Álvaro Rafael Bustos Ruiz

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El exorcista de Córdoba

  • Clasificación: Homicida
  • Características: Parricidio - Mató en la creencia de que la víctima encarnaba el mal y que debía liberar a la humanidad de su presencia
  • Número de víctimas: 1
  • Periodo de actividad: 4 de enero de 1987
  • Fecha de detención: 6 de enero de 1987
  • Fecha de nacimiento: 1954
  • Perfil de las víctimas: Manuel Bustos Fernández, de 70 años (su padre)
  • Método de matar: Arma blanca (barra de madera convertida en estaca)
  • Localización: Córdoba, España
  • Estado: La Audiencia Provincial de Córdoba absolvió a Álvaro Bustos por enajenación mental y ordenó su internamiento en un psiquiátrico el 10 de julio de 1987. Unos años después, los médicos consideraron que estaba recuperado y fue puesto en libertad
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Álvaro Bustos

Cordobapedia.wikanda.es

Álvaro Rafael Bustos Ruiz, músico y compositor nacido en Córdoba en 1954.

Fue fundador del trío musical Trébol y autor de la canción Carmen con la que el grupo saltó a la fama a principios de los años setenta. Luego, su estrella musical languideció aunque no perdió la ilusión de lograr nuevos éxitos. El trío se disolvió en 1977.

Sin ejercer ninguna actividad remunerada, vivía con su padre viudo desde hacía once años, que lo mantenía.

Muy aficionado a los libros de brujería, magia negra y exorcismo, el día 4 de enero de 1987, Álvaro mató a su padre, el catedrático de violín Manuel Bustos, clavándole una estaca en el corazón, convencido de que encarnaba el mal y que debía liberar a la humanidad de su presencia.


Un ex músico ‘pop’ de Córdoba mata a su padre siguiendo un ritual de brujería

El País

8 de enero de 1987

Álvaro Rafael Bustos, de 33 años, ex miembro del grupo pop Trébol, ha sido detenido en Córdoba tras confesarse autor de la muerte de su padre, Manuel Bustos, de 70 años, ex director del conservatorio de música de la ciudad, a quien clavó una estaca de madera en el corazón cuando se hallaba durmiendo en la cama en la medianoche del domingo. El hecho, parece estar basado en algún rito o ceremonia de exorcismo. En el primer interrogatorio, en la madrugada del lunes, Álvaro Bustos se declaró culpable del crimen. En su declaración afirmó haber matado a su padre «porque encarnaba el mal».

La muerte de Manuel Bustos, una personalidad muy conocida en Córdoba, ya que había sido director del Conservatorio de Música de la ciudad y catedrático de violín durante varios años, fue muy violenta. Hacia la medianoche del pasado domingo su hijo Álvaro le clavó una estaca de madera en el corazón mientras se encontraba en la cama. Ayer no se conocían todos los detalles del crimen, pero el parricidio tal vez estuvo precedido de una ceremonia de exorcismo o rito satánico.

Álvaro Bustos utilizó el método de la estaca de madera (al parecer, parte del palo de la fregona), útil que, según los libros de brujería, constituye el elemento para acabar con el mal que algunas personas llevan en su interior si se les causa la muerte al clavársela en el corazón.

Manuel Bustos era viudo y habitaba con su hijo una vivienda de dos plantas, en la calle de San Eulogio, en pleno centro de Córdoba. Alvaro Rafael ocupaba la planta superior de la casa, y su padre vivía en la parte de abajo. Las circunstancias que siguieron al crimen aún no se conocen con precisión.

Vigilar el cadáver

De las declaraciones en comisaría se deduce que, una vez cometido el delito, el hijo quiso quemar al padre, pero algo le hizo recapacitar y abandonó este propósito. Una vez que falleció el padre, su hijo transportó el cadáver al coche Seat 127 propiedad del ex director del conservatorio y lo introdujo en la parte trasera del vehículo. Después lo dejó aparcado en una callejuela del centro de la ciudad, entre la avenida de Cervantes y la del Gran Capitán, «con la intención de vigilarlo antes de que se reencarnara», señaló Álvaro Bustos en su declaración.

El parricida tenía la creencia de que su padre iba a reencarnarse tras su muerte, por lo que le hacía visitas a breves intervalos para percatarse de que aún se encontraba en el interior del coche.

Un familiar de la víctima fue quien avisó a la policía del presunto parricidio, ya que una enorme mancha de sangre en la cama del padre le hizo sospechar que éste hubiera sido asesinado. La policía cordobesa estuvo más de 24 horas investigando el caso sin resultado alguno, ya que, aunque se tenía casi la total certeza del crimen, no aparecían el cadáver ni el presunto asesino.

Durante este tiempo, Álvaro Rafael Bustos fue visto por algunos conocidos en un estado de gran excitación, deambulando por la ciudad. En la madrugada del día 6, cuando se dirigía a comisaría a entregarse, según su propia declaración, fue detenido por la brigada de policía judicial que investigaba el caso

Alvaro Rafael es soltero y fue fundador del trío de música pop Trébol, formado en 1972 y que tuvo pequeños éxitos en los primeros años del decenio de los setenta, como Carmen o Mira mis manos. Carlos Catalá y Jorge Crespo eran los otros miembros del trío, que se disolvió en 1977 y que nunca tuvo gran resonancia.

El presunto asesino se encontraba en paro y era mantenido por su padre. Alvaro Bustos es muy aficionado a la lectura de libros de brujería, magia negra y exorcismo. Al parecer, no se encontraba bien psíquicamente, aunque es una persona simpática con sus amigos y de un agradable trato en sus relaciones.


25 años de un crimen que conmovió a la ciudad

Ángel Robles – Eldiadecordoba.es

8 de enero de 2012

El 4 de enero de 1987 está escrito con tinta roja en la crónica negra de la ciudad. Aquella noche, una vivienda ubicada en la calle San Eulogio, junto al arco del Portillo, se convirtió en el escenario de un crimen atroz que conmovió no sólo a la ciudad, sino a la opinión pública nacional e internacional, que se interesó por el suceso. Álvaro Bustos, un exmúsico pop que triunfó en la radiofórmula como componente del grupo Trébol, acaparó todos los focos después de matar a su padre clavándole una estaca de madera en el corazón tras someterlo a un ritual para exorcisarlo [exorcizarlo].

Álvaro Bustos, de 33 años, era un juguete roto. Con sólo 18 años, había probado las mieles del éxito con canciones como Carmen, que lo llevaron a recorrer todo el país en la década de los 60. Regresó a Córdoba y se aficionó a la hechicería. La enfermedad mental que padecía -una psicosis paranoide crónica- hizo el resto.

Sumido en un delirio, aquella noche creyó que en su padre se había encarnado Satanás. Según la declaración que hizo en su momento, Álvaro se decidió a matar a su progenitor para liberar, de esta manera, a la humanidad de este mal. Lector de libros de magia negra y alquimia, el joven se preparó concienzudamente para llevar a cabo su acción. Sorprendió a su progenitor cuando estaba en la cama y, tras levantarlo y hablar con él unos veinte minutos, volcó un espejo que había en el dormitorio y lo atacó con un palo y una piedra. Por último, le hundió en el pecho una estaca que él mismo se había molestado en afilar y que, según se dijo entonces, había impregnado con ajo y sal. La herida le causó la muerte inmediata a Manuel Bustos, de 70 años, un reputado catedrático de violín del Conservatorio Superior de música de la ciudad, del que llegó a ser director, y miembro de la Real Academia.

Una vez cometido el crimen, el hijo permaneció junto al cadáver las siguientes 24 horas para evitar que el mal se reencarnara. El joven viajó en un vehículo Seat 127 a la Sierra de Córdoba con la intención de quemar el cadáver y esparcir sus cenizas por el Guadalquivir, pero fue sorprendido por un vigilante y desistió. Con el cadáver en el asiento trasero del coche, condujo de nuevo a la ciudad. Aparcó en el centro y permaneció vigilante. Varios testigos aseguraron haberlo visto con síntomas de gran nerviosismo cerca del citado vehículo. Finalmente, decidió acudir a la Comisaría para entregarse.

La familia ya estaba sobre la pista, alertada por la desaparición de la víctima y de su hijo. Fue un hermano del parricida quien, la víspera del Día de Reyes, acudió a la vivienda. Pese a las reiteradas llamadas al timbre, e incluso golpes en la puerta, nadie contestó. El familiar decidió utilizar entonces una llave que guardaba, y advirtió la falta del vehículo en el garaje. Intuyó que algo pasaba y acudió al dormitorio de su padre, donde encontró la prueba más escalofriante: una enorme mancha de sangre sobre la cama. Cuando se hizo público, el crimen abrió las secciones de sucesos de todos los diarios nacionales y tuvo su hueco correspondiente en la prensa internacional.

El desaparecido diario El Caso fue el más prolijo en detalles. El periódico narró con minuciosidad cómo Álvaro Bustos, al llegar la noche de autos a su casa, fue a su habitación y descolgó la barra de madera de las cortinas, la partió sobre sus rodillas y comenzó a sacar punta con un alicate a uno de los extremos. Después, creyendo que el arma aún no tenía la perfección requerida, lo redondeó y afiló aun más con ayuda de una lima. Escondió la estaca entre el jersey y la cintura del pantalón y bajó al dormitorio de su padre, que solía descansar con la llave echada. Forzó la cerradura e irrumpió en la estancia. Ahí empezó el ritual, arrojando sal por el suelo y los muebles, un elemento que, según los libros de brujería, purifica el ambiente y debilita los demonios. Luego retiró un espejo: «Mi padre tenía capacidad de atravesarlo», llegó a excusarse. En pocos momentos, dio una fuerte patada a su padre y lo arrojó con violencia de la cama: «Vade retro Satanás, vade retro», gritó. La víctima quedó con medio cuerpo fuera de la cama, momento que aprovechó su hijo para sacar la estaba [estaca] que llevaba escondida en el chaleco y hundirla con gran fuerza en el pecho.

La instrucción del caso fue fugaz y el juicio se celebró el 1 de julio. Tanto el fiscal jefe de la Audiencia Provincial como la defensa del parricida solicitaron la absolución del detenido y pidieron su internamiento en un centro psiquiátrico. Los forenses que lo habían asistido estimaron que el delito era inimputable debido a la grave enfermedad mental que padecía.

Durante el juicio, Álvaro Bustos declaró que había hecho un bien a la humanidad dando muerte a Satanás, aunque dijo que había llorado la muerte de su progenitor. El psiquiatra Carlos Castilla del Pino, que lo atendió tras su detención, dijo durante el juicio que el procesado padecía una psicosis paranoica crónica, de la que -apuntó- es imposible que se recupere. «En la mente de Álvaro Bustos existía la necesidad de matar a Satanás y, sumido en este delirio, cometió el parricidio», explicó.

El suceso conmovió a los ciudadanos y fue seguido con gran interés por la popularidad del acusado, que finalmente fue absuelto por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial. El parricida ingresó en un centro especializado.

El mismo día de su jubilación el pasado 10 de noviembre, el exteniente fiscal, Baldomero Casado, hacía un repaso por los casos que más le habían marcado durante su larga carrera en la Justicia. Sólo la casa del chaval demostraba que era alguien alucinado. El padre vivía en la planta baja y él en la de arriba, y todo estaba pintado de negro. Las paredes eran negras, las ventanas estaban tapadas con trapos negros. «Era horroroso entrar allí, me impresionó», recordó el fiscal.


Álvaro Bustos: El «exorcista homicida» de Córdoba

Antonio de la Peña – Antoniodelapeña.es

Nuestro exorcista se llama Álvaro Rafael Bustos y aunque los acontecimientos que le hicieron incorporarse a la historia de los asesinos más macabros de este país, el principio de esta historia comenzó a tejerse mucho antes en 1971.

En aquel año tres amigos Carlos Catalá, Jorge Crespo y Álvaro Bustos decidieron poner en el candelero todo su potencial musical naciendo así «Trébol».

No tardaron mucho en alcanzar la fama convirtiéndose en un trío musical andaluz muy popular en España, que logró llegar al número 1 en 1972 con la pegadiza canción «Carmen». A lo largo de la trayectoria artística de este conjunto que duró hasta 1977, grabaron más temas en la línea del pop comercial y desenfadado que fueron imprescindibles en los guateques de la época como «Música eres tú», «María Rosa», «Pajarillo»…

Lo que parecía una formación estable y a medida que el tiempo hacía ver que los momentos de fama eran efímeros desembocó en que dicha formación también pasaron Carlos de Miguel o el músico almeriense Cristo de Haro que militó en otros conocidos grupos de la época como «Los Íberos» o «Los Puntos».

Como anécdota no puedo evitar mencionar que el famoso abogado Marcos García Montes también fue integrante del grupo «Trébol». Este abogado fue conocido muchos años más tarde tras ser el representante legal del guarda forestal y ganadero Santiago Mainar, único imputado por el crimen del alcalde de Fago (Huesca).

La fama es efímera y en aquellos momentos los grupos musicales iban y venían y «Trébol» tras 7 años gloriosos se disolvió en 1977 con un tema «No me importan tus desprecios», apenas recordado más que por los cuatro nostálgicos empeñados en hacer del grupo «Trébol» algo mítico.

Para Álvaro Bustos no fue nada fácil de encajar pasar de la fama al anonimato, se convirtió con facilidad en un «juguete roto» que basándose, según él, en su talento haría lo que fuera por triunfar. Su último tema «Salve la paz» se graba en Alemania ocupándose Carlos Iturralde de los arreglos, desgraciadamente no llega a comercializarse, debido a que el escaso presupuesto del joven se esfuma en sus continuos viajes para grabar y en caprichos como grabaciones los días festivos que encarecen mucho dicha grabación.

Álvaro sin ejercer ninguna actividad remunerada, vivía con su padre viudo desde hacía once años, que lo mantenía.

La perdida de la madre fue algo que Álvaro nunca encajó, lo que parecía un complejo de «Edipo» le llevó a culpar a su padre Manuel Bustos Fernández, director del conservatorio de Córdoba (1949 – 1985) y catedrático de violín. No se sabe qué puede haber de realidad o de ficción en esa afirmación ya que su desequilibrada mente nunca lo aclaró. Pero hechos como que tres años antes del parricidio hiciera el Camino de Santiago por su madre, dice la cercanía que tenía hacia ella y que nunca superó su muerte. La gente más cercana a él asegura que siempre culpó a su padre de haber provocado mucho sufrimiento a su madre acusándole de su muerte por este motivo.

Pero si hay algo realmente extraño es el hecho de que según relatan algunos de sus amigos era un pacifista convencido. Persona que mediaba en todas las peleas y como he dicho anteriormente autor de una canción, su última canción, «Salve a la paz». ¿Qué puede llevar a una persona así a cometer tan horrendo crimen?

Muy aficionado a los libros de brujería, magia negra y exorcismo, el día 4 de enero de 1987, Álvaro mató a su padre, clavándole una estaca en el corazón, convencido de que encarnaba el mal y que debía liberar a la humanidad de su presencia. A pesar de que la relación de la violenta muerte del padre con el tipo de lectura, que pudo llevarle a la locura, su gente más cercana se niegan a creerlo y dicen que los sentimientos de Álvaro hacia su padre nada tenían que ver con su afición a según que tipo de lecturas.

El crimen

Sobre las ocho y media de la tarde del sábado 4 de enero de 1987, Álvaro Bustos bajaba por la calle de la Feria. Paró unos minutos en un puesto de arropías, en el que solía hacerlo, para comprar algo para la cena. Tras comprar unos bollos dulces y algo de leche continuó su camino hacia la calle San Eulogio donde en el número 14 compartía casa con su padre, él en la planta superior y el padre (por la edad) en la planta baja.

Hasta aquí, nada que no hubiera sucedido cualquier otro día, desgraciadamente todo lo que sucedió a continuación fue un atropello de barbaridades que solo su desequilibrada mente podría explicarnos.

Tras llegar a su domicilio, se dirigió a su habitación. Descolgó la barra de las cortinas que cubrían la ventana y tras partirla con su rodilla comenzó a sacarla punta, como si fuera un lapicero, con un alicate. Empleo largo tiempo en esto, como si no tuviera prisa. Con la forma ya conseguida, una lima le ayudó a convertirla en lo que necesitaba, un arma mortal. Es increíble lo fácil que resulta convertir una vieja barra de cortina de madera en una estaca, pensó. Hundió la estaca en sal tras restregarla con ajo, el arma mata diablos estaba ya lista.

Escondió bajo su jersey y sujeta por el pantalón la madera portadora de muerte y se dirigió a la planta inferior al dormitorio de su padre, eran ya las once pasadas y el anciano dormía apaciblemente, no sin antes dar la vuelta a todos los espejos que encontraba a su paso, si aquel demonio quería escapar no se lo pondría fácil.

Manuel Bustos se despertó en cuanto la puerta se abrió, era hombre de sueño ligero, contempló como su hijo derramaba sal por todo el suelo y los muebles de la habitación.

Según diversos libros de brujería la sal es un elemento que debilita al diablo. El anciano simplemente no sabía qué decir.

Ante la mirada de incomprensión de su padre continuó con el ritual. Descolgó los dos espejos de la habitación y los situó boca abajo. Una vez terminado el macabro ritual se sentó en el borde de la cama.

El parricida nunca confesó el contenido de la conversación pero sí reveló que le pidió a su padre que reflexionara sobre su vida y que pensara si había hecho algo bueno en su existencia. Como si estuviera sometiendo a su padre a un juicio final, durante veinte largos minutos alargó la agonía del padre que muy probablemente veía su propia muerte. Intentó huir pero la fuerza de Álvaro era, evidentemente, mucho mayor. No le costó dominarle y tras tirarle al suelo le arrancó la parte superior del pijama y sacando la estaca de entre sus ropas la clavó con sus manos en el pecho de su padre. El afilado palo atravesó el corazón, los pulmones y llegó hasta la columna vertebral; una agónica muerte que envuelta en aquel macabro ritual quedó marcada en su rostro como atestiguan todos aquellos que lo pudieron ver.

Un extraño ritual

Una vez cometido el crimen envolvió el cuerpo en una manta y bajó a la cochera de la casa. Allí permaneció el cadáver hasta las 5 de la madrugada, tiempo que empleó en desmontar el asiento del Seat 127 de su padre.

Tendió allí el cadáver y depositó encima una caja con libros y otros objetos, entre ellos una daga de plata, y se encaminó hacia la sierra, a pesar de no tener carnet de conducir.

Sobre la 1 del mediodía llama por teléfono a un amigo, diciéndole que esta en la zona de su finca y que necesitaba ir porque tenía que quemar al diablo. Su amigo asustado acude a la cita. Ve desde el exterior del coche uno de los pies del cadáver y no puede negarle, aterrorizado, darle la dirección exacta de la finca y las llaves de la verja. Con no se sabe que excusa consigue alejarse del lugar y tras visitar a un abogado se presenta en comisaria para denunciar los hechos.

Mientras sucedía esto la limpiadora que acudía diariamente a casa de Manuel Bustos para limpiar, se encuentra un cartel en la puerta «Tómate el día de vacaciones y vuelve mañana». No sabe decir por qué pero aquello le da muy mala espina y decide acudir a la consulta veterinaria de un hijo de Manuel, hermano de Álvaro, para decírselo. El hermano acude al domicilio y al entrar en el dormitorio de su padre ve el suelo y la cama ensangrentados y decide acudir a la policía.

Pasadas las cuatro de la tarde, y tras haber pasado varias horas perdido en el campo por culpa de la niebla, llega al «Rancho La Priorita». No se sabe cual fue el motivo que le llevó a no entrar por la puerta principal, pero el caso es que no lo hizo, cortó la valla y escondió el vehículo tras unos matorrales. Comenzó a preparar con leña una especie de cama incineradora, estaba entretenido en esta labor cuando el sonido de una motocicleta le sobresaltó, eran los hijos del guarda de la finca que alertan a su padre. A las cinco de la tarde el guarda del «Rancho», Pedro, llega al mismo y se encuentra con Álvaro preguntándole qué era lo que estaba haciendo.

«Voy a preparar un fuego porque esta noche vendremos aquí unos amigos a comernos unas chuletas. No se preocupe por nada tengo permiso del dueño.»

Cuando Pedro escucha eso trata de convencerle de que se ha equivocado de finca. Según reconoció el propio guarda.

«En ningún momento me contestó mal. Parecía muy educado. Vi que tenía las manos manchadas de sangre, pero supuse que se había arañado al cortar la alambrada. Cuando después me dijo la policía de donde había salido la sangre, por poco me da algo. Yo no quiero ni pensar en lo que hubiera pasado si tardo diez minutos más y me lo encuentro ya haciendo lo que iba a hacer.»

Según muchas publicaciones esotéricas, para matar al diablo hay que quemarlo tras clavarle la estaca en el corazón o esperar veinticuatro horas que es el tiempo en el que este puede resucitar. Por este mismo motivo Álvaro cortó, con la daga que llevaba en el coche, los tendones de Aquiles de ambos pies de su padre, así según había leído, si el diablo resucita no puede caminar y huir.

Decide así sintiéndose más seguro regresar a la ciudad sin quemar el cadáver, al fin y al cabo si resucitaba no podría ir a ningún lado.

Vuelve a Córdoba y se va tranquilamente a ver la cabalgata, solo quería que pasara el tiempo posiblemente fueran las 24 horas más largas de su vida. Sobre la 1 de la madrugada del día seis de enero Álvaro Bustos es detenido mientras se dirigía a comisaria para entregarse.

Declaración y juicio

Tanto en las declaraciones ante la policía y ante el juez Álvaro Bustos insistió en que su acción era necesaria y que lo único que había hecho era liberar al mundo del demonio y el mal. Afirmó que el día de navidad de 1986 se encarnó en Jesucristo y al ser su padre Satanás tenía la obligación de acabar con él.

En diciembre de 1986 Álvaro le dijo a su hermano que a principios de año iba a convertirse en un iluminado y que sería conocido en todo el mundo por sus revelaciones.

Desgraciadamente sí fue a llegar a ser conocido en todo el mundo, ya que la noticia poco a poco fue corriendo por los periódicos de toda Europa, pero no por ser un iluminado precisamente.

El fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Córdoba, Narciso Ariza, y la defensa de Álvaro, solicitaron la absolución del parricida y su internamiento en un centro psiquiátrico.

El equipo psiquiátrico que atendió al acusado, así como los forenses, estimaron que el delito le es inimputable.

Los hechos fueron juzgados el 30 de junio de 1987 en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Córdoba. Durante el juicio, Álvaro habló de su padre como «El Inicuo», según él porque creía que en su persona estaba encarnado el mal «y porque era Satanás». Esto se lee en varias partes de su declaración. Por muy acostumbrado que se esté a la crónica negra y a leer declaraciones de dementes, leer la de Álvaro Bustos puede al más duro de los investigadores no por su contexto global sino más bien por los pequeños detalles que contó del cruento asesinato, como fue el hecho de gritar «vade retro Satanás, vade retro Satanás», mientras la estaca atravesaba el cuerpo de su propio padre.

Álvaro Bustos declaró en la vista oral que había hecho un bien a la humanidad dando muerte a Satanás, pero que había llorado la muerte de su padre. En un momento de su declaración, el asesino indicó que su padre había mantenido relaciones con su nuera, cosa que nunca se pudo confirmar, del que había nacido una niña en la que él considera que se ha reencarnado Satanás. Así mismo afirmó que con 14 años su padre le dijo que era Satanás y que para acabar con él tendría que clavarle una estaca, rociarlo con sal y quemarlo con madera de una encina, afirmando a su vez que así lo hizo a excepción de quemarlo.

El fiscal jefe, Narciso Ariza, se refirió en su informe a que Álvaro debía ser internado en un centro psiquiátrico de por vida, «ya que está en peligro la vida de esa niña». El ministerio público aplicó la eximente completa de enajenación mental, por lo que pidió la absolución, al igual que la defensa. El psiquiatra Carlos Castilla del Pino, que atendió a Álvaro Bustos tras su detención, declaró en el juicio oral que el procesado padecía una psicosis paranoica crónica de la que es imposible que se recupere. Castilla del Pino indicó que en la mente de Álvaro Bustos existía la necesidad de matar a Satanás y, sumido en este delirio, cometió el parricidio.

El 10 de julio de 1987 Álvaro Bustos fue absuelto por la eximente de enajenación mental debido a una psicosis paranoica crónica y se ordenó su entrada en un psiquiátrico, en el que ya se encontraba desde el día 2 de julio, de forma indefinida, prohibiendo tajantemente su salida del mismo sin la debida autorización del tribunal que lo juzgó de la Audiencia Provincial de Córdoba. Según el equipo psiquiátrico que le atendió, el acusado tenía una paranoia que le hacia creer que era el «hijo de Dios» y como consecuencia del mismo delirio mató a su padre creyendo que era Satanás, no siendo así responsable de sus actos. Según afirmó uno de los forenses que examinó a Álvaro Bustos durante la vista oral: «Su intención era la de acabar con Satanás no con su padre, este hecho se demuestra bajo su propia declaración de que lloró la muerte de su padre pero no la del diablo.»

Poco antes de que se decretara su ingreso en el psiquiátrico el propio Álvaro afirmo que «su misión» estaba ya completa y que había dado ya parte a Dios desde la capilla de un colegio de Córdoba.

Años después Álvaro Rafael Bustos quedó en libertad, desapareció de la vida pública y nunca más se ha sabido nada de él. El llamado «exorcista de Córdoba» que pasó de figura de primera línea del pop español a parricida tan solo por ser un «Juguete roto».

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