Albert Edward Matheson

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Albert Edward Matheson
  • Clasificación: Asesino
  • Características: Violador - Mutilación - Homosexualidad
  • Número de víctimas: 1 +
  • Periodo de actividad: 18 de noviembre de 1957
  • Fecha de detención: 23 de noviembre de 1957
  • Fecha de nacimiento: 1905
  • Perfil de las víctimas: Gordon Lockhart, de 15 años
  • Método de matar: Golpes con una botella de vidrio y un martillo
  • Localización: Newcastle, Inglaterra, Gran Bretaña
  • Estado: Fue condenado a muerte el 30 de enero de 1958. Posteriormente la pena fue conmutada por la de cadena perpetua
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Albert Edward Matheson

Norman Lucas – Los asesinos sexuales

Gordon Lockhart, un joven atractivo, de ojos azules y cabello rizado de quince años, salió de su casa en Stephenson Road, Newcastle upon Tyne, a la hora de la comida, el lunes 18 de noviembre de 1957. Iba a comenzar a trabajar como aprendiz de proyeccionista de cine. Durante el intermedio de la tarde, salió del cine Pavilion, en Westgate Road, para recoger cierto dinero que le debían de empleos anteriores.

– Estoy de regreso en unos minutos – dijo a sus compañeros de trabajo.

Sin embargo, no regresó al cine y tampoco llegó a su casa para la cena. Su madre, la señora Evelyn Lockhart, se sintió preocupada y sintió instintivamente que algo estaba mal. No podía dejar de recordar el extraño comportamiento de su hijo el día anterior. Lo había visto agitado y asustado.

– Cierren esa puerta rápido – había gritado Gordon cada vez que alguien había entrado o salido de la casa.

Aunque su hijo se había negado a explicar sus temores, la señora Lockhart tenía la impresión de que no quería ser visto por un hombre de edad madura que ese día había estado observando la casa. Recordó también que el mismo hombre había estado en Stephenson Road el domingo anterior y que Gordon había hablado con él durante unos minutos.

La señora Lockhart informó a la policía de la desaparición de su hijo. El caso fue considerado en un principio como una desaparición cualquiera.

El miércoles de esa semana la señora Lockhart recibió una carta anónima que decía: “Gordon se fue a Londres porque una mujer anda tras él en busca de dinero”.

A la mañana siguiente llegó otra tarjeta: “Gordon está viviendo con prostitutas y dice que está haciendo dinero como ellas. Yo soy un antiguo compañero de escuela de Gordon que tiene 17 años. Él me pidió 30 pesos para ir a Londres”.

Doris, de 24 años, la hermana de Gordon, abrió la puerta la mañana siguiente cuando el cartero llamó al timbre. Reconoció la letra de molde que venía en el paquete como la misma de las dos tarjetas anteriores. Rompió la envoltura y encontró dentro un calendario de 1958 con una tierna representación de una madre y su bebé. Garabateado transversalmente había un mensaje de tres palabras: “Gordon está muerto”.

El mismo día, el alguacil en jefe de Newcastle recibió una carta anónima que decía que el cuerpo del muchacho estaba en un saco en el río Tyne. Esta afirmación quedó desmentida unas horas después al hacerse un horrible descubrimiento en el Boxing Hall de St. James, en Gallowgate, Newcastle. La policía llamada al edificio descubrió el cuerpo de Gordon en un sumidero, bajo la arena. Había sido cortado a la mitad; sus entrañas habían sido sacadas y los intestinos introducidos en una maleta. El muchacho había muerto a consecuencia de considerables daños cerebrales. Había recibido quince golpes distintos en la cabeza. Hubo agresión sexual antes de la muerte.

Los periódicos nacionales que aparecieron la mañana del sábado 23 de septiembre llevaban la descripción de un hombre que la policía quería ver en relación con el asesinato. Esa tarde, un hombre de edad madura, andrajoso y calvo entró en la comandancia central de la policía de Glasgow y se dirigió al alguacil John Neil.

– Yo soy el hombre que la policía de Newcastle desea interrogar – dijo.

Se trataba de un soltero de 52 años que trabajaba en labores menudas y que estaba desaparecido de su alojamiento en Lovaine Place desde el jueves de esa semana. Hizo varias declaraciones al detective inspector en jefe J. Angus quien lo llevó de regreso a Newcastle.

Matheson no hizo ningún intento por negar su culpa. Ceceando, dijo primero que Gordon le había pedido 60 pesos por el acto de sodomía y que como él, Matheson, estaba dispuesto a pagar sólo la mitad, había matado al muchacho. Golpeó la cabeza de Gordon con una botella de vidrio llena de agua para que fuera más pesada y luego utilizó un martillo con sacaclavos para producirle otras heridas.

En una declaración posterior Matheson dijo haber matado al muchacho porque sabía que llevaba dinero consigo. Añadió haber tomado mil pesos de un sobre que Gordon llevaba en el bolsillo.

Estas dos declaraciones dieron pie a argumentos legales cuando Matheson apareció en Durham, Assizes, en enero de 1958. Fue acusado de asesinato en el curso de un robo o con intenciones de robo, delito cuya pena en ese momento era muerte en la horca.

A pesar de que Matheson dijo que el crimen fue cometido en el curso de un robo, el señor Stanley Price, fiscal de la Corona, dijo que había buena cantidad de evidencias para suponer que había alguna asociación entre Matheson y el muchacho. Dijo al jurado que tendría que reflexionar si este hombre mentía en relación a este punto, tal como lo había hecho en sus tarjetas anónimas.

– Si ustedes piensan que hay otros motivos detrás de este asesinato, el caso vendría a ser de asesinato, no de asesinato capital – dijo.

– Esto es enteramente nuevo – comentó el juez Finnemore -. Yo no sé si ustedes han considerado este punto: si el robo fue el motivo o la intención que llevó al asesinato, o si la intención del hombre era el asesinato y el robo fue algo complementario.

El señor G. S. Waller, el defensor, dijo al jurado que los hechos del asesinato no estaban en duda; afirmó, sin embargo, que Matheson sufría de una anormalidad mental que disminuía su responsabilidad. La condena no podía ser por asesinato sino por homicidio criminal, pero sin premeditación.

Al esbozar la historia del asesino, el doctor lan Pickering, alto funcionario médico de la prisión Durham, dijo que Matheson había pasado la mayor parte de su vida – de hecho, desde los dieciocho años – en correccionales y prisiones. Tenía una personalidad psicópata y había sido un paciente voluntario en un hospital mental en fecha tan reciente como septiembre de 1957. La primera impresión que daba era la de ser un buen conversador. aparentemente de una inteligencia mayor de la que en realidad tenía. Su edad mental era menor que la de un niño de diez años. Era muy dado a herirse a sí mismo: había sido sometido a siete operaciones para sacarle navajas de rasurar, agujas, pedazos de alambre y otras cosas que tragaba.

El doctor Theodore Cuthbert, psiquiatra consultor del hospital Royal Victoria de Newcastle, afirmó que la cuestión del bien y el mal difícilmente entraba en la mente de Matheson. No tenía sentimientos de arrepentimiento por su crimen y ninguna sensación profunda de haber hecho algo malo.

El juez calificó las cartas anónimas de Matheson a la señora Lockhart como “un refinamiento de crueldad” y señaló que el acusado era conocido como un pervertidor sexual.

– Este hombre tuvo una asociación perversa y no natural con el muchacho – dijo -. De acuerdo a su primera declaración quiso cometer un acto inmundo con el muchacho. La anormalidad sexual, sin embargo, no es una anormalidad de la mente sino de la moral.

La situación era tal que si el jurado consideraba que Matheson también sufría de una anormalidad mental que substancialmente lo imposibilitaba para hacer frente a su responsabilidad, el único veredicto posible era el de homicidio no premeditado.

El jurado se tomó una hora para decidir que se trataba de un homicidio capital. Aunque fue sentenciado a muerte, la Corte de Apelaciones Criminales aceptó su apelación y modificó el veredicto por el de homicidio no premeditado y la sentencia por la de veinte años de cárcel.

Al explicar las razones de la corte por las que se había aceptado la apelación, lord Goddard, el principal funcionario del poder judicial, dijo que había encontrado que la responsabilidad de Matheson había de ser considerada como limitada.

– Se trata de uno de los casos más horribles que me han tocado – dijo lord Goddard -. El hombre es un monstruo; no hay otra palabra para describirlo. Al considerar lo que debe haber pasado por las mentes de los integrantes del jurado y de otros ciudadanos ordinarios no nos atrevemos a decir que su veredicto fue irrazonable, pero creemos necesario decir que no está apoyado por la evidencia.

Tres médicos, experimentados en cuestiones relativas a salud mental, dijeron que el desarrollo mental de Matheson era el de un muchacho de diez años y que su mente era tan anormal que no podía hacérsele responsable del hecho. El fiscal no llamó a ningún testigo médico que diera opinión contraria.

Albert Matheson comenzó su periodo de prisión con un misterio sin ser resuelto.

Al llegar a la comandancia de policía de Glasgow y confesar el asesinato de Gordon Lockhart dijo a los detectives que también había matado a otro muchacho.

Dijo que en un periodo de vacaciones de 1948 había conocido en Escocia a un muchacho irlandés que acababa de llegar a Glasgow en busca de trabajo agrícola. Fueron a la ciudad de Largs, Ayrshire, al borde del mar, y ahí tuvieron una discusión por dinero. Matheson dijo que golpeó al muchacho con un ladrillo matándolo. Escondió el cuerpo en una caverna.

El inspector Angus describió cómo Matheson lo llevó a él y a otros oficiales a la cueva de Largs en donde no encontraron ningún cuerpo, hecho que no tenía nada de sorprendente dado que habían pasado diez años y que el agua se metía a la cueva durante las mareas altas. Otros puntos de la historia de Matheson – incluyendo la dirección en la que dijo haberse quedado en Glasgow – fueron verificados y se encontró que eran ciertos.

– Simple y sencillamente no sabemos si esta otra historia de asesinato es verdadera o falsa – dijo el inspector -. Si hubo algún cuerpo ya ha desaparecido.

En la mente de Matheson había una gran cantidad de maldad y crueldad destructiva que afloró al ser rechazado por Gordon Lockhart.

A los 52 años era un homosexual que envejecía. Con frecuencia tales hombres tienen dificultades crecientes para encontrar compañeros de amor sexual.

Investigaciones recientes han mostrado que los homosexuales viven una intensificación de todos los elementos de sexualidad destructivos primitivos, que en ocasiones es posible encontrar en crímenes heterosexuales. La razón es atribuible al hecho de que en las relaciones homosexuales es mucho más difícil alcanzar un amor en el que haya verdadero interés y consideración para el compañero objeto del deseo sexual.

En ellos, todas las actitudes más primitivas, las pasiones de envidia y celos, coraje y deseos de venganza por el rechazo y la no aceptación -especialmente si hay un coqueteo inicial- son mucho más peligrosas. En otro nivel la situación se ve complicada por el odio que se tiene a sí mismo el homosexual, odio que es proyectado o desplazado a otra persona a quien siente entonces la necesidad de herir.

 


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