto comunicado de un grupo islamista llamado Ansar al-Jihad al-Alami (Colaboradores de la Yihad Global) proclamó la autoría de los ataques, según informó el diario The New York Times. Sin embargo, posteriormente, quien había reclamado el atentado en nombre de ese grupo “se retractó” y la policía noruega dijo que sospechaba de grupos noruegos antisistema, lo que también sería negado más tarde.

El asesino, detenido en el islote de Utøya, es Anders Behring Breivik, un empresario noruego de 32 años descrito como nacionalista y fundamentalista cristiano, al que algunos consideran de extrema derecha, si bien él mismo se define como cristiano y conservador en su perfil de Facebook. Anders Behring Breivik había colgado mensajes en Internet declarándose enemigo de la sociedad multicultural.

De acuerdo con su abogado, Breivik habría declarado que su acción fue “atroz” pero “necesaria” y que la había planificado durante un largo período de tiempo. Además se supo que había redactado un “manifiesto” de 1.500 páginas y lo había colgado en internet antes de los ataques (según algunas fuentes está bastante inspirado en escritos de Unabomber); ese texto, titulado 2083. A European Declaration of Independence y firmado con el seudónimo de Andrew Berwick, gira en torno a la “guerra de culturas” y en cómo puede liberarse Europa del Islam.

También se dio a conocer que Breivik se identificaba a sí mismo con los Caballeros Templarios y que había colgado un vídeo en YouTube en que llamaba a sus seguidores a la guerra contra el marxismo y el Islam; en él aparecía empuñando un fusil automático y con un parche en el brazo que decía “Cazador de Marxistas”. YouTube retiró el vídeo el día siguiente a la masacre por la noche.

La Policía noruega ha dicho que estudia la posibilidad de acusar a Breivik de crímenes contra la humanidad, ya que los crímenes de terrorismo de los que lo acusaron originalmente tienen una pena máxima de apenas 21 años de cárcel en el Código Penal noruego, mientras que los crímenes contra la humanidad tienen en ese mismo código una pena máxima de 30 años de prisión.

De todas maneras se ha generado un fuerte debate en la sociedad noruega, ya que la mayoría de la población considera que las penas contempladas por la legislación penal de su país son demasiado blandas; y en el caso especial de Breivik desearían verlo condenado a cadena perpetua o incluso, en el caso de algunos sectores más radicalizados por la indignación, a la pena de muerte.


79 minutos con Anders Behring Breivik matando

Álvaro de Cózar y Juan Gómez – Elpais.com

31 de julio de 2011

Entre los dirigentes laboristas noruegos es frecuente bromear sobre los viejos recuerdos de la isla de Utoya. Allí se formaron parejas que todavía duran y se trabaron amistades y enemistades para toda la vida. En sus folletos informativos, los jóvenes del Partido Laborista (AUF) animan a los suyos anunciando que “Utoya es el mejor lugar de Noruega para conocer gente: aquí encontrarás jóvenes de todo el país, habrá conciertos, discoteca y citas. ¡Hasta tenemos un Sendero de los Enamorados!”.

“Era lo mejor del verano”, afirma Asbj Kristoffersen, de 75 años, un sindicalista y veterano militante socialdemócrata que sigue trabajando en las oficinas del partido en Oslo. Esa pequeña isla, de poco más de 10 hectáreas, le unió para siempre a unas siglas y afianzó sus convicciones. “Fue el paraíso de mi juventud”, asegura.

Unos mil muchachos de entre catorce y veintitantos años habían empezado a viajar a la isla a lo largo del verano para repetir una experiencia similar a la de Kristoffersen. El 22 de julio, los jóvenes esperaban entusiasmados el discurso que el primer ministro, Jens Stoltenberg, iba a pronunciar al día siguiente. Justo en el momento en el que Stoltenberg prepara el texto, una bomba explota junto a la sede del Gobierno central en Oslo. La explosión mata a ocho personas y destruye casi todo el barrio de oficinas y ministerios. Los jóvenes oyen por la radio las noticias y siguen en todo momento lo que está pasando, preocupados por la situación del líder de su partido.

El viernes, 22 de julio, llovía en Utoya.

Es el cuarto día de acampada veraniega en el campamento y los chicos del AUF se congregan tras recibir la noticia del atentado. Eskil Pedersen y Asmund Aukrust, dirigentes laboristas, han suspendido ya todas las actividades del día y convocan a los 530 muchachos que siguen en la isla. A esas alturas muchos creen todavía que la bomba ha sido obra de algún grupo islamista internacional.

Johannes Dalen Giske está trabajando en el ferri Thorbjorn cuando un tipo alto y corpulento, con uniforme de policía y que lleva una bolsa, le pide que le lleve a la isla. Su nombre es Anders Behring Breivik. Es el autor de los atentados de Oslo. Nadie lo sabe entonces, pero el coche bomba solo ha sido una maniobra para despistar a la policía y desviar la atención de la isla de Utoya. Giske le deja pasar tras pedir permiso al capitán.

El visitante desembarca en Utoya a las 16.07. Minutos después abre fuego sobre Monica Bosei, de 45 años, llamada la madre de Utoya porque ella es quien ha organizado las acampadas de los últimos 10 años. Breivik también mata a Trond Berntsen, de 51 años, un policía fuera de servicio y hermanastro de la princesa noruega Mette-Marit. Tras cobrarse las primeras víctimas, emprende el camino hacia la casa principal del complejo de Utoya. Nueve jóvenes que escuchan los disparos se refugian en el barco de Giske. Sin entender muy bien la situación, este decide regresar con esos nueve pasajeros. Entre ellos se salva Eskil Pedersen, presidente de AUF (Partido Laborista noruego).

En su camino hacia el centro de la isla, Breivik dispara a discreción. Abate a Ingvild Leren Stensrud, una chica de 16 años que sobrevive a los tres impactos ocultándose a rastras entre los cadáveres. Al alcanzar la cafetería de la Isla, donde los jóvenes aún ignoran del todo lo que está pasando, Breivik los llama a voces: “Acercaos, que tengo información importante sobre el atentado de Oslo”. Mata, uno detrás de otro, a los que se pusieron en primera fila. Los demás huyen despavoridos.

En la cafetería se halla Alí Esbati, economista de 34 años invitado a Utoya para impartir un seminario. Esbati no da importancia a los primeros ruidos y gritos. Pero la expresión desencajada de los jóvenes que se refugian en la sala le lleva a tirarse al suelo con los demás. “¡Todos fuera de aquí!”, les gritan algunos muchachos a través de las ventanas. Esbati sale por una de ellas y evita así el embudo que se estaba formando en la puerta trasera. A la izquierda está el bosque. Decide esconderse allí.

Ya se han producido entre tanto las primeras llamadas de socorro. A las cinco y media de la tarde, la policía de Buskerut recibe las primeras desde la isla. Utoya es una trampa mortal. Breivik continua su recorrido tranquilamente, armado con el fusil automático que ha sacado de su bolsa. Cuando algún herido da señales de vida, lo remata con su pistola Glock.

Julie Bremnes, que ya ha hablado con su madre por teléfono, le envía un mensaje de texto a las 17.42: “Mamá, dile a la policía que se den prisa, la gente está muriendo aquí”. Marianne Bremnes, que vive cerca del círculo polar Ártico, le responde enseguida:

-Lo estoy intentando, Julie, la policía está en camino. ¿Te atreves a llamarme?

-No. Dile a la policía que hay un loco dando vueltas y disparándole a la gente. Que se den prisa.

-La policía lo sabe, ha recibido muchas llamadas. Todo va bien, Julie, la policía nos está llamando ahora. Envíanos una señal de vida cada cinco minutos, por favor.

-Tememos por nuestras vidas.

-Lo entiendo, cariño. Sigue escondida y no te muevas. La policía esta de camino, si es que no ha llegado ya. ¿Has visto a alguien herido o muerto?

-Estamos escondidos en las rocas de la costa.

-Vale. ¿Quieres que le diga a tu abuelo que pase a recogerte cuando haya pasado todo? Tú decides.

-Sí.

-Vamos a llamar al abuelo ahora.

-Te quiero, aunque me porte mal a veces. No siento pánico, pero estoy muerta de miedo.

-Lo sé, cariño. También te queremos mucho. ¿Sigues oyendo disparos?

-No.

Mientras Marianne trata de tranquilizar a su hija, Breivik continúa con la matanza. Los muchachos que se ocultan en el bosque orientan su huida según la dirección de donde les llegaba el sonido de los disparos. Kristoffer Niborg, de 24 años, corre con un grupo de amigos por los bosques de Utoya. Saben que Breivik les pisa los talones. Deciden abandonar la protección de los árboles para buscar la salvación tirándose al agua muy cerca de la zona nudista. El agua está fría. La ropa empapada tira de ellos hacia el fondo y su esfuerzo no les basta para alejarse lo suficiente. Breivik, tan tranquilo, se planta en la orilla y encara el rifle una y otra vez. Christopher logra escapar, pero varios de sus amigos mueren cerca de él.

Edvard Fornes, de 16 años, también se encuentra en la costa. Escondido entre la vegetación, ve cómo Breivik descubre a un grupo de compañeros ocultos en una zanja. Los chicos suplican piedad. Breivik abre fuego y los mata, “como a perros”, según dirá Fornes. Breivik se dirige a otros jóvenes que escapan: “Venid a jugar conmigo”. Fornes se tira al lago y empieza a nadar. Cuando se gira, ve cómo Breivik le apunta con su rifle y se sumerge para bucear. El agua está a dos grados. El muchacho escapa ileso.

Alertada por llamadas como la de Marianne Bremnes, la policía de Buskerut llega al punto del litoral más próximo a la isla de Utoya. Los agentes no pasan de ahí. La mayoría de los efectivos están concentrados en el centro de Oslo, donde unas horas antes había explotado el coche bomba de Breivik.

Así que el jefe de la policía de Oslo, Arnstein Gjengedal, ordena a las fuerzas de élite antiterroristas Beredskapstroppen que acaben con la matanza de Utoya. La policía solo tiene un helicóptero, que carece de suficiente capacidad para llevar desde Oslo a los policías con todos sus pertrechos. Los agentes no llegan a la orilla del Tyrifjorden hasta las 18.09. Tienen que esperar 16 minutos más hasta que un bote les lleve a la isla.

La televisión pública noruega sí que ha llegado hasta Utoya por aire. El ruido de las aspas de su helicóptero hace que Esbati, que seguía escondido en el bosque cercano a la cafetería, se crea rescatado ya por la policía. Tras pasar por diversos escondites en el bosque, la proximidad de los disparos de Breivik lo ha llevado hasta la costa. Las aspas, piensa, son de la policía y traen la salvación. Así que se relaja un tanto y se reúne con un grupo de muchachos, entre los que hay dos niños de 9 y 10 años. Uno de ellos llora: “Han matado a mi padre, he visto como mataban a mi padre”. Esbati cree ahora que era el hijo del policía Berntsen, la segunda víctima de Breivik.

El helicóptero solo lleva una cámara de televisión, que graba impotente las únicas imágenes de Breivik disparando en la isla. A ras de suelo, Esbati se percata de la presencia de otro adulto de uniforme. Lo toma por un policía hasta que abre fuego sobre un grupo de jóvenes. Esbati está a solo 10 metros del asesino. Se tira al agua y huye, temiendo que una bala lo alcance por la espalda en cualquier momento. Pero Breivik continúa su camino en dirección contraria.

Julie ha seguido enviando mensajes de texto a su madre a través del teléfono móvil.

-La policía está aquí.

-Dicen que el que dispara lleva uniforme de policía. Ten cuidado. ¿Qué está pasando?

-No lo sabemos.

-¿Puedes hablar ahora?

-No, sigue disparando.

-Una unidad antiterrorista está ahí intentando atraparlo.

-Ok.

-¿Te buscamos un vuelo a casa mañana?

-No estoy para eso ahora.

-Lo entiendo.

También el vicepresidente del Partido Laborista, Asmund Aukrust, que se había escondido en el bosque, se da cuenta de que los árboles no son un buen lugar para protegerse de Breivik. Elige una tienda de campaña del camping, donde se encierra con la esperanza de que Breivik no regrese a buscar más víctimas. En las primeras dos horas que pasa oculto en su tienda escucha muchos tiros y gritos. Al final, solo la lluvia golpeando la lona. Se aferra a un pensamiento que le permite mantenerse en calma: “Esto es una locura y tendrá que terminar antes o después”.

Se encargará de ello Jacob Bjertnaes, que desembarca en Utoya a las seis y media de la tarde con el comando de élite. Se dividen en dos grupos. Uno se encamina al norte y otro al sur. Es este último el que ve al terrorista a unos 350 metros. Los agentes gritan para que Breivik deponga las armas. Tienen orden de disparar si se resiste o tiene explosivos en su cuerpo. Breivik no se la juega. Levanta los brazos y, en el mismo gesto, arroja el arma a más de 15 metros de sí. No dice nada. Los agentes le esposan. Terminan los 79 minutos de Breivik en Utoya.

La conversación entre Julie y Marianne prosigue mientras tanto:

-¿Sabes si lo han cogido ya?

-Te tendremos informada, cariño. Estamos siguiéndolo todo por televisión. Eh, ¿sigues ahí?

-Si, los helicópteros están dando vueltas sobre nosotros…

-Así que debes estar bien…

-Buscan a gente en el agua, aún no nos han rescatado. ¿Qué dicen en las noticias?

-La policía ha llegado a Utoya en un bote. Por lo demás, nada nuevo. No sabemos qué ha pasado con el pistolero, así que sigue quieta.

-¡Ya lo tienen!

Aukrust permanece escondido durante horas. La clínica universitaria de Oslo acoge a 32 heridos, 23 de ellos de extrema gravedad. Breivik usó balas de punta hueca, que se fragmentan tras el impacto con el cuerpo y se dispersan así por el organismo causando daños impredecibles. Los médicos inducen el coma a varios de ellos. Preguntado hace unos días sobre el despertar de estos pacientes, el cirujano Aksel Naess explicó que el último recuerdo de estas personas son las carreras por la supervivencia en los bosques de Utoya. “Lo primero que hacen es preguntar si sus amigos siguen vivos”.

El balance de víctimas del asesino es, por ahora, de 69 muertos en la isla y 8 más por la explosión del coche bomba.


El monstruo que vestía de macho

Álvaro de Cózar y Juan Gómez – Elpais.com

31 de julio de 2011

El barrio de Skoyen, al oeste de Oslo, es un suburbio en el que las casas de color rojo y ocre se alternan con edificios de ladrillo visto. La mayoría tienen chimeneas, jardines cuidados y flores en los balcones. Las avenidas son anchas, la vegetación espesa y, en general, no parece que sus habitantes se vean demasiado afectados por los rigores de la vida moderna, el tráfico o la contaminación. En ese lugar tranquilo de familias acomodadas y escasa inmigración vivía el monstruo.

Nadie sabe exactamente cuándo Anders Behring Breivik dejó de ser un chico normal para convertirse en un tipo que se puso como misión la de eliminar al mayor número de personas posible. Peter Svaar, periodista de la televisión pública noruega y amigo de la infancia de Breivik, lo recuerda como un “chico agradable, inteligente y leal a sus amigos”. “Tenía todas las posibilidades, nunca le ha faltado nada. Nunca ha sido víctima de alguna injusticia social. ¿De dónde viene su odio?”, se pregunta Svaars.

Breivik nació en Londres en 1979. Su padre, un diplomático de la Embajada de Noruega, y su madre, enfermera, pelearon por la custodia del chico. Ella se hizo finalmente cargo de su educación. Aunque Breivik mantuvo cierto contacto con su padre, la relación se rompió en 1995. “Tiene cuatro hijos, pero ha cortado el contacto con todos ellos. Está claro de quién es la culpa”, explica el propio Breivik en el manifiesto de 1.500 páginas que envió a varias personas por Internet poco antes de cometer los asesinatos.

Aparentemente no sucedió nada traumático, pero lo cierto es que algo ocurrió en esos años que acabó por obsesionar a Breivik. En sus recuerdos de esa época su madre era una feminista moderada que le dio una educación que, según él, le convirtió en un débil. “No me gusta la educación superliberal, matriarcal, que me dieron. Carecía de disciplina. Aquello contribuyó a feminizarme”, cuenta Breivik.

Empezó a mostrar algún gesto de rebeldía. Se le daba bien el grafiti. Sus amigos le recuerdan por eso más que por otra cosa. En clase no llamaba la atención. Al final de la adolescencia, empezó a aislarse de alguna manera. No encajaba con los demás. Siempre pasaba desapercibido. Su complejo de inferioridad le llevó a preocuparse por su apariencia física. Ya maduro, empezó a tomar esteroides para aumentar la masa muscular. Incluso acabó pasando por el quirófano en Estados Unidos, donde se operó la nariz, la frente y el mentón. Se jactaba de salir con muchas mujeres pero no se le conoce novia alguna. En su manifiesto deja claro que no es homosexual, aunque algunos amigos suyos lo piensen. “Es gracioso”, dice, “porque yo soy 100% hetero”.

Trató siempre de cultivar una imagen de macho y llevó ese extremo hasta el pensamiento político. De alguna forma, lo que viene a decir Breivik en su manifiesto es que los socialdemócratas han hecho de Noruega un país de nenazas. En 1999 se afilió al Partido del Progreso, una formación conservadora que acabó abandonando en 2004 por considerarla demasiado tibia con el multiculturalismo y la corrección política, los grandes males de Europa, según Breivik. Había tonteado con el nazismo a los 18 años, pero pronto le pareció que no era su camino. Según él, el problema son los musulmanes, no los judíos.

El año de 1999 es la fecha que marca políticamente su ideología. El bombardeo de la OTAN sobre Serbia es descrito en su libro como una traición a la cristiandad en favor de los musulmanes.

No hizo el servicio militar, aunque no está claro por qué. Un amigo suyo citado por el periódico noruego Dagbladet dice que intentó entrar en sus filas pero que fue rechazado por “inestable”. Breivik dice no haberlo hecho porque defiende ideas en las que él no creía. En cualquier caso, en su cabeza empezó a organizar un ejército imaginario con él como general y soldado. Modificó un traje de gala al que colgó parches y medallas de su invención, se vio a sí mismo como un miembro de los templarios. Contactó en Internet con todas las personas y grupos que criticaban la religión islámica, leyó ensayos y debatió en foros las ideas que quería implantar. Muchos defienden en esa esfera la guerra contra el islam. Él la quería llevar a cabo. Empezó a organizar la misión que él mismo se había encomendado para salvar a Europa de la amenaza islamista que -a su entender- trae consigo la inmigración.

En mayo, alquiló una granja en las afueras de Rena, 160 kilómetros al norte de Oslo. Se entretenía viendo el festival de Eurovisión y jugando a los videojuegos, pero la mayoría del tiempo trataba de convertir seis toneladas de fertilizantes y polvo de aspirinas en material explosivo. Y escribía. “Intenté contactar con mi padre hace cinco años, pero me dijo que no estaba mentalmente preparado”, dice en otro momento de su manifiesto.

Días antes de cometer los atentados, Breivik se registró en Facebook. La foto de su perfil -pelo largo, abrigo, corbata, perilla recortada- dista mucho de la imagen que tiene en la actualidad, con el pelo rapado y bastante más gordo. En las últimas semanas, tomó drogas para sentirse más fuerte y eficiente, según relataría luego a su abogado.

El 22 de julio, Breivik se levanta temprano, hace las últimas pruebas con los explosivos y se viste de policía. “Creo que esta será mi última entrada de hoy. Es viernes, 22 de julio, las 12.51”, concluye.

En Skoyen, el barrio de casas de color rojo y ocre, una muchacha camina sola por la calle Hoffsveien. A mediodía son muy pocos los que transitan por las anchas aceras del vecindario. La chica indica amablemente que esa es la casa en la que se crió Breivik: “Ese es el edificio, el primer piso, el que tiene el balcón con las flores pequeñas. Saludo a su madre cada vez que la veo. A él lo he visto alguna vez, pero no le recuerdo muy bien. No tenía el aspecto de un monstruo”.


El tribunal noruego condena a 21 años de cárcel al terrorista de Utoya

Naiara Galarraga – Elpais.com

24 de agosto de 2012

Noruega respira aliviada. El capítulo judicial queda cerrado. Anders Behring Breivik, de 33 años, permanecerá al menos 21 años en la cárcel porque estaba en sus cabales cuando en 2009 empezó a pergeñar un detalladísimo plan que puso en práctica el 22 de julio de 2011.

La conclusión principal del tribunal que le juzgó —que está cuerdo y es por tanto responsable penal del doble atentado en el que mató a 77 personas en Oslo y Utoya— coincide con la pronosticada la víspera por Arne Pran, de 76 años. “Mire, lo planeó durante mucho tiempo. Y alguien que esté loco sería incapaz porque organizar todo eso es muy difícil. Lo sé bien. Soy general retirado”, respondió amable al ser preguntado por el veredicto mientras paseaba junto a los edificios gubernamentales cubiertos todavía con lonas, pues quedan meses para reparar los destrozos de la bomba de aquel viernes veraniego.

Preguntado por si aceptaba el veredicto, Breivik respondió con una nueva provocación. “Solo quiero pedir disculpas a los militantes nacionalistas de Noruega y Europa por no haber matado a más personas”, dijo. La juez le interrumpió.

Un tribunal de dos jueces profesionales y tres ciudadanos de a pie ha condenado este viernes a la pena máxima en Noruega, 21 años, a Breivik, al que considera un “fanático extremista” pero no un enfermo mental, aunque la juez Wenche Elizabeth Arntzen sí dijo que tiene “rasgos narcisistas y disociales”.

El fallo supone un golpe a la fiscalía, que pidió su internamiento psiquiátrico, y que no recurrirá. Tampoco el asesino. El condenado quedará internado en la cárcel a las afueras de Oslo donde está aislado desde el día de su detención.

Las víctimas confían en que la pena máxima se convierta en una cadena perpetua. Todo con tal de perder de vista al hombre que destrozó sus vidas y pretendió hacer saltar en pedazos muchos de los valores en los que se cimenta la sociedad noruega: la apertura, la confianza en las instituciones, la pluralidad. “La vida puede continuar. Yes!”, tuiteó Tarjei Jensen Bech, un joven laborista superviviente de Utoya tras la decisión judicial.

Ahora mismo las víctimas no quieren ni oír hablar de ese afán rehabilitador, no solo punitivo, de los sistemas penales nórdicos. Por eso recibieron con alivio que la sentencia contemple la posibilidad de que, una vez cumplidos los 21 años entre rejas, las autoridades puedan mantener al recluso en prisión por periodos de cinco años prorrogables indefinidamente si lo consideran un peligro para la sociedad. Es una posibilidad que ya se aplica a varios criminales presos, según explicó una abogada en la sala.

Algunas víctimas y allegados siguieron la sesión con una contención absoluta —ni un llanto, ni un gemido, solo silencio y recogimiento— en la misma sala donde estaba Breivik, que hizo una especie de saludo fascista en cuanto le soltaron las esposas al llegar. Gesto que repitió al irse. Otros siguieron la vista en salas contiguas, lejos de la prensa, o en directo por circuito cerrado desde los juzgados de sus pueblos.

Lars Güle, investigador de la Universidad de Oslo y Akerhus, experto en extremismo y testigo en el juicio, explicó en los pasillos del juzgado capitalino que la sentencia “es correcta para el proceso de curación de Noruega. Sabemos que fue un ataque terrorista con motivaciones ideológicas. Esto nos demuestra que hay que tomarse estas ideas [extremistas] seriamente”.

El fallo no parece dejar lugar a dudas. También fueron contundentes las conclusiones de la comisión independiente que dictaminó que el atentado de Oslo se pudo evitar y que la policía pudo parar antes la cacería del asesino en Utoya. Al renunciar a la apelación, el asesino dijo que no aceptaba la autoridad del tribunal porque fue “nombrado por quienes defienden el multiculturalismo”.

La Noruega homogénea, luterana, pobre, que existió hasta los setenta cambió a partir del descubrimiento del petróleo en la Navidad de 1969. Hoy está entre los países del mundo donde mejor se vive, es rico, un 10% de sus cinco millones de habitantes son inmigrantes (el mayor colectivo, los europeos) y tiene un desempleo irrisorio del 3,3%. Algunos extranjeros vinieron de mano de obra en los setenta sobre todo y otros muchos son refugiados que huyen de conflictos en su patria. Ironías del destino o pura estadística, Breivik ha tenido que aguantar que el tribunal incluyera a Diana Patricia Fyinbo, de origen colombiano.

El terrorista advirtió de que solo apelaría si le declaraban penalmente irresponsable de los crímenes. Que le encerraran en tratamiento psiquiátrico sería “peor que la muerte”, dijo durante el juicio. “La persona que yo conocí no se parece a la persona que se sienta aquí”, explicó a las puertas de la sala Peter Svaar, que fue compañero de clase y amigo de Breivik en la adolescencia y hoy es periodista del canal público NRK. “Entonces no estaba politizado”, dijo. Breivik viene de una familia de clase media-alta, fue a la escuela pública como el 95% de sus compatriotas,… ¿Cómo se radicalizó para perpetrar un ataque tan brutal? “Es una gran pregunta que me mantiene despierto”, añadió.

 


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